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L as pol icas p licas de g ero: un modelo para armar. El caso de Brasil
Page 1
L
as políticas públicas de
género: un modelo para armar.
El caso de Brasil
Sonia Montaño
Jacqueline Pitanguy
Thereza Lobo
6 ( 5
, (
mujer y desarrollo
45
Santiago de Chile, junio de 2003

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Este documento fue preparado por Sonia Montaño, Jefa Unidad Mujer y
Desarrollo de CEPAL, Jacqueline Pitanguy, Directora de CEPIA (Cidadania,
Estudo, Pesquisa, Informa
ã
4
0
ão) y Thereza Lobo, Directora Ejecutiva de
COMUNITAS, organización de la sociedad civil, desde 2000. Consultora del
Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y diversas
organizaciones del sistema de las Naciones Unidas.
Las opiniones expresadas en este documento, que no ha sido sometido a revisión
editorial, son de exclusiva responsabilidad de las autoras y pueden no coincidir
con las de la Organización.
Publicación de las Naciones Unidas
ISSN impreso: 1564-4170
ISSN electrónico: 1680-8967
ISBN: 92-1-322187-8
LC/L.1920-P
N° de venta: S.03.II.G.75
Copyright © Naciones Unidas, junio de 2003. Todos los derechos reservados
Impreso en Naciones Unidas, Santiago de Chile
La autorización para reproducir total o parcialmente esta obra debe solicitarse al
Secretario de la Junta de Publicaciones, Sede de las Naciones Unidas, Nueva York,
N. Y. 10017, Estados Unidos. Los Estados miembros y sus instituciones
gubernamentales pueden reproducir esta obra sin autorización previa. Sólo se les
solicita que mencionen la fuente e informen a las Naciones Unidas de tal reproducción.

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CEPAL – SERIE Mujer y desarrollo
N° 45
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Índice
Resumen ........................................................................................ 5
A. Las
políticas públicas de género: un modelo para
armar. El caso de Brasil.......................................................... 7
Sonia Montaño
I. Antecedentes.......................................................................... 7
II.
La
historia .............................................................................. 9
III. La influencia internacional .................................................. 11
IV. Del auge al retroceso ........................................................... 12
V. El relanzamiento: de la SEDIM a la Secretaría
Especial de Políticas para la Mujer ..................................... 14
VI.
Los
desafíos: igualdad social y eficacia interna .................. 16
1.
El papel del Conselho .................................................. 17
2. El desafío de la institucionalidad y la gestión
pública.......................................................................... 18
Bibliografía.................................................................................. 21
B. El movimiento feminista y las políticas de género en
Brasil ...................................................................................... 23
Jacqueline Pitanguy
I. La
Secretaría Especial de Políticas para la Mujer ............... 23
II. El feminismo como movimiento político ............................ 25
III. El feminismo y el Estado: movimientos de mujeres, género
y
políticas públicas .............................................................. 28
IV. Los Derechos Humanos: consolidación nacional e
internacionalización............................................................. 31
V.
La
Secretaría Especial de Políticas para la mujer:
contexto y desafíos .............................................................. 34
Anexos......................................................................................... 37

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Las políticas públicas de género: un modelo para armar. El caso de Brasil
4
C. La
gestión federal y la cuestión de género. Perspectivas de
institucionalización .............................................................................................................. 43
Thereza Lobo
I.
Oportunidades y riesgos del proceso de cambios de la gestión federal ............................. 43
II. La
relación entre el Estado y la sociedad civil................................................................... 53
III. Espacios de negociación, profundización y cambio........................................................... 55
Serie Mujer y desarrollo: números publicados .................................................................... 59

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CEPAL – SERIE Mujer y desarrollo
N° 45
5
Resumen
Los textos que conforman esta publicación son el resultado del
Seminario Gobernabilidad y Género (Brasilia, diciembre 2002) y
muestran la trayectoria de la construcción institucional de género en el
caso brasilero. El documento "Las políticas públicas de género: un
modelo para armar. El caso de Brasil" de Sonia Montaño sistematiza la
experiencia de fortalecimiento del mecanismo nacional para el avance
de la mujer en Brasil, identificando algunos nudos problemáticos del
proceso y presenta sus principales desafíos actuales respecto al
objetivo de consolidación de la gobernabilidad democrática con
equidad de género. El documento "Movimiento Feminista y las
Políticas de Género en el Brasil" de Jacqueline Pitanguy, expone
algunas consideraciones relacionadas con el movimiento de mujeres
en Brasil, y su expresión en la esfera del Estado, especialmente
durante los años 1985-1989, cuando el Consejo Nacional para los
Derechos de la Mujer fue creado, constituyendo así la primera
experiencia brasilera de política pública federal para el
empoderamiento de la mujer. Este documento también destaca algunas
características de la agenda del movimiento de las mujeres durante la
década de los años noventa, años altamente influenciados por la
internacionalización de los movimientos sociales y por los continuos
cambios en el rol del Consejo Nacional para los Derechos de la Mujer,
y señala los principales desafíos a ser enfrentados por la Secretaría
Especial de Políticas para la Mujer y por el nuevo gobierno dentro de
un contexto de consolidación de las instituciones democráticas.
Finalmente, el documento "La gestión federal y la cuestión de género.
Perspectivas de institucionalización" de Thereza Lobo, especifica las
oportunidades y riesgos del marco institucional de Brasil respecto a la

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Las políticas públicas de género: un modelo para armar. El caso de Brasil
6
gestión federal de la perspectiva de género; señala algunos insumos para la reflexión referentes a la
articulación entre el Estado y la sociedad civil que pueden repercutir sobre la igualdad de
oportunidades para las mujeres, e identifica los puntos de discusión y negociación para la
definición de una agenda para tornar la gestión de género en una acción de gobierno habitual e
institucionalizada en el quehacer cotidiano de las agencias gubernamentales.

