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Aspectos econ icos de la Equidad de G ero
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spectos económicos de la
equidad de género
Thelma Gálvez P.
A
6 ( 5
, (
mujer y desarrollo
Santiago de Chile, junio de 2001
35
Unidad Mujer y Desarrollo

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Este documento fue preparado por Thelma Gálvez para la Unidad Mujer y
Desarrollo de la CEPAL.
Las opiniones expresadas en este documento, que no ha sido sometido a revisión
editorial, son de exclusiva responsabilidad de la autora y pueden no coincidir
con las de la Organización.
Publicación de las Naciones Unidas
LC/L.1561-P
ISBN: 92-1-321867-2
Copyright © Naciones Unidas, junio de 2001. Todos los derechos reservados
N° de venta: S.01.II.G.107
Impreso en Naciones Unidas, Santiago de Chile
La autorización para reproducir total o parcialmente esta obra debe solicitarse al
Secretario de la Junta de Publicaciones, Sede de las Naciones Unidas, Nueva York, N.
Y. 10017, Estados Unidos. Los Estados miembros y sus instituciones gubernamentales
pueden reproducir esta obra sin autorización previa. Sólo se les solicita que mencionen
la fuente e informen a las Naciones Unidas de tal reproducción.

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CEPAL - SERIE Mujer y desarrollo
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Índice
Resumen
....................................................................................... 7
Introducción ..................................................................................... 9
I.
Precisiones sobre la equidad de género ........................ 13
II.
Los temas de la equidad...................................................... 17
A.
El ingreso global por sexo .................................................. 17
B.
El trabajo global ................................................................. 21
C.
Participación en el mercado de trabajo............................... 25
D.
Desempleo .......................................................................... 31
E.
Segregación sexual por ocupaciones .................................. 33
F.
Heterogeneidad productiva de los empleos ........................ 37
G.
Desigualdades salariales ..................................................... 40
H.
Calidad de los empleos ....................................................... 45
I.
Acceso a la propiedad y a la administración de las
empresas ............................................................................. 47
J.
La distribución del ingreso entre hogares........................... 50
K.
Educación ........................................................................... 53
Bibliografía ..................................................................................... 61
Anexo 1
Cálculo del índice de segregación sexual
en el trabajo................................................................. 63
A.
El marco conceptual elegido....................................... 63
B.
Cálculo efectuado ....................................................... 64
Anexo 2
Cuadros estadísticos.................................................... 67
Serie Mujer y Desarrollo: números publicados .................... 77

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Aspectos económicos de la equidad de género
4
Índice de cuadros
Cuadro 1
Ingreso global por mujer/ingreso global por hombre................................................ 18
Cuadro 2
Personas de 20 a 64 años dedicadas exclusivamente al trabajo doméstico
por cada 100 activos/as (Zonas urbanas) .................................................................. 22
Cuadro 3
Tasas de participación en la actividad económica por sexo y su diferencia,
personas de 20 a 64 años, alrededor de 1990 y 1997. (Zonas urbanas) .................... 25
Cuadro 4
Tasas de desocupación por sexo y diferencia entre las de mujeres y las de
hombres, población de 20 a 64 años, alrededor de 1997. (Zonas urbanas) .............. 32
Cuadro 5
Puntos de diferencia en las tasas de desocupación entre el primer y quinto
quintil, alrededor de 1997. (Zonas urbanas) ............................................................. 33
Cuadro 6
Indice de segregación sexual de las ocupaciones en el mercado laboral.
(Nivel nacional)......................................................................................................... 34
Cuadro 7
Indicadores para las cinco ocupaciones con mayor volumen de personas ocupadas
en tres países ............................................................................................................. 36
Cuadro 8
Porcentaje de mujeres en el total de ocupados por sector, alrededor de 1997
(Zonas urbanas) ......................................................................................................... 38
Cuadro 9
Relación de ingresos en sectores de baja productividad/resto de los
sectores, 1997 (Zonas urbanas) ................................................................................. 40
Cuadro 10
Evolución de la relación de salarios y de años de estudio entre asalariados
mujeres y hombres (Zonas urbanas) ......................................................................... 41
Cuadro 11
Diferencias entre coeficiente de GINI de mujeres y de hombres (Zonas
urbanas) ..................................................................................................................... 44
Cuadro 12
Mujeres y hombres asalariadas/os con contrato de trabajo 1996 (Zonas
urbanas) ..................................................................................................................... 45
Cuadro 13
Mujeres y hombres asalariadas/os con derecho a salud y/o previsión,
alrededor de 1997 (Zonas urbanas) ........................................................................... 46
Cuadro 14
Mujeres y hombres asalariadas/os con trabajo temporal, alrededor de
1997 (Zonas urbanas) ............................................................................................... 46
Cuadro 15
Perceptores de rentas................................................................................................. 47
Cuadro 16
Ingreso por hora promedio de los empleadores, dividido por el ingreso por
hora promedio de todos los ocupados, por sexo, alrededor de 1990 y 1997 ............ 49
Cuadro 17
Ingresos y nivel de educación de empleadores mujeres y hombres,
alrededor de 1990 y 1997 (Zonas urbanas) ............................................................... 50
Cuadro 18
Densidad ocupacional 1990-1997 ............................................................................. 51
Cuadro 19
Brechas de estudios entre jóvenes de 15 a 19 años por quintiles de ingreso
alrededor de 1997 (Zonas urbanas) ........................................................................... 55
Cuadro 20
Porcentaje de personas de 20 a 24 años con trece y más años de estudio,
alrededor de 1990 y 1997 (Zonas urbanas) ............................................................... 57
Cuadro 21
Ingresos medios del trabajo de las mujeres como porcentaje del ingreso de
los hombres con igual nivel de educación por años de estudio, población de
20 a 24 años, alrededor de 1990 y 1997 (Zonas urbanas)......................................... 58
Índice de recuadros
Recuadro 1
Calidad de la educación ............................................................................................ 56
Recuadro 2
Metas Educacionales................................................................................................. 57

