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00-1 s p ginas
Page 1
INDICE
1

Page 2

Page 3

Page 4
Copyright © Organización Internacional del Trabajo 2000
Las publicaciones de la Oficina Internacional del Trabajo gozan de la protección de los
derechos de propiedad intelectual en virtud del protocolo 2 anexo a la Convención Universal
sobre Derecho de Autor. No obstante, ciertos extractos breves de estas publicaciones pue-
den reproducirse sin autorización, a condición de que se mencione la fuente. Para obtener
los derechos de reproducción o de traducción hay que formular las correspondientes solici-
tudes al Servicio de Publicaciones (Derechos de autor y licencias), Oficina Internacional del
Trabajo, CH-1211 Ginebra 22, Suiza, solicitudes que serán bien acogidas.
ISBN 92-2-312361-5
Primera impresión: Diciembre de 2000
Las denominaciones empleadas, en concordancia con la práctica seguida en las Naciones
Unidas, y la forma en que aparecen presentados los datos en las publicaciones de la OIT no
implican juicio alguno por parte de la Oficina Internacional del Trabajo sobre la condición
jurídica de ninguno de los países, zonas o territorios citados o de sus autoridades, ni respecto
de la delimitación de sus fronteras. La responsabilidad de las opiniones expresadas en los
artículos, estudios y otras colaboraciones firmados incumbe exclusivamente a sus autores, y
su publicación no significa que la OIT las sancione.
Las referencias a firmas o a procesos o productos comerciales no implica aprobación alguna
por la Oficina Internacional del Trabajo, y el hecho de que no se mencionen firmas o proce-
sos o productos comerciales no implica desaprobación alguna.
Las publicaciones de la OIT pueden obtenerse en calle Luis Carrera 1131, Vitacura, Santia-
go de Chile o pidiéndolas a Casilla 19.034, CP 6681962, e-mail: etm@oitchile.cl, Santiago,
Chile.
Impreso en Chile

Page 5
P
RÓLOGO
7
C
APÍTULO
I
La situación laboral y el acceso al empleo de las mujeres en el Cono Sur
María Elena Valenzuela
9
C
APÍTULO
II
La calidad de empleo: Un enfoque de género
Gerhard Reinecke y María Elena Valenzuela
29
C
APÍTULO
III
La calidad del empleo de las mujeres en los países del Cono Sur
María Elena Valenzuela
59
C
APÍTULO
IV
Argentina: La calidad del empleo femenino urbano en los noventa
Rosalía Cortés
103
C
APÍTULO
V
Brasil: La calidad del empleo de las mujeres. Continuidades y cambios
Cristina Bruschini con la colaboración de María Rosa Lombardi
135
C
APÍTULO
VI
Chile: La calidad del empleo. Un análisis de género
Rosalba Todaro, Amalia Mauro y Sonia Yáñez
193
Indice

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C
APÍTULO
VII
Paraguay: La calidad del empleo de las mujeres
María Victoria Heikel
267
C
APÍTULO
VIII
Uruguay: El mercado de trabajo y la calidad del empleo de las mujeres
Rosario Aguirre y Alma Espino
343

Page 7
P
RÓLOGO
Las mujeres cuentan hoy con mayores oportunidades ocupacionales que
en el pasado. En las últimas décadas se ha producido un aumento sin prece-
dentes de la inserción laboral de la mujer, lo que le ha permitido generar sus
propios ingresos, aumentando sus niveles de autonomía personal y económica.
Sin embargo, el aumento en la cantidad de empleos para las mujeres en los
países del Mercosur y Chile no se ha traducido en un mejoramiento equivalen-
te en la calidad de éstos.
El concepto de calidad de empleo abarca múltiples dimensiones, lo que
permite identificar las consecuencias de los cambios económicos y sociales
ocurridos en la última década. La incorporación de una perspectiva de género
a este análisis contribuye a dar cuenta del impacto de los procesos de ajuste y
las transformaciones en la organización productiva, en la división sexual del
trabajo y el sistema de relaciones económicas y sociales entre hombres y muje-
res. Se asume así el desafío conceptual y metodológico de avanzar en la iden-
tificación de indicadores de calidad de empleo que al mismo tiempo sean ca-
paces de reflejar las desigualdades de género.
La igualdad de género ha sido puesta en el corazón de la agenda estratégi-
ca para una visión global sobre “Trabajo Decente” que promueve la OIT
1
. En
esta perspectiva, la generación de puestos de trabajo de calidad implica mejo-
rar la situación relativa de las mujeres y aumentar las posibilidades de que
tanto hombres como mujeres tengan acceso a empleos que brinden seguridad y
aseguren niveles de vida dignos para ellos y sus familias.
El estudio que se presenta a continuación se realizó bajo la coordinación
de María Elena Valenzuela y Gerhard Reinecke. El propósito del mismo es
realizar un análisis comparativo de la calidad del empleo de hombres y
1. Ver, Director General, Coloquio sobre el Trabajo Decente para las Mujeres (Ginebra,
24 de marzo 2000).

