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PROGRAMA |
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09’30
horas: |
Almudena
Fontecha López Secretaria Ejecutiva Confederal de UGT |
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10´00
horas: |
Elsa
Ramos Jorun Hjerto Beatrice Hertogs Modera: Isabel
Navarro Cendón |
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11´30 horas: Pausa Café |
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| 12´00
horas: Políticas en materia de igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, en las organizaciones sindicales europeas |
Anna Salfi Danielle Lepape Leontine
Bijleved Modera: Esther
Gutiérrez Rodríguez |
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14´00 horas: Almuerzo rápido |
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| 15´00
horas: Políticas sindicales en materia de igualdad, en las organizaciones nacionales |
Josep María Alvarez Suarez Araceli Cabañas Aguilar Agustín Benavent González Modera: Ester
Malpartida Llorente |
| 17´00
horas: Conclusiones |
Soledad
Ruiz Seguín Responsable del Departamento Confederal de la Mujer de UGT |
| 18´00
horas: Clausura |
Cándido
Méndez Rodríguez Secretario General de UGT |
MUJER Y
SINDICATO
Hacia
una participación más equitativa
(Documento
Base de Debate)
Madrid,
14 de noviembre de 2001
I)
El 37 Congreso Confederal
Desde
hace unas décadas asistimos a un cambio social importante que ha estado
marcado y lo estará aún más en un futuro, por la participación de las
mujeres en todos los ámbitos de la vida económica, social y política.
Se
han producido modificaciones a todos los niveles de participación social, en
el ámbito educativo, tanto en el acceso por parte de una amplia mayoría de
mujeres a todo tipo de formación, como en la diversificación de la opción
de las carreras universitarias que habían estado delimitadas para cada uno de
los sexos. También ha cambiado el modelo de familia, hoy ya no podemos hablar
de la familia como un compartimento único, sino de múltiples opciones de
convivencia.
Todas
estas trasformaciones en el ámbito social, conllevan modificaciones en el ámbito
laboral y a la inversa. Cada día surgen nuevas demandas concretas, nuevas
reivindicaciones en el seno de las empresas, para facilitar la adaptación de
las condiciones laborales al nuevo modelo de organización
social.
El
acceso de las mujeres al trabajo ha sido sin duda el acontecimiento más
relevante que se ha producido en el mundo laboral. Pero esta incorporación
conlleva una serie de dificultades importantes, precariedad laboral,
contrataciones temporales, trabajo a tiempo parcial, segregación laboral y
como consecuencia discriminaciones salariales. O sencillamente se produce una
amplia participación de mujeres en el sector informal.
Hay
que añadir las dificultades que hombres y mujeres encuentran para hacer
compatibles su vida familiar y laboral. Los hombres porque aún no han asumido
el nuevo papel que deben desempeñar y las mujeres porque no encuentran
facilidades en ninguno de los dos ámbitos ni en el
laboral, ni en el familiar.
Todas
estas dificultades que encuentran las mujeres para acceder a un puesto de
trabajo van a incidir de manera directa a la hora de participar en el
sindicato y a ello hay que añadir, las diferencias que se producen cuando se
accede a sectores muy feminizados con escasa presencia sindical.
Por
otro lado las trabajadoras deben sentirse parte activa de la acción sindical
transformando sus condiciones laborales. La acción sindical que hemos venido desempeñando en
sectores donde trabajaban un importante número de hombres debe ser adaptada a
la nueva realidad en la que cada
día más mujeres se incorporan a estos puestos de trabajo. Responder a sus
demandas concretas, a sus reivindicaciones será una manera de fortalecer el
sindicato y por tanto, podremos tener una mayor fuerza negociadora que
revertirá sin duda en la mejora de las condiciones de vida de trabajadores y
trabajadoras.
En
este sentido, UGT debe contar con el protagonismo de aquellos a los que dirige
la acción sindical. Y por eso nos planteamos si el aumento de las mujeres
trabajadoras se correspondía con el número de mujeres afiliadas y si estas
se corresponden con las mujeres que ocupan puestos de responsabilidad.
