Visibilizando los derechos humanos de las mujeres*
La violencia contra la mujer es de larga data. Grabado del siglo XIX.(Tomado de "Las Sufragistas". Trevor Lloyd, 1970)
Aproximadamente 120 millones de mujeres en el mundo sufren mutilaciones sexuales y un número similar de niñas y adolescentes son forzadas a prostituirse, según el Fondo de Población de las Naciones Unidas, UNFPA. En muchos países, la violación de mujeres sigue siendo utilizada como arma de guerra. Entre 20 y 50 mil mujeres y niñas fueron violadas durante la guerra de la ex Yugoslavia. En América Latina, durante los primeros años del conflicto de Chiapas, se denunciaron 50 casos de indígenas violadas por el ejército mexicano.

Durante el presente año se han registrado dos importantes sucesos en cuanto a los derechos humanos de las mujeres: el Foro Mundial Viena+5, y la aprobación del Tribunal Penal Internacional que reconoce la violación sexual como un crimen de guerra.

Las Naciones Unidas organizaron el Foro Viena+5, en junio pasado en Ottawa, con el objetivo de examinar la situación general de los derechos humanos cinco años después de la Declaración de Viena (1993), que estableció que los derechos de las mujeres son parte integrante, inalienable e indivisible de los derechos humanos universales. Uno de los aspectos destacados de este foro fue la incorporación de la perspectiva de género y la diversidad como ejes transversales para el tratamiento de los derechos humanos. Otro punto destacable fue el conceptualizar os derechos económicos, sociales y culturales, como universales, indivisibles, interdependientes e interrelacionados. "Esto incluye la realización de los derechos económicos, sociales y culturales de las mujeres, sobre la base de una equidad total con el hombre, ello está vinculado a la eliminación de todas las formas de discriminación de género que resulta de diversos aspectos estructurales" (ALAI, 1998).

Tribunal Penal Internacional

Este Tribunal de las Naciones Unidas fue creado en julio pasado durante una conferencia efectuada en Roma. Su función es juzgar y procesar los crímenes de guerra y de genocidio contra la humanidad. Se diferencia notablemente de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, que tiene una jurisdicción limitada. Hasta el momento 120 países han suscrito el tratado que crea este Tribunal.

Durante el desarrollo de esta conferencia, la labor del Consejo de Mujeres por la Justicia de Género -grupo de presión que representa a 380 organizaciones de mujeres a nivel mundial- fue decisiva en el trabajo de negociación con los representantes de gobiernos, de organizaciones de derechos humanos, expertos y expertas en Derecho Internacional, y para lograr que se incorporen en la escala de crímenes contra la humanidad, los que se cometen contra las mujeres.

De acuerdo con Alda Facio, abogada costarricense experta en derechos humanos y directora del Caucus de Mujeres por una Justicia de Género en las Naciones Unidas, se debe considerar como un triunfo de los movimientos de mujeres el reconocimiento en Roma de que la "violación sexual puede constituir un crimen de guerra o un crimen de lesa humanidad en vez de un simple delito contra la dignidad de las personas, como se establecía antes de esta fecha en el derecho humanitario internacional" (Fempress, 1998). Igual rango se otorga al embarazo, la esterilización y la prostitución forzadas, a la esclavitud sexual y otras formas de violencia sexual. Se obtuvo también el nombramiento de una asesora legal en materia de género que asegure que las denuncias presentadas tengan el respaldo del Tribunal.

Mecanismos decisivos

La violación, los golpes y las intimidaciones de todo tipo ocurridos en los hogares fueron reconocidos como atentados a los derechos humanos de las mujeres apenas en la década de los 80. Solo se reconocían como tales los actos perpetrados por regímenes dictatoriales contra prisioneras políticas que sufrieran torturas y violaciones en las cárceles. A medida que la preocupación por los derechos humanos de las mujeres adquirió mayor dimensión y fue permeando a los gobiernos y otras instituciones nacionales e internacionales, esta causa motivó una serie de acuerdos y compromisos internacionales, como la Declaración y el Programa de Acción de Viena, que establecen como objetivos prioritarios de la comunidad internacional "la plena participación, en condiciones de igualdad de la mujer en la vida política, civil, económica, social y cultural en los planos nacionales, regional e internacional y la erradicación de todas las formas de discriminación basadas en el sexo..." (artículo 18). Atrás queda la creencia de que sólo constituye violación de derechos humanos cuando está involucrado un aparato de Estado.

