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Estrategias de intervención: promoción de la igualdad entre mujeres y hombres
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3. Promoción de la igualdad entre mujeres y hombres
3.1. Equidad desde la perspectiva de género y cooperación al desarrollo
La consideración de los problemas específicos de género en los procesos de desarrollo es un aspecto relativa-
mente reciente en el ámbito de la ayuda internacional. De hecho, no es hasta comienzos de los años setenta cuan-
do este tema empieza a plantearse de una forma sistemática, tanto en el debate teórico como en el diseño de estra-
tegias de acción. Un importante papel en el despertar de este tema lo tuvo el influyente estudio de Boserup (1970),
en el que se expresa la sistemática marginación de la mujer en los ámbitos económico, social y político de los paí-
ses en desarrollo
1
. Desde entonces, este ámbito de trabajo ha concitado notable atención, siendo una de las más
activas áreas de especialización en los estudios sobre la ayuda; y uno de los campos de acción política más consi-
derado por agencias nacionales y organismos multilaterales. Al calor de estas aportaciones, el enfoque sobre los temas
de género sufrió importantes modificaciones a lo largo de los siete últimos lustros
2
.
Antes de la década de los setenta, las acciones de ayuda en temas relacionados con la mujer se contemplaban
desde una perspectiva dominantemente adaptativa, sin cuestionarse el papel de la géneros en el sistema social. De
este modo, se desplegaron acciones en los ámbitos de capacitación, vinculados a las tareas —productivas y domés-
ticas — que a la mujer habitualmente se le adjudican en el seno de la familia: programas de salud materno-infan-
til, de trabajo familiar o de ayuda alimentaria, constituyen ejemplos de este proceder. Se trataba de mejorar la situa-
ción de las mujeres, pero sin alterar su papel en el seno de la familia y de las sociedades en desarrollo.
A partir de mediados de los setenta, tras la declaración por parte de Naciones Unidas de la Década de la Mujer (1976-
85) se plantea un nuevo enfoque del tema, orientado a conseguir la más plena incorporación de la mujer en el proceso
de desarrollo, combatiendo las formas de discriminación del patriarcado vigente. Se trata del enfoque Mujer y Desarrollo
—Women in Development (WED)—, que trata de combatir la exclusión de la mujer en los procesos de cambio social
propios del desarrollo. En el fondo, se considera que no cabe asentar un proceso de desarrollo sobre la base de la exclu-
sión —o de la marginación— de la mitad de la población afectada, ya esté basada dicha discriminación en la costum-
bre, en el poder económico o en la ley. En consecuencia, se proponen acciones contra la desigualdad en este ámbito; y
se fomentan prácticas integradoras para rentabilizar, para el desarrollo, el poderoso potencial que suponen las mujeres.
Este enfoque fue progresivamente integrado en las prácticas de las Agencias y de los Organismos Internacionales.
No obstante, y pese al avance que supuso respecto a la situación previa, a comienzos de los años ochenta, comen-
zó a ser cuestionado en sus fundamentos. Básicamente por dos razones:
• En primer lugar, por su tendencia a generar programas dirigidos de forma especializada a las mujeres, tra-
tándolas como una población—objetivo específica, a través de acciones singulares y acotadas. De este modo,
se dificultaba una consideración de conjunto del papel asignado a los hombres y mujeres, que necesariamente
debe implicar a ambos en la acción transformadora.
• En segundo lugar, por su percepción reduccionista del proceso de «integración» social de la mujer. En esen-
cia, muchas de las acciones parecían identificar tal proceso con la mera incorporación de las mujeres a las
tareas productivas, como si el resto de las manifestaciones de la desigualdad se resolviesen —o disolviesen—
con esa mera inclusión laboral. Y, de hecho, tal integración se promovía sin cuestionamiento alguno de la
división de género dominante y sus implicaciones para el modelo de desarrollo imperante.
Como reacción a estas insuficiencias, nace el enfoque Género en el Desarrollo (GED), cuyo fundamento des-
cansa en la necesidad de que el propio desarrollo se defina con la participación activa de la mujer. Más que inte-
1
Boserup (1970): Women´s role in economic development, St. Martin Press, New York.
2
Una síntesis divulgativa de este proceso puede encontrarse en Hegoa (1998), Vidas paralelas de las mujeres, Hegoa, Bilbao.
Estrategias de intervención: promoción de la igualdad entre
mujeres y hombres

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grar a las mujeres en un proceso de desarrollo dado, se trata de construir un nuevo modelo que modifique aque-
llas relaciones de poder basadas en la subordinación de las mujeres. A este mismo propósito se encamina el con-
cepto de mainstreaming, subrayando la necesidad de que la mujer esté presente en todos los factores promotores
del desarrollo y del cambio social. El propio concepto de género —frente la referencia a «mujer»— alude a esa rela-
ción social construida entre hombres y mujeres, cuyo efecto impregna el conjunto de los valores, relaciones y estruc-
turas sociales. Una relación que debe alterarse a partir del trabajo del conjunto de los actores sociales. En conse-
cuencia, el enfoque GED promueve un cambio en esas relaciones sociales, a través del fortalecimiento de la posición
social, económica y política de las mujeres —el llamado «empoderamiento» de la mujer—, como sujetos co—pro-
tagonistas del proceso de cambio.
De forma paralela a este debate doctrinal, la comunidad internacional fue asumiendo la importancia de incor-
porar la perspectiva de género en sus acciones de desarrollo. Un impulso importante en ese proceso lo dieron las
sucesivas Conferencias internacionales convocadas sobre el tema a lo largo de los últimos treinta años. Así, en 1975,
se convoca en México la Iª Conferencia Mundial de la Mujer, en la que se propone un Plan de Acción aprobado
por la Asamblea de las Naciones Unidas. En 1980, en el ecuador del Decenio de Naciones Unidas para la Mujer,
se celebra, en Copenhague, la IIª Conferencia Mundial sobre la Mujer, en la que se evaluó el nivel de cumplimiento
—más bien bajo— del Plan previo y se aprobó un nuevo Plan de Acción, centrado en las áreas de salud, educa-
ción y empleo. Previamente, en 1979, se había aprobado la Convención para la Eliminación de todas las Formas
de Discriminación contra las Mujeres (CEDAW), que supuso un paso más en idéntica dirección. Aunque lejos de
alcanzar un reconocimiento universal
3
, los acuerdos fueron ratificados por cerca de 150 países, esta convención cons-
tituye un referente obligado al establecer un estándar internacional sobre la discriminación de género
4
.
