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ESTUDIOS SOBRE LA ESTRUCTURA SOCIAL DE LA CIUDAD:
Page 1
CENTRO DE DOCUMENTACIÓN EN POLÍTICAS SOCIALES
DOCUMENTOS/ 12
ESTUDIOS SOBRE LA ESTRUCTURA
SOCIAL DE LA CIUDAD:
ocupación y distribución del ingreso
por
Lic. Horacio Chitarroni
Dirección Enlace de Recursos Institucionales
Dirección General de Políticas Sociales
Subsecretaría de Promoción y Desarrollo Comunitario
Secretaría de Promoción Social - Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires

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Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
Jefatura de Gobierno
Dr. FERNANDO DE LA RÚA
Vicejefatura de Gobierno
Dr. ENRIQUE OLIVERA
Secretaría de Promoción Social
Lic. MARIA CECILIA FELGUERAS
Subsecretaría de Gestión de la Acción Social
Dr. JUSTO DANIEL FIGUEROA
Subsecretaría de Promoción y Desarrollo Comunitario
Lic. RICARDO MURTAGH
Dirección General de Políticas Sociales
Lic. GRACIELA DI MARCO
Dirección Enlace de Recursos Institucionales
Lic. SUSANA A. RECA

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CENTRO DE DOCUMENTACIÓN EN POLÍTICAS SOCIALES
DOCUMENTOS/ 12
ESTUDIOS SOBRE LA ESTRUCTURA
SOCIAL DE LA CIUDAD:
ocupación y distribución del ingreso
por
Lic. Horacio Chitarroni
Lic. En Sociología. Asesor de la Subsecretaría de Promoción y Desarrollo
Comunitario, Profesor de Metodología de la Investigación Social y de Estadística
Aplicada a las Ciencias Sociales en la Universidad del Salvador
Buenos Aires
1998

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INDICE
La estructura social de la Ciudad de Buenos Aires. Lic. Ricardo Murtagh...................... 5
Estudios sobre la estructura social de la ciudad. Lic. Horacio Chitarroni
* Ocupación y género: la mujer y el mercado de trabajo en la ciudad de Buenos Aires.... 7
* El empleo de los jóvenes en la ciudad de Buenos Aires .............................................. 19
* La distribución del ingreso en la ciudad de Buenos Aires............................................ 31

Page 5
5
L
A ESTRUCTURA SOCIAL DE LA
C
IUDAD DE
B
UENOS
A
IRES
La Ciudad de Buenos Aires es un distrito que se diferencia claramente del conjunto de la Nación
en diversos aspectos. Su producto bruto per cápita – estimado en más de 25.000 pesos anuales –
casi triplica al del país. Y sus indicadores sociales (población con necesidades básicas
insatisfechas, estado sanitario, educación) también revelan una situación comparativamente
favorable. Estas particularidades la distinguen, asimismo, de su Conurbano.
Sin embargo, tales ventajas relativas visibles a través de indicadores agregados, no deben hacer
pensar en una ciudad carente de problemas sociales. Bien por el contrario, muchos de los
procesos de reestructuración social y económica acaecidos durante la última década (el aumento
del desempleo y la concentración del ingreso, por ejemplo) han tenido un impacto muy notorio
en los centros urbanos de mayor dimensión y desarrollo relativo. Situaciones estables se
tornaron súbitamente inestables y sectores de población relativamente resguardados vieron caer
abruptamente sus estándares de vida al precarizarse sus condiciones de trabajo. Estos procesos
(sobre todo los vinculados al empleo) actuaron diferencialmente, afectando en mayor medida a
ciertos grupos: mujeres y jóvenes, por ejemplo. Como resultado de ello, muchos hogares se
tornaron vulnerables, particularmente a partir de la pérdida de empleos y la caida de los
ingresos, pasando a engrosar las filas de una pobreza de nuevo perfil.
Estas condiciones, que modificaron el rostro social de Buenos Aires, exigen un constante
esfuerzo de análisis y reflexión por parte de quienes deben diseñar, planificar y ejecutar
acciones de intervención desde las políticas sociales, a los efectos de diagnosticar problemas e
identificar a los nuevos sectores vulnerables.
Con estos objetivos, desde la Subsecretaría de Promoción y Desarrollo Comunitario de la
Secretaría de Promoción Social del Gobierno de la Ciudad, y bajo la dirección técnica del Lic.
Horacio Chitarroni
*
, se produjeron en distintos momentos algunos trabajos de análisis breves
sobre la estructura social de la ciudad.
Aquí se presentan tres de ellos: los dos primeros referidos a la inserción ocupacional de las
mujeres y los jóvenes. El tercero, vinculado a la distribución del ingreso y las características
comparativas de los hogares situados en distintos estratos de ingresos. Los tres tienen en común
el haber sido realizados mediante la elaboración propia de los datos provenientes de distintas
ondas de la Encuesta Permanente de Hogares que lleva a cabo el INDEC.
Cabe, a este último respecto, una advertencia: la EPH es una encuesta que se realiza por
muestreo. Y el diseño muestral contempla la representación de la Ciudad y su Conurbano como
un todo. Al desagregar los datos correspondientes a la Ciudad de Buenos Aires los márgenes de
error a que está sujeta cualquier estimación aumentan. Y esto sucede en mayor medida cuando
se cruzan entre sí distintos atributos. Por lo tanto, se ha omitido presentar los datos expresados
en frecuencias absolutas, prefiriéndose emplear, en general, porcentajes y medidas de resumen,
que deben ser consideradas como indicativas de la realidad del universo.
*
Lic. en Sociología. Asesor de la Subsecretaría de Promoción y Desarrollo Comunitario. Profesor de
Metodología de la Investigación Social y de Estadística aplicada a las Ciencias Sociales en la Universidad
del Salvador