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7
A. Las políticas públicas de género:
un modelo para armar. El caso
de Brasil
Sonia Montaño
1
I. Antecedentes
En el marco del seminario “Gobernabilidad y Género”,
promovido por la Comisión Económica para América Latina y el
Caribe (CEPAL) y la Secretaría de Estado de los Derechos de la
Mujer (SEDIM), con el apoyo del Fondo de Naciones Unidas para la
Mujer (UNIFEM), los días 10 y 11 de diciembre de 2002, se
reunieron en Brasilia aproximadamente 50 mujeres representativas del
movimiento feminista brasileño. En el seminario se presentaron
elementos para la reflexión en torno al vínculo entre gobernabilidad y
género. Esta actividad formaba parte de una serie de reuniones
preparatorias enmarcadas en un convenio de trabajo entre la SEDIM y
la CEPAL dirigidas a fortalecer la capacidad del mecanismo
institucional para las políticas de género, en el marco del proyecto
“Gobernabilidad democrática e igualdad de género de América Latina
y el Caribe”.
2
1
Jefa de la Unidad Mujer y Desarrollo de CEPAL. Se agradecen los comentarios de Irma Arriagada, Regina Festa, Virginia Guzmán y
Nieves Rico.
2
Se prepararon dos documentos especiales sobre Brasil y se presentó “Gobernabilidad Democrática e Igualdad de Género. Una
articulación posible”, de Virginia Guzmán, http://www.eclac.cl/mujer/proyectos/gobernabilidad/documentos/vguzman.pdf. También

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Las políticas públicas de género: un modelo para armar. El caso de Brasil
8
El objetivo del proyecto “Gobernabilidad democrática e igualdad de género en América
Latina y el Caribe” es fortalecer la capacidad de los mecanismos nacionales de promoción de la
equidad de género para integrar las demandas y necesidades de la mujer en los programas
nacionales de gobernabilidad y reforma del Estado.
El proyecto, que fue respaldado por la Mesa directiva de la conferencia regional sobre la
mujer de América Latina y el Caribe
3
en su sesión de septiembre de 2002, fue diseñado para apoyar
iniciativas destinadas a eliminar los obstáculos políticos y electorales que limitan la plena
participación de la mujer en el proceso de adopción de decisiones; apoyar y mejorar las iniciativas
destinadas a satisfacer la necesidad de instituciones sensibles al género a nivel local, en el contexto
de los procesos de descentralización; y desarrollar y mejorar la capacidad de promoción y
formulación de políticas de los mecanismos nacionales en el marco de la reforma del Estado y del
sistema de gobierno de ciertos países seleccionados. El seminario se inscribía en los objetivos
señalados y combinó la necesidad de intercambiar análisis y reflexiones sobre las lecciones
aprendidas en la región durante la última década, así como facilitar un debate al interior del
movimiento de mujeres del Brasil que les permitiera adoptar una posición frente al gobierno electo.
Ambos objetivos se cumplieron y fueron reconocidos por las participantes.
Esta actividad, en el contexto de la transición en democracia, permitió escuchar las voces del
movimiento de mujeres sobre temas relevantes como la historia del mecanismo y las políticas
públicas para la mujer en Brasil. Las participantes reconocieron que el espacio brindado por el
proyecto les permitió identificar temas importantes para el futuro del mecanismo institucional para
el adelanto de la mujer, así como evaluar los desafíos que el propio movimiento feminista tiene al
frente.
4
En ese sentido, el texto que se presenta tuvo como fuente el debate suscitado durante el
encuentro
5
entre distintas corrientes del movimiento de mujeres de Brasil. La reunión tuvo lugar
durante el proceso de transición
6
del Gobierno de Fernando Henrique Cardoso al de Ignacio Lula
Da Silva, luego de consultas preliminares con las autoridades del SEDIM y del equipo de
transición, considerando la experiencia regional que mostraba los momentos de cambio
gubernamental como críticos para la supervivencia y/o fortalecimiento de mecanismo de la mujer.
7
Este documento aborda algunos de los temas críticos en la trayectoria de construcción
institucional, identificando algunos nudos problemáticos de ese proceso. Se denomina “Un modelo
para armar” porque reconoce que aún se necesita mayor investigación para reconstruir la riqueza
del proceso de construcción de las políticas y porque el caso brasileño no tuvo en sus orígenes un
modelo posible de ser reproducido,
8
como ocurrió en los años noventa con otros países.
hizo una exposición la ex Ministra del Servicio Nacional de la Mujer (SERNAM) de Chile, Josefina Bilbao, relativa a su experiencia
en las relaciones con las organizaciones de mujeres.
3
La trigésima cuarta reunión de la Mesa directiva de la conferencia regional sobre la mujer de América Latina y el Caribe acogió con
beneplácito el proyecto “Gobernabilidad democrática e Igualdad de Género en América Latina y el Caribe” y recomendó a los
países miembros participar activamente en su seguimiento, ratificando el rol de monitoreo de la Mesa directiva.
4
El Gobierno del Presidente Lula decidió trasformar la SEDIM en Secretaría Especial de Políticas para las Mujeres, sacándola del
Ministerio de Justicia y transfiriéndola por decreto a la Presidencia de la República. En el mismo decreto, se trasladó el CNDM
como parte de la Secretaría. La ex senadora Emilia Fernández, designada como Secretaria de Estado, se mantiene como presidenta
del CNDM. Se conforma un grupo de trabajo que hasta julio de 2003 deberá definir las nuevas atribuciones del CNDM.
5
Ver informe elaborado por Silvia Camurça de la Articulación de Mujeres Brasileñas AMB.
6
Se sostuvo reuniones con Solange Bentes Jurema, Secretaria de Estado SEDIM, Vera Soares del equipo de transición del Presidente
electo Jose Ignacio Lula Da Silva y con la entonces Senadora Emilia Fernández del Partido de los Trabajadores (PT), actualmente
designada como Secretaria de Estado de la Secretaría especial de Políticas para as Mulheres, y otros miembros de la bancada
femenina del PT en el Congreso, del equipo técnico de la SEDIM y miembros de ONG y organizaciones de mujeres.
7
No son pocos los países que han visto desaparecer o debilitar la institucionalidad de género luego de producido un cambio
gubernamental, aunque el proceso inverso también es cierto.
8
Se desconoce el bagaje internacional, las experiencias nórdicas y europeas que aparecen en esta historia, pero se considera que, a
pesar de ellas, lo de Brasil tuvo mucho más de inédito que el resto de la región que tuvo a Brasil y España como modelos.

