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La discriminación de la mujer en el
mundo globalizado y en América Latina. Un tema crucial para las
políticas públicas *
Bernardo
Kliksberg
Asesor de la ONU, del BID y de diversos organismos internacionales
Resumen
|
Este trabajo tiene
por finalidad estudiar una de las dimensiones que el debate de la
globalización debería abordar necesariamente a nivel universal, y
especialmente en la región latinoamericana, por su relevancia y sus
enormes implicaciones: los impactos de la globalización sobre la
condición de la mujer. Para ello, el artículo recorre varios
momentos sucesivos de razonamiento. En primer lugar, traza una
perspectiva general de algunos problemas humanos estratégicos que
se están presentando en el mundo de la globalización. En segundo
término, procura analizar desde ese marco de referencia, la
situación de la mujer. En tercer lugar, incursiona sobre algunos
aspectos de la condición de la mujer, en el contexto
socioeconómico, de la América Latina actual. Finalmente, extrae
algunas conclusiones sobre posibles respuestas a los problemas
planteados. El objetivo del trabajo es presentar sintéticamente
algunos problemas vinculados con el género que deberían ser objeto
obligado de la gran agenda de debate económico-social de América
Latina. El artículo llama la atención sobre la necesidad de
diseñar y poner en marcha políticas públicas renovadoras al
respecto. |
1. El debate sobre la
globalización
Las últimas décadas son
el escenario de cambios fundamentales en las estructuras básicas de la
historia, que a su vez están generando transformaciones de fondo en la
vida cotidiana de la gran mayoría de los habitantes del planeta. Una
dimensión esencial de cambio es la científico-tecnológica. Una serie de
revoluciones simultáneas en múltiples ámbitos, han modificado
sustancialmente las posibilidades de producción de bienes y servicios
incrementándolas a límites casi no soñados. Los avances continuos en
áreas como las telecomunicaciones, la informática, la robótica, la
electrónica, la biotecnología, la genética, la ciencia de los
materiales y otras, han derrotado todas las hipótesis pesimistas sobre el
potencial productivo del orbe, colocando al género humano en condiciones
de llevar adelante proyectos que sólo existían en las novelas de
fantaciencia. Entre muchos otros: producir cultivos estacionales durante
todo el año, generar biotécnicamente especies vegetales, tener acceso
inmediato a información de todo orden a través de la Internet, comunicar
en tiempo real a los lugares más distantes, interrelacionar el teléfono,
el televisor, y la computadora, realizar operaciones quirúrgicas
especializadas a través de robots.
Muchas de estas
innovaciones, las producidas en campos como las comunicaciones, el
transporte, las redes de información, han convertido al mundo en la
denominada "aldea global", un espacio fuertemente
interrelacionado.
Al mismo tiempo se observan
procesos agudos de concentración económica, surgen grandes conglomerados
empresariales que a través de fusiones sucesivas, adquieren poder
económico mayor al de muchos Estados nacionales y tienen presencia en
numerosos lugares del planeta, hay una fuerte concentración del capital
financiero, un aumento importante del comercio mundial favorecido por
reducciones de barreras y procesos de integración y la circulación
amplia sin regulaciones mayores de los flujos de capital financiero.
El mundo globalizado que
surge, tiene como una característica central, que lo que sucede en
cualquier punto estratégico del mismo, puede tener impactos inmediatos y
muy intensos en muchos otros lugares y afectar especialmente a los países
en desarrollo por su alta vulnerabilidad.
Es un mundo
interrelacionado en lo económico, lo financiero, las comunicaciones, los
mensajes informáticos, los transportes, y con difusión creciente de
ciertos estilos de vida desde los puntos más fuertes del mismo hacia los
otros.
Está lleno de
oportunidades de aumentar la producción de alimentos, avanzar en
medicina, poner en marcha sistemas educativos a distancia con acceso a los
lugares más remotos, y un sinnúmero de otras posibilidades de progreso.
Sin embargo, hay una
paradoja. Se observan graves procesos de estancamiento o deterioro en las
condiciones de vida básicas de buena parte de sus habitantes, más de la
mitad se hallan por debajo de la línea de la pobreza, las desigualdades
ascienden a límites casi desconocidos, hay muy graves problemas en el
campo más elemental, la posibilidad de trabajar, y surge como una
contradicción central el eje inclusión-exclusión; amplios sectores del
género humano están totalmente excluidos de las oportunidades y los
progresos.
Juan Somavia (2000),
Secretario General de la Organización Internacional del Trabajo (OIT),
describe así la situación: "La globalización destruye las
industrias tradicionales y crea en consecuencia un aumento del número de
desempleados superior al que los sectores industriales de tecnologías
avanzadas son capaces de absorber. El resultado es la marginación de los
trabajadores del mundo industrializado y también del menos desarrollado,
que no disponen de posibilidades para adaptarse a la nueva
situación". El informe de Desarrollo Humano del Programa de Naciones
Unidas para el Desarrollo (PNUD, 1999), puntualiza: "Cuando el
mercado va demasiado lejos en el control de los efectos sociales y
políticos, las oportunidades y las recompenses de la mundialización se
difunden de manera desigual e inicua, concentrando el poder y la riqueza
en un grupo selecto de personas, países y empresas, dejando al margen a
los demás".
Frente a realidades de este
orden, numerosas voces prominentes encabezadas por el Papa Juan Pablo II,
están reclamando un código ético para la globalización. La ética
debería marcar los fines e indicar que medios son lícitos para el
progreso y cuales no, de lo contrario los resultados pueden ser muy
inciertos. El Papa (2001), ha planteado que la Humanidad
"comprometida en el proceso de mundialización debe concederse un
código ético" y ha indicado que "la Iglesia continuará
trabajando con todas las personas de buena voluntad para que el vencedor
en este proceso sea la Humanidad y no solamente una élite de
privilegiados, que controla la ciencia, la tecnología, las comunicaciones
y los recursos del planeta en perjuicio de la gran mayoría de
personas". Entre otros pronunciamientos en similar dirección, dice
Guy Verhofstdadt (2001), Primer Ministro de Bélgica, anterior presidente
de la Unión Europea: "la globalización puede ser utilizada para
bien o para mal. Por consiguiente, lo que realmente necesitamos es un
enfoque ético mundial tanto para el medio ambiente, las relaciones
laborales como para la política monetaria". Subraya Mary Robinson
(2002), Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU, "Tenemos que
avanzar hacia un una globalización mas ética, y encontrar un camino para
tener una democracia cívica, en el nivel internacional". Rubens
Ricupero (2000), secretario general de UNCTAD, señala: "Este
fenómeno mundial puede operar en favor de toda la humanidad.
Desafortunadamente, como está sucediendo actualmente, puede servir para
aumentan las diferencias económicas y sociales, beneficiar a unos pocos y
crear nuevas fuentes de preocupación". Un prestigioso catedrático,
Gerald Helleiner (2000), profesor emérito de la Universidad de Toronto,
resumiendo la situación pregunta: "¿La economía global puede ser
civilizada?".
Este debate tiene enorme
trascendencia hoy en una América Latina, que ha realizado grandes avances
en el vital campo de la democratización pero experimenta serias
dificultades económicas y una grave situación social.
2. Algunos problemas
claves en el mundo globalizado
Existe una amplia alarma a
nivel internacional sobre la presencia de persistentes tendencias
económico-sociales que afectan dramáticamente las oportunidades reales
de desarrollo de vastos sectores de la población mundial. Dan cuenta de
ellas informes recientes de diversas fuentes como entre otros: State of
the World (2002), del World Watch Institute; Macroeconomía y Salud
(2002), de la Organización Mundial de la Salud; Informe sobre Desarrollo
Humano (2001), del PNUD; La calidad del crecimiento (2000), del Banco
Mundial. Entre las tendencias que más alarma han despertado se hallan las
que se presentan resumidamente a continuación.
a) Las dimensiones y
aumento de la pobreza
Buena parte de los
habitantes del planeta viven muy por debajo de la línea de la pobreza,
aun estimada conservadoramente. Mientras que en los países desarrollados
es pobre aquel cuyos ingresos son menores a cifras del orden de los 1.000
dólares mensuales, hay en el mundo 1.300 millones de personas que ganan
menos de 30 dólares mensuales, y 3.000 millones cuyos ingresos son
menores a 60 dólares por mes.