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CEPAL - SERIE Mujer y desarrollo
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Índice de gráficos
Gráfico 1
Ingreso por mujer como porcentaje del ingreso por hombre y PIB por
habitante .................................................................................................................... 19
Gráfico 2
Número de personas entre 20 y 64 años dedicadas exclusivamente a
quehaceres del hogar por cada cien activos (Zonas urbanas) ................................... 24
Gráfico 3
Número de personas entre 20 y 64 años dedicadas exclusivamente a
quehaceres del hogar por cada cien activos en el 20% de hogares más pobres,
alrededor de 1997 (Zonas urbanas) ........................................................................... 24
Gráfico 4
Tasas de participación por sexo: 20 a 64 años, alrededor de 1990 y 1997
(Zonas urbanas) ......................................................................................................... 27
Gráfico 5
Brechas de participación en la actividad económica por sexo: personas
entre 20 y 64 años (Zonas urbanas)........................................................................... 28
Gráfico 6
Brechas de participación en la actividad económica por sexo y por edades,
alrededor de 1997 (Zonas urbanas) ........................................................................... 29
Gráfico 7
Relaciones ingresos mujer/hombre y educación mujer/hombre para
cinco ocupaciones por país. Brasil y Chile 1996, Honduras 1997............................ 37
Gráfico 8
Porcentaje de población urbana ocupada en sectores de baja productividad,
alrededor de 1997. (Zonas urbanas) .......................................................................... 39
Gráfico 9
Años de estudios promedio de asalariados, alrededor 1990 y 1997 ......................... 42
Gráfico 10
Coeficiente de GINI: dispersión de salarios entre las mujeres, alrededor
de 1990 y 1997 .......................................................................................................... 43
Gráfico 11
Coeficiente de GINI: dispersión de salarios entre las hombres, alrededor
de 1990 y 1997 .......................................................................................................... 44
Gráfico 12
Brecha entre el porcentaje de empleadoras entre las ocupadas y el porcentaje
de empleadores entre los ocupados ........................................................................... 49
Gráfico 13
Brechas de participación entre mujeres del quintil 1 y 5 (Zonas urbanas) ............... 53
Gráfico 14
Porcentaje de estudiantes entre la población de 15 a 19 años, alrededor
de 1997 (Zonas urbanas) ........................................................................................... 55
Índice de cuadros del Anexo 1
Cuadro A.1
Cálculo del índice de segregación por sexo en las ocupaciones ............................... 65
Índice de cuadros del Anexo 2
Cuadro B.1
Porcentaje de hogares pobres y PIB por habitante alrededor 1997........................... 69
Cuadro B.2
Ingreso global por mujer de 15 años y más/ingreso global por hombre
15 años y más (Porcentajes)...................................................................................... 69
Cuadro B.3
Tasa de participación en la actividad económica de mujeres menos tasa
de participación en la actividad económica de hombres, población de 15
y más años (Zonas urbanas) ...................................................................................... 70
Cuadro B.4
Tasa de participación en la actividad económica de mujeres menos tasa
de participación en la actividad económica de hombres, población de 15
a 24 años (Zonas urbanas)......................................................................................... 70
Cuadro B.5
Tasa de participación en la actividad económica de mujeres menos tasa
de participación en la actividad económica de hombres, población de 25
a 34 años (Zonas urbanas)......................................................................................... 71

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Aspectos económicos de la equidad de género
6
Cuadro B.6
Tasa de participación en la actividad económica de mujeres menos tasa
de participación en la actividad económica de hombres, población de 35
a 49 años (Zonas urbanas)......................................................................................... 71
Cuadro B.7
Tasas de participación en la actividad económica por sexo y dos tramos de
años de instrucción, alrededor de 1997 (Zonas urbanas) .......................................... 72
Cuadro B.8
Tasa de desempleo femenina menos tasa de desempleo masculina, población
de 15 años y más, alrededor de 1997 (Zonas urbanas) ............................................. 72
Cuadro B.9
Población urbana ocupada en sectores de baja productividad (en porcentajes
del total de la población urbana ocupada de cada sexo) ........................................... 73
Cuadro B.10 Coeficiente de GINI medido por deciles de asalariados ........................................... 73
Cuadro B.11 Empleadores por sexo, como porcentaje del total de ocupados de cada sexo .......... 74
Cuadro B.12 Tasas de participación por sexo, según edades y según quintiles,
alrededor de 1990 y 1997.......................................................................................... 75
Cuadro B.13 Tasas de desocupación de las mujeres en el 25% de hogares más pobres
y en el 25% de hogares más ricos, 1997 ................................................................... 76

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CEPAL - SERIE Mujer y desarrollo
N° 35
7
Resumen
En numerosos estudios y publicaciones CEPAL ha
complementado la visión económica del desarrollo con la
consideración de sus efectos sobre la equidad entre las personas. El
propósito de este documento es demostrar la relevancia de conocer y
considerar las inequidades de género para lograr una sociedad
latinoamericana equitativa.
Para ello se han seleccionado los temas del área económica más
desarrollados por CEPAL, realizando un balance de la situación de
mujeres y hombres en la década de los noventa que destaca los
principales problemas y el sentido de su evolución. También se intenta
señalar en cada tema los aspectos novedosos que merecerían la
atención de quienes proponen, definen y monitorean políticas públicas
en pos de la desaparición de las inequidades de género.
Se intenta trabajar con evidencias estadísticas de un máximo de
países de América Latina. Mucha de ella está publicada en el
Panorama Social de CEPAL de 1997 y 1998 y se utilizó en el contexto
de este documento. También se solicitaron nuevas tabulaciones de la
información contenida en las Encuestas de Hogares a la División de
Estadísticas de CEPAL para una selección de países que representara
las diversas situaciones de América Latina y cuyas cifras tuvieran una
buena cobertura para los aspectos investigados. Para algunos aspectos
como la calidad del trabajo o la segregación sexual de las ocupaciones
la muestra se reduce a sólo 5 ó 3 países.