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6
El propósito de esta presentación es difundir y poner a disposición de la comunidad en general y
de los diferentes usuarios institucionales (políticos, académicos, sindicales, organizaciones de
desarrollo, etc.), información inédita de nuestra realidad local.
Es de esperar que este trabajo resulte útil para cualquier instancia de estudio o de preparación de
acciones modificatorias que se deseen encarar.
Lic. Ricardo Murtagh
Subsecretario de Promoción y
Desarrollo Comunitario
GCBA

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7
OCUPACIÓN Y GÉNERO: LA MUJER Y EL MERCADO DE TRABAJO EN LA
CIUDAD DE BUENOS AIRES
1- E
L TEMA DEL EMPLEO Y EL GÉNERO
La incorporación femenina a la actividad económica es en nuestro país - como en la mayor parte
del mundo - un dato irreversible. También es verdad que ha tenido lugar, en las últimas décadas,
un aumento notorio en el nivel educativo de las mujeres, permitiéndoles el acceso a posiciones
ocupacionales de creciente calificación y responsabilidad. Sin embargo, hay evidencias
empíricas que denotan la persistencia de discriminación por género en el mercado de trabajo:
según datos de la OIT, en Argentina de cada diez desocupados seis son mujeres, y las
trabajadoras de sexo femenino ganan, en promedio, 30% menos que sus pares masculinos.
Así lo reconoce, por lo demás, la Declaración emanada de la IV Conferencia Mundial sobre la
Mujer, llevada a cabo en Beijing (China) durante 1995, al afirmar que
“ ...la situación de las mujeres ha experimentado avances importantes en la
última década, aunque éstos no han sido homogéneos, persistiendo las
desigualdades entre mujeres y hombres, lo cual constituye un obstáculo
importante para el bienestar de todos los pueblos (Plataforma Beijing’95)”
Y más concretamente, refiriéndose a la relación de la mujer con el mercado de trabajo:
“La participación económica de las mujeres ha aumentado considerablemente, y
se manifiesta en el trabajo remunerado y no remunerado, en actividades
empresarias, en la producción de bienes y servicios para el mercado y el consumo
de los hogares, en la agricultura, la producción de alimentos, en empresas
familiares, y otras formas de generación de ingresos. Sin embargo, ...en la mayor
parte del mundo la presencia de las mujeres en los niveles de toma de decisiones
económicas es escasa o nula, y su contribución a la generación de riqueza es
ignorada”
En Beijing, los gobiernos convocados se comprometieron a:
“Adoptar medidas concretas para disminuir el desempleo de las mujeres, mejorar
su acceso al trabajo remunerado y elevar sus ingresos”
Y como formas de diagnosticar y erradicar posibles mecanismos de discriminación:
”Realizar investigaciones y registros estadísticos con perspectiva de género, que
hagan visible la contribución de las mujeres al desarrollo”
”Preparar y difundir datos e información destinadas a la planificación y a la
evaluación desglosadas por sexo”
”Promulgar y hacer cumplir leyes que garanticen los derechos de las mujeres y los
hombres a una remuneración igual por el mismo trabajo”