Page 8
INDICE
8
PROLOGO
Ricardo Infante
Director a.i. ETM Santiago
mujeres en los países del Mercosur y Chile, en la perspectiva de aportar al
debate de los actores sociales y propuesta de política pública. Esta fue una
iniciativa de Gerry Rodgers, entonces Director del Equipo Técnico
Multidisciplinario de la OIT en Santiago, y continuó con la contribución de Laís
Abramo, especialista regional de la misma organización en temas de género.
Para la preparación de este libro se contó con la cooperación de un grupo
de expertas que realizaron los estudios de sus respectivos países. En la elabo-
ración de los estudios nacionales participaron Rosalía Cortés (Argentina),
María Cristina Bruschini (Brasil), Rosalba Todaro, con la colaboración de
Amalia Mauro y Sonia Yáñez (Chile), María Victoria Heikel (Paraguay) y Ro-
sario Aguire y Alma Espino (Uruguay), quienes contribuyeron a identificar los
problemas y desafíos para mejorar la calidad del empleo. Gerhard Reinecke y
María Elena Valenzuela prepararon un capítulo que entrega el marco concep-
tual de los estudios mencionados y María Elena Valenzuela realizó el análisis
comparativo de los cinco países y el trabajo de revisión del conjunto.
Los análisis y las reflexiones que se presentan buscan no sólo informar
sobre el tema de la calidad del empleo, sino, al mismo tiempo, llegar a conclu-
siones y recomendaciones a fin de contribuir a una mayor equidad de género
en el mundo del trabajo y al mejoramiento de la calidad de los empleos de
mujeres y hombres.

Page 9
¿MAS Y MEJORES EMPLEOS PARA LAS MUJERES?
9
C
APÍTULO
I
La situación laboral y el acceso al
empleo de las mujeres en el Cono Sur
1
María Elena Valenzuela
INTRODUCCION
En las últimas tres décadas se ha producido un significativo aumento de la
participación de la mujer en la fuerza de trabajo en el Cono Sur (al igual que en
el resto de América Latina). La salida de su condición de inactividad es usual-
mente considerada como un indicador de avance de su condición de género, en
la medida en que permite a las mujeres iniciar un proceso de empoderamiento
económico. Sin embargo, junto al incremento de la tasa de actividad y de ocu-
pación, en los noventa aumentó también el desempleo femenino, así como di-
versas categorías de empleo inestable, desprotegido y precario, que concentran
a una importante proporción de mujeres.
En este capítulo se analizará la situación laboral de las mujeres en los cinco
países del Cono Sur en los años noventa. Se identificarán tendencias comunes
y diferencias entre países, comparando la situación de hombres y mujeres y de
las mujeres entre sí, en relación a los patrones de participación laboral, el com-
portamiento del desempleo y la estructura de empleo. Estos antecedentes ser-
virán de base para reflexionar en torno a la calidad de los empleos de hombres
y mujeres, que se desarrolla en el capítulo III.
A. LA CRECIENTE PRESENCIA DE LAS MUJERES EN LA
FUERZA DE TRABAJO
La incorporación masiva de mujeres a la fuerza de trabajo es uno de los
fenómenos más significativos de las últimas décadas. Aun cuando en los países
del Cono Sur (al igual que en el resto de América Latina) la inserción laboral
1. Agradezco los valiosos comentarios de Laís Abramo y Ricardo Infante. El procesa-
miento de la información estadística fue realizado por Jacobo Velasco.

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LA SITUACION LABORAL Y EL ACCESO AL EMPLEO DE LAS MUJERES EN EL CONO SUR
10
femenina es inferior a la masculina y a la que observan las mujeres de la mayo-
ría de los países de la OCDE
2
(en torno al 60% de acuerdo a la OIT (1998c)),
las brechas se están acortando. A fines de la década de los noventa, la tasa de
participación de las mujeres en Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay era igual
o superior al promedio de América Latina (44.7%)
3
.
Las mujeres representan una proporción cada vez más importante de la
fuerza de trabajo. Alrededor de un 40% de la fuerza laboral del Cono Sur está
compuesta por mujeres. Hace 15 años, la proporción de mujeres no superaba el
33% de la población económicamente activa. La tasa de crecimiento anual de
la PEA femenina casi duplicó a la masculina entre 1991 y 1998 en Argentina,
fue el doble en Brasil y aun superior en Chile y Uruguay. En las áreas urbanas
de Argentina, Brasil y Uruguay el número de mujeres incorporadas al trabajo
durante los noventa superó al de los hombres (OIT, 1999). De tal modo, el
aumento de la tasa global de participación laboral que se produjo en los cinco
países en la década del noventa se explica casi exclusivamente por el aumento
de la participación femenina
4
.
La incorporación de las mujeres a la fuerza de trabajo se manifiesta como
una tendencia de largo plazo y de carácter estructural. Los patrones de compor-
tamiento de las generaciones más jóvenes, con nuevos modelos e identidades
laborales, muestran que los proyectos laborales son cada vez más centrales en
la vida de las mujeres, por lo que su tasa de participación laboral continuará
creciendo (Gálvez y Sánchez, 1998).
Paraguay presenta la tasa de participación laboral más alta, no sólo de los
cinco países del Cono Sur, sino de América Latina en su conjunto, tanto para
hombres como mujeres. Chile se sitúa en el otro extremo, con el nivel más
bajo.
Paraguay, Brasil
5
y Uruguay observan tasas de participación femenina más
altas y un cambio en los patrones de inserción laboral de las mujeres más tem-
prano, a partir de la década de los setenta. Al inicio de la década de los ochenta,
la tasa de participación femenina superaba en estos países el 35%, cifra que
2. La Organización de Cooperación y Desarrollo Económico está integrada por 29
estados miembros: Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Corea, Dinamarca, Espa-
ña, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Islandia, Italia, Japón,
Luxemburgo, México, Noruega, Nueva Zelandia, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino
Unido, República Checa, Suecia, Suiza y Turquía.
3. Promedio ponderado calculado por la OIT en base a datos de Argentina, Brasil,
Chile, Colombia, Ecuador, México, Perú, Uruguay y Venezuela, que corresponden al 91%
de la PEA urbana de la región (OIT, 1999). Esta fuente será utilizada a lo largo de este
capítulo.
4. Sólo en Chile aumentó también la tasa de participación masculina.
5. Los datos de Brasil están influidos por el cambio en el sistema de medición de la
actividad económica. Desde 1992 se incluyeron las actividades para autoconsumo, produc-
ción familiar y otras no consideradas antes en el concepto de trabajo, lo que permitió incluir
en los registros estadísticos a vastos contingentes de mujeres, principalmente de zonas rura-
les. La categoría de trabajador para autoconsumo no se incluye en las estadísticas laborales
del resto de los países estudiados.