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198
3
Significativamente, más de ochenta reservas han sido aplicadas en la ratificación de esta Convención, más que en ninguna otra
Convención de Naciones Unidas.
4
Una de las aportaciones del CEDAW (1979) es la propia definición de la discriminación de género: ‘... el término «discriminación contra
las mujeres» significa cualquier distinción, exclusión o restricción realizada sobre la base del sexo que tenga como objetivo o efecto el debilitar o
anular el reconocimiento, disfrute o ejercicio, por parte de las mujeres, sin distinción de su estado civil, y sobre la base de la igualdad de hombres
y mujeres, de los derechos humanos y las libertades fundamentales en la vida política, social, económica y cultural de sus países ».’ (Artículo 1)
R E C U A D R O 1
Género
Las diferencias biológicas entre hombres y mujeres no cambian. Pero los papeles sociales que se les exigen varían
de una sociedad a otra y de un tiempo histórico a otro. El término género se refiere a los atributos económicos,
sociales, políticos y culturales asociados con lo masculino y lo femenino. En la mayor parte de las sociedades,
hombres y mujeres se diferencian en el tipo de actividades que realizan, en su acceso y control a los recursos y en
su participación en los procesos de decisión. Estas inequidades dificultan el desarrollo porque limitan la capacidad
de las mujeres para desarrollar y ejercer todas sus capacidades tanto para su propio beneficio como para el de la
sociedad. La naturaleza de la definición de género (lo que significa ser hombre o mujer) y los ejemplos de inequidad
varían en cada cultura y cambian con el tiempo. Un reconocimiento de estas variables ayuda a analizar los distintos
contextos socioeconómicos y sus relaciones y las posibilidades de cambio.
Equidad
La equidad de género supone un disfrute equitativo de hombres y mujeres de los bienes sociales, de las oportunidades,
los recursos y las recompensas. La equidad de género no significa que hombres y mujeres sean iguales, pero sí que lo
sean sus opciones y posibilidades de vida. El énfasis en la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres no
presupone un modelo definido de igualdad de género para todas las sociedades, pero refleja la preocupación de que
hombres y mujeres tengan las mismas oportunidades de tomar decisiones y trabajen juntos para lograrlo.
Dadas las actuales disparidades, un tratamiento igualitario a hombres y mujeres no es suficiente como estrategia
para alcanzar la igualdad de género. Un tratamiento igualitario en un contexto de desigualdad puede significar la
perpetuación de las disparidades. Lograr la igualdad de género requerirá cambios en las prácticas institucionales y
en las relaciones sociales, porque a través de éstas se refuerzan y mantienen las disparidades. También requerirá un
mayor protagonismo de las mujeres en el diseño de sus sociedades.
Fuente: DAC 1998 Guidelines for Gender Equality and Women’s Empowermet in development co-operation, OCDE,
París. Existe traducción al castellano en Directrices y guía de conceptos del CAD sobre la igualdad entre mujeres y
hombres, Ministerio de Asuntos Exteriores, Madrid.

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Más importancia tuvo la IIIª Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Nairobi, en 1985, que consta-
tó el empeoramiento sufrido por la situación de las mujeres en buena parte del mundo en desarrollo, al tiempo que
alertó acerca del bajo nivel de cumplimiento de los Planes de Acción anteriormente acordados. Se alcanzó un amplio
consenso acerca de la necesidad de adoptar nuevas legislaciones —sobre la familia, el derecho civil, el derecho al
trabajo— y de promover una más activa política en los campos sanitario y educativo, con una perspectiva de pro-
moción de la equidad desde la perspectiva de género. El documento final de la Conferencia —«Estrategias de Nairobi
para el progreso de la mujer hasta el año 2000»— supuso un avance importante en la definición de un marco pro-
gramático en este campo. Agencias de ayuda e instituciones multilaterales incorporaron acciones específicas rela-
cionadas con la política de género en sus programas; y un buen número de gobiernos, tanto del Norte como del
Sur, dieron pasos para incluir estas consideraciones en sus políticas económicas y sociales.
Por último, en la década de los noventa, se convoca la Conferencia Mundial sobre la Mujer en Pekín. Dos fac-
tores contribuyeron a dar cuerpo a esta iniciativa: por un lado, el consenso existente acerca del insuficiente pro-
greso realizado en favor de la igualdad entre hombres y mujeres a nivel internacional; y, por otro, el gran esfuerzo
y actividad desplegado por numerosas organizaciones y grupos de mujeres, tanto de países del Sur como del Norte,
que requerían la fijación de un nuevo marco doctrinal y programático para la comunidad internacional en este campo.
El mensaje principal que se deriva de la Conferencia sobre las Mujeres es que la equidad de género es un obje-
tivo que debe afectar al conjunto de las políticas y planes de desarrollo de los países. Las cuestiones de género dejan
de ser tratadas como un «asunto de mujeres», como un «sector» acotado al que se orienta una acción específica,
para pasar a ser consideradas como un enfoque que afecta, de modo transversal, a todos y cada uno de los ámbi-
tos propios del desarrollo. Los dos principales documentos generados por la Conferencia —la Declaración de Pekín
y la Plataforma para la Acción— reflejan este enfoque básico. La Plataforma de Acción parte de reconocer «el prin-
cipio de que mujeres y hombres deben compartir el poder y las responsabilidades en el hogar, en el lugar de tra-
bajo y, a nivel más amplio, en la comunidad nacional e internacional».