Carecen de lo mas básico,
por ejemplo el agua, elemento esencial para la vida. 1.300 millones de
personas no tienen agua potable. Se estima que anualmente mueren 3.400.000
personas por infección directa del agua, alimentos contaminados, u
organismos portadores de enfermedades como los mosquitos que tienen su
hábitat en aguas en mal estado. En su desesperación los pobres compran
agua y según la Comisión Mundial del Agua (1999), pagan por agua de
calidad dudosa hasta doce veces lo que abonan las clases medias y altas
que la reciben directamente de la canilla en su casa. También otros dos
elementos claves para cualquier enfoque de salud preventiva y para la vida
diaria son escasos en las zonas pobres: 3.000 millones de personas no
tienen servicios de saneamiento y 2.000 millones carecen de electricidad.
Por otra parte, la pobreza
sigue significando en vastas áreas, desnutrición. Según los estimados
de la FAO (1998), 828 millones de personas de los países en desarrollo
tienen hambre crónica, y otros 2.000 millones deficiencias de
micronutrientes básicos, como vitaminas y minerales.
La pobreza no ha
retrocedido desde 1980 sino que ha aumentado, según los datos del Banco
Mundial. Un especialista inglés, Peter Tonwsed, resalta que en
investigación es posible ver con facilidad como la pobreza no es
inofensiva, "la pobreza mata". Efectivamente incide en los
parámetros vitales esenciales. Así los estudios de UNICEF demuestran que
si un niño tiene deficiencias nutricionales en los primeros años de
vida, sufre daños irreversibles en sus capacidades neuronales, que
dificultarán su vida para siempre.
Reflejando las paradojas
del mundo globalizado, mientras una parte del género humano padece
desnutrición, en el otro extremo en los países desarrollados, uno de los
males más alarmantes de salud pública es la obesidad.
b) El avance de las
polarizaciones sociales
El funcionamiento de las
realidades económicas contemporáneas está asociado con un fuerte
crecimiento de las desigualdades. Las cifras indican que se está
produciendo entre los países y también al interior de los mismos. Entre
otros señalamientos al respecto, indica James Wolfensohn (2000),
Presidente del Banco Mundial: "la diferencia entre los países ricos
y los pobres se está haciendo mayor, los ricos se están haciendo más
ricos, y los pobres más pobres". Resaltando las enormes
disparidades, ha destacado Koffi Annan (2001), Secretario General de la
ONU:
"Cómo podemos decir
que los seres humanos son libres e iguales en dignidad, cuando más de
un billón de ellos vive luchando para sobrevivir con menos de un dólar
diario, sin agua corriente potable y cuando más de la mitad de la
humanidad carece de servicios sanitarios.
Algunos de nosotros nos
preocupamos por la caída del mercado bursátil, o nos preocupamos por
obtener el último modelo de computadora, cuando más de la midad de
nuestros semejantes, hombres y mujeres tienen preocupaciones mucho más
básicas, como de dónde proveerán alimento a sus niños".
Entre los principales
desarrollos observables en inequidad están los siguientes:
a. Las brechas entre el
20% de la población mundial que vive en los países más ricos y el 20%
que reside en los más pobres, son de gran magnitud en todos los planos.
El 20% más rico es dueño del 86% del Producto Bruto Mundial, el 20%
más pobre solo del 1%. Asimismo, los primeros tienen el 82% de las
exportaciones mundiales de bienes, los segundos el 1%. En materia de
inversiones, el 68% de las inversiones extranjeras directas van a los
ricos y solo el 1% a los pobres.
b. Las tendencias son
alarmantes, las distancias no tienden a reducirse sino a aumentar. En
1960 las diferencias de ingresos entre unos y otros eran de 30 a 1.
Pasaron en 1990 a ser de 60 a 1, duplicándose, y en 1997 a 74 a 1.
c. La década del 90
mostró procesos de signo inverso entre los países pobres y los ricos.
Más de 80 países vieron reducidos sus ingresos per cápita. Del otro
lado, 40 países tuvieron un crecimiento medio del ingreso per cápita
superior al 3% anual.
d. Se ha tendido a
producir una gran acumulación de riqueza en pocas manos, mientras
aumenta la pobreza en vastas áreas. Según indica la ONU (Informe sobre
Desarrollo Humano 1999):
· Las
tres personas más ricas del mundo tienen un patrimonio que es
superior al producto nacional bruto sumado de los 48 países más
pobres.
· Las
200 personas más ricas tienen activos que superan el ingreso
combinado de 2.500 millones de personas.
· Si
las 200 personas más ricas donaran el 1% de su riqueza a educación,
se podría dar educación primaria a todos los niños del orbe.
e. Ante datos de este
orden las Naciones Unidas resaltan sin ambages que "las
desigualdades globales en ingresos y estándares de vida han alcanzado
proporciones grotescas".
f. Las desigualdades
tienen elevada expresión a nivel nacional en los países en desarrollo.
Mientras el coeficiente de Gini, que mide la distribución del ingreso,
en los países mas equitativos del mundo como Noruega, Suecia y
Dinamarca es del 0.25 y en el mundo desarrollado en general de 0.30, el
promedio mundial es 0.40. América Latina presenta un nivel de
desigualdad aún mucho peor, su Gini es de 0.58.
Un amplísimo numero de
investigaciones recientes indican que las desigualdades actúan como un
freno poderoso al desarrollo. A nivel nacional generan efectos regresivos
múltiples, entre ellos: reducen los mercados internos, limitan la
formación de ahorro nacional, crean circuitos diferenciados en el sistema
educativo, producen serias trabas para la acumulación de capital humano y
capital social, desequilibran la gobernabilidad. En el plano
internacional, crean un mundo inequitativo, dando lugar a la generación
de todo orden de mecanismos que de por sí tienden a reproducirlas y
amplificarlas. Su producto final es que un alto porcentaje de la
población mundial no tiene posibilidades de realización y su potencial
productivo y creativo es totalmente subutilizado.
c) El acceso a la salud
Todas las Constituciones
democráticas plantean el acceso a la salud como un derecho fundamental
que está fuera de discusión. La facilitación a toda la población de
recursos básicos para la salud preventiva como agua, instalaciones
sanitarias y electricidad y el acceso universal al cuidado de la salud no
se discuten como derechos. Ellos implican en última instancia el derecho
a la vida misma. Por otra parte, en las últimas décadas se han producido
avances científicos y técnicos de gran envergadura en las ciencias
médicas, con un potencial excepcional de impacto sobre los indicadores
básicos de salud. Estos progresos han creado condiciones muy favorables
para mejorar fuertemente la salud pública.
Sin embargo, si bien ha
habido progresos, se observan enormes brechas que de hecho crean
situaciones muy diferenciadas entre diversos sectores de la población
mundial. Detrás de ellas están operando activamente factores como las
marcadas desigualdades antes referidas y la debilidad de las políticas
estatales de protección a la salud.
El cuadro siguiente da
cuenta de la situación general en la actualidad:
Cuadro 1: Esperanza de vida
y tasas de mortalidad, por categoría de desarrollo del país (1995-2000).

Fuente:
Informe de Desarrollo Humano 2001. Tabla 8 y cálculo del CMH usando las Indicaciones
de Desarrollo Mundial del Banco Mundial. La organización Mundial de la
Salud (2002), "Macroeconomía y Salud".