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9
II. La
historia
El Conselho Nacional dos Direitos de la Mulher (CNDM) en Brasil, fue creado el 29 de
agosto de 1985, luego de más de una década de movilizaciones del movimiento feminista brasileño
y latinoamericano. Este proceso de lucha por los derechos de las mujeres se alimentó del espíritu
antidictatorial de la época. Es pues necesario tomar en cuenta el escenario político en el que las
mujeres levantaron sus aspiraciones libertarias. El CNDM surge bajo el influjo de las aspiraciones
por lograr la representación de las mujeres en la democracia en el marco de procesos de transición
de la dictadura, a diferencia de otros organismos que más adelante surgirían al influjo de la reforma
del Estado y la búsqueda de gobernabilidad. Eso explicaría el énfasis democrático y de
representación que tuvo el accionar del CNDM, frente al énfasis en la gestión y la gobernabilidad
que pareciera caracterizar la construcción institucional en otros países.
Los Conselhos de São Paulo y Rio de Janeiro, la movilización de 1985 por las reformas
constitucionales y las estrategias para incidir sobre el gobierno civil de Tancredo Neves
9
marcaron
la memoria colectiva de la región tanto por la importancia de la movilización ciudadana para
cambiar la institucionalidad de la dictadura, como por el alcance de la movilización y los debates
públicos que se suscitaron para cambiar el marco constitucional.
Para entonces el feminismo brasileño se había convertido en uno de los referentes más
importantes de la región. La importancia capital de los procesos políticos brasileños sobre América
Latina acrecentó su influencia y aunque el movimiento feminista de Latinoamérica había mostrado
una gran vocación política, era la primera vez que, en la región, feministas autónomas —en el
sentido de actuar desde una identidad colectiva sin subordinarse a los partidos políticos—
ocupaban los espacios público-estatales para proponer, formular y ejecutar políticas inspiradas en
la visión feminista y desarrollaron estrategias de acción positiva en beneficio de la igualdad entre
hombres y mujeres.
10
No se afirma con esto que no hubo negociación con los partidos, la hubo y mucha siendo la
más importante, sin lugar a dudas, la que llevó a la inclusión de las reivindicaciones feministas en
la reforma constitucional de 1988. La inclusión de casi todas las reivindicaciones feministas
contenidas en la Carta das Mulheres Brasileras aos Constituentes en la reforma constitucional de
1988 quedó como testimonio de la versión feminista de la “imaginación al poder”… “Llegamos y
ganamos” recordaría una de sus líderes. Más de una década después Fernando Henrique Cardoso
recordaría que aquel debate constitucional fue un espacio importante de encuentro entre el Estado y
la sociedad (Gobierno de Brasil, 2000). Las demandas sociales en materia de derechos, incluidos
los sexuales y reproductivos que recorrían la región y que habían generado los más variados y
poderosos movimientos de reconocimiento del cuerpo y de identidad de género, desafiaban las
formas hasta entonces conocidas de hacer política.
Ubicado en el Ministerio de Justicia (Pitanguy, 2002) pero respondiendo directamente al
Presidente de la República, el Conselho logró obtener una cierta autonomía financiera y
administrativa, formalizando la participación del movimiento de mujeres a través de un Consejo
deliberativo, creando una dirección técnica y poniendo en marcha una forma de hacer política
donde la sociedad civil tuvo un gran protagonismo. El carácter deliberativo del Conselho estuvo en
la ley desde 1985 mientras que otros consejos existentes en Brasil como el de salud, lo asumieron
9
El Presidente Tancredo Neves, electo en 1985, fue sucedido por José Sarney por elecciones indirectas luego de que el primero
falleciera en abril de ese año.
10
Hay antecedentes de la existencia de oficinas de la mujer y experiencias innovadoras en este ámbito, especialmente en los
Ministerios de Trabajo y/o Bienestar Social (Ecuador, Bolivia, entre otros) surgidas en torno a la Conferencia de Nairobi en 1985,
pero ninguna de ellas tuvo su origen en el movimiento feminista organizado como sujeto político.

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10
recién en los años noventa. En ese sentido, el CNDM tuvo un carácter totalmente innovador no sólo
para las políticas de género si no para las políticas públicas en general
11
a las que sirvió de ejemplo.
La misión del Conselho fue definida como la de promover en el ámbito nacional políticas
para asegurar a las mujeres condiciones de libertad, igualdad de derechos y la plena participación.
El CNDM estaba allí para formular directrices, asesorar al Poder Ejecutivo, acompañando al
Estado a nivel federal estadual y municipal. Sugerir proyectos de ley, fiscalizar y exigir el
cumplimiento de la ley, promover intercambio y convenios con organismos nacionales e
internacionales, recibir denuncias de discriminación y encaminarlas a los órganos competentes,
mantener canales con el movimiento de mujeres y desarrollar programas y proyectos apoyando el
movimiento autónomo de mujeres. Las mujeres que conformaron el CNDM eran propuestas por el
movimiento según sus méritos y designadas por el Presidente de la República, incluida la
Presidenta del Conselho. La Secretaria Ejecutiva, instalada en el Ministerio de Justicia estaría a
cargo de la ejecución de las políticas.
Se cuenta que el Conselho de las Mujeres fue una fórmula imaginada para conciliar la
necesidad de tener un órgano al más alto nivel posible de la toma de decisiones con el deseo de
elegir a su cabeza a Ruth Escobar, líder feminista nacida en Portugal y que por razones legales
asociadas a su nacionalidad no podía ejercer el título de Ministra.
12
Mas allá de lo anecdótico, esta experiencia muestra una gran capacidad de adaptación al
contexto político y la confirmación de que las formas institucionales eran importantes, pero más
importante aún era garantizar poder y liderazgo capaces de modificar las relaciones de género. Más
interesante fue la influencia del clima político sobre percepciones acerca de lo ocurrido ya que,
mientras la norma otorga el poder de decisión al Presidente en la designación de las consejeras, en
el imaginario de las activistas brasileñas queda la idea de que fueron ellas las que decidieron. Así,
el Conselho fue por un lado una especie de órgano de poder en el espíritu de las organizaciones
surgidas de la política de masas de los años setenta y, por otro lado, un instrumento de gestión
13
caracterizado por una fuerte incidencia de la sociedad civil en proceso de crear un imaginario
nuevo sobre las relaciones de género.
En ese momento, las feministas también orientaron su acción hacia los órganos emblemáticos
de la democracia como el Parlamento y la Constituyente. No fue sin debate que tal cosa ocurrió ya
que, en el contexto de la transición de dictadura a democracia, el parlamento parecía tener más
legitimidad que el poder ejecutivo. En la práctica, las feministas ocuparon tres espacios: las calles
con el movimiento social, el parlamento con los representantes de la democracia y el ejecutivo con
el partido de gobierno de turno.
En todos esos espacios prevaleció la conciencia de la necesaria autonomía del movimiento y
una cierta noción de transitoriedad nunca explicitada suficientemente y que probablemente tenía su
explicación en la precariedad de las instituciones políticas después de la dictadura y en una cierta
idea de la democracia representativa como paso necesario, pero insuficiente, para garantizar los
derechos de las mujeres. Aunque en ese tiempo las instituciones democráticas habían recuperado
legitimidad ante la ciudadanía —las dictaduras habían puesto en evidencia el valor fundamental de
las instituciones formales de la democracia (Montaño, 2000)—, desde el punto de vista de género
toda democracia era considerada deficitaria. La autonomía era vista como una necesidad.
No fueron pocos los logros del CNDM en la primera etapa en que, además de traducir los
cambios constitucionales en medidas legislativas, éste inicia lo que más adelante se convertiría en
11
Ver Sección II.
12
Historia ratificada por la propia Ruth Escobar en septiembre de 2002 en la “Tenda de las Sabias”, convocada en Brasilia por la
SEDIM para discutir el futuro de la Secretaría.
13
En aquel momento el CNDM tenía un presupuesto similar al de SEDIM para programas y proyectos equivalente a siete millones de
dólares excluyendo salarios y gastos administrativos.

