Tzinnia Carranza L.
En el ocaso del siglo xx llegando a los albores del nuevo milenio es imprescindible incorporar la perspectiva de género a los conceptos de desarrollo.
Cuando se habla de género se cae en el error de pensar únicamente en las mujeres; el concepto es mucho más amplio: género se refiere a la realidad de mujeres y hombres de todas las edades, a sus relaciones y los roles que cada uno juega de acuerdo a su cultura y sociedad.
Al incorporar la perspectiva de género lo que se intenta es construir un desarrollo equitativo, con igualdad de oportunidades, más sensible y humano que permita a los seres humanos encontrar un equilibrio que complemente y potencialice las relaciones interpersonales.
La historia nos ha demostrado que es fundamental no sólo incluir a los hombres, sino que la participación activa de la mujer en la vida económica, política y social ha jugado un papel crucial en el desarrollo y cultura de los pueblos, sin embargo, el camino aún es largo, pues las oportunidades son pocas y los obstáculos muchos.
Un caso concreto de género es que para superar el maltrato y la inequidad hacia la mujer se requiere conocer las raíces familiares que generan la agresión para evitarla. Además, es necesario entender e incorporar la visión masculina, el no incluir estos aspectos es ignorar una parte de la realidad, que termina provocando más violencia que la que trata de combatir. Por ello, en los proyectos de desarrollo rural se debe considerar a la familia como la unidad de trabajo, entender las necesidades de cada uno de sus miembros, sus vínculos, ser muy respetuosos de su cultura y costumbres para no imponer puntos de vista e ir construyendo una propuesta nueva a través de la reflexión y análisis conjunto que surja de las expectativas de cada uno de sus integrantes.
El disminuir la violencia física y mental intrafamiliar; lograr la equidad entre géneros en la participación política, económica y social y en la toma de decisiones; la igualdad en oportunidades y derechos, son retos que se verán reflejados en el uso y manejo de los recursos naturales, en la producción, en la economía familiar y en la calidad de vida de las poblaciones rurales.
El enfoque de género cada día adquiere mayor importancia en el ámbito internacional, muchas instituciones públicas y privadas, ONGS, fundaciones, movimientos de la sociedad civil, lo están incorporando en sus proyectos. Así también la mayoría de los miembros de la Red de Gestión de Recursos Naturales están trabajando con este nuevo enfoque.
El presente número pretende ser una contribución al análisis general sobre género y desarrollo, que sin llegar a profundizar en corrientes diversas muestra cómo están trabajando algunos proyectos en México. Para ello, la revista se estructuró en siete subtemas: el primero ofrece algunos conceptos sobre la perspectiva de género y desarrollo y una reseña de los acuerdos internacionales sobre el tema; el segundo trata el papel de las mujeres en áreas de conflicto; el tercero incluye trabajos de investigación incorporando la perspectiva de género, haciendo hincapié en las mujeres; el cuarto ejemplifica experiencias de trabajo con mujeres en comunidades; el quinto incorpora notas de interés; el sexto presenta historias de mujeres relacionadas con el desarrollo rural. Además contiene las secciones permanentes en la revista como el agrónomo descalzo, eventos y convocatorias, y notas bibliográficas.
Este número se elaboró con materiales de Marta Lamas, ltzá Castañeda, Denise Soares, Luz María Rodríguez, compañeras integrantes de la Red de Mujeres del Sur, de Acción Popular de Integración Social, A.C., del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados, y compañeras y compañeros miembros de la Red de Gestión de Recursos Naturales.
Con esto queremos insertarnos en este nuevo horizonte para que las mujeres y hombres caminemos hacia una propuesta de vida más digna en beneficio del desarrollo integral de la humanidad.