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Programa de Acción:
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Programa de Acción:
Mujer y Salud (PROMSA)
Versión Preliminar

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ÍNDICE
Presentación
Introducción
I En dónde estamos
Situación actual del género, mujer y salud
Definición de género
El género y la salud
Consideraciones finales
II. A dónde queremos llegar
III Qué camino vamos a seguir
El Programa Mujer y Salud
El Consorcio Nacional Mujer y Salud
Objetivos, estrategias y líneas de acción por componente
Institucionalización de la perspectiva de género
La salud de las mujeres
Información e Investigación
Las trabajadoras de la salud
La salud doméstica y comunitaria
Metas al 2006
IV Cómo medimos los avances

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Mensaje del Secretario de Salud
Ser hombre o mujer es una variable fundamental que determina diferencias a todos los
niveles. Desde el punto de vista biológico cada vez se documentan con mayor claridad
diferencias en aspectos que no tienen una asociación directa con los aparatos
reproductivos, tanto a nivel molecular, celular, cerebral o inmunológico, como de
funcionamiento sistémico, de la conducta y el aprendizaje, y por lo tanto a nivel de la
salud en general. Estas diferencias no habían sido tomadas en cuenta de manera
sistemática en la práctica médica clínica, ni por la epidemiología, la investigación o el
quehacer de la salud en general, pues hasta muy recientemente las ciencias de la salud
han descubierto y reconocido estas diferencias.
Sin embargo, sin duda las que han sido menos consideradas como factores que impactan
de manera diferencial la salud de mujeres y hombres, y las menos reconocidas como
fuente de inequidad y de desventaja para las mujeres, son las diferencias sociales entre
hombres y mujeres; las diferencias en la forma de educar a ambos, en la forma de
relacionarse y en las posibilidades de acceso a los bienes y servicios, esto es, las
diferencias de género.
Esta situación ha implicado que, tanto por razones de ignorancia respecto a las
particularidades de mujeres y hombres desde el punto de vista biomédico, como por las
desventajas que los roles de género han impuesto a las mujeres, se requiera dar un giro
importante y significativo en las políticas de salud, a través de acciones afirmativas que
compensen las inequidades existentes respecto a sus condiciones de salud, y que además
consideren la complejidad del binomio mujer y salud, atendiendo también su situación
laboral como trabajadoras dentro del sector, y como proveedoras de servicios a nivel
doméstico y comunitario.
Con esta finalidad se crea el Programa de Mujer y Salud, PROMSA. Se trata de una
iniciativa innovadora, que busca poner al día esta situación no sólo por una razón de
justicia social con un poco más de la mitad de la población, sino porque mientras las
diferencias de género no se documenten y sean tomadas en cuenta, las políticas de salud
no podrán diseñarse de manera eficiente. Este programa se inserta en la primera de las
estrategias planteadas en el Programa Nacional de Salud 2001-2006, la de Vincular a la
salud con el desarrollo económico y social, pues en tanto persistan las inequidades de

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género, no podrán desarrollarse plenamente las mujeres, con lo que no sólo pierden las
mujeres; pierden también los hombres; pierde el país; perdemos todos.
El PROMSA es pues una iniciativa que requiere para alcanzar sus objetivos, permear de
manera transversal todas las instituciones del sector: desde los más altos niveles de toma
de decisión hasta las unidades médicas más alejadas, donde se atiende directamente a la
población.
El reto es pues mayúsculo y requiere para lograrse de la confluencia y el esfuerzo
decidido de las y los servidores públicos de todo el sector y de los sectores que tienen
alguna corresponsabilidad en el diseño y la implemantación de políticas públicas
relacionadas con la salud de la población, y del personal operativo de todas las
instituciones. Pero además, requiere de la colaboración de las instituciones académicas,
del sector privado y de manera central de la sociedad civil organizada. En particular, la
sociedad organizada en torno al movimiento de las mujeres, tiene sin duda alguna el
mérito principal en la existencia misma de este programa. Son las mujeres de la sociedad
civil del país ---que han tejido complejas redes de organizaciones que abarcan ya
prácticamente todo el territorio nacional---, las que con su esfuerzo sistemático,
profesional, incansable y desinteresado, fueron construyendo los cimientos de este
programa. La lucha de las mujeres en México ha alcanzado una madurez que fue
constatada a través de su participación seria, comprometida y decisiva en las conferencias
internacionales, cuyos acuerdos firmó el gobierno de México la última década del siglo
que acaba de concluir, y gracias en buena medida a las cuales hoy el gobierno, para
cumplir con esos acuerdos, ha creado el Instituto Nacional de las Mujeres y, dentro de la
Secretaría de Salud, el Programa Mujer y Salud.
Para darle estructura y viabilidad a esta compleja colaboración se creó el Consorcio
Nacional Mujer y Salud. En él participan las diferentes instituciones que conforman el
sector salud; los sectores corresponsables de las políticas saludables; el sector privado; la
academia y la sociedad civil organizada. No existen antecedentes de una iniciativa similar
en el país y hacerlo funcionar, sin duda, representa el mayor reto del programa; reto que
requerirá de trabajo, talento, voluntad, paciencia, creatividad, innovación y compromiso.
Reto que sólo será vencido si se comparte por todas las instituciones y las personas que lo
conforman.