Nuestra
organización es responsable de la defensa de la igualdad de todos los
trabajadores y trabajadoras en cuanto a las relaciones laborales, pero lo es
también de elaborar y defender propuestas que garanticen la igualdad de
hombres y mujeres en todos los niveles de participación social.
Con
anterioridad al 37 Congreso Confederal realizamos una valoración sobre la
posición que ocupaban las mujeres en nuestra organización y las medidas
tomadas para mejorarla; el resultado de la valoración no fue positivo y así
lo expusimos ante el propio Congreso.
En
este sentido el Congreso resolvió que nuestro sindicato ha defendido siempre
la igualdad real entre hombres y mujeres. El modelo sindical que propugnamos
no es posible si las mujeres, es decir, la mitad de la sociedad aún tiene
dificultades para el acceso y la permanencia en el empleo, y además por el
papel que les ha sido asignado tradicionalmente y que aún se mantiene, de
responsabilizarlas de manera única y exclusiva del cuidado de la familia. Por
ello, UGT propugna una decidida política de democracia de género, comenzándola
en el seno y en la actuación del propio Sindicato.
La
situación actual de las mujeres en relación al empleo, refleja que el acceso
de las mujeres al mercado de trabajo es un hecho imparable. Identificar y
tener en cuenta esta nueva situación nos acercará a la igualdad social y al
modelo de sociedad que defendemos.
El
compromiso adquirido por UGT a favor de la integración plena de las mujeres
en la toma de decisiones sindicales es firme y decidido. Las resoluciones del
Congreso en primer lugar y en segundo, del Comité Confederal con la aprobación
del Plan de Acción Sindical para la Igualdad de Oportunidades entre Hombres y
Mujeres, han caminado en este sentido.
En
las resoluciones del 37 Congreso Confederal, se recogía la necesidad de que "...
UGT preste atención a la mayor incorporación de las mujeres al trabajo,
incorporando más mujeres al sindicato y facilitando su acceso a los órganos
de dirección, decisión y control. Además de potenciar su presencia en los
órganos de representación laboral, ofreciéndoles mayor participación en la
negociación colectiva y en las tareas de representación institucional.
Para ello el conjunto de la Confederación establecerá en sus Congresos un sistema de participación en los Congresos, Comités y Comisiones Ejecutivas, a todos los niveles, que garantice una presencia de hombres y mujeres en dichos órganos más en consonancia con la realidad afiliativa de UGT. Esta presencia tenderá a ser proporcional al número de afiliados y afiliadas en cada Federación y Unión. A modo orientativo no será superior al ochenta por ciento ni inferior al veinte por ciento."
Nuestro
Sindicato ha demostrado una voluntad manifiesta de transformarse y también de
transformar nuestras estrategias para hacerlas más igualitarias. El camino se
ha iniciado, tender ahora hacia una sociedad equilibrada, nos obliga a
defender y trasladar a la negociación colectiva en particular y a toda
nuestra sindical en general, políticas comprometidas que vayan dirigidas
también a todas esas mujeres que se han incorporado o se van a incorporar en
un futuro al ámbito laboral.
Sin
duda se han obtenido avances y siempre es necesario destacarlos para no caer
en un pesimismo que contribuya a paralizar los progresos. Estos avances se
perciben en varios ámbitos y con distintas intensidades. Si consideramos los
avances alcanzados en la condición social de las mujeres desde un punto de
vista global, observamos que ni la generalización de la formación académica
de nivel superior ni el incremento acelerado de su profesionalización, han
conseguido hacerlas más visibles en posiciones de dirección-decisión, ni en
el ámbito político ni en el económico.
Sin
embargo, la sensación general en nuestra sociedad es de progreso aunque los
progresos nunca pueden darse por definitivamente conseguidos si no se realiza
una evaluación previa y rigurosa sobre las políticas adoptadas. Esta sensación
complaciente viene determinada por las políticas europeas y nacionales que
son muy publicitadas y que manifiestan una voluntad sobresaliente,
fundamentalmente dirigidas a sensibilizar y a generar debate, a pesar de que
en la mayoría de los casos, no se conviertan en actuaciones concretas para
lograr cambios de fondo.
