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mujeres son amas de casa que pueden asistir a consulta en las mañanas. Por otro lado, en
las campañas de salud y los programas comunitarios, se invierten los recursos en
capacitar a las mujeres para que sean las operarias de los mismos.
La mujer no sólo es objeto de la atención a la salud, sino también un sujeto activo en la
atención de la salud. En todos los grupos sociales en México las mujeres son,
tradicionalmente, las responsables de cuidar la salud de la familia, en especial la de los
niños pequeños, los ancianos y los discapacitados. Esta carga es especialmente pesada
para las mujeres de pocos recursos, ya sea que trabajen solo dentro o también fuera del
hogar, y que no cuentan con ayuda profesional o doméstica, ni acceden a los escasos
servicios privados que existen para cubrir estas necesidades. Las mujeres en México se
enfrentan, cada vez más, a un importante dilema: a pesar de que ellas se están
incorporando al mercado de trabajo remunerado a un ritmo acelerado, no reciben apoyo
ni reconocimiento alguno por el cumplimiento de su tarea de “cuidadoras” de la salud en
el ámbito doméstico.
INCLUIR GRÁFICA DEL DR. NIGENDA SOBRE TRABAJO DE MUJERES Y
HOMBRES COMPARATIVO
Esto se debe en gran medida, a los valores culturales que prevalecen, según los cuales,
estas funciones son inherentemente femeninas. No sólo son vistas así por los hombres de
la casa sino también por la sociedad en general, el estado e, incluso, por las propias
mujeres que cumplen, sin reclamar, con su “doble y hasta triple jornada”.
Adicionalmente, la falta de políticas que promuevan la participación de otros miembros
de la familia en los cuidados de la salud familiar perpetúan y acentúan esta situación.
Además, la falta de servicios para aligerar la carga de las mujeres como cuidadoras de la
salud en el nivel doméstico también tiene una influencia determinante. En algunos países
como Bélgica, Francia y Escandinavia, se han resuelto incorporando licencias de
paternidad además de las de maternidad así como la justificación de ausencias del padre
para el cuidado de las y los niños en caso de enfermedad. El número de guarderías es
totalmente insuficiente en el país y la calidad de las mismas es heterogénea. Finalmente,
no existen en México suficientes programas ni servicios públicos ni privados que se
responsabilicen del cuidado de ancianos que ya no son autónomos o de personas de
cualquier edad con capacidades disminuidas. Mientras estos servicios no existan, ni la
cultura ponga sobre otros miembros de la familia la misma presión que pone actualmente
sobre las mujeres, éstas vivirán conflictivamente los papeles que les toca jugar, con
frecuencia prácticamente incompatibles.
En cuanto a la asignación de recursos en la investigación así como la definición de temas
a investigar, vale la pena mencionar que además de los determinantes socioculturales
diferenciales en la salud de hombres y mujeres, la necesidad de documentar, de igual
manera, las diferencias biológicas entre varones y mujeres, es cada vez más inaplazable,
en virtud de que no se han contemplado lo suficiente y en los últimos años la
investigación en biología ha adquirido poderosas herramientas que pueden utilizarse para
responder nuevas preguntas. Las diferencias más evidentes y más estudiadas entre los
sexos han sido las vinculadas con los sistemas reproductivos. Sin embargo, se ha
mostrado que existen numerosas diferencias no reproductivas. Las diferencias en patrones