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En el marco del Programa Nacional de Salud 2001-2006, con este programa queremos
lanzar una cuarta generación de reformas a las políticas dirigidas a la atención a las
mujeres. La primera reforma inició hace cincuenta años con la importante contribución de
México a la anticoncepción hormonal, seguida en 1973 por el cambio en la política de
población hacia programas de control de la natalidad. La segunda consistió en la puesta
en marcha de los programas de planificación familiar y salud materno infantil. La tercera
generación de reformas, se dio tras la IV Conferencia Internacional sobre Población y
Desarrollo celebrada en El Cairo en 1994 ---donde se planteó un cambio de pardigma que
puso a las mujeres en el centro de las políticas de salud como sujetos plenos de derechos
y no sólo en función de la salud del resto de la población---, en la que se diseñaron las
políticas de salud reproductiva.
Con esta cuarta generación de reformas, sin dejar de lado los avances alcanzados en la
salud reproductiva, queremos incorporar de manera integral los distintos aspectos que
hacen del binomio mujer y salud un concepto complejo. Esto incluye la incorporación de
la perspectiva de género en todas las políticas de salud y se contemplan además tres
grandes vertientes: la salud de las mujeres a lo largo del ciclo de vital, las mujeres como
profesionales de la salud y las mujeres como proveedoras de servicios de salud en el
hogar y la comunidad.
Con esta cuarta generación de reformas construimos sobre el legado que hemos recibido,
la incorporación de las mujeres, con igualdad de oportunidades, a un pleno desarrollo
humano y social.
JULIO FRENK MORA
SECRETARIO DE SALUD

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Introducción
En México, como en la mayor parte del mundo, persisten inequidades económicas y
sociales entre las que destacan las de género, que ponen en desventaja a las mujeres
respecto al acceso a diversos satisfactores sociales, económicos, laborales, educativos y
de salud, entre otros.
Estas inequidades han ocupado cada vez más las agendas de las organizaciones de
mujeres, de las agencias internacionales y de muchos países, y han dado lugar a acuerdos
importantes alcanzados en las cumbres internacionales, entre las que destacan la
Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer
(Asamblea General de la ONU, 1979), la Declaración sobre la Eliminación de la
Violencia contra la Mujer (Asamblea General de la ONU, 1993), la Conferencia
Internacional sobre Población y Desarrollo, llevada a cabo en El Cairo en 1994, la
Conferencia Mundial de la Mujer realizada en Pekín en 1995, y la Convención
Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer,
celebrada en Belén do Pará, Brasil en 1995. El gobierno de México ha firmado los
tratados internacionales promovidos por distintos organismos internacionales. A través de
estos instrumentos, el país se ha comprometido a tomar medidas para mejorar las
condiciones de vida de las mujeres en nuestro país. En estas conferencias, se han
reconocido los derechos de las mujeres como derechos humanos, y se les ha dado, de
manera explícita por primera vez en la historia, un estatus de sujetos de derechos,
terminando con la visión que prevaleció por muchos siglos de las mujeres simplemente
como el medio para lograr el bienestar del hombre, de la familia, del control de la
población, de sus hijos e hijas, y en general de la sociedad.
El Plan Nacional de Desarrollo 2001-2006 (PND), en el capítulo destinado a la política de
Desarrollo Social y Humano, reconoce que las inequidades y desigualdades son patentes
en los ámbitos regional, social y cultural; y que se observan, entre otros fenómenos,
grandes inequidades de género. A pesar de que las condiciones de vida de las mujeres
mexicanas han mejorado en cuanto a los niveles generales de escolaridad, en cuanto a la
reducción de la carga reproductiva en términos de la edad a la primera unión y al

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nacimiento del primer hijo, así como a la reducción de la fecundidad global, dichos
cambios no han ocurrido con la misma intensidad en el medio rural que en el urbano y
entre grupos sociales. Persiste la desigualdad social entre hombres y mujeres,k ellas
siguen concentrando el peso social de la reproducción con la consecuente reducción de
oportunidades en su desarrollo humano y social, y con consecuencias negativas para su
salud. Además, las desigualdades sociales se cruzan con las de género, etnia o
discapacidad, dando como consecuencia que, dentro de las poblaciones empobrecidas, el
ser mujer y pertenecer a una minoría, tener alguna discapacidad, y ser adulta mayor, se
potencian, para dar como resultado, la peor de las situaciones posibles.
Además, el PND establece que “la inequidad de género se manifiesta en las actuales
condiciones de dependencia, subordinación, exclusión, discriminación y violencia en las
formas de relación entre mujeres y hombres, en los ámbitos familiar, social e
institucional. La participación de las mujeres en los puestos de decisión sigue siendo
reducida. La representación de las mujeres en las cámaras es sólo de 16% y la presencia
de éstas en los cargos públicos y de gerencia en el sector privado es de apenas 23%. No
existe una cultura de género que permita diferenciar necesidades, prioridades y
condiciones de la población femenina y masculina. Las oportunidades y opciones de
trabajo para las madres trabajadoras, hasta ahora, no han sido compatibles con las
necesidades de la crianza y el cuidado de los hijos por falta de apoyos institucionales. En
1999 el promedio de horas de trabajo doméstico semanal de las mujeres era de 27.6,
mientras que los hombres sólo dedicaban 10.5 horas. Respecto del trabajo
extradoméstico, las mujeres dedicaron 37.7 horas a la semana, en tanto que los hombres
emplearon 46.3 horas.”
A partir de este reconocimiento, el Plan Nacional de Desarrollo incorpora como uno de
sus objetivos rectores el de “acrecentar la equidad y la igualdad de oportunidades.
Incrementar la equidad y la igualdad de oportunidades implica utilizar criterios que
reconozcan las diferencias y desigualdades sociales para diseñar estrategias de política
social dirigidas a ampliar y ofrecer igualdad de oportunidades a todos los hombres y
mujeres de la población mexicana.”