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¿MAS Y MEJORES EMPLEOS PARA LAS MUJERES?
11
Argentina y Chile sólo lograrían alrededor de una década más tarde. Durante
los noventa, la participación laboral femenina ha continuado creciendo en los
cinco países, con incrementos más acelerados en Argentina y Chile. Las muje-
res se han beneficiado más que los hombres de las nuevas oportunidades de
empleo. A pesar del aumento del desempleo femenino, la ocupación de las
mujeres ha crecido a un ritmo mayor que el de los hombres, tal como se des-
prende del cuadro 2.
La tasa de participación laboral de las mujeres presenta patrones diferen-
ciados según el nivel socioeconómico. Las mujeres provenientes de hogares de
menores ingresos encuentran mayores dificultades para insertarse en el merca-
do de trabajo, por lo que sus niveles de participación son inferiores que los de
aquellas que pertenecen a hogares de ingresos medios o altos. Esta tendencia es
más acentuada en Chile, tal como se observa en el cuadro 3
6
.
Cuadro 1
Evolución de la tasa de participación laboral de las mujeres
(zonas urbanas)
1980
1990
1997
Argentina
32
38
45
Brasil
37
45
50
Chile
Sd
35
39
Paraguay
43
50
59
Uruguay
37
44
47
Fuente: CEPAL (1999).
Cuadro 2
Tasa de crecimiento anual de la ocupación, 1990-1998
Hombres
Mujeres
Argentina
1.2
2.8
Brasil
1.4
2.4
Chile
1.7
3.9
Uruguay
0.6
1.7
Promedio de América Latina
2.6
4.1
Fuente: Tabulaciones especiales OIT, basadas en las Encuestas de Hogares de los res-
pectivos países. No hay datos disponibles para Paraguay.
Período de referencia: Argentina: 1991-1998.
Brasil: 1990-1997.
Chile: 1990-1998.
Uruguay: 1991-1997.
6. En este cuadro los hogares fueron agrupados en tres categorías: el grupo de bajos
ingresos (primer y segundo quintil), el grupo de ingresos medios (tercer y cuarto quintil) y el
grupo de ingresos altos (quinto quintil).

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LA SITUACION LABORAL Y EL ACCESO AL EMPLEO DE LAS MUJERES EN EL CONO SUR
12
El patrón de baja participación laboral de las mujeres pertenecientes a ho-
gares de bajos ingresos está cambiando rápidamente. La tasa de crecimiento
anual de la PEA de las mujeres de estrato bajo fue superior a la de los otros
grupos en todos los países estudiados, provocando una disminución en la bre-
cha con mujeres de estratos más altos. Esto fue especialmente claro en Argen-
tina, donde el crecimiento anual de este grupo (9%) fue superior al promedio
regional (6.2%) (OIT, 1999).
Cuadro 3
Tasa de participación femenina por niveles de ingreso, 1991-1998
Bajo
Medio
Alto
Total
1991
1998
1991
1998
1991
1998
1991
1998
Argentina
29.8
41.7
45.5
48.9
57.7
58.1
44.6
49.4
Brasil
32.3
37.6
42.7
48.6
51.6
52.7
40.0
44.7
Chile
21.2
27.3
34.9
43.0
46.4
52.5
31.3
38.1
Uruguay
37.9
42.7
46.1
46.9
52.3
52.8
43.7
46.1
Promedio
América Latina
29.0
36.2
42.6
48.3
52.2
55.4
39.0
44.7
Fuente: Tabulaciones especiales OIT, basadas en las Encuestas de Hogares de los res-
pectivos países. No hay datos disponibles para Paraguay.
Período de referencia: Argentina: 1991-1998.
Brasil: 1990-1997.
Chile: 1990-1998.
Uruguay: 1991-1997.
Cuadro 4
Tasa de crecimiento anual de la PEA femenina por nivel de ingreso,
1991-1998
Bajo
Medio
Alto
Total
Argentina
9.0
4.4
3.5
3.8
Brasil
4.2
3.9
2.3
3.6
Chile
5.0
4.3
2.9
4.1
Uruguay
3.8
1.9
0.7
2.4
Promedio
América Latina
6.2
4.7
3.9
4.9
Fuente: Tabulaciones especiales OIT, en base a las Encuestas de Hogares de los respec-
tivos países. No hay datos disponibles para Paraguay.
Período de referencia: Argentina: 1991-1998.
Brasil: 1990-1997.
Chile: 1990-1998.
Uruguay: 1991-1997.

