Gladys Cecilia Hernández Pedraza
CIEM.
| Introducción | Mujer y economía | Sostenibilidad en el desarrollo |
| Consideraciones finales | Bibliografía |
El debate sobre la feminización de la pobreza y el deterioro ecológico cobran mayor fuerza en la medida que la humanidad toma conciencia de los escasos recursos de que dispone a largo plazo para consagrar en el futuro la herencia que siglos de creatividad han ido construyendo. Estos problemas, en el actual proceso de globalización, cobran dimensiones políticas., económicas, sociales, ambientales y humanas.
En los últimos años, con el crecimiento de la población mundial en alrededor de 440 millones de personas, el agravamiento del deterioro ambiental global y la agudización de los problemas de la economía mundial, se ha desarrollado con mayor profundidad el debate acerca de la pobreza real y lo hipotético que resulta lograr un desarrollo sostenible para la humanidad, si no se protege la ecología.
En el debate internacional, se ha hecho cada vez más evidente el carácter global de muchos de los fenómenos ambientales que más preocupan a la humanidad por lo que cualquier solución duradera a los problemas ecológicos globales demanda una profunda transformación de las relaciones económicas y políticas internacionales, sobre bases de equidad y justicia social.
Por primera vez en la Cumbre de Río se reconoció que la protección ambiental y el desarrollo económico requieren soluciones globales y se logró consenso al más alto nivel gubernamental para adoptar un nuevo enfoque sobre el desarrollo, en que la erradicación de la pobreza y la protección del medio estén estrechamente vinculados.
Un análisis objetivo de la relación entre medio ambiente y desarrollo en el actual contexto globalizador debe tomar en consideración la deuda ecológica del mundo desarrollado y la persistencia de un circulo vicioso de subdesarrollo, pobreza y deterioro ambiental, que afecta a las tres cuartas partes de la humanidad.
La pobreza ha sido identificada como uno de los principales obstáculos para un desarrollo sostenible, ya que la mayoría de los pobres (60%) viven en áreas ecológicamente vulnerables, y podría haber unos 14 millones de "refugiados ambientales". Alrededor de 1500 millones de personas, es decir, más de la cuarta parte de la población mundial viven en condiciones de pobreza extrema y esa cifra se incrementa a razón de 25 millones por año.
En muchas ocasiones, las poblaciones en condiciones de absoluta pobreza no tienen otra alternativa que sobrevivir acosando al medio ambiente, máxime si se trata de países subdesarrollados y altamente dependientes de las exportaciones de productos básicos. Simultáneamente, al deteriorar el medio de las principales fuentes de ingresos exportables resultan también afectadas. Se estima que entre el 45% y el 49% de los ingresos por exportación de los países subdesarrollados corresponde a productos básicos y en el caso de Africa esta proporción asciende al 90%.
Los últimos años han sido testigos de la aplicación de férreas políticas de ajuste neoliberal. La hiperbolización del papel del mercado, la desregulación desmedida, la desprotección social. Los recortes de la parte de los presupuestos dedicada a los gastos sociales, y la reducción del papel del estado, entre otros factores, han caracterizado las políticas socioeconómicas instrumentadas en los países del Tercer Mundo.
Estos programas han producido el aumento desmedido de la inequidad económica y social, excluyendo totalmente de cualquier beneficio a amplias masas de población, e incluso a países y regiones completas, al tiempo que el crecimiento económico experimentado en estos años, no ha significado en lo absoluto una difusión social de los beneficios que supuestamente debieran haberse derivado de esta tendencia.
En este contexto, las principales víctimas de esta situación han sido las mujeres y los niños y las niñas. En muchos países no se han aceptado todos los principios de la igualdad jurídica entre hombres y mujeres, la discriminación contra la mujer sigue estando presente en las leyes y en la práctica cotidiana.
La convención internacional de los derechos del niño, a pesar de ser el instrumento jurídico internacional que más países han ratificado, no se cumple cabalmente y por igual para todos los pequeños del planeta.
