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Notas para una agenda sindical de la mujer trabajadora
Page 1
Notas para una
agenda sindical
de la mujer
trabajadora
MALVA ESPINOZA
ESPINOZA
TEXTOS DE CAP
ACIT
ACIÓN
E J E P A R A L A A C C I Ó N S I N D I C A L
OTRAS PUBLICACIONES DE ESTA SERIE:
• Políticas de empleo, salarios y género en Chile.
Laís Abramo, Ricardo Infante, Andrés Marinakis,
María Elena Valenzuela, Jacobo Velasco
• El movimiento sindical chileno del siglo XX
hasta nuestros días.
Víctor Ulloa
• ¿Cómo globalizarse y no morir en el intento?
Roberto Pizarro
• Mercado de trabajo, organización y
representación sindical y gremial.
Adolfo Arrieta
• Sindicalismo sociopolítico. Bases y estrategias
para la unidad y renovación sindical.
Julio Godio
• Trabajo y sindicalismo en los nuevos tiempos.
Juan Carlos Zambrano
• Trabajo decente y protección social.
Malva Espinoza
• Elementos básicos sobre globalización e
integración. La integración económica y las
normas laborales.
Diego Olivares
• Conceptos básicos en salud laboral.
Manuel Parra
• Notas para una agenda sindical de la mujer
trabajadora.
Malva Espinoza
• Liderazgo, comunicación efectiva y resolución
de conflictos.
José Antonio Viveros
CENTRAL UNITARIA
DE TRABAJADORES DE CHILE
OFICINA INTERNACIONAL DEL TRABAJO
OT 14937 TAPA NOTAS

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¿C
ÓMO
GLOBALIZARSE
Y
NO
MORIR
EN
EL
INTENTO
?
Notas para una
agenda sindical
de la mujer
trabajadora
MALVA ESPINOZA
E J E P A R A L A A C C I Ó N S I N D I C A L
CENTRAL UNITARIA
DE TRABAJADORES DE CHILE
OFICINA INTERNACIONAL DEL TRABAJO

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Roberto Pizarro
Copyright © Organización Internacional del Trabajo 2003
Primera edición 2003
Las publicaciones de la Oficina Internacional del Trabajo gozan de la protección de los derechos de propiedad intelectual
en virtud del protocolo 2 anexo a la Convención Universal sobre Derecho de Autor. No obstante, ciertos extractos breves
de estas publicaciones pueden reproducirse sin autorización, con la condición de que se mencione la fuente. Para obtener
los derechos de reproducción o de traducción, deben formularse las correspondientes solicitudes a la Oficina de
Publicaciones (Derechos de autor y licencias), Oficina Internacional del Trabajo, CH-1211 Ginebra 22, Suiza, solicitudes
que serán bien acogidas.
Malva Espinoza
Notas para una agenda sindical de la mujer trabajadora
Santiago, Oficina Internacional del Trabajo, 2003
ISBN 92-2-314238-5
ISBN 92-2-314239-3
ISSN 1726-1228
TRABAJADORA / MERCADO DE TRABAJO / IGUALDAD DE
OPORTUNIDADES / ASPECTO SINDICAL / MATERNIDAD / FAMILIA /
CHILE
Datos de catalogación de la OIT
Las denominaciones empleadas, en concordancia con la práctica seguida en las Naciones Unidas, y la forma en que
aparecen presentados los datos en las publicaciones de la OIT no implican juicio alguno por parte de la Oficina
Internacional del Trabajo sobre la condición jurídica de ninguno de los países, zonas o territorios citados o de sus
autoridades, ni respecto de la delimitación de sus fronteras.
La responsabilidad de las opiniones expresadas en los artículos, estudios y otras colaboraciones firmados incumbe
exclusivamente a sus autores, y su publicación no significa que la OIT las sancione.
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del Trabajo, y el hecho de que no se mencionen firmas o procesos o productos comerciales no implica desaprobación
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Las publicaciones de la OIT así como los catálogos o listas de nuevas publicaciones pueden obtenerse en calle Luis
Carrera 1131, Vitacura, Santiago de Chile o pidiéndolas a Casilla 19.034, CP 6681962, e-mail: etm@oitchile.cl
Vea nuestro sitio en la red: www.oitchile.cl
Impreso en Chile

