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1
Servicio de Género y Desarrollo
Dirección de Género y Población
Mujeres Rurales y Seguridad Alimentaria: situación actual y
perspectivas
Santiago de Chile , 2002

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2
Este libro fue preparado por la Consultora FAO Sra. Soledad Parada,
Las denominaciones que aparecen en esta publicación
y la forma en que aparecen presentados los datos que
contiene, no implican, de parte de la Organización de
Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación,
juicio alguno sobre la condición jurídica de países,
territorios, ciudades o zonas, o de sus autoridades, ni
respecto de la delimitación de sus fronteras o límites.
Marcela Ballara
Oficial Principal en Genero y Desarrollo
FAO- Oficina Regional de América Latina y el Caribe
Dag Hammarskjold 32 41; Santiago, Chile
e-mail marcela.ballara@fao.org
tel : (56 2) 3372206
http//:www.rlc.fao.org/mujer

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3
INDICE
i. Preámbulo
I.
INTRODUCCION
1. Las mujeres y la seguridad alimentaria
2. La población rural en América Latina y el Caribe
3. La pobreza rural en América Latina y el Caribe.
II. LA SITUACION DE LAS MUJERES Y LA SEGURIDAD ALIMENTARIA
1. La participación de las mujeres en la actividad productiva
2. El acceso de las mujeres rurales a la educación
3. Las mujeres rurales y la salud
4. El acceso a los recursos productivos
III. EL ENFOQUE DE GÉNERO EN LAS POLÍTICAS DE DESARROLLO RURAL
1. Los Planes de Igualdad de Oportunidades para las mujeres rurales
2. Transversalización de las políticas agropecuarias y de desarrollo rural
IV. TEMAS EMERGENTES
1. Migración de las mujeres rurales
2. El envejecimiento del campo
3. El empleo rural no agrícola
4. La Reforma del Estado, la nueva institucionalidad y el enfoque de género
5. Las mujeres y los recursos genéticos
6. Hacia una nueva concepción del espacio rural
V. LECCIONES APRENDIDAS AL FINALIZAR EL SIGLO XX
VI. CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES
BIBLIOGRAFIA
ANEXO:
LA POBREZA Y MÉTODOS UTILIZADOS PARA SU MEDICIÓN

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Preámbulo
La Declaración de Roma de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, de 1996, reconoció que “el derecho
al desarrollo y la participación plena y equitativa de hombres y mujeres son indispensables a fin de alcanzar
la seguridad alimentaria sostenible para todos”. Asimismo, tal como sugiere el título de la publicación
“Mujeres Rurales y Seguridad Alimentaria: situación actual y perspectivas”, la relación entre las mujeres
rurales y la seguridad alimentaria es cada vez más importante en América Latina y el Caribe.
De acuerdo a varios estudios recientes sobre el tema, las mujeres rurales han asumido el grueso de la carga y
muchos de los costos sociales provocados por la globalización de la economía. Las grandes
transformaciones económicas que han vivido América Latina y el Caribe en las últimas décadas han tenido
un fuerte impacto en la vida tradicional del campo en la región y a las mujeres rurales ahora les han sido
asignadas responsabilidades y actividades en la producción que, tradicionalmente, hacían los hombres. Su
papel ha pasado de una condición de falta de reconocimiento laboral, productivo, empresarial, familiar,
social y político a la calidad de participantes y generadoras de ingresos que buscan una igualdad de
oportunidades con los hombres.
En sus hogares, las mujeres desarrollan múltiples y diversas estrategias cotidianas de subsistencia para
alimentar a sus familias: presentan mayores niveles de incorporación a los empleos rurales no agrícolas que
los hombres, cultivan los huertos familiares, son recolectoras y procesan alimentos, migran a las ciudades
enviando remesas a sus hogares y han ingresado aceleradamente al empleo asalariado. Sin embargo, tal
como relata el presente estudio, esas formas de trabajo tienden a ser precarias, deficientemente remuneradas
y ofrecen menos oportunidades de formación. Muchas veces su trabajo es ni siquiera reconocido por las
estadísticas oficiales. Según estimaciones disponibles, en América Latina y el Caribe, alrededor de 24
millones de mujeres conforman este grupo de productoras y trabajadoras invisibles.
En vista de la situación actual, es necesario que los programas y políticas de desarrollo agrícola y rural
cambien para acompañar y facilitar este desarrollo. No es aceptable que todavía existan restricciones que
actúan diferencialmente para hombres y mujeres, tales como la desigualdad en el acceso a los servicios
públicos, a la asistencia técnica, a la tenencia de la tierra, al crédito y a los programas de formación de
recursos humanos. Muchas veces, la contradicción es inmensa porque son los hombres los que reciben la
tierra pero son las mujeres las que la trabajan.
La Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe, en el marco de las actividades previstas en
el Plan de Acción de la FAO sobre Género y Desarrollo (2002-2007), enfatiza la integración de la
perspectiva de género en las políticas, programas y proyectos de desarrollo agrícola y rural en la región. Con
este propósito, está promoviendo la incorporación del Análisis Social y de Género (ASEG) en un número
cada vez mayor de proyectos, entre ellos se destacan los Proyectos Especiales de Seguridad Alimentaria
(PESA). El logro de la seguridad alimentaria y la consecución de los objetivos prioritarios de la región,
requieren una participación activa de las mujeres rurales en la toma de decisiones; el fortalecimiento de sus
organizaciones de representación fortalecerá, por lo tanto, su capacidad de negociación frente al futuro
deseable para la región.
Podemos concluir que las mujeres rurales realizan una gran contribución a la agricultura y la seguridad
alimentaria en la región. El aumento de las mujeres rurales en las actividades agrícolas se evidencia tanto en
las actividades de subsistencia como en las comerciales, o como se constata en el libro, el “empobrecimiento
de varias zonas de la región, marginalizadas por la intensa competencia económica internacional y el