Como se advierte en la
actualidad, la esperanza de vida en los países más pobres del mundo
donde viven 643 millones de personas es de 51 años, y en los países de
bajos ingresos donde viven otros 1.777 millones de personas es de 59
años. Del otro lado, en los países de altos ingresos donde viven 891
millones de personas es de 78 años. Hay una distancia de 27 y 19 años en
el derecho a la vida entre unos y otros. La brecha es asimismo, muy grave
en cuanto a los niños. En los dos primeros grupos de países, 159 y 120
niños de cada mil mueren antes de cumplir 5 años de edad. En los ricos
la medicina ha logrado que sólo seis mueran.
Un importante informe
"Macroeconomía y Salud"(2002), producido por un grupo de
expertos prominentes convocado por la Organización Mundial de Salud dice
que, ocho millones de personas mueren anualmente por causas perfectamente
prevenibles o atacables.
Las muertes son generadas
por el SIDA, la malaria, la tuberculosis, enfermedades infecciosas de los
niños, desnutrición, falta de atención adecuada a las futuras madres y
al parto, y el tabaco. Casi todas ellas son enfermedades vinculadas a la
pobreza. Ella crea condiciones propicias a esas enfermedades. Por otra
parte, la inversión para atacarlas es muy reducida. Los países pobres
gastan 15 dólares per cápita por año en salud pública, los ricos más
de 2.000.
Asimismo, la investigación
médica orientada por los grandes laboratorios no dedica mayores recursos
a las enfermedades de los pobres porque no constituyen un mercado
atractivo. Se estima que sólo el 5% del gasto mundial en investigación y
desarrollo en salud está dirigido a los problemas de salud del 95% de la
población mundial.
El informe "State of
the World" (2002), resalta que en la década del 70 se suponía que a
finales del siglo las enfermedades infecciosas serían un problema menor,
y que la atención médica podría concentrarse en las enfermedades de la
abundancia como las cardiacas y el cáncer. En lugar de eso, 20
enfermedades infecciosas incluyendo la tuberculosis, la malaria y el
cólera han reemergido y se han extendido en los últimos 25 años en
estrecha relación con el deterioro social.
d) Disparidad en el acceso
a las nuevas tecnologías
Las nuevas tecnologías de
la información y la comunicación tienen posibilidades de excepción de
beneficiar el desarrollo personal y nacional. Sin embargo, en un mundo
donde las oportunidades son tan desiguales, diversos factores llevan a
crear aquí un área de desequilibrio adicional de grandes proporciones.
Según los estimados de la ONU, el 20% más rico de la población mundial
tiene el 93,3% de los accesos a Internet y el 20% más pobre solo el 0.2%.
Uno de los factores incidentes es el acceso a telefonía.
Casi la mitad de la
población del mundo nunca ha hecho o recibido una llamada telefónica.
Otro tema es la posibilidad de comprar un computador. Su monto significa
en Estados Unidos medio mes de sueldo promedio.
En cambio en países como
Bangladesh más de ocho años de ingresos de un trabajador medio. Otro
factor incidente es la educación, el 30% de los usuarios de Internet en
el mundo tienen un título universitario.
Otro aspecto es el manejo
del inglés. Se utiliza ese idioma en el 80% de los lugares de la web. Por
otra parte, sólo lo habla el 10% de la población mundial.
Esta situación está
generando un nuevo tipo de analfabeto. Se lo ha llamado el
"analfabeto cibernético" que está destinado a quedar excluido
de la gran "autopista de la información", al costado del
camino, sin posibilidad de andar en ella, con las consiguientes
consecuencias. Las describe Naciones Unidas (PNUD, 1999): "Esta
exclusividad está creando mundos paralelos. Los que tienen ingreso,
educación, y –linealmente– conexiones, tienen acceso barato y
instantáneo a la información.
El resto queda con acceso
incierto, lento y costoso. Cuando los habitantes de esos mundos viven y
compiten lado a lado, la ventaja de estar conectado relegará a los
marginales y empobrecidos excluyendo sus voces y sus preocupaciones de la
conversación mundial".
Los problemas planteados
caracterizan el mundo de la globalización. Un mundo pleno en
oportunidades potenciales pero al mismo tiempo recorrido por tendencias
fuertemente excluyentes como las reseñadas brevemente. A ellos pueden
sumarse muchos otros, que expresan la misma dualidad central
exclusión/inclusión que hoy preocupa en todo el planeta.
En este contexto general se
ubica la condición de género contemporánea. Es afectada tanto por las
oportunidades abiertas, como por las problemáticas tendencias
mencionadas. Veamos algunas de las cuestiones claves que se plantean en
relación a ella.
3. Aspectos de la
situación de la mujer
Las largas luchas por la
equidad de género han generado importantes avances. Entre ellos, la
igualdad de derechos jurídicos, la mayor participación política, los
progresos de la mujer en los diversos niveles de la educación y su
rápida y creciente incorporación a la fuerza de trabajo.
Todos estos logros han
reestructurado su situación personal e influido en su posición en la
familia y la sociedad. A pesar de ello subsisten gruesas brechas y
muchísimas mujeres ven coartadas de formas múltiples sus posibilidades
existenciales básicas. Inciden en estas brechas los procesos regresivos
de deterioro social reseñados, la vulnerabilidad ante ellos de los grupos
más débiles como las mujeres urbano-marginales y las mujeres campesinas
y la sobrecarga adicional que significa la perduración de discriminaciones
de género, con fuerte base cultural y social.
Los problemas mencionados:
pobreza, desigualdad, exclusión, golpean en muchos casos particularmente
a la mujer. Su participación en los pobres suele ser mayor que los
promedios generales, el crecimiento de la desigualdad las afecta como
trabajadoras por un lado y por otro como mujeres, la falta de acceso a
oportunidades tecnológicas tiene más presencia en ellas y especialmente
sufren las consecuencias de la inequidad en salud.
A pesar de los avances
médicos, las tasas de mortalidad materna en el mundo en desarrollo, son
muy altas como consecuencia de la falta de sistemas de protección
adecuada. Según las cifras de la ONU 500.000 madres mueren anualmente al
dar a luz, más del 98% en los países en desarrollo. Por otra parte, las
mujeres son la primera fila de la lucha por la defensa de la vida de los
niños. En las condiciones desfavorables de la pobreza, ello significa
cargas muy duras.
Con sus luces y sombras
¿qué está sucediendo con la condición de la mujer en general en
términos de cifras?
Un estudio reciente del
Banco Mundial (2001) indica que las brechas son aún muy amplias incluso
en aspectos elementales. El estudio analiza las desigualdades en derechos
básicos sociales, económicos y legales, y establece el siguiente cuadro:
Cuadro 2: Índice de Equidad
de Género

Nota:
A value of 1 indicates low gender equality in rights, a value of 4 high
equality.
Fuente:
Rights data from Humana (1992); population weights from World Bank
(1999d). The World Bank (2001). Engendering development. Oxford University
Press.
Como se observa si (4) es
la plena igualdad, en la mayor parte de las regiones del mundo la realidad
se halla por debajo de (3), a considerable distancia de la situación
deseable.
Un diagnóstico detallado
de las Naciones Unidas sobre la situación de la mujer "The World’s
Women 2000" presenta entre otros los siguientes datos:
· No
obstante los fuertes progresos en educación femenina, dos terceras
partes de los analfabetos del mundo son mujeres.
· La
integración de la mujer al trabajo se está haciendo con activas
tendencias a formar parte de posiciones menores y a tener una gran
presencia en la economía informal. Casi la mitad de las mujeres que
trabajaban en otros sectores distintos de la agricultura lo hacían en
el sector informal en siete de 10 países de América Latina, y en
cuatro países asiáticos. En dos de los países más poblados del mundo
como India e Indonesia, el 90% de las mujeres que trabajan fuera de la
agricultura lo hacen en la economía informal. La tendencia observable
es por tanto, desde ya con excepciones, la concentración de la mano de
obra femenina en trabajos de menor calidad.