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¿C
ÓMO
GLOBALIZARSE
Y
NO
MORIR
EN
EL
INTENTO
?
Prólogo
Este documento tiene por objetivo fundamental poner a disposición del movimiento sindical tanto los
argumentos necesarios, así como algunos datos para un mejor conocimiento de la realidad laboral femenina.
Esto puede ayudar al objetivo de construir una agenda sindical que aborde como propios los problemas de las
mujeres que trabajan. Porque lo que atañe a las mujeres incide de manera directa y central en la situación
laboral del conjunto de los trabajadores.
Se trata de insistir una vez más que el trabajo femenino no es un problema sectorial y específico. La
presencia de las mujeres en el mercado de trabajo, en la medida que presenta condiciones y características
diferenciadas respecto de los hombres, determina los niveles de empleo y de ocupación alcanzados en el
país; incide en las tasas de desempleo abierto y subempleo, en el nivel de los salarios, en la productividad, en
las horas trabajadas, en la calidad de los empleos y la informalidad, en las condiciones de trabajo, en los
niveles de pobreza y, en general, en la calidad de vida de los habitantes del país.
Introducir la perspectiva de género en el movimiento sindical es un imperativo para imprimirle fuerza
y eficacia a la acción sindical. No se trata sólo de tener una perspectiva democrática, progresista y de equidad,
cuestión que también debe atender el movimiento sindical, sino que se trata de comprender que mejorar la
situación de la mujer en el trabajo –luchar y reivindicar mejores condiciones para ellas– es impedir el riesgo
de que el trabajo femenino se convierta en una amenaza para el trabajo masculino y, por el contrario, promover
que sea una oportunidad para el mejoramiento de la sociedad de todos.
Este estudio, preparado por Malva Espinoza, Socióloga, fue elaborado en el marco del Proyecto sobre
“Formación Sindical” de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Central Unitaria de Trabajadores
de Chile (CUT). El proyecto fue coordinado por Fernando Echeverría bajo la supervisión de Gerardo Castillo,
Especialista de Relaciones con los Trabajadores (ACTRAV) de la Oficina Internacional del Trabajo.
Ricardo Infante
Director de la Oficina Subregional de la OIT
para el Cono Sur de América Latina
Santiago, mayo de 2003

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Roberto Pizarro

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Notas para una agenda sindical de la mujer trabajadora
1
A.
El derecho al trabajo en la sociedad contemporánea
Desde que se abandonaran en el mundo las políticas públicas y privadas de pleno empleo, se ha puesto
en medio de la discusión económica global la capacidad del capitalismo actual para generar puestos de
trabajo. Se suman, a diversos factores de reestructuración mundial del capitalismo, los avances tecnológicos
que imponen nuevas reglas a la relación capital-trabajo.
Las economías desarrolladas se dedican menos a la industria y más a los servicios y trasladan sus
capitales a lugares donde la mano de obra es más barata, fundamentalmente a los países asiáticos y América
Latina. Reservan para sí industrias livianas y desarrollo de servicios con alta incorporación tecnológica que
les permite trabajar menos horas, aumentar la productividad y mantener un buen nivel de los salarios.
Para solventar los problemas de desempleo, especialmente en los países europeos, ensayan medidas
de flexibilización laboral, las que sin embargo se dan bajo condiciones de protección social y, en la mayoría
de los casos, con acuerdos de los sindicalismos de esos países. De esta manera, aunque el empleo sea un bien
escaso, se toman las providencias para que los costos de la flexibilización no recaigan de manera tan drástica
sobre los trabajadores, generando mecanismos tales como seguros de desempleo, recalificación, retiros
programados, trabajos atípicos con similares derechos y protecciones que los empleos típicos, etc.
En América Latina, en cambio, el derecho al trabajo se ve amenazado por elevadas tasas de desempleo,
informalidad, desprotección y empleo precario. En estas características no es menor la incidencia del trabajo
femenino: más inestable y más precario que el masculino. Hombres y mujeres tienen derecho a trabajar y la
sociedad debe proveer los medios para que este derecho humano fundamental esté garantizado de manera
equitativa para ambos sexos.
1.
La condición ciudadana de las mujeres
En Chile, tanto el acceso a los mercados de trabajo como las condiciones de trabajo y calidad del
empleo muestran grandes déficit para las mujeres. Es, en este sentido, un derecho restringido en su ejercicio
y, por ello, las condiciones diferenciales que tienden a naturalizarse son, en estricto rigor, condiciones que
violentan un derecho fundamental.
Notas para una agenda sindical
de la mujer trabajadora
Malva Espinoza