La Declaración de Pekín consagra el compromiso de la comunidad internacional en favor de la promoción de
las mujeres y establece las responsabilidades de los gobiernos en reflejar la perspectiva de género en todas las polí-
ticas y programas a escala nacional, regional e internacional. Se parte de reconocer que se requiere una plena impli-
cación de las mujeres, en pie de igualdad con los hombres, en las políticas orientadas a la erradicación de la pobre-
za, a la promoción del crecimiento económico y de la equidad social, a la protección del medio ambiente y a la
consolidación de la democracia, como actores y beneficiarios ambos de un proceso de desarrollo sostenible cen-
trado en las personas.
La Plataforma para la Acción es el marco programático que se deriva de la Cumbre. A lo largo de su articulado,
queda explícitamente reconocida la necesidad de adoptar la perspectiva de género tanto en el diseño, aplicación y
seguimiento de todas las políticas y programas de desarrollo como en el ámbito de la cooperación internacional.
La elaboración de la Plataforma para la Acción supone un paso crucial en la determinación de los aspectos básicos
a los que se compromete la comunidad internacional. En primer lugar, ofrece un análisis de los principales retos
que enfrentan las mujeres en el mundo y realiza un gran número de recomendaciones específicas a los responsa-
bles de la formulación y diseño de las políticas públicas. En segundo lugar, apunta la necesidad de que los países
donantes lleven a cabo un análisis crítico de sus programas de asistencia, al objeto de mejorar la calidad y eficacia
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STRATEGIAS DE INTERVENCIÓN
:
IGUALDAD ENTRE MUJERES Y HOMBRES
199
R E C U A D R O 2 : P L A T A F O R M A P A R A L A A C C I O N
Las doce áreas prioritarias, consideradas como los retos más importantes a los que se enfrentan las mujeres hoy son:
.
Capacitar a las mujeres para vencer la pobreza.
.
Asegurar el acceso equitativo a la educación y la formación de calidad.
.
Asegurar la equidad en el acceso a los servicios de salud.
.
Eliminar la violencia contra las mujeres.
.
Proteger a las mujeres de los conflictos armados.
.
Promover la autosuficiencia económica de las mujeres.
.
Promover la participación de las mujeres en los procesos de toma de decisiones.
.
Integrar la dimensión de género en los planes y políticas nacionales.
.
Promover los derechos humanos de las mujeres.
.
Animar a los medios de comunicación a promover la igualdad de género.
.
Integrar a las mujeres en la gestión y protección del medio ambiente.
.
Eliminar todas las formas de discriminación contra las niñas.

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de su ayuda mediante la integración de la perspectiva de género. Y, por último, señala de forma expresa, la necesi-
dad de aumentar el porcentaje de financiación de aquellas acciones en materia de cooperación destinadas a hacer
realidad los objetivos contenidos en la Plataforma para la Acción (Recuadro 2).
El consenso internacional alcanzado en la Conferencia sobre la Mujer supuso un avance importante en la forma
de enfocar los problemas de género en referencia con el desarrollo. Las aproximaciones anteriores habían hecho
especial énfasis en la necesidad de identificar los problemas relacionados con la situación de la mujer en los países
en desarrollo, así como en la conveniencia de elaborar proyectos y actividades específicos al respecto. El nuevo enfo-
que consensuado en Pekín señala que la equidad desde la perspectiva de género es un aspecto crucial para el logro
de un desarrollo centrado en el ser humano y que esta perspectiva debe impregnar tanto las políticas nacionales
como las estrategias de la ayuda internacional. Adicionalmente, este enfoque insiste en que si se quiere que los avan-
ces sean duraderos, serán necesarios cambios en las instituciones y en las relaciones sociales, dotando a las mujeres
de una mayor capacidad para decidir sobre la sociedad, sobre sí mismas y sobre su futuro.
3.2. Panorama de la desigualdad
Los avances registrados a nivel doctrinal no tienen su plena traducción en la realidad del mundo en desarrollo.
De hecho, el balance que cabe realizar de los cambios habidos a lo largo de las últimas dos décadas es ambiguo:
pese a que se han realizado logros importantes en determinados ámbitos sociales —especialmente en los campos
de la educación, la salud y la alimentación—, persiste una pauta generalizada de desigualdad entre los géneros en
el acceso a los recursos, en la tenencia de bienes, en los niveles de participación social y en los procesos de toma de
decisiones. Una desigualdad que se refleja en todos los países en desarrollo y, especialmente, en los más empobre-
cidos.
Así, entre 1970 y 1990, la esperanza de vida de la mujer en los países en desarrollo aumentó en nueve años —
un 20% más que el incremento alcanzado por los hombres—; pero, todavía, en algunas regiones, las mujeres sufren
una mayor tasa de mortalidad como consecuencia de graves carencias nutricionales y de la escasa atención sanita-
ria que reciben. A escala mundial, la esperanza de vida al nacer es de 65 años para las mujeres y de 62 para los hom-
bres. En las poblaciones en que las mujeres reciben un trato en condiciones de igualdad, hay unas 106 mujeres por
cada 100 hombres, pero en el Africa subsahariana esa relación es de 102 mujeres por cada 100 hombres y en China
y Asia meridional de sólo 94 mujeres por cada 100 hombres.