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Aspectos económicos de la equidad de género
8
A pesar de que la selección privilegió la heterogeneidad de los países en términos de tamaño
y nivel de ingreso, es posible encontrar y documentar estadísticamente numerosas características
económicas de las inequidades que afectan a las mujeres. Su ingreso global es en todos los casos
menor que el de los hombres, producto de una inserción laboral más precaria: menor tasa de
actividad, mayores tasas de desempleo, menor ingreso por hora trabajada. Aunque la dinámica del
mercado del trabajo en los noventa ha sido favorable a la incorporación relativa de mujeres, la
menor cuota de ingreso que genera el trabajo remunerado de las mujeres se ve afectada por los
fenómenos de la globalización, aumentando las diferencias al interior de ellas. El mercado
incorpora a las más educadas pero sistemáticamente sitúa al conjunto de mujeres relativamente más
en los sectores de baja productividad. Por otra parte, el mismo fenómeno tiene algunos aspectos
favorables que necesitan ser más investigados, como la disminución en el grado de segregación
sexual del trabajo remunerado. La educación, que ha constituido el gran logro de las mujeres en la
década, no ha sido un elemento de ruptura de la segregación sexual del trabajo ni ha cambiado
significativamente los prejuicios y cultura que impiden todavía que las mujeres obtengan puestos
de trabajo acordes con su mayor preparación formal en relación con la de los hombres. Más grave
aún, esto tampoco se observa en las generaciones más jóvenes y más educadas.
También las mujeres se encuentran en peores posiciones con respecto a la propiedad del
capital y la actividad empresarial. No sólo en la envergadura y tipo de los negocios que emprenden
es menor, sino también ellas no están presentes en las fuentes de poder a que da acceso tal
actividad.
Introducir la consideración de las inequidades de género en el pensamiento y los
instrumentos de medición diseñados sin ella tiene limitaciones obvias. Los aspectos sobre los que
se llama la atención son aquéllos que han sido conceptualizados para medirlos en función de una
visión agenerizada de la sociedad y la economía. Queda pendiente para otra investigación dar
evidencias con nuevos instrumentos diseñados más específicamente para medir los fenómenos
económicos no reconocidos como tales, como por ejemplo, la distribución del trabajo no
remunerado entre mujeres y hombres o la importancia de la economía familiar en el contexto de la
economía global. Hasta ahora las mediciones de trabajo doméstico no están consideradas y se
emplea la variable “proxi” de condición de “inactividad”
El estudio constata que en la raíz de la discriminación está presenta la división sexual del
trabajo, de carácter económico – cultural, de modo que el resto de las evidencias en parte son
reflejos o complementos de esta desigualdad básica reforzada por la cultura.
Finalmente la autora desea señalar que para el desarrollo del trabajo ha sido crucial la
colaboración de la División de Estadísticas de CEPAL, a través de la asesoría de Rosa Bravo quien
apoyó la selección de países y la formulación de los tabulados requeridos, así como de la unidad de
procesamiento de las encuestas de hogares que, muy oportunamente entregó la información
requerida. La autora agradece a la Unidad de la Mujer, especialmente a Sonia Montaño, Nieves
Rico y Diane Almeras por las discusiones orientadoras sobre el trabajo y el apoyo recibido, así
como a Irma Arriagada y Rosa Bravo, que fueron la contraparte permanente de confrontación de las
ideas vertidas en el documento.

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CEPAL - SERIE Mujer y desarrollo
N° 35
9
Introducción
En la vigesimoséptima reunión de la Mesa Directiva de la
Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe
(San Salvador, El Salvador, 2 al 4 de diciembre de 1998) los países
miembros de la Mesa acordaron que la octava Conferencia Regional
(Lima, Perú, del 8 al 10 de febrero del año 2000) se aboque al análisis
del tema “Equidad de género: base de una sociedad justa y equitativa”
y que, en este contexto, se analicen las áreas estratégicas I y V del
Programa de Acción Regional para las Mujeres de América Latina y el
Caribe, 1995-20001: a) equidad de género; b) derechos humanos, paz
y violencia
1
.
El presente documento “Aspectos económicos de la equidad de
género” forma parte de los estudios desarrollados en la Unidad Mujer
y Desarrollo de la CEPAL y se realizó en el marco del Proyecto
CEPAL/GTZ “Development and Social Equity in Latin America and
the Caribbean”, constituyendo un insumo para la reflexión y los
debates que llevaron a cabo los países en la octava Conferencia
Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe. El propósito
de este estudio es demostrar la relevancia de conocer y considerar las
inequidades que se producen entre mujeres y hombres, si se pretende
lograr una sociedad latinoamericana con mayor equidad.
Precisamente, uno de los rasgos característicos de las sociedades en nuestra región es la
desigualdad. Han sido varios y muy importantes los esfuerzos orientados a hacer visible la
1
CEPAL, 1999. Informe de la vigesimoséptima reunión de la Mesa Directiva de la Conferencia Regional sobre la Mujer de América
Latina y el Caribe (San Salvador, El Salvador, 2 al 4 de diciembre de 1998) (LC/L.1188(MDM.27/4)), Santiago de Chile, 24 de
marzo, párrafo 37, acuerdo 6.