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Malva Espinoza
2
Las restricciones en el derecho al trabajo de las mujeres son por una parte económicas, pero también
políticas y culturales. Dominan estructuras sociales ancladas en los roles tradicionales, que le asignan a la
mujer las tareas del hogar, el cuidado de niños, ancianos y enfermos, que hacen invisible el aporte económico
y social que las mujeres insertas o no en el mundo laboral hacen a la economía y la reproducción social de la
sociedad.
En este modelo se asume que la mujer debe estar en el hogar y el hombre en el trabajo, modelo que
choca con una realidad cada vez más evidente, que las mujeres necesitan y desean trabajar, ya que el trabajo
les abre puertas hacia la autonomía económica, la participación en la vida social y hacia la consecución de
una ciudadanía en igualdad de condiciones que los hombres.
Por otra parte, la mujer está logrando niveles de escolaridad y calificación en proporciones superiores
a los hombres y se están abriendo oportunidades de trabajo en ramas de la economía donde la participación
laboral femenina encuentra un campo de desarrollo, especialmente en los servicios, donde la presencia de la
mujer se hace mayoritaria.
Estas realidades en el mundo del trabajo muestran un escaso correlato en los ámbitos de representación
política, gremial y sindical. Así por ejemplo, en el Parlamento hay sólo 15 mujeres. En las Cámaras
empresariales de la Confederación de la Producción y el Comercio no hay ningún miembro femenino en el
directorio. Del análisis de las 50 sociedades anónimas nacionales más importantes, se puede observar que la
participación en los directorios de las mujeres es escasa. Sólo 9 ocupan cargos directivos, una es presidenta
del directorio y no se registran mujeres en cargos gerenciales (de gestión) de importancia. En la Dirección de
la CUT sólo hay una mujer entre 15 miembros del Ejecutivo y es la representante del Departamento Femenino.
1
Estos datos revelan que el retraso de la participación femenina en los ámbitos de decisión y en la
definición de políticas públicas y privadas en Chile es muy amplio y requiere de un esfuerzo como país, para
generar condiciones de equidad con relación a los géneros, no sólo en el ámbito laboral, sino también a nivel
del sistema de representación social y política.
El movimiento sindical puede jugar un rol en las transformaciones sociales que requiere el país en este
ámbito, y liderar este cambio cultural. Esperamos que estas páginas ayuden a la consecución de estos objetivos.
B.
Las mujeres en el mercado de trabajo
1.
Evolución de la fuerza de trabajo femenina y masculina (1999-2000)
Durante la última década, la incorporación de la mujer al mercado de trabajo ha venido en aumento.
En 1990, las mujeres incluidas en la fuerza de trabajo eran 1 495 850 y habían subido a 1 957 880 al año
2000, mostrando cada año un dinamismo mayor que los hombres. Esto significa que en 10 años cerca de
medio millón de mujeres encontraron o buscaron empleo. En efecto, las tasas de crecimiento anual de las
mujeres a partir de 1992 (con excepción de 1995) son sustantivamente más altas que los hombres. El año
2000, sin embargo, aunque ambos sexos mostraron una tendencia a la baja, el decrecimiento de las mujeres
fue mayor.
1
Datos provisorios elaborados por el Ministerio del Trabajo, El desafío de ser mujer, en www.mintrab.cl

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Notas para una agenda sindical de la mujer trabajadora
3
Cuadro 1
INCREMENTO ANUAL FUERZA DE TRABAJO
(miles)
Año
Mujeres
Porcentaje
Hombres
Porcentaje
aumento mujeres
aumento hombres
1990
1 495.85
3 392.73
1991
1 514.57
1.3
3 469.31
2.3
1992
1 646.24
8.7
3 553.56
2.4
1993
1 753.98
6.5
3 705.00
4.3
1994
1 796.96
2.5
3 756.87
1.4
1995
1 780.26
-0.9
3 757.97
0.0
1996
1 810.72
1.7
3 789.94
0.9
1997
1 871.29
3.3
3 812.54
0.6
1998
1 955.67
4.5
3 895.85
2.2
1999
2 007.02
2.6
3 926.53
0.8
2000
1 957.88
-2.4
3 913.01
-0.3
Fuente: INE, Encuesta de empleo, trimestre octubre-diciembre de cada año.
2.
Tasa de participación femenina
La tasa de participación mide cuántas personas están en la fuerza de trabajo con relación a la cantidad
de personas que están en edad de trabajar. En Chile esta última comprende a las personas de 15 años o más.
Como efecto de la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, la tasa de participación ha aumentado,
subiendo de 31.7 a 35%, en tanto que los hombres bajan de 75.4% a 72.9%.
Cuadro 2
TASAS DE PARTICIPACION
Año
Total
Hombres
Mujeres
1990
53.0
75.4
31.7
1991
53.0
75.6
31.5
1992
54.3
76.0
33.6
1993
56.0
77.8
35.2
1994
56.0
77.5
35.4
1995
54.9
76.2
34.5
1996
54.5
75.5
34.5
1997
54.4
74.6
35.1
1998
55.1
75.0
36.1
1999
55.0
74.4
36.5
2000
53.6
72.9
35.0
Fuente: Elaboración propia datos INE, Encuesta de empleo, trimestre octubre-diciembre de cada año.

