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Vivir juntos en mundo se
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Estado de la Población Mundial 2000:
Vivir juntos en mundos separados.
Hombres y mujeres en tiempos de cambio.
Fondo de Población de las Naciones Unidas.

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INDICE
1. Panorama general
Panorama general
Sinopsis
Género y salud
Violencia contra la mujer
Los hombres, los derechos reproductivos y la igualdad de género
El costo de la desigualdad
Medidas para poner fin a la desigualdad de género
Medidas adoptadas, medidas necesarias
2. Género y salud
Componentes de los servicios de salud reproductiva
Planificación de la familia
Maternidad sin riesgos
Aborto y atención posterior al aborto
Enfermedades de transmisión sexual, incluido el VIH/SIDA
Mutilación genital femenina
Cuestiones de los programas de salud reproductiva
Cuestiones de salud pública
Las restricciones culturales limitan las opciones
Funciones profesionales y papeles de género
Salud reproductiva, higiene sexual y comportamiento de los adolescentes
Los programas pueden contribuir a cambiar las normas
Políticas de promoción de alianzas
Necesidades de los hombres en materia de salud reproductiva
Necesidades de migrantes y refugiados en materia de salud reproductiva
Alianzas para la salud reproductiva y la planificación de la familia
Redes
Organizaciones no gubernamentales nacionales y servicios comunitarios de salud
Las organizaciones no gubernamentales y la salud reproductiva de los
adolescentes
3. Eliminación de la violencia contra las mujeres y las niñas:
prioridad de derechos humanos y de salud
Repercusiones sobre la salud reproductiva
Trata de mujeres y niñas
"Asesinatos para restaurar la honra"
Labor de las organizaciones no gubernamentales para eliminar la violencia por
razones de género

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4. Los hombres, los derechos reproductivos y la igualdad de
género
Los papeles masculinos y las cambiantes realidades
Violencia
Desigualdad de género y expectativas culturales
Apoyo de los hombres a la higiene sexual y la salud reproductiva
Lecciones procedentes de la India
Otras acciones de organizaciones no gubernamentales para promover la
participación masculina
Un programa común
5. Cómputo del costo de la desigualdad de género
Los costos de la invisibilidad económica
Los costos de denegar servicios de atención de la salud
Mortalidad y morbilidad derivadas de la maternidad
El costo económico del VIH/SIDA
Violencia por motivos de género
Costos psicológicos
Educación: Costos de la discrepancia de género
Microcrédito: Inversiones en la mujer
Demografía y género: Costos y oportunidades
El dividendo demográfico
Los efectos del envejecimiento
Medición de las desigualdades de género
Índices y otros indicadores
Otras acciones para monitorear el progreso
6. Los derechos de la mujer son derechos humanos
Tratados de derechos humanos
Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la
mujer
Órganos encargados de vigilar el cumplimiento de los tratados de derechos
humanos: informes y recomendaciones
Acuerdos por consenso en conferencias internacionales
Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo
Exámenes al cabo de cinco años
7. Para lograr un futuro mejor
El papel de los gobiernos
Apoyo jurídico a la igualdad de género
Nueva legislación
Diseño de políticas y programas
Cuestiones básicas de política

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El FNUAP apoya la igualdad de género
Apoyo a los gobiernos
Salud reproductiva de los adolescentes
Violencia por motivos de género
Participación masculina
Otras actividades de asistencia
El papel de los donantes
Los problemas que se avecinan
Notas

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Capítulo 1: Panorama general
Introducción
La desigualdad de género menoscaba la plenitud individual de las personas y frena el
desarrollo de los países y la evolución de las sociedades, en detrimento tanto de las
mujeres como de los hombres.
Los hechos que acusan la desigualdad de
género – las restricciones en materia de
opciones, oportunidades y participación de
la mujer – tienen consecuencias directas y a
menudo nefastas para la salud y la
educación de la mujer y su participación
social y económica. No obstante, hasta hace
unos pocos años se consideraba que esas
restricciones eran o bien carentes de
importancia o bien inexistentes; se las
aceptaba o se hacía caso omiso de ellas. La
realidad de las vidas de las mujeres ha sido
invisible para los hombres. Esta
invisibilidad persiste en todos los niveles,
desde la familia hasta la nación. Aun
cuando comparten el mismo espacio, las mujeres y los hombres viven en mundos
diferentes.