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5
riguroso reajuste estructural, hubiera provocado consecuencias más graves si la mujer no hubiera aumentado
sus esfuerzos de producción en el sector agropecuario y en el sector económico informal.”
Considero que este libro, elaborado por el Servicio de Género y Desarrollo de la Oficina Regional de la
FAO para América Latina y el Caribe, “Mujeres Rurales y Seguridad Alimentaria: situación actual y
perspectivas”, constituye una importante contribución al debate en torno a éste uno de los grandes y más
urgentes desafíos para el desarrollo agrícola y rural de nuestra Región.
Gustavo Gordillo de Anda
Subdirector General de la FAO
y Representante Regional
para América Latina y el Caribe

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I. INTRODUCCION
1. Las mujeres y la seguridad alimentaria
a) ¿Qué es la seguridad alimentaria?
La comunidad internacional, a través de la Declaración de Roma de la Cumbre Mundial de la Alimentación
de la FAO (Roma, 13 al 17 de noviembre de 1996), ha manifestado su voluntad política y su decisión
común de conseguir la seguridad alimentaria para todos y se comprometió a trabajar en un esfuerzo
constante por la erradicación del hambre de todos los países. La Cumbre señaló en el párrafo Nº 1 del Plan
de Acción que:
“Existe seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen en todo momento el acceso físico y
económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y
sus preferencias en cuanto a los alimentosa fin de llevar una vida activa y sana”.
Es preciso recordar que este propósito no es nuevo. La humanidad ya había proclamado el derecho a la
alimentación, en el año 1948, con motivo de la promulgación de la Declaración Universal de los Derechos
Humanos, que en su artículo 25 (1) señala:
"Toda persona tiene el derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la
salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los
servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo,
enfermedad, invalidez, viudez, vejez y otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por
circunstancias independientes de su voluntad."
Como lo recuerda el Relator Especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación, una de las
definiciones del derecho a la alimentación se desprende del Pacto Internacional de Derechos Económicos y
Sociales.
1
La Observación General Nº 12 del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las
Naciones Unidas, órgano encargado de supervisar la aplicación de dicho Pacto, afirma que el derecho a la
alimentación es “el derecho a tener acceso, de manera regular, permanente y libre, sea directamente, sea
mediante compra en dinero, una alimentación cuantitativa y cualitativamente adecuada y suficiente, que
corresponda a las tradiciones culturales de la población a que pertenece el consumidor y que garantice una
vida psíquica y física, individual y colectivamente, libre de angustias, satisfactoria y digna”.
1
Naciones Unidas, Comisión de Derechos Humanos, 57º Período de Sesiones. Ziegler, Jean, relator especial sobre el derecho a la
alimentación, de conformidad con la resolución 2000/10 de la Comisión de derechos Humanos. El derecho a la alimentación.
Ginebra. 2001.

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7
b) La Declaración de Roma y la contribución de las mujeres a la seguridad
alimentaria
La Declaración de Roma de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996, reconoció la contribución
fundamental de las mujeres a la seguridad alimentaria, sobre todo en las zonas rurales de los países en
desarrollo, y la necesidad de garantizar la igualdad entre hombres y mujeres. En dicha Declaración se afirmó
que “el derecho al desarrollo y la participación plena y equitativa de hombres y mujeres son indispensables
a fin de alcanzar la seguridad alimentaria sostenible para todos”.
En el primer compromiso de dicha declaración, los participantes de la Cumbre señalaron que:
“Garantizaremos un entorno político, social y económico propicio, destinado a crear las mejores
condiciones posibles para la erradicación de la pobreza y para la paz duradera, sobre la base de una
participación plena y equitativa de las mujeres y los hombres, que favorezca al máximo la consecución de
una seguridad alimentaria sostenible para todos.”
En consecuencia, en su Objetivo 1.3 del Compromiso Primero, se hizo un llamado a la comunidad
internacional con el fin de “Garantizar la igualdad entre los sexos y el pleno ejercicio de los derechos de la
mujer”.
Con este propósito, se señaló que los gobiernos deben:
"a) Respaldar y aplicar los compromisos contraídos en la Cuarta Conferencia Mundial sobre
la Mujer, Beijing, 1995, en el sentido de que se incorpore una perspectiva de igualdad entre el
hombre y la mujer en todas las políticas.
b) Promover la participación plena y en condición de igualdad de la mujer en la economía, y
con este fin introducir y hacer respetar una legislación sensible al problema de la igualdad
entre los sexos que proporcione a las mujeres un acceso seguro y equitativo a los recursos
productivos, como el crédito, la tierra y el agua, y el control sobre ellos.
c) Asegurar que las instituciones proporcionen acceso a las mujeres en igualdad de
condiciones.
d) Proporcionar igualdad de oportunidades a los hombres y a las mujeres en la educación y
capacitación respecto de la producción, elaboración y comercialización de los alimentos.
e) Adecuar los servicios técnicos y de extensión a las productoras y aumentar el número de
mujeres asesoras y agentes.
f) Mejorar la recopilación, difusión y utilización de datos desglosados por sexos en la
agricultura, la pesca, la silvicultura y el desarrollo rural.
g) Concentrar las actividades de investigación en la división del trabajo y en el acceso a los
ingresos y su control dentro del hogar.
h) Reunir información sobre los conocimientos y las prácticas tradicionales de las mujeres en
la agricultura, la pesca, la silvicultura y la ordenación de los recursos naturales.”
La Declaración de Roma, con un enfoque de género, incorpora una especial preocupación por las
necesidades diferenciadas de hombres y mujeres en relación con los recursos y aportes diferenciados que