A nivel mundial, se han introducido como nuevos paradigmas el Desarrollo Sostenible, el desarrollo Social y el más reciente, el Desarrollo Humano. Todos estos nuevos conceptos intentan encontrar alternativas para el desarrollo que al incorporar otros parámetros para su análisis global reconocen en esencia el hecho de que, basan la percepción de desarrollo en meras variables económicas, de mercado y de consumo, no han logrado prevenir las verdaderas calamidades que han sufrido y sufren una parte importante de la humanidad. De esta forma, se trata de acercar al hombre, a su bienestar, a sus realizaciones, a su poder vivir de forma decorosa, el análisis e interpretación de las infinitas estadísticas mundiales, que tanto han distorsionado los fenómenos políticos y sociales acaecidos en los países, principalmente en el presente siglo.
Pero no obstante estas nuevas definiciones e intenciones de abordar estos complejos temas, la realidad que se nos presenta es que cada día los ricos de este planeta, son más ricos y por otro lado, los pobres son cada vez más pobres.
En términos socioeconómicos tres factores caracterizan la evolución de los últimos años, creciente inequidad en la distribución de los ingresos, el aumento del desempleo y el crecimiento de la pobreza.
En primer lugar, el deterioro en la distribución de ingresos. En 1994, la participación en la economía mundial del 210% más rico era del 86%, y la del 20% más pobre de apenas un 1,1% se ha deteriorado la relación entre los ingresos de los más ricos y los ingresos de los más pobres de 61 a 1 en 1991, a 78 a 1 en 1994. Dicho en otras palabras, el incremento de la inequidad en la distribución de ingresos en los últimos cuatro años aumentó 17 puntos, a razón de 4,25 puntos porcentuales cada año.
En el mundo , entre 1989 y 1996 el número de personas con un patrimonio superior a los mil millones de dólares aumentó de 157 a 447. La riqueza neta de las 10 personas más opulentas es de 133 000 millones de dólares, 1,5 veces mayor que el riesgo nacional conjunto de todos los países menos adelantados.
En particular, en relación con la participación en los ingresos provenientes del trabajo, la participación femenina es de apenas un 33% contra un 66% en el caso de los hombres.
En segundo lugar, el aumento de nivel de desempleo. El 41% de la población económicamente activa a escala mundial está desempleada y subempleada. La solución a este problema es hoy más incierta en el marco del proceso de desregulación y desprotección del mercado laboral, que ha conducido a la modificación de las reglas laborales en detrimento de los trabajadores.
En América Latina, CEPAL estimó que en 1996 el desempleo afectó al 8% de la fuerza laboral, alcanzando así el nivel más alto de la década. En particular, en la región del Caribe el desempleo osciló entre el 15 y el 21%, mientras que en países como Argentina y Uruguay alcanzó el 17,2 y 12,6% respectivamente.
En casi todos los países desarrollados el crecimiento del desempleo ha sido particularmente elevado, situándose como promedio, en una tasa superior al 8%, que llega a ser del 15% en el caso de los jóvenes, En países como España, en 1995 afectaba al 23% de la población económicamente activa.
Se estima que la tasa de desempleo femenina es entre un 10 y un 40% superior a la de los hombres.
Se ha producido un fenómeno de precarización del trabajo, caracterizado por aumento de los empleos de baja productividad, con condiciones inadecuadas de trabajo, bajos salarios, y ausencia total de cobertura de la seguridad social. Entre ellos se destaca el sector informal, que continuó siendo el refugio precario y el amortiguador del creciente desempleo.
En América Latina entre 1990 y 1995, 84 de cada 100 nuevos empleos correspondieron al sector informal. Otras regiones del Tercer Mundo también muestran estas tendencias, incluso con mayor agudeza. Un reciente estudio arrojaba que correspondía al sector informal casi el 80% de todo el empleo en Benin y Nigeria, el 68% en la India y el 66% en Camerún.
Las mujeres han resultado ser también las más afectadas en este proceso, debiendo asumir los trabajos más pedestres y en algunos casos relegándose su papel a la actividad puramente doméstica, ya sea dentro o fuera de su hogar. La participación femenina en la población activa sólo ha aumentado cuatro puntos porcentuales en los últimos 20 años.