En
este sentido, siguen persistiendo en la vida cotidiana las mismas dificultades
que se tenían hace algunos años. Los prejuicios van desapareciendo y los
estereotipos van cambiando, pero sigue existiendo una fuerte discriminación
en el mercado laboral, sin que hayamos logrado una definitiva interacción
entre la participación de la mujer en la sociedad y en el trabajo, y el
sindicato; esta interacción no se ha traducido en un diálogo donde se
atienda las aspiraciones de las mujeres.
Por
esta razón hay que hacer un esfuerzo mayor en el ámbito sindical. Seguimos
sin apreciar las dificultades a las que deben enfrentarse las mujeres en el
acceso y en el desempeño de puestos de responsabilidad. El documento que
aportamos tiene un valor muy importante: dará una perspectiva más completa y
real de la composición de nuestra organización. Cada sindicalista, hombre o
mujer, y cada organismo podrá sacar su propia lectura de los datos, pero
necesariamente esta lectura y posterior evaluación, debe converger en una
estrategia sindical más igualitaria para las personas que forman parte de
nuestro sindicato y para aquellas que puedan incorporarse en el futuro.
II)
Acontecimientos relevantes en este período
1.
Igualdad de oportunidades
entre mujeres y hombres en la Unión Europea
Al
hablar de igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres en la Unión
Europea hablamos de transversalidad. Y llamamos transversalidad al compromiso
de la Unión Europea de incorporar el objetivo de igualdad entre mujeres y
hombres, en la vida económica, social y cívica, igualdad en la toma de
decisiones, corrección de roles tradicionales y estereotipos.
En
este sentido, se deben destinar a esta tarea los recursos humanos necesarios y
suficientes para lograr una adecuada formación del personal para la
concienciación y logro de ese objetivo.
Pese
al sólido cimiento del Tratado de Ámsterdam y los esfuerzos que se están
desarrollando en los últimos años, las desigualdades siguen siendo muy
importantes, si bien van disminuyendo.
La tendencia hacia la igualdad va por buen camino, pero los progresos son lentos. El firme compromiso político de todos los agentes, incluidas las organizaciones sindicales, (tal como recogía la Conferencia de París de 1999), debe ir acompañado de un conjunto coordinado de políticas y medidas prácticas: estadísticas fiables, seguimiento periódico, estructuras adaptadas a las culturas nacionales de los Estados miembros, legislaciones eficaces, y financiación adecuada.
Pese
a ello, en la Unión Europea, el índice de empleo femenino sigue estando por
debajo del masculino. Persiste la segregación del mercado de trabajo, las
mujeres se concentran en determinadas ocupaciones e industrias y los hombres
en otras. Las mujeres que ejercen una actividad profesional remunerada ganan
menos que los hombres.
En marzo de 2000, el Consejo Europeo de Lisboa fijó nuevos y ambiciosos objetivos para el empleo femenino: en primer lugar, que la tasa de empleo femenino europeo pase del 53% actual al 60 % en el 2010. Si se alcanzara este objetivo en la UE se llegaría a un nivel nunca visto.
Cada
año se establecen unas directrices para el empleo a escala de UE. Después
los Estados miembros elaboran sus
planes nacionales de acción (PAN) para aplicarlas. En ellos se debe tener en
cuenta el objetivo de incrementar el empleo femenino y aumentar los servicios
de atención a los niños y a personas dependientes.
Para
poder evaluar el cumplimiento de estos objetivos, los Estados miembros se han
comprometido a idear procedimientos más eficaces para proceder a una evaluación
de las medidas y poder medir el progreso hacia la igualdad de mujeres y
hombres en el empleo.
El
compromiso en el seno de la Unión Europea de avanzar en materia de igualdad
legal entre mujeres y hombres, si bien no adquiere el rango deseado de
reglamentos comunitarios, sigue produciendo avances.
Con el fin de actualizar la directiva y corregir algunas disposiciones de acuerdo con la jurisprudencia europea, el 7 de junio de 2000, la Comisión Europea presentó una propuesta de modificación de la Directiva de 1976 sobre "la igualdad de trato entre mujeres y hombres en lo que se refiere al acceso al empleo, a la formación y a la promoción profesional y a las condiciones de trabajo".