La utilización de anticonceptivos y la disminución de las tasas de fecundidad se han extendido en el mundo en
desarrollo como resultado de algunas políticas deliberadas de planificación familiar; de este modo se han amplia-
do las opciones de vida para las mujeres al liberarse de la carga de embarazos frecuentes, no deseados, y de los ries-
gos del parto. No obstante, el embarazo y el parto son las principales causas de muerte en los países en desarrollo,
muchas veces por la falta de atención de personal especializado. La tasa de mortalidad materna de los países en
desarrollo es más de 30 veces superior a la de los países desarrollados. En Africa Subsahariana mueren más de 600
mujeres por cada 100.000 nacimientos; una cifra alcanza a 470 mujeres en Asia Meridional y a 190 en América
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G r á f i c o 1 . T a s a b r u t a d e m a t r i c u l a c i ó n c o m b i n a d a , 1 9 9 5 ( e n % )
Fuente : PNUD (1998)

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Latina. Las mujeres adultas sufren más que los hombres de desnutrición: carencia de yodo, anemia por falta de hie-
rro e hipotrofia nutricional. En ciertas regiones, las niñas son más vulnerables a la mortalidad precoz que los niños,
lo que puede ser indicio de una discriminación de género en la provisión de servicios de salud y nutrición.
La alfabetización de mujeres adultas y la matriculación escolar de las niñas se ha incrementado de forma per-
ceptible. La matriculación femenina en la educación primaria y secundaria combinada aumentó espectacularmen-
te, desde el 38% en 1970 hasta el 68% en 1992. Algunas regiones del Asia oriental (83%) y de América Latina
(87%) se están aproximando a los niveles existentes en los países desarrollados (97%), y también se han mitigado
las diferencias en la educación superior, pero persisten las desigualdades de género para el conjunto del planeta. De
los 900 millones de analfabetos, las dos terceras partes son mujeres; y las niñas constituyen la mayoría de los 130
millones de niños que no tienen acceso a la educación primaria.
Pero los logros habidos en materia de salud y educación no siempre se han traducido en mayores oportunida-
des económicas y políticas. La participación femenina en la población activa sólo ha aumentado cuatro puntos por-
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Fuente : PNUD (1998)
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61,7
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0
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Hombres
G r á f i c o 3 . T a s a d e a l f a b e t i z a c i ó n , 1 9 9 5 ( e n a ñ o s )
Fuente : PNUD (1998)
Todos los países
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Países
industrializados
Total Mundial
Todos los países
en desarrollo
Países
menos adelantados
Países
industrializados
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centuales en 20 años: desde el 36%, en 1970, hasta el 40% en la década de los noventa. Esta disparidad es común
a todos los países del mundo, pero se expresa con más crudeza en los Estados Árabes, en Asia meridional y en los
países de América Latina. Las mujeres ocupan mayoritariamente los empleos menos cualificados y los peor paga-
dos. Y con frecuencia, las mujeres reciben menor retribución que los hombres por efectuar el mismo trabajo: en
los 55 países para los que se cuenta con datos comparables, el salario femenino es sólo tres cuartas partes del sala-
rio masculino en el sector no agrícola. El trabajo masculino se realiza básicamente en actividades remuneradas, mien-
tras que el trabajo femenino se concentra en la agricultura de subsistencia o en el sector informal, principalmente
en el sector doméstico, en el comercio en pequeña escala, en las microempresas y en actividades no remuneradas
—y socialmente menos consideradas— en el hogar o en la comunidad. Además, en casi todas las regiones, las muje-
res tienen más dificultades para acceder a la tenencia de tierra y sufren considerables limitaciones y restricciones
para conseguir crédito.
Los efectos de las políticas de ajuste estructural —estabilización, liberalización y privatizaciones— han impuesto
mayores cargas a las mujeres tanto en la provisión de ingreso en las familias como en la necesidad de cubrir con su
trabajo la supresión de algunos servicios sociales. Ciertos grupos de mujeres, como aquellas que son jefes de fami-
lia sin fuentes externas de ingreso, las viudas o las mujeres mayores son particularmente vulnerables a la pobreza.
En los últimos dos decenios, la cantidad de campesinas que viven en la pobreza absoluta aumentó un 50%. De
hecho, de los 1.300 millones de pobres que hay en el mundo se estima que el 70% son mujeres: es el fenómeno
conocido como «feminización de la pobreza» que hace referencia al creciente impacto que este fenómeno tiene sobre
las mujeres.
La representación parlamentaria de las mujeres continua siendo muy limitada. A pesar de que las mujeres consti-
tuyen la mitad del electorado, sólo ocupan un 10% de los escaños en los Parlamentos y un 6% en los puestos en gabi-
netes nacionales, si bien, estos datos mejoran en las instituciones locales
5
. Todavía en algunos países del mundo, la
legislación discrimina a las mujeres en materia de administración de bienes, derecho a viajar o posibilidades de ganar
un ingreso, debiendo las mujeres solicitar permiso a sus maridos. Y la violencia doméstica contra la mujer es un pro-
blema universal, que traspasa los límites de la cultura, la geografía, la raza, el grupo étnico, la clase y la religión.
En definitiva, las condiciones efectivas para una plena igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres no
están aseguradas en ningún lugar del mundo. Aun cuando en algunos países se están produciendo cambios en mate-
ria legislativa, existe una importante brecha entre la norma y la realidad social. Por lo demás, la eficacia y rapidez
con la que esas iniciativas legislativas se traducen en logros efectivos en materia de igualdad depende, fundamen-
talmente, de las iniciativas de cada gobierno para reorientar sus prioridades hacia el fin de la discriminación y hacia
la creación de una sociedad más justa y equitativa.
3.3. Consideraciones sobre la perspectiva de género en la cooperación: experiencias comparadas
En respuesta a esta situación, la mayor parte de la comunidad de donantes ha tratado de integrar la perspec-
tiva de género en sus políticas bilaterales de cooperación. Semejante coincidencia se fundamenta en dos razones
de naturaleza y alcance distinto: unas de carácter ético, otras asociadas a razones de eficacia. Desde la primera de
las perspectivas señaladas, se argumenta que la política de género es necesaria para combatir los procesos de exclu-
sión de las mujeres de los beneficios del desarrollo. No cabe concebir un proceso genuino de desarrollo que se
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STRATEGIA PARA LA
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OOPERACIÓN
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202
5
Estos porcentajes son similares tanto para los países en desarrollo como para los industrializados.
