Durante el presente
año se han registrado dos importantes sucesos en cuanto a los derechos humanos de las
mujeres: el Foro Mundial Viena+5, y la aprobación del Tribunal Penal Internacional que
reconoce la violación sexual como un crimen de guerra.Las Naciones Unidas organizaron el Foro
Viena+5, en junio pasado en Ottawa, con el objetivo de examinar la situación general de
los derechos humanos cinco años después de la Declaración de Viena (1993), que
estableció que los derechos de las mujeres son parte integrante, inalienable e
indivisible de los derechos humanos universales. Uno de los aspectos destacados de este
foro fue la incorporación de la perspectiva de género y la diversidad como ejes
transversales para el tratamiento de los derechos humanos. Otro punto destacable fue el
conceptualizar os derechos económicos, sociales y culturales, como universales,
indivisibles, interdependientes e interrelacionados. "Esto incluye la realización de
los derechos económicos, sociales y culturales de las mujeres, sobre la base de una
equidad total con el hombre, ello está vinculado a la eliminación de todas las formas de
discriminación de género que resulta de diversos aspectos estructurales" (ALAI,
1998).
Tribunal Penal
Internacional
Este Tribunal de
las Naciones Unidas fue creado en julio pasado durante una conferencia efectuada en Roma.
Su función es juzgar y procesar los crímenes de guerra y de genocidio contra la
humanidad. Se diferencia notablemente de la Corte Internacional de Justicia de La Haya,
que tiene una jurisdicción limitada. Hasta el momento 120 países han suscrito el tratado
que crea este Tribunal.
Durante el
desarrollo de esta conferencia, la labor del Consejo de Mujeres por la Justicia de Género
-grupo de presión que representa a 380 organizaciones de mujeres a nivel mundial- fue
decisiva en el trabajo de negociación con los representantes de gobiernos, de
organizaciones de derechos humanos, expertos y expertas en Derecho Internacional, y para
lograr que se incorporen en la escala de crímenes contra la humanidad, los que se cometen
contra las mujeres.
De acuerdo con Alda
Facio, abogada costarricense experta en derechos humanos y directora del Caucus de Mujeres
por una Justicia de Género en las Naciones Unidas, se debe considerar como un triunfo de
los movimientos de mujeres el reconocimiento en Roma de que la "violación sexual
puede constituir un crimen de guerra o un crimen de lesa humanidad en vez de un simple
delito contra la dignidad de las personas, como se establecía antes de esta fecha en el
derecho humanitario internacional" (Fempress, 1998). Igual rango se otorga al
embarazo, la esterilización y la prostitución forzadas, a la esclavitud sexual y otras
formas de violencia sexual. Se obtuvo también el nombramiento de una asesora legal en
materia de género que asegure que las denuncias presentadas tengan el respaldo del
Tribunal.
Mecanismos
decisivos
La violación, los
golpes y las intimidaciones de todo tipo ocurridos en los hogares fueron reconocidos como
atentados a los derechos humanos de las mujeres apenas en la década de los 80. Solo se
reconocían como tales los actos perpetrados por regímenes dictatoriales contra
prisioneras políticas que sufrieran torturas y violaciones en las cárceles. A medida que
la preocupación por los derechos humanos de las mujeres adquirió mayor dimensión y fue
permeando a los gobiernos y otras instituciones nacionales e internacionales, esta causa
motivó una serie de acuerdos y compromisos internacionales, como la Declaración y el
Programa de Acción de Viena, que establecen como objetivos prioritarios de la comunidad
internacional "la plena participación, en condiciones de igualdad de la mujer en la
vida política, civil, económica, social y cultural en los planos nacionales, regional e
internacional y la erradicación de todas las formas de discriminación basadas en el
sexo..." (artículo 18). Atrás queda la creencia de que sólo constituye violación
de derechos humanos cuando está involucrado un aparato de Estado.
Un gran desafío
Esta Declaración
plantea un gran desafío: precisar que la violencia que se da en el ámbito privado tiene
las mismas repercusiones que la ejercida desde el Estado. Esto significa acabar con el
anonimato que caracterizan los hechos de violencia ocurridos dentro del ámbito
doméstico, y darles igual validez política que a los asesinatos, torturas y violaciones
producto de la represión política.