Sin embargo, se reconoce que las mujeres trabajan más horas que los hombres.
De la carga total de trabajo, corresponde a las mujeres un promedio del 53% en los países en desarrollo y un 51% en losa industrializados. Del total de tiempo dedicado al trabajo, en el caso de los hombres, la mayor parte se realiza en actividades remuneradas y la menor parte en actividades no remuneradas. En el caso de las mujeres, esta producción se invierte, la mayor parte del trabajo de la mujer se dedica a actividades no remuneradas con el hogar o la comunidad.
En todas las regiones la tasa de desempleo de las mujeres es superior a la de los hombres, mientras que el salario femenino medio es sólo las tres cuartas partes del salario medio de los hombres en sectores no agrícolas. Esto se debe a que realizan trabajos de baja remuneración, laboran en el llamado sector informal o simplemente se les paga menos que a los hombres por realizar igual trabajo.
Dado que en general, la condición en la sociedad se relaciona directamente con la posibilidad de obtener ingresos, las mujeres son subvaloradas en su condición económica, a pesar de soportar la carga de una mayor proporción del trabajo total.
La representatividad en los puestos de dirección es significativamente baja. En los países en desarrollo, las mujeres siguen representando menos de la séptima parte de los funcionarios administrativos y ejecutivos, y a nivel mundial las mujeres ocupan sólo un 10% de los escaños parlamentarios, y sólo un 6% de los ministerios en los gabinetes nacionales.
A pesar de que las mujeres trabajan más duramente que los hombres, estas reciben un participación desproporcionadamente pequeña de los créditos bancarios. Por sólo citar un ejemplo, en la región de América Latina y el Caribe las mujeres constituyen sólo entre un 7% y un 11% de los beneficiarios de los programas de créditos.
Las campesinas, si bien constituyen la mayoría de los trabajadores agrícolas en muchos países en desarrollo, reciben muy pocos créditos rurales. En muchos países africanos, representan más del 60% de la mano de obra agrícola y contribuyen hasta un 80% del total de la producción alimentaria: no obstante, reciben menos del 10% del crédito a los pequeños agricultores y el 1% del total del crédito a la agricultura.
Por otro lado, el crecimiento del trabajo infantil en la presente década es también altamente preocupante. Se considera que uno de cada tres niños africanos, y uno de cada cinco latinoamericanos, se encuentran empleados.
Un tercer factor que caracteriza la situación social en los 90’es el crecimiento absoluto de la pobreza. Es conocida la complejidad que significa su medición, así como las insuficiencias de las estadísticas ahora manejadas, máxime cuando se ha insistido en la utilización de los niveles de ingresos como indicador fundamental.
En el actual año, el Informe de Desarrollo Humano del PNUD, intentó corregir esta apreciación limitada e incorporó el "Indice de Pobreza Humana" que se basa en los indicadores de esperanza de vida, analfabetismo, y el acceso a servicios básicos para mantener una adecuada calidad de vida como son: los de salud, agua potable y el estado nutricional de los niños menores de cinco años. Con la utilización de este indicador Cuba ocupó la segunda posición dentro de 78 países subdesarrollados.
Entre 1987 y 1993, el número de personas cuyo ingreso era inferior a un dólar diario aumentó en casi 100 millones. Según esta forma de medición, el PNUD considera que hay en el mundo más de 1 500 millones de pobres.
En el Tercer Mundo viven 1 300 millones de personas clasificadas como pobres, aunque otras fuentes estiman que esta cifra podría rondar los 2 000 millones, de ellos, más del 70% son mujeres. Esto representa que uno de cada tres habitantes viven en la pobreza y que por cada tres pobres, prácticamente dos de ellos tienen rostro de mujer. Se considera que en los últimos dos decenios la cantidad de campesinas que viven en la pobreza absoluta aumentó en casi un 50%.
En los países industrializados 100 millones de personas viven por debajo del límite de pobreza. En 1993 en los Estados Unidos moría un niño cada 35 minutos por causas relacionadas con la pobreza, mientras que tres de cada cinco madres solteras subsistían en la miseria.