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8
“Eliminar la segregación, asegurando la igualdad de acceso de las mujeres al
empleo, a la capacitación laboral, al readiestramiento, a la asesoría y servicios de
colocación, para que no se limiten a los empleos tradicionales”
” Promover la participación igual de las mujeres en trabajos especializados y en
puestos de dirección”
Haciéndose eco de estos propósitos, la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires
declara:
“La ciudad incorpora la perspectiva de género en el diseño y ejecución de sus
políticas públicas y elabora participativamente un Plan de Igualdad entre
varones y mujeres; estimula la modificación de los patrones socioculturales
estereotipados con el objeto de eliminar prácticas basadas en el prejuicio de
superioridad de cualquiera de los sexos (...) fomenta la plena integración de las
mujeres a la actividad productiva, las acciones positivas que garanticen la
paridad en relación con el trabajo remunerado, la eliminación de la segregación
y de toda forma de discriminación por estado civil o maternidad”
Este estudio se propone contribuir a estas propuestas e iniciativas, procurando detectar
situaciones de discriminación o desigualdad laboral en función del género en la Ciudad de
Buenos Aires. Si bien puede suponerse que el grado con que se manifiesten dichas situaciones
es menor que en otros distritos del país (dado que las mismas se relacionan usualmente con
condiciones relativas de tradicionalidad/modernidad) y que —asimismo— tienden a atenuarse,
de todas maneras es conjeturable que el acceso de las mujeres al mercado de trabajo tiene lugar
en condiciones menos favorables por el sólo imperio del género.
Influirían en ello algunos rasgos culturales que —incluso— obrarían sobre las mismas mujeres,
de modo que tenderían a aceptar y asumir roles laborales diferentes e inferiores a los masculinos
en cuanto a remuneración, prestigio, calificación, etc. Pero también, por supuesto, criterios
discriminatorios de los empleadores, quienes serían proclives a preferir a los trabajadores
masculinos a igualdad de capacitación y a remunerarlos en mayor medida a igualdad de
funciones.
Existen razones para suponerlo así: de hecho, la carga de las labores domésticas y el cuidado de
los hijos (una ocupación invisible y socialmente desvalorizada, aún por las mismas mujeres)
tiende a pesar sobre el sexo femenino. Si bien en las generaciones más recientes la
incorporación femenina al mercado de trabajo ha conducido a una mayor asunción —por parte
de los hombres— del rol doméstico, esta asunción se limita, generalmente, a ayudar mas que a
compartir de modo igualitario. Lo cual demuestra la persistencia de una pauta de
tradicionalidad sólidamente incorporada en ambos géneros por igual.
Persistiría así la imagen estereotipada de los roles masculino y femenino: activo, externo,
económico uno; pasivo, interno, doméstico, el otro. Los varones se sentirían responsables de la
función de proveer sustento (de trabajar, en el sentido de ejercer alguna actividad con valor
económico en el mercado) y las mujeres de realizar las tareas domésticas (a las cuales,
generalmente, no se les asigna valor de mercado
1
)
1
Aunque existe investigación acerca del costo que supondría sustituir por trabajo contratado
externamente los servicios que prestan las amas de casa.

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9
Estas asunciones, tanto por parte de quienes se ofrecen en el mercado de trabajo, como por
aquellos que demandan fuerza de trabajo producirían ciertas consecuencias:
Las mujeres concebirían su trabajo fuera del hogar como complementario y —en no
pocas oportunidades— indeseable: un mal necesario muy alejado de un modo de
realización personal. En consecuencia, también como algo no esencial y transitorio.
Si esto es así, se sentirán más inclinadas a asumir tareas que les ocupen menos
tiempo o les demanden menos energías, pero también de menor responsabilidad y
remuneración, aún cuando no se compadezcan con su nivel de capacitación.
Los hombres, por el contrario, canalizan la mayor parte de sus esfuerzos en el terreno
laboral, entendiendo que ser exitosos y eficaces en este aspecto es su función natural
(producto de un mandato social muy fuerte). El trabajo resulta, en el caso masculino,
definitorio de la identidad y nexo con el mundo social.
Estas distinciones persisten aún cuando la tasa de actividad femenina no ha cesado de
aumentar y el vuelco de la mujer al mercado de trabajo es un dato irreversible.
Por el lado de los empleadores, estas distintas formas de concebir el trabajo
masculino y femenino hacen que subsista la idea de que los hombres ofrecen una
dedicación más plena e irrestricta, no entorpecida - además - por la contingencia de
la maternidad, lo cual pesa en los criterios de selección.
De hecho, por otra parte, las mujeres suelen entrar y salir del mercado de trabajo en
relación con los ciclos de su vida reproductiva, no concibiendo la trayectoria laboral
como un proceso sino una serie de decisiones coyunturales, lo que suele dificultar -
al combinarse con las otras circunstancias aludidas - el acceso a posiciones laborales
de mayor responsabilidad.
2- O
BJETIVOS DEL TRABAJO
Con la finalidad de indagar algunos de estos comportamientos diferenciales, se ha llevado a
cabo un análisis de la situación de las mujeres en relación con los hombres en el mercado de
trabajo, en la Ciudad de Buenos Aires, empleando para ello los datos recolectados por le EPH
(Encuesta Permanente de Hogares), en la onda correspondiente a mayo’96 para el aglomerado
Capital Federal (se ha realizado una elaboración de la matriz Usuarios provista por el INDEC)
Las variables consideradas en el estudio —además del sexo— han sido:
1) el nivel educativo (se refiere al nivel de instrucción formal)
2) la condición de ocupación (se refiere a la situación en relación con el mercado de trabajo:
económicamente activo —ocupado o desocupado— y económicamente no activo
3) la categoría ocupacional (se refiere a la condición de empleador, cuentapropista,
asalariado o trabajador sin remuneración)
4) la calificación laboral (se refiere al grado de calificación requerido por la tarea
desempeñada)