Es un instrumento
de carácter internacional que da una mirada amplia y universal a los derechos humanos,
porque no solo reafirma la gravedad de la violación a los derechos civiles y políticos
en sus diferentes expresiones (tortura, detenciones ilegales, desapariciones, ejecuciones
sumarias) sino que ubica en el mismo nivel a los atentados de violencia sexista,
considerada como una violación a los derechos humanos: "La violencia y todas las
formas de acoso y explotación sexuales, en particular las derivadas de prejuicios
culturales y de la trata internacional de personas, son incompatibles con la dignidad y la
valía de la persona humana y deben ser eliminadas" (Art. 18).
Otro avance
decisivo en lo que se refiere a la conceptualización de los derechos de las mujeres es la
Plataforma de Acción de Beijing aprobada por los gobiernos en la IV Conferencia Mundial
sobre la Mujer en 1995. Destaca en sus considerandos que "todos los derechos humanos,
es decir los derechos civiles, culturales, económicos, políticos y sociales, incluido el
derecho al desarrollo, son universales e indivisibles" (Cap.V-1-213).
La Plataforma pone
énfasis en el respeto a la diversidad, y establece como necesario el dar prioridad
"a la promoción y protección del disfrute pleno y amplio, por mujeres y hombres en
condiciones de igualdad, de todos los derechos humanos y las libertades fundamentales sin
distinción de ningún tipo..." (Cap. IV-I-232, a).
En este sentido,
los gobiernos se comprometieron a condenar la violencia contra las mujeres y abstenerse de
invocar alguna costumbre, tradición o consideración religiosa para eludir la obligación
de eliminarla. Esto supone ratificar y aplicar todas las normas internacionales
relacionadas con el tema, en particular la Convención sobre la eliminación de todas las
formas de discriminación contra la mujer (1979) y la Convención Interamericana para
prevenir, erradicar y eliminar la violencia contra las mujeres (1994), más conocida como
Convención de Belém do Pará.
Hacia el nuevo
milenio
Viena y Beijing son
hitos importantes en las luchas de los movimientos de mujeres que en distintos momentos
han levantado sus voces para refutar el hecho de que la Declaración Universal de Derechos
Humanos tome al hombre como paradigma del ser humano e invisibilice, así, a las mujeres.
Por ello, gran parte de estas luchas han apuntado a que en las legislaciones nacionales y
los tratados internacionales se reconozcan como violaciones a los derechos humanos las
discriminaciones y abusos cometidos contra las mujeres por el hecho de ser mujeres, y sean
incorporados en el espíritu de la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Una iniciativa en
ese sentido es la Declaración de los Derechos Humanos con Perspectiva de Género,
propuesta del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de
las Mujeres -CLADEM-, que fue presentada y discutida en la Conferencia de Viena en 1993.
Viena y Beijing son
manifestaciones de la presencia propositiva del movimiento internacional de mujeres, y los
sucesivos logros a favor de los derechos humanos de las mujeres constituyen un avance
significativo de cara al nuevo milenio.
ALGUNAS
CIFRAS
- De los 22 millones
de refugiados en el mundo, 17 millones son mujeres, niñas y niños (ACNUR, 1998).
- Las guerras y las
migraciones en América Latina y el Caribe, han aumentado el número de hogares con
jefatura femenina. En México y en Trinidad Tobago, este fenómeno alcanza al 29 por
ciento (CIMAC, 1998).
- El 25 por ciento de
la población refugiada en América del Sur está constituida por mujeres (CIMAC, 1998).
- En Colombia, según
un estudio de la Conferencia Episcopal, de las 600 mil personas desplazadas a causa de la
guerra, el 58,2 por ciento son mujeres y niñas. El 24,6 por ciento del total de hogares
es encabezado por una mujer y hay una gran mayoría de viudas por causa de la violencia
(Vidas sin violencia. Nuevas Voces Nuevos Desafíos. Isis Internacional, 1998).
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* Este
artículo forma parte de la serie preparada por Isis Internacional, para la Campaña
"Una vida sin violencia, un derecho nuestro". |