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Aspectos económicos de la equidad de género
10
desigualdad entre naciones, regiones, áreas y clases sociales con el objeto de formular propuestas
orientadas a superar las injusticias e inequidades que de ellas derivan.
Más recientes son los esfuerzos por visibilizar otras desigualdades que afectan el cuadro de
inequidad de la región. Sin duda la ausencia más impactante aun hoy en los estudios
socioeconómicos es aquella que da cuenta de la desigualdad entre mujeres y hombres. Esto ha sido
ampliamente compensado por la proliferación de estudios de género cuyo principal aporte ha
consistido en darle estatuto académico y político a la demanda social de reconocimiento de la
desigualdad por parte de los movimientos sociales de mujeres. Gracias a ellos hoy podemos
conocer aspectos que permiten afinar y complejizar el análisis de la realidad social. El diálogo
interdisciplinario y la necesidad de políticas integrales que de estos nuevos conocimientos se
derivan son un aporte fundamental para la región
El estudio que presentamos forma parte de las propuestas de la CEPAL a los gobiernos de la
región para integrar el enfoque de género en los análisis y políticas de transformación productiva
con equidad. La complejidad de los aspectos de equidad queda demostrada con este estudio, así
como queda evidente que una mirada a la región desde el punto de vista de la igualdad entre
mujeres y hombres, contribuye enormemente a fortalecer la propuesta integradora y matiza
definitivamente el optimismo en torno a enfoques que privilegian el crecimiento por encima de las
políticas sociales y de equidad. El estudio de las brechas de género es un terreno privilegiado para
demostrar lo imperativo de una articulación entre desarrollo económico y social, transformación
productiva y derechos humanos, universalidad de derechos y respeto a la diferencia.
El documento permite, a partir de fuentes de información validadas como son las Encuestas
de Hogares, apreciar uno de los rasgos más dramáticos de la inequidad en la región. Para ello se
han seleccionado los temas del área económica más tratados por la CEPAL, realizando un balance
de la situación de mujeres y hombres durante la década de los noventa, para destacar los principales
problemas y el sentido de su evolución. Se ha trabajado con información estadística
correspondiente a un subgrupo de países de América Latina lo que no da cuenta cabal del conjunto
pero sí de las tendencias presentes.
El estudio nos muestra cómo la diferencia biológica convertida en fundamento de la
discriminación ha producido a lo largo de toda la región latinoamericana brechas éticamente
inaceptables aunque afortunadamente susceptibles de ser socialmente evitables. La discriminación
hacia las mujeres puede ser evitada a través de políticas de equidad que trasciendan la mera
modificación de roles en favor de transformaciones estructurales, y culturales instaladas en el
conjunto de instituciones de la región.
El análisis de género de las desigualdades no se limita a la simple comparación entre
hombres y mujeres, aunque requiere necesariamente de ella para realizar un análisis apropiado de
la realidad social. Por eso, un primer paso consiste en lograr la visibilidad estadística de las
diferencias. Conocer los efectos diferenciados que sobre hombres y mujeres tienen las políticas
económicas no es un mero ejercicio académico y reviste la mayor importancia si tomamos en
cuenta que, como lo muestra el estudio, las mujeres, independientemente del grupo social al que
pertenecen son objeto de discriminación y se encuentran siempre en desventaja respecto de sus
pares varones.
El análisis de género es una herramienta para visibilizar una de las mayores injusticias de la
humanidad y sirve para formular políticas que tiendan a la eliminación de toda forma de
discriminación como un tributo al avance en el respeto a los derechos humanos. No sólo eso, el
análisis de género es una herramienta al servicio del crecimiento económico pues visibiliza las
potencialidades y limitaciones que enfrenta la mitad de la población para que los países logren el
ansiado objetivo de la competitividad sistémica.

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CEPAL - SERIE Mujer y desarrollo
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11
El estudio nos muestra, a través de un análisis cuidadoso de la información oficial, cómo la
distribución de los ingresos se asienta sobre un contrato cultural impuesto que otorga una alta
valoración a la maternidad femenina y considera natural el trabajo doméstico no remunerado de las
mujeres frente a una aun prevaleciente noción de hombre proveedor cada vez mas contrastada por
la realidad social. Los ingresos globales por sexo, - resalta el estudio- son la síntesis de la forma
específica como las mujeres acceden al mercado laboral, a la propiedad y a las transferencias.
Aunque la brecha es decreciente, la capacidad de generar ingresos continúa siendo menor para las
mujeres de la región, mientras su aporte a la reproducción sigue en la oscuridad estadística.
En América Latina los adultos dependientes económicamente son mayoritariamente mujeres,
aunque uno de los rasgos más impactantes de la última década es el masivo ingreso de las mujeres
al trabajo remunerado. El estudio señala la importancia estratégica que tiene para la equidad el
medir las horas de trabajo destinadas al trabajo doméstico no remunerado, obligación que
permanece ampliamente asociada a mujeres y niñas y que sumada al creciente trabajo remunerado
da cuenta de las condiciones de injusticia bajo las que las mujeres se integran al mercado laboral.
Las políticas de redistribución de las responsabilidades familiares aparecen pues como una
prioridad de la política social.
Otro aporte significativo del análisis desagregado es que nos permite no sólo evidenciar las
brechas entre hombres y mujeres en el mercado laboral sino las brechas entre grupos de mujeres
como resultado de desventajas adicionales enfrentadas por las mujeres pobres, indígenas y jóvenes.
Aunque las tasas de participación de las mujeres en la actividad económica se han
incrementado todavía muestran un claro sesgo a favor de los hombres cuyas tasas son mayores. El
estudio demuestra además que no hay una relación entre las tasas de participación y el nivel el PIB.
El desempleo es también mayor en todos los casos lo que sugiere la necesidad de conocer los
mecanismos de discriminación en el proceso de búsqueda de iguales oportunidades en el empleo.
Si esto es así, es necesario encontrar respuestas adecuadas al crecimiento acelerado de la
participación de las mujeres en la actividad económica, que no necesariamente pertenecen al
ámbito cerrado de la economía y que pueden explicarse por factores de ampliación de ciudadanía,
tipo de reformas estructurales en curso, fortaleza de los movimientos sociales y factores culturales
e institucionales como señala la autora.
La información muestra que las mujeres están sobre representadas en empresas de baja
productividad y subrepresentadas en los de media y alta. Igualmente los ingresos de las mujeres en
estos sectores corresponden al 50% de los ingresos masculinos.
El estudio muestra un cuadro de los aspectos económicos de la equidad de género
demostrando que en prácticamente todos los indicadores como son empleo, desempleo, ingresos,
propiedad y dirección la situación de desventaja es mayor para las mujeres. La segregación
ocupacional es también negativa para ellas.
Aunque aumenta la presencia femenina en la actividad económica, disminuye la brecha de
ingresos y mejoran los niveles educativos, las mujeres de la región aun no consiguen eliminar las
distancias que las separan de sus pares varones y siguen enfrentando no solo una mayor carga de
trabajo incluido el trabajo doméstico no remunerado y el trabajo comunitario, si no que obtienen
menores beneficios de los sistemas previsionales y no consiguen superar la brecha de género en la
toma de decisiones tal como lo demuestran estudios complementarios realizados por la CEPAL.
El estudio es una muestra de las posibilidades de análisis que brinda la información
disponible para realizar análisis relevantes sobre la política económica y social. Sin embargo,
queda claro que aun debemos enfrentar retos conceptuales y metodológicos que permitan medir
aspectos vinculados al trabajo doméstico no remunerado, el uso del tiempo, los aportes y beneficios