En las economías en transición el número de pobres asciende a 120 millones, pero otras fuentes consideran que la cifra real es mucho mayor.
En América Latina, en los primeros cuatro años de la presente década la magnitud absoluta de la pobreza aumentó en 12 millones de personas y en 73 millones, si se compara con 1980. Hay hoy 209 millones de pobres, y de ellos, 98 millones clasifican como indígenas, cifra que también ha ido en aumento.
El incontrolable crecimiento poblacional que acompaña al subdesarrollo ha contribuido en esta dirección. El crecimiento poblacional mundial hasta finales de siglo se agudizará el éxodo de población hacia las ciudades, y con ello, el crecimiento de los barrios marginales, de los niveles de insalubridad, inseguridad alimentaria y degradación ambiental. Se pronostica que para el 2000 existirán 26 megaciudades (con 10 millones de habitantes o más), 22 de ellas en países subdesarrollados.
En el mundo hay unos 100 millones de personas sin hogar. Unos 80 millones de niños viven en las calles. Los países desarrollados no escapan a este fenómeno, más de 5 millones de personas carecen de hogar, por ejemplo, en París viven casi 10 mil personas sin techo, del medio millón que existen en el país.
El crecimiento de la inseguridad alimentaría es uno de los principales males que acompaña a la pobreza. La FAO considera que a inicios de los 90’el 20% de la población del Tercer Mundo, padecía de desnutrición crónica y, de mantenerse las actuales tendencias, en el año 2010 aún existirán 730 millones de desnutridos. Por las propias peculiaridades de la mujer y su compromiso con la alimentación de sus hijos, esta resulta ser siempre dentro del hogar la más afectada en términos nutricionales.
Otros indicadores que reflejan cómo se ha acentuado el subdesarrollo y la pobreza, y cómo ello ha afectado las desigualdades de género en el Tercer Mundo, así como las diferencias entre mujeres de países desarrollados y subdesarrollados se resumen a continuación.
En el Tercer Mundo casi mil millones de adultos son analfabetos, y, de ellos, alrededor de 600 millones son mujeres. En estos países, el 40% de las mujeres son analfabetas, mientras que en los países desarrollados sólo el 1,5% de las mujeres lo son. En los países subdesarrollados la tasa bruta de matriculación combinada en los niveles de educación primaria, secundaria y terciaria excluye a un 48% de las mujeres y a un 40% de los hombres.
En los países desarrollados, el 16% de las mujeres está excluido de esta tasa. Según el Anuario del PNUD, el 40% de las mujeres del Tercer Mundo son analfabetas, y los hombres constituyen el 22%. Esto es, la proporción de analfabetas casi duplica la proporción de los hombres.
Las carencias educacionales de las mujeres del Tercer mundo influyen en su falta de capacitación profesional, lo que las ubica en una posición desventajosa frente a las demandas ocupacionales actuales.
En el Tercer Mundo más de mil millones de personas carecen de acceso al agua potable, entre 800 y 1000 millones padecen hambre, alrededor de 17 millones de seres humanos mueren todos los años de enfermedades contagiosas y parasitarias, y más del 90% de los contagios con SIDA vive en países subdesarrollados. Se dispone de apenas un médico por cada 5 767 habitantes, proporción que asciende a uno por cada 18 496 en los más atrasados. Sin embargo, en los países desarrollados se dispone de un médico por cada 344 personas. Sólo el 53% de los partos son asistidos por personal de salud calificado, proporción que se reduce al 29% en los menos adelantados, y muy inferior al 99% que promedia el mundo industrializado. La tasa de mortalidad materna es de 477 por 100 000 nacidos vivos (1 052 en los menos adelantados), mientras que en los desarrollados es de apenas 13. Cada minuto una mujer pierde la vista por causas relacionadas con el embarazo: esto suma 585 mil mujeres al año, y casi todas viven en países subdesarrollados.