· La
discriminación en materia de salarios sigue siendo muy activa. En la
industria, en 27 de 39 países con datos disponibles, las remuneraciones
de las mujeres eran un 20 a un 50% menores que las de los hombres.
· Los
avances de las mujeres en posiciones gerenciales en el mundo corporativo
tienen logros acotados. En 1999 las mujeres sólo representaban del 11
al 12% de los ejecutivos de las 500 corporaciones mayores de los EE.UU,
y el 12 % de los ejecutivos de las 560 mayores empresas del Canadá. En
Alemania en 1995, sólo del 1 al 3% de los altos ejecutivos y miembros
de directorios de las 70.000 empresas mayores eran mujeres.
Un reciente estudio de la
General Accountig Office de EE.UU. (Henry, 2002), preparado para el
Congreso de Estados Unidos indica que además de ello las diferencias
salariales por género, aun en esos niveles gerenciales, no sólo no han
desaparecido sino que en los últimos años se han ampliado. Señala que
en las 10 industrias que emplean el 71% de la mano de obra femenina
activa, las mujeres en puestos de gerencia ganan menos que sus
contrapartes masculinas y las diferencias aumentaron en 7 de 10 campos.
Así una gerente mujer en el área de las comunicaciones ganaba en 1995 el
85% del sueldo de los hombres de posiciones similares en esa industria. En
el 2000 eso empeoró, solo percibía el 73%.
También con progresos, es
limitada la presencia de la mujer en los altos niveles políticos. En 1999
sólo 9 mujeres eran jefas de Estado y solo el 8% de los ministros eran
mujeres. Suecia era el único país donde había una mayoría de ministros
mujeres (55%). Las mujeres representaban asimismo sólo el 11% de los
parlamentarios del mundo. Sólo en los países nórdicos y en Holanda
significaban mas de un tercio de los congresales.
Algunos de los procesos
típicos de la economía globalizada abrieron oportunidades de
integración laboral a las mujeres pero al mismo tiempo significaban
cargas y sacrificios desproporcionales para ellas.
En un rigurosos trabajo de
investigación, Nilufer Cagatay del PNUD (2001), analiza los impactos de
la liberalización del comercio exterior sobre las mujeres. Muestra que al
aumentar en los países en desarrollo el porcentaje que significan las
exportaciones sobe el Producto Nacional Bruto se produce un aumento en la
participación de la mujer en los empleos remunerados, entre otras, en
actividades como las maquiladoras. Ello la integra al mercado de trabajo
lo que mejora su posición social. Sin embargo, resalta que las
investigaciones indican diversas limitaciones y costos por estos logros.
En primer lugar, la expansión del empleo femenino no ha llevado a cerrar
las brechas salariales de género. Asimismo, los puestos conseguidos se
han mostrado inseguros e inestables, porque esta expansión ha ocurrido en
una era de pérdida en general de la capacidad de negociación de los
trabajadores. En segundo lugar, mientras un grupo de mujeres se incorpora
a la fuerza laboral, otras, las menos calificadas, pierden empleos y
medios de subsistencia. Tercero, la tendencia puede ser revertida con la
incorporación de avances tecnológicos que sustituyen mano de obra en las
industrias de exportación. En cuarto lugar, la incorporación laboral
significa un aumento de la carga de trabajo total de la mujer, porque sus
tareas -no pagadas- en el hogar no se reducen. En quinto término, si bien
las mujeres se empoderan al trabajar, su poder de negociación con las
empresas sigue siendo menor que el de los hombres. En resumen, Cagatay
concluye que: "la expansión y liberalización del comercio
internacional tiene efectos contradictorios sobre el bienestar de las
mujeres y las relaciones de género".
Otra dimensión usual de
los procesos globalizadores, la implantación de políticas de ajuste, ha
golpeado con fuerza en forma mayor a las mujeres que a los hombres. En los
países en desarrollo las reducciones laborales que son propias de estas
políticas, han caído en primer lugar en los sectores menos calificados y
de menor capacidad de negociación, en los que hay fuerte concentración
de mujeres. Asimismo, han incrementado las desigualdades salariales entre
los calificados y los no calificados. El Banco Mundial (1995), señala que
en América Latina los ajustes han reducido mucho más dramáticamente las
remuneraciones horarias de las mujeres que las de los hombres, por su alta
inserción en puestos de bajas remuneraciones.
Aún en altas posiciones
gerenciales y en los países desarrollados, las mujeres pagan costos
elevados por su integración laboral. Un tema esencial, la posibilidad de
tener hijos y criarlos normalmente es sacrificada en una proporción
significativa. La investigación antes mencionada de la General Accounting
Office de EE.UU. (Henry, 2002), encuentra que les es mucho más difícil
que a los hombres balancear la familia y la carrera. El estudio muestra
que el 60% de las mujeres con cargos gerenciales de las industrias
analizadas, no crían hijos, mientras ello sucede con el 40% de los
hombres. Otro estudio de la ONG Catalyst de New York (Henry, 2002),
encontró que entre los ejecutivos de la industria de servicios
financieros, el 88% de los hombres tenían hijos en su hogar y ello sólo
sucedía con el 58% de las mujeres.
4. Las mujeres
latinoamericanas y el contexto socio-económico
Las mujeres
latinoamericanas han hecho avances de gran significación en las últimas
décadas. Hay una incorporación masiva de la mujer a todos los estratos
del sistema educativo. Ello ha llevado a que compartan la matrícula
universitaria con los hombres en numerosas carreras. Por otra parte, ha
crecido fuertemente su participación en la fuerza de trabajo. Muchas
mujeres pasaron a convertirse en un sostén importante del presupuesto
familiar. Diversos análisis indican que de no ser por el aporte de la
mujer, las cifras de pobreza serían aún mucho mayores de las que son1.
También ha proseguido el proceso de ampliación de la participación de
la mujer en el área política.
Todos estos avances se han
dado en un marco muy especial, una América Latina que en los últimos 20
años, ha experimentado por un lado, un proceso de gran positividad, el de
la democratización que ha creado un entorno político y cultural muy
favorable a la superación de discriminaciones de género, pero por el
otro lado, ha sufrido serios deterioros sociales, que empeoraron una
situación anterior plena en problemas de consideración.
Según los informes
recientes de la CEPAL, cuando se analizan estadísticamente las dos
últimas décadas, se observa que los niveles de pobreza, desocupación e
informalidad ascendieron significativamente. En la década del 80, los
estimados de CEPAL decían que el 40% de la población estaba por debajo
de la línea de pobreza, en el 2000 era más del 44%. La desocupación
abierta pasó en ese período de 6 millones a 18 millones, del 6% al 9% de
la población. PREALC de la OIT señala que asimismo se deterioró
seriamente la calidad de los trabajos disponibles. En 1980, el 40% de la
mano de obra activa no agrícola trabajaba en el sector informal, en el
2000, era casi el 60%. Creció rápidamente ante la falta de empleos en la
economía formal, la búsqueda de formas de supervivencia, que se
materializa en actividades económicas informales. Según los análisis
del PREALC la gran mayoría son precarias, no tienen base económica
sólida, tienen una productividad mucho menor a los puestos de trabajos
formales, ganan mucho menos con las mismas o más horas de trabajo, no
tienen apoyo tecnológico, ni crediticio y carecen de toda protección
social. También subió en la región en los últimos 20 años, la
desigualdad en la distribución de los ingresos, empeorando aún más el
coeficiente Gini. Mientras el Gini de los países más equitativos del
mundo como los nórdicos se hallan en 0.25, y el de los países
desarrollados en general en 0.30, el de América Latina es casi el doble
0.59, el más elevado del mundo (Kliksberg, 1999).
