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BOLETÍN NO. 11



La Imagen de la Mujeres en los medios masivos de comunicación

Sara Lovera
Segunda y última parte

Nace la voz feminista

Tras la aparición de lo que se llama "nuevo feminismo" en los años 1970, la crítica feminista ha desautorizado a los medios de comunicación de masas. En los años 70 balbuceaba la globalización y nos parecía distante este mundo hoy revolucionado de los medios de comunicación. Intervenimos las mujeres feministas tímidamente en medios tradicionales como la prensa, la radio y la televisión. Nuestros contenidos eran subversivos y transgresores, la crítica a las instituciones patriarcales se construía en un lenguaje ideologizado, "altisonante", frecuentemente acompañado de la diatriba y la descalificación al mundo de los hombres. Mostramos en carne viva nuestros oprobios, demandamos con fuerza nuestros derechos. Irrumpimos las buenas conciencias con demandas como: el derecho al aborto, no a la violencia sexual y nos declaramos defensoras de la libre opción sexual. Este peligroso camino generó un lenguaje propio, poco afinado. Así nació el lenguaje feminista, un lenguaje críptico, el del género. No podíamos contener la indignación como resultado de cada tramo de conocimiento, de cada develación. Nos enfrentamos al poder sin contemplaciones. El resultado fue bien claro: se produjo el rechazo social a las feministas.

Fuimos así expulsadas de los medios de comunicación de masas. Apenas habíamos incursionado, repito, muy tímidamente. De estas experiencias surgió el Foro de la Mujer en Radio UNAM; la Barra de Mujeres en Canal 13; los primeros programas como La Causa de las Mujeres en Radio Educación y la ya legendaria Revista Fem (con 22 años de vida). En forma paralela, fuimos mostrándonos a la población, y creamos redes de comunicación personal. En 1978 hubo una interesantísima polémica en la revista !Siempre¡, empezamos a nombrar derechos antes silenciados, queríamos reivindicar todo lo que nos oprimía. En los primeros años de la década de los 80 algunas voceras feministas llegaron a escribir en diarios como El Universal, Excélsior y UnomásUno. Surgieron iniciativas como el colectivo Cine Mujer y los contactos con otras mujeres -las bases les llamamos- nos enseñaron una lengua nueva que se mezcló a la que acabábamos de conocer, nos hicimos defensoras socialistas, lo que también generó nuevos rechazos.

El grueso del movimiento feminista decidió crear sus propias publicaciones. Desde nuestros espacios, creamos también las primeras alianzas entre nosotras. Enlazamos nuestras reflexiones y dimos testimonio de nuestros descubrimientos. Cientos de folletos, cuadernos de reflexión sobre la condición de género, sobre nuestra salud y las claves patriarcales de la violencia empezaron a circular. Nos ayudamos y aprendimos de la corriente denominada "educación popular", eso nos llevó muy rápidamente a crear folletos y cuadernos didácticos para las bases. También editamos publicaciones especializadas, ora un periódico mural en las organizaciones de base, ora una narración testimonial, una memoria, una novela, y el resultado de múltiples congresos, encuentros y reuniones quedaron plasmados en el papel. Desde la academia y la lucha hablamos profusamente de crear un lenguaje alternativo.

Mientras tanto los medios de comunicación masiva crecían, cambiaban, se reformulaban los monopolios y se popularizaba su avance tecnológico. Las computadoras invadieron las redacciones de los diarios; se multiplicaban los noticiarios de radio; balbuceaba lo que se conoce como radio hablado, micrófonos abiertos e intervención ciudadana. Miles de mujeres ingresaron como trabajadoras a esos medios.

En la sociedad crecía la protesta civil. Muchas mujeres contribuyeron en ella. Pero los medios estaban ausentes de nuestro movimiento. Nosotras expulsadas primero, luego nos habíamos marginado, y durante un largo periodo estuvimos simplemente ausentes.

En los medios -controlados tradicionalmente sólo por varones- sucedía una revolución alterna: la llegada masiva de mujeres a los medios, en todas las actividades, desde la reporteril y de locución, hasta la de producción y programación, la editorial, de contenidos y reflexión. Incluso a la dirección.

Sin embargo, los medios seguían ocultando nuestras propuestas. Se mantuvo el modo de hacer patriarcal, sus contenidos no eran sino la caja de resonancia del poder. La llegada masiva y creciente de mujeres a los medios -claro no siempre a los centros de decisión- no significó un cambio importante en el tratamiento de las imágenes femeninas y masculinas. Los medios, incluso fueron fuente de crítica negativa a las propuestas y al trabajo del movimiento feminista.

Esta fue la época en que surgieron y masificaron en la televisión las telenovelas; llegó a un millón semanal el tiraje de las revistas femeninas y empezó a aparecer una nueva imagen: la de la mujer moderna: buena ama de casa, superbuena madre, preciosa y delgada, interesada en el mundo del exterior, profesionista o ejecutiva y maravillosamente bien maquillada. Esta imagen de la mujer perfecta sigue congelada en la conciencia de muchas mujeres.

Sin embargo estas experiencias hasta finales de los años 80 tampoco impactaron en forma importante el contenido e informaciones de los grandes medios. En el movimiento feminista y amplio de mujeres persistía una postura contestataria y contraria a intervenir los medios.

Ahora en vísperas del nuevo siglo, las mujeres tenemos que apropriarse de las nuevas tecnologías y en los medios urge un proceso democratizador. El Siglo XXI ha sido considerado como el siglo de las mujeres, frase figurativa que implica tomar de sus creaciones culturales, de sus claves vitales, de sus propuestas para reformar al mundo y de sus saberes acumulados como creación cultural universal en favor del desarrollo humano.

El desarrollo tecnológico de las comunicaciones ofrece una herramienta fundamental. Pero no será suficiente, si no existe la voluntad social e individual de todos y todas los seres humanos para transformar este mundo violento, injusto y desigual.

Desde distintos foros las mujeres hemos ido elaborando una agenda para el siglo XXI; hemos develado nuestra historia, "durante las dos últimas décadas, los movimientos de mujeres y la investigación académica feminista han hecho evidente la posición subordinada de las mujeres en la estructura, organización y programación de las industrias de la comunicación", dice Pilar Riaño, comunicologa chilena (escribiendo para Isis Internacional), lo que incluye la falta de participación y representación de éstas, de nosotras, en los medios tradicionales (por ejemplo, la falta de control de la mujer sobre los canales de comunicación), la permanencia de la visión sexista que se tiene sobre la mujer, su ausencia en los contenidos de la información noticiosa y su acceso desequilibrado a las nuevas tecnologías de la comunicación".

Todo ello a pesar de que la participación femenina en la hechura de contenidos y mensajes en los medios que alcanza porcentajes de hasta de 38 por ciento en la radio y televisión de Botswana y casi el 40 por ciento en el Reino Unido; como de 37 por ciento en la prensa de Zimbabwe o de 43 por ciento en México(Naciones Unidas); lo que se convierte en la enorme posibilidad que estas mujeres produzcan un cambio profundo en el contenido y democratización de los medios, y también la inclusión de una visión de género no-sexista y democrática.

Habrá que elaborar un código de ética en los medios para que éstos recuperen su papel de servicio público; habrá que llamar a una nueva alianza a los trabajadores de los medios con la causa de la mujer y la suya propia; será necesario intervenir como sociedad civil, con la armadura de una nueva ciudadanía para propiciar estos cambios.

fin