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5) los ingresos percibidos (la base Usuarios de la EPH no provee información directa acerca
de la cuantía de los ingresos, sino sobre el decil de ingresos que ocupa cada perceptor.
Esta distribución resulta de ordenar a la totalidad de la población que percibe ingresos de
menor a mayor - por el monto de los mismos - y dividir luego el conjunto en diez partes
iguales en cuanto al número de personas. Así, el decil 1 corresponderá al 10 % de la
población con menores ingresos y el decil 10 al 10 % de la población que obtiene
ingresos más altos. Sin embargo, los rangos de ingresos son variables al interior de cada
decil: presumiblemente serán estrechos en los más bajos y amplios en los superiores.
3- A
NÁLISIS BIVARIADO DE LOS DATOS
3.1- Nivel educativo y género
Una distinta inserción laboral podría ser el reflejo de diferencias provenientes de un estadio
previo: el del acceso a la educación formal. Se supone que el mercado de trabajo demanda
ciertas capacidades y que buena parte de ellas se adquieren (o debieran adquirirse) a través de la
educación formal. De manera que ésta habilitaría o no para ingresar al mercado de trabajo en
ciertas posiciones. Dado que la variable independiente en este trabajo es el género - y en el
supuesto de que este determine una diferente situación ocupacional - será bueno saber hasta que
punto podría deberse a desigualdades establecidas en esta etapa previa. Por ello - y como un
primer procedimiento de análisis - se ha procedido a comparar la estructura por nivel educativo
alcanzado para la población masculina y femenina de la Ciudad de Buenos Aires.
Cuadro nº 1: Población de la Ciudad de Buenos Aires: nivel educativo según sexo
Nivel educativo
Varones
Mujeres
Total
Hasta prim. incomp.
14.1
14.5
14.3
Hasta secund. Incom
37.1
36.6
36.8
Hasta super. o univ. Incomp.
32.7
34.0
33.4
Superior o univer. Comp.
16.1
14.9
15.4
100
100
100
(1302)
(1493)
(2795)
Fuente: Elaboración propia sobre datos de EPH-INDEC (onda mayo’96)
La distribución por nivel educativo alcanzado es muy pareja para ambos géneros. Solamente
puede señalarse que 34% de las mujeres poseen al menos el ciclo secundario completo frente al
32,7% de los hombres en igual condición. Pero entre estos últimos es ligeramente mayor la
proporción de quienes han completado el ciclo superior. La cada vez mayor presencia femenina
en la matrícula secundaria y superior (las mujeres tienden a permanecer más tiempo en el
sistema educativo en tanto demoran su ingreso al mercado de trabajo) permite hipotetizar que,
en el futuro, la población femenina podrá alcanzar niveles educativos más altos que la
masculina. No se ignora, sin embargo, que tanto en el nivel secundario como en el superior
existen sesgos o segmentaciones por carrera u orientación en función del género y que éstas
podrían habilitar diferencialmente para ingresar al mercado de trabajo (pero tal problemática
excede los propósitos y límites de este trabajo)

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3.2- Condición de ocupación y género
La condición ocupacional es importante por cuanto revela la predisposición diferencial a
ofertarse en el mercado de trabajo, así como - para quienes son económicamente activos - el
grado de dificultad relativa para acceder a él. No se ignora que una parte no determinable de las
mujeres podrían declararse económicamente inactivas en razón de que - percibiendo dificultades
para ingresar al mercado de trabajo - consideran natural abocarse al papel de amas de casa.
Cuadro 2: Población de la Ciudad de Bs.As.: condición ocupaciónal según sexo
Condición ocupaciónal
Varones
Mujeres
Total
Ocupado
53.3
32.2
42.1
Desocupado
5.5
6.1
5.8
Inactivo
41.2
61.8
52.1
100
100
100
(1384)
(1570)
(2954)
Fuente: Elaboración propia sobre datos de EPH-INDEC (onda mayo’96)
Cuando se analiza la condición de ocupación según el sexo se advierte que, con una tasa de
actividad menor - 38 % frente al 59 % masculino - la población femenina se ve desfavorecida
por una mayor tasa de desempleo: 6,1 % ante el 5,5 % de los varones. La diferencia es
pequeña, pero cobra significación sobre la PEA (Población económicamente activa): por cada
100 mujeres activas hay 16 desempleadas, mientras que esta relación es de 9 cada 100 para los
hombres.
Esto quiere decir —lisa y llanamente— que una muy elevada proporción de las mujeres
dispuestas a trabajar no logran hacerlo. El mercado de trabajo, efectivamente, les resulta menos
accesible y los empleadores tienden a inclinarse por los hombres. Pero también - según se verá -
que los hombres muestran una mayor disposición a recurrir a formas de empleo no asalariado
como refugio al desempleo.
3.3- Categoría ocupacional y género
Resulta de interés considerar este aspecto que - para el caso de los empleadores - se relaciona
directamente con la iniciativa personal y las posibilidades de acceder a cierto grado de
capitalización. En el caso de los asalariados, revela la demanda selectiva de las capacidades y
condiciones ofrecidas por cada trabajador y sería aquí donde podría manifestarse uno de los
mecanismos de discriminación de los empleadores. En el caso de los cuentapropistas, tiene
relación con la utilidad de la capacitación adquirida por cada uno para el desempeño laboral.

