1. Salud: los riesgos de la violencia de género
2. El abuso sexual contra niñas y adolecentes

Salud: los riesgos de la violencia de género*
Según el Banco Mundial, en las economías de mercado, la violencia de género es responsable por uno de cada cinco días de vida saludable perdidos por las mujeres en edad reproductiva. Estudios recientes destacan que la violencia de género es causa significativa de enfermedades y muertes femeninas, productos de golpizas durante el embarazo, violaciones conyugales, abuso sexual en la niñez, abortos practicados en malas condiciones sanitarias, esterilizaciones forzadas, carencias alimentarias, escaso acceso a los servicios de salud, entre otras causas.
Tomado de Agenda de la Mujer, CIDEM, Bolivia 1996

En las dos últimas décadas, las organizaciones de mujeres lograron que la violencia de género fuera reconocida como asunto de derechos humanos, debido al gran impacto en la salud física y emocional de ellas. Este reconocimiento incluye los derechos sexuales y reproductivos.

La Plataforma de Acción de Beijing (1995) reconoce "los derechos sexuales y reproductivos como derechos humanos por ser una parte inalienable, integrante e indivisible de los derechos humanos universales", según María José de Alcalá, del UNFPA. Esto significa que la violación de este derecho es una forma de violencia de género, con impactos en la salud física y mental de las mujeres.

El concepto de derechos sexuales y reproductivos, desde la IV Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (El Cairo, 1994) "entraña la capacidad de disfrutar de una vida sexual satisfactoria y sin riesgos de procrear" (CIPD, 7,2). Según la sicóloga colombiana María Ladi Londoño, "Este concepto afirma explícitamente el derecho particular de mujeres y hombres a decidir la procreación, cuándo y con qué frecuencia, contando con información y diversos métodos para la regulación de la fecundidad".

Problema de salud pública

A juicio de algunas activistas del movimiento de mujeres, los gobiernos y la comunidad deben considerar la violencia como un problema de salud pública.

La Organización Panamericana de la Salud, en el estudio La violencia contra las mujeres y las niñas: análisis y propuestas desde la perspectiva de la salud pública (1993), destaca que la violencia tiene un fuerte impacto sicológico en la autoestima femenina pues deteriora la capacidad de obrar por ellas mismas y genera sentimientos de incompetencia; los intentos de suicidio son doce veces más frecuentes entre mujeres víctimas de agresiones que en las demás; las que han sido golpeadas o violadas tienen mayor riesgo de caer en el consumo de alcohol y otras sustancias dañinas para la salud, son susceptibles de depresión y revelan personalidades desarticuladas e inseguras.

Otra investigación titulada Violencia contra la mujer: la carga oculta sobre la salud, de Lori Heisse, Jacqueline Pintanguy y Adrianne Germain (Banco Mundial, 1994), muestra que existe en la región alta incidencia de casos de violencia cometidos contra mujeres embarazadas por sus cónyuges o parejas. Ellas presentan un riesgo dos veces mayor de aborto espontáneo y cuatro veces mayor de tener un/a niño/a de bajo peso al nacer.

En México, una muestra de 342 mujeres elegidas al azar indicó que 20 por ciento de quienes fueron golpeadas habían recibido puñetazos en el estómago durante el embarazo. En Costa Rica, de 80 mujeres golpeadas que acudieron a instancias judiciales, el 49 por ciento denunció haber recibido golpes durante el embarazo, y de ellas, 7,5 por ciento sufrieron aborto espontáneo por la violencia. A esto se agrega denustrición, doble carga de trabajo y ningún acceso a servicios de salud. En Chile, un estudio en 161 mujeres reveló que quienes viven en zonas políticas y socialmente violentas, tenían un riesgo cinco veces mayor de complicaciones en el embarazo, como preeclampsia, parto prematuro, amenaza de aborto espontáneo e hipertensión gestacional.

Otra gama de la violencia está en relaciones sexuales forzadas, hecho bastante frecuente. El estudio mencionado indica que mujeres de Perú y Guatemala que viven con maridos alcohólicos y violentos, fueron objeto de violaciones en repetidas oportunidades. El 58 por ciento de esposas golpeadas en Bolivia y Puerto Rico informaron haber sido agredidas sexualmente por sus maridos. En Colombia, la tasa fue de 46 por ciento.