Aunque
no se consiguió que tuviera carácter vinculante, la Carta de los Derechos
Fundamentales de la Unión Europea, adoptada en Niza el 7 de diciembre de
2000, ha incluido algunas disposiciones específicas con objeto de fomentar la
igualdad entre mujeres y hombres.
El año pasado se cumplieron cinco años de la cuarta Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la mujer. Desde la UE se contrarrestaron los intentos de quitarle fuerza a los acuerdos de Pekín. De hecho se llegó a avances significativos, pero no se consiguió vencer la resistencia, a una declaración sobre la necesidad de luchar contra la discriminación por todo tipo de motivos, incluida la orientación sexual. Igualmente quedaron bloqueados los intentos de avanzar hacia la erradicación de la pobreza, la violencia basada en el género, los derechos sexuales de las mujeres, la trata de mujeres y el derecho al aborto.
En
esta dirección las Confederaciones Sindicales de ámbito internacional y
europeo han realizado un esfuerzo para adaptar sus Planes de Igualdad a las
recomendaciones de las políticas internacionales.
El
Plan de Acción de la CIOSL aprobado en 1999 y revisado en 2000, recoge entre
los objetivos que deben cumplir todas las organizaciones: Aumentar la afiliación
femenina, lograr la igualdad en el lugar de trabajo y mayor presencia de
mujeres en todas las estructuras sindicales.
La CES, en consonancia con las políticas europeas y teniendo como referencia el Tratado de Ámsterdam, aprobó en 1999 el Plan de Acción para la Igualdad que debería ser puesto en marcha en todas las organizaciones afiliadas. Este plan contiene como prioridades a desarrollar hasta 2003, asegurar la representación de mujeres en los órganos de negociación colectiva y de toma de decisiones, integrar la igualdad entre mujeres y hombres en todas las políticas sindicales y aspirar a la igualdad salarial.
Un
requisito recogido en ambos planes es la presentación periódica de informes
a los Comités Ejecutivos de las dos Confederaciones, con el fin de poder
realizar una evaluación fiable de su cumplimiento.
La
primera evaluación de la CES, ya ha sido realizada en octubre de 2001. Los
datos que arroja esta evaluación ponen de manifiesto que los progresos siguen
siendo demasiado lentos e incosistentes. Es necesario un seguimiento constante
y una evaluación, para evitar consecuencias no deseadas como un efecto rebote
o la inercia.
Igualmente se hace una llamada de atención sobre la transversalidad (mainstreaming) en la negociación colectiva, recordando que no sólo implica las cuestiones específicas de las mujeres, si no que también implica la observación y modificación de cuestiones que afectan tanto a trabajadores como trabajadoras, pero repercuten en cada uno de manera desigual.
2.
Igualdad de oportunidades
entre mujeres y hombres en España
El
crecimiento económico de los últimos años no se ha traducido en avances en
el terreno del empleo de las mujeres. Las estadísticas más recientes siguen
poniendo de manifiesto que la situación de desigualdad de las mujeres en el
mercado de trabajo no ha variado sustancialmente en los últimos tiempos.
La
tasa de empleo de las mujeres españolas sigue siendo la más débil de
Europa. Esta situación coloca a España en una situación muy complicada, por
no decir de consecución imposible, para alcanzar los objetivos fijados en el
Consejo de Lisboa en esta materia, que en el caso de España consiste en la
creación (hasta el año 2010) de 3.010.000 empleos dirigidos a mujeres, a las
que nuestra organización debe dar respuestas y espacio.
La
situación respecto al alto desempleo femenino y la baja tasa de actividad de
las mujeres en España se mantiene consolidada en el mercado de trabajo, entre
otras cosas, por falta de políticas activas de empleo dirigidas a corregir
estas tendencias.
El
número de mujeres en España con un trabajo de calidad es aún muy bajo,
entre la población asalariada a cuarto trimestre de 2000, sólo el 37,84% del
total de empleo indefinido corresponde a mujeres, del cuál sólo el 35,15% es
a tiempo completo.
La mayoría de las mujeres acceden a trabajos con contratos temporales, con jornadas a tiempo parcial, con escasa retribuciones en comparación con los hombres. En relación al total de la población asalariada, (hombres y mujeres), el 41,25% son mujeres con contrato temporal a tiempo parcial.