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pueden hacer ambos a la seguridad alimentaria en función de sus roles de género. Procura asimismo que los
compromisos asumidos no sobrecarguen a las mujeres o no tengan efectos negativos para la equidad entre
hombres y mujeres.
El Relator Especial de las Naciones Unidas también se refiere a la condición de las mujeres sobre el derecho
a la alimentación, puntualizando que: “La discriminación contra las mujeres y su incidencia sobre el derecho
a la alimentación constituyen uno de los obstáculos más graves que dificultan o impiden el derecho a la
alimentación.”
2
En América Latina y el Caribe existen razones de sobra para tomar en cuenta esta afirmación. Las mujeres
rurales tienen un rol fundamental, aunque a veces invisible, en garantizar la seguridad alimentaria en cada
uno de los países de la región:
Constituyen casi la mitad de la población en las áreas rurales y su contribución es clave para
la producción de alimentos, sin embargo su trabajo permanece invisible.
Según los roles asignados por la sociedad, han sido las responsables casi únicas de la
reproducción de sus familias, asegurando como pueden la alimentación. En esta tarea han
dado muestras de disponer de grandes recursos, han desarrollado múltiples estrategias de
subsistencia para alimentar a sus hijos e hijas y alimentarse a sí mismas en condiciones de
pobreza y extrema pobreza prevalecientes en las zonas rurales de la región.
Han transmitido de generación en generación conocimientos ancestrales sobre los ricos
recursos fitogenéticos, manteniendo en muchos casos el cultivo de las variedades endémicas
de la región.
Son afectadas de manera especial por los nuevos fenómenos mundiales, la apertura de las
fronteras, las condiciones del comercio internacional y el acelerado crecimiento del
conocimiento y circulación del mismo, de los cuales la inmensa mayoría ha quedado al
margen.
En suma, como ciudadanas, no han podido ejercer plenamente sus derechos ni desarrollar
todas sus capacidades como seres humanos.
Por estas razones, sobre la base de los compromisos adoptados por los gobiernos en la Cumbre Mundial de
la Alimentación se debe analizar la situación de las mujeres rurales en un continente en el cual el derecho a
la alimentación y por ende la seguridad alimentaria está lejos de ser una realidad. El Relator Especial sobre
el derecho a la alimentación hizo referencia al concepto griego de Kairos que significa el instante preciso, el
momento oportuno en que una idea, una proposición es susceptible de ser recibida por la conciencia
colectiva. Sólo en ese instante se incorpora al debate público, a ser asumido por la humanidad. La evolución
de las ideas parece indicar que este siglo está llamado a ser el momento en que la conciencia colectiva
considere inaceptables las condiciones de vida y el tipo de relaciones predominantes entre hombres y
mujeres en la humanidad. Se espera asimismo que quienes tienen responsabilidades actúen en aras de
alcanzar tanto la seguridad alimentaria como relaciones equitativas entre hombres y mujeres en este
continente, en consonancia con los compromisos asumidos en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación.
2
Naciones Unidas. Comisión de Derechos Humanos, 57º Período de Sesiones, op. cit.

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2. La población rural en América Latina y el Caribe
Las mujeres rurales de América Latina y el Caribe viven en un continente heterogéneo, con diversos niveles
de ruralidad y de desarrollo económico, de variadas culturas y razas. Las condiciones agroecológicas, las
dimensiones, las distancias hacia los centros urbanos varían de un país a otro y al interior de los mismos.
a) La disminución de la población rural
Gráfico Nº 1
La proporción de población rural en América
Latina y el Caribe ha disminuido en las últimas
décadas.
En
la
actualidad
casi
un
cuarto del total vive en las zonas rurales. Sin
embargo, cuando se aborda el tema de la
ruralidad, desde una perspectiva más amplia hay
que considerar que esta proporción es un poco
mayor, si se consideran las cabeceras
municipales en áreas administrativas
predominantemente rurales, pero que por tener
una mayor población pasan a considerarse
urbanas. Su actividad está ligada a la agricultura
y por tanto, comparten situaciones de vida y
problemas con el resto de la población rural.
Fuente: CELADE
. B
oletín Demográfico Nº 63, 1999
La disminución porcentual de la población rural ha sido producto sobre todo de la migración, asociada
especialmente a las precarias condiciones de vida en el campo, fenómeno que como se verá más adelante en
este trabajo no ha sido sólo masculino sino también femenino y juvenil. Este nivel de ruralidad,
contrapartida de la urbanización, es, sin embargo, diferente en los países de la región. Mientras Haití,
Guatemala, Honduras y Costa Rica tienen más del 50% de su población rural, en el extremo opuesto se
encuentran Chile, Venezuela, Argentina y Uruguay, con tasas de ruralidad inferiores al 20%.
b) La migración
Persiste en la región la migración, proceso en el que participan con mayor fuerza las mujeres, como parte de
las estrategias de subsistencia de las familias y de las estrategias personales de las jóvenes. La migración del
campo a la ciudad, así como la migración desde el campo a otros países son formas que las familias tienen
para enfrentar la situación de pobreza en las zonas rurales de América Latina. Es a la vez un resultado de los
avances experimentado en la educación de los y las jóvenes que después de realizar sus estudios no
encuentran posibilidades de desarrollo en las zonas rurales. Este tema es analizado con detalle en el capítulo
IV de este documento.
% de Población Rural en A.L. y el Caribe.
1970-2000
42,6
38,6
34,7
31,8
29
26,7 25,1
0
5
10
15
20
25
30
35
40
45
1970
1975 1980
1985 1990 1995
2000
%