Pasos importantes

Hace una década, la Organización Mundial de la Salud tomó la iniciativa de iniciar una cruzada denominada Por una maternidad sin riesgos, para llamar la atención sobre el problema de morbilidad materna e instar a los gobiernos a implementar políticas de salud acordes con las necesidades de las mujeres.

Por su parte, los movimientos de salud de las mujeres de América Latina y el Caribe instauraron desde 1987, el 28 de mayo como el Día internacional de acción por la salud de la mujer, tomando como eje la mortalidad materna. Desde los inicios de conmemoración de la fecha, se presentó el problema como una expresión de la violencia de género manifestada en la ausencia de políticas de salud para las mujeres más pobres, así como en las actitudes despreciativas, misóginas, racistas y autoritarias expresadas en los servicios de salud, además de los escasos recursos orientados a mejorar la cobertura de los programas de salud reproductiva en una coyuntura de privatizaciones impuesta por el modelo neoliberal. Según la médica brasileña María José de Araújo, en Sao Paulo, una de las ciudades de mayor renta per cápita en América Latina, en 1992 el gobierno había asignado para el área de salud apenas el 6,73 por ciento de la inversión pública.

Las muertes maternas están directamente ligadas con la cobertura institucional de los partos, y el mal estado nutricional de las madres de los sectores pobres no permite enfrentar el parto en buenas condiciones. Por regla general, los hospitales carecen de condiciones adecuadas para asegurar el seguimiento a las mujeres que han abortado, ofrecerles apoyo emocional o asesoría sobre anticonceptivos.

Si los derechos sexuales y reproductivos son la punta de lanza de la violencia de género, las palabras de Nafis Sadik, directora ejecutiva del UNFPA, con ocasión del pasado Día internacional de la mujer, son esclarecedoras: "La privación de los derechos reproductivos de las mujeres causa cada año la muerte de millones de mujeres, además de enfermedades y discapacidades evitables a muchas más. Para millones de mujeres, los derechos sexuales y reproductivos representan la diferencia entre la vida y la muerte. Para muchos más millones, esos derechos son la clave de una vida libre de enfermedades, malos tratos y sojuzgamiento económico".


El abuso sexual contra niñas y adolescentes**

Tomado de Decálogo Por Los Niños y las Niñas del Ecuador, UNICEF 1996
En Costa Rica, un estudio demostró que el abuso sexual en niñas comienza entre los 5 y los 9 años de edad, y en muchos casos tienen menos de 5 años. En Ecuador, niñas y adolescentes mujeres constituyen el 76 por ciento de los casos de abuso sexual. En Perú, la cifra es ligeramente más alta. En Nicaragua, de los más de 1.000 delitos denunciados contra menores en 1994, en 70 por ciento de los casos las víctimas eran niñas. En Colombia, en 1994 había entre 5.000 y 7.000 prostitutas menores de 18 años de edad, solo en Bogotá.

A pesar de avances importantes, todavía es grande la brecha entre lo planteado en los instrumentos internacionales que garantizan el respeto a los derechos de niñas y adolescentes mujeres, y la realidad que evidencian las cifras anteriores.

Los derechos de la niña y la adolescente se garantizan en la Convención sobre los Derechos de la Niñez y la Convención para la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, ambas vinculadas con la Declaración Universal de Derechos Humanos. Las medidas necesarias para la aplicación de estos derechos se detallan en declaraciones y/o plataformas de acción de varias conferencias internacionales, sobre todo en la Declaración de Viena (1993), la Plataforma sobre Población (El Cairo, 1994), y la Declaración y la Plataforma de Acción de Beijing (1995).

Agresores en la misma familia

La violencia de género echa sus raíces más fuertes durante la infancia. La discriminación y el descuido que viven muchas niñas en sus primeros años son, con frecuencia, el comienzo de una espiral descendente que las conducirá toda su vida por el camino de las privaciones, la exclusión y la invisibilidad. Son expresiones de una violencia que se ejerce sobre ellas en razón de su sexo y edad.