En ese contexto general los
avances logrados han tenido una contracara severa. Algunas de sus
principales expresiones son las que se resumen a renglón seguido:
a) La feminización de la
pobreza
Ha aparecido en los
casilleros estadísticos típicos con expresión cada vez más elevada el
grupo denominado "Madres solas jefas de hogar". En gran
proporción se trata de madres pobres que han quedado solas al frente del
núcleo familiar ante la deserción del conyugue masculino a su vez
fuertemente influida según diversos trabajos (Katzman, 1992) por la
imposibilidad de seguir cumpliendo su rol de proveedor principal de
ingresos. Estos hogares tienden a ser unidades familiares muy débiles en
términos económicos y en muchos casos se hallan bordeando la indigencia.
Dice el Informe de la Comisión Latinoamericana y del Caribe sobre el
Desarrollo Social, encabezada por Patricio Aylwin, (1995): "El
inmenso deterioro de las condiciones de vida de los sectores medios y
particularmente de los más pobres, que en nuestra región se ha hecho
patente especialmente a partir de los años 80, afecta proporcionalmente
más a las mujeres que a los hombres. La casi totalidad de los países de
América Latina tiene porcentajes de hogares con jefatura femenina
superiores al 20%, lo que contribuye fuertemente al fenómeno conocido
como la feminización de la pobreza".
La pobreza es un destructor
sistemático de familias, y ataca particularmente a las mujeres. Esto es
no sólo una realidad latinoamericana sino internacional. Una reciente
investigación de amplios alcances en EE.UU. (The Center for Disease,
Control and Prevention, 2002) indagó 11.000 mujeres arribando a las
siguientes conclusiones al respecto:
· El
sector de la población más afectado por la pobreza, las mujeres
negras, tenía menores tasas de matrimonialidad, mayores tasas de
divorcio, y menores tasas en cuanto volver a casarse.
· Cuando
se analizaba mujeres blancas que vivían en áreas pobres, las tasas
descendían al mismo nivel que los de las mujeres negras.
· La
investigación concluye que las presiones que la pobreza pone sobre las
relaciones de pareja son determinantes en estos desequilibrios.
Otra fuente importante de
conformación de familias pobres con una mujer al frente son las que
provienen del embarazo a temprana edad. Este tipo de familias tendrán de
entrada, condiciones de gran vulnerabilidad. También este fenómeno está
claramente asociado a la pobreza, y tiene grandes dimensiones en la
región según puede verificarse en la tabla siguiente:
Cuadro 3: América Latina
(12 países): Mujeres entre 20 y 24 años con hijos sobrevivientes tenidos
antes de los 20 años, según cuarteles de ingreso per capita de sus
hogares, 1994 (porcentajes).

Fuente:
CEPAL, "Panorama Social de América Latina", 1997.
Como se observa, las cifras
de mujeres que han tenido hijos antes de los 20 años, son mucho más
altas entre los pobres que en los no pobres en todos los países. En total
se estima que en los centros urbanos de la región, el 32% de los
nacimientos que se dan en el 25% más pobre de la población, son de
madres adolescentes. En las zonas rurales la proporción es aún mayor,
40%. En total 80% de los casos de maternidad adolescente en América
Latina están concentrados en el 50% más pobre de la población, mientras
que el 25% más rico sólo tiene un 9% de los casos. En las áreas
rurales, las cifras son 70% de los casos en el 50% más pobre y 12% en el
25% más rico.
Una variable central en el
embarazo adolescente es según las correlaciones estadísticas, el nivel
educativo, como puede verse en el siguiente cuadro:
Cuadro 4: América Latina
(12 países): Mujeres entre 20 y 24 años con hijos sobrevivientes tenidos
antes de los 20 años, según nivel educacional alcanzado, 1994
(porcentajes).

Fuente:
CEPAL, "Panorama Social de América Latina", 1997.
En los centros urbanos de
América Latina, el porcentaje de madres adolescentes con menos de seis
años de educación es del 40%. El número de madres adolescentes va
descendiendo a medida que aumentan los años de estudios. Entre las
jóvenes con 10 a 12 años de estudio es solo del 15%.
Funciona en la realidad un
círculo perverso férreo. Las jóvenes pobres tienen menos educación,
ello genera condiciones propicias al embarazo adolescente. Al tener hijos
y ser titulares de familias muy débiles, abandonan totalmente el sistema
educativo. Las cifras disponibles indican que las madres pobres
adolescentes tienen un 25 a un 30% menos de capital educativo que las
madres pobres que no han tenido embarazo adolescente. Al tener poco nivel
educativo estas madres jóvenes con hijos, tendrán pocas posibilidades de
conseguir trabajos e ingresos adecuados y se profundizará su pobreza. En
un cuadro de pauperización en ascenso como el de la región en las
últimas décadas estos círculos perversos tienden a afirmarse y
ampliarse.
Las mujeres pobres,
mayoría entre las mujeres en general de América Latina, sufren también
fuertemente el impacto de la pobreza en temas vitales muy claves, como el
de la salud. La pobreza latinoamericana tiene como una de sus expresiones,
los altos déficits nutricionales. Advierten la CEPAL y la Organización
Panamericana de la Salud (1998): "Se observa en casi todos los
países de la región un incremento en enfermedades no transmisibles
crónicas asociadas con alimentación y nutrición. Las medidas de ajuste
implementadas por los países han afectado la disponibilidad nacional de
alimentos y han tenido repercusiones negativas sobre el poder de compra de
los grupos más pobres amenazando la seguridad alimentaria". Las
madres pobres van a ser las mas directamente afectadas por las condiciones
de inseguridad alimentarias. Las va a impactar a ellas y sus hijos. Según
cifras de la CEPAL recientes (2000), efectivamente el 35% de los niños
menores de dos años de edad de América Latina están hoy en situación
de "alto riesgo alimentario".
Las dificultades
nutricionales de la madre y del bebé, son uno de los factores claves en
elevadas tasas de mortalidad infantil que siguen produciéndose en la
región a pesar de los avances. Con ellas interactúan otros factores de
escasez como la falta de agua potable antes mencionada, de instalaciones
sanitarias y las condiciones generales de pobreza y todo ello lleva a
elevadas tasas de mortalidad infantil superiores al 50 por mil, en países
como entre otros Haití, Bolivia, Perú, Brasil, Nicaragua, Ecuador y
Guatemala. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) estima que
mueren anualmente en la región por enfermedades perfectamente prevenibles
como las enfermedades diarréicas y las infecciones respiratorias, 190.000
niños.
Las mujeres pobres tienen
en la región un problema adicional muy serio en materia de salud, que es
de la ausencia de atención apropiada durante el embarazo y el parto.
Consecuentemente, la tasa de mortalidad materna es muy elevada. Según la
OPS (2002), mueren por causas relacionadas con ellos 23.000 mujeres
latinoamericanas por año, una de cada 130 embarazadas. En los Estados
Unidos muere 1 de cada 3.500. Además, muchas más mujeres de la región
sufren efectos de largo plazo sobre su salud vinculados con las afecciones
relacionadas con el embarazo.
b) Los problemas
ocupacionales
Los diferentes problemas
que afrontan los mercados de trabajo de la región son más agudamente
registrados por las mujeres que por los hombres en lo que inciden diversos
factores entre ellos, las discriminaciones de género. En primer lugar, la
tasa de desocupación es mayor entre las mujeres como puede apreciarse en
el cuadro que sigue:
Cuadro 5: América Latina
(17 países): Tasas de desempleo abierto, según sexo y edad en zonas
urbanas, alrededor de 1990 y 1999.

Fuente:
CEPAL. Panorama Social de América Latina 2000-2001.