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Malva Espinoza
4
Gráfico 1
PARTICIPACION FEMENINA EN LA FUERZA DE TRABAJO, 1990-2000
Fuente: Elaboración propia, datos INE, Encuesta de empleo (varios años).
Esta participación laboral femenina, si bien ha mejorado, resulta muy por debajo de otros países,
incluso de los de América Latina.
Cuadro 3
1990
1998
América Latina
34
45
Argentina
45
49
Brasil
40
45
Chile
31
38
Uruguay
44
46
Fuente: Ministerio del Trabajo, El desafío de ser mujer (pág. Web).
3.
Ramas de actividad donde se concentra el trabajo de mujeres
Tradicionalmente, las mujeres se han concentrado en la rama de los servicios sociales, comunales y
personales, donde muestran alta presencia. En esta rama se ubica casi la mitad de las mujeres que trabajan
(45%). El segundo sector en importancia es comercio (25%). Sólo en tercer lugar aparece la industria (ver
gráfico 2). La terciarización de la economía (aumento de las ramas de servicios sociales, comercio, transporte
y comunicaciones y finanzas) ha producido importantes oportunidades de trabajo para las mujeres, pero a la
vez ha influido en sus salarios. Las mujeres están ausentes de ramas como la minería y electricidad, gas y
agua, donde radican los mejores niveles salariales y se concentran en los servicios sociales, comunales y
personales y comercio donde están los más bajos salarios.
28.0
30.0
32.0
34.0
36.0
38.0
1990
1992
1994
1996
1998
2000
Mujeres

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Notas para una agenda sindical de la mujer trabajadora
5
Gráfico 2
PARTICIPACION EN LA OCUPACION DE HOMBRES Y MUJERES, SEGUN RAMA
DE ACTIVIDAD ECONOMICA
Fuente: INE (2002). Tomado de Ministerio del Trabajo, El desafío de ser mujer (pág. Web).
4.
Tasas de desocupación (1990-2000)
Si se observa un lapso largo de tiempo, y a pesar de la incorporación masiva de la mujer al mercado de
trabajo, se da de manera consistente en el período una mayor tasa de desempleo femenino. Esto significa que
la mujer encuentra dificultades en el acceso al mercado de trabajo y que hay más mujeres que hombres que
desearían trabajar y no pueden. Los peores años para las mujeres en cuanto a este indicador son 1994 y 1999,
en que la tasa pasa a dos dígitos (10.3%) cada año (Ver cuadro y gráfico 3). También es necesario destacar
que las tasas generales, al ser desagregadas, muestran que la desocupación es más grave entre las mujeres
pobres: el año 2000 alcanzó al 32.5% en el tramo más bajo (primer quintil) y sólo al 3.6% en el tramo más
alto (quinto quintil) (ver gráfico 4).
Cuadro 4
TASAS DE DESOCUPACION
(porcentaje)
Año
Total
Hombres
Mujeres
1990
7.4
6.6
9.2
1991
7.1
6.1
9.4
1992
6.2
5.0
8.9
1993
6.4
5.3
8.8
1994
7.8
6.5
10.3
1995
6.6
5.5
8.9
1996
5.4
4.8
6.7
1997
5.3
4.7
6.6
1998
7.2
7.0
7.6
1999
8.9
8.2
10.3
2000
8.3
8.0
9.0
Fuente: INE.
0
5
10
15
20
25
30
35
40
45
50
Agric., Caza,
Silvic.y Pesca
Exp. Minas y
Canteras
Ind.
Manufacturera
Elect., Gas y
Agua
Construcción
Comercio
Transp. y
Comunicaciones
Est. Financieros
Serv. Com.,
Soc. y Pers.
%
Hombres
Mujeres

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Malva Espinoza
6
Gráfico 3
Fuente: INE.
Gráfico 4
TASA DE DESOCUPACION, 2000
Fuente: Mideplan. Elaborado a partir de información de Encuesta CASEN 2000.
* Se excluye al servicio doméstico puertas adentro y su núcleo familiar.
A manera de síntesis, se puede destacar lo siguiente en cuanto al mercado de trabajo:
Entre 1990 y 2000 las mujeres en el mercado de trabajo se incrementaron en casi medio millón
en términos absolutos. Lo hicieron a tasas de incorporación anual mucho más altas comparadas
con los hombres.
La cantidad de mujeres que trabajan comparadas con las que potencialmente pueden trabajar
aumentó de 31.7 en 1990 a 36.5 en 1999 (su punto más alto). Siendo este aumento un avance en
cuanto al empleo femenino es una tasa baja de participación laboral comparada con otros países.
Las mujeres ocupadas se concentran fundamentalmente en los servicios sociales comunales y
personales y el comercio. En ambos se alcanza a alrededor del 60% de la ocupación femenina.
0.0
2.0
4.0
6.0
8.0
10.0
12.0
1990
1991
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
Tasas de desocupación (%)
Total
Tasas de desocupación (%)
Hombres
Tasas de desocupación (%)
Mujeres
32,5
23,1
17,4
9,9
9,5
7,2
6,1
4,9
3,6
2,2
I
II
III
IV
V
Quintil de Ingreso
Hombre Mujer