32,4
34,3
38
33,7
67,6
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66,3
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20
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G r á f i c o 4 . P a r t i c i p a c i ó n e n e l i n g r e s o p r o v e n i e n t e d e l t r a b a j o 1 9 9 5 ( e n % )
Todos los países
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Países
menos adelantados
Países
industrializados
Total Mundial

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asiente sobre la negación de los derechos humanos, o sobre manifestaciones de marginación basadas en factores
de género. El concepto de desarrollo humano se basa en convertir a la persona —hombre y mujer— en protago-
nista y beneficiario del desarrollo, sin exclusión de ningún tipo. Por su parte, la segunda de las perspectivas men-
cionada defiende la política de género desde la convicción de que la participación de las mujeres en el diseño y
gestión de las acciones de desarrollo es necesaria para dotar de viabilidad y eficacia a tales intervenciones. En este
caso, por tanto, son razones funcionales, ligadas a la eficacia de la ayuda las que respaldan las políticas de géne-
ro. Incluso llega a afirmarse —con razón— que la inversión en la mujer genera una tasa de retorno mayor que la
inversión equivalente en el hombre, debido al papel crucial que la mujer desempeña como sostén de la familia,
como educadora, como generadora de prácticas nutricionales y sanitarias y como portadora de responsabilidad
social.
Aun cuando resulte legítimo esgrimir ambas perspectivas como razones justificativas de una política en favor de
la igualdad de oportunidades entre los hombres y mujeres, no cabe duda que es la primera de las dos la que apor-
ta una interpretación más cabal de los propósitos de la acción en este campo. En el segundo caso, la utilización de
la política de género parece más instrumental, sin que necesariamente comporte un cambio sustancial y sistémico
en la situación de las mujeres.
En respuesta a uno y otro argumento, la comunidad de donantes ha tratado de diseñar, con diverso grado de
consecuencia según los casos, una estrategia de género en el marco de su política de ayuda (Cuadro 1). Una buena
parte de los donantes se refieren a equidad de género en sus principios —Noruega, Canadá, Australia, Dinamarca,
Finlandia, Irlanda, Holanda, Suiza, Suecia, Nueva Zelanda, Estados Unidos y el Reino Unido— y, algunos, la han
situado como un tema transversal en sus prioridades de acción política, elaborando líneas directrices, desarrollan-
do programas de formación, institucionalizando mecanismos para la inclusión efectiva de esta perspectiva en la ges-
tión de proyectos y programas o realizando evaluaciones del impacto de sus actividades. Otros donantes, sin embar-
go, —es el caso de Alemania, Italia, Bélgica, Austria, Francia, Portugal o España— se encuentran más rezagados
en ese proceso, sin que hayan logrado definir posiciones doctrinales y formulaciones estratégicas acabadas sobre la
materia.
A pesar de estos progresos, existe una cierta impresión de que las cuestiones de género no pasan de ser, por el
momento, un apéndice obligado a las políticas convencionales, y no tanto un enfoque que condicione e impregne la
definición estratégica y los valores de las instituciones y las personas comprometidas con la ayuda. Queda, por tanto,
un amplio camino por recorrer para convertir en principios operativos las posiciones doctrinales referidas a las cues-
tiones de género, actuando en consecuencia tanto en lo que se refiere a la asignación de recursos como en la puesta
en práctica de las medidas correctivas necesarias en las políticas y en el interior de las instituciones. A este respecto,
merece la pena señalar algunas de las experiencias más exitosas en éste ámbito de la cooperación al desarrollo.
En el contexto europeo, son los países nórdicos los que más han avanzado en este campo, tanto en la defini-
ción doctrinal como en la puesta en práctica de estrategias integradas en materia de género. Entre ellos, Suecia des-
taca por la gran atención otorgada a la igualdad entre hombres y mujeres, tanto en el plano nacional como en la
cooperación al desarrollo. Desde 1996, la igualdad entre hombres y mujeres es uno de los cuatro objetivos especí-
ficos de su esfuerzo en materia de cooperación y es una prioridad transversal que informa todas sus acciones. Además
de iniciativas específicas dirigidas a «empoderar» a las mujeres y a involucrar a los hombres en la promoción de la
igualdad de género, se han desarrollado instrumentos analíticos, como el análisis de género, acciones de sensibili-
zación y formación o la producción de estadísticas desagregadas por sexo. La cooperación sueca cubre las doce prio-
ridades señaladas en la Plataforma para la Acción, con especial atención a los derechos humanos de las mujeres y
a su participación en los procesos de decisión social. En lo que se refiere a la reducción de la pobreza, SIDA —la
agencia sueca de desarrollo— presta particular atención a la salud reproductiva y a la educación.
Para Noruega, el fortalecimiento de la posición de las mujeres y la promoción de la igualdad de género es uno
de los objetivos básicos de la política de desarrollo con los países del Sur, tanto en el ámbito bilateral como en el
multilateral . El respeto a los derechos de las mujeres se ha convertido en una condición explícita para el estable-
cimiento de una relación de cooperación. El diálogo continuado con los socios, el apoyo a instituciones y organi-
zaciones con responsabilidad directa en la mejora de la situación de las mujeres, junto con una activa promoción
de las cuestiones de género en las instituciones multilaterales y en las propias ONGD noruegas, son algunos de los
instrumentos utilizados para promover la integración de la perspectiva de género en las políticas de desarrollo nacio-
nales.
La nueva estrategia de cooperación de Dinamarca señala la extraordinaria importancia de incorporar a las muje-
res en el proceso de desarrollo. De hecho, los aspectos relativos a la equidad de género figuran como una priori-
dad transversal en la política de cooperación danesa. Su principal objetivo es fortalecer el papel de las mujeres en
los procesos de desarrollo. Para ello, se declara que los aspectos relativos a las mujeres se tratan de analizar en
relación con los esfuerzos concretos de la ayuda al desarrollo. Asimismo, se trata de formular planes y objetivos
medibles con el fin de mejorar la situación de las mujeres en los países en desarrollo
7
y promover su implicación
E
STRATEGIAS DE INTERVENCIÓN
:
IGUALDAD ENTRE MUJERES Y HOMBRES
203
6
Ministerio Noruego de Asuntos Exteriores (1995—96): Un mundo cambiante, Principales elementos para una política Noruega hacia los
países en desarrollo. Oslo.