Las dificultades para conciliar la vida familiar y laboral, siguen existiendo a pesar de que en este período ha sido aprobada la Ley de Conciliación de la vida familiar y laboral. Las responsabilidades familiares son patrimonio de las mujeres, y sólo de forma esporádica de los hombres y los recursos para el cuidado de hijos y otros familiares dependientes, insuficientes.
A
todo ello se añade el trabajo realizado en la economía sumergida. Desglosado
por sectores, la mayor proporción del empleo irregular se localiza en el
servicio doméstico (60%), sector prácticamente feminizado en su totalidad,
seguido de la confección, el calzado, textil, cuero y agricultura, todos
ellos sectores en los que la presencia de la mujer es muy importante.
Los
sucesivos planes de empleo puestos en marcha por el Gobierno español, y cuyas
directrices han sido marcadas por la Unión Europea, han resultado vacíos de
contenido, ineficaces, y faltos de recursos presupuestarios. Es necesario un
mayor esfuerzo por parte del Gobierno español en la integración de la
igualdad entre mujeres y hombres.
Y
a ello hay que añadirle, que el Gobierno ha impuesto por Ley, una reforma
laboral que condena a las mujeres a la temporalidad y a una mayor precariedad
en el empleo, ya que de forma directa o indirecta se ven afectadas por los
aspectos negativos que la nueva regulación contiene en materia de contratación.
Con
la reforma se pretende un aumento en la cantidad de empleo que irá en
detrimento de la calidad, y afectará sin
duda a un importante número de mujeres.
Por
otro lado, nos hemos topado con la negativa de los empresarios a abrir una
mesa de negociación específica, dentro del marco del Diálogo Social, en
materia de igualdad de oportunidades, donde consideramos necesario llegar a
acuerdos en diferentes materias
desde el papel de la negociación colectiva y desde el ámbito de la regulación
legal.
Esta postura por parte de los empresarios, contribuye a que sigan persistiendo las mismas dificultades que teníamos hace cuatro años y provoca una fuerte discriminación en el mercado laboral. Tampoco contribuye a mejorar los contenidos de algunos convenios colectivos, las prácticas empresariales que defienden situaciones desfasadas en relación con la normativa legal.
El
panorama de las políticas nacionales, requiere una respuesta contundente por
parte de las organizaciones sindicales.
3.
La respuesta de la Unión
General de Trabajadores
Durante
este período, UGT ha dirigido sus esfuerzos a la puesta en marcha de las políticas
determinadas en nuestro último Congreso Confederal, en el Plan de Acción
para la Igualdad de la Confederación Europea de Sindicatos (CES) y en el Plan
de Igualdad de la Confederación de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL).
En
este sentido, como objetivo primordial, desde UGT se ha hecho una apuesta
firme por la sindicalización de las políticas de igualdad entre mujeres y
hombres. Hasta hace unos años las políticas de igualdad discurrían de forma
paralela al resto de las políticas del sindicato. Desde el último Congreso
Confederal se constata un avance, que a pesar de no ser tan significativo como
hubiéramos deseado, ha abierto la vía de integración de la perspectiva de género,
en el conjunto de las reivindicaciones sindicales.
Por
primera vez, un Plan de Acción para la Igualdad fue aprobado en junio de
2000, en un Comité Confederal. Los objetivos de este Plan están encaminados
a aumentar la afiliación y representación de mujeres, a dotar las políticas
en materia de igualdad de recursos humanos y materiales suficientes y también
recogía como estrategia sindical prioritaria hacia la igualdad, la negociación
colectiva.
Teniendo en cuenta que los convenios colectivos son el instrumento más eficaz de que disponemos en las organizaciones sindicales para mejorar las condiciones de trabajo, desde UGT insistimos en la necesidad de revisar los convenios colectivos. Nuestra pretensión debe ir dirigida no sólo a corregir las discriminaciones existentes, sino también a introducir cláusulas que colaboren a progresar en la igualdad de género.