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¿MAS Y MEJORES EMPLEOS PARA LAS MUJERES?
13
La mayor incorporación de la mujer en la fuerza de trabajo puede ser con-
siderada como un paso hacia una mayor igualdad de oportunidades en el em-
pleo. Esto es avalado por el hecho de que en los países que tienen menor dispa-
ridad de género –como el caso de Suecia, Finlandia y Noruega– las tasas de
participación femenina son más altas. De ahí que algunos autores también se-
ñalen que con la incorporación de mujeres a la fuerza de trabajo deberían ten-
der a desaparecer las desigualdades de género.
Para analizar si existe en el Cono Sur una relación positiva entre la tasa de
participación femenina e igualdad de género se utilizará el instrumental desa-
rrollado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)
para captar el adelanto de la mujer en los diversos países. El Indice de Desarro-
llo relativo al Género (IDG) intenta captar el avance de la mujer mediante el
mismo conjunto de capacidades básicas del Indice de Desarrollo Humano (IDH)
–esperanza de vida, logro educacional e ingreso–, pero distinguiendo la situa-
ción de hombres y mujeres. El Indice de Potenciación de Género (IPG), por su
parte, mide la desigualdad de género en esferas claves de la participación eco-
nómica y política y la adopción de decisiones. De acuerdo a ambos Indices, no
existe en los países estudiados una relación positiva entre participación econó-
mica de la mujer e igualdad de género. Paraguay y Brasil, con la mayor inser-
ción laboral de la mujer, se ubican, entre los cinco países analizados, en los
lugares más bajos del ranking según el IDG y el IPG
7
. De tal modo, la mayor
participación laboral de la mujer no garantiza automáticamente por sí sola
mayores niveles de igualdad entre los géneros, pues ésta depende de las condi-
ciones y sectores en que esta inserción se produce.
Cuadro 5
Tasa de participación según indicadores de disparidad de género
Clasificación
Clasificación
Clasificación
País
Tasa
según
según
según
participación
IDH
IDG
IPG
Argentina
49.4
39
37
s/d
Brasil
44.7
79
67
70
Chile
38.1
34
33
54
Paraguay
59.0
84
74
65
Uruguay
46.1
40
36
56
Fuente: PNUD (1999). Tasa de participación: OIT, 1999, en base a las Encuestas de
Hogares de Argentina (1998), Brasil (1997), Chile (1998), Uruguay (1997). Paraguay en
base a Heikel (en este volumen).
Notas: IDH: Indice de Desarrollo Humano.
IDG: Indice de Desarrollo de Género.
IPG: Indice de Potenciación de Género.
7. En ambos casos, sin embargo, la clasificación según el IDG es algo más alta que la
que corresponde al IDH, lo que indica una situación relativamente mejor para las mujeres.

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LA SITUACION LABORAL Y EL ACCESO AL EMPLEO DE LAS MUJERES EN EL CONO SUR
14
1. Cambios en los patrones de participación laboral de las mujeres
Además del cambio en la composición por sexo de la fuerza de trabajo,
está cambiando el modelo de participación laboral femenina. Ha aumentado el
número de horas que las mujeres dedican al trabajo remunerado, la continuidad
de sus trayectorias y el número de años de vida laboral (Arriagada, 1997).
La composición de la fuerza de trabajo femenina está sufriendo transfor-
maciones. Hasta hace 30 años el perfil típico de la trabajadora era una mujer
joven, soltera, sin hijos y poca educación. En la actualidad es una mujer ma-
yor, casada, con hijos y mayor educación. Entre los factores que inciden en la
participación laboral de la mujer están su situación familiar, edad y nivel de
educación.
a) Participación laboral y situación familiar
En los cinco países estudiados las tasas más altas de crecimiento del em-
pleo se concentran en las mujeres casadas y aquellas con hijos. La tasa de
participación de la mujer en edad reproductiva es superior al promedio.
Las jefas de hogar tienen las mayores tasas de participación laboral, debido
a sus obligaciones en la mantención de sus familias. Debido a que las mujeres
trabajadoras no se desprenden completamente de sus obligaciones domésticas,
especialmente cuando tienen niños en etapa de crianza, la tasa de participación
de las mujeres sin hijos es levemente superior, especialmente entre las menores
de 30 años, aunque esta situación está cambiando. En Uruguay, por ejemplo, la
participación de las mujeres con hijos ha superado a la de las sin hijos y la edad
de los niños no es un factor que incida. En Brasil, por su parte, las cónyuges se
han convertido en la segunda categoría en importancia después de las mujeres
que son jefas de hogar. Las cónyuges tienen una tasa de participación mayor
que la de las hijas.
Contrariamente a lo esperado, debido la dificultad de conciliar responsa-
bilidades familiares y laborales, la mayor tasa de participación femenina se
da en el país con la fecundidad también más alta, Paraguay: 4.3 hijos por
mujer para el período 1990-1995. Esto demuestra que no hay una relación
lineal y necesaria entre ambos factores. Chile y Argentina, que tienen la tasa
de participación femenina más baja, muestran tasas de fecundidad sensible-
mente menores (2.7 y 2.8 hijos por mujer respectivamente). Brasil es el único
que responde al patrón clásico de aumento de la tasa de participación frente a
una notable baja en su fecundidad (2.8 hijos por mujer en la actualidad).
Uruguay, el segundo país con menor fecundidad en América Latina (2.3 hijos
por mujer), se sitúa en una posición intermedia en relación a la tasa de parti-
cipación de los países del Cono Sur.

