relación con el total de trabajadores, sino, además, comparar los montos de las
jubilaciones de hombres y mujeres.
h)
Representación de intereses y organización. Los derechos sindicales y la capaci-
dad de organización y negociación colectiva (incluyendo a los crecientes secto-
res de trabajadores no asalariados) tienen un importante rol en el fortalecimiento
del sujeto más débil de la relación laboral y en la protección más efectiva de la
calidad de sus empleos. Se requiere, por lo tanto, verificar la amplitud de la
cobertura de trabajadores sindicalizados, de aquellos que negocian colectiva-
mente, la existencia de organización entre trabajadores independientes y la pre-
sencia de mujeres en las directivas sindicales. Además, es necesario analizar el
contenido de las demandas sindicales, identificando si se han incorporado aque-
llas que benefician a la mujer en su condición de género.
i)
Jornada de trabajo. Los cambios en la organización del trabajo han provocado
una flexibilización de la jornada de trabajo. Se han hecho más comunes las ex-
cepciones a la jornada ordinaria y han aumentado las especiales. Las empresas
buscan la mayor libertad posible para disponer de la fuerza de trabajo, y esto
incluye la duración y distribución de la jornada semanal de trabajo. El número
de horas trabajadas, y la consiguiente proporción del tiempo dedicado a otros
aspectos de la vida personal, afectan la salud física y mental de los trabajado-
res y la calidad de vida personal y de sus familias. Considerando que las muje-
res desempeñan tareas domésticas en un trabajo extralaboral, se debería, en lo
posible, medir también su dedicación horaria a esas tareas.
j)
Intensidad del trabajo. Esta es una dimensión importante, pero poco considera-
da en los estudios de calidad de empleo, que se refiere al bienestar físico y al
requerimiento de energía que llevan a estados de salud, morbilidad o vulnera-
bilidad de los trabajadores. La intensidad depende de la organización del tra-
bajo. Las exigencias pueden ser dadas por la empresa, pero en muchos casos los
sistemas de pago por rendimiento o tipos de contrato inestables contribuyen a
aumentos en la intensidad del trabajo. Aun cuando es difícil establecer com-
paraciones entre hombres y mujeres, por sus diferencias fisiológicas y sus per-
cepciones de bienestar, la literatura recoge tres modelos que ayudan a medir
los efectos de la intensidad del trabajo en el bienestar de los trabajadores. El
modelo nutricional se calcula a través del Índice de Masa Corporal, la Tasa de
Actividad Física y el Nivel de Actividad Física, y estipula los requerimientos
nutricionales de la población para ejecutar su trabajo. El modelo fisiológico mide
la capacidad física de los individuos a través del consumo máximo de oxígeno
en la ejecución de sus tareas. El modelo ergonómico se centra en las caracterís-
ticas de las tareas, su ritmo, combinación con pausas, y los efectos de ritmos
intensos de trabajo y fatiga en el sistema oseomuscular.
k)
Riesgos de accidentes o enfermedades ocupacionales. Las condiciones de seguridad
e higiene en el trabajo y la salud ocupacional han experimentado cambios, como
consecuencia de las transformaciones productivas y la introducción de inno-
vaciones tecnológicas. Han mejorado algunos sistemas de seguridad en el tra-
bajo y ha disminuido la ocurrencia de accidentes asociados a trabajos pesados
(desarrollados principalmente por hombres). Pero, al mismo tiempo, los proce-