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Aspectos económicos de la equidad de género
12
diferenciados de hombres y mujeres al sistema previsional y otros de importancia para las políticas
de equidad en la región.
El propósito de este documento es demostrar que es relevante conocer y considerar las
inequidades que se producen entre mujeres y hombres, cuando se pretende lograr una sociedad
latinoamericana con mayor equidad.
La consideración de las diferencias por sexo amplía el espectro de los temas. En general, el
estudio de las inequidades se ha centrado en las carencias y exclusiones que afectan a las mayorías
en términos de ingresos, de educación, de participación. Al examinar las inequidades que se
producen entre mujeres y hombres surgen también carencias y exclusiones que afectan a las
mujeres al interior de las minorías de más alto nivel: de los mejores puestos de trabajo, de los
ingresos más altos, de la educación de post grado, de la ciencia y tecnología, de la propiedad y del
poder de decisión. Ambos tipos de diferencias están limitando el logro de una sociedad más
igualitaria, cohesionada e incluyente.

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CEPAL - SERIE Mujer y desarrollo
N° 35
13
I.
Precisiones sobre la equidad de
género
Para enfocar las desigualdades entre los sexos es imprescindible
hacer algunas precisiones.
La palabra “sexo” indica la condición biológica que distingue a
mujeres y hombres. “Género” es la construcción de un conjunto de
roles y valores correspondientes a uno y otro sexo, y se le denomina de
forma diferentes para enfatizar que su definición es histórica y
socialmente construida.
En la sociedad latinoamericana de los noventa persisten con fuerza
dos principios que han regulado las relaciones básicas entre los sexos y
que dan homogeneidad a la construcción de género en la región, con
diferencias de grado entre países como se demostrará más adelante.
Uno rige en el ámbito económico y se refiere a la división sexual
del trabajo entre mujeres y hombres. Aunque las cifras de los noventa
muestran que un sector numeroso de mujeres comparte por igual que los
hombres el rol de proveedor/a económico de sus hogares, aún las normas
de trabajo y de funcionamiento social están reguladas por la idea de que
los hombres generan ingresos y las mujeres ocupan su tiempo
principalmente en las tareas del hogar y la reproducción familiar.
El mismo principio rige la división del trabajo por sexo
reproducida en el mercado laboral. La sociedad tarda en adecuarse a
los cambios económicos, en este aspecto mucho más que en otros, lo
que realza la importancia de tener en consideración el género al
diseñar políticas generales.

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Aspectos económicos de la equidad de género
14
El otro principio rige en el ámbito cultural, aunque su origen está ligado al primero, y se
refiere a la desvalorización cultural de “lo femenino” en relación con “lo masculino” en el mundo
social: en la economía, en la política, en el trabajo, en la educación.
Se explicitan estos fundamentos de nuestra organización social en relación con el género por
dos razones. Primero, porque constituyen los impedimentos básicos y más profundos para equiparar
las oportunidades de ambos sexos y segundo, porque su disminución y desaparición son el
fundamento de las metas de equidad de género.
La presentación que sigue da cuenta de tendencias que habrá que tomar en cuenta para la
formulación de políticas que favorezcan el logro de la equidad de género. Para ello se parte de los
principales temas tratados en la CEPAL desde la equidad ampliándolos con el análisis de las
inequidades de género más evidentes.
La CEPAL, atenta a la evolución de la economía, ha llamado la atención sobre las
consecuencias que ésta ha tenido sobre aspectos importantes de la vida de las personas destacando
la creciente desigualdad en la distribución del ingreso entre los hogares, originada principalmente
en el funcionamiento del mercado de trabajo. Las causas de las desigualdades de ingreso se asocian
a la desigual distribución del capital educativo entre las personas y a la menor creación y
disponibilidad de empleos con productividad media y alta. Se sugieren políticas correctivas tanto
para la educación como para la transformación productiva que proporcionen mayor equidad en el
mercado laboral.
Este enfoque se complementa posteriormente con preocupaciones de otros ámbitos, más o
menos relacionadas con la inequitativa distribución de los frutos del crecimiento económico a toda
la población. Son las desigualdades en términos de beneficios sociales (seguridad social, acceso a
salud y vivienda) de participación política, económica y cultural, de deterioro ambiental, de
integración social (participación social y expresión de demandas). En ese marco la CEPAL ha
venido prestando atención a la equidad de género como parte de la equidad social. El énfasis puesto
en los estudios sobre la generación de pobreza, como síntesis de la situación de quienes están más
carentes de bienestar, incorpora la noción de exclusión que define a aquellos grupos que se
mantienen y reproducen sin acceso suficiente a los bienes sociales. A propósito de estos nuevos
temas se proponen políticas sociales.
Se configura una forma de entender la falta de equidad en la región, cuyo origen se reconoce
en el funcionamiento económico, que se refleja y reproduce en múltiples aspectos de la vida
económica, social y cultural.
Más recientemente, surgen documentos y discusiones sobre Igualdad, Justicia, Derechos,
Diferencias, Reconocimiento, conceptos necesarios derivados de haber introducido un valor como
la equidad en el análisis de la sociedad latinoamericana. Al declarar la existencia de un problema
valórico, junto con definirlo se hace necesario explicitar cuál es la idea fundamental que lo
convierte en problema, con qué aspectos se relaciona, en qué medida se expresa, qué políticas lo
corrigen y bajo qué condiciones desaparece.
Desde el punto de vista del análisis de género, todo aquello que en el sistema económico y
social impida o retrase sistemáticamente el acceso de hombres o de mujeres a algún derecho
universal constituye una iniquidad de género. Este análisis se superpone a los análisis generales de
iniquidad destacando las diferencias o brechas entre ambos sexos y buscando explicaciones que
apoyen la formulación de políticas de equidad de género.
Para orientar el balance de género, se rescata de la revisión de los textos en circulación
alrededor de la equidad el concepto de ciudadano/a como portador de derechos inalienables. Se