Las formas de violencia incluyen rechazo social, maltrato, abuso sexual, incesto, violación y prostitución. En América Latina se estima que no se registran más del 70 por ciento de estos ataques. En más del 80 por ciento de los casos reportados, las víctimas son mujeres menores de 18 años.

El maltrato afecta en grado preocupante a niñas y niños. Sin embargo, cuando las víctimas son mujeres, ese maltrato deriva a menudo en abuso sexual, violación y otras formas de violencia sexual.

Con demasiada frecuencia la violencia contra niñas y mujeres proviene de la misma familia. La mayoría de los casos denunciados de abuso sexual, han sido cometidos por parientes o allegados de la familia de la niña: tutores, tíos, primos, amigos, padrastros e, inclusive, el mismo padre. El adulto aprovecha su relación de cercanía para obtener lo que desea a través del chantaje, los engaños o simplemente la fuerza.

Prostitución: una consecuencia

Diferentes investigaciones relacionan el aumento de la prostitución infantil con la violencia generalizada contra niñas y mujeres. Un estudio de UNICEF en Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá, reveló que 47 por ciento de las niñas prostituidas habían sido víctimas de abuso y violaciones en sus hogares, y casi la mitad de ellas había ingresado al comercio sexual entre los 9 y los 13 años de edad. En Pucallpa, Perú, otro estudio mostró que el 40 por ciento de las trabajadoras sexuales tienen entre 14 y 19 años, y el 90 por ciento de ellas se inició entre los 11 y 15 años. Estas niñas se forman en un medio en el que están demasiado expuestas a enfermedades de transmisión sexual y a embarazos no deseados.

Muy pocos casos de abuso sexual son cometidos por personas que sufren desórdenes mentales. Si bien los agresores pueden tener vacíos afectivos, no son personas que estén al margen de la sociedad; al contrario, forman parte del medio social de las niñas y jóvenes. Los criterios que descargan de toda culpa a la víctima cuando es una niña pero justifican la violación si se trata de una adolescente, argumentando que es ella quien ha provocado al hombre, por su actitud o su forma de vestir, dan cuenta de una mentalidad que protege a los hombres por encima de los derechos y la autonomía de las mujeres.

En el campo de la salud, el embarazo y la maternidad tempranos y el aborto realizado en condiciones que ponen en peligro la vida de muchas adolescentes, son también consecuencias de esta realidad de abusos y discriminación de género. Además, el aborto es la causa número uno de mortalidad femenina en cinco países de la región, y una de las primeras cuatro causas en los demás países.

Para prevenir

Respecto a la prevención, se requiere una revisión de los contenidos temáticos de los medios de comunicación y los textos educativos, con el fin de eliminar los mensajes que promueven la violencia contra la mujer, y diseñar campañas que difundan las múltiples y graves consecuencias de la violencia en el desarrollo de la sociedad, la familia, los niños, y las niñas en particular.

Que las niñas y adolescentes sean consideradas desde sus necesidades específicas, es de vital importancia para el desarrollo equitativo e integral de la mujer latinoamericana en todas sus etapas de vida. Por eso la situación de estos grupos etarios es un tema cada vez más presente en las agendas de las organizaciones de mujeres.

Una violencia más tolerada socialmente es aquella que no entrega a las niñas la información necesaria para lograr su pleno y personal desarrollo, que guarda silencio frente a los abusos sexuales, que no ofrece servicios de salud adecuados a las necesidades de niñas y adolescentes, que niega a las mujeres la posibilidad de planificar su maternidad de manera efectiva, que descarga sobre las jóvenes toda la responsabilidad de un embarazo no deseado, y que no da a los derechos de las mujeres el mismo valor que a los de los hombres. Una vez más, es necesario afirmar que la niña de hoy es la mujer de mañana, y que sin derechos de las mujeres no hay derechos humanos.


* Este artículo fue preparado por Isis (ONG con sede en Santiago de Chile) para la Campaña de Naciones Unidas por los derechos humanos de las mujeres y contra la violencia, y forma parte de la carpeta informativa destinada a periodistas. Por razones de espacio se ha hecho una síntesis.

** El presente artículo fue preparado por el punto focal de género de la regional para América Latina y el Caribe de UNICEF, con sede en Santafé de Bogotá

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