7
Ministry of Foreign Affaires (1993): Danida’s WID policy towards the year 2000. Copenhague..

Page 8
en los procesos de cambio. Al tiempo, han realizado extensas evaluaciones sobre el impacto de género de sus accio-
nes.
Mención especial merece también, la política de Gran Bretaña, donde existe un fuerte compromiso con la igual-
dad de género a nivel político y ejecutivo; diversas unidades del DFID trabajan por la mejora de las capacidades
humanas de las mujeres y se han generado numerosos informes y evaluaciones sobre el impacto de género de sus
proyectos. Gran Bretaña ha sido, además, uno de los países líderes en los grupos de trabajo del CAD sobre cues-
tiones de género.
Fuera del ámbito europeo, es pertinente considerar a Canadá, que ha desplegado una actividad continuada de
apoyo a la participación de las mujeres en el desarrollo. CIDA, la agencia de desarrollo canadiense, ha situado la
equidad desde la perspectiva de género como una de las seis prioridades básicas de su política de ayuda; una prio-
ridad de carácter transversal, que informa el resto de las áreas de trabajo de la cooperación canadiense. La política
sobre las mujeres en el desarrollo y la igualdad de género se compone de dos elementos básicos: la total integración
de las consideraciones de género en las iniciativas de cooperación; y la implicación de las mujeres, como socios
iguales, en el proceso de desarrollo mediante acciones específicas
8
. Los mecanismos para la puesta en práctica de
esta política incluyen consultas a mujeres, apoyo a las organizaciones de mujeres, una estrecha relación de asocia-
ción y diálogo político con otros gobiernos e instituciones multilaterales, y el fortalecimiento institucional a los
países receptores.
En el ámbito multilateral, la Unión Europea ha adoptado, así mismo, el compromiso de integrar el enfoque de
género en «la concepción, formulación y puesta en marcha de todas las políticas y acciones de desarrollo así como
en el seguimiento y evaluación de las mismas»
9
. Las recomendaciones realizadas se refieren a la integración de las
cuestiones de género en la formulación de políticas, en el diálogo con los socios, en las acciones de desarrollo, y en
la creación de una mayor capacidad institucional en los países receptores. Se recomienda, también, que la propia
Comisión integre estas consideraciones en sus mecanismos y procedimientos y que se intensifiquen las consultas y
la coordinación entre los Estados y la Comunidad.
E
STRATEGIA PARA LA
C
OOPERACIÓN
E
SPAÑOLA
204
8
Agencia Canadiense de Cooperación Internacional (1995): CIDA’s Policy on Women in Development and Gender Equity. Ottawa.
9
Resolución del Consejo de las Comunidades Europeas del 20 de diciembre de 1995 sobre la integración del enfoque de género en la
política de cooperación comunitaria.
C u a d r o 1 : A l g u n o s m o d e l o s c o m p a r a d o s
CANADÁ CIDA’s Policy on Gender
Equality (1998)
Lograr la igualdad entre hombres y
mujeres para que ambos logren el
ejercicio pleno de los derechos
humanos y se beneficien de las
acciones de desarrollo.
- La igualdad de género es una de las
prioridades de la cooperación canadiense.
- Las políticas, programas y proyectos
afectan a mujeres y hombres de forma
diferente.
- Son necesarias medidas específicas para
abordar la discriminación.
- La igualdad de género sólo es posible si
hombres y mujeres trabajan juntos.
- Es necesario el empoderamiento de la
mujer para el logro de la igualdad de
género.
- Incrementar la participación de la
mujer en los procesos de toma de
decisiones.
- Mejorar los niveles de ingreso y las
condiciones económicas de la mujer.
- Mejorar el acceso a los servicios de
planificación familiar.
- Mejorar los niveles de educación y
capacitación.
- Proteger y promover los derechos
humanos de la mujer.
- Apoyar a las contrapartes de CIDA
para una mejor integración de las
consideraciones de género.
- Fortalecer la capacidad institucional
de CIDA.
NORUEGA
A Strategy for Women and Gender
Equality in Development
Cooperation (1995-96)
El principio general de la cooperación
Noruega es contribuir a la mejora de
las condiciones políticas, sociales y
económicas de los países en desarrollo.
- La igualdad de género es una
prioridad nacional y una de las cinco
prioridades estratégicas de la
cooperación noruega.
- La promoción de la igualdad de
derechos y oportunidades para
hombres y mujeres debe recorrer todas
las áreas de la sociedad.
Las áreas prioritarias a incidir son:
- Igualdad de derechos y oportunidades
para hombres y mujeres en todos los
ámbitos.
- Apoyo a las reformas institucionales
desde la perspectiva de género; defensa
de los derechos humanos y reducción
de la violencia contra las mujeres.
- Apoyo a la participación de las
mujeres en los procesos de decisión.
- Apoyo a la participación de la mujer
en la vida económica.
- Inversión en la salud y en la
educación de las mujeres.
- Apoyo a la participación de las
mujeres en la gestión de los recursos
naturales.