Se ha comenzado a adoptar las primeras medidas para poner fin a esta invisibilidad.
En 1979, al aprobar la Convención sobre la eliminación de todas las formas de
discriminación contra la mujer, la comunidad mundial convino en eliminar la
discriminación de género. La Convención, que tiene fuerza de legislación
internacional, ha sido ratificada hasta ahora por 165 de los 188 Estados Miembros de
las Naciones Unidas.
La atención de la salud y la educación de las niñas y las mujeres han sido temas de
acuerdos internacionales, especialmente los concertados en una serie de conferencias
mundiales relativas a la mujer comenzada en 1975, en la Conferencia Mundial sobre
Educación para Todos celebrada en 1990 y en la Conferencia Internacional sobre la
Población y el Desarrollo (CIPD), celebrada en 1994.
Va en rápido aumento el número de países que han adoptado políticas de población y
desarrollo, las cuales abarcan medidas para satisfacer las necesidades de niñas y
mujeres en materia de atención de la salud y educación, inclusive sus necesidades de
salud reproductiva. La educación y la salud, incluida la salud reproductiva, son
derechos humanos. Al satisfacer las necesidades de educación y salud y tratar de
lograr la igualdad de género, también se contribuirá a equilibrar el crecimiento de la
población y a propiciar el desarrollo económico.
Los países, en su mayoría, tienen en vigor algunas disposiciones para proteger la
seguridad personal de la mujer y sus derechos en cuanto al matrimonio, los bienes, la
herencia, la representación política y el lugar de trabajo. Esas disposiciones se están
ampliando y su cumplimiento obligatorio está cada vez más generalizado.
UNICEF/0667/Vilas
Una niña que trabaja en la India. La falta de
apoyo a la educación de las niñas limita sus
futuras posibilidades de opción.

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Se están considerando los efectos de la potenciación del papel de la mujer sobre los
derechos y los papeles de los hombres. En la actualidad, las acciones encaminadas a
incorporar a la mujer en las actividades de desarrollo hacen hincapié en la alianza
entre mujeres y hombres.
"Las cuestiones de género" no son lo mismo que "las cuestiones de la mujer":
comprender las cuestiones de género significa comprender las oportunidades, las
limitaciones y los efectos de los cambios en la medida en que afectan tanto a las
mujeres como a los hombres. Se comprende cada vez más que la alianza entre
mujeres y hombres constituye la base de familias sólidas y sociedades viables en un
mundo en rápida evolución.
La alianza en un pie de igualdad es también el objetivo de las organizaciones de
mujeres, que son cada vez más numerosas y más fuertes en muchos países de Asia,
África y América Latina. Se reconocen cada vez más las ventajas de las alianzas
entre organizaciones oficiales y grupos de mujeres. No obstante, sigue generalizada
la desigualdad de género. Se trata de una cuestión de interés público, pero también
relacionada con el comportamiento privado y, por consiguiente, aún no ha sido
cabalmente analizada, especialmente allí donde el dominio masculino constituye la
base de la vida en familia. En otros países, aun cuando se hayan proscrito o
condenado las desiguales restricciones que afectan a la mujer, persisten algunas
variantes que las han hecho más aceptables socialmente.
En el informe Estado de la Población Mundial de este año se fundamenta la
necesidad de llevar a un primer plano la desigualdad de género y tratarla como
cuestión urgente que afecta tanto los derechos humanos como las prioridades de
desarrollo. La discriminación de género no será eliminada si no se cobra cabal
conciencia de sus contradicciones intrínsecas y si los países, las comunidades y las
familias no adoptan medidas para eliminarla.