La esperanza de vida al nacer es de apenas 61,5 años en los países subdesarrollados (51,1 años en los menos adelantados), mientras que en los países desarrollados este indicador se sitúa en los 74,3 años. La esperanza de vida al nacer de las mujeres del Tercer Mundo es de 63,5 años, inferior a los 77,8 años que llegarían a vivir las mujeres de los países industrializados.
Se produce un deterioro ostensible de la salud de las mujeres por la precaria alimentación. Crecen las carencias de hierro y de otros nutrientes básicos , se acrecientan las alteraciones de salud mental y otras enfermedades psicosomáticas.
La vida de las mujeres pobres es una suma continua de tiempo de trabajo, sobre cuya base funcionan los mecanismos de reproducción de la vida material. Este esfuerzo lo realizan sin un mejoramiento de la disponibilidad de recursos para ella y la unidad familiar.
Unos 110 millones de niños en edad escolar primaria y 275 millones en edad secundaria no asisten a la escuela, 160 millones de niños trabajan, entre 160 y 200 millones de infantes menores de cinco años mueren debido a la malnutrición o a enfermedades prevenibles y dos millones de niñas entre 5 y 15 años de edad son incorporadas a la prostitución.
La situación mundial del deterioro ambiental, se ha convertido desde hace varios años, en uno de los principales problemas que enfrenta la humanidad.
Dentro de la panorámica económica y social ya descrita, principalmente para los países en vías de desarrollo, a su vez hay que sumar e integrar los grandes problemas ambientales que confrontan los mismo, que han tenido su origen y en gran medida su dimensión en la forma en que han sido explotados sus recursos naturales, las limitaciones e insuficiencias con que se han enfrentado los procesos de industrialización, los modelos extensivos e irracionales de la producción agrícola y pecuaria y la explotación de los bosques, más los impactos producidos por las críticas condiciones sociales.
Las políticas de dependencia, dominación y explotación que han condicionado el desarrollo en el Tercer Mundo, constituyen las raíces y causas sustanciales del natural deterioro ambiental.
Sería erróneo tratar de interpretar los fenómenos actuales sin adentrarse y considerar los orígenes históricos de los sistemas de desarrollo que durante los últimos siglos y muy especial en el actual siglo XX, han asumido y asumen un grupo de países, sustentados en patrones de producción y consumo irracionales y políticas imperiales de dominación y explotación colonial y neocolonial que engendran, y hoy agudizan el atraso y la miseria que azotan a grandes poblaciones de un importante grupo de países que desde hace bastante resultan inhumanos.
A nivel global, una reciente evaluación de los recursos naturales realizada por el Programa de Naciones Unidas para el medio ambiente plantea que el uso de los recursos renovables tales como: suelo, bosques, agua, área costera, recursos pesqueros y el aire están por encima de su regeneración natural.
Las áreas naturales y la biodiversidad, continúan disminuyendo debido a la expansión agrícola y urbana.
El uso indiscriminado de los químicos, como el resultado del desarrollo económico, incrementa los riegos de la salud, la contaminación ambiental y a lo que se suma el problema de la disposición final de las mismas.
El rápido crecimiento urbano, principalmente en las zonas costeras ejercen gran presión sobre importantes ecosistemas frágiles.
Se reporta que aproximadamente 500 millones de personas viven en aire contaminado, 1000 millones sin agua potable y 2000 millones sin saneamiento, En los países en desarrollo cada año se pierden entre 3 y 4 millones de hectáreas de bosques tropicales, la desertificación se incrementa a nivel mundial en aproximadamente 6 millones de hectáreas anualmente y la pérdida de biodiversidad se calcula entre 150 y 200 especies cada 24 horas.
Las consecuencias asociadas al cambio climático y al deterioro de la capa de ozono son también fenómenos de carácter global que no han logrado consenso a nivel internacional para frenar sus peligrosas consecuencias y las emisiones lejos de disminuir han aumentado.
Para nuestra región latinoamericana y caribeña, resulta de extraordinaria importancia la evolución de los recursos naturales.