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11
una estrategia de transversalización de la perspectiva de género. Se estaba inaugurando en la región
una manera de hacer políticas públicas transversales cuyos objetivos y metas surgían de la demanda
social. Comenzaba lo que sería un interesante debate sobre las políticas sectoriales frente a las
transversales, cuyos resultados deberían medirse no de acuerdo con el cumplimiento de objetivos
delimitados por un tema o sector, si no por la satisfacción en el cumplimiento de los derechos de un
determinado grupo poblacional. La idea de incidir sobre y controlar el Estado por parte de la
sociedad adquirió renovada importancia. No bastaba ya la fiscalización parlamentaria, ni siquiera el
papel de la opinión pública, había que crear mecanismos institucionales. Las mujeres organizadas
que ya habían logrado modificar el imaginario social explicitando sus derechos en la Constitución,
se disponían a convertirse en mediadoras entre el movimiento amplio de mujeres y el Estado para
organizar un sistema que permitiera el ejercicio real de los derechos reconocidos.
III. La influencia internacional
Los años ochenta fueron muy ricos en experiencias y procesos orientados a influenciar las
políticas públicas de género en el ámbito internacional. En 1985, en la Conferencia Mundial sobre
la Mujer en Nairobi, se aprobaron las Estrategias de Nairobi orientadas hacia el futuro para el
adelanto de la Mujer hasta el Año 2000. A nivel de la región, ya en 1977 se aprobó un Plan que
reflejó el grado de influencia del movimiento de mujeres sobre los conceptos que ordenarían las
políticas públicas. Evocando la Conferencia Mundial del Año Internacional de la Mujer celebrada
en México en 1975, los Estados miembros de la CEPAL aprobaron un Plan de Acción Regional
que, además de analizar el contexto, los vínculos de la igualdad de género con las políticas de
desarrollo y la importancia de la participación política, prefiguró lo que sería una demanda
constante de las últimas décadas en materia de desarrollo institucional. El Plan de Acción Regional
de 1977 plantea lo que puede considerarse un catálogo de la institucionalidad llamando a las
mujeres a “participar activamente en la realización de todas las acciones propuestas, a todos los
niveles, utilizando y creando los medios y mecanismos apropiados para ello”.
El mismo plan recuerda la necesidad de “mecanismos interdisciplinarios y multisectoriales
en el plano nacional, regional e interregional para la formación y ejecución de políticas
encaminadas a alcanzar objetivos de igualdad e integración para las mujeres”. Concluían llamando
a los gobiernos a dotar de presupuesto y recursos humanos a estos mecanismos “de acuerdo con sus
propios sistemas administrativos de trabajo”. Esta frase insertada en el Plan (párrafo 21), mostraba
lo que sería a lo largo de los años una tensión permanente entre la demanda de las mujeres de tener
mecanismos al más alto nivel, específicamente a la creación de ministerios, y las resistencias de los
Estados a modificar sus estructuras administrativas para acoger esa demanda. Es con ese argumento
que el compromiso de crear mecanismos al más alto nivel fue interpretado como el más alto nivel
“posible”.
En 1994, la Conferencia Regional de Mar del Plata no sólo mantiene esta demanda sino que
se observa un énfasis en la necesidad de influenciar las políticas sectoriales. Se abandona el
lenguaje de la integración de la mujer al desarrollo y se lo sustituye por el de la incorporación de la
perspectiva de género “en los más altos niveles de planificación del desarrollo” (1994, línea
estratégica 1) incluyendo a organismos nacionales, regionales e internacionales, es decir, repitiendo
lo planteado en 1977 y especificando planes, programas y proyectos además de organizaciones no
gubernamentales, las que para entonces habían adquirido una gran fuerza como sucedáneas del
Estado en la protección de los derechos de las mujeres.
En los años noventa se acentuó este proceso al calor de los preparativos de la Cuarta
Conferencia Mundial sobre la Mujer. La Plataforma de Acción de Beijing reiteraba que ..."los
mecanismos nacionales para el adelanto de la mujer son los organismos centrales de coordinación

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12
de políticas de los gobiernos. Su tarea principal es prestar apoyo en la incorporación de la
perspectiva de la igualdad de géneros en todas las esferas de política y en todos los niveles de
gobierno. Para lograr el funcionamiento eficaz de los mecanismos nacionales es preciso que:
14
a. Se los considere en las instancias más altas de gobierno que sea posible y que estén bajo la
responsabilidad de un ministro del gabinete;
b. Existan mecanismos o procesos institucionales que agilicen, según proceda, la
planificación descentralizada, la aplicación y la vigilancia con miras a lograr la participación de las
organizaciones no gubernamentales y organizaciones comunitarias, empezando por las de base;
c. Se disponga de suficientes recursos presupuestarios y capacidad profesional;
d. Haya oportunidades para ejercer influencia en la formulación de todas las políticas
gubernamentales” (Art. 201).
Además, el artículo 202 manifiesta que: "al abordar la cuestión de los mecanismos para la
promoción del adelanto de la mujer, los gobiernos y otros agentes deben fomentar la formulación
de políticas activas y visibles para la incorporación de una perspectiva de género en todas las
políticas y programas de modo que, antes de que se adopten las decisiones, se realice un análisis de
sus posibles efectos para uno y otro sexo".
Los objetivos estratégicos planteados en este capítulo son:
Crear o fortalecer mecanismos nacionales y otros órganos gubernamentales.
Integrar perspectivas de género en las legislaciones, políticas, programas y proyectos
estatales.
Preparar y difundir datos e información destinados a la planificación y la evaluación
desglosados por sexo.
No cabe duda que la experiencia del CNDM iba en la línea de lo propuesto por el
movimiento internacional de mujeres en las Conferencias de Naciones Unidas. Se trataba no sólo
del ingreso de las militantes al Estado si no de su capacidad para crear un entramado de relaciones
que catalicen las demandas de las mujeres y las conviertan en políticas públicas. Es importante
subrayar, tal como señala Pitanguy, que no fue sólo el contexto internacional el que favoreció este
desarrollo, si no que Brasil estuvo en una situación privilegiada para liderar posiciones de cambio
gracias al marco constitucional que legitimaba la defensa de los derechos de la mujer incluidos los
derechos reproductivos.
IV. Del auge al retroceso
Este proceso se caracterizó por su carácter pionero. Era la época de los años ochenta donde
todo estaba por hacerse. La creación de los consejos pretendía mantener la flexibilidad de los
movimientos sociales y al mismo tiempo penetrar el Estado de una manera híbrida (Blay, 1998),
manteniendo una relación ambigua de estar sin estar en el gobierno. Aquí se debe recordar que la
búsqueda de una interlocución con el Estado por parte del movimiento de mujeres se hacía desde la
vigencia de un concepto que fue hegemónico en el pensamiento feminista de la época: el concepto
de autonomía del movimiento, entendida en sus dimensiones organizativas, ideológicas,
programáticas y físicas. Se hablaba no sólo de la libertad de pensamiento para formular
reivindicaciones desde la matriz conceptual del feminismo, si no de la necesidad de hacerlo desde
espacios organizativos autónomos.
14
Inciso “h” de la Plataforma de Acción de Beijing.