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Una de las acciones orientadas a reducir la inequidad de género más relevantes que ha
llevado a cabo el actual gobierno, es la creación del Instituto Nacional de las Mujeres,
organismo a través del cual se pretende incorporar la perspectiva de género en todas las
acciones y programas de gobierno del Ejecutivo.
La relación entre género y salud es compleja y tiene al menos las siguientes dimensiones:
la salud de las mujeres, el papel de las mujeres como proveedoras de cuidados a la salud
doméstica y comunitaria y las condiciones de contratación, permanencia y prestaciones
laborales de las trabajadoras de la salud.
Los diferenciales que imprime el género a las condiciones de salud de las mujeres en
comparación con los hombres, están poco documentados en nuestro país debido a que
buena parte de la información estadística en salud todavía no está desagregada por edad y
sexo, y a que muy pocos proyectos de investigación incorporan esta perspectiva como
parte de su análisis.
Por su parte, el Programa Nacional de Salud 2001-2006 reconoce tres retos para elevar
los niveles de salud de la población, que son : la equidad, incluyendo la de género, la
calidad y la protección financiera. Para enfrentar dichos retos se plantea una serie de
estrategias dentro de las cuales se encuentra en primer término “Vincular la salud con el
desarrollo económico y social” del país y como parte de ella una línea de acción dedicada
a promover la perspectiva de género en el sector salud.
El Programa Mujer y Salud tiene por objeto desarrollar esta línea de acción a través de un
trabajo transversal, que incluya la perspectiva de género en los programas de acción que
lleve a cabo la Secretaría de Salud, tanto en la planeación, ejecución, seguimiento y
evaluación para la prevención y control de problemas prioritarios de salud, la provisión
de servicios de salud, la enseñanza y la investigación, y que revise con esta misma
perspectiva las condiciones laborales de las trabajadoras de la salud, y el papel de
hombres y mujeres en la atención a la salud doméstica y comunitaria.

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Dado el carácter transversal, interdisciplinario, multi-institucional e intersectorial del
programa, para su elaboración y seguimiento se ha instalado el Consorcio Nacional Mujer
y Salud. En dicho Consorcio participarán, además de las instituciones que conforman el
sector salud, otras instituciones gubernamentales de sectores relacionados con el diseño e
instrumentación de políticas públicas saludables, organizaciones de la sociedad civil,
fundaciones privadas e instituciones académicas autónomas, con la finalidad de
incorporar sus puntos de vista y participación activa en el desarrollo del mismo.
El documento que presenta el Programa Mujer y Salud 2001-2006 está dividido en cuatro
capítulos:
I En dónde estamos.
II A dónde queremos llegar.
III. Qué camino vamos a seguir.
IV. Cómo medimos los avances.
En el capítulo uno se plantea en primer término el marco conceptual que da origen a este
programa, que incluye la definición de género como una variable de análisis
indispensable en la política pública, y sus vínculos con la salud. Se mencionan
brevemente los antecedentes que dieron origen a los acuerdos internacionales, gracias a
los cuales se ha incorporado el género en las agendas gubernamentales a escala mundial,
para posteriormente documentar con ejemplos concretos cómo el género determina la
ocurrencia, evolución y desenlace de muchos de los problemas de salud de hombres y
mujeres. El capítulo incluye datos sobre la situación de estos problemas en México, en
aquellos casos en los que está documentada, y se señalan las carencias de información
que existen en el país, que impiden conocer por el momento dicha situación en otros
casos, sin embargo, se proporciona información de otros países que sí han logrado
documentarlos.
El capítulo dos describe la Misión y la Visión del Programa Mujer y Salud. El capítulo
tres describe el Programa Mujer y Salud, y la idea novedosa de crear un Consorcio
Nacional Mujer y Salud, con una amplia participación transversal, intersectorial y
multisectorial, de la sociedad civil organizada y de las instituciones académicas

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involucradas en el estudio de los temas de interés del programa, y basada en un
financiamiento mixto: público, privado y de carácter internacional.
En este capítulo se plantean los objetivos, estrategias, líneas de acción y metas a alcanzar
de acuerdo a los cinco componentes del PROMSA, incluyendo los que llevarán a que se
logre la institucionalización de la perspectiva de género.
El cuarto capítulo da cuenta de los indicadores, criterios y procedimientos que se
utilizarán para evaluar el desempeño del programa y el logro de los objetivos planteados.