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harán dos precisiones: una, referida al enfoque como derechos individuales o de las personas, y la
otra al ámbito de derechos que se considerarán.
En muchos enfoques la relación entre los sexos, y por tanto la visión de género, queda
circunscrita al ámbito de la familia. Al tomar la familia como unidad se desdibujan los derechos
individuales de quienes la componen y se acentúan los roles de género, de parentesco, de autoridad
y de subordinación. Para hablar de equidad en este documento se privilegia el enfoque individual,
en los términos en que lo expresa la siguiente cita, tomada de un estudio sobre indicadores de
género: “Los indicadores comparan individuos adultos. La mayor parte de las mujeres y los
hombres viven mucho de sus vidas con otros: esposas/os, niños, parientes mayores y no parientes.
Pero la unidad familiar o el hogar no es una unidad adecuada para los indicadores de género. La
mayoría de las definiciones de bienestar utilizadas para los indicadores sociales subrayan la
importancia de la autodeterminación, seguridad y habilidad para controlar recursos como el
dinero, el trabajo propio y las relaciones sociales. Es necesario tener una comprensión mejor de
los recursos individuales disponibles por mujeres y hombres, pues pueden afectar la habilidad del
individuo para tomar decisiones económicas y negociar con otros, dentro y fuera del hogar”.
2
Por otra parte, la familia puede compensar las desigualdades de género producidas en el
ámbito individual. En su interior se lleva a cabo la obligación de atender al sustento de los hijos,
padres mayores, parientes, y en algunas legislaciones matrimoniales, la obligación del esposo hacia
la esposa o de un cónyuge hacia el otro, cualquiera sea su sexo. Cuando los derechos individuales
no se aplican por igual a cada sexo, se está dejando a la familia como instancia intermediaria en la
redistribución de recursos, monetarios y no monetarios, para asegurar la sobrevivencia de todos sus
miembros. Sin embargo, desde el punto de vista de la equidad, la igualdad de los individuos no
puede estar basada en una estructura familiar desigual para ambos sexos.
Además del principio ético que apoya esta postura cuentan las tensiones que reciben hoy las
familias. Desde un punto de vista social, entre las tendencias “…propias de la vida moderna que
minan la cohesión social…” se señala “…la movilidad familiar que socavó los núcleos familiares
de protección…”
3
Por una parte, aumentan los riesgos que deben cubrir las familias por el
abandono del Estado de Bienestar con la consiguiente disminución de beneficios sociales que lleva
a que la seguridad económica familiar esté más basada en el mercado y, por otra, las familias tienen
menor capacidad de cubrir dichos riesgos. Tienden a ser más pequeñas y su seguridad económica
ya no se basa en tener muchos hijos que aportan trabajo, sino en pocos hijos a los cuales dar más
educación, y por lo tanto más posibilidades de tener trabajo. Hay más familias sin núcleo completo,
con jefatura femenina y ausencia de cónyuge. Por lo tanto, la seguridad individual y la protección
de los derechos individuales son más urgentes en las condiciones actuales.
En cuanto al ámbito de los derechos a considerar, este documento se limita a la exposición
de la situación en relación con los derechos económicos, con plena conciencia de que también hay
inequidades de género en otras áreas como las que garantizan las libertades individuales, o el
derecho a incidir políticamente en la sociedad. Dentro de un área llamada de Derechos económicos,
sociales y culturales
4
se mencionan los siguientes:
1.- Derecho al trabajo: derecho a trabajar, derecho a una remuneración satisfactoria y salario
mínimo, derecho a jornada de trabajo razonable, condiciones equitativas e igual salario
por trabajo igual
2.- Derecho a un nivel de vida adecuado
2
Proyecto
“Economic gender equality indicators” encargado por los Ministerios Federales – Provinciales / Territoriales Responsables
por el Status de las Mujeres, Canadá. Tomado de Internet, publicación ISBN 0-662-26159-3; 1997
3
CEPAL/IIDH. La Igualdad de los Modernos. 1997; CEPAL .¿Cómo promover los derechos económicos, sociales y culturales? 1994
4
CEPAL/IIDH. La Igualdad de los Modernos. 1997; CEPAL .¿Cómo promover los derechos económicos, sociales y culturales? 1994

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3.- Derecho a la seguridad social
4.- Derecho a la salud y la asistencia médica
5.- Derecho a la vivienda
6.- Derecho a la educación
7.- Derecho a la cultura
No todos ellos se desarrollan en este documento, que se ha limitado a aquéllas áreas más
tratadas por la CEPAL y para las que hay más evidencias estadísticas disponibles para el
conocimiento de la situación de género. Se destaca la colaboración de la División de Estadísticas
de la CEPAL que procesó especialmente gran parte del material expuesto. Como se dijo, se han
solicitado estadísticas sobre algunos países, intentando que sean representativos. Al tratar con un
conjunto de países es necesario tener presente que los derechos económicos, sociales y culturales
“… dependen para su realización del nivel de bienestar social que pueda lograrse conforme a la
productividad media de una sociedad, y de la capacidad del Estado para incidir, directa o
indirectamente, sobre el reparto de recursos”.
5
Sin embargo, teniendo en cuenta que los niveles
económicos de los países son diferentes, al considerar las brechas de género se advierte que no
necesariamente están relacionadas con la productividad media o la transferencia de recursos entre
grupos sociales. En ellas influyen fuertemente factores culturales.
5
CEPAL/IIDH, La Igualdad de los Modernos. 1997.