Como se ve en los 17
países examinados las tasas de desempleo de las mujeres eran en 1999
sensiblemente mayores que las de los hombres. También el tiempo necesario
para conseguir otro trabajo tiende a ser mayor entre las mujeres como
puede verse a continuación:
Cuadro 6: América Latina
(11 países): Tiempo de búsqueda de trabajo entre quienes han perdido el
empleo (en meses).
|
País |
Año |
Tasa general de desempleo |
Total |
Hombres |
Mujeres |
|
Argentina b/ |
1990 |
5.9 |
4.4 |
4.3 |
4.5 |
| |
1999 |
14.7 |
4.9 |
3.8 |
6.2 |
|
Bolivia |
1994 |
3.2 |
3.2 |
3.2 |
3.1 |
| |
1999 |
7.1 |
3.9 |
3.7 |
4.2 |
|
Colombia a/ |
1994 |
8.0 |
5.9 |
5.6 |
6.1 |
| |
1999 |
19.2 |
8.2 |
7.9 |
8.5 |
|
Ecuador |
1994 |
7.1 |
4.6 |
4.1 |
5.1 |
| |
1999 |
14.2 |
5.3 |
5.4 |
5.2 |
|
El Salvador |
1999 |
6.9 |
1.9 |
1.8 |
2.0 |
|
Guatemala |
1989 |
3.5 |
3.3 |
3.4 |
3.0 |
| |
1998 |
2.8 |
2.2 |
2.3 |
2.1 |
|
Nicaragua |
1993 |
14.1 |
4.7 |
5.1 |
3.9 |
| |
1998 |
13.8 |
2.1 |
2.7 |
1.3 |
|
Panamá |
1991 |
18.6 |
7.7 |
6.9 |
8.6 |
| |
1999 |
13.1 |
6.3 |
5.6 |
7.2 |
|
Paraguay |
1999 |
9.1 |
3.7 |
4.1 |
3.1 |
|
Uruguay |
1992 |
8.4 |
5.5 |
4.9 |
6.0 |
| |
1999 |
11.2 |
6.2 |
5.8 |
6.6 |
|
Venezuela c/ d/ |
1994 |
8.4 |
3.0 |
2.9 |
3.2 |
| |
1999 |
14.5 |
3.3 |
3.1 |
3.7 |
Fuente:
CEPAL Panorama Social de América Latina, 2000-2001, sobre la base de
tabulaciones especiales de encuestas de hogares de los distintos países.
a/ Excluye aquellos cesantes que han buscado empleo por un período
superior a dos años
b/ Corresponde al gran Buenos Aires
c/ La medición registra el tiempo que el informante lleva sin trabajo, no
el tiempo que lleva buscando trabajo
d/ Corresponde al total nacional
Siguen funcionando activos
mecanismos de discriminación en cuanto a los salarios ganados por las
mujeres que tienen empleo. Las cifras estadísticas indican:
Cuadro 7: América Latina
(16 países): Relación entre la remuneración media de las mujeres y la
de los hombres por grupos de ocupación. 1999 (en porcentajes).

Fuente:
CEPAL Panorama Social de América Latina 2000-2001, sobre la base de
tabulaciones especiales de las encuestas de hogar de los repectivos
países.
a/ 1998
b/ 1997
c/ Total nacional
Como se advierte, la
remuneración media de las mujeres es de un 63% a un 75% de las que
perciben los hombres. Las mujeres están fuertemente concentradas en
actividades de baja productividad en la región. Si se toma exclusivamente
ese sector del mercado de trabajo, las disparidades de remuneraciones
medias son aún mayores que las anteriores:
Cuadro 8: América Latina
(17 países): Ingreso medio de la población urbana ocupada en sectores de
baja productividad del mercado del trabajo 1990 – 1999 (En múltiplos de
las respectivas líneas de pobreza per cápita).

Fuente:
CEPAL, Panorama Social de América Latina 2000-2001, sobre la base de
tabulaciones especiales de encuestas de hogares de los respectivos
países.
a/ Se refiere a los establecimientos que ocupan hasta cinco personas. En
los casos de Chile (1996), El Salvador, Panamá, República Dominicana,
Uruguay (1990) y Venezuela se incluye a los que tienen hasta cuatro
empleados. En los casos en que no se dispuso de información sobre el
tamaño de los establecimientos no se proveen cifras para el conjunto de
las personas ocupadas en sectores de baja productividad.
b/ Se refiere a trabajadores por cuenta propia y familiares no remunerados
sin calificación profesional o técnica.
c/ Incluye a personas ocupadas en la agricultura, silvicultura, caza y
pesca.
d/ En el año 1990, se incluyó a los asalariados sin contrato de trabajo
bajo "Microempresas".
e/ Datos provenientes de las encuestas de caracterización socioeconómica
nacional (CASEN).
f/ A partir de 1993, se amplió la cobertura geográfica de la encuesta
hasta abarcar prácticamente la totalidad de la población urbana del
país. Hasta 1992, la encuesta comprendía a alrededor de la mitad de
dicha población, sólo con la excepción de 1991, año en el que se
realizó una encuesta de carácter nacional.
g/ Datos provenientes de las encuestas de nacionales de los ingresos y
gastos de los hogares (ENIG).
h/ A partir de 1997, el diseño muestral de la encuesta no permite el
desglosamiento urbano-rural. Por lo tanto, las cifras corresponden al
total nacional.
Otro aspecto de la
situación es la presencia de la mujer en la informalidad. Según la ONU (UNSD
2000), el 50% de las mujeres de 7 de 10 países latinoamericanos
analizados trabajan en el sector informal. Ello resulta una posición
laboral desventajosa en la América Latina actual.
De acuerdo a la CEPAL
(1997), los que se desempeñan en la economía informal ganan en promedio
el 50% de quienes lo hacen en empresas modernas y deben trabajar para ello
más horas.
Ante estas situaciones,
haciendo una evaluación de conjunto, el informe de la Comisión presidida
por Aylwin concluye que: "la integración de la mujer al trabajo
remunerado en condiciones de discriminación, contribuye a reforzar la
precariedad de las ocupaciones, especialmente las de menor
calificación".
Se cumple en la región la
observación de Cagatay sobre ciertos efectos de la liberalización
comercial sobre la mujer. Significa avances en materia de obtener empleos
pero en base a ventajas competitivas dudosas. Ellas son pagas más bajas y
condiciones de trabajo más pobres.
c) Actividad doméstica
En la situación
latinoamericana hay además un rasgo particular. La cultura prevalente ve
con una mirada agudamente discriminatoria el tema de los roles en el
hogar. La visión de que las responsabilidades domésticas deben estar a
cargo casi exclusivo de la mujer, tiene gran peso.
Ello lleva a que en los
hechos las mujeres se están integrando al mercado de trabajo en
condiciones muy desfavorables. Su retaguardia, la situación en el hogar,
no está cubierta sino sigue estando a su cargo íntergramente. Tienen una
doble jornada.
Las siguientes cifras
constatan la severidad de esta tendencia:
Cuadro 9: América Latina
(16 países): Tasa de actividad doméstica por grupos de edad, 1999.

Fuente:
CEPAL, sobre la base de tabulaciones especiales de las encuestas de hogar
de los repectivos países.
a/ 1998
b/ 1997
c/ Total nacional
d/ Estadísticamente no significativo
Como puede observarse la
tasa de actividad doméstica de los hombres vis a vis las mujeres es
mínima en los 16 países latinoamericanos analizados.
d) Participación política
Si bien ha habido claros
progresos, los logros obtenidos se hallan a gran distancia de una
verdadera igualdad de oportunidades. Analizando las cifras actuales de
participación de mujeres en los Congresos, los cargos ministeriales y las
posiciones de Alcalde en cinco países de la región, se obtienen los
siguientes resultados:
Cuadro 10: Mujeres en el
gobierno, 2000.