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I. En dónde estamos
Relación género, mujer y salud
La incorporación de la perspectiva de género por parte de los tomadores de decisiones en
las políticas públicas en general y de salud en particular, ha sido defendida por algunas
académicas de los estudios de género y por organizaciones de la sociedad civil, con el
argumento de que existen tres fuentes de inequidad por género en el mundo: la primera
fuente la constituyen las normas y los valores vinculados con lo masculino y lo femenino
(la concepción de la sexualidad, segregación de la mujer, etc), los cuales a pesar de que
pueden modificarse, han constituido una fuente constante de inequidad; la segunda
fuente, son las inequidades derivadas directamente del género, que restringen el
desarrollo equitativo de las personas (división sexual del trabajo, roles, etc.) y la tercera
fuente, corresponde a los agentes externos, las instituciones familiares, legales, laborales,
educativas y de salud, que pueden o no legalizar, legitimar y perpetuar la discriminación.
Es indispensable crear un contexto jurídico y sociocultural que elimine toda forma de
discriminación y que promueva prácticas de equidad y respeto por las personas que
permitan, a su vez, a los individuos y los diversos grupos de la sociedad, especialmente
los más marginados, llevar a cabo cambios a nivel de su comunidad, familia y persona.
Se ha documentado en diversos países y contextos que, cuando no se dan ciertos cambios
institucionales, las decisiones individuales son muy costosas y pueden inclusive dejar a la
persona en una condición de menor empoderamiento. El empoderamiento se refiere a la
capacidad para exigir o alcanzar un estatus que legítimamente le corresponde a una
persona, y se le ha negado, y una manera de definirlo en términos operativos es hacer
referencia a la posibilidad de las personas para tomar decisiones estratégicas y elegir vivir
su vida de la manera que desean vivirla.
La incorporación de la perspectiva de género en el sector salud representa sumarse a un
esfuerzo por promover cambios que den origen a relaciones más democráticas en la
interacción entre hombres y mujeres, y entre estos y las instituciones, en especial en los
ámbitos de la prestación de servicios de salud, la construcción del conocimiento y la
tecnología relacionadas con la salud-enfermedad así como del uso de la violencia en la
resolución de conflictos, del comportamiento sexual y las responsabilidades derivadas de
la reproducción, en virtud de que todas estas acciones podrían derivar en mejores
condiciones de salud para hombres y mujeres.
DEFINICIÓN DE GÉNERO
A pesar de los muchos usos y significados que tiene y ha tenido la categoría género, es
posible encontrar coincidencias en cuestiones centrales como, por ejemplo, que se trata
de una construcción social y cultural de lo que se considera femenino y masculino. A
partir de las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, se construyen ideas y
representaciones acerca de qué distingue a los hombres y a las mujeres más allá de sus
cuerpos y sus características físicas. Es así que se cada sociedad define perfiles ideales
que se traducen en un conjunto de rasgos de personalidad, actitudes, sentimientos,
valores, conductas y actividades diferentes para cada sexo.

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El género es una categoría que da cuenta de las relaciones de poder entre hombres y
mujeres que varían de acuerdo con los diferentes grupos socioeconómicos y culturales.
Para conocer el impacto que éstas relaciones tienen en la salud de las personas, es
necesario analizarlas más allá del contexto de las condiciones socioeconómicas de las
mujeres, e incluír los comportamientos y la manera en que tanto hombres como mujeres
viven e interpretan las relaciones entre ellos y la forma en que la organización y
funcionamiento de los servicios de salud está matizada por éstos significados sociales.
El género y la salud
La perspectiva de género, particularmente entendida como una categoría dinámica que se
construye socialmente, abarca a hombres, a mujeres y sus relaciones, y permite estudiar
la forma en que la construcción de las identidades, las desigualdades y las relaciones de
género pueden poner en riesgo el bienestar de hombres y mujeres, tanto en contextos
tradicionales como en ámbitos modernos.
La revisión de la literatura acerca de las diferencias por sexo en los indicadores de salud
muestra, que en las sociedades occidentales y occidentalizadas, donde las desigualdades
de género en el acceso a recursos no son muy pronunciadas, y donde predominan las
enfermedades crónicas y degenerativas como causas de mortalidad, las mujeres enferman
más que los hombres, pero los varones mueren antes que las mujeres.
GRÁFICA
Tabla 1. Tasas específicas de mortalidad por edad y sexo e índices de mortalidad
masculino-femenino por edad por diabetes mellitus.
25-44 AÑOS 45-64 AÑOS 65+ AÑOS
PAIS
SEXO
TASA
INDICE
TASA
ÍNDICE
TASA
INDICE
Estados
Unidos
H
M
2.9
1.9
1.52
19.4
17.2
1.12
90.9
99.6
0.91
Canadá
H
M
1.7
0.8
2.12
15.4
10.9
1.41
107.4
108.9
0.98
México
H
M
7.8
5.8
1.34
101.5
110.4
0.91
416.0
521.0
0.80
Cuba
H
M
3.1
4.5
0.68
16.1
36.7
0.43
93.5
209.9
0.44
Costa
Rica
H
M
2.1
2.7
0.77
23.9
36.3
0.65
108.3
148.5
0.72
Fuente: Pan American Health Organization, Health Promotion Program. NCD mortality trends project.
Washington. D.C., PAHO/HPA, 1991. En: Gender, Women and Health in the Americas. PAHO. Scientific
Publication no.541Gómez E. (Editora). 1993 Washington, D.C.

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En cambio, en contextos donde la condición desigual de las mujeres es muy pronunciada
y persiste el predominio de enfermedades infecciosas y parasitarias, existe una
sobremortalidad femenina, en la que la mortalidad materna juega un papel importante. En
los primeros, las diferencias por género parecen atribuirse más a los estilos de vida
diferentes dictados por normas diferenciadas para hombres y mujeres, mientras que en los
segundos la desigualdad y la discriminación aparecen como más relevantes. En México
hay poblaciones en ambas circunstancias.
La vinculación entre género y salud puede plantearse de la siguiente manera: el género
determina:
a) Necesidades especiales de atención para hombres y mujeres, incluso cuando se
trata de enfermedades que afectan a los dos sexos. Existe evidencia en la literatura
acerca de omisiones y consecuencias negativas en términos de oportunidad de
diagnóstico, calidad de atención y evolución de enfermedades que se han
producido como consecuencia de generar conocimiento a partir de ensayos
clínicos realizados en varones y aplicarlo en mujeres asumiendo que no existen
diferencias entre ambos. De los ejemplos que pueden citarse, quizá uno de los más
ilustrativos es el caso de la enfermedad coronaria, reconocida desde hace mucho
como una de las principales causas de muerte en varones de mediana y avanzada
edad. Sin embargo, ha sido solo recientemente que se ha estudiado con cierto
grado de significación a las mujeres. De acuerdo con diversos estudios
presentados en septiembre de 2001 en el XXIII Congreso de la Sociedad Europea
de Cardiología, a pesar de que también las mujeres son propensas a presentar
infartos al miocardio, ésta se ha considerado básicamente una enfermedad de
varones y esto se refleja en el hecho de que las mujeres representan tan solo el
20% de la población estudiada en ensayos clínicos sobre tratamiento en caso de
infarto. De acuerdo con los especialistas, las mujeres son biológicamente
diferentes, tienen respuestas sistémicas diferentes y es necesario promover esta
conciencia entre las autoridades que financian los estudios para que pongan más
atención en las mujeres. Los especialistas discutieron la importancia de
comprender la fisiología cardiovascular particular de las mujeres.
Tabla 2. Índice de mortalidad masculino-femenino por edad por infarto agudo al
miocardio, en 1987.
PAIS 25-44 AÑOS 45-64 AÑOS 65 + AÑOS
Estados Unidos
4.24
2.89
1.48
Canadá
4.45
3.65
1.65
México
2.60
2.59
1.47
Cuba
2.63
2.02
1.30
Costa Rica
4.68
2.68
1.80
Fuente: PanAmerican Health Organization, Health Promotion Program, NCD mortality trends project.
Washington, D.C., PAHO/HPA, 1991. En: Gender, Women and Health in the Americas. PAHO. Scientific
Publication no.541Gómez E. (Editora). 1993 Washington, D.C.