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II. Los temas de la equidad
A.
El ingreso global por sexo
Ya es tradicional en los planteamientos sobre equidad poner
atención a la distribución del ingreso entre las personas y sus hogares,
como lo resume la siguiente cita: …“Dada la condición de medio de
intercambio general del dinero, debe considerarse el monto del
ingreso monetario y su distribución entre los perceptores y sus
hogares como el indicador central en cualquier análisis sobre las
condiciones de equidad en la mayor parte de las sociedades del
mundo moderno”…”La creciente expansión de las relaciones de
mercado no sólo hacia zonas, sino hacia ámbitos antes no regulados
por su lógica, es la principal razón para dar a la distribución del
ingreso esta importancia central entre los indicadores de equidad”
6
Aunque no es la única distribución de recursos entre las
personas, hay coincidencia en que es la más importante y determina otras
distribuciones. Desde la perspectiva de los derechos individuales, dado que
el derecho al trabajo remunerado está expresado como un derecho ciudadano
y que el trabajo es la principal fuente de ingresos, se examina hasta qué
punto difieren los ingresos generados por mujeres y hombres.
Al adoptar este enfoque se está reconociendo que el ingreso
permite y/o facilita la independencia económica y expresión de
ciudadanía, de la cual no deberían estar excluidos los adultos de
ambos sexos.
6
CEPAL/IIDH, La Igualdad de los Modernos. 1997.

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En una situación ideal, algunos de ellos, por decisiones personales o negociaciones al interior del
hogar, pueden optar por ser dependientes económicamente, lo que no tendrá connotaciones de
género si lo hacen por igual mujeres y hombres. En América Latina los adultos dependientes
económicamente son mayoritariamente mujeres.
Así como el Ingreso per cápita expresa una magnitud relativa y comparable entre países, el
Ingreso global por sexo permite comparar el ingreso que obtiene el conjunto de mujeres de un país
con el que obtienen los hombres. El indicador que se presenta hace referencia a la capacidad
individual de generar ingresos y a su monto promedio, y no a la disponibilidad de los ingresos
generados, que en gran parte se gastan en familia desde los hogares.
La relación entre los niveles de ingreso de mujeres versus hombres es un indicador síntesis
de la brecha de género y expresa tanto el grado en que ellas acceden al mercado laboral, a la
propiedad y a las transferencias, como los niveles monetarios que obtienen en relación con la
situación de los hombres. El valor del indicador tenderá a 100 en la medida en que disminuyan las
barreras para que las mujeres generen ingresos, que las transferencias sean independientes del sexo,
que el sistema económico cambie su cultura de género hacia una sin segregación sexual.
Cuadro 1
INGRESO GLOBAL POR MUJER / INGRESO GLOBAL POR HOMBRE
a/
(Porcentaje)
Valor del Indicador
País
Alrededor
1990
Alrededor
1997
Variación: 1997 - 1990
PIB por habitante
(1990 US$)
Nivel nacional
Brasil
36,1
44,6
8,5
3.214
Chile
32,6
37,6
5,0
3.557
Costa Rica
32,4
38,8
6,4
2.030
Honduras
30,5
44,4
13,9
722
México
27,2
33,3
6,1
3.394
Panamá
48,6
46,6
-2,0
2.711
Venezuela
31,5
39,3
7,8
2.681
Nivel urbano
Argentina
34,9
42,5
7,6
5.790
Bolivia
38,7
41,8
3,1
892
Colombia
40,6
52,1
11,5
1.442
Ecuador
35,2
43,6
8,4
1.284
Paraguay
36,7
46,7
10,0
1.248
Uruguay
37,0
53,5
16,5
3.783
Fuente: CEPAL, División de Estadísticas, Tabulaciones especiales de las Encuestas de Hogares. PIB:
Panorama Social, 1998
a/ Indicador sugerido por el proyecto “Economic gender equality indicators” encargado por los Ministerios
Federales – Provinciales / Territoriales Responsables por el Status de las Mujeres, Canadá. Tomado de Internet,
publicación ISBN 0-662-26159-3; 1997. En el Anexo estadístico se incluye una variante de este indicador,
calculado considerando solamente la población de 15 y más años, para eliminar la influencia de diferentes
estructuras demográficas entre países.
Definición Ingreso Global por sexo: ingresos generados por mujeres (o por hombres) dividido por el número
total de mujeres ( o de hombres) de todas las edades.
Indicador: relación porcentual entre el ingreso global por mujer y el ingreso global por hombre.
Concepto de ingreso: ingreso distribuido a los hogares, que proviene de las encuestas de hogares y que incluye
las remuneraciones del trabajo, las rentas y las transferencias. Se excluyen los ingresos por arriendo imputado de
la vivienda propia habitada.
Nota metodológica: Todos los cuadros del texto cuya fuente son las tabulaciones especiales de la División de
Estadísticas de CEPAL para un máximo de 13 países corresponden a las encuestas de las fechas señaladas a
continuación: Brasil y Chile: 1990 y 1996; Costa Rica: julio 1990 y 1997; Honduras: septiembre 1990 y 1997;
México: 1989 y 1996; Panamá: agosto 1991 y 1997; Venezuela: 2º semestre 1990 y 1997; Argentina: Gran
Buenos Aires, octubre 1990 y 1997; Bolivia: 1989 y noviembre 1997; Colombia: septiembre 1990 y 1997;
Ecuador: noviembre 1990 y 1997; Paraguay: 1990 y 1996; Uruguay: segundo semestre 1990 y 1997.
En el gráfico 1, se han ordenado los países según el nivel del PIB por habitante en 1997,
indicador del valor producido anualmente, relativizado por el tamaño de su población y se han