Un gran desafío

Esta Declaración plantea un gran desafío: precisar que la violencia que se da en el ámbito privado tiene las mismas repercusiones que la ejercida desde el Estado. Esto significa acabar con el anonimato que caracterizan los hechos de violencia ocurridos dentro del ámbito doméstico, y darles igual validez política que a los asesinatos, torturas y violaciones producto de la represión política.

Es un instrumento de carácter internacional que da una mirada amplia y universal a los derechos humanos, porque no solo reafirma la gravedad de la violación a los derechos civiles y políticos en sus diferentes expresiones (tortura, detenciones ilegales, desapariciones, ejecuciones sumarias) sino que ubica en el mismo nivel a los atentados de violencia sexista, considerada como una violación a los derechos humanos: "La violencia y todas las formas de acoso y explotación sexuales, en particular las derivadas de prejuicios culturales y de la trata internacional de personas, son incompatibles con la dignidad y la valía de la persona humana y deben ser eliminadas" (Art. 18).

Otro avance decisivo en lo que se refiere a la conceptualización de los derechos de las mujeres es la Plataforma de Acción de Beijing aprobada por los gobiernos en la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer en 1995. Destaca en sus considerandos que "todos los derechos humanos, es decir los derechos civiles, culturales, económicos, políticos y sociales, incluido el derecho al desarrollo, son universales e indivisibles" (Cap.V-1-213).

La Plataforma pone énfasis en el respeto a la diversidad, y establece como necesario el dar prioridad "a la promoción y protección del disfrute pleno y amplio, por mujeres y hombres en condiciones de igualdad, de todos los derechos humanos y las libertades fundamentales sin distinción de ningún tipo..." (Cap. IV-I-232, a).

En este sentido, los gobiernos se comprometieron a condenar la violencia contra las mujeres y abstenerse de invocar alguna costumbre, tradición o consideración religiosa para eludir la obligación de eliminarla. Esto supone ratificar y aplicar todas las normas internacionales relacionadas con el tema, en particular la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (1979) y la Convención Interamericana para prevenir, erradicar y eliminar la violencia contra las mujeres (1994), más conocida como Convención de Belém do Pará.

Hacia el nuevo milenio

Viena y Beijing son hitos importantes en las luchas de los movimientos de mujeres que en distintos momentos han levantado sus voces para refutar el hecho de que la Declaración Universal de Derechos Humanos tome al hombre como paradigma del ser humano e invisibilice, así, a las mujeres. Por ello, gran parte de estas luchas han apuntado a que en las legislaciones nacionales y los tratados internacionales se reconozcan como violaciones a los derechos humanos las discriminaciones y abusos cometidos contra las mujeres por el hecho de ser mujeres, y sean incorporados en el espíritu de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Una iniciativa en ese sentido es la Declaración de los Derechos Humanos con Perspectiva de Género, propuesta del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres -CLADEM-, que fue presentada y discutida en la Conferencia de Viena en 1993.

Viena y Beijing son manifestaciones de la presencia propositiva del movimiento internacional de mujeres, y los sucesivos logros a favor de los derechos humanos de las mujeres constituyen un avance significativo de cara al nuevo milenio.


ALGUNAS CIFRAS

  • De los 22 millones de refugiados en el mundo, 17 millones son mujeres, niñas y niños (ACNUR, 1998).
  • Las guerras y las migraciones en América Latina y el Caribe, han aumentado el número de hogares con jefatura femenina. En México y en Trinidad Tobago, este fenómeno alcanza al 29 por ciento (CIMAC, 1998).
  • El 25 por ciento de la población refugiada en América del Sur está constituida por mujeres (CIMAC, 1998).
  • En Colombia, según un estudio de la Conferencia Episcopal, de las 600 mil personas desplazadas a causa de la guerra, el 58,2 por ciento son mujeres y niñas. El 24,6 por ciento del total de hogares es encabezado por una mujer y hay una gran mayoría de viudas por causa de la violencia (Vidas sin violencia. Nuevas Voces Nuevos Desafíos. Isis Internacional, 1998).

* Este artículo forma parte de la serie preparada por Isis Internacional, para la Campaña "Una vida sin violencia, un derecho nuestro".

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