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La revisión de la literatura con perspectiva de género permite constatar que todavía
existen muchos aspectos en los cuales las mujeres no son tratadas de acuerdo con la
medicina basada en evidencias; se les sigue tratando como minoría. En México, no
contamos con suficiente información para documentar ésta situación entre lo que pueden
mencionarse algunos trabajos en los que puede constarse que se da atención
diferenciada; en la rehabilitación de la diabetes y la hipertensión se ha comprobado que
el impacto de la actividad física sobre la recuperación, es incluso mayor que el de la
pérdida de peso. Sin embargo, la indicación para hacer ejercicio es diferencial para
hombres y mujeres y son mucho menos las mujeres que llevan a cabo actividad física que
los varones.
Comprender los factores que determinan las diferencias entre hombres y mujeres en las
diversas enfermedades, desde lo biológico, lo psicológico y lo social, tiene implicaciones
para la salud pública en términos de prevención, diagnóstico oportuno, calidad de
atención, optimización de recursos y mejor calidad de vida para las y los ciudadanos.
b) Riesgos específicos asociados a actividades o actitudes consideradas femeninas o
masculinas. La socialización diferenciada tiene como consecuencia que hombres y
mujeres vivan de manera diferente el concepto de riesgo y además, que desempeñen
actividades diferentes, que por ende, los expone a riesgos distintos. Por ejemplo, a los
varones se les educa vinculando el cuerpo con la dureza, la fuerza y la violencia; es un
espacio de riesgo, de exposición constante. La división sexual del trabajo, reserva a los
varones las actividades que suponen mayores peligros físicos.
Para muchas mujeres, el cuerpo es vivido como un espacio de esfuerzo y sufrimiento en
el que se manifiestan sus funciones primordiales: la reproducción y el “ser para otros”.
INCLUIR GRÁFICA POR DEFUNCIONES EN TASAS Y GRÁFICA DE
ACCIDENTES.
c) Distinta percepción de necesidades de salud en hombres y mujeres. El hecho de que la
sociedad asigne a las mujeres el rol de cuidadora de los otros, y a la identidad masculina
le atribuya la independencia, influye directamente en la manera en que hombres y
mujeres perciben los signos y síntomas de la enfermedad, el momento en el que deciden
buscar atención médica así como cuidados profesionales o de sus familiares. Influyen en
la forma en que los proveedores de los servicios de salud responden a las demandas de
atención y la manera en que se asume o no el rol de enfermo(a) y cuidador(a).
INCLUIR LAS GRAFICAS DE LA ENSA 2 SOBRE USOS Y MOTIVOS DE LOS
SERVICIOS DE SALUD.
Los datos sobre la utilización de los servicios de salud en México muestran que las
mujeres hacen más uso de los mismos en edad y por causas reproductivas.
d) En el nivel macrosocial, distinta prioridad en la asignación de recursos públicos para la
atención a la salud y la investigación. En cuanto a la asignación de recursos públicos
para la atención a la salud, es posible identificar la marca que el género le imprime
cuando se observa que la organización de los servicios de salud reflejan la idea de que las

