Derechos humanos, sistema político y mentalidades

Entorno y perspectivas de la democracia de género *

Manuel Barahona M.
Marzo del 2001

Introducción

Catapultado por las cuatro Conferencias Mundiales de la Mujer, el tema de la equidad de género como elemento constitutivo de la equidad social ha venido ganando terreno en los últimos años. Los desarrollos teóricos y de opciones de política pública tendieron, inicialmente, a revertir la desventajosa situación de la mujer, punto de partida de las preocupaciones en la materia. Transformaciones legales y la creación de mecanismos nacionales, impulsores de políticas públicas y acciones en pro del adelanto de los mujeres han dejado su huella desde entonces.

En la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (El Cairo: setiembre de 1994) la discusión teórica y práctica dio un salto cualitativo al plantearse la co-responsabilidad del hombre y la mujer en diversos frentes del desarrollo pero también en el ámbito de la vida familiar, cotidiana.

Este parece ser el telón de fondo de planteamientos novedosos como el de democracia de género que aspiran a una mirada amplia y comprensiva de la sociedad desde una perspectiva "... género-inclusiva, que no se dirige sólo a las mujeres, sino que convoca a toda la sociedad, mujeres y hombres, para seguir avanzando en la equidad de género" (Enrique Gomáriz y Angela Meentzen: sf).

En la presente ponencia, interesa examinar el entorno y perspectivas de esta noción, considerando tres dimensiones interrelacionadas: 1) la consolidación del enfoque de derechos en las plataformas de acción de las Conferencias del Sistema de las Naciones Unidas en los años noventa, 2) las exigencias de apertura que pesan sobre los sistemas político democráticos, y 3) la posibilidad de profundas transformaciones en las mentalidades colectivas, en un contexto de mundialización que favorece la extensión del enfoque de derechos humanos como sustrato de una cultura global.

Junto a esta introducción, el documento se ha organizado en breves acápites con arreglo a las precitadas dimensiones, terminando con la sistematización de un conjunto de reflexiones finales.

Consolidación del enfoque de derechos humanos

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros (Declaración Universal de Derechos Humanos, Artículo 1).

Vistas en su conjunto, uno de los rasgos más notables de las Conferencias del Sistema de Naciones Unidas de la década de los noventa es que sus plataforma de acción se mueven en dirección a consolidar un enfoque de derechos humanos no restringido al ámbito de los derechos políticos y las libertades fundamentales y que hace de la persona humana el centro del desarrollo, afirmando la tesis de la indivisibilidad e interrelación de todos los derechos.

De este modo, por ejemplo, el Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (El Cairo: 1994) coloca explícitamente al ser humano y no las metas demográficas cuantitativas en el centro de todas las actividades en esta materia.

En términos de la equidad de género, la CIPD marca un hito fundamental al señalar que la potenciación de la mujer constituye un fin importante en sí mismo, además de ser un factor clave para mejor la calidad de vida de todos. Su Programa de Acción hace énfasis en la necesidad de establecer condiciones de equidad e igualdad entre hombres (ver recuadro 1) y mujeres y de apoyar las acciones de los hombres encaminadas a la potenciación de las mujeres.

Recuadro 1
IGUALDAD Y EQUIDAD ENTRE LOS SEXOS EN EL PROGRAMA DE ACCIÓN DE LA CIPD 94

La habilitación y la autonomía de la mujer y el mejoramiento de su condición política, social, económica y sanitaria constituyen en sí un fin de la mayor importancia. Además, son indispensables para lograr el desarrollo sostenible. Es preciso que mujeres y hombres participen e intervengan por igual en la vida productiva y reproductiva, incluida la división de responsabilidades en cuanto a la crianza de los hijos y al mantenimiento del hogar. En todo el mundo, la mujer ve en peligro su vida, su salud y su bienestar porque está sobrecargada de trabajo, y carece de poder e influencia. En la mayoría de las regiones del mundo, la mujer recibe menos educación académica que el hombre y, al mismo tiempo, no se suelen reconocer los conocimientos, aptitudes y recursos de la mujer para hacer frente a la vida. Las relaciones de poder que impiden que la mujer tenga una vida sana y plena se hacen sentir en muchos planos de la sociedad, desde el ámbito más personal hasta el más público. Para lograr cambios, hacen falta medidas de política y programas que mejoren el acceso de la mujer a una vida segura y a recursos económicos, aligeren sus responsabilidades extremas con respecto a los quehaceres domésticos, eliminen los obstáculos jurídicos a su participación en la vida pública y despierten la conciencia social mediante programas de educación y de difusión de masas eficaces. Además, el mejoramiento de la condición de la mujer también favorece su capacidad de adopción de decisiones a todos los niveles en todas las esferas de la vida, especialmente en el terreno de la sexualidad y la reproducción. Esto es esencial, a su vez, para el éxito a largo plazo de los programas de población. La experiencia demuestra que los programas de población y desarrollo tienen la máxima eficacia cuando, al mismo tiempo, se adoptan medidas para mejorar la condición de la mujer.