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considerado los niveles de ingreso global por sexo según su disponibilidad, sean de cobertura
nacional ó solamente urbana. En todos ellos, tanto si se sitúan en el nivel más alto o en el más bajo
de PIB por habitante dentro de América Latina, la mujer promedio, en edad de producir
económicamente, genera ingresos que están muy por debajo de los que genera el hombre promedio.
En cada uno de los países hay un enorme potencial no aprovechado, a pesar de la pobreza,
expresado en los ingresos que no generan las mujeres. La brecha entre mujeres y hombres en su
capacidad de generar ingresos es muy alta y se mantiene a un nivel muy similar entre países y entre
indicadores en el ámbito nacional ó urbano. La tendencia entre 1990 y 1997 es positiva: el ingreso
por mujer se ha acercado más al ingreso por hombre en todos los países con la excepción de
Panamá, pero quedan más de 50 puntos porcentuales de brecha entre mujeres y hombres en la
mayoría de ellos. Las distancias a una situación en que las mujeres no enfrenten barreras
específicas, relacionadas con el género, para generar ingresos siguen siendo grandes en todos los
países.
Gráfico 1
INGRESO POR MUJER COMO PORCENTAJE DEL INGRESO POR HOMBRE Y PIB POR HABITANTE
Fuente: Datos de CEPAL, División de Estadísticas, Tabulaciones especiales de las Encuestas de Hogares.
Por otra parte, existe una producción no valorada que no se transa en el mercado pero
aumenta el nivel de consumo de la población, realizada principalmente en y/o para los hogares por
mujeres consideradas inactivas económicamente y también por el trabajo no pagado que llevan a
cabo las económicamente activas.
Se demuestra claramente que, ni el nivel de la brecha, ni la velocidad de disminución están
relacionados con el nivel económico de los países, lo que sugiere que las diferencias entre países se
originan en factores institucionales, culturales ó normativos, más que predominantemente
económicos.
Las diferencias entre países en cuanto a la magnitud de la brecha son menores de lo que se
podría esperar al comparar países con niveles económicos tan distintos. En sólo dos de ellos,
Uruguay y Colombia, los ingresos de las mujeres superan levemente el 50% del ingreso de los
hombres y ambos han tenido un fuerte avance durante la década de los 90. México y Chile tienen
0
10
20
30
40
50
60
70
80
90
100
Honduras Bolivia
ParaguayEcuador
Colombia
Costa Rica
VenezuelaPanam
á
BrasilMéxico ChileUruguayArgentina
% ingreso por mujer de ingreso por hombre
0
1000
2000
3000
4000
5000
6000
7000
PIB por habitante en 1997
1990
1997
PIB por hab.

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los valores más bajos, con niveles de ingreso por habitante relativamente más altos, pero donde las
dificultades para que las mujeres alcancen la igualdad económica parecen mayores.
Las variables que influyen en la magnitud de esta brecha son: la tasa de actividad, el nivel de
desempleo, el acceso a las rentas de la propiedad y a transferencias, las remuneraciones medias
obtenidas, la jornada laboral y su continuidad a través del año. No se conoce el peso de cada una de
ellas pero es posible tener estimaciones más precisas de su influencia para aplicar políticas que
faciliten el acceso de las mujeres a mayores ingresos individuales. También es interesante observar
las posibles diferencias intergeneracionales que se están produciendo entre las mujeres en cada una
de estas variables. Junto al aumento observado en el nivel educacional de las más jóvenes, también
las tasas de actividad (o participación en la actividad económica) aumentan y por lo tanto las
diferencias disminuyen no sólo en el tiempo como promedios globales sino también entre
generaciones.
Otros factores intervienen para mediatizar estos resultados y llegar a comparaciones más
realistas. La estructura económica y social de los países provee de mayores o menores protecciones
a los ciudadanos/as, de manera que los ingresos monetarios tienen mayor o menor importancia en
cada uno de ellos.
Un elemento es el grado en que la economía es urbana ó rural, y si es rural, el grado en que el
campesinado tiene acceso a la tierra. Mientras haya más población rural y el acceso a la tierra sea
mayor, hay más posibilidades de que parte de la producción para el autoconsumo familiar
reemplace la falta o pequeñez de los ingresos monetarios producidos. Puede haber allí un alto
aporte generado por mujeres, que, sin pasar por el mercado, es parte importante del sustento
familiar y acorta la brecha con los hombres, pero no las valoriza ni asegura su independencia como
individuos. Para el diseño de políticas en dichos países habrá que realizar estimaciones del valor de
estas producciones.
Otro elemento que relativiza las comparaciones entre países es cómo se cubren necesidades
comunes básicas, como la salud, la educación, la sobrevivencia después de terminar la vida laboral.
En la medida que sistemas institucionalizados por el Estado o en las comunidades no provean
protección frente a la enfermedad ó para la prevención de éstas, en que la educación deba ser
pagada, en que no haya sistemas previsionales con amplia cobertura, el ingreso monetario será
estratégicamente más importante y deberá cubrir una gama más amplia de gastos. El estudio de la
institucionalidad de los países será un aporte para comprender mejor el origen de las diferencias de
ingresos monetarios entre mujeres y hombres. No sólo el ingreso monetario es estratégico; en
muchos casos los beneficios son accesibles solamente a través de determinados tipos de trabajo
remunerado (generalmente asalariado con contrato permanente) y la exclusión del trabajo
remunerado de buena parte de las mujeres se traduce en su dependencia a través de un asalariado
para resolver sus necesidades, tanto de ingresos como de beneficios sociales asociados al trabajo
remunerado.
El indicador muestra claramente que las mujeres sistemáticamente están menos protegidas
como individuos que los hombres de la solvencia económica y, en una alta proporción, son
económicamente dependientes. Por otro lado, por sus roles, las mujeres dependiente también están
sometidas a riesgos mayores, ya que si el único proveedor muere, enferma, queda incapacitado para
trabajar ó abandona el hogar, ellas tendrán que proveer su propio sustento y el de los hijos, si los
hay. Lo contrario es menos riesgoso, en el doble sentido que hay pocos casos en que el único
proveedor en la pareja sea la mujer, y también es menos frecuente que el padre quede solo a cargo
de los hijos. Las que ejercen trabajos remunerados, en peores condiciones de trabajo que las de sus
pares, como se verá más adelante, también enfrentan situaciones en que su solvencia económica es
menor.

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21
B.
El trabajo global
La gran magnitud de la brecha de ingresos entre ambos sexos está revelando hasta qué punto
hoy, en América Latina, está presente la división social del trabajo por sexo entre el trabajo
remunerado y el trabajo doméstico y de reproducción.
7
Aunque responde a la tradición cultural y al
aprendizaje realizado desde niños por mujeres y hombres, hoy representa un obstáculo a la
independencia económica de los individuos, necesaria como una de las bases de su autonomía
ciudadana. Por otra parte, y no menos importante, las activi