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13
Por otro lado, el concepto de autonomía estaba referido a la necesidad de no ser “cooptada”
(Pitanguy, 1999) por el Estado en el sentido de subordinarse a las visiones neutrales y autoritarias
que se le atribuían a éste. El Estado era visto, sobre todo a partir de las dictaduras, como la
encarnación de la fuerza y en menor medida como el responsable o garante de la protección y
ejercicio de los derechos. Esta tensión entre afirmar la distancia de los partidos y del Estado, a la
vez que se reconocía la necesidad de políticas públicas llevó a la elaboración del concepto de
autonomía y a la idea de interlocución para “penetrar” los órganos del Estado. El movimiento
feminista se veía asimismo encarnando una voluntad de “cambio sin contaminación” y se sentía lo
suficientemente fuerte como para penetrar en el Estado saliendo impune. A eso Blay añade la falta
de experiencia del movimiento feminista para actuar en la legalidad ya que los prolongados
períodos de dictadura le obligaron a actuar en la clandestinidad y bajo un clima de violación a los
derechos humanos. Según Blay, el modelo del CNDM se adecuaba para un país recientemente
salido de la dictadura que no confiaba en la estructura del Estado y de los gobiernos. Además, los
movimientos de mujeres no tenían experiencia de actuación en la legalidad después de haber vivido
décadas de ilegalidad.
Era el tiempo en que el feminismo latinoamericano todavía saldaba cuentas con una izquierda
ciega a los temas de género y no tenía atisbos de aproximación con un liberalismo casi inexistente
desde el punto de vista político. El feminismo brasileño, al igual que en otros países, nace
principalmente en interlocución, a veces imaginaria, con la izquierda, y sus orígenes están
vinculados con la búsqueda de la igualdad social.
Es grande la deuda del movimiento feminista latinoamericano con esta creación del
movimiento brasileño. A él se le atribuyeron rasgos democráticos inéditos, capacidad creativa e
inspiración en muchas de las formas de combate a la discriminación de género: las comisarías
contra la violencia, la constitucionalidad de los derechos reproductivos, la institucionalización de la
voz de la sociedad civil en el diálogo con el Estado y un reconocimiento a la vitalidad de un
movimiento que actuaba en el Estado como invitado privilegiado.
Es preciso señalar que el CNDM es producto de un momento constitutivo de la recuperación
democrática donde se buscaban nuevos arreglos entre sociedad y Estado, pero donde aún no había
ingresado en el escenario internacional la idea de reducción del Estado.
Al finalizar el gobierno de Sarney (1985-1990), se produce un episodio crítico que implicó la
renuncia con movilización de la entonces presidenta del CNDM, Jacqueline Pitanguy. El gobierno
de Sarney consideró inaceptable la defensa de los derechos sexuales y reproductivos así como la
vinculación de los derechos de las mujeres con la lucha antirracista liderada por Pitanguy. La
presidenta renuncia en un acto masivo que simboliza “la salida”del movimiento de mujeres del
escenario gubernamental.
Con la victoria de Collor en 1990, se inaugura en Brasil un proyecto de reducción del Estado
que implicó la reducción de las atribuciones del CNDM y una pérdida de potencia aún mayor. En
esa etapa se consagra legalmente la pérdida de atribuciones del CNDM para ejecutar políticas
públicas (Gobierno de Brasil, 2000, Cabral 2002) .
En el ámbito internacional, el modelo brasileño del CNDM —emblemático por su accionar y
referencia feminista para el diálogo con el Estado— fue desplazado como modelo de gestión por
otro que vino de España: el Instituto de la Mujer. La creación del Servicio Nacional de la Mujer
(SERNAM) en Chile y de los Institutos de la Mujer en Centro América, además de la dosis propia
de creatividad nacional y de influencia de los procesos de reforma estatal, tuvieron una fuerte