Países
Propósito
Principios
Objetivos

Page 9
3.4. Enfoque para las políticas de cooperación: la posición del CAD
El Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la OCDE, en su documento Igualdad de género: hacia un desa-
rrollo sostenible basado en la persona, de mayo de 1995, afirma su compromiso de alcanzar la igualdad de género
como objetivo estratégico para el desarrollo sostenible. Este compromiso está basado en la idea de que no puede
alcanzarse un desarrollo genuino hasta que las mujeres, y el potencial humano y económico que representan, sea
integrado —junto con el de los hombres— en el proceso de desarrollo. Para lograr ese propósito, es necesario
identificar las diferencias estructurales de género y sus causas, al objeto de diseñar acciones que corrijan estos fac-
tores de desigualdad. Este compromiso pasa necesariamente —según el CAD— por poner el acento en los fac-
tores sociales y culturales de la dinámica social, tal como se desprende de un concepto del desarrollo centrado en
el ser humano.
E
STRATEGIAS DE INTERVENCIÓN
:
IGUALDAD ENTRE MUJERES Y HOMBRES
205
10
Véase CAD (1998): DAC source book on concepts and approaches linked to gender equality. OECD, París. Existe traducción al castella-
no en Directrices y guía de conceptos del CAD sobre la igualdad entre mujeres y hombres. Ministerio de Asuntos Exteriores. Madrid.
JAPÓN
JICA’S Efforts in Women in
Development (1997)
La iniciativa japonesa sobre WID se
enfoca a disminuir las diferencias en
educación, favorecer la salud de las
mujeres y alentar su participación en
los procesos de desarrollo económico
y social.
Cuatro son los enfoques básicos
sobre WID:
- Una declaración política del
gobierno.
- Un enfoque socioeconómico
diferenciado basado en la diversidad
de mujeres.
- Un enfoque horizontal que apoye
los actuales procesos de integración
regional.
- Una integración de los temas de
mujer en todo el proceso de
desarrollo.
Tres áreas prioritarias:
- Disminuir las diferencias en
educación favoreciendo
oportunidades educativas para todos.
- Reducir las tasas de mortalidad
materna e infantil, estableciendo
las condiciones para asegurar la
salud y los derechos reproductivos.
- Apoyar la participación de las
mujeres en las actividades sociales
y económicas a través de la
promoción de micro empresas y
financiación a pequeña escala.
AUSTRALIA
Australia’s Aid Comittment on
Gender and Development (1996)
Promover la igualdad de
oportunidades entre hombres y
mujeres como participantes y
beneficiarios del desarrollo.
Las consideraciones de género deben
estar:
- En todos los sectores y políticas
- En la gestión de todos los proyectos
- En el diálogo político
- Promover el acceso de las mujeres
a la educación y a los servicios de
salud.
- Promover el acceso a los recursos
económicos.
- Promover la participación de las
mujeres y su liderazgo en la toma
de decisiones.
- Promover los derechos humanos
de las mujeres y apoyar la
eliminación de la discriminación
contra las mujeres.
- Incorporar la perspectiva de género
en toda la cooperación.
R E C U A D R O 3 : E l a n á l i s i s d e g é n e r o
El Análisis de Género es el proceso de consideración del impacto que un proyecto o programa puede tener en las
mujeres/niñas y en los hombres /niños, y en las relaciones económicas y sociales entre ellos. Para una correcta
planificación, es necesario conocer el contexto local en el que se desarrolla el proyecto y los diversos papeles que
desempeñan hombres y mujeres en el hogar, en la comunidad, en el lugar de trabajo, en los procesos políticos o en
la economía. El análisis de género proporciona información sobre:
.
la división del trabajo por géneros
.
las diferentes perspectivas, funciones, necesidades e intereses de la mujer y el hombre
.
las relaciones entre mujeres y hombres respecto al acceso, control y propiedad de los recursos y activos
y su capacidad para tomar decisiones
.
los factores sociales, económicos y medio ambientales que pueden influir en todo lo anterior, es decir,
en las limitaciones y oportunidades existentes para reducir las diferencias entre los géneros.

Page 10
Para promover este cambio, se requiere una más intensa e integral participación de las mujeres en el propio dise-
ño de las acciones de desarrollo. No se trata simplemente de incorporar a las mujeres a los actuales modelos de
desarrollo, sino que la participación de las mujeres posibilite la incorporación de una perspectiva diferente en la
concepción misma de tales modelos, en las prioridades de la estrategia de cambio y en sus instrumentos. No quie-
re ello decir que se propugne la sustitución de una hegemonía —la del hombre— por otra —la de la mujer—:
muy al contrario, se trata de un proceso que implica a ambos, hombres y mujeres pero desde una perspectiva de
equidad en su relación mutua. En suma, una relación más igualitaria deberá estar basada en la redefinición de los
derechos y responsabilidades de mujeres y hombres en todas las esferas, incluyendo la familia, el lugar de trabajo y
la sociedad en su conjunto. Uno de los retos principales para favorecer el avance hacia la igualdad es motivar a los
hombres a participar como socios en el proceso de construcción de una sociedad más equitativa desde la perspec-
tiva de género
10
.
El nuevo enfoque sobre Género y Desarrollo que propone el CAD supone cambios en las actuales prioridades
y mecanismos de la cooperación al desarrollo
11
. Los principales aspectos de esta nueva perspectiva son:
1. Un nuevo enfoque que supone sustituir la concepción de las mujeres como público objetivo, por una con-
cepción de la igualdad de género como un objetivo del desarrollo, transversal al conjunto de políticas de coopera-
ción. Como se apuntó en Pekín « La incorporación de las cuestiones de género en todas las políticas de coo-
peración al desarrollo es el factor clave para el logro de la igualdad entre hombres y mujeres».
