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En el mes de la mujer la OIT ADVIERTE SOBRE LA BRECHA DE EQUIDAD ENTRE HOMBRES Y MUJERES QUE TRABAJAN EN AMERICA LATINA
- Las mujeres trabajadoras, dice la Organización Internacional del Trabajo, sufren con mayor intensidad los efectos de la crisis social y económica que afecta a la región.
- La OIT insta a incorporar la perspectiva de género en las políticas de lucha contra la pobreza y generación de empleos.
LIMA (Noticias de la OIT)- Pese a que cuatro de cada diez personas económicamente activas de las zonas urbanas de América Latina son mujeres y que en varios países de la región representan más del 50 por ciento del total de profesionales y técnicos, las trabajadoras latinoamericanas siguen estando peor pagadas que los hombres, sufren más la desocupación y la precariedad laboral, padecen un trato desigual en el empleo y continúan asumiendo la mayor parte -cuando no la totalidad- de las responsabilidades familiares.
Así se desprende de una serie de recientes informes y estudios analíticos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en los que se pone de relieve la persistencia de una significativa “brecha de equidad ” entre los hombres y mujeres que trabajan en América Latina, pero donde se destacan también alentadores avances en la situación y los derechos de las mujeres en el mundo del trabajo.
“Es fundamental -afirma el Director General de la OIT Juan Somavía en un reciente Informe Regional1- considerar la necesidad de incorporar la dimensión de género en las políticas de lucha contra la pobreza y de generación de empleo e ingresos. Las políticas que no integran esa dimensión de manera consciente y planificada no sólo no serán capaces de disminuir las brechas de equidad de género existentes, sino que incluso las aumentarán ”
En momentos en que la desocupación urbana en América Latina alcanza a 17 millones de trabajadores de ambos sexos situándose en el nivel más elevado de las últimas dos décadas, el índice del desempleo en la región es muy superior en el caso de las mujeres, señala el Panorama Laboral de la OIT 20022. Con la excepción de Argentina donde el aumento del desempleo masculino más que duplicó al femenino, en el resto de los países de América Latina las tasas de desempleo de las mujeres sobrepasan ampliamente a la de los hombres3 con el agravante de que aproximadamente un tercio de los hogares en la región tienen jefatura exclusivamente femenina. Según los cálculos estadísticos que se desprenden de la publicación de la OIT, la cifra promedio ponderado de la tasa de desempleo femenina urbana de América Latina sería de 9.4%, lo que implica que habrían aproximadamente 6.5 millones de trabajadoras desocupadas en la región.
Persiste la mayor informalidad del trabajo femenino
La severa contracción del empleo moderno entre 1990 y 2001 con el consecuente aumento del empleo informal urbano que trepó del 43% al 46%, afectó con diversa intensidad a hombres y mujeres. Así, mientras la proporción de hombres empleados en la economía informal urbana de la región aumentó en la última década del 39.5% al 44%, el porcentaje de mujeres se incrementó del 47.5% al 50%. La brecha entre mujeres y hombres en el empleo informal urbano se redujo de 8 puntos porcentuales en 1990 a 6 puntos de diferencia en el 2001. Sin embargo, el grado de informalización del trabajo de las mujeres o el porcentaje de mujeres ocupadas en el sector informal urbano en la región se mantiene por encima al de los hombres. Además - dice la OIT- la calidad de los empleos femeninos en el sector informal es inferior a la calidad de los empleos masculinos puesto que las mujeres trabajan en mayo proporción en actividades más desprotegidas tales como el trabajo familiar no remunerado, el trabajo a domicilio y el servicio doméstico. Según la OIT, de cada diez empleos tanto masculinos como femeninos generados en América Latina desde 1990, siete han sido informales.
La sobrerrepresentación femenina en la economía informal y otras formas de trabajo precario se traduce -según el análisis de la OIT- en una mayor exclusión de la mujer de los mecanismos y sistemas de protección social debido a los patrones de empleo practicados en esos sectores. Los datos de la OIT indican que cerca del 38 % de las asalariadas no cotizan a la seguridad social, alcanzando al 72% en el caso del sector informal. En lo que atañe al conjunto de las mujeres económicamente activas en la región latinoamericana, la OIT estima que el 80% no tienen protección alguna de las instituciones de seguridad social pese a que, según el Director General de la OIT Juan Somavía, “las mujeres tienen más necesidad que los hombres de la protección social porque además de las contingencias que son comunes a ambos sexos tales como vejez, invalidez, salud, desempleo y enfermedades y accidentes laborales, ellas necesitan una protección específica a su función reproductora.”
Signos alentadores
Si bien , al comparar los diferentes indicadores, se observa una modesta aunque positiva evolución de las brechas de equidad entre mujeres y hombres en América Latina, la OIT insiste en que todavía queda un largo trabajo por delante y llama a realizar un esfuerzo consciente y concertado en el sentido de eliminar las principales barreras que impiden el acceso de las mujeres al mercado de trabajo en igualdad de condiciones con los hombres. Entre las acciones que deberían emprenderse al respecto se incluyen las siguientes:
- Promover medidas que favorezcan una mejor repartición de las responsabilidades domésticas y familiares;
- Ampliar los servicios de apoyo al cuidado infantil, en especial para las mujeres más pobres;
- Promover el acceso de la mujer en igualdad de condiciones a las posibilidades de capacitación y formación profesional, en especial en oficios y ocupaciones «no tradicionales»;
- Fortalecer las legislaciones nacionales en materia de protección de la maternidad, en especial los mecanismos de protección contra el despido de la mujer embarazada y lactante y los mecanismos de financiamiento de las prestaciones monetarias y médicas relacionadas con la maternidad de modo que se garantice el carácter no discriminatorio de las mismas;
- Ampliar las posibilidades de acceso de la mujer a los recursos productivos: crédito, capital, tecnología, información, propiedad de la tierra.
- Explorar nuevas formas de adecuación entre la organización laboral y familiar, que permitan a hombres y mujeres combinar trabajos satisfactorios con el ejercicio de la paternidad y la maternidad.
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