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14
influencia de la experiencia española.
15
Brasil quedaba como una referencia para el movimiento,
sobre todo por su dimensión participativa
16
pero no para el Estado en el sentido de modelo de
gestión. Era necesario profundizar la mirada hacia las instituciones.
Para decirlo en sentido figurado, mientras en la experiencia brasileña se destaca la irrupción
de la sociedad dentro del Estado, en otras experiencias —inspiradas directa e indirectamente en el
modelo español— como la chilena, destaca la construcción institucional y el desarrollo de
herramientas para transversalizar las políticas. En los hechos, todos los países muestran fórmulas
distintas de la ecuación participación /gestión eficiente, pero es Brasil el que ha quedado teñido con
el signo del movimientismo. La idea de la concertación, de los pactos y la necesidad de guardar los
equilibrios políticos estuvo mucho más presente en el resto de los países comparada con la
experiencia brasileña donde, en cierta forma, se estaba frente a un movimiento social
“químicamente puro”.
Para fines de los años noventa, no sólo se había producido un debilitamiento interno del
Conselho, sino que habían surgido en el escenario regional otros referentes importantes como Costa
Rica y Chile (Del Gatto y Serrano 1990). Se había extendido en la región la influencia del Instituto
de la Mujer de España y la creación de un conjunto de mecanismos que surgieron en el nuevo
contexto. Brasil aparece como un país con enorme dificultad de remontar la ruptura producida entre
el Estado y la sociedad y pierde su liderazgo regional.
Eva Blay escribía en 1993, cuando ya había pasado casi una década de la transición a la
democracia, que para una eventual reorganización del Conselho, el movimiento de mujeres debía
trazar su estrategia haciendo una evaluación del nuevo cuadro político e insertándose en el mismo.
Se trataba de entrar en las reglas del juego del Estado democrático repensando la relación con las
instituciones y los partidos y asumiendo la lógica estatal desde una perspectiva democrática. Nada
de esto se concretó durante el primer gobierno de Fernando Henrique Cardoso y en los hechos fue
sólo al finalizar su segundo gobierno, a partir de la designación de Solange Bentes como presidenta
del CNDM, que fue posible concluir la gestión con una nueva institucionalidad y nuevos canales de
diálogo abiertos con la sociedad civil.
Es interesante observar que los cambios en la relación Estado—sociedad no coinciden
necesariamente con los cambios gubernamentales, aunque éstos tienen un efecto innegable. Así se
puede apreciar que las secuelas del enfoque de reducción del tamaño del Estado, heredadas de la
época de Collor, se mantuvieron en la base del estancamiento del CNDM durante el gobierno de
Fernando Enrique Cardoso. Las importantes transformaciones llevadas a cabo en Brasil no fueron
acompañadas por un desarrollo similar del CNDM y el debilitamiento de la voluntad política de
interlocución con el movimiento social así como la diseminación de éste en diversos ámbitos
territoriales y temáticos se mantuvo como rasgo de aquel momento.
V. El relanzamiento: de la SEDIM a la Secretaría Especial de
Políticas para la Mujer
Como era de suponer, aunque el Estado brasileño fue débil en iniciativas de “aggiornamento”
institucional del Consejo en la primera etapa del gobierno de Fernado Enrique Cardoso, el
movimiento de mujeres brasileras actuó para ingresar en distintos ámbitos de la política,
15
Consulta de la autora con Soledad Larraín y Teresa Valdés, en diciembre de 2002
16
Queda pendiente una investigación para ver dónde estaba la fuente de inspiración para demandar la participación de mujeres en
otros mecanismos nacionales para el adelanto de las mujeres.

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construyendo múltiples estrategias para que Brasil ingresara al nuevo siglo contando con un
amplio desarrollo jurídico e institucional en materia de igualdad entre hombres y mujeres. El
propio CNDM desarrolló iniciativas exitosas. Merece destacarse el esfuerzo relacionado con la
lucha contra la violencia hacia la mujer. Algunas no prosperaron por la debilidad política que las
afectaba pero quedaron como expresión de sus esfuerzos. Una de las más importantes estuvo
relacionada con la necesidad de modificar el Plan Plurianual (PPA), como herramienta de
planificación.
Una de las consecuencias de la debilidad política y de la escasa iniciativa gubernamental por
rectificar este proceso de debilitamiento del CNDM, fue el potenciamiento de organizaciones no
gubernamentales que asumieron la tarea de remplazar en cierta forma la acción del Estado o de
focalizar sus esfuerzos de incidencia política en escenarios territoriales más pequeños como los
estados o los municipios. Brasil ha conocido en los últimos años un desarrollo amplio y
heterogéneo de iniciativas sociales encaminadas a ejecutar políticas, hacer lobby y organizar las
aspiraciones de las mujeres desde una perspectiva ciudadana. Brasil, a comienzos de siglo, no sólo
cuenta con un marco constitucional muy avanzado, tiene además del CNDM y los consejos
estatales y municipales surgidos en la década pasada, una impresionante cantidad de programas,
acciones y experiencias innovadoras. Este desarrollo podría llevar al surgimiento de tendencias
corporatistas
17
difusas (Arbos y Giner, 1993) en el sentido de confundir las preocupaciones e
intereses legítimos, pero particulares, de algunos grupos de mujeres con las políticas públicas para
el bien común. Podría convertirse también en una forma de mediación democrática que favorezca
políticas públicas donde se articule de manera concertada lo sectorial con lo transversal y lo
particular con lo general.
La Secretaría de los Derechos de la Mujer (SEDIM), dependiente del Ministerio de Justicia,
fue creada el 8 de mayo de 2002 al finalizar la gestión de Fernando Henrique Cardoso, por medio
de una medida provisional asignándole el estatus de Ministerio. Su creación marca un punto de
inflexión muy importante. Hasta entonces el CNDM actuó como sucedáneo del órgano
gubernamental conviviendo con una institucionalidad heterogénea y desarticulada que, sin
embargo, obtuvo algunos éxitos ya señalados más arriba. El 4 de septiembre del mismo año, fruto
de la acción unitaria de la bancada feminista en el Congreso, se aprueba por unanimidad en la
Cámara de Senadores la creación de la SEDIM como Secretaría de Estado. Como lo reconoce la
propia memoria de la SEDIM, a esta medida se le asigna un gran valor para las políticas de la
mujer. Ella ha sido elogiada y criticada tanto por su importancia como por el retraso con que fue
adoptada. El contexto electoral en el que ella surgió no impidió que se produjera una unanimidad
mientras el propio movimiento de mujeres debatía las consecuencias de la medida. Las mujeres
comprendieron que la existencia de SEDIM favorecía la posibilidad de avanzar en el
posicionamiento, legitimidad e institucionalización de las políticas públicas de género.
Una de las diferencias entre el proceso de gestación del CNDM y la creación de la SEDIM
radica en los nuevos rasgos del movimiento social de mujeres, las nuevas formas de
relacionamiento con el Estado y la propia transformación de la gestión estatal. Mientras el Consejo
de los ochenta es el producto nítido de una movilización social directa, la SEDIM es el resultado de
un proceso de incidencia política y negociación con instituciones estatales. Para surgir, la SEDIM
tuvo que remontar las dificultades de relacionamiento con el movimiento de mujeres, tuvo que
reconocer las nuevas instituciones y grupos especializados, redes y otros, tuvo que aceptar las
nuevas reglas del Estado para la formulación de políticas en un contexto en que la equidad de
género no ocupaba un lugar importante en la agenda política y tampoco podía demostrar un
liderazgo internacional. La SEDIM debe entenderse como el producto frágil y virtuoso de un
17
Arbos entiende por corporatismo a la presencia hegemónica de las corporaciones en una sociedad dada, mientras que corporación es
cualquier institución social asociativa, formada por individuos o coaliciones para alcanzar un conjunto de fines explícitos.