Recuadro 1: La discriminación y la pobreza van de consuno
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Sinopsis
Si las relaciones de poder entre hombres y mujeres fueran más igualitarias y si esa
situación se combinara con mayor acceso a buenos servicios de salud reproductiva,
se salvarían así las vidas de centenares de miles de mujeres, inclusive muchas de las
que pierden la vida por causas relativas al embarazo. Si las mujeres tuvieran
facultades para adoptar decisiones acerca de la actividad sexual y sus consecuencias,
sería posible evitar muchos de los 80 millones de embarazos no deseados que
ocurren cada año, muchos de los 20 millones de abortos realizados en malas
condiciones, algunas de las 500.000 defunciones derivadas de la maternidad
(inclusive 78.000 resultantes del aborto realizado en malas condiciones) y cantidades
muy superiores de enfermedades y lesiones. También sería posible evitar muchos de
los 333 millones de nuevos casos de enfermedades de transmisión sexual que ocurren
cada año. Las adolescentes son particularmente vulnerables (capítulo 2).
La violencia contra la mujer menoscaba gravemente su salud, su bienestar y su
participación social (capítulo 3). Es preciso que los hombres participen en la
protección de la salud reproductiva de la mujer, como cuestión de su propio interés y
a fin de proteger a sus familias, además de beneficiar a la mujer (capítulo 4).
La igualdad de mujeres y hombres es imprescindible para el desarrollo (capítulo 5).
También es un derecho humano (capítulo 6). Es menester que los gobiernos adopten
las decisiones fundamentales. Los países donantes han convenido en apoyar esas
prioridades, pero en el decenio de 1990 no han aportado ni siquiera la mitad de los
recursos acordados en materia de población y salud reproductiva (capítulo 7).
Género y salud (Capítulo 2)
Los servicios de calidad de salud reproductiva posibilitan que las mujeres logren un
equilibrio entre la procreación en condiciones de seguridad y los demás aspectos de
sus vidas. En la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo y en el
examen al cabo de cinco años de la aplicación de su Programa de Acción, efectuado

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por las Naciones Unidas, "CIPD+5", se reconoció la importante relación existente
entre las cuestiones de género y la salud reproductiva. Los programas sensibles a las
cuestiones de género escuchan a las clientas y las involucran en el diseño de
programas y servicios.
Componentes de la salud reproductiva
Se considera que aproximadamente un tercio de los embarazos – unos 80 millones
por año – son o bien no deseados, o bien inoportunos. Se prevé que el número de
usuarios de servicios de planificación de la familia en países en desarrollo – en la
hipótesis de que dichos servicios puedan ofrecerse – ha de aumentar en más del 40%
hacia 2015: 742 millones, en comparación con 525 millones en 2000. Poco más de la
mitad del aumento se deberá a las crecientes cantidades de mujeres en edad de
procrear (15 a 49 años) en esos países, grupo que aumentará en más de un quinto en
los próximos 15 años, para llegar a 1.550 millones. El resto del aumento será
consecuencia de la creciente demanda, a medida que va aumentando la proporción de
personas que utilizan anticonceptivos.
Los programas de planificación de la familia eficaces tienen varias características en
común1:
• Cuentan con un firme apoyo gubernamental;
• Los encargados de prestar servicios están bien capacitados, tienen sensibilidad a las
condiciones culturales, son receptivos a las necesidades de los clientes y tienen
actitud amistosa y compasiva;
• Los servicios son costeables y ofrecen una gama de métodos anticonceptivos;
• Cuentan con asesoramiento que asegura el consentimiento bien fundamentado por
parte de los clientes;
• Garantizan el carácter privado y confidencial de las consultas;
• Los locales son confortables y limpios;
• Los servicios se ofrecen sin tardanza.

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El acceso universal a los servicios de higiene sexual y salud reproductiva es un
objetivo fundamental del Programa de Acción de la CIPD. Después de la CIPD,
muchos países han ampliado los servicios, que ya no se limitan a la planificación de
la familia, para responder a las necesidades más amplias de las mujeres y los
hombres en materia de salud reproductiva.