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c) La población indígena
Otra de las características que no siempre es considerada en las políticas orientadas a combatir la pobreza y
relativas a la seguridad alimentaria es la heterogeneidad en cuanto a la composición étnica de la población.
En las zonas rurales, y también en las zonas urbanas de América Latina y el Caribe, viven alrededor de 400
grupos étnicos, cada uno de los cuales constituye una cultura: tiene su idioma, su organización social, su
cosmovisión, su sistema económico y sus modelos de producción adaptados a sus ecosistemas. La población
indígena se encuentra especialmente en Perú, México, Guatemala, Bolivia y Ecuador. En tanto la población
negra y mestiza afrolatina y afrocaribeña representa aproximadamente un tercio de la población de la región
y se concentra especialmente en Brasil, Colombia y Venezuela y en los países del Caribe.
d) Los hogares encabezados por mujeres
Gráfico Nº 2
En las áreas rurales, los hogares con jefatura
femenina, según diversos estudios, han aumentado. Es
el caso de algunos países de Centroamérica, entre
ellos Honduras, Panamá y El Salvador, donde se
evidencian las mayores proporciones. Sin embargo,
las informaciones estadísticas subestiman la
declaración de jefatura de hogar femenina, como
consecuencia de los patrones culturales que tienden a
que se considere como jefes de hogar a los hombres.
Esta hipótesis se confirma por el hecho que en los
países en los cuales se cuenta con información, es
sistemáticamente mayor la proporción de hogares en
los cuales las mujeres contribuyen principalmente a
los ingresos del hogar. Esta proporción alcanzó a fines
de la década pasada un máximo de 38% de los
hogares rurales en El Salvador.
Este hecho es relevante, dado que la mayoría de los
programas y políticas rurales están dirigidos a la
población masculina, mientras que la evidencia
demuestra que en muchas situaciones son las mujeres
las responsables de la manutención de sus familias o al menos las principales aportantes de ingresos en los
hogares.
3. La pobreza rural en América Latina y el Caribe
Pese a la heterogeneidad señalada, todos los países están marcados por el hecho que vastos sectores de su
población, especialmente en las zonas rurales viven en condiciones de pobreza.
América Latina. 1998 y99: Hogares rurales
con jefatura femenina y principales
aportantes al hogar
38
21
22
25
20
22
20
21
20
24
23
18
23
0,0
5,0
10,0
15,0
20,0
25,0
30,0
35,0
40,0
Bra
sil
Ch
ile a
/
Bo
livi
a
xic
o a
/
Gu
ate
mal
a
Nic
ara
gua
Co
sta
Ri
ca
Co
lom
bia
Re
púb
lica
Pa
ragu
ay
Ho
ndu
ras
Pana
El Sa
lva
dor
Fuente: FAO, sobre la base de cifras de Cepal. Indicadores de Género
Con jefatura femenina
La mujer es prinicpal aportante económico al hogar

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11
Como se señala en el Plan de Acción de la Cumbre sobre la Seguridad Alimentaria: “la pobreza es una
causa importante de la inseguridad alimentaria, y el progreso sostenible en su erradicación es fundamental
para mejorar el acceso a los alimentos.”
En la región es plenamente vigente la declaración hecha en la Conferencia de Monterrey por la
Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Fondo Internacional
de Desarrollo Agrícola (FIDA) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), en la cual que subrayaron que
"si no se aumentan los fondos destinados a combatir el hambre y la pobreza en el mundo, seguirán en pie los
obstáculos capitales para el desarrollo humano y económico.”
3
a) La pobreza rural se mantiene
Hacia el año 2000 más del sesenta por ciento de la población de las áreas rurales de América Latina y el
Caribe vivía en la pobreza. De acuerdo a la CEPAL, “en la región, la incidencia relativa de la pobreza rural
sigue superando ampliamente la urbana (54% y 30% de los hogares, respectivamente), pese a lo cual en
1999 los pobres urbanos ascendían a cerca de 134 millones y los rurales a 77 millones, debido a la
proporción significativamente más alta de población residente en las áreas urbanas. Esta situación contrasta
con la de la pobreza extrema, ya que la población que vive en esa situación es levemente menor en el área
urbana (43 millones) , que en la rural (46 millones) lo que denota de paso la mayor severidad de la pobreza
que prevalece en esta última”.
4
Cuadro Nº 1
AMERICA LATINA: MAGNITUD DE LA POBREZA EN LAS ZONAS RURALES.
1980-1999 (a)
Pobreza (b)
Indigencia (c)
Millones
Porcentaje
Millones
Porcentaje
1980
73.0
59.9
39.9
32.7
1990
78.5
65.4
48.4
40.4
1994
75.6
65.1
47.4
40.8
1997
78.2
63.0
46.6
37.6
1999
77.2
63.7
46.4
38.3
Fuente: CEPAL, Panorama Social de América Latina y el Caribe 2000-2001. Santiago, 2001
a) Estimaciones correspondientes a 19 países de la región.
b) Porcentaje de personas en hogares con ingresos bajo la línea de la pobreza. Incluye a los hogares bajo la línea de la
indigencia.
c) Porcentaje de personas en hogares con ingresos bajo la línea de la indigencia.
3
Mensaje de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa Mundial de
Alimentos (PMA) y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) en la Conferencia Internacional sobre la Financiación
para el Desarrollo (Monterrey, México, del 18 al 22 de marzo de 2002).
4
CEPAL, Panorama Social de América Latina y el Caribe 2000-2001. Santiago, 2001.

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12
De acuerdo a los datos de la CEPAL, los niveles de pobreza e indigencia han aumentado respecto a 1980 y
se mantuvieron elevados a lo largo de los noventa, tanto en términos de porcentaje cómo en cifras absolutas.
¿Qué significa esto para la vida diaria de las mujeres? ¿Cuál es su relación con la seguridad alimentaria? Si
se pasa de los indicadores abstractos a las personas que hay detrás de ellos, se constata que 46.5 millones de
personas, alrededor de 23 millones de mujeres y 24 millones hombres no tienen garantizada la seguridad
alimentaria. Si consideramos que la población indigente está constituida por aquellas personas que viven
en hogares con ingresos insuficientes para satisfacer las necesidades básicas de alimentos, podemos
afirmar que este es uno de los indicadores a considerar para el seguimiento de la seguridad alimentaria.
Según las últimas informaciones disponibles, de alrededor del año 2000,
5
se estima que la mayoría de la
población indigente viven en las zonas rurales: en torno al 52% de los indigentes vive en la zona rural y un
48% en la zona urbana.
b) Las diferencias entre los países
Los niveles de pobreza e indigencia son diferentes según los países, pero ninguno de ellos ha sido capaz de
eliminar la pobreza y la indigencia rural. En los siguientes gráficos se puede ver el porcentaje de la
población rural bajo la línea de pobreza (LP) y bajo la línea de indigencia. Ver el Anexo de este documento
para comprender la definición de pobreza y el método de medición de la misma.
Gráfico Nº 3 Gráfico Nº 4
Es cierto que los niveles de pobreza rural e indigencia se han reducido en algunos países de la región, pero
en general se mantiene en niveles no aceptables. En algunos países como Brasil, Chile, Costa Rica y
Panamá, se evidenciaron reducciones significativas en los niveles de pobreza e indigencia en los años 90.
Por otro lado, en algunos países de Centroamérica como Guatemala, Honduras y Nicaragua, también se
observaron reducciones, sin embargo, como se ve en los gráficos anteriores, más de tres cuartas partes de la
población rural vive en condiciones de pobreza. En Colombia y El Salvador los niveles de pobreza rural se
mantuvieron estables (en niveles elevados), pero además en este último país aumentó la proporción de
5
Véase Cepal, Panorama Social de América Latina y el Caribe 2000-2001. Santiago, 2001
América Latina: % de población rural
bajo la LP
0,0
20,0
40,0
60,0
80,0
100,0
C o st a R ica ( !9 9 9 )
C hil e ( 2 0 0 0 )
R . D o minicana ( 19 9 7)
P anamá ( 19 9 9 )
B r asi l ( 19 9 9 )
V enez uela ( 19 9 4 )
M éxico ( 19 9 8 )
C o lo mb ia ( 19 9 9 )
El Salvad o r ( 19 9 9 )
G uat emala ( 19 9 8 )
Par ag uay ( 19 9 9 )
N icar ag ua ( 19 9 8 )
B o livia ( 19 9 9 )
Ho nd uras ( 19 9 9 )
Fuente:Cepal. Panorama Social 2000-2001. Santiago de Chile
América Latina: % de población rural
bajo la L. Indigencia
0,0
10,0
20,0
30,0
40,0
50,0
60,0
70,0
80,0
C hil e ( 2 0 0 0 )
C o st a R ica ( !9 9 9 )
P anamá ( 19 9 9 )
R . D o minicana
B r asi l ( 19 9 9 )
V enez uela ( 19 9 4 )
M éxi co ( 19 9 8 )
C o lo mb ia ( 19 9 9 )
El Salvad o r ( 19 9 9 )
G uat emala ( 19 9 8 )
Par ag uay ( 19 9 9 )
N icar ag ua ( 19 9 8 )
B o livia ( 19 9 9 )
Ho nd uras ( 19 9 9 )
Fuente:Cepal. Panorama Social 2000-2001. Santiago de Chile