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Cuadro 3: Población de la Ciudad de Bs.As.: categoría ocupacional según sexo
Categoría ocupacional
Varones
Mujeres
Total
Empleador
9.8
3.9
7.3
Cuenta propia
23.4
16.2
20.4
Asalariado
66.0
76.0
70.3
Trabajador sin salario
0.7
3.7
2.0
Sin especificar
--
0.2
0.1
100
100
100
(803)
(592)
(1395)
Fuente: Elaboración propia sobre datos de EPH-INDEC (onda mayo’96)
Al observar cómo afecta el género a la distribución por categoría ocupacional, aparecen
también diferencias destacables. La proporción de empleadores es dos veces y media mayor
entre los hombres. También prevalecen los cuentapropistas en la población masculina, mientras
que las mujeres presentan un mayor grado de salarización: 76 % de las trabajadoras se
desempeñan en relación de dependencia, mientras que 66 % de los hombres están en igual
condición. Pero la categoría de trabajadores sin salario, que representa una proporción
marginal (0,7 %) entre los hombres, alcanza al 3,7 % entre las mujeres, que también se ven
desfavorecidas en este sentido.
Esto significa que una proporción menor de mujeres toman el riesgo que supone una actividad
empresaria (en cualquier escala), o el emprendimiento de un proyecto laboral autosustentado.
Cabe señalar que esto se relaciona —en parte— con una decisión propia y no con factores de
discriminación desde el mercado de trabajo. Las mujeres no se concebirían a sí mismas como
empleadoras. La preferencia por las posiciones asalariadas (aun mediando las dificultades antes
señaladas) podría implicar una extensión del rol subordinado tradicional de la mujer. La fuerte
asunción del rol doméstico y del trabajo como colaboración puede ser relacionada con la
proporción relativamente alta de mujeres que se desempeñan como trabajadoras sin salario. No
puede desdeñarse, sin embargo, la posible influencia —ya aludida— de una capacitación
educativa cualitativamente diferencial al considerar la posibilidad de éxito en el desempeño por
cuenta propia. Como tampoco eventuales disparidades en cuanto a la posibilidad de acceso al
crédito, necesario para asumir roles empresariales.
3.4- Calificación laboral y género
El grado de calificación de la tarea desempeñada tiene un doble significado: por una parte, se
vincula también con el aprovechamiento de capacidades adquiridas. Pero por otra, puede ser
revelador de mecanismos de discriminación: uno de los niveles en que ella opera es el del
acceso diferencial a las tareas de mayor calificación.

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Cuadro 4: Población de la Ciudad de Bs.As.: calificación laboral según sexo
Calificación laboral
Varones
Mujeres
Total
No calificados
15.5
24.8
19.5
Calificados
64.3
59.4
62.2
De calificac. Profesional
20.1
15.8
18.3
100
100
100
(791)
(584)
(1375)
Fuente: Elaboración propia sobre datos de EPH-INDEC (onda mayo’96)
Si se atiende a la influencia del género sobre la calificación del trabajo desempeñado, casi un
25 % (la cuarta parte) de las trabajadoras realizan tareas sin calificación alguna, frente a un
15,5 % de los hombres. Los trabajadores calificados prevalecen, en cambio, entre los varones
(64,5 % frente al 59,4 %), como así también es mayor para el sexo masculino la proporción de
quienes realizan tareas de calificación profesional (20,1 % ante el 15,8 %).
El menor acceso de las mujeres a tareas calificadas sugiere varias interpretaciones:
Por un lado, que a igualdad o semejanza de capacidades, los empleadores optan por
los varones para ocupar funciones que exijan mayor capacitación técnica.
En segundo lugar, que el tipo de competencias demandadas por el mercado no se
relacionan - en muchos casos - con la educación formal, que suele igualar a ambos
géneros, sino con otros aprendizajes más frecuentes en los varones. Esto podría
ocurrir con ciertos oficios típicamente masculinos y que, o se adquieren fuera del
circuito de la educación formal, o bien en las escuelas técnicas (cuya matrícula es
predominantemente masculina): tal sería el caso de plomeros, electricistas, etc.
Finalmente, que aún poseyendo altas calificaciones laborales (el caso de las
profesionales) habría en las mujeres una mayor predisposición a aceptar tareas de
menor exigencia. Aparecería aquí, otra vez, la menor valorización del propio rol
laboral o la concepción de éste como algo secundario.
Para bajos niveles educativos, por ejemplo, la salida laboral femenina más usual sería
el servicio doméstico (no calificado), mientras que en el caso masculino podrían
ocupar este lugar las reparaciones domiciliarias (calificadas).
3.5- Control por nivel educativo
Se decidió introducir en las relaciones anteriores el nivel de instrucción formal como variable de
control. Manteniéndolo constante se podrá observar si las tendencias detectadas persisten o se
ven afectadas por éste.