Como
objetivos prioritarios de cara a la negociación colectiva, hemos avanzado en
la detección de discriminaciones en tres áreas fundamentales: acceso al
empleo, conciliación y retribuciones. En consonancia con las políticas a
nivel europeo y nacional que corresponden a las necesidades más inmediatas de
las mujeres.
Este
impulso que reciben las políticas dirigidas a la creación de empleo, a
mejorar la conciliación y a revisar las retribuciones salariales en función
del género, tanto a nivel institucional como sindical, en el contexto
europeo y nacional, facilitan la difusión de la información y surgen
nuevas demandas por parte mayoritariamente de las trabajadoras, pero también
de los trabajadores.
Al
abordar el análisis de la igualdad de remuneración entre hombres y mujeres
en nuestro país se ha puesto de manifiesto una fuerte discriminación. Sin
duda, corregir estas desigualdades en el futuro, requerirá un enorme esfuerzo
por parte de nuestra organización, para analizar las causas que provocan
estas diferencias y poner en marcha los métodos viables para resolverlas.
Los
servicios jurídicos de nuestro Sindicato ya han iniciado la resolución de
demandas concretas que surgen de un mayor conocimiento e información sobre la
igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres. Este nuevo compromiso de
nuestra organización responde a la necesidad de asesorar y resolver
cuestiones o interpretaciones de la legislación, relacionadas con la
discriminación en función del género y la igualdad de oportunidades entre
mujeres y hombres en el empleo.
Para mejorar la respuesta a las nuevas demandas que van surgiendo, en la medida que aumenta la incorporación de las mujeres al trabajo, ha sido y seguirá siendo un elemento fundamental, la formación, en un doble sentido, formación para las trabajadoras de cara a facilitar su inserción laboral, y formación dirigida a actuales y futuros participantes en las mesas de negociación.
Sin
embargo, la participación en la formación, de los implicados directos en la
negociación de convenios sigue siendo insuficiente, e impide un mayor avance
en la eliminación de condiciones de trabajo discriminatorias para las
mujeres.
Una
mayor participación de mujeres en las mesas de negociación colectiva supondría
un avance en un doble sentido. Tanto en una mayor presencia de mujeres en
puestos visibles, como el impulso que podría suponer para los contenidos de
los convenios colectivos en materia de igualdad.
Y
también la presencia de mujeres en los puestos de decisión de las
organizaciones sindicales, puede ser un aliciente para animar a participar a
otras mujeres en el sindicato.
Es
imprescindible favorecer la representación de todos los trabajadores y
trabajadoras. La participación de las mujeres en todos los ámbitos de vida
política y social se va a producir sin lugar a dudas, es responsabilidad de
nuestra organización que ese proceso sea más rápido.
UGT así lo entendió en su anterior congreso confederal y para hacer realidad su compromiso con la igualdad de oportunidades tomó la importantísima iniciativa de contar con una mayor presencia de mujeres en todas las estructuras del sindicato.
Si hacemos una valoración global de la cuota de participación aprobada en las Resoluciones Congresuales, debe ser considerada como un avance cuantitativo. La inmensa mayoría de los procesos congresuales de Uniones y Federaciones celebrados a partir del 37 Congreso Confederal, tuvieron en cuenta las resoluciones aprobadas y concluyeron con una mayor presencia de mujeres en las Comisiones Ejecutivas.
Pero
donde no se ha producido el cumplimiento de las resoluciones congresuales ha
sido en la presencia de mujeres en los Comités y Congresos, donde han
prevalecido otros criterios, por encima de una
representación de los sexos acorde con el porcentaje de afiliación.
Pero nuestro sistema organizativo también ha de ser flexible y capaz de integrar los problemas de otros colectivos que no siempre encuentran vías de expresión de sus reivindicaciones.
Los colectivos más desfavorecidos y menos sindicalizados, han merecido una gran parte de nuestra atención durante estos años e igualmente deberán estar presentes en todas las políticas futuras del sindicato. Las mujeres desempleadas, las mujeres inmigrantes, las mujeres discapacitadas y las mujeres mayores han sido los colectivos a los que hemos dirigido una especial atención.
Para dar una mayor difusión a nuestras políticas y para conocer las posiciones de otras organizaciones sindicales y no gubernamentales ha sido fundamental la participación en foros de discusión en el ámbito nacional y europeo.