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Notas para una agenda sindical de la mujer trabajadora
7
Las tasas más elevadas de desempleo de las mujeres revelan que hay más mujeres que hombres
que perdieron su empleo o que desean trabajar por primera vez y que el desempleo afecta de
manera más drástica a las más pobres. En cualquiera de los casos, su ingreso o permanencia en
el empleo se da en condiciones más difíciles para las mujeres que para los hombres.
C.
La calidad del empleo femenino: Segmentación, precarización y diferenciación salarial
1.
La informalidad y las presiones de la globalización
La mayor participación en la fuerza de trabajo de las mujeres no garantiza el acceso a empleos de
mayor calidad. Las presiones de la globalización económica sobre los mercados de trabajo subregionales
tienen diversos efectos sobre la calidad del trabajo femenino.
2
La OIT, a través de diferentes informes, ha mostrado que durante la década de los noventa el crecimiento
del empleo en los sectores modernos y organizados se estancó a nivel mundial. En los países de América
Latina, el 80% de todos los nuevos empleos se crearon en el sector informal o no estructurado, particularmente
en las microempresas, el sector agropecuario y los servicios en pequeña escala, donde los salarios, la
productividad y los niveles de protección social tienden a ser más bajos que en el sector formal de la economía.
También son mayores los niveles de informalidad contractual entre las mujeres: el porcentaje que
trabaja sin contrato de trabajo es mucho mayor entre ellas que entre los varones.
Cuadro 5
POBLACION ASALARIADA CON CONTRATO DE TRABAJO POR SEXO SEGUN
QUINTIL DE INGRESO, 2000*
(porcentaje)
Quintil de ingreso
Hombre
Mujer
Total
I
58.3
39.7
53.4
II
73.4
58.1
68.5
III
80.2
74.9
78.2
IV
85.8
79.7
83.2
V
88.0
86.5
87.3
Total
77.2
72.1
75.3
Fuente: Mideplan. Elaborado a partir de información de Encuesta CASEN 2000.
* Se excluye al servicio doméstico puertas adentro y su núcleo familiar.
Aumentó también el empleo a plazo fijo y a tiempo parcial, y se extendieron los procesos de
externalización y subcontratación, que subdividen y fragmentan los antiguos colectivos de trabajadores. En
Chile, los datos de la Encuesta Laboral de 1999
3
confirman estas tendencias.
2
Sobre los efectos de la flexibilización en los países del Mercosur, véase Espino (1999).
3
Dirección del Trabajo, Encuesta Laboral, 1999. Informe de Resultados.

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Malva Espinoza
8
En el mercado de trabajo, las mujeres siguen teniendo mayor presencia en las formas de trabajo precario
y desregulado (por ejemplo, en el servicio doméstico, el trabajo a domicilio y el trabajo subcontratado).
También en trabajos temporales (agricultura de exportación e industria procesadora de pesca), sectores que
se encuentran con mayor frecuencia fuera del ámbito de la legislación laboral, la representación sindical o la
negociación colectiva.
Debido a la persistencia de la división tradicional del trabajo basada en los sexos, la segregación
laboral sigue constituyendo el factor más importante que determina la desigualdad entre los niveles de
remuneración de hombres y mujeres. Como ya se vio anteriormente, las mujeres predominan en ocupaciones
del sector terciario de la economía, tales como el trabajo de oficina, las ventas, los servicios sociales, comunales
y personales (que incluyen educación, salud, servicios sociales, servicio doméstico), mientras que los hombres
trabajan más en la industria, la construcción, transporte y minas. Las mujeres se ocupan de la enseñanza, de
los servicios y de la agricultura, mientras los hombres ocupan puestos de gestión, administración y adopción
de decisiones.
Esta segmentación en el mercado de trabajo influye de manera directa en los salarios, a pesar de que
los niveles de escolaridad y calificación profesional son mayores entre las mujeres que los hombres. En
efecto, el promedio de años de estudios está prácticamente nivelado entre ambos sexos (10.8 y 10.4,
respectivamente) y la proporción de mujeres con educación superior respecto a la fuerza de trabajo de cada
sexo es superior entre las mujeres que los hombres. (31% versus 24%). Ver gráficos 5 y 6.
Gráfico 5
PROMEDIO DE AÑOS DE ESTUDIO (HOMBRES Y MUJERES), 1998
Fuente: Panorama social de América Latina, 1999-2000, CEPAL.
Gráfico 6
HOMBRES Y MUJERES CON EDUCACION SUPERIOR, COMO PORCENTAJE DE
LA FUERZA DE TRABAJO MASCULINA Y FEMENINA, 1998
Fuente: Panorama social de América Latina, 1999-2000, CEPAL.
10
6,7
10,8
9,6
9
10,4
8,8
9,3
10,1
6,7
0
5
10
15
Argentina
Brasil
Chile
Paraguay
Uruguay
Años de estudio
Hombres
Mujeres
0
5
10
15
20
25
30
35
Argentina
Chile
Uruguay
Hombres
Mujeres
Porcentajes