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14
Cuadro 5: Población de la Ciudad de Bs.As.: condición de ocupación por sexo, según
nivel educativo
Hasta primaria
incompleta
Hasta secundaria
incompleta
Hasta sup. o univ.
Incompleta
Sup. o universit.
completa
COND.
OCUPAC.
VARÓN MUJER
VARÓN MUJER VARÓN MUJER
VARÓN MUJER
Ocupados
8.2
6.5
51.8
21.6
69.5
42.1
83.3
70.9
Desocup.
1.1
1.4
6.0
4.9
7.7
9.3
5.7
8.1
Inactivos
90.7
92.1
42.2
73.4
22.8
48.6
11.0
21.1
100
100
100
100
100
100
100
100
(183)
(216)
(483)
(546)
(426)
(508)
(210)
(223)
Fuente: Elaboración propia sobre datos de EPH-INDEC (onda mayo’96)
Cuadro 5-bis: Tasa de desempleo según sexo y nivel educativo
Hasta primaria
incompleta
Hasta secundaria
incompleta
Hasta sup. o univers.
Incompleta
Sup. o universit.
completa
Varones
Mujeres
Varones
Mujeres
Varones
Mujeres
Varones
Mujeres
11.8
17.7
10.3
18.5
9.9
18.1
6.4
10.2
Fuente: Elaboración propia sobre datos de EPH-INDEC (onda mayo’96)
La tasa de actividad de las mujeres aumenta con el nivel educativo (la proporción de inactivas
desciende en forma monótona). Pero el desempleo - calculado sobre las económicamente
activas - mantiene su diferencia con los hombres en todos los niveles, aunque esta es algo menor
en los niveles extremos que en los intermedios: hay 10 graduadas de la enseñanza superior
desempleadas por cada 100 activas, mientras que esta proporción es de 6,5 entre los hombres.
Hay 18 desempleadas por cada 100 activas con secundaria completa y sólo 10 hombres en
igual condición, y estas proporciones son iguales para quienes tienen hasta secundaria
incompleta.
Cuadro 6: Población de la Ciudad de Bs.As.: categoría ocupacional por sexo, según nivel
educativo
Hasta primaria
incompleta
Hasta
secundaria
incompleta
Hasta sup. o
universit.
incompleta
Sup. o
universit.
completa
Categoría
ocupacional
Varón
Mujer
Varón
Mujer
Varón
Mujer
Varón
Mujer
Empleador
--
--
6.9
1.4
10.5
3.9
14.0
6.3
Cta. propia
17.6
17.6
23.0
23.9
21.9
8.6
26.9
21.0
Asalariado
82.4
70.6
69.3
73.9
66.4
81.3
59.1
70.5
Trab.s/salar
--
11.8
0.7
0.7
1.2
5.9
--
2.3
Sin especif.
--
--
--
--
--
0.4
--
--
100
100
100
100
100
100
100
100
(17)
(17)
(274)
(142)
(324)
(256)
(186)
(176)
Fuente: Elaboración propia sobre datos de EPH-INDEC (onda mayo’96)
Cuando el nivel educativo es bajo (y la relación de dependencia puede colocar en mejor
situación relativa que las formas presuntamente marginales del cuentapropismo) la proporción

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15
de asalariados crece entre los hombres (82,4 % frente a 70,6 % de las mujeres). Así como
asciende el nivel educativo se confirma la mayor proclividad de las mujeres a desempeñarse en
relación de dependencia, mientras que los hombres acceden en mayor medida a posiciones de
empleador o cuentapropista (que para niveles educativos altos, puede presumirse que se asocian
a mayores ingresos). Entre las graduadas en la enseñanza superior hay sólo 6 % de empleadoras
y esta proporción es más del doble (14 %) entre sus pares masculinos. Entre las mujeres con
secundaria completa las empleadoras alcanzan al 4 % y las cuentapropistas al 8,6 %, mientras
que para los varones estas proporciones son de 10,5 % y 22 %, respectivamente. Finalmente, en
casi todos los niveles educativos persiste —para las mujeres— cierta proporción de
trabajadoras sin salario.
Cuadro 7: Población de la Ciudad de Bs.As.: calificación laboral por sexo, según nivel
educativo
Hasta primaria
incompleta
Hasta
secundaria
incompleta
Hasta sup. o
universit.
incompleta
Sup. o
universit.
completa
Calificación
laboral
Varón Mujer Varón Mujer Varón Mujer Varón Mujer
No califica.
23.5
76.5
25.4
55.0
15.5
19.0
0.5
4.0
Calificados
76.5
23.5
72.0
44.3
71.7
74.6
38.8
53.1
Calif. prof.
--
--
2.6
0.7
12.7
6.3
60.7
42.9
100
100
100
100
100
100
100
100
(17)
(17)
(268)
(140)
(322)
(252)
(183)
(175)
Fuente: Elaboración propia sobre datos de EPH-INDEC (onda mayo’96)
Cuando se tiene en cuenta el nivel educativo, las mujeres se ven más desfavorecidas en cuanto a
calificación de la tarea en los niveles más bajos: son no calificadas el 76 % de las mujeres con
hasta primaria incompleta, frente a 23 % entre los hombres. Cuando se trata de las personas
con hasta secundaria incompleta, más de la mitad de las mujeres son no calificadas mientras
que solamente un 25 % de los hombres está en la misma situación. Estas diferencias se atenúan
al ascender el nivel educativo, pero no desaparecen y siempre las mujeres resultan en
desventaja. Cuando se trata de personas con instrucción superior completa, solamente un 43 %
de las mujeres realizan una tarea acorde con su capacitación, mientras que esta proporción es de
61 % entre los hombres.
4- A
NÁLISIS DE CORRELACIÓN
Las variables nivel educativo, calificación laboral y decil de ingresos
2
fueron sometidas a
análisis de correlación. Dada la naturaleza no intervalar de dichas variables, la medida empleada
fue el coeficiente de órdenes Rho de Spearman (cuyo valor fluctúa entre 1 y -1, correspondiendo
el cero a la ausencia de relación). Para expresarlo en términos sencillos, el valor del coeficiente
se aproxima a 1 si al aumentar el nivel educativo alcanzado (o el grado de calificación laboral,
en su caso), también mejora la posición en la escala de ingresos. Si sucediera lo contrario (si a
mayor nivel educativo o grado de calificación desmejorara la posición relativa a los ingresos),
2
Se trata de la posición que ocupa cada perceptor de ingresos en el total de la distribución, dividida en
diez partes iguales en cuanto a la cantidad de perceptores. Es, por lo tanto, un orden y no una variable
cuantitativa.