Page 15
¿MAS Y MEJORES EMPLEOS PARA LAS MUJERES?
15
b) Participación laboral y grupos de edad
El análisis de cohortes o generaciones muestra cambios en los patrones de
participación laboral. Esto demuestra la importancia de analizar la participa-
ción económica de las mujeres por grupos de edad. Las mujeres, y en menor
medida los hombres, están postergando su ingreso a la fuerza de trabajo, per-
maneciendo más tiempo en el sistema educacional. Las generaciones más jó-
venes de mujeres tienen tasas más altas de participación laboral y se proyectan
con mayor estabilidad que las generaciones anteriores.
Tanto hombres como mujeres presentan las tasas más altas de participa-
ción entre los 25 y 50 años. En el caso de las mujeres, éste es un cambio en
relación al patrón de participación de hace unas décadas, cuando el nivel más
alto de participación laboral se producía a edades más tempranas. De ahí que el
grupo que está creciendo a mayor velocidad es el de las mujeres entre 35 y 44
años seguido del grupo de las de 20 a 34 años.
Un segundo fenómeno que se observa en los países estudiados es el despla-
zamiento en diez años promedio en el descenso de la participación laboral de
las mujeres, lo que indica que están teniendo trayectorias más largas y poster-
gando la edad de jubilación. La retirada del mercado de trabajo se inicia a los
40 años, pero la tendencia es a postergarla a partir de los 50, y la retirada se
produce masivamente sólo a partir de los 60 años. La prolongación de la vida
laboral de las mujeres es el resultado del comportamiento diferente de las
cohortes más jóvenes, que proyectan una vida laboral más larga. Las mujeres
que hoy tienen 60 años tendían a retirarse del mercado de trabajo en su fase
reproductiva. Su participación laboral descendía notablemente a partir de los
25 años, y se estabilizaba en niveles bajos a partir de los 35 años (Guzmán,
Mauro y Araujo, 1999).
Un tercer fenómeno a destacar en los países estudiados es la disminución
de la tasa de participación de las mujeres (excepto Brasil) y hombres menores
de 20 años. Este es un reflejo de la mayor capacidad del sistema educativo de
retener a los jóvenes de ambos sexos y la creciente importancia de los estudios
para ellos. Sin embargo, la tasa de participación laboral de jóvenes sigue sien-
do alta en Brasil y Paraguay. En este último país el descenso se produjo en los
jóvenes varones menores de 14 años (lo que muestra una disminución del tra-
bajo infantil), pero entre 15 y 20 la participación aumentó. Esto indica que hay
un importante contingente de jóvenes que no están recibiendo educación y por
lo tanto sus opciones laborales a futuro serán precarias y de mala calidad.
c) Participación laboral y nivel educacional
La tasa de participación laboral de hombres y mujeres está relacionada con
el nivel de educación que poseen. A mayor escolaridad corresponde una inser-
ción laboral más alta. Esta relación es más clara para las mujeres. La tasa de
participación de aquellas con mayor nivel educativo es más del doble de las

Page 16
LA SITUACION LABORAL Y EL ACCESO AL EMPLEO DE LAS MUJERES EN EL CONO SUR
16
que se ubican en el tramo inferior (excepto en Argentina). En el caso de los
hombres, esta diferencia es mucho menor. Para las mujeres, el mayor nivel
educacional está relacionado no sólo a la posibilidad de encontrar una ocupa-
ción y que ésta sea de mejor calidad, más gratificante y mejor remunerada, sino
también con la oportunidad de contar con apoyo en infraestructura y contratar
servicios que alivien las tareas domésticas y el cuidado de los niños. Los facto-
res culturales que inciden en la decisión de trabajar de la mujer son además
más restrictivos en sectores de menor nivel educativo, en los que prevalecen
imágenes más tradicionales de la mujer. El “código del honor”, que establece
como un indicador de masculinidad la capacidad del hombre de proveer a la
familia, es más fuerte en estos grupos sociales (Sabatini, 1995).
En los cinco países estudiados, al igual que en el promedio de América
Latina, las mayores brechas de participación entre hombres y mujeres se pro-
ducen en el primer tramo educativo (0 a 5 años de estudio), especialmente en
Chile. La brecha disminuye a medida que avanza el nivel educacional. En el
tramo superior la diferencia en la tasa de participación de hombres y mujeres es
mínima. En países con alto nivel educativo promedio, como Uruguay, las dife-
rencias de tasa de actividad están mucho más marcadas por el nivel educacio-
nal que por el sexo. En Chile, la tasa de actividad de las mujeres con educación
universitaria triplica a la de aquellas con 5 años o menos de estudio.
Cuadro 6
Tasa de participación de hombres y mujeres por años de estudio, 1998
0-5 años
6-9 años
10-12 años
13 años y más
Argentina
Hombres
Mujeres
Brasil
Hombres
Mujeres
Chile
Hombres
Mujeres
Uruguay
Hombres
Mujeres
Promedio AL
Hombres
Mujeres
Fuente: Tabulaciones especiales OIT, basadas en las Encuestas de Hogares de Argentina
(1998), Brasil (1997), Chile (1998), Uruguay (1997). No hay datos disponibles para Para-
guay.
89.0
41.4
63.3
33.7
67.9
22.2
49.4
21.2
67.3
33.9
82.3
42.2
74.8
45.6
76.0
31.0
75.1
43.8
73.8
41.3
78.3
47.2
86.8
66.2
74.6
40.7
82.9
61.9
81.3
55.4
83.3
68.0
89.4
79.4
77.8
61.5
66.8
54.8
86.4
72.1