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Cada minuto, una mujer pierde la vida por causas relacionadas con el embarazo. Es
posible prevenir la mortalidad derivada de la maternidad por los siguientes medios:
• Ayudar a las mujeres a evitar los embarazos no deseados;
• Asegurar que cada parto esté atendido por personal capacitado;
• Ofrecer atención obstétrica de emergencia;
• Proporcionar atención postnatal: un 61% de todas las defunciones de madres
ocurren después del parto;
• Ofrecer eficaz atención después del aborto: 78.000 defunciones de madres se deben
a abortos realizados en malas condiciones, de los cuales un 95% se practican en
países en desarrollo.
Recuadro 2: Sería posible prevenir la mayoría de las defunciones derivadas de la
maternidad
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De los 50 millones de abortos que, según se estima, ocurren cada año, unos 20
millones se realizan en malas condiciones; en consecuencia, 78.000 mujeres pierden
la vida y millones de otras padecen lesiones y enfermedades. Un mayor acceso a la
planificación de la familia prevendría muchos embarazos no deseados y muchos
abortos realizados en malas condiciones. En muchos países de bajos ingresos, la
eficaz atención posterior al aborto reduciría hasta en un quinto la mortalidad derivada
de la maternidad.
Las enfermedades de transmisión sexual afectan a un número de mujeres cinco veces
superior al de hombres. Según se estima, cada año hay 333 millones de nuevos casos,
los cuales causan infecundidad, complicaciones del embarazo, enfermedades del
puerperio y cáncer cervical.
Actualmente, el virus de inmunodeficiencia humana/síndrome de inmunodeficiencia
adquirida (VIH/SIDA) es la principal causa de defunción en África y la cuarta causa
de defunción entre las más comunes a escala mundial. A fines de 1999, 34,3 millones
de hombres, mujeres y niños estaban viviendo con el VIH o el SIDA, 5,4 millones se
habían contagiado ese año y 18,8 millones ya habían muerto a raíz de esa
enfermedad. Más del 95% de todas las personas contagiadas con el VIH viven en el
mundo en desarrollo.
Las mujeres son más vulnerables al contagio que los hombres y se contagian a mayor
velocidad. En África, entre las personas con reacción serológica positiva al VIH, hay
dos millones más de mujeres que de hombres. Durante el examen de la CIPD+5 se

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convino en que las mujeres necesitan información, educación, conocimientos
prácticos, servicios y apoyo social para reducir su vulnerabilidad. Debería haber
mayor acceso a los condones masculinos y femeninos y, de ser posible, a los
medicamentos contra retrovirus. Se necesitan servicios de asesoramiento e
información sobre la sexualidad, los papeles de género, los desequilibrios de poder
entre mujeres y hombres, la violencia por motivos de género y otras cuestiones. Los
servicios de planificación de la familia y de atención de las enfermedades de
transmisión sexual y el VIH/SIDA deberían estar integrados con los servicios de
salud reproductiva.
Las mujeres suelen contagiarse cuando son mucho más jóvenes que los hombres. En
varias poblaciones africanas, las niñas de 15 a 19 años de edad tienen probabilidades
cinco o seis veces superiores que los varones de la misma edad de tener reacción
serológica positiva al VIH. Es evidente que las adolescentes se contagian de varones
de mayor edad. La educación sexual de buena calidad ayuda a los adolescentes a
aplazar las relaciones sexuales y a intensificar las precauciones para reducir el riesgo
de las prácticas sexuales.
En todo el mundo, hay unos 130 millones de niñas y adolescentes que han sido
objeto de mutilación genital femenina. Ese procedimiento es extremadamente
doloroso y puede causar graves infecciones, choques nerviosos y circulatorios e
incluso la muerte. Las sobrevivientes experimentan dolor en las relaciones sexuales y
pueden correr mayores riesgos durante el parto y después de éste. La mutilación
genital femenina puede causar infecciones reiteradas y esterilidad.
Los prejuicios de género pueden suscitar diversas restricciones a los servicios: por
ejemplo, restringir algunos procedimientos para que sólo los practiquen los médicos
o proporcionar clínicas públicas sólo para servicios de salud maternoinfantil, de
modo que los hombres y las mujeres sin hijos o solteros se sientan incómodos
acudiendo a esas clínicas para obtener servicios de salud reproductiva.