2. Un énfasis en la necesidad de incorporar la igualdad de género y el «empoderamiento» de las mujeres en la
formulación de políticas, en las metodologías para la planificación y evaluación, en las estructuras institucionales
y en los procesos de toma de decisiones. La plena y efectiva instrumentación de la perspectiva de género en las
políticas bilaterales requiere atención a varios niveles:
- En los instrumentos de la cooperación al desarrollo, ya que el grado de éxito en la promoción de la igual-
dad de género depende muy crucialmente de hasta qué punto ese compromiso esté presente en todos y
cada uno de los instrumentos de la cooperación al desarrollo. Hasta la fecha, las cuestiones de género
han estado enfocadas más a nivel de proyecto que al de formulación de políticas y programas: la mayor
parte de las actuaciones se han dirigido a ajustar el diseño del proyecto para incorporar una —a veces
marginal— estimación del impacto de género, ya sea para promover la equidad, ya para mitigar los efec-
tos negativos que hubieran podido surgir. Es necesario reconsiderar el impacto sobre las mujeres de aque-
llas acciones de cooperación que no se presenten en la «forma de proyecto», como son el diálogo políti-
co con los socios, las estrategias por países, la ayuda por programas, el apoyo a los procesos de reforma
estructural, los proyectos bilaterales, las acciones dirigidas al fortalecimiento institucional, la ayuda huma-
nitaria, los proyectos de las organizaciones no gubernamentales e, incluso, los estudios realizados por con-
sultores privados.
- En un mayor control sobre los objetivos, los indicadores y la medición del impacto de las actuaciones, de
modo que se definan de manera más precisa los propósitos de las intervenciones y el efecto que éstas
generan sobre la igualdad de género. Deben mejorarse, también, los procedimientos de evaluación, esta-
bleciéndose indicadores de impacto de género, al tiempo que se fortalecen los mecanismos de control
para asegurar que las mujeres se beneficien de las nuevas políticas y programas.
- Es necesario asegurar que en el interior de las propias instituciones donantes la responsabilidad para con-
seguir la igualdad de género es compartida por todo el personal: analistas sociales, planificadores, direc-
tivos y gestores de los programas. Para ello, se requiere una adecuada capacitación del conjunto del per-
sonal que permita incluir la igualdad de género en sus competencias específicas, así como contar con un
cuerpo de expertos que estimule la consideración de estas cuestiones en el conjunto de la organización.
- Por último, la igualdad de género y la capacitación de las mujeres deber ser integrada en las prácticas ins-
titucionales y en la metodología , en las rutinas y procedimientos cotidianos, en el análisis, diseño, plani-
ficación, gestión y evaluación de programas y proyectos.
3. El establecimiento de una verdadera relación de asociación con los países receptores de la ayuda —autori-
dades locales, sociedad civil— para asegurar que exista una participación y una apropiación de las estra-
tegias de desarrollo. El diálogo político con los países receptores es de capital importancia para poder
ejercer cierta influencia en la incorporación de los objetivos de igualdad de género en la prioridades de
desarrollo de cada país. La existencia de activas organizaciones en apoyo de las mujeres en los países del
Sur son una buena base para el diálogo y para la identificación de iniciativas en materia de cooperación
al desarrollo.
E
STRATEGIA PARA LA
C
OOPERACIÓN
E
SPAÑOLA
206
11
El CAD procedió, en 1998, a revisar los Guiding Principles to Aid Agencies for Supporting the role of Women in Development, adopta-
dos en 1983, realizando una nueva formulación de los mismos: DAC Guidelines for Gender Equality and Women’s Empowerment in
Development Co-operation OECD, Paris 1998. Existe traducción española de estas nuevas directrices: Directrices y guía de conceptos del CAD
sobre la igualdad entre mujeres y hombres Ministerio de Asuntos Exteriores. Madrid.

Page 11
3.5. La cooperación española y la equidad de género: un balance
Las consideraciones sobre género empezaron a ser tratadas en la cooperación española a partir de la incorporación de
España al CAD, en 1991, y al Grupo de Expertos sobre Mujer y Desarrollo de esa institución. La presencia española en los
comités preparatorios para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Mujer de Pekín, en 1995, sirvió para consolidar
ese interés por generar una posición doctrinal al respecto. Así pues, la atención a la equidad de género en el desarrollo es pro-
ducto, al menos en parte, de la creciente homologación internacional de la política española de cooperación al desarrollo
12
.
E
STRATEGIAS DE INTERVENCIÓN
:
IGUALDAD ENTRE MUJERES Y HOMBRES
207
R E C U A D R O 4 : B u e n a s p r á c t i c a s p a r a l a p r o m o c i ó n d e l a i g u a l d a d e n t r e h o m b r e s y m u j e r e s .
La equidad desde la perspectiva de género tiene mayores posibilidades de lograrse si existen las siguientes condiciones:
En el proceso de planificación:
.
Se reconoce la necesidad de incorporar la igualdad hombre -mujer en todos los sectores de la cooperación al
desarrollo, desde los proyectos de infraestructura a los acciones de ayuda humanitaria.
.
El análisis de género se realiza en las primeras etapas del proyecto o programa y los resultados se integran en la
planificación del mismo.
.
Se identifican las debilidades o prejuicios institucionales que pudieran limitar el logro de la igualdad entre hombres y
mujeres en la concepción de políticas, programas o proyectos, y se elaboran estrategias para abordarlos.
.
Se determinan los medios para asegurar que haya una amplia participación de mujeres y hombres en los procesos
de decisión de las acciones a planificar.
.
Se detallan resultados claros, medibles y alcanzables de igualdad hombre - mujer en las primeras etapas del proceso.
.
Se fijan indicadores sobre las diferencias entre el hombre y la mujer, tanto cualitativos como cuantitativos. Esto
exige la recopilación de datos de base desglosados por sexo.
.
Se desarrolla una estrategia y recursos específicos para la obtención de resultados sobre equidad de género.
.
Se seleccionan a organizaciones colaboradoras sobre la base de su compromiso y capacidad para promover la
igualdad entre hombres y mujeres.
.
Participan especialistas en igualdad de género desde el comienzo del proceso de planificación.
Durante la ejecución:
.
Forman parte de los equipos de gestión de los proyectos, especialistas en igualdad entre hombres y mujeres.
.
Se solicita el apoyo externo de organizaciones de mujeres.
.
El objetivo de la equidad de género no se pierde en retórica o en aspectos puramente organizativos.
.
Hay flexibilidad para responder con nuevas e innovad