Page 17
¿MAS Y MEJORES EMPLEOS PARA LAS MUJERES?
17
La vulnerabilidad de las mujeres sin instrucción se ve potenciada porque
en este grupo están sobrerrepresentadas las de mayor edad.
B. EL DESEMPLEO AFECTA EN MAYOR MEDIDA
A LAS MUJERES
El desempleo adquirió a fines de la década de los 90 dimensiones impor-
tantes en los países estudiados. A pesar del fuerte crecimiento económico, la
tasa de desempleo se duplicó entre 1992 y 1994 en Argentina y a partir de esa
fecha también aumentó en Paraguay y Uruguay. Con posterioridad a la crisis
asiática y la devaluación en Brasil, el desempleo aumentó significativamente
tanto en este país como en Chile.
A fines de los 90 el desempleo femenino superaba, en los países estudia-
dos, el promedio regional y era sistemáticamente mayor que el masculino en
prácticamente todos los grupos de edad, socioeconómico y de escolaridad. En
los cinco países el peso de las mujeres entre los desempleados era superior al
de su proporción en la fuerza de trabajo. Constituían entre el 40% y 55% de los
desocupados, lo que refleja una incapacidad de las economías de absorber la
creciente incorporación de mujeres a la fuerza de trabajo.
En la década de los 90 la tasa de desempleo de las mujeres tuvo un incre-
mento superior a la de los hombres. En consecuencia, la brecha entre ambos
se amplió, principalmente en Brasil, país en el que a principios de la década
el desempleo masculino superaba al femenino. En Uruguay, por su parte, la
brecha disminuyó levemente, pero continúa siendo muy desfavorable para
las mujeres.
Cuadro 7
Tasa de desempleo por sexo, 1990-1998
Hombres
Mujeres
Brecha
(porcentaje)
(porcentaje)
(porcentaje)
1990
1998
1990
1998
1990
1998
Argentina
5.8
11.1
7.3
13.4
25.8
20.7
Brasil
4.9
7.8
4.0
12.1
–18.4
55.1
Chile
7.6
9.1
10.0
11.7
31.6
28.6
Uruguay
7.0
9.0
11.5
14.7
64.3
63.3
Promedio AL
5.1
7.6
6.1
11.2
19.6
47.4
Fuente: OIT (1999).
Período de referencia: Argentina: 1991-1998.
Brasil: 1990-1997.
Chile: 1990-1998.
Uruguay: 1991-1997.

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LA SITUACION LABORAL Y EL ACCESO AL EMPLEO DE LAS MUJERES EN EL CONO SUR
18
El grupo con mayor desempleo es el de los jóvenes. Este alcanza al doble
del desempleo nacional en los países analizados (excepto Argentina, que es
algo menor). Las mujeres jóvenes son las más perjudicadas por el desempleo
(con diferencias menores en relación a los hombres sólo en Paraguay). De acuer-
do cifras de la CEPAL (1999) la tasa de desempleo de las jóvenes más que
duplica la del promedio de la fuerza de trabajo femenino en Chile, Paraguay y
Uruguay y es casi el doble en Argentina y Brasil. La situación por grupos racia-
les o étnicos establece una jerarquía adicional, en la que las mujeres indígenas
y negras están en mayor desventaja, especialmente entre los grupos más jóve-
nes (CEPAL, 1998; Valenzuela, 1999).
Las mujeres tienen tasas de desempleo mayores que los hombres en todos
los grupos de edad hasta los 44 años en los cinco países analizados. A partir de
los 45, la tasa de desempleo masculino supera a la femenina sólo en Chile y
Paraguay.
El desempleo femenino es superior al masculino en todos los tramos de
educación. Aun cuando la educación superior constituye el mejor seguro para
disminuir el riesgo de la desocupación, no existe una vinculación clara entre
aumento del nivel de escolaridad y disminución de la tasa de desempleo. En los
cinco países, las mujeres con estudios postsecundarios (13 años y más) tienen
las tasas de desempleo más bajas. El desempleo de las mujeres de este tramo
educativo es inferior al promedio de la fuerza de trabajo femenina.
Las mujeres con niveles intermedios de escolaridad observan las mayores
tasas de desocupación. En Paraguay, Chile y Argentina una alta proporción de
las desocupadas tiene educación secundaria incompleta o completa. En Brasil
y Uruguay el nivel más alto del desempleo está entre las mujeres del tramo
inmediatamente inferior (6 a 9 años de estudio). Los hombres, en cambio, re-
gistran las mayores tasas de desocupación en los tramos de menor educación.
Esto indica que para las mujeres la educación (a excepción de la postsecundaria)
Cuadro 8
Tasa de desempleo en jóvenes de 15 a 24 años
(zonas urbanas, 1997)
Hombres
Mujeres
Total
Argentina
(Gran Buenos Aires)
21.1
28.9
24.2
Brasil
12.8
18.2
15.1
Chile
10.7
17.1
13.2
Paraguay
(Asunción)
17.4
18.2
17.8
Uruguay
21.8
32.7
26.3
Fuente: CEPAL (1999).