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Notas para una agenda sindical de la mujer trabajadora
9
2.
La no discriminación normativa no protege frente a las diferencias salariales
Desde un punto de vista legal, en las Constituciones de todos los países y también de América Latina
y Chile se proclama el principio de igualdad, ya sea de manera genérica o aludiendo directamente a la no
discriminación por razones de sexo.
4
Junto con este reconocimiento constitucional, existen disposiciones que determinan la libertad de la
mujer para pactar todo tipo de contrato de trabajo, aunque persisten algunas disposiciones especiales que
limitan este derecho. En Argentina se prohíbe a las mujeres la realización de trabajos “riesgosos, insalubres,
peligrosos o penosos”. En Brasil y Chile, en tanto, se han prohibido las pruebas de embarazo para condicionar
la contratación de mujeres. También está regulado por las legislaciones nacionales el principio de no
discriminación salarial por razón de sexo.
Sin embargo, a pesar de estos avances aún subsisten ciertas desigualdades en perjuicio de las trabajadoras.
Según CEPAL, las mujeres en América Latina ganan entre un 44% y un 77% de lo que ganan los hombres.
Las profesiones en las que predominan las mujeres son en general las menos valoradas socialmente, tendiendo
a concentrarse en los trabajos temporales, a jornada parcial, peor remunerados y precarios. En cambio, es
más probable que los hombres tengan acceso a los puestos de trabajo de jornada completa, mejor pagados y
con posibilidades de desarrollo de una carrera profesional. Mirando diferentes datos sobre remuneraciones e
ingresos, no se puede sino concluir que la protección normativa de la no discriminación es insuficiente en
materia salarial: las mujeres ganan menos que los hombres, incluso dentro de las mismas categorías
ocupacionales. Están ubicadas mayoritariamente en los tramos salariales más bajos y las diferencias de ingresos
entre hombres y mujeres se han ido haciendo más amplias.
3.
Diferencias salariales dentro de las mismas categorías ocupacionales
Las más afectadas con el diferencial salarial son las mujeres de personal directivo, que ganan el 62.7%
del salario de los hombres; las operadoras que ganan el 67.8% y las profesionales que ganan el 73.6%.
Ningún grupo ocupacional supera al 82% del salario de los hombres (Ver cuadro 6).
Ello lleva a que los ingresos medios de hombres y mujeres presenten aún importantes brechas y en el
caso de Chile, éstas se han hecho más amplias a lo largo de la década. En 1990, los hombres ganaban 5.4 en
múltiplos de líneas de pobreza y las mujeres 3.4, con una diferencia a favor de ellos de dos puntos. En 1997,
los hombres ganaban 7.7 y las mujeres 5.1. En este caso la diferencia a favor de ellos se había ampliado a 2.6
puntos. Entonces, lejos de disminuir la brecha, ésta se había hecho mayor, aunque ambos grupos habían
elevado los ingresos (ver cuadro 7. Las líneas de pobreza para diferentes años se encuentran en el cuadro 8).
4.
Cantidad de mujeres ubicadas en los tramos más bajos de salarios
Los datos de la Encuesta Laboral de la Dirección del Trabajo mostraron que el 56.1% de las mujeres se
ubicaba en un tramo de salario de uno a dos salarios mínimos, en tanto que allí se encontraba el 40.9% de los
hombres. En el tramo superior en tanto se ubicaba el 36% de los hombres y sólo el 25.2% de las mujeres (Ver
gráfico 8).
4
En algunos países, como Paraguay, la Constitución hace alusión directa a la relación laboral y prohíbe toda discriminación,
señalando que los y las trabajadoras tienen los mismos derechos y obligaciones laborales. En otros casos como Argentina y
Chile, la ley es taxativa al prohibir cualquier tipo de discriminación entre los trabajadores por motivos asociados a su sexo. En
Brasil, por su parte, se prohíbe la discriminación de género para acceder a un empleo y se establece que las normas que regulan
el trabajo masculino son aplicables también al femenino.