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13
personas que vive en la indigencia. En otros países como Bolivia, México y Venezuela, la pobreza y la
indigencia rural aumentaron.
c) Las diferencias al interior de los países
Si entre los países de la región existen diferencias en los niveles de pobreza, al interior de cada país también
existen regiones más desposeídas que otras. En Ecuador, por ejemplo, según un estudio de Larrea sobre la
Geografía de la Pobreza en Ecuador, citado por Cuvi (2001)
6
, la Amazonía rural presenta las peores
condiciones de vida: carencias de infraestructura, bajo nivel de desarrollo y reducida productividad
agropecuaria. Asimismo, la pobreza ha afectado con mayor fuerza a la Sierra Rural que a la Costa Rural -
especialmente a la población indígena, debido a la escasez y erosión de la tierra, a la falta de riego, de
crédito y de asistencia técnica, y a las carencias en salud y educación.
En América Latina y el Caribe, en general, son las mujeres pertenecientes a los pueblos indígenas, a las
poblaciones afrolatinas y afrocaribeñas quienes sufren los mayores niveles de pobreza. Las mujeres de estos
segmentos de población, tras siglos de una doble exclusión y dominación, en función de su etnia y de su
género, presentan a principios del nuevo milenio los peores indicadores económicos y sociales y tienen
escaso reconocimiento cultural y acceso a instancias decisorias.
7
La pobreza afecta a los hogares rurales de América Latina no sólo desde el punto de vista de la
insuficiencia de ingresos, sino que además una elevada proporción de ellos tienen insatisfechas sus
necesidades básicas en cuanto al acceso a los servicios de saneamiento básico y de las condiciones de su
vivienda. Un estudio realizado en Perú sobre el acceso a los servicios básicos en el área rural de Ayacucho
sirve de ejemplo:
8
la electricidad alcanza tan sólo al 13,5% de las viviendas, el servicio de abastecimiento de
agua a través de la red pública atiende al 21,7% de los hogares, abasteciéndose la gran mayoría en
manantiales, ríos o acequias. El 83,3% de las viviendas del área rural del departamento no cuenta con
ningún servicio sanitario, el 14,7% utiliza las letrinas como sistema de eliminación de excretas y sólo el
0,3% está conectado a la red pública de alcantarillado. El material predominante en el piso de las viviendas
es la tierra o arena en un 93,9% de los casos, en tanto que un escaso 3% tiene piso de ladrillo o cemento
9
.
d) Las mujeres se encuentran entre los más pobres
No es posible contar con información estadística desagregada por sexo, dado que las encuestas de hogares
consideran los ingresos para los hogares y no por separado para las personas, por lo tanto al interior de un
hogar todos tienen asignado el mismo valor. Sin embargo, a través de otros medios se ha constatado que la
pobreza afecta de manera preferente a las mujeres. Un estudio realizado por Köbrich y Dirven, al buscar los
factores que inciden sobre la pobreza rural en América Latina, señala que la falta de acceso a los activos y la
heterogeneidad en el control de los mismos son aspectos críticos. Y agrega que “esta heterogeneidad en los
6
Cuvi, María (Editora). Las mujeres rurales en Ecuador. Flora Tristán, Centro de la Mujer Peruana. Perú, 2001.
7
Hopenhayn, Martin, y A. Bello Discriminación étnico-racial y xenofobia en América Latina y el Caribe. CEPAL, LC/L.1546-
P/E. Santiago, 2001.
8
Perú. Diagnóstico de la Mujer rural. Consultoría Gerencia de la Mujer PROMUDEH. (Actualización por la gestión de la
Ministra Blondet de la Primera versión del diagnóstico elaborada durante el gobierno de transición. En prensa). 2001.
9
ENDES 1996. Ayacucho, población, mujer y salud. Cuadro 2.7 Características de las viviendas.