Page 19
¿MAS Y MEJORES EMPLEOS PARA LAS MUJERES?
19
no es garantía para conseguir empleo. Las mujeres pertenecientes a los tramos
educativos inferiores observan menores niveles de desempleo que aquellas de
los grupos intermedios. Al mismo tiempo, la brecha en la tasa de desocupación
entre hombres y mujeres muestra una mayor desventaja relativa de las mujeres
en los tramos de educación intermedia, seguida de las que se ubican en el tramo
superior. La menor brecha por sexo se observa en el tramo inferior de educa-
ción (OIT, 1999).
Las mayores diferencias en el comportamiento del desempleo se producen
según el nivel socioeconómico del hogar. Los trabajadores de ambos sexos
provenientes de los hogares más pobres tienen tasas de desempleo
significativamente más altas que las de aquellos pertenecientes a los hogares
más ricos. La tasa promedio de desocupación del cuartil más pobre es cuatro
veces mayor que la del cuartil más rico en Brasil y ocho veces superior en
Chile. La mayoría de los desocupados son pobres en los países estudiados
(CEPAL, 1999).
En todos los estratos de ingreso la tasa de desocupación femenina es supe-
rior a la masculina. La brecha de desempleo es particularmente alta en Uru-
guay en los tramos inferiores de ingreso (el desempleo femenino es un 44%
superior al masculino) y en Brasil en el estrato de ingreso intermedio, en el cual
la tasa de desempleo de las mujeres es casi el doble que la de los hombres.
Cuadro 9
Tasa de desempleo por nivel de ingreso
Bajo
Medio
Alto
Total
Argentina (1998)
Hombres
Mujeres
Brasil (1997)
Hombres
Mujeres
Chile (1998)
Hombres
Mujeres
Uruguay (1997)
Hombres
Mujeres
Promedio AL
Hombres
Mujeres
Fuente: Tabulaciones especiales OIT, basadas en las Encuestas de Hogares de los res-
pectivos países. Los hogares fueron agrupados en tres categorías: el grupo de bajos ingresos
(primer y segundo quintil), el grupo de ingresos medios (tercer y cuarto quintil) y el grupo
de ingresos altos (quinto quintil). Sin datos disponibles para Paraguay.
20.3
25.8
14.0
20.0
16.3
23.8
13.5
24.5
13.0
19.2
8.7
11.1
5.0
9.5
5.3
8.1
6.5
9.8
5.5
8.8
4.1
5.8
2.9
4.7
2.3
3.5
3.1
4.9
2.9
4.5
11.1
13.4
7.8
12.1
9.1
11.7
9.0
14.7
7.6
11.2

Page 20
LA SITUACION LABORAL Y EL ACCESO AL EMPLEO DE LAS MUJERES EN EL CONO SUR
20
C. ESTRUCTURA Y COMPOSICION DEL EMPLEO:
LA CRECIENTE TERCIARIZACION DE LA FUERZA DE
TRABAJO FEMENINA
En el Cono Sur, así como en el resto de América Latina, se ha producido
una importante recomposición de la estructura sectorial del empleo, que mues-
tra evidentes dimensiones de género y está influyendo en el perfil ocupacional
de los distintos sectores y ramas de actividad. Las mujeres están muy fuerte y
crecientemente concentradas en el sector terciario
8
(más del 85% de la PEA
femenina). El proceso de terciarización de la economía ha sido más acentuado
entre ellas, alcanzando a la casi totalidad de los nuevos puestos de trabajo ge-
nerados para las mujeres en la década de los noventa (OIT, 1999). El empleo
masculino se distribuye de manera más equilibrada en los diversos sectores de
actividad y ninguna rama concentra más del 30% de la fuerza de trabajo mas-
culina, pero su presencia en el sector terciario está también creciendo. Tres de
cada cuatro nuevos empleos masculinos fueron generados en la década del no-
venta en este sector y sólo uno en el de producción de bienes.
Más de la mitad de las mujeres de los países estudiados (excepto Chile) se
desempeña en servicios comunales, sociales y personales. En Brasil, Argentina
y Uruguay el peso del empleo femenino en esta rama es superior al promedio
regional. Esta rama también concentra a una importante proporción de la fuer-
za de trabajo masculina, que fluctúa entre el 30.3% en Brasil y el 21.1% en
Chile.
Uno de los sectores más dinámicos en los cinco países ha sido el de los
servicios financieros. Aunque ha aumentado el empleo tanto para hombres como
para mujeres, estas últimas se han visto más favorecidas. El crecimiento más
espectacular se produjo en Paraguay: entre 1986 y 1995 el peso del sector en el
empleo femenino aumentó desde 3.7% a 7.5% (Heikel, en este volumen).
El empleo femenino en sectores no tradicionales también está creciendo de
manera significativa. Junto al sector financiero, los mayores incrementos por-
centuales en la década de los noventa se produjeron en transporte y comunica-
ciones, construcción, electricidad, gas y agua. Sin embargo, su peso es todavía
muy bajo en relación al empleo total.
Con respecto al empleo industrial, se observó una pérdida de su importan-
cia, que afectó tanto a hombres como a mujeres. A pesar de esto, la industria
sigue siendo la primera fuente de ocupación masculina en Argentina y Chile
(junto a los servicios) y ocupa el segundo lugar en Uruguay (muy cerca de
servicios) y Brasil. El peso del empleo industrial en el empleo femenino es
menos importante, pero no por eso poco significativo. Este representa entre un
10% (Brasil) y un 16% (Uruguay) de las ocupadas.
8. El sector terciario incluye los servicios comunales, personales y sociales, el comer-
cio, transporte y comunicaciones y electricidad, gas y agua.