Sólo vale señalar que nuestra región incluye el; 23% del potencial de la tierra agrícola mundial. Posee aproximadamente el 28% del área boscosa mundial y el 52% de los bosques tropicales. La región contiene el 40% de las especies de plantas y animales de los bosques tropicales y el 36% de las especies cultivables dirigidas a la alimentación humana.
Posee el 13% de las aguas continentales. Gran actividad se presenta en las zonas costeras donde se han calculado que vive el 25% de la población regional.
Entre las afectaciones más significativas se reportan: El 72% de los suelos agrícolas presentan algún grado de degradación, el ritmo de deforestación se calcula en 0.8% anual, es baja la calidad del agua, fuerte contaminación existe en los principales ríos. Relativo a las zonas costeras el 26% de la línea de costas tienen afectaciones severas y el 24% afectaciones moderadas. El 50% de los manglares han sido degradados por contaminación.
Todos estos factores influyen negativamente en la vida cotidiana y futura de las mujeres del planeta.
Las desigualdades de género, unidas a las desigualdades estructurales, pueden eliminarse si la sociedad en su conjunto toma conciencia de este problema, y actúa en consecuencia, si se atacan las causas reales que generan la pobreza, las diferencias en empleo e ingresos y la degradación ambiental, si se adoptan políticas sociales basadas en la justicia y universalidad, que aseguren sustento, justo acceso al desarrollo y dignidad de todo ser humano, y si se rescata el papel del Estado como figura rectora en la formulación e implementación de estrategias sociales.
Los recursos financieros no deben constituir un problema a escala global para dar un vuelco a esta situación, si primaran sentimientos de justicia social. Se estima que el costo adicional de prestar servicios sociales básicos para todos los países en desarrollo sería de unos 40 mil millones de dólares anuales durante los próximos 10 años, y que en otros 40 mil millones anuales lograrían eliminar la brecha entre el ingreso anual de los pobres y el ingreso mínimo, con lo cual ya no serían pobres por concepto de ingresos. De esta manera, el acceso universal a los servicios sociales básicos y las transferencias para reducir la pobreza de ingreso en los próximos 10 años, costarían aproximadamente 80 mil millones de dólares, menos del 0,4% del ingreso mundial y menos también del haber neto combinado de los siete hombres más ricos del mundo.
Sin embargo, las políticas macroeconómicas de corte neoliberal aplicadas hasta el presente no han conducido a un cambio favorable en las condiciones de vida de la mayor parte de la población, ni en las condiciones ambientales globales. Por el contrario, millones de seres humanos, en particular las mujeres, quedan excluidos de los supuestos beneficios de este modelo, y entre los resultados que ya pueden constatarse ninguno apunta hacia una superación definitiva de las causas que generan la pobreza y la exclusión.
Es cierto que en el corto plazo es posible lograr una mayor equidad mediante políticas de compensación focalizadas, en especial en los segmentos de extrema pobreza y en grupos poblacionales vulnerables. Estos mecanismos de protección social aminoran los efectos negativos de las fluctuaciones en la actividad económica y de las políticas de ajuste que se introducen. No obstante, la política social de puede descansar sólo en mecanismos paliativos, debe simultáneamente atacar las causas que generan y reproducen la pobreza.
La pobreza y su feminización en la más evidente consecuencia de la injusticia social, por ello no deben generar lástima, sino indignación. La irracionalidad de los actuales modos de vida atenta contra la Sostenibilidad del planeta, estando en riesgo de desaparecer la principal especie biológica: el ser humano. Más que limosna en el presente, se necesita seguridad para una vida digna en el futuro.
PNUD. Informe de Desarrollo Humano, 1996 y 1997
UNICEF. Estado Mundial de la Infancia, 1997
El progreso de las Naciones, 1997
CEPAL. La Brecha de la Equidad, 1997
Balance Preliminar, 1996
Panorama Social de América Latina, 1996
FAO. Evaluación de la Seguridad alimentaria, Enero de 1996, Nac. Unidas.
México Boletín Mensual del Centro de Información de las Naciones Unidas, julio 1997
PNUMA. Evaluación Ambiental Global, 1997