Los servicios de salud reproductiva están reconociendo cada vez más que la salud
reproductiva es cuestión de interés tanto para los hombres como para las mujeres,
inclusive el efecto de la salud reproductiva de la mujer sobre el hombre y el apoyo
del hombre a la salud reproductiva de su compañera.
Salud reproductiva de los jóvenes
Los jóvenes y las jóvenes son objeto de diferentes presiones y expectativas sociales,
que pueden operar contra un comportamiento sexual responsable. Al capacitar a los
jóvenes como educadores de otros jóvenes se alientan el intercambio de ideas y el
comportamiento responsable. En algunos casos, simplemente al señalar a la atención
las normas dobles aplicadas a niñas y varones pueden suscitarse mejoras.
Por otra parte, muchas niñas y muchos varones jóvenes se ven obligados a entablar
relaciones sexuales precoces y en condiciones de riesgo, debido al abuso sexual, el
matrimonio en la infancia o la pobreza. Asimismo, los adultos impiden que los
jóvenes actúen responsablemente, al limitar su acceso a la información y los
servicios de salud. Los padres y madres pueden aprender a ser fuentes de
información y asesoramiento para sus hijos. Muchos otros adultos, dentro y fuera de
la familia, también pueden tener un papel en el cambio de las actitudes sociales,
especialmente los líderes políticos y religiosos, que tienen un alto grado de
influencia.
Necesidades de los hombres en materia de salud reproductiva

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Los hombres están sujetos a enfermedades de transmisión sexual y tienen otros
problemas de salud reproductiva, entre ellos impotencia e infecundidad. También los
hombres desean espaciar sus hijos; y en algunos países en desarrollo, entre un cuarto
y dos tercios de los hombres dicen que no quieren tener más hijos, pero ni ellos ni
sus esposas están utilizando anticonceptivos.
Los servicios de salud reproductiva para los hombres se han concentrado en el
tratamiento de las enfermedades de transmisión sexual y la lucha contra éstas. En los
últimos años, ha disminuido la proporción del uso de anticonceptivos por los
hombres. Los hombres solteros aún disponen de escasa información sobre cómo
evitar el embarazo y prevenir el contagio. Los programas de buena calidad pueden
ahondar el interés de los hombres y aumentar el uso de anticonceptivos masculinos.
Migrantes y refugiados
Los migrantes y refugiados tienen necesidades especiales en materia de salud
reproductiva. El FNUAP ha proporcionado oportuna asistencia de emergencia en
varios países en desarrollo.
Alianzas para propiciar la salud reproductiva
Las organizaciones no gubernamentales (ONG) han contribuido a suscitar grandes
cambios en los programas de población y desarrollo y han ayudado a que en esos
programas se haga hincapié en las cuestiones de género. Las organizaciones no
gubernamentales están trabajando para lograr la igualdad de género y realizando
tareas de promoción y formulación de políticas acerca de temas tan delicados como
el embarazo no deseado, las enfermedades de transmisión sexual, el VIH/SIDA y la
salud reproductiva de los adolescentes, entre otros.
La labor de las organizaciones no gubernamentales en lo concerniente a la violencia
contra la mujer es una de las contribuciones más importantes a la eliminación de los
malos tratos por motivos de género. Muchas organizaciones no gubernamentales
nacionales están promoviendo la salud reproductiva y el bienestar de la mujer,
ofreciendo atención de la salud y servicios sociales y participando activamente en las
reformas del sector de salud.
Uno de los aspectos más fuertes de las organizaciones no gubernamentales es su
posibilidad de entablar alianzas y asociaciones entre sí y con los gobiernos. Las redes
internacionales validan y fortalecen los grupos nacionales y aumentan la visibilidad
de las organizaciones no gubernamentales en los debates internacionales.
Las alianzas entre entidades de la sociedad civil y gobiernos pueden ser sumamente
productivas. En Bangladesh, por ejemplo, un 25% de las actividades de salud
reproductiva son realizadas por organizaciones no gubernamentales. Las alianzas
eficaces son especialmente importantes allí donde las inversiones del sector público
son más limitadas.