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Malva Espinoza
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Cuadro 6
REMUNERACIONES: RELACION DE LOS SALARIOS FEMENINOS/ MASCULINOS
Grupo ocupacional
Porcentaje remuneración mujeres sobre hombres
Personal directivo
62.7
Profesionales
73.6
Técnicos
81.7
Personal administrativo
81.8
Servicios personales
66.1
Empleados de comercio
63.3
Trabajadores calificados
85.3
Operadores
67.8
Trabajadores no calificados
81.5
Total
68.9
Fuente: OIT-SERNAM 2002. Ministerio del Trabajo, El desafío de ser mujer (pág. Web).
Cuadro 7
INGRESO MEDIO DE HOMBRES Y MUJERES, 1990 Y 1997
(en múltiplos de la línea de pobreza)
1990
1997
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Argentina
7.3
4.7
8.2
5.6
Brasil
5.7
3.1
6.0
3.6
Chile
5.4
3.4
7.7
5.1
Paraguay
4.2
2.3
4.3
2.7
Uruguay
5.5
2.7
5.8
3.7
Fuente: Panorama social de América Latina, 1999-2000, CEPAL.
Cuadro 8
VALOR LINEAS DE POBREZA E INDIGENCIA, 1990-2000
(pesos de noviembre de cada año)
1990
1992
1994
1996
1998
2000
Línea de pobreza
Zona urbana
18 594
25 750
30 100
34 272
37 889
40 562
Zona rural
12 538
17 362
20 295
23 108
25 546
27 349
Línea de indigencia
Zona urbana
9 297
12 875
15 050
17 136
18 944
20 281
Zona rural
7 164
9 921
11 597
13 204
14 598
15 628
Fuente: CEPAL.

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Notas para una agenda sindical de la mujer trabajadora
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Gráfico 7
DISTRIBUCION DE HOMBRES
DISTRIBUCION DE MUJERES
SEGUN TRAMOS DE SALARIOS
SEGUN TRAMOS DE SALARIOS
A manera de síntesis, se puede plantear lo siguiente en cuanto a factores de discriminación:
Las mujeres acceden mayoritariamente a empleos en sectores de baja remuneración y a menudo como
extensión de los roles tradicionales (empleo doméstico, servicios sociales y otros).
Son más vulnerables respecto al trabajo precario (informalidad, bajos salarios, desprotección social).
Existe una importante brecha salarial entre hombres y mujeres en desmedro de ellas y esta brecha se
amplía en vez de acortarse.
Los niveles de educación y calificación, que deberían garantizarse como un marco de igualdad de
oportunidades para hombres y mujeres, no funcionan en el caso de las mujeres, por trabas económicas,
políticas y culturales de rasgos de una sociedad patriarcal, donde siguen operando los esquemas
tradicionales.
Este marco tradicional coexiste con exigencias modernas para las mujeres: ser ciudadanas completas,
aportar a la economía del país y ayudar a superar los problemas de pobreza y subdesarrollo.
Frente a este tipo de discriminación las protecciones normativas resultan insuficientes. Eso deja a la
acción política y sindical con una gran responsabilidad para hacer realidad y garantizar la igualdad
más allá de los marcos jurídicos que la regulan.
D.
El aporte económico de las mujeres
1.
Jefatura de hogar femenina
Se estima que en Chile casi la cuarta parte de los hogares pobres tiene una jefatura de hogar femenina
(Ver gráfico 8). Esta proporción es similar en todos los tramos de ingreso: el 23.6% de todos hogares está a
cargo de una mujer. En términos absolutos, son 896 074 hogares (CASEN, 2000). Esto significa que el
esfuerzo económico principal del hogar recae sobre ellas, y que estas personas están obligadas a mantenerse
ocupadas para el sustento familiar. En este caso no se trata de un ingreso secundario o complementario, del
ENCLA'99: Empleadores
36,9%
22,2%
40,9%
271.501 o más
181.001-271.500
90.500 - 181.000
ENCLA'99: Empleadores
25,2%
18,8%
56,1%
271.501 o más
181.001-271.500
90.000- 181.000