Fuente:
"Women and Power in the Americas, a Report Card", Inter American
Dialogue 2001; y UNDP Development Report 2000-2001.
En cuanto a parlamentarios,
las mujeres significan menos del 17%. En cuanto al rango de ministros, su
presencia es menor al 10% con la sola excepción de El Salvador donde
llega al 20%. En las Alcaldías sólo una de cada 10 Alcaldías en los
cinco países examinados es ocupada por mujeres.
Los cortes efectuados:
pobreza, mercado de trabajo, hogar y política configuran una imagen de
las condiciones de género en la región en la era de la globalización
que indica avances, pero al mismo tiempo, gruesos déficits, muy fuertes
brechas respecto a los hombres y la necesidad de recorrer aún un largo
camino para poder pisar firme en materia de género.
5. Una agenda de trabajo
para enfrentar la discriminación de género
La era de la globalización
se muestra en el caso de la mujer como en otras dimensiones, plena de
oportunidades y de riesgos. Se han abierto significativas posibilidades en
cuanto a su incorporación a los sistemas educativos y al mercado de
trabajo. Ellas han cambiando la imagen tradicional de división férrea
del trabajo entre el hombre insertado en el campo laboral y la mujer
ocupada en el hogar y con débil participación en el mismo. Todo ello
tiene efectos democratizantes, rompe estereotipos, hace ascender la
autoestima de la mujer y transforma la percepción colectiva respecto al
género.
Sin embargo, por el otro
lado, la incorporación de la mujer se esta haciendo en muchos casos, bajo
patrones que abren numerosos interrogantes y ello es muy intenso en
América Latina. En el sistema educativo, en el caso de las mujeres pobres
de la región, si bien es mayor su presencia en la matrícula educativa
básica, la situación de pobreza incide en que tengan altas tasas de
deserción y repetición. Reflejándolo, las mujeres marginales urbanas,
las mujeres campesinas y las mujeres indígenas, tienen una escolaridad
reducida y tasas de analfabetismo muy superiores a los promedios
nacionales. En los estratos medios y altos donde la mujer ha accedido
vigorosamente a la educación universitaria, existen preguntas sobre la
calidad de sus avances en relación a las características del mundo
globalizado. Se presenta una tendencia definida en términos del tipo de
carreras que terminan. Tienen gran presencia en las humanidades y ciencias
sociales, pero muy limitada en las profesiones estratégicas para la
globalización como las ingenierías y las ciencias naturales. Allí hay
una fuerte brecha entre hombres y mujeres.
El mercado de trabajo
muestra asimismo, serias cuestiones abiertas. Las mujeres se han integrado
en muchos casos a niveles bajos del mismo y a la economía informal. Aun
las más calificadas muestran la incidencia del patrón educacional antes
mencionado. Su integración a las ocupaciones claves: ingenierías,
científico-técnicas, y gerenciales, es reducida.
Todo ello además como se
ha visto, se paga con costos muy altos. La mujer pobre es en muchos casos
trabajadora informal u operadora en maquiladoras y al mismo tiempo jefa
del hogar con una vida por consiguiente, muy dura a diario. Las mujeres de
los estratos medios, siguen a cargo de la responsabilidad del cuidado de
la familia y el funcionamiento del hogar, lo que implica importante
dedicación aun cuando cuenten con ayuda doméstica, y por otro lado,
deben trabajar intensivamente para demostrar su capacidad profesional y
mantener sus posiciones.
Como se ha visto, asimismo,
la participación política femenina si bien ha crecido es acortada.
Ante este panorama las
actitudes "triunfalistas" en género en el mundo de la
globalización pueden llevar a resultados muy negativos. Se necesita por
lo contrario, redoblar la presión social por políticas cada vez más
activas de discriminación positiva. A pesar de los avances, las mujeres
siguen siendo como lo muestran los indicadores de desarrollo humano de las
Naciones Unidas, el mayor grupo discriminado de todo el planeta.
Una agenda de trabajo para
encarar esta situación debería en primer término seguir procurando que
el tema mismo forme parte continua de las grandes agendas de discusión
económica y social a nivel internacional y latinoamericano. Hay que
reforzar y profundizar en la visión colectiva la idea de que el tema es
crucial no sólo para las mujeres sino para la sociedad en su conjunto.
Los efectos de la discriminación son amplísimos. Amartya Sen (2000), los
plantea agudamente: "La desigualdad basada en el género en los
ámbitos económico y social, puede lesionar considerablemente el
desempeño global en numerosas y diversas áreas, afectando variables
demográficas, médicas, económicas y sociales; el fortalecimiento de las
capacidades de las mujeres y su consiguiente habilitación gracias a la
escolaridad, las oportunidades de empleo, etc., surten los efectos de
mayor alcance en la vida de todos los involucrados: hombres, mujeres y
niños".
Efectivamente siguen
aumentando las evidencias que indican que potenciar a la mujer, superando
discriminaciones, es una fuente de beneficios excepcionales para la
sociedad en su conjunto. Entre otros aspectos, las madres son mejores
administradoras de recursos escasos que los hombres. El Banco Mundial
señala (2001): "Poner ingresos adicionales en las manos de las
mujeres dentro del hogar tiende a tener un impacto positivo mayor que
ponerlos en las manos de los hombres, según lo muestran estudios en
Bangaldesh, Brasil, y Costa de Marfil".
Aumentar la educación de
las mujeres pobres tiene un efecto directo sobre los indicadores de salud.
Entre otros aspectos impacta fuertemente los porcentajes de vacunación de
los hijos como lo indica el siguiente cuadro:
Cuadro 11. Distribución
de los niños de 12 a 13 meses que han sido inmunizados, según el nivel
educativo de la madre (en porcentaje)

Fuente:
Education and immunization data from latest Demographic and Health Surveys;
population weights from World Bank (1999d). The World Bank (2001).
Engendering development. Oxford University Press.
Algunas indagaciones van
aún mucho más lejos. Folbre (1994) sostiene que las mujeres tienen mayor
tendencia al altruismo y a la cooperación. Una investigación sobre el
capital social en comunidades campensinas en el Paraguay (Molinas, 1998)
verificó efectivamente que los comportamientos cooperativos ocurrían con
la mayor frecuencia en grupos con alta participación femenina. Constató
que: "la participación femenina efectiva en los comités campesinos
aumentaba la performance de dichos comités... y las posibilidades de las
comunidades campesinas de combatir la pobreza".
El Banco Mundial sugiere
otra correlación muy especial. Señala que "...mayor igualdad en la
participación de mujeres y hombres está asociada con empresas y
gobiernos más transparentes y con mejor gobierno. Donde la influencia de
las mujeres en la vida pública es mayor, el nivel de corrupción es
menor". Proporciona al respecto en el siguiente cuadro:
Cuadro 12: Índice de los
derechos económicos y sociales de lamujer v/s. índice de corrupción

Fuente:
Información de the International Country Risk Guide (ICRG). The World
Bank (2001). Engendering development. Oxford University Press.
Se requiere enfrentar las
discriminaciones de género impulsando vigorosas políticas públicas
afirmativas en todos los planos básicos. En América Latina, ello
significa cosas muy concretas. En materia de salud, se debe dar pleno
acceso a la prevención y a la atención médica apropiada a las mujeres
pobres que significan más de la mitad del total de mujeres. Es
inadmisible ética y socioeconómicamente que los progresos en medicina
que han reducido al mínimo la mortalidad materna y la mortalidad infantil
y que implican en muchos casos tecnologías de fácil aplicación, estén
fuera del alcance de muchísimas mujeres pobres de la región. Ello lleva
a brechas de enorme magnitud. Como se refirió, la mortalidad materna es
27 veces mayor en América Latina que en Estados Unidos. En mortalidad
infantil, mientras en Canadá solo mueren antes de cumplir un año, 5,7 de
cada mil niños que nacen, en Bolivia son 83, casi 15 veces más.