Violencia contra la mujer (Capítulo 3)
En todo el mundo, las niñas y las mujeres, sean cuales fueren sus niveles de ingreso,
su clase social y su cultura, están sujetas a malos tratos físicos, sexuales y
psicológicos. La violencia contra la mujer abarca la violación, la mutilación genital
femenina, el ataque sexual; el embarazo, la esterilización o el aborto forzados; la
obligación de usar o de no usar anticonceptivos; los delitos "para restaurar la honra";
la trata sexual y la violencia relacionada con la dote.

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En todo el mundo, al menos una de cada tres mujeres ha sido golpeada, obligada bajo
coacción a entablar relaciones sexuales o maltratada de alguna otra manera, con
mucha frecuencia por alguien que ella conoce, inclusive su esposo u otro familiar de
sexo masculino. Una de cada cuatro mujeres ha sido maltratada durante el embarazo.
Cada año, la violación y la violencia doméstica cuestan a las mujeres de todo el
mundo la pérdida del equivalente de millones de años de vida saludable. Casi
siempre, la violencia física va acompañada de malos tratos psicológicos, que pueden
ser igualmente ultrajantes y degradantes.
Muchas culturas permiten, o al menos toleran, un cierto grado de violencia contra la
mujer. Incluso las mujeres mismas suelen considerar que un cierto grado de malos
tratos físicos se justifica en ciertas circunstancias. Cada año, unas 5.000 mujeres y
niñas son asesinadas en las llamadas "muertes para restaurar la honra", muchas de
ellas debidas a "la deshonra" de haber sido violadas.
Entre las consecuencias de la violencia para la salud reproductiva cabe mencionar los
embarazos no deseados, las complicaciones del embarazo, el aborto realizado en
malas condiciones y el contagio con enfermedades de transmisión sexual.
En todo el mundo, según se estima, cada año cuatro millones de mujeres y niñas son
compradas y vendidas, o bien para que contraigan matrimonio, o bien para que se
prostituyan o se transformen en esclavas. Si bien el mayor volumen de la trata
corresponde a Asia, las mujeres de Europa oriental son cada vez más vulnerables.
En 1998, la conferencia constitutiva de la Corte Penal Internacional reconoció la
creciente utilización de la violencia contra la mujer como arma de guerra y agregó a
su definición de crímenes de guerra una disposición sobre justicia de género en que
indicó que la violación, la esclavitud sexual, la prostitución forzada, el embarazo
forzado, la esterilización forzada y otras formas de violencia sexual son graves
transgresiones de los Convenios de Ginebra contra crímenes de guerra
2
.
Los hombres, los derechos reproductivos y la igualdad de género
(Capítulo 4)
Las consideraciones de género atañen tanto a los hombres como a las mujeres; en
consecuencia, comprender las cuestiones de género significa comprender las
oportunidades y limitaciones que afectan tanto a las mujeres como a los hombres.
Las definiciones de los papeles de género suelen estar rígidamente estereotipadas y
cada vez corresponden menos a los cambios externos. Esas expectativas anómalas
son causas profundas de la persistente desigualdad de género.
Cuando los hombres adquieren más conocimientos acerca de cómo pueden contribuir
a asegurar que el embarazo y el parto se realicen sin riesgos, comienzan a interesarse
en la salud reproductiva de las mujeres. Las creencias compartidas acerca del
matrimonio y el comportamiento correcto mejoran la salud reproductiva de ambos
miembros de la pareja.
El costo de la desigualdad (Capítulo 5)
La potenciación del papel de la mujer y la igualdad de ésta son en sí mismos
importantes objetivos de derechos humanos, pero también son parte integrante del
desarrollo. Se trata de algo más que de una cuestión de economía: según afirmó la
Directora Ejecutiva del FNUAP, Dra. Nafis Sadik, "Al disfrutar de mejor salud, más
educación y mayor libertad para planificar el futuro de sus familias, se ampliarán las
opciones económicas de las mujeres y también se liberarán sus mentes y sus
espíritus".