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mujeres son amas de casa que pueden asistir a consulta en las mañanas. Por otro lado, en
las campañas de salud y los programas comunitarios, se invierten los recursos en
capacitar a las mujeres para que sean las operarias de los mismos.
La mujer no sólo es objeto de la atención a la salud, sino también un sujeto activo en la
atención de la salud. En todos los grupos sociales en México las mujeres son,
tradicionalmente, las responsables de cuidar la salud de la familia, en especial la de los
niños pequeños, los ancianos y los discapacitados. Esta carga es especialmente pesada
para las mujeres de pocos recursos, ya sea que trabajen solo dentro o también fuera del
hogar, y que no cuentan con ayuda profesional o doméstica, ni acceden a los escasos
servicios privados que existen para cubrir estas necesidades. Las mujeres en México se
enfrentan, cada vez más, a un importante dilema: a pesar de que ellas se están
incorporando al mercado de trabajo remunerado a un ritmo acelerado, no reciben apoyo
ni reconocimiento alguno por el cumplimiento de su tarea de “cuidadoras” de la salud en
el ámbito doméstico.
INCLUIR GRÁFICA DEL DR. NIGENDA SOBRE TRABAJO DE MUJERES Y
HOMBRES COMPARATIVO
Esto se debe en gran medida, a los valores culturales que prevalecen, según los cuales,
estas funciones son inherentemente femeninas. No sólo son vistas así por los hombres de
la casa sino también por la sociedad en general, el estado e, incluso, por las propias
mujeres que cumplen, sin reclamar, con su “doble y hasta triple jornada”.
Adicionalmente, la falta de políticas que promuevan la participación de otros miembros
de la familia en los cuidados de la salud familiar perpetúan y acentúan esta situación.
Además, la falta de servicios para aligerar la carga de las mujeres como cuidadoras de la
salud en el nivel doméstico también tiene una influencia determinante. En algunos países
como Bélgica, Francia y Escandinavia, se han resuelto incorporando licencias de
paternidad además de las de maternidad así como la justificación de ausencias del padre
para el cuidado de las y los niños en caso de enfermedad. El número de guarderías es
totalmente insuficiente en el país y la calidad de las mismas es heterogénea. Finalmente,
no existen en México suficientes programas ni servicios públicos ni privados que se
responsabilicen del cuidado de ancianos que ya no son autónomos o de personas de
cualquier edad con capacidades disminuidas. Mientras estos servicios no existan, ni la
cultura ponga sobre otros miembros de la familia la misma presión que pone actualmente
sobre las mujeres, éstas vivirán conflictivamente los papeles que les toca jugar, con
frecuencia prácticamente incompatibles.
En cuanto a la asignación de recursos en la investigación así como la definición de temas
a investigar, vale la pena mencionar que además de los determinantes socioculturales
diferenciales en la salud de hombres y mujeres, la necesidad de documentar, de igual
manera, las diferencias biológicas entre varones y mujeres, es cada vez más inaplazable,
en virtud de que no se han contemplado lo suficiente y en los últimos años la
investigación en biología ha adquirido poderosas herramientas que pueden utilizarse para
responder nuevas preguntas. Las diferencias más evidentes y más estudiadas entre los
sexos han sido las vinculadas con los sistemas reproductivos. Sin embargo, se ha
mostrado que existen numerosas diferencias no reproductivas. Las diferencias en patrones

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de enfermedad y en espectro de vida entre hombres y mujeres, se traducen en respuestas
variables a los agentes farmacológicos, y a distintas manifestaciones de diversas
enfermedades tales como las cardiovasculares, la obesidad o los trastornos autoinmunes,
entre otras. Los expertos insisten en que comprender las bases de estas diferencias
basadas en el sexo, es importante para poder desarrollar aproximaciones novedosas en la
prevención, el diagnóstico y el tratamiento.
INCLUIR CUADRO DE LA DRA RICO.
Se han documentado también diferencias relacionadas con la salud mental que han
propuestas de investigación y estudios en curso de los Institutos Nacionales de Salud de
Estados Unidos (NIH) vinculados con aspectos orgánicos exclusivos de la mujer;
destacan entre ellos:
Investigar más sobre la seguridad y eficacia de los tratamientos de depresión durante
el embarazo y la lactancia, en virtud de que el trastorno depresivo mayor es el
principal trastorno en las mujeres en la etapa reproductiva y de crianza.
Investigar cómo y cuándo ocurren los trastornos mentales durante la transición
reproductiva y qué tratamientos pueden ser especialmente apropiados para las
mujeres durante sus años reproductivos.
Realizar investigación en neurociencias orientada a examinar diferencias entre
hombres y mujeres en el cerebro, que enriquezcan la comprensión de desarrollo
normal y patológico. Reportan investigaciones acerca de cómo los esteroides sexuales
afectan regiones específicas del cerebro al igual que vínculos funcionales entre el
hipotálamo, la pituitaria y las glándulas adrenales; ésta información está mejorando la
comprensión acerca de cómo factores hormonales pueden predisponer a las mujeres a
trastornos de estado de ánimo y ansiedad.
En cuanto a la salud mental, vale la pena hacer hincapié en la importancia de estudiarla y
atenderla con una perspectiva de género y analizar el incremento en las mujeres del
consumo del tabaco, el alcohol y otras substancias nocivas, así como de la alta
prevalencia de ciertos trastornos tales como lo de la alimentación y la depresión.
Ejemplos de otras temáticas relevantes para ser estudiadas orgánicamente en forma
adicional a la salud mental, son la premenopausia, el climaterio y el síndrome de tensión
premenstrual.
En México, se puede constatar la carencia de la aplicación de la perspectiva de género en
la investigación. Revisando la investigación realizada en nuestro país y reportada en el
2000 – 2001 en el Medline, en 150 publicaciones, puede observarse que en muchos
estudios no se especifica el sexo de los participantes en general, o en temas en los que la
diferencia de sexo es relevante, como es el caso de un estudio de fracturas de fémur, se
menciona que se estudiaron hombres y mujeres, pero no se reportan por separado los
datos; otro caso que refleja la falta de una vertiente de análisis tomando en cuenta las
particularidades de las mujeres, es el de estudios en diabetes, que si bien sí mencionan
cuántas mujeres se estudiaron y reportan los datos por separado, el sexo no fué tomado en
cuenta para el análisis de los datos. Pueden encontrase también trabajos en los que no se
toma en cuenta a mujeres, en éste caso niñas, en un estudio de orina para medir la
excreción de nutrientes. Un ejemplo interesante de la manera de interpretar los datos y
reflejar los estereotipos de género en las investigaciones encontradas, es el de un estudio