FUENTE: Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo. Párrafo 4.1

El hincapié que hizo la CIPD en los derechos sexuales y de procreación (derecho a la salud sexual y de la reproducción, derecho a adoptar decisiones con respecto a la procreación, derecho a condiciones de igualdad y equidad de hombres y mujeres, derecho a la seguridad sexual y de la reproducción; esencialmente) y el papel central de la mujer en el desarrollo fue reafirmado en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social (Copenhague, 1995) y recibió su espaldarazo definitivo en la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing, 1995).

La consolidación del enfoque de derechos humanos que propician las Conferencias de Naciones Unidas en los noventa, puede asimilarse como momento constitutivo, y en cierto modo, culminante del proceso de expansión de la ciudadanía (civil, política, social) descrito por el sociólogo inglés Thomas H. Marshall. Y aquí, siguiendo el planteamiento de la CEPAL, convendría visualizar el tema tanto desde el lado de la exigibilidad de derechos como por el lado de la participación ciudadana, que implica un compromiso entre el individuo y el destino social, entre los poderes públicos y el ciudadano (ver recuadro 2).

Recuadro 2
CIUDADANÍA Y DESARROLLO

... la ciudadanía implica un compromiso recíproco entre el poder público y los individuos. El primero debe respetar la autonomía individual, permitir y promover la participación la participación en la política y brindar, en la medida que el desarrollo lo permita, posibilidades de bienestar social y oportunidades productivas. Los segundos deben ejercen su capacidad de presión para que el Estado cumpla los compromisos recién indicados, pero a la vez, deben contribuir con su participación en el ámbito público, haciendo aportes para enriquecerlo.

En esta visión general, la promoción de la ciudadanía significa, en primer término, el desarrollo de la ciudadanía civil, entendida básicamente como el respeto a la autonomía de las personas. En segundo lugar, significa el desarrollo de la ciudadanía política, es decir, la extensión de la gama de agentes de la sociedad que participan en los procesos deliberantes y decisorios. Es, en tercer lugar, la promoción de la vigencia de los derechos económicos, sociales y culturales, dentro de los límites de las posibilidades de cada sociedad. En las sociedades de información de hoy, es también, la capacidad de los ciudadanos de disponer de los conocimientos y bienes necesarios para participar como actores en los flujos de información, en la circulación de conocimientos y en el diálogo mediático, y para adaptarse a nuevos procesos de gestión y organización. Finalmente, en el sentido más republicano, es la promoción de la capacidad de los Estados y los sistemas políticos de absorber y reflejar las nuevas prácticas de los movimientos sociales y combinar las políticas públicas con el capital social que la propia sociedad, a través de sus organizaciones, va forjando.

FUENTE: CEPAL (2000b), p. 65.

Las demandas al sistema democrático

La democracia no es solo un conjunto de instituciones o un tipo de personalidad; es sobre todo una lucha contra el poder y contra el orden establecido, ya sea el príncipe, la religión o el Estado, y en favor de la defensa de las minorías contra la mayoría. Es compromiso en estas luchas al mismo tiempo que liberación de un Sujeto que se niega a ser reducido al ciudadano o al trabajador, y que no se satisface con esa nube ideológica que es la idea de Humanidad. La democracia no es sólo un estado del sistema político, sino más aún un trabajo y un combate permanentes para subordinar la organización social a valores que no son ni la una ni la otra propiamente sociales: la racionalidad y la libertad. La democracia no es el triunfo del pueblo, sino la subordinación del mundo de las obras, las técnicas y las instituciones a la capacidad creadora y transformadora de los individuos y de las colectividades (Alain Touraine).

Las últimas décadas del siglo XX fueron escenario de la caída de regímenes autoritarios en muchos países en vías de desarrollo así como en la Europa Centro Oriental, dando lugar a nuevas democracias, muchas de las cuales son altamente frágiles y vulnerables en virtud de sus dificultades para garantizar el ejercicio de la ciudadanía civil y política así como para enfrentar los problemas de pobreza y exclusión social.