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Gran parte del trabajo de la mujer, remunerado y no remunerado, tiene repercusiones
económicas, aun cuando es raro que se repare en su contribución o que se la
cuantifique plenamente; si se reconociera dicha contribución por lo que es y se la
apoyara de manera consecuente, su valor sería incluso mayor. Por ejemplo, si las
agricultoras de Kenya recibieran el mismo apoyo que los hombres, el rendimiento de
sus cosechas aumentaría en más del 20%; si se aumentaran los salarios de las
mujeres de América Latina hasta los mismos niveles que los de los hombres, el
producto nacional aumentaría en un 5%.
Una de las claves del desarrollo sostenible será reconocer los costos de la
discriminación de género y las ventajas de la igualdad, hacer dichos costos y ventajas
visibles para los encargados de formular políticas y las familias, y convenir en las
acciones a realizar.
Atención de la salud y educación
La ausencia de servicios de salud entraña costos económicos tanto como personales.
Hasta un 30% del crecimiento económico puede atribuirse a mejoras en la salud y la
nutrición. Por otra parte, la esperanza de vida es menor en los países pobres y entre
las poblaciones pobres. Las reducciones de los servicios de salud, como las
impuestas después de la crisis financiera asiática, afectan más agudamente a los
pobres y, en particular, a las mujeres pobres, que son quienes más usan los servicios
públicos. Cuando debido a la reducción de los recursos se impone el pago de
derechos, se prolonga el período de recuperación después de una enfermedad y
disminuye la participación en la fuerza laboral. Las mujeres pobres figuran entre las
más gravemente afectadas.
El limitado acceso a los servicios de salud de que disponen los pobres tiene efectos
relativos mayores sobre las mujeres que sobre los hombres. En particular, las mujeres
pobres tienen mayores probabilidades de perder la vida como resultado del
embarazo. La muerte de una madre es algo más que una tragedia personal: los costos
económicos y sociales abarcan los efectos sobre la salud y la educación de sus hijos y
sobre la capacidad del padre para mantener unida a la familia.
El VIH/SIDA, al igual que la muerte y la discapacidad de la madre, tiene un pesado
costo económico y social, en particular debido a que esas defunciones se concentran
en los años iniciales e intermedios de la adultez, cuando las responsabilidades
respecto de la familia son mayores y el poder adquisitivo es superior. En parte como
resultado de la desigualdad de género, actualmente las mujeres tienen mayores
posibilidades que los hombres de contagiarse con el VIH. Los costos económicos
pueden ascender a una pérdida de 0,5 punto porcentual en el crecimiento anual del
producto interno bruto (PIB), lo cual representa una considerable carga cuando el
crecimiento económico ya es lento.
La violencia por motivos de género también impone costos, desde el costo de atender
a las personas lesionadas hasta el costo de la disolución de la familia; entre los costos
indirectos figuran los de las oportunidades perdidas para las mujeres y sus hijos. La
desigualdad también tiene costos psicológicos, en especial el de la menor autoestima
y la depresión de las mujeres, así como el de la frustración de los hombres cuando
han tenido expectativas poco realistas.
Los estudios demuestran reiteradamente que al educar a las niñas y las mujeres se
elevan todos los índices de desarrollo. Al denegar la educación a las mujeres se ha
frenado el desarrollo social y económico. Según se estima, dos tercios de los 300
millones de niños que carecen de acceso a la educación son niñas y dos tercios de los
880 millones de adultos analfabetos son mujeres.

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Por otra parte, las utilidades económicas de las inversiones en la educación de la
mujer son superiores a las correspondientes a la educación del varón. Las diferencias
en las tasas de fecundidad entre distintas regiones están fuertemente vinculadas con
las diferencias en los niveles de salud y educación de la mujer. Según un reciente
estudio, un tercio del aumento de la esperanza de vida de hombres y mujeres entre
1960 y 1990 obedece a los adelantos en el nivel educacional de la mujer.
Tendencias demográficas
Los programas de planificación de la familia y salud reproductiva en general mejoran
la salud de la mujer; tienden a redundar en menores tasas de fecundidad y de
crecimiento de la población. El envejecimiento de las poblaciones también tendrá
consecuencias sociales y económicas; la ancianidad plantea problemas diferentes
para hombres y mujeres. Los factores de género influyen fuertemente en esas
tendencias y requieren mayor atención por parte de los encargados de formular
políticas.