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14
activos y su control, se refleja en los estudios sobre pobreza que indican que ésta se concentra en las
mujeres, los jóvenes, los viejos y las etnias, grupos que tradicionalmente tienen un acceso o control limitado
sobre la tierra y el capital.” Agrega que “sin embargo, no se debe olvidar que otro factor a considerar es la
calidad o productividad de estos activos, ya que es ésta la que al final determina en forma importante los
beneficios obtenidos de su uso. Pero, ¿cuáles son estos activos? Ellos han sido clasificados en términos de
capital natural (tierra, suelo, clima, agua, localización, etc.), capital físico (inversión, infraestructura,
tecnología, etc.), capital financiero (recursos propios, crédito, subsidios, etc.), capital humano (educación,
salud, etc.) y capital social (relaciones de confianza, cooperación, reciprocidad). El reconocimiento de esta
multiplicidad de activos implica necesariamente que los programas deben considerar sus particularidades de
forma de poder atacar la pobreza desde una perspectiva integral.”
10
Un estudio realizado en Chile por la FAO, a partir de la combinación de información procedente de la
Encuesta de Caracterización Social y Económica y del VIII Censo Nacional Agropecuario, construyó una
tipología de explotaciones agropecuarias.
11
En dicho estudio, se constató que en las explotaciones cuya
producción agropecuaria era insuficiente para superar la pobreza había una mayor representación de mujeres
productoras. . Desde la perspectiva de género, fue posible concluir que sistemáticamente las mujeres
productoras tenían un menor acceso a la mayor parte de los activos, situación que condicionaba fuertemente
los resultados de la producción agropecuaria en sus explotaciones. De esta forma, las cifras mostraron que
era menor el tamaño medio de las explotaciones de las mujeres, que en todas las situaciones disponían en
menor proporción de riego, y que usaban en menor proporción maquinaria agrícola. El estudio concluyó
que si los hogares rurales dependieran sólo de la producción agrícola, la pobreza en las zonas rurales sería
mucho mayor.
e) Enfrentando la pobreza
¿Cómo han hecho frente las mujeres rurales a la pobreza y la extrema pobreza? ¿Cómo han enfrentado la
inseguridad alimentaria?
i) En sus hogares y en la fuerza de trabajo. (Nivel micro)
En sus hogares las mujeres han desarrollado múltiples estrategias de subsistencia para alimentar a sus
familias, han ingresado aceleradamente al empleo asalariado, presentan mayores niveles de incorporación a
los empleos rurales no agrícolas que los hombres, cultivan los huertos familiares, son recolectoras y
procesan alimentos, y como se verá más adelante, migran a las ciudades enviando remesas a sus hogares.
ii) A través de sus organizaciones (Nivel intermedio)
Aunque con dificultades, buscan formas de organizarse a través de organizaciones de mujeres campesinas y
reclaman su derecho a ejercer su plena ciudadanía. A finales de los años noventa se crearon nuevas
organizaciones, se fortalecieron otras ya existentes o se reorganizaron bajo formas diversas, que les
garantizaran mayores niveles de autonomía. Estas organizaciones han expresado su opinión respecto a la
10
Köbrich, C y M. Dirven. Pobreza rural: Un desafío de múltiples dimensiones. CEPAL. Santiago, 2001.
11
Parada, Soledad. La visibilidad de las mujeres rurales pobres en Chile. RLC FAO. Santiago, 2001.

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15
seguridad alimentaria, poniendo énfasis en la “soberanía alimentaria”. Es así como aquellas pertenecientes a
la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones Campesinas (CLOC) participaron en el Foro Mundial
sobre la Soberanía Alimentaria, realizado en La Habana el año 2001. Allí se señaló que “Entendemos por
soberanía alimentaria el derecho de los pueblos a definir sus propias estrategias sustentables de producción,
distribución y consumo de alimentos que garanticen el derecho a la alimentación para toda la población, con
base en la pequeña y mediana producción, respetando sus propias culturas y diversidad de los modos
campesinos, pesqueros e indígenas de producción agropecuarias, de comercialización y gestión de los
espacios rurales, en los cuales la mujer desempeña un papel fundamental.”
iii) A través de la formulación de políticas (Nivel macro)
En el nivel más amplio, una contribución a la seguridad alimentaria ha sido la formulación de políticas y
Planes de Igualdad de Oportunidades. (Véase el capítulo III) En varios países de la región en ellos se
enfatiza:
La necesidad de incorporar el enfoque de género en las políticas públicas para superar la
pobreza, es decir considerar las necesidades diferenciadas de hombres y mujeres.
Se está abriendo paso en la región la idea que para avanzar hacia la seguridad alimentaria, superando la
pobreza y la indigencia, se deben impulsar políticas sociales activas, que consideren diferenciadamente las
necesidades de hombres y mujeres, reconociendo en profundidad las potencialidades y limitaciones que
enfrenta cada uno de los géneros, en función de los roles que desempeñan en la sociedad.
Que para alcanzar la equidad de hombres y mujeres es necesario revalorizar el espacio
rural y reactivar la agricultura.
Recuadro Nº 1
El espacio rural ha perdido importancia en la región. El desarrollo rural no se encuentra entre las prioridades de los
gobiernos, y siguen prevaleciendo los principales obstáculos en el nivel internacional, nacional y local para el
desarrollo rural sostenible.
Varios Planes de Igualdad de Oportunidades para las mujeres rurales han destacado la necesidad estratégica de
reactivar el campo, como espacio territorial y recuperar el agro como elemento clave para la reactivación
económica de los países y la disminución de la pobreza. Además se refieren a las restricciones existentes
actualmente, así por ejemplo en Colombia, se señala explícitamente que esa tarea será imposible de lograr “sin la
eliminación de barreras arancelarias, subsidios y demás instrumentos de protección a la producción y con una mayor
productividad a menores costos y la calificación e integración de la mano de obra tanto masculina como femenina en
el campo.”
Fuente: Plan Para la Igualdad de Oportunidades de las Mujeres Rurales de Colombia. Ministerio de Agricultura y Desarrollo
Rural. IICA. Bogotá 2000.
Los efectos negativos de la globalización para las mujeres rurales