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en el que desde el título se especifica que se pretende capacitar a los padres (parents) en
la rehabilitación pediátrica, y sin embargo, a lo largo del trabajo, se habla únicamente de
las madres.
Como ya se mencionó al inicio del presente capítulo, el concepto de género hace alusión
a las relaciones de poder entre hombres y mujeres.
Una manifestación extrema de las relaciones de poder entre hombres y mujeres en el
ámbito intrafamiliar es el ejercicio de la violencia. Mientras los varones suelen ser en
mayor proporción victimarios y víctimas de la violencia extradoméstica, las mujeres y
niños son quienes casi siempre sufren la violencia sexual y la violencia física y
psicológica en el ámbito doméstico. Estas agresiones producen daños de diversos tipos,
directos e indirectos, tales como lesiones, mutilaciones, embarazos no previstos y abortos,
traumas emocionales, trastornos psicológicos, trastornos de la alimentación, estrés
crónico, depresión, enfermedades de adaptación, trastornos sexuales, menoscabo de
funciones y habilidades y propensión a comportamientos de riesgo debidos a sensaciones
de pérdida de control sobre el propio cuerpo y a la disminución de la autoestima y la
transmisión transgeneracional de la violencia.
Años de vida saludables perdidos en la Ciudad de México
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En la Ciudad de M xico:
1er lugar
D i a b e t e s
2do lugar
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3er lugar
V i o l e n c i a
D o m s t i c a
carga de la enfermedad y las lesiones por violencia doméstica contra las mujeres: el caso de la Ciudad de México. Banco interamericano de Desarrollo, Washington, DC. 197.
Fuente: Lozano A.R. La carga de la enfermedad y las lesiones por violencia doméstica
contra las mujeres: el caso de la Ciudad de México. Banco Interamericano de Desarrollo,
Washington, D.C.

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Años de vida saludable perdidos por mujeres por tipo de violencia en la Ciudad de
México 1994-1995
AVISA perdidos por las mujeres, por tipo de violencia: Ciudad
de M xico, 1994-1995
(Por 100.000 mujeres)
Otra perspectiva de la dimensión de las relaciones de poder entre hombres y mujeres que
ha sido señalada con potencial para afectar la salud, se refiere a las interacciones en la
prestación de servicios y a las jerarquías de valoración social intra y extrafamiliares en la
atención a la salud. Los prestadores de servicios de salud tienden a dirigir
autoritariamente la interacción con los y las usuarias. Esta dinámica de poder, que debe
ser explorada en situaciones concretas, tiene diversas consecuencias posibles para la
salud, que van desde la interpretación errónea o descontextualizada de signos y síntomas,
hasta la imposición de medidas terapéuticas o anticonceptivas, o su omisión, sin
considerar las necesidades de quien requiere la atención, ni su capacidad de decisión.
Existen estudios que muestran que el grado de adecuación de las pacientes a los
supuestos culturales que maneja el médico se relaciona directamente con la calidad de la
atención que reciben. Algunos trabajos han explorado el tipo de interacción entre
personal de salud y usuarios y de ambos sexos, encontrando reflejada una asimetría
fundamental entre hombres y mujeres que explica muchas características de los
encuentros médicos. Es así, que en los encuentros médicos mixtos (es decir, en donde los
actores son de diferente sexo), el master status de las mujeres (sean médicos o pacientes)
es su condición de mujer, mientras que el de los hombres es su condición de médicos o de
pacientes, según el papel que jueguen. Un indicador de la dinámica de poder que tiene
lugar en la interacción entre dos personas, es la frecuencia de interrupciones y hay
trabajos que documentan que cuando el médico es una mujer y el paciente un hombre, los
pacientes tienden a interrumpir a la doctora con mucha mayor frecuencia que cuando los
papeles son invertidos.
0
50
100
150
200
250
Violencia
conyugal
Asaltos
Violencia
sexual
Maltrato
infantil
Peleas
Daños no físicos
Daños físicos

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Otro aspecto de la participación de las mujeres en el cuidado de la salud, es su
participación mayoritaria como trabajadoras de los servicios de salud. Sin embargo, la
gran mayoría de ellas está ubicada en posiciones de muy baja jerarquía y su presencia es
marginal entre los mandos superiores de las instituciones de salud, a pesar de que
actualmente son mayoría o al menos alcanzan el 50% de la matrícula de las licenciaturas
del campo, como es el caso de la carrera de medicina y han sido amplia mayoría en
ocupaciones como enfermería, trabajo social y nutrición. Sin embargo, hay un número
muy reducido de mujeres en puestos de toma de decisión.
Las desigualdades o asimetrías sociales entre hombres y mujeres, permite documentar las
inequidades sociales entre ambos y sus consecuencias para la salud. Dependiendo del
modelo y de diversos autores, se señalan factores e interacciones diversas. Una de las
dimensiones de la desigualdad que pueden afectar la salud y que se señalan en la
literatura sobre el tema son las diferencias entre hombres y mujeres en el acceso a los
mercados de trabajo y las condiciones laborales. Un fenómeno documentado en nuestro
país es el hecho de que a pesar de que aproximadamente el 50% de la matrícula de la
carrera de medicina está compuesta por mujeres, tan solo el 33% de ellas están empleadas
en el sector médico contra el 77% de los varones; contrasta igualmente el hecho de que
tan solo el 11% de los médicos varones están desempleados contra el 57% de las mujeres
graduadas de la carrera.
Patrón de empleo médico por sexo en México, 1999
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33%
3%
5%
59%
77%
6% 5%
12%
Empleados en el
sector médico
Empleo parcial o
secundario en el
sector médico
Empleado en otro
sector
Desempleado o
inactivo
HOMBRES
HOMBRES
MUJERES
MUJERES
Patrón de empleo médico por género
Patrón de empleo médico por género
Patrón de empleo médico por género
Fuente: INEGI, Encuesta Nacional de Empleo Urbano, 2º Trimestre, 1999.