Entre los beneficios económicos de las menores tasas de fecundidad figura un
"dividendo demográfico" del que se disfrutará una sola vez, cuando aumente el
número de integrantes de la fuerza laboral en relación con la población de
dependientes. Al mejorar la educación de las niñas y satisfacer sus necesidades
especiales de salud se contribuirá a aprovechar al máximo el dividendo demográfico.
Recuadro 3: Más de 6.000 millones
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Medición del prejuicio de género
Para determinar el prejuicio de género, se utilizan varios patrones de medida
compuestos. Las variaciones son considerables y, en muchos países, los indicadores
difieren respecto de las cuestiones que necesitan mayor atención; pero en todos los
casos hay acuerdo, en gran medida, acerca de la situación relativa de países y
localidades.
Medidas para poner fin a la desigualdad de género (Capítulo 6)
La igualdad es un derecho humano
La igualdad de mujeres y hombres ha sido aceptada como un principio fundamental
de derechos humanos desde la aprobación de la Carta de las Naciones Unidas en
1945. Varios tratados internacionales, entre ellos la Convención sobre la eliminación
de todas las formas de discriminación contra la mujer, obligan a los Estados
signatarios a adoptar medidas contra las prácticas de discriminación.
Como expresiones de la conciencia mundial, las decisiones adoptadas por consenso
en conferencias internacionales son poderosos instrumentos de promoción del
derecho a la igualdad. En la CIPD (1994) y en la Cuarta Conferencia Mundial sobre
la Mujer (1995), así como en los respectivos exámenes al cabo de cinco años, se
convino en medidas concretas para lograr la vigencia del derecho a la igualdad.
Recuadro 4: La CIPD+5 y las cuestiones de género
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Medidas adoptadas, medidas necesarias (Capítulo 7)
Los gobiernos deben adoptar las decisiones fundamentales para avanzar en materia
de igualdad de género. Los cambios jurídicos dimanan de decisiones que incumben a
la soberanía; además, en muchos países en desarrollo, las entidades de la sociedad
civil tienen relativamente poca magnitud y carecen de poder. Al mismo tiempo, los
gobiernos son empleadores de gran magnitud y sus normas y prácticas tienen
poderosa influencia sobre el cambio social. Los gobiernos son los principales
proveedores de servicios, entre otros, los de salud y educación, y las políticas
públicas al respecto determinarán cuál ha de ser el ritmo del cambio.
Los parlamentarios constituyen la interfaz entre la población y los gobiernos, aun
cuando va en aumento el papel de las organizaciones no gubernamentales en cuanto a
definir y promover la igualdad y equidad de género. Los parlamentarios suelen ser

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los cauces por conducto de los cuales llegan a los gobiernos las respuestas a las
políticas y las novedades acerca de las cambiantes necesidades y prácticas.
El cambio social no puede lograrse meramente por conducto de la legislación; debe
ser alentado mediante el liderazgo y el ejemplo. También puede ser alentado por
medidas internacionales encaminadas a poner en vigor los acuerdos logrados en
instrumentos jurídicamente vinculantes, entre ellos la Convención sobre la
eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer y el consenso,
moralmente obligatorio, a que se llegó en debates internacionales como el celebrado
en la CIPD. Se han emprendido importantes iniciativas, entre ellas la campaña
mundial para la educación de las niñas, a fin de reanimar el debate y movilizar el
apoyo prometido.
Se exhorta a los países donantes a que apoyen esas prioridades, y ellos han
convenido en hacerlo. Pero en el decenio de 1990, los donantes no han alcanzado ni
siquiera la mitad de las metas convenidas para sus contribuciones en materia de
población y salud reproductiva; al mismo tiempo, la asistencia internacional a la
educación y la potenciación del papel de la mujer es lastimosamente insuficiente. La
escasez de los recursos aportados para ayudar a los países a promover la igualdad de
género vulnera los intereses de las mujeres y los hombres, los de sus países y el
futuro mundial.
Recuadro 5: En "Beijing+5" se reafirma el compromiso en pro de la Plataforma de
Acción aprobada en 1995
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