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16
Se ha señalado asimismo que la globalización ha tenido consecuencias negativas para la mayoría de los
habitantes rurales. Las mujeres se concentran entre los pequeños productores o entre los habitantes del
campo sin tierras que han quedado al margen de este proceso. En un estudio de la CEPAL, se afirma que “el
sistema de comercio internacional, la globalización y la liberalización constituyen los desafíos
fundamentales que enfrentan todas las naciones.
Sus efectos en los países más pequeños, más vulnerables y
menos capaces de adaptarse, tales como los Países en desarrollo de las Islas Pequeñas están lejos de ser
satisfactorios. Barbados y otras naciones en desarrollo confrontan un conjunto de desafíos, que amenazan a
confinar a nuestros ciudadanos, y en especial a las mujeres y a los niños a perdurar como un grupo
vulnerable”.
12
Que las principales restricciones para el logro de estos objetivos provienen de las políticas
internacionales, especialmente aquellas referidas al comercio internacional y a las
barreras proteccionistas de los países desarrollados.
La inserción de los productos agrícolas de la región en los mercados internacionales es difícil dadas las
limitaciones impuestas sobre todo por los países desarrollados. No obstante, en casi todos los países de
América Latina y el Caribe se han impulsado políticas de modernización de la agricultura que han
beneficiado sobre todo al sector exportador. En este sentido se ha promovido la reorientación de la
producción hacia bienes capaces de competir en los mercados mundiales. Estas políticas buscan el aumento
de los niveles de producción y productividad de los cultivos de exportación y diversificación de la economía
promoviendo nuevos cultivos con posibilidades de ser comercializados en los mercados internacionales.
La reorientación del sector productivo ha traído consigo cambios en los patrones laborales de los pequeños
productores y productoras: por una parte, ha desplazado mano de obra femenina de la agricultura de
subsistencia hacia las nuevas actividades de exportación. Por otra ha acelerado los procesos migratorios
hacia los mayores centros urbanos. Desde el punto de vista de los recursos productivos, ha privilegiado las
actividades de exportación, otorgándoles facilidades crediticias y un mayor apoyo institucional que al resto
de las actividades agrícolas.
Es así que perviven actividades de subsistencia que se caracterizan por la baja productividad y el escaso
valor que tienen estos productos en el mercado. Los bajos niveles de productividad están afectados por la
utilización de técnicas de producción de pequeña escala, baja calificación de la mano de obra, carencia de
infraestructura productiva básica, alto costo del capital, falta de definición de los derechos de propiedad
sobre la tierra. Para revitalizar estos sectores urge promover mecanismos que permitan integrar a los
pequeños productores al proceso de modernización, mejorando sus niveles de productividad; facilitar el
acceso de los agricultores a los recursos productivos (tierra, maquinarias y equipos, crédito, capacitación,
información sobre los mercados y tecnologías); y promover la participación de los agricultores en la toma de
decisiones que afectan al sector.
La violencia constituye un obstáculo para la seguridad alimentaria.
12
El término globalización es utilizado aquí como la extrema liberalización financiera, comercial y de las innovaciones
tecnológicas, la internacionalización de la producción a través de compañías multinacionales y la integración regional. Aunque
esta definición enfatiza aspectos económicos, se tiene presente también las dimensiones sociales, culturales y políticas que la
globalización conlleva. Para más detalles véase: Thorin, Maria, The gender dimension of globalisation: A review of the literature
with a focus on Latin America and the Caribbean. CEPAL, Santiago, Diciembre de 2001.

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También en algunas zonas de la región la violencia constituye un obstáculo para la igualdad de
oportunidades y la seguridad alimentaria del continente. En la actualidad la violencia está presente en los
campos de Colombia, pero aún se viven las consecuencias de conflictos pasados en América Central.
Recuadro Nº 2
Hasta ahora ha existido la creencia – con trasfondo cultural – que las mujeres son afectadas sólo por la
muerte de sus hijos o maridos. Al parecer, las consecuencias directas de los conflictos armados ya no
afectan sólo a los hombres adultos, sino que se ha extendido a las mujeres, niños y niñas, tanto debido a su
participación en grupos de confrontación, como por ser víctimas de represión, matanzas y persecución de
grupos armados, incluyendo a muchas líderes campesinas.
13
Planteando la necesidad de un desarrollo rural sostenible.
En la región, en suma, se aspira a que prevalezca una perspectiva más amplia del desarrollo rural,
enmarcado en un desarrollo humano y sostenible, concebido como aquel que no sólo genera crecimiento
económico, sino que distribuye sus beneficios equitativamente, conserva el medio ambiente, potencia a las
personas de manera integral, otorga prioridad a los pobres ampliando sus oportunidades y a su vez
contribuye a su participación en las decisiones que afectan su vida.
13
Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural de Colombia. IICA. Plan Para la Igualdad de Oportunidades de las Mujeres
Rurales de Colombia. Bogotá 2000.
El Plan de Igualdad de Oportunidades para la Mujer Rural de Colombia señala:
"entre los principales obstáculos estructurales para la equidad de género se
puede mencionar la violencia social y política, hoy traducida en conflicto armado
que afecta a las mujeres no sólo por la pérdida de sus hijos y maridos, y los
profundos traumas que esta tragedia implica (por muerte o desplazamiento
forzado), sino por las violaciones y maltratos que sufren, hasta su propio
secuestro, desaparición o muerte. Además implica el desmembramiento y
desaparición de las organizaciones comunitarias, el aumento de la jefatura
femenina, la imposibilidad de la ejecución de programas estatales en las zonas de
conflicto, pérdida de sus propiedades, desarraigo, desplazamiento y el acelerado
proceso de empobrecimiento.”
Fuente: Plan Para la Igualdad de Oportunidades de las Mujeres Rurales de Colombia.
Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural. IICA. Bogotá 2000.