Por su parte, democracias de larga data experimentan también dificultades para mantener una activa adhesión ciudadana a la institucionalidad democrática y al sistema político como tal. Una sensación de malestar con la clase política y la política en genereal, traducida en la desconfianza hacia los mecanismos tradicionales de representación y abstencionismo en las jornadas electorales es un claro síntoma de tales dificultades.

En este contexto, han surgido múltiples demandas en pro del perfeccionamiento de las democracia que orientan la atención al desarrollo de mecanismos de consulta y mayor participación de la población: la constitución de democracias deliberativas o dialogantes. Según Giddens en este tipo de democracia interesa la deliberación como un proceso de discusión abierta a todos los puntos de vista y orientado a obtener acuerdos por diversos medios, estrategia que puede aplicarse tanto al terreno político formal como a otros órdenes sociales: la vida colectiva y los sistemas universalizadores (Giddens, Anthony: 1996, pp. 1200-121).

Las demandas de ampliación de los sistemas políticos democráticos y de su capacidad resolutiva en relación con los importantes desafíos sociales que enfrentan, constituye un factor que favorece elevar a un primer plano la consideración de los problemas de equidad social y equidad de género, en particular.

Sin embargo, no puede soslayarse el hecho de que las mujeres están mínimamente representadas en asambleas legislativas y gobiernos nacionales. A enero de 1997, el promedio mundial de mujeres representadas en los parlamentos nacionales ascendía al 12% (Razavi: 2000, Table 1), con significativas disparidades regionales.

Al examinar los procesos de democratización haciendo la distinción por género, Razavi concluye que: "La nueva ola de democratización no ha tenido un efecto feminizador en los parlamentos y en los gobiernos de las nuevas democracias. Obstáculos profundamente arraigados impiden a las mujeres participar significativamente en los partidos políticos. En el período posterior al de una transición, los partidos políticos ya consolidados, en países como Brasil y Chile, se han resistido notablemente a que participen en ellos las mujeres. Los partidos de izquierda que se han formado recientemente han aceptado más a las mujeres, aunque probablemente la participación de estas últimas en dichos partidos más pequeños pueden generar beneficios más bien simbólicos que reales. Siendo la formación de autoridad política una actividad masculina, es sumamente difícil que las mujeres sean elegidas en cargos oficiales sin alguna forma de maniobra electoral, como el sistema de cuotas o curules reservadas para ellas. La adopción de cuotas y curules reservadas a las mujeres por parte del partido ANC surafricano y por el NRM ugandés, los cuales dominan la política de sus respectivos países, ha generado un aumento significativo en el perfil político de las mujeres. Pero dada la falta de opciones políticas verdaderas para las mujeres, fuera de esos dos países, la participación política equitativa de las mujeres, vis-á-vis la jerarquía de un partido sigue estando estrictamente acotada" (Razavi: 2000. Resumen).

Derechos humanos, mundalización y mentalidades

Es preciso que tengamos coraje y hablemos claramente de las cuestiones que nos preocupan; no debemos doblegarnos ante argumentos que invoquen la cultura o los valores tradicionales. Ningún valor digno de ese nombre fundamenta el esclavizamiento de la mujer y la opresión contra ésta. La función de la cultura y la tradición es proporcionar un marco propicio al bienestar del ser humano. Cuando la cultura y la tradición se utilicen como pretexto contra nosotros, rechazaremos ese argumento y seguiremos nuestro camino. No permitiremos que se nos reduzca al silencio" (Nafis Sadik, Directora Ejecutiva del FNUAP. Citado en FNUAP: 1997, p. 1).

De conformidad con los informes nacionales que las Naciones Unidas recibieron de 150 países para la Conferencia Internacional sobre la Población, ciertas características del estatus de la mujer son comunes en todas las regiones del mundo, destacando su más bajo nivel socio-salarial en la fuerza de trabajo, la mayor proporción de mujeres en el sector informal de la economía, la escasez de reformas legales para proteger los derechos de la mujer y la insuficiente representación de la mujer en la política y en los cargos a nivel de toma de decisiones (Ashford, Lori: 1995, pp. 17-18).

Mas aún, barreras socioculturales de diversa índole se yerguen en buenas partes del mundo (principalmente en los países en vías de desarrollo) para una efectiva co-responsabilidad del hombre y la mujer en los procesos de desarrollo y en el ámbito de la vida doméstica, cuando se asumen visiones reduccionistas de la mujer centradas en su rol reproductivo.