III)
Estrategias igualitarias a corto plazo
El
ritmo de las transformaciones sociales, en particular, el envejecimiento de la
población, los cambios del tamaño de los hogares y de las estructuras
familiares y, sobre todo, la evolución del papel de la mujer en la vida económica
y social, va a establecer un diseño determinado de la política social y económica
de la Unión Europea y en consecuencia, de estas políticas en España.
De
cumplirse los ambiciosos objetivos marcados en el Consejo Europeo de Lisboa,
aproximadamente 1.500.000 mujeres accederán al mercado de trabajo en los próximos
cuatro años en España.
La
imagen del mercado de trabajo en los próximos años tendrá una amplia
presencia de mujeres, incluso si no se hubiera producido el impulso de la
Estrategia Europea de Empleo en la consecución de este objetivo. La igualdad
de oportunidades para hombres y mujeres en materia de empleo no es sólo ya
una exigencia de justicia social, sin lugar a dudas, será una exigencia económica.
El
conjunto de medidas que adopte nuestra Organización debe jugar un papel de
transición y transformación, con la confianza de que se tengan en cuenta las
reivindicaciones de las trabajadoras en las actividades sindicales y
en general, en la vida social, económica y política.
El
elemento clave de nuestra acción sindical debe ser, de manera inexcusable, la
transversalidad, entendida como el compromiso político, firme y decidido, de
incorporar el objetivo de la igualdad en todas nuestras políticas y
actividades. Esto implica en primer lugar, evaluar el impacto de género de
nuestras propuestas y en segundo lugar, una participación más equilibrada y
proporcionada al peso de las mujeres en la afiliación en todas las
actividades de la Organización. La infra-representación de las mujeres en
Congresos, Comités, Consejos, Jornadas o cursos de formación, entre otros,
ya no acepta subterfugios.
La
voluntad política y el compromiso constante en garantizar la aplicación
adecuada de medidas igualitarias proporciona los resultados esperados, como se
ha constatado en otros países y organizaciones sindicales
Las
prioridades del Consejo y la Comisión europea, para los próximos años, están
encaminadas a la creación de empleo de calidad dirigido a mujeres, a la
puesta en marcha de medidas que faciliten la conciliación de la vida familiar
y laboral y a eliminar las discriminaciones que se producen en las
retribuciones salariales.
Todas las políticas sindicales a
todos los niveles, deben integrar estas prioridades entre sus
reivindicaciones:
La igualdad en el empleo: las
medidas a facilitar el acceso a un empleo de calidad, deben centrarse también
en las mujeres que desean trabajar y que no están inscritas como demandantes
de empleo. Se debe potenciar la adaptación de horarios de trabajo y de forma
general, la organización del trabajo, como elementos de gran importancia para
las mujeres trabajadoras. Es preciso aumentar el empleo femenino en las
industrias de la información y las telecomunicaciones. Trabajar por la
eliminación de la segregación del mercado de trabajo. Favorecer el acceso a
la formación. Eliminar la discriminación salarial existente. Mejorar la
protección social de las mujeres. Ofrecer
respuestas a la conciliación del trabajo y la vida familiar con
sistemas flexibles de trabajo, facilitar el acceso a los permisos parentales,
creación y modificación de horarios de los servicios de cuidados de niños y
personas dependientes, etc.
Una
evaluación sistemática y periódica de las mujeres que acceden al mercado
laboral es absolutamente necesaria. En
esta evaluación hay que añadir una dimensión cualitativa a la recogida de
datos estadísticos, es decir distinguir entre trabajadoras con contrato
indefinido, trabajadoras temporales, a tiempo parcial, etc. Disponer de datos
revisados y actualizados nos permitirá saber hacia quienes debemos dirigir
nuestra acción sindical, de cara a conseguir el objetivo de incrementar la
afiliación femenina.
Avanzar en este sentido requiere
conocer el punto de partida; esto es, disponer también de estadísticas
fiables de la afiliación femenina en cada sector, federación y territorio.