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II. LA SITUACION DE LAS MUJERES Y LA SEGURIDAD
ALIMENTARIA
1. La participación de las mujeres en la actividad productiva
De acuerdo a informaciones de varios organismos internacionales, las mujeres han asumido el grueso de la
carga y muchos de los costos sociales que han traído aparejados los grandes cambios provocados por el
principal acontecimiento del decenio: la globalización de la economía. El empobrecimiento de varias zonas
de la región, marginalizadas por la intensa competencia económica internacional y el riguroso reajuste
estructural, hubiera provocado consecuencias más graves si la mujer no hubiera aumentado sus esfuerzos de
producción en el sector agropecuario y en el sector económico informal.
Gráfico Nº 5
Durante los últimos 20 años, el nivel de
participación de la mujer en la fuerza de
trabajo ha ido en aumento en todos los
países de la región. El progreso que se ha
realizado es tal que esta tendencia puede
describirse como un fenómeno de
feminización de la fuerza laboral y del
empleo.
Sin embargo, como se verá en este capítulo,
la calidad de este empleo es deficiente. Se
han desarrollado formas de trabajos atípicos,
tales como el trabajo a jornada parcial,
ocasional, sub-contratado o doméstico. Esas
formas de trabajo tienden a ser precarias,
deficientemente remuneradas y ofrecen
menos oportunidades de formación. Pero
aun más, estos trabajos difícilmente reciben la protección de la ley, los convenios colectivos o los sistemas
de seguridad social.
Para analizar la real contribución de las mujeres a la agricultura es importante considerar tanto las que
figuran en las estadísticas oficiales, como aquel grupo mayoritario, que según las estadísticas de empleo
conforman parte de la población económicamente inactiva.
1.1 Las productoras invisibles
En este documento se sostiene que todas las mujeres en edad de trabajar, más las niñas y las ancianas, que
no aparecen como parte de la población económicamente activa, también realizan una contribución a la
AMERICA LATINA. Tasas de actividad de las
mujeres rurales .1990-1999
33,1
34,3
35,2
35,8
30
32
34
36
38
1990
1994
1997
1999
Fuente: FAO sobre la base de cifras de Panorama Social de América Latina. Cepal, 2001

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19
actividad económica. Este grupo está conformado por mujeres que trabajan junto a su familia, son las
responsables de los huertos familiares que proveen de alimentación a sus hogares y son todas aquellas cuyo
trabajo no es reconocido por las estadísticas oficiales: aquellas que participan en algunas de las etapas del
ciclo productivo, las que realizan oficios invisibles como las recolectoras, las que cuidan y alimentan los
animales menores de su hogar, quienes cocinan para otros trabajadores que laboran en sus campos, las que
venden los productos frente a sus casas. Se hace mención de ellas ya que el no reconocimiento de las
mujeres del campo como productoras constituye uno de los grandes obstáculos para la igualdad de
oportunidades entre hombres y mujeres.
a) Lo que dicen las cifras
De acuerdo con las informaciones disponibles, en el año 1999 existían en las zonas rurales de América
Latina alrededor de 37 millones de mujeres en edad de trabajar, de las cuales alrededor de 13 millones eran
consideradas parte de la Población Económicamente Activa y alrededor de 24 millones conformaban el
grupo de trabajadoras invisibles. Es importante destacar que el sub-registro de las actividades económicas
productivas de las mujeres rurales no sólo se relaciona con los criterios e instrumentos de medición
utilizados, sino también con la percepción que tienen las mujeres de su propio trabajo.
14
Cuadro Nº 2
AMERICA LATINA. POBLACION EN EDAD DE TRABAJAR. 1990-1999
1990
1994
1997
1999
Población en edad de trabajar
34 373
35 557
36 374
36 885
Población económicamente activa
11 383
12 202
12 794
13 196
Productoras invisibles
22 990
23 355
23 580
23 689
Fuente: FAO, sobre la base de Panorama Social de América Latina 2000-2001
.
CEPAL, 2001
b) Los diagnósticos participativos
Para hacer frente a las carencias de información estadística sobre la real contribución de las mujeres a la
economía se han desarrollado metodologías que pretenden obtener información tanto de tipo cuantitativo
como cualitativo. En este contexto se sitúan los diagnósticos rurales rápidos o participativos, que pueden
definirse como actividades sistemáticas, semi-estructuradas, realizadas sobre el terreno por un equipo
interdisciplinario y con la participación de la comunidad, y enfocada a la obtención rápida y eficiente de
informaciones e hipótesis nuevas sobre los recursos y la vida del campo.
En este contexto, la FAO ha desarrollado el Programa de Análisis Socioeconómico y de Género (ASEG)
que tiene como objetivo la promoción de los aspectos socioeconómicos y de género en los proyectos,
programas y políticas de desarrollo para asegurar que los esfuerzos de desarrollo consideren las necesidades
14
FAO, sobre la base de Panorama Social de América Latina 2000-2001. CEPAL, 2001.

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20
y prioridades diferenciadas de hombres y mujeres. El ASEG pone énfasis en los factores socio-culturales,
económicos, demográficos, políticos, institucionales y ambientales, que afectan los resultados de las
iniciativas de desarrollo, y en las vinculaciones entre ellos desde una perspectiva de género. Además el
ASEG analiza las interrelaciones entre estos factores en tres niveles: macro (programas y políticas),
intermedio (instituciones) y campo (comunidades, hogares e individuos).
15
Con estas bases se han desarrollado numerosas actividades de diagnósticos participativos, con altos oficiales
de los Ministerios de Agricultura de la región, con responsables de Proyectos de Cooperación Técnica de la
FAO, y con personal de campo de ambos. Con todos ellos se han aplicado técnicas de diagnóstico sobre las
actividades de hombre y mujeres en los sectores rurales. Por otra parte, en el desarrollo de varios de los
proyectos de la FAO, también se han realizado estudios destinados a determinar la participación
diferenciada de hombres y mujeres en las actividades productivas, y todos ellos reafirman la aseveración
que todas las mujeres en edad de trabajar contribuyen efectivamente a la producción de alimentos.
Así por ejemplo, los resultados de los análisis periódicos de actividades, más conocidos como relojes de
rutina diaria y calendarios estacionales, utilizados en diferentes contextos agroecológicos de varios países de
la región permitieron constatar que en los más variados contextos, las mujeres consideradas como
“inactivas” por las estadísticas participan efectivamente en las actividades de la producción agropecuaria.
El Proyecto de Poscosecha GCP/BOL/032/NET, que desarrolla actualmente la FAO en Bolivia, ha prestado
especial interés a las labores que desempeñan hombres y mujeres, con vistas a prestar atención a las mujeres
en las actividades de capacitación. En él se da cuenta de lo siguiente:
Recuadro Nº 3
“En Arroyito, una comunidad quechua, el propietario de la tierra es el hombre jefe de la familia. Pero no todos los
chacos de la familia son responsabi