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16
entonces el valor del coeficiente tendería a aproximarse a -1. Finalmente, ese valor absoluto
descendería y tendería a cero en el caso de que las distribuciones fueran independientes, y la
calificación o la educación no afectaran a la retribución obtenida por el trabajo. La correlación
perfecta (Rho = 1) se alcanza si las personas quedan ordenadas exactamente del mismo modo en
cada una de las distribuciones.
Estas correlaciones se calcularon para la población en general, pero también para ambos géneros
por separado y —dentro de cada género— para asalariados y cuentapropistas. Con ello se
intentó responder a algunos interrogantes:
¿El nivel educativo alcanzado asigna iguales oportunidades de remuneración a
ambos géneros, o existen diferencias?. ¿Y si así fuera, éstas responden a
discriminación de parte de los empleadores?
¿La calificación de la tarea realizada proporciona a mujeres y hombres oportunidades
similares de remuneración, o pueden establecerse diferencias según el género?. ¿De
ser así, éstas responden a discriminación de parte de los empleadores?
Al no contarse con datos sobre los ingresos percibidos, sino acerca del decil de ingresos en que
queda ubicado cada perceptor, no resulta posible comparar directamente las medias de ingresos
- para hombres y mujeres - dentro de cada nivel educativo o de calificación laboral. Pero la
correlación de órdenes sugiere la medida en que el logro educativo o la mayor calificación
permiten un mejor posicionamiento en el ranking de remuneraciones.
Matriz de correlaciones (Rho de Spearman)
Totales
Nivel educat. vs. Ingresos
0.35
Calificación vs. Ingresos
0.37
Por género y categoría
ocupaciónal
Varones
Mujeres
Nivel educat. vs. Ingresos
0.38
0.32
Calificación vs. Ingresos
0.40
0.35
Sólo para asalariados
Nivel educat. vs. Ingresos
0.41
0.38
Calificación vs. Ingresos
0.42
0.49
Sólo para cuentapropistas
Nivel educat. vs. Ingresos
0.26
0.31
Calificación vs. Ingresos
0.33
0.15
Las correlaciones de rangos entre nivel educativo e ingreso (0,35) y calificación e
ingreso (0,37) son positivas, pero apenas moderadas para el total de la población. Lo

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que quiere decir que calificación y educación influyen positivamente sobre los
ingresos, aunque de un modo débil. En otras palabras, hay diferencias de ingresos
que no obedecen a ninguno de estos factores.
Cuando se estratifica por género, la correlación aumenta en ambos casos para los
hombres: tanto el nivel educativo cuanto la calificación de la tarea son más eficaces
para mejorar los ingresos en el caso de los trabajadores masculinos (0,38 frente a
0,32 y 0,40 frente a 0,35, respectivamente).
Pero cuando estas medidas se calculan por separado para los asalariados, la situación
sufre un cambio: se acorta la diferencia entre géneros para el caso de la educación y
se invierte para el caso de la calificación laboral (0,42 y 0,49, respectivamente).
Cuando se trata de tareas en relación de dependencia, la calificación laboral se
relaciona más fuertemente con los ingresos en el caso de las trabajadoras mujeres.
Por consiguiente, no obedecerían estas diferencias, enteramente, a criterios de
discriminación por parte de los empleadores.
En efecto, si se calculan las mismas medidas para los trabajadores por cuenta propia,
se advierte que, en el caso del nivel educativo se invierte la relación: las
cuentapropistas más educadas logran sacar más provecho del rendimiento de esta
condición sobre los ingresos. En cambio, cuando se trata de la calificación de la
tarea, son los hombres quienes obtienen mejores resultados (siendo casi inexistente
la relación para el caso de las mujeres).
5- R
ESUMEN DE LAS CONCLUSIONES
Parece posible afirmar que la inserción de las mujeres en el mercado de trabajo
continúa realizándose en situación desfavorable si se la compara con la de los
hombres. Las desventajas relativas no provienen, en principio, de diferencias en
cuanto al nivel de instrucción formal, que es muy semejante para ambos géneros.
Aunque no puede descartarse - es probable que exista - un sesgo en la orientación
educativa (secundaria y superior) que habilite en mayor medida a los varones para
obtener mejores oportunidades laborales.
Las mujeres, no obstante, resultan desfavorecidas en relación con el desempleo. Con
tasas de actividad más bajas registran, sin embargo, mayor desocupación: hay 16
desempleadas por cada 100 activas y esta relación es de 9 cada 100 para los hombres.
La diferencia persiste independientemente del nivel educativo.
Las mujeres tienden a ocupar con menor frecuencia posiciones de control del proceso
productivo: sólo hay 4% de empleadoras frente a casi 10% de hombres. Igualmente,
hay 16% de cuentapropistas frente a 23% entre los hombres. Tienen, en cambio, un
mayor grado de salarización: la proporción de asalariados masculinos sólo supera a
la de las mujeres en el nivel educativo más bajo, y la diferencia es enteramente
compensada por las trabajadoras sin salario (categoría que alcanza un peso no
desdeñable - 3,7% - en el total de las trabajadoras mujeres). Puede decirse que las