Como
eje central de nuestro trabajo, la Negociación Colectiva debe erigirse en el
elemento dinamizador para la eliminación de las discriminaciones en las
empresas. Para avanzar hacia este objetivo, es fundamental la formación de
negociadores/ as en esta materia para captar la necesidad de integrar la
dimensión de género en todo el proceso de negociación colectiva. Al mismo
tiempo, es indispensable la presencia de un mayor número de mujeres en los
procesos de negociación de convenios colectivos, desde la elaboración de las
Plataformas hasta la negociación misma del convenio.
Revisar los convenios colectivos y elaborar propuestas que mejoren o al menos que se adapten a la legislación vigente, será sin duda una manera de incitar a la participación de mujeres en tareas sindicales. Tener en cuenta las prioridades de la política europea y nacional facilitarán nuestras negociaciones para avanzar en materia de igualdad.
Por
otro lado, no debemos olvidar favorecer y atender las reivindicaciones de
colectivos que requieren una acción sindical distinta: las mujeres rurales y
el papel que desempeñan en la diversificación de la economía y desarrollo
rural; las mujeres inmigrantes y sus problemas de integración más allá de
los derivados de su situación administrativa; las mujeres discapacitadas y su
doble discriminación, los derivados de la discriminación del mercado laboral
actual y los propios de la adaptación del puesto de trabajo o comunicación
debido al desconocimiento de la lengua de signos; las mujeres mayores y los
problemas derivados de su exigua protección social; las mujeres que deciden
acceder al trabajo por cuenta propia… y otros tantos colectivos de mujeres
necesitadas de la atención de nuestro Sindicato.
El acceso de las mujeres al trabajo pone de manifiesto la importante labor que venían desempeñando con la responsabilidad en exclusiva de los cuidados familiares. Este hecho pone de manifiesto la necesidad de que nuestra acción política trascienda el ámbito estrictamente laboral para influir en las decisiones que son importantes para las condiciones de vida de los trabajadores y trabajadoras. La demanda a las Administraciones Autonómicas y Locales, de recursos suficientes para la atención de niños y otras personas dependientes, facilitará la conciliación de la vida familiar y laboral.
Para
trabajar por todos estos cambios profundos que necesita nuestra sociedad y
poder hacer efectiva la calidad de vida de trabajadores y trabajadoras, es
indispensable un compromiso firme y decidido por parte de las Federaciones y
Uniones que deben contar con estructuras consolidadas de equipos cualificados
en materia de igualdad de oportunidades.
Si
bien se ha producido un avance significativo, en los próximos cuatro años es
indispensable seguir teniendo en cuenta durante la elaboración, la discusión
y la aplicación de todas las políticas sindicales, el impacto de las medidas
propuestas sobre la situación de las mujeres.
Por
último, la participación equilibrada de las mujeres y los hombres en la toma
de decisiones constituye una de las cinco grandes prioridades definidas por la
UE en su Estrategia Marco 2001-2005, donde aboga por que hombres y mujeres,
tienen que estar representados en los órganos de ejercicio de poder. Los
Estados miembros, la Comisión y el Parlamento Europeo han tomado múltiples
medidas para garantizar este asunto. El objetivo va por buen camino, aunque
los progresos son aún muy lentos.
De forma análoga las políticas socioeconómicas marcadas por la UE tiene una incidencia directa e inmediata sobre las políticas nacionales y como consecuencia en las políticas elaboradas por nuestra Organización.
La
decisión del 37 Congreso Confederal de propugnar una verdadera democracia de
género y apostar por una medida de acción positiva que incluía una cuota de
participación, supuso un cambio importante respecto a las políticas llevadas
a cabo hasta entonces en esta materia. Se pasó de las palabras a los hechos.
El resultado de esta medida debe ser evaluado y analizado de cara al próximo Congreso Confederal. Los datos aportados deben facilitarnos un conocimiento más detallado de la composición de nuestra propia Organización y debe servir de reflexión para todos los responsables políticos.
En cualquier caso, consideramos que, ni la sociedad ni las trabajadoras, entenderían que UGT diera marcha atrás en el proceso de integración de las mujeres en la toma de decisiones del Sindicato y en general, en la integración de la perspectiva de genero en todas sus políticas.
Madrid, 14 de noviembre de 2001