La ruta del cambio aparece esbozado en el Programa de Acción de la CIPD y de la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer:

Ahora bien, muchas de estas transformaciones pasan por cambios en las mentalidades colectivas, los cuales, no sobrevienen de la noche a la mañana. Son procesos lentos, de larga duración, que han de acompañarse de cambios también profundos en la estructura económica, social y política. Y de nuevo aquí, el tema de los derechos humanos como valor en una cultura global acicateada por la revolución en la informática y las comunicaciones -distintiva de los procesos de mundialización- puede devenir en un importante factor que favorezca la constitución o potenciación de actores sociales, en las diversas naciones, capaces de exigir la plena realización de los derechos humanos y avanzar por la senda de la equidad de género, como sugiere el epígrafe de esta sección.

Reflexiones finales

En esta ponencia se han examinado tres aspectos que configuran el entorno para el desempeño de la propuesta que aboga por la democracia de género: el afianzamiento del enfoque de derechos humanos, las demandas de apertura hacia las democracias y las implicaciones, en el contexto de la mundialización, del enfoque de derechos humanos en las mentalidades colectivas.

El examen realizado permite concluir que:

Bibliografía

Ashford, Lori S. (1995). Nuevas perspectivas sobre población: Lecciones aprendidas en El Cairo. Washington: Population Reference Bureau.

Calvo, Yadira. Sobre un difunto que está muy vivo. En: CMF. Revista Otra Mirada. Separata sobre el fin del patriarcado (II). San José: CMF. Año 1, No.3, Mayo-Junio, 1997, pp. 28-30.

CMF-MIDEPLAN (1996). Plataforma de Acción de la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer. San José: CMF-MIDEPLAN.

CEPAL (2000a). El desafío de la equidad de genéro y de los derechos humanos en los albores del Siglo XXI. Santiago de Chile: CEPAL. Serie Mujer y Desarrollo, No 27.

CEPAL (2000b). Equidad, desarrollo y ciudadanía. Santiago de Chile: CEPAL.

Colectivo Sottosopra. (Ha ocurrido y no por casualidad). El final del patriarcado. (1997). En: CMF. Revista Otra Mirada. Separata sobre el fin del patriarcado (I). San José: CMF. Año 1, No.2, Marzo-Abril, 1997, pp. 21-40.

Corral, Natividad (1997). Sobre teorías feministas del derrumbe, psicoanálisis y políticas de emancipación. En: CMF. Revista Otra Mirada. Separata sobre el fin del patriarcado (II). San José: CMF. Año 1, No.3, Mayo-Junio, 1997, pp. 22-30.

Fisher, Amalia. "Género" es parte del feminismo. Tomado del website de Lolapress: http://www.lolapres.org

Fondo de Población de las Naciones Unidas -FNUAP- (1995). Informe de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo. San José: Oficina del FNUAP-Costa Rica.

FNUAP (1995). Estado de la población mundial, 1995. Decisiones para el desarrollo: La mujer, la potenciación y la salud genésica. Nueva York: FNUAP.

FNUAP (1997). Estado de la población mundial, 1997. El derecho a optar: Derechos de procreación y salud de la reproducción. Nueva York: FNUAP.

Germaín, Adrienne y Rachel Kyte (1995). El Consenso de El Cairo: El Programa acertado en el momento oportuno. Nueva York: International Women's Health Coalition..

Giddens, Anthony (1996) Más allá de la izquierda y la derecha. El futuro de las políticas radicales. Madrid: Ediciones Cátedra.

Gomáriz, Enrique. Cambio de época, crisis del patriarcado. En: CMF. Revista Otra Mirada. Separata sobre el fin del patriarcado (II). San José: CMF. Año 1, No.3, Mayo-Junio, 1997, pp. 31-40.

Gomáriz, Enrique y Angela Meentzen (s.f.) Punteo sobre la definición de democracia de género. San José: Fundación GESO.

Razavi, Shahra (2000). Women in Contemporary Democratization. Geneva 2000: Occasional Papers, No. 4. Tomado del websiste de UNRISD: http://www.unrisd.org

Touraine, Alain (1993). Crítica de la modernidad. Madrid: Ediciones Temas de Hoy. Parte III, Capítulo 5: ¿Qué es la democracia?, pp. 413 -445.

 

* = NOTA: Este trabajo fue publicado originalmente en el libro Democracia de género. Una Propuesta para Mujeres y Hombres del Siglo XXI. Gomáriz, Enrique y Angela Meentzen (compiladores). San José: Fundación Género y Sociedad, 2000, pp. 177-187.