Page 21
¿MAS Y MEJORES EMPLEOS PARA LAS MUJERES?
21
La caída del empleo industrial ha afectado especialmente a los hombres,
que han perdido un mayor número de empleos. Pero al analizar con mayor
detención la evolución de la composición por sexo del empleo industrial, se
observa que, en términos relativos, las mujeres han sido tan perjudicadas como
los hombres en Chile y Uruguay (la proporción de hombres y mujeres ha per-
manecido constante) y en Argentina, las más perjudicadas han sido las muje-
res, que han disminuido su participación en el sector. En Brasil ha habido una
mayor pérdida de empleo industrial masculino absoluto y relativo, pero la pro-
porción en que cayó el empleo femenino fue mayor en las áreas tradicional-
mente femeninas: la industria textil, de confecciones y alimentos.
Cuadro 10
Empleo no agrícola por sexo, según rama de actividad económica,
zonas urbanas
Argentina
Brasil
Chile
Uruguay
Promedio AL
Hombres
Mujeres Hombres
Mujeres Hombres
Mujeres Hombres
Mujeres Hombres Mujeres
1998
1997
1998
1997
Minas
Sd
0.5
0.1
2.9
0.2
Sd
0.4
0.1
Industria
manufacturera
17.7
8.7
19.5
11.0
18.7
11.5
20.0
14.5
20.1
13.3
Electricidad,
gas y agua
1.0
0.3
1.5
0.5
1.5
0.2
1.7
0.7
2.4
0.4
Construcción
14.2
0.5
14.2
0.5
14.7
1.2
12.0
0.4
10.8
0.5
Comercio
20.0
21.5
23.2
22.4
19.4
26.5
21.3
20.7
23.3
27.2
Transporte y
comunicaciones
10.4
2.0
8.2
1.2
12.7
2.9
9.5
2.0
9.5
1.7
Establecimientos
financieros
8.8
8.1
2.0
2.0
8.1
7.7
6.7
6.8
4.2
4.0
Servicios comunales,
personales y sociales 25.6
58.3
30.3
62.4
21.1
48.9
28.8
54.9
28.8
52.7
Actividades no
bien especificadas
2.1
0.7
0.6
0.1
1.0
0.9
0.0
0.0
0.5
0.1
Total
100.0
100.0
100.0
100.0
100.0
100.0
100.0
100.0
100.0
100.0
Fuente: Tabulaciones especiales OIT, basadas en las Encuestas de Hogares de los res-
pectivos países. Sin datos disponibles para Paraguay.

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LA SITUACION LABORAL Y EL ACCESO AL EMPLEO DE LAS MUJERES EN EL CONO SUR
22
La agricultura está adquiriendo creciente importancia en el empleo fe-
menino, mientras expulsa hombres del sector. Esto no significa que los hom-
bres sean reemplazados por mujeres, sino que éstas se han integrado a la
agroindustria, feminizada y en expansión, en tanto ha disminuido la ocupa-
ción masculina por la caída de la agricultura tradicional. En Brasil entre 1990
y 1995 se observa un explosivo aumento de la ocupación femenina en el sec-
tor agrícola, pero estas cifras están influenciadas por el cambio en la medi-
ción del concepto de trabajo, destinada a captar con mayor precisión la acti-
vidad de las mujeres en el campo. En Chile, en cambio, el aumento entre
1985 y 1995 de 7.9% a 10.9% de la ocupación femenina en la rama de agri-
cultura y pesca coincide con el aumento del sector agroexportador y la indus-
tria pesquera de exportación. En Paraguay, el incremento del empleo en el
sector agrícola se debe fundamentalmente al aumento del empleo femenino
en la hortofrutícola granjera de exportación, producto de la estrategia del
gobierno de aprovechar los acuerdos Mercosur.
Grupos y categorías ocupacionales
En los cinco países existe un patrón común de concentración de las muje-
res en un menor número de grupos ocupacionales que los hombres. Tienen una
presencia mayoritaria no sólo en el sector servicios, sino en ocupaciones y
tareas específicas al interior de este sector, la mayoría de las cuales son consi-
deradas como “femeninas”. Las trabajadoras en servicios personales, emplea-
das de oficina, vendedoras y profesionales y técnicas representan más del 60%
del empleo femenino. La mayor expansión del empleo femenino entre 1985 y
1996 se produjo en estos mismos grupos.
También creció la presencia de mujeres –pero en menor grado– en el grupo
de gerentes, administradores y directivos, posiblemente a consecuencia de un
Cuadro 11
Participación proporcional de hombres y mujeres
en el empleo industrial
1980
1995
Argentina
Hombres
73.0
76.9
Mujere