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proceso de concertación y negociación que tuvo la simpatía política de las autoridades y la
tolerancia benévola del movimiento. En ese sentido, lo más importante que deja es la legitimidad
de un espacio de formulación de las políticas públicas, reposicionado al más alto nivel y que vuelve
a plantear la necesidad de un movimiento de mujeres transversal a los partidos políticos y que en el
pasado reciente, a pesar de su número reducido y de las diferencias partidarias, actuó en conjunto
en torno a las leyes de violencia, el Protocolo Facultativo de la CEDAW, la ley de cuotas o la
institucionalidad de género.
Uno de los aspectos más novedosos del proceso electoral que desembocó en la elección del
Presidente Lula, fue la percepción generalizada de la importancia electoral y política de las
mujeres. De hecho, el cambio en la composición del Senado es muy importante ya que de los
ochenta y un senadores electos, nueve son mujeres, la mayoría perteneciente al Partido de los
Trabajadores. Aumentó también el número de diputadas en 45% llegando a cuarenta y dos las
diputadas federales y en ocho estados las mujeres fueron las más votadas, incluyendo Rio de
Janeiro, aunque todavía no llegan a representar el 15% en total. Este incremento de mujeres abre la
posibilidad de fortalecimiento de la bancada transversal feminista.
Una vez electo, el Presidente Lula trasladó la SEDIM
18
a la Presidencia de la República, le
cambió la denominación a Secretaría Especial de Políticas para las Mujeres y creó un grupo de
trabajo que en sesenta días debería proponer cambios en la relación con el CNDM. Ello va en
consonancia con lo demandado por las organizaciones de mujeres las que estuvieron movilizadas
durante el proceso de transición.
19
VI. Los
desafíos: igualdad social y eficacia interna
La nueva Secretaría Presidencial de Políticas para la Mujer, al igual que la mayoría de los
mecanismos nacionales de la mujer en América Latina, debe enfrentar varios desafíos. Uno de ellos
tiene que ver con la “baja intensidad” de su poder. Se trata de desarrollar un conjunto de
mecanismos que permitan el logro de la igualdad y la eficacia en las políticas. En cuanto a la
jerarquía del mecanismo, Brasil ha avanzado al salir del Ministerio de Justicia y pasar a la
Presidencia lo que la aproxima más al círculo de toma de decisiones y le da más visibilidad, ha
aumentado el número de mujeres en el sistema político y es mayor el peso electoral de las mujeres.
Si eso se suma a los avances en el marco jurídico, las políticas y los programas, podría afirmarse
que Brasil se encamina hacia una sociedad más igualitaria entre hombres y mujeres. Sin embargo,
los logros limitados en el campo social y económico tienen que ver con la baja intensidad de
presencia política del tema en la sociedad y en el sistema político. En la medida que las demandas
de género no logren ingresar a la agenda política, el mecanismo tenderá a bajar la intensidad de su
influencia dentro del gobierno. La ausencia de mecanismos habituales de coerción para el
cumplimiento de su mandato son un problema a considerar. Las políticas de género se asientan
solamente sobre la persuasión y en general los estados no sancionan su incumplimiento, esto mitiga
el impacto de la jerarquía ministerial de muchos organismos que no cuentan con mecanismos
necesarios en la política pública para obligar al cumplimiento de metas por parte de sus pares. Sólo
el Presidente o el Congreso pueden ejercer coerción para el cumplimiento de los objetivos políticos
de género. Es importante aquí que el movimiento de mujeres pueda orientar su acción para lograr
que se eleve el umbral social (Muller, 2000) de legitimidad de sus demandas. La experiencia
muestra que no basta la cercanía con el poder, es necesario que el clima social de género que
prevalece en un país favorezca la lucha por la igualdad o, dicho de otra manera, es necesario que el
18
La medida provisoria 103 del gobierno del Presidente Lula introduce estos cambios.
19
Aún no es posible evaluar el impacto de este cambio, excepto en sus aspectos positivos de jerarquización, continuidad y renovación
del CNDM y voluntad de diálogo amplio con la sociedad.

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movimiento en alianza con el mecanismo promuevan los cambios en la cultura política para que la
idea de la igualdad entre hombres y mujeres sea un supuesto naturalizado en el diseño de las
políticas (Montaño, 1999). Sólo la experiencia podrá decir cuánto hay que presionar y cuánto se
debe negociar para alcanzar ese umbral de legitimidad.
En la mayoría de los países la intersectorialidad y transversalidad del tema de género plantea
un desafío a la estructura organizacional del Estado que no ha sido resuelta. A este respecto Brasil
tiene algunas ventajas importantes. Por un lado, es un país donde la descentralización forma parte
del los procesos consolidados (Lobo, 2002). Además de la institucionalidad hay una conciencia
social amplia acerca de la importancia de la dimensión territorial. Por otro lado, el país tiene un
sistema de planificación que, a diferencia de otros países, permite un diseño global de las políticas.
Como señala Lobo, este punto de partida coloca desafíos importantes para las políticas públicas de
género.
La transición en Brasil ha sido un proceso en democracia y aunque son muchos los cambios
que se avecinan, es importante considerar que hay un nivel de continuidad que se debe administrar.
Continuidad y ruptura que deberán resolverse con respecto al rol del CNDM, al lugar y
características de los consejos estatales y municipales, a la cultura institucional de relacionamiento
intersectorial y a los supuestos culturales que obstaculizan el diseño de las políticas públicas.
1. El papel del Conselho
Antes de la creación de la SEDIM, en Brasil el CNDM era considerado un órgano de
deliberación colectiva, expresión de la sociedad civil en el Estado, cuya presidenta reportaba al
Presidente de la República. Por su parte, la SEDIM resultaba formando parte de la estructura básica
del Ministerio de Justicia equivalente a la Secretaría de los derechos humanos y su titular tenía el
rango de ministra.
La nueva autoridad de la Secretaría Especial hereda una dinámica de relacionamiento con el
CNDM que plantea muchas cuestiones. Está el problema de la representatividad de sus miembros,
el rol y las funciones del CNDM. También habrá que tomar en cuenta que el CNDM, sin ser un
órgano ministerial propiamente dicho, a momentos cumplía funciones “paraestatales” formulando
lineamientos de política, ejecutando programas y estaba dotado de una infraestructura reducida que
reflejaba la ambigüedad de la situación inclusive en el breve período de existencia de la SEDIM .
La transformación del CNDM en un consejo de control social puede ser percibida como una
limitación a sus atribuciones si el movimiento social no valora adecuadamente la importancia que
tiene la creación de una instancia ministerial. Ya en el momento de la transición Cabral planteaba
varias preguntas: ¿El consejo debe o no ser dependiente de la SEDIM?, ¿Debe tener unidades
operativas?, ¿Cuál es la autonomía de la SEDIM en cuanto unidad de primer nivel?
Por último, el traslado de la nueva Secretaría a la Presidencia de la República abre la
oportunidad de diseñar un nuevo modelo que considere los cambios institucionales y políticos del
Brasil y favorezca la transversalización de la perspectiva de género provisto que la agenda del
movimiento feminista se integre y alcance niveles de coincidencia con la agenda gubernamental. A
la nueva Secretaría se le plantea el gran reto de articular las demandas de las mujeres con la agenda
gubernamental que, hasta donde se ha anunciado, estará orientada con mucha fuerza a la reducción
del hambre. ¿Cuánto ha acumulado el CNDM-SEDIM para aportar a este esfuerzo nacional?, ¿Qué
capacidades puede movilizar para hacer la diferencia?
Se podrían añadir preguntas de orden político institucional como el nivel de
representatividad que debe tener el CNDM, la forma más democrática para su elección/designación
y llevar al extremo la cuestión de la representación/representatividad democrática. ¿Cuál es el
órgano depositario de las demandas de las mujeres: el Parlamento o el Consejo?. Es posible que en