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% Mujeres
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30
40
50
60
Hombres
Mujeres
Participación
mujeres
No. de estudiantes
10000
20000
30000
40000
50000
60000
70000
1976 1978 1980 1982 1984 1986
1988 1990 1992 1994 1996 1998
% Mujeres
Pueden señalarse también algunas inequidades de género en las oportunidades de
desarrollo en el campo de la investigación, por ejemplo, en el Sistema Nacional de
Investigadores, el porcentaje de investigadoras mujeres fue del 18% en 1984 y de 28%
en 1998. En 1998, en el área de ciencias biomédicas y química, del total de
investigadores, 64.8% eran varones y 35.2% mujeres. Existen mecanismos
autoseleccionadores que operan en contra de las mujeres de dicho sistema, los cuales se
ven reflejados en hechos tales como que en ese mismo año, tan solo el 28.4% de las
solicitudes fueron de mujeres y de ellas solo el 28.7% de las solicitantes fueron
aceptadas.
Es importante hacer notar, que existen en nuestro país grupos de mujeres que viven
marginaciones sociales y de atención a la salud adicionales a su condición de mujer,
Tales son los casos de las mujeres indígenas, las mujeres con discapacidades y las
mujeres reclusas. Este último grupo de mujeres representa un extremo de marginalidad en
virtud de que prácticamente ningún programa de atención las contempla. Se calcula que
estas mujeres representan aproximadamente el 5% de total de la población de los
reclusorios de la República Mexicana. De acuerdo con los datos recabados por la Tercera
Visitaduría General de la C.N.D.H en visita a 87 centros de reclusión, existen 7,177
mujeres presas, muchas de las cuales están acompañadas de sus hijos e hijas, los cuales
sufren también la falta de atención médica.

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La dimensión de la trayectoria de vida es importante en la consideración de los factores
que influyen sobre las condiciones de salud de las mujeres. Algunos autores resaltan la
importancia de atender a la discriminación desde el nacimiento y luego en la infancia y en
la adolescencia; otros señalan que a lo largo de la trayectoria de vida las condiciones de
salud y atención a la salud van cambiando, siendo en ciertas etapas, más que en otras,
más desfavorables para las mujeres y situando siempre estas diferencias en complejas
dimensiones de género.
Consideraciones finales
Algunos aspectos de la salud de la mujer han sido considerados prioritarios por el estado
mexicano desde hace varias décadas, especialmente la anticoncepción y la salud materno-
infantil. En años más recientes, la preocupación se ha extendido a otras áreas de la vida
de la mujer. Ejemplos de ello son la participación activa y decidida de México en las
conferencias convocadas por Naciones Unidas en Cairo (ICPD, 1994) y Beijing
(ICW,1995) y las reuniones internacionales de seguimiento cinco años después, la ley
contra la violencia doméstica promulgada en años recientes, la creación del Programa
Nacional de la Mujer durante la administración anterior.
Pese a estos esfuerzos, los avances son aún limitados. En primer lugar, aún se restringe
esencialmente el concepto de salud de la mujer a sus funciones reproductivas y no se ha
incorporado un enfoque de ciclo vital, imprescindible para ofrecer una respuesta efectiva
a las necesidades integrales de salud de la mujer. Es así como poco se sabe de las
necesidades especiales de las niñas o de la frecuencia y las características (determinadas
biológica y socialmente) que los problemas de salud que no son exclusivos de las mujeres
adoptan en ellas, ni de cómo ofrecer una atención que responda efectivamente a estas
necesidades.
A la falta de conciencia y de información contribuye el hecho que las estadísticas
hospitalarias y de vigilancia epidemiológica no están desagregadas por sexo.
Si bien la cobertura de servicios para problemas de salud reproductiva y en general los de
morbilidad y de seguimiento epidemiológico, es razonablemente amplia, la calidad
técnica, humana y ética sigue siendo en ocasiones irregular y deficiente (ejemplos de ello
son la injustificadamente alta prevalencia de cáncer de cuello uterino, para el que existen
pruebas de detección, diagnóstico y tratamiento eficientes; el mal trato que
frecuentemente reciben las mujeres en los servicios de atención obstétrica, especialmente
cuando acuden a las instituciones para recibir cuidados para complicaciones del aborto, y
las violaciones a los derechos reproductivos y al consentimiento informado que
manifiestan las usuarias de los servicios de planificación familiar).
Finalmente, vale la pena enfatizar, que a pesar de la obvia importancia de tomar al género
como una variable esencial en la determinación de la salud y enfermedad, en el sector
público el término “género” es, hasta ahora, parte de la retórica, pero no se ha
incorporado todavía a las políticas y programas de un modo consistente y articulado.
La preocupación por la salud de la mujer no es privativa del sector público. De hecho, en
México existen organizaciones civiles fuertes y cada vez más numerosas e involucradas

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en diversas actividades. En aquellos lugares donde están presentes, muchas de las
organizaciones no gubernamentales han jugado un papel destacado, influyendo en la
opinión pública y en las decisiones políticas. Además, si bien se han establecido algunos
mecanismos formales para vincular al sector público y a las organizaciones civiles, éstas
han sido experiencias aisladas que todavía no han ofrecido los resultados que
potencialmente pueden dar.
Para ampliar la cobertura en los problemas prioritarios de salud vinculados con la
reproducción, la Dirección General de Salud Reproductiva tendrá a su cargo los
programas de Salud Reproductiva, Cáncer Cérvico-Uterino, Cáncer de Mama, Cáncer de
Próstata y Arranque Parejo.
Por otro lado, con objeto de atender los rezagos en la calidad técnica, humana y ética que
sigue siendo irregular y de