En el campo de la
educación se debería desplegar un amplio abanico de políticas para
quebrar la marginación de las mujeres pobres. En los centros urbanos se
debería apoyar especialmente a las niñas pobres para que completen
estudios. Se requieren programas que ataquen las carencias básicas del
hogar que llevan a la deserción, y crear incentivos positivos para que
las familias apoyen la escolaridad de las niñas. Un ejemplo exitoso son
los programas como la Bolsa-escola del Brasil, que entregan subsidios al
hogar sujetos a que los niños asistan y permanezcan en la escuela. Por
otra parte, se deberían fortalecer las estrategias para atender a las
numerosas jóvenes y mujeres pobres que no terminaron la escuela primaria.
Tendrían que impulsarse programas pensados para mujeres que trabajan
largas jornadas. Experiencias como las de Fe y Alegría, que permiten a
mujeres de esas características completar por radio estudios formales,
indican con sus excelentes resultados, caminos promisorios. Se debería
dar una atención especial al caso de las madres adolescentes con
programas innovativos que partan de sus realidades y puedan ayudarlas a
completar los ciclos educativos de los que con frecuencia desertan.
La lucha por la educación
de la mujer campesina debe intensificarse aún más. Su asistencia a la
escuela sigue teniendo amplias brechas en relación con los hombres. La
acción a realizar debe cuestionar frontalmente los prejuicios culturales
que están incidiendo en ello y multiplicar oportunidades educativas para
estas mujeres. Un campo especial es el de las mujeres indígenas. Deben
crearse programas educativos adaptados a sus características, que con
pleno respeto de su cultura y su idioma permitan mejorar sus posibilidades
reales de tener acceso a educación.
Debe haber políticas mucho
más consistentes y agresivas que las actuales en materia de protección
de la familia. Ello puede mejorar sustancialmente la situación concreta
de la mujer y permitirle su incorporación a la educación y el trabajo en
mucho mejores condiciones. Los apoyos públicos en campos como el cuidado
de los bebés, la multiplicación de oportunidades de preescolar, la ayuda
en el cuidado de las personas de edades mayores y otras áreas, pueden ser
de alta utilidad práctica.
En cuanto al mercado de
trabajo deberían transparentarse las actuales situaciones de
discriminación, ponerse sobre la mesa de discusión, para que ello pueda
ayudar a generar políticas que les den respuesta. Cuando se les da a las
mujeres en general y a las pobres en particular oportunidades productivas
reales, los resultados para ellas y la sociedad en su conjunto son muy
concretos. Lo ilustra entre otras experiencias el estimulante caso del Grameen
Bank, la institución más reconocida del mundo en microcrédito.
Muhammad Yunus su inspirador y su equipo decidieron prestar pequeñas
sumas a mujeres campesinas pobres de Bangladesh. El Banco tiene hoy dos
millones de prestatarios de los cuales el 94% son mujeres. El préstamo
promedio es de 140 dólares. Ha prestado 1.500 millones de dólares a los
más pobres en la mitad de las aldeas del país, 35.000. Los resultados
son muy impresionantes y numerosos países del mundo han pedido la
asistencia del Grammen Bank para montar experiencias similares. Los
prestatarios han mejorado su vida y la mitad de ellos han superado la
línea de pobreza. La tasa de recuperación de los préstamos, con estos
clientes, mujeres campesinas pobres, ha sido de más del 98%.
Otra área de acción es
darle pleno reconocimiento al trabajo de la mujer en el hogar,
contribución que no aparece en las estadísticas económicas, como si no
tuviera mayor valor. Manuel Castells describe agudamente esta situación:
"Si las mujeres que "no hacen nada" dejaran de hacer
"sólo eso", toda la estructura urbana como la conocemos sería
incapaz de mantener sus funciones" (López y Ronderos, 1994).
Otras políticas públicas
afirmativas deben dirigirse al crucial campo de la participación
política. Es fundamental por el aporte que puede dar la mujer al mismo y
por el hecho básico de que el mayor grupo discriminado de la sociedad
haga sentir su voz. Debe tratarse de ampliar activamente los acotados
progresos logrados.
Junto a todas las
políticas anteriores y muchas otras añadibles, debe seguir la acción
colectiva por producir cambios de fondo en las actitudes culturales y los
mensajes educativos, donde hay fuertes contenidos discriminatorios, que se
hallan enraizados en siglos de inferiorización de la mujer. Entre ellos
es notable como los currículums de educación básica siguen en muchos
casos, ignorando el problema de la mujer, y diseminando los mismos
estereotipos tradicionales sobre su rol en la sociedad y sus supuestas
limitaciones2.
Volvemos a la pregunta
planteada al inicio del trabajo: ¿Es posible civilizar o humanizar la
globalización? Un parámetro fundamental de si ello es factible será lo
que suceda con la condición de la mujer. Mucho dependerá de que puedan
avanzar políticas del tipo de las descritas. Helleiner (2000), plantea
reservas. Señala: "Los actuales esfuerzos para mejorar la
gobernabilidad en la nueva economía globalizada, están fuertemente
sesgados hacia los intereses de los gobiernos, empresas, personas más
ricas del mundo y esto no será fácil de superar".
El que se logre pese a ello
la humanizacion que reclaman grandes mayorías del planeta y que a su
centro esté la cuestión de género, será decisivo para lograr un
desarrollo económico de rostro humano y de bases firmes. Al mismo tiempo,
superar las discriminaciones de género no es sólo un tema de mejor
funcionamiento de la economía, un medio para que ella ande mejor, es un
fin en sí mismo. Se trata de un asunto ético vital. Las postergaciones y
sufrimientos que buena parte de la población femenina mundial y la
mayoría de las mujeres de América Latina están padeciendo por la
pobreza y la exclusión, reforzadas por su género, son moralmente
intolerables y han durado demasiado tiempo.
_______________
Notas:
*
Una versión anterior de este trabajo fue preparada especialmente para el
Programa Regional de Formación en Género y Políticas Públicas –
PRIGEPP, con el auspicio de la Unión Europea.
1
Resalta al respecto la CEPAL en su Panorama Social 2000-2001: "El
aporte económico de las mujeres que trabajan, contribuye a que una
proporción importante de los hogares situados sobre la línea de pobreza,
puedan mantenerse en esa posicion", (Santiago de Chile, 2001).
2
Gloria Bonder ha desarrollado un muy interesante programa para tratar de
reentrenar a las mismas maestras que en muchos casos transmiten
esterotipos enraizados. Ver al respecto Gloria Bonder ¨Altering sexual
stereotypes through teacher training¨, en Nelly Stromquist ¨Women and
Education in Latin-American¨, Lynne Rienner Publishers, 1992.
Referencias bibliográficas
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Washington: The Washington Post, 4 de abril de 2000.
CAGATAY, N. Trade, Gender and Poverty.
New Cork: UNDP, 2001.
CENTER FOR DISEASE, CONTROL AND PREVENTION.
Investigación comentada por Helen Rimbelow "Study look at women
marriage and divorce". Washington: The Washington Post, 25 de
Julio de 2002.
CEPAL. Panorama Social de América
Latina. Santiago de Chile: CEPAL, 2000.
CEPAL. La brecha de la equidad.
Santiago de Chile: CEPAL, 1997.
COMISIÓN LATINOAMERICANA Y DEL CARIBE
SOBRE EL DESARROLLO SOCIAL. BID, CEPAL, PNUD, 1995.
FOLBRE, N. Who pays for the Kids: gender
and the structures of constraint. New Cork: Routledge, 1994.
BANCO MUNDIAL. COMISIÓN MUNDIAL DEL AGUA. Agua
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