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ese punto colisionen perspectivas políticas y filosóficas, lo que hace necesario desarrollar enfoques
que permitan la convivencia democrática de distintos órganos con la debida demarcación de los
alcances y mandatos de las distintas instituciones.
De hecho, hoy en América Latina hay una vasta experiencia de participación de
organizaciones y redes de mujeres en los consejos. Estas experiencias difieren por el tipo de
vínculo entre sí, por su ubicación territorial (federal estatal, municipal), por el carácter y nivel de su
designación, el valor de su voto para la toma de decisiones y sus propuestas, la convivencia con
representantes del poder ejecutivo, o simplemente con órganos de la sociedad. Por ejemplo, se trata
de un dilema democrático a resolver acerca de la manera más adecuada de combinar en un mismo
consejo, representantes de la sociedad civil con atribuciones deliberativas y representantes
gubernamentales con dependencia de jerarquías ministeriales y políticas.
La experiencia de Brasil pone en evidencia la importancia que tiene el valor simbólico y los
emblemas para la construcción de las políticas. A pesar de que el Conselho de las mujeres ha
cambiado, a pesar de que se constatan muchos cambios en el contexto político e institucional y a
pesar de la pluralidad de miradas que existen en torno al papel actual y futuro del consejo, es
evidente que hay coincidencia en torno a la importancia de mantener un consejo que exprese la
historia y asuma hacia adelante el papel de control social.
2. El desafío de la institucionalidad y la gestión pública
Brasil tiene un mecanismo de alto nivel, una autoridad con rango ministerial en la Secretaría
Especial para la Mujer. La persona designada tiene vínculos sólidos con el sistema político y la
Presidencia, así como un capital político propio. Por otro lado, Brasil tiene una institucionalidad
estatal importante así como un Estado descentralizado consolidado. Cuenta con una trama de
organizaciones sociales, redes y ONG, foros y otros que por derecho propio tienen interlocución
con el Estado. Le corresponderá a la nueva Secretaría diseñar una estrategia de empoderamiento del
movimiento de mujeres que permita avanzar en la consolidación de un marco de referencia que
sustente las políticas públicas, incluyendo la perspectiva de género; fortalecer el rol de gestión para
articular las políticas sectoriales con el plan nacional de gobierno; y fortalecer el rol de mediación y
negociación para articular la diversidad de demandas de las mujeres.
Con relación a las organizaciones de mujeres, éstas han evolucionado hasta desarrollar una
amplia gama de iniciativas societales con relación a las políticas públicas. El aprendizaje a actuar
en democracia del que habla Blay es infinitamente superior y forma parte de la práctica cotidiana
de las organizaciones de mujeres. También se ha producido una diseminación y ampliación de los
espacios de participación y representación política (Tabak, 2002). A los tradicionales espacios
electorales y partidarios se han sumado una cantidad importante de espacios estatales, municipales,
cívicos y organizaciones de nueva factura que son muy importantes a tomar en cuenta. Este mismo
desarrollo permite avizorar que no todo el desarrollo ha sido homogéneo y que pueden surgir rasgos
corporatistas que colisionan con la mirada necesaria del bien común. El hábito de actuar a nombre
de la sociedad o en lugar del Estado puede ser una dificultad en el fortalecimiento de la Secretaría
Especial. El movimiento deberá afrontar el desafío de construir y fortalecer instituciones eficientes.
Tanto las nuevas autoridades como el movimiento actuarán en un escenario en
transformación. Ellas deben asimilar las consecuencias de las reformas que han tenido lugar en el
Brasil la última década y adaptarse a las anunciadas por el nuevo gobierno. Luego del período en
que prevaleció la idea de reducción del Estado asociada principalmente con el gobierno de Collor
de Mello, le sucedió un proceso de cambios institucionales que correspondían a la búsqueda de
gobernabilidad económica en los años noventa. Las reformas orientadas a lograr la estabilidad
monetaria y el control del déficit público requerían desde esa perspectiva una adecuación del rol
del Estado.

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Según Lobo, son varias las condiciones que favorecerían la formulación de las políticas de
género: Brasil es uno de los pocos países que no ha desmontado el ministerio de planificación y ha
hecho un proceso de modernización muy importante. Los Planes Plurianuales (PPA) son
herramientas que mejor pueden ser utilizadas para las políticas de género. La descentralización
político institucional es un proceso irreversible y demanda su profundización desarrollando
instrumentos para una distribución de las responsabilidades a nivel estatal y municipal. Se puede
observar que uno de los temas que quedan pendientes en la agenda del año 2002 es la redefinición
de los mecanismos de articulación entre los niveles federales, estaduales y municipales, la relación
entre los consejos de manera horizontal y vertical, así como la relación de éstos con los otros
sectores y espacios territoriales. Esto es particularmente cierto para las políticas de género. Un
ejemplo de este rezago son los proyectos como Casa Abrigo y el Programa de Combate a la
Violencia Doméstica y Sexual que no lograron descentralizarse y quedaron hasta el gobierno de