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mujeres tienden a insertarse laboralmente en posiciones subordinadas, y dicha
tendencia persiste en todos los niveles educativos.
Las mujeres realizan tareas de menor calificación: un 25% son trabajadoras no
calificadas (sólo un 15,5% de los hombres lo son). Aun en el caso de las que poseen
educación superior, sólo un 43% de ellas ejercen tareas acordes con su formación
frente a un 61% de los hombres.
Tanto el nivel educativo como la calificación de la tarea, rinden menos a las mujeres
en términos de remuneración. Esto parece ser producto de criterios discriminatorios
de los empleadores en el caso de la educación, pero no así cuando se trata de la
calificación de la tarea: en este caso, son los trabajadores masculinos por cuenta
propia quienes cotizan mejor sus calificaciones laborales, mientras que las mujeres
obtienen mejor provecho de las suyas en posiciones asalariadas.

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EL EMPLEO DE LOS JÓVENES EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES
1- PARA EMPEZAR, ¿CUÁNTOS SOMOS?
*
Los jóvenes de 15 a 29 años que viven en la Ciudad de Buenos Aires son alrededor de 740.000:
aproximadamente la cuarta parte de la población total. Algo más de la mitad son varones
(51,6%): lo que es inverso a la tendencia general (las mujeres son más que los varones en la
población total). Casi un 60% tienen entre 18 y 25 años.
EDAD Y SEXO
Edades
Varones
Mujeres
Total
15/17
15.1
17.2
16.1
18/25
57.1
59.7
58.4
26/29
27.8
23.1
25.5
100%
100%
100%
(381789)
(357489)
(739278)
En resumen:
- Hay más varones que mujeres (casi el 52%)
- El grupo más numeroso es el de 18 a 25 años (el 58,4%)
- Pero entre los hombres tienen más peso los de mayor edad
- Mientras que entre las mujeres la proporción de jóvenes es mayor
2- ¿QUÉ HACEMOS CON NUESTRA VIDA...?
Para mirar un poco más de cerca, es importante saber que hacen con sus vidas. ¿Viven en pareja
o son solteros?. ¿Trabajan o estudian?. Como se advierte, estas cosas dependen bastante de la
edad.
*
Este trabajo fue elaborado a partir de procesamientos propios de los datos de la Encuesta Permanente de
Hogares que realiza el INDEC, correspondientes al aglomerado Capital Federal y provenientes de la onda
de mayo’96. Se trabajó con la base expandida y el factor de expansión promedio (N/n) es de 1011. De tal
manera, el tamaño muestral real resultaría del cociente entre el total de casos de cada tabla y dicho factor.

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EL ESTADO CIVIL
Edades
15/17
18/25
26/29
Total
Solteros
99.2
86.1
51.8
79.5
Unidos
-
4.7
6.0
4.3
Casados
0.8
8.7
39.4
15.2
Separados/divorc.
-
0.5
2.7
1.0
Total
100%
100%
100%
100%
(119209)
(431473)
(188596)
(739278)
Casi un 80% permanecen solteros. Pero entre los que tienen entre 26 y 29 años, la quinta parte
vive en pareja (casados o unidos).
En resumen:
- Prevalecen los solteros (casi 80% del total)
- Pero la quinta parte de los jóvenes vive en pareja (15% de casados y 4% de unidos)
- Y entre los que tienen de 26 a 29 años, los casados y unidos son casi la mitad del total
En cuanto al estudio y el trabajo, conviene mirar a mujeres y varones por separado: las cosas
difieren: las mujeres estudian más y entre los varones es mayor la proporción de los que
trabajan. También hay de los que hacen las dos cosas a la vez (más entre los varones). Y, por
supuesto, los que no hacen ninguna de las dos (situación más frecuente entre las mujeres):
después trataremos de ver si esto sucede porque no quieren o porque no pueden.
L
AS MUJERES
Edades
15/17
18/25
26/29
Total
Estudian
83.8
38.7
2.6
38.2
Trabajan
4.8
28.7
67.8
33.6
Estudian y trabajan
-
17.5
7.5
12.1
No estudian ni trabajan
11.4
15.1
22.1
16.1
Total