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Malva Espinoza
12
que se puede prescindir en tiempos de crisis. Se trata del sustento principal y eso resiente de manera drástica
el ingreso medio de las familias con jefatura femenina. En todos los quintiles de ingreso y no sólo entre los
hogares pobres el ingreso medio familiar de los hogares con jefatura femenina tiende a ser menor (Ver cuadro
y gráfico 9).
Gráfico 8
PORCENTAJE DE HOGARES POBRES CON JEFATURA FEMEMINA
Fuente: Panorama social de América Latina, 1999-2000, CEPAL.
Cuadro 9
INGRESO PROMEDIO MENSUAL DE LOS HOGARES POR SEXO DEL JEFE DE HOGAR
SEGUN QUINTIL DE INGRESO AUTONOMO, 2000
(en pesos de noviembre de 2000)
Quintil de ingreso
Hombre
Mujer
Total
I
97 066
79 838
92 963
II
204 502
187 971
200 855
III
317 191
254 497
302 695
IV
485 500
363 600
455 052
V
1 578 829
851 071
1 420 648
Total
540 647
341 578
494 576
Fuente: Mideplan. Elaborado a partir de información de Encuesta CASEN 2000.
* Se excluye al servicio doméstico puertas adentro y su núcleo familiar.
26
24
24
27
29
0
5
10
15
20
25
30
35
Argentina
Brasil
Chile
Paraguay
Uruguay
Jefatura femenina
Porcentajes

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Notas para una agenda sindical de la mujer trabajadora
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Gráfico 9
DIFERENCIA PORCENTUAL DEL INGRESO PROMEDIO POR HOGAR,
SEGUN SEXO DEL JEFE DE HOGAR
Fuente: Mideplan. Elaborado a partir de información de Encuesta CASEN 2000.
* Se excluye al servicio doméstico puertas adentro y su núcleo familiar.
2.
Aporte del trabajo femenino para la disminución de la pobreza
Los niveles de pobreza e indigencia han bajado considerablemente entre 1990 y el 2000. A lo largo de
la década, la población en situación de pobreza disminuyó desde un 38.6% en1990 a un 20.6% en el 2000.
Asimismo, la población en situación de indigencia se redujo desde un 12.9% a un 5.7% (CASEN, 2000).
En estos logros ha jugado un importante papel la incorporación de la mujer al trabajo. En efecto, los
hogares pobres disminuyen a menos de la mitad (del 19% al 7%), si se considera el aporte económico femenino.
Gráfico 10
HOGARES POBRES.
HOGARES POBRES.
INCLUYE EL INGRESO DE LAS MUJERES
EXCLUYE EL INGRESO DE LAS MUJERES
Fuente: CASEN (2000).
1 600 000
1 400 000
1 200 000
1 000 000
800 000
600 000
400 000
200 000
0
I
II
III
IV
V
Total
Quintil de Ingreso*
Ingreso promedio en pesos
17,7%
18,1%
19,8%
25,1%
46,1%
36,8%
Hombres
Mujeres
No pobres
93%
Pobres
7%
No Pobres
81%
Pobres
9%

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3.
Los servicios sociales no remunerados que realizan las mujeres en los hogares
Si se calculara en pesos la hora/hombre (más precisamente la hora/mujer) dedicada al cuidado de
niños en edad de educación preescolar, ancianos, minusválidos y enfermos, sobrepasaría con creces los
presupuestos del Ministerio de Educación, el de Salud y los gastos en cuidados del adulto mayor. En España,
donde académicos de alto nivel estudian el tema y abogan por la inclusión de estos ítemes en las cuentas
nacionales,
5
han calculado que el aporte económico que se realiza en los hogares, principalmente por el
trabajo no remunerado de las mujeres, alcanza al 98% del gasto total.
A modo de síntesis podemos destacar que:
Aparte de la contribución al Producto Interno Bruto, que hacen las mujeres ocupadas, que es remunerada
a menor retribución por igual trabajo que los hombres, y que por lo tanto aumenta la rentabilidad del capital,
el trabajo femenino contribuye económicamente a la disminución de la pobreza, la que sería más del doble
sin el ingreso femenino, al financiamiento del gasto social (el aporte económico invisible de las mujeres en
los hogares) y a la reproducción económica de casi 900 000 hogares con jefatura femenina. Los mismos que
en términos relativos tienen un ingreso medio inferior a los hogares con jefatura masculina en todos los
tramos de ingreso.
E.
Maternidad, familia y trabajo
Aparte de los obstáculos y problemas ya señalados de dificultades para obtener y/o mantener los
empleos, de los diferenciales salariales y de los aportes económicos no reconocidos que realizan las mujeres
en esta sociedad, es necesario mencionar que la tríada maternidad, familia y trabajo genera tensiones sociales
que deben ser resueltas, tanto en el ámbito de las