necesidades. Su tarea consiste en proteger la vida y la dignidad de las víctimas de los
conflictos armados y de la violencia interna, proporcionándoles asistencia, y en actuar como
promotor y custodio del derecho internacional humanitario (DIH).
En pocas palabras, el cometido y las actividades del CICR están limitados en cuanto al
contexto, al tiempo y a la geografía. En la mayoría de casos, las actividades del CICR se
llevan a cabo en situaciones de conflicto armado; tanto internacionales como no
internacionales. Además, en virtud de los Estatutos del Movimiento Internacional de la Cruz
Roja y de la Media Luna Roja, el CICR presta ayuda en caso de disturbios internos. Puede
asimismo emprender iniciativas humanitarias que le incumban como institución e
intermediario específicamente neutral e independiente. Además, aunque el CICR realice la
mayor parte de sus acciones durante los conflictos armados, algunas de sus actividades
prosiguen cuando cesan las hostilidades, como son la repatriación de prisioneros de guerra o
de personas detenidas en conexión con las hostilidades, la reunión de familias y la búsqueda
de personas desaparecidas.
En cuanto a las limitaciones geográficas, el CICR suele actuar en el territorio de Estados
afectados por conflictos armados o disturbios internos, o que padecen las consecuencias
directas de éstos. En circunstancias excepcionales, principalmente debido a la afluencia
masiva de refugiados, el CICR puede también emprender operaciones en Estados vecinos a
los países afectados por la violencia armada, en particular si es la única organización
humanitaria presente en la zona. En estos casos, pone fin, en principio, a su intervención tan
pronto como otros agentes humanitarios estén en condiciones de prestar ayuda, salvo por lo
que respecta a ciertas actividades específicas, tales como el restablecimiento de los contactos
familiares. También puede prolongar su labor si subsiste un asomo de amenaza como
consecuencia de las hostilidades.
El DIH es la médula de las actividades de protección del CICR. Su función de promotor y
guardián del DIH abarca las tres facetas siguientes: promover y difundir el derecho
humanitario, supervisar su observancia y contribuir a su desarrollo. En su papel de promotor y
custodio, el CICR vela por la "cabal aplicación" del DIH. En concreto, esto significa que sus
delegados vigilan que las distintas partes en un conflicto cumplan las normas humanitarias.
En caso de que se viole, el CICR procura persuadir a la autoridad competente –sea un
Gobierno o un grupo de oposición armado– para que se respeten dichas disposiciones. El
CICR se esfuerza en mantener relaciones constructivas con todas las partes implicadas en
situaciones de violencia, y practica lo que cabría denominar una "diplomacia discreta". No
obstante, si todas las diligencias realizadas a título confidencial no dan los resultados
esperados, el CICR se reserva el derecho de denunciar públicamente tales violaciones. El
propósito de estas declaraciones públicas no es poner en evidencia a los responsables, sino
lograr que todas las partes en conflicto respeten el derecho humanitario. El CICR también
puede apelar a otros Estados para que intervengan ante las partes en cuestión, según las
obligaciones estipuladas en el artículo 1 común a los Convenio de Ginebra, en virtud del cual
los Estados se compromete no sólo a respetar, sino también a hacer respetar los Convenios.
Por medio de su Servicio de Asesoramiento en Derecho Internacional Humanitario, el CICR
también alienta a los Estados a que integren el derecho humanitario en su legislación nacional.
Los expertos jurídicos del CICR, tanto en la sede central como sobre el terreno, proporcionan
asistencia técnica a los Estados concernientes, por ejemplo, a legislación para la persecución
penal de las violaciones del DIH, o para la protección de los emblemas de la cruz roja y de la
media luna roja.