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FORMACIÓN Y TRABAJO AUTÓNOMO DESDE LA PERSPECTIVA DE GÉNERO
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Formación y trabajo autónomo desde la perspectiva de género.
X Jornadas de la Asociación de Economía de la Educación
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FORMACIÓN Y TRABAJO AUTÓNOMO DESDE LA
PERSPECTIVA DE GÉNERO
Lola Frutos Balibrea y Salvadora Titos Gil
Universidad de Murcia.
ABSTRACT
El entramado productivo de la economía española tiene un pilar básico en la pequeña y
mediana empresa, espacio en el que la participación de las mujeres va en aumento debido a
factores externos e internos. Por otra parte, el acceso de la mujer a la educación reglada y a una
amplia oferta formativa no reglada, ha generado una gran cualificación de la población ocupada
femenina tanto en el trabajo autónomo como en el empleo asalariado público y privado.
El autoempleo constituye un escenario con un gran potencial de creación de empleo
para las mujeres en el futuro, entre otras cosas, debido a que el Estado social está tocando techo
como empleador. Los procesos formativos pueden ayudar a que la incorporación de las mujeres
a la función directiva, profesional y empresarial sea competitiva, al tiempo que se está
transformando la cultura empresarial al incorporar elementos de la “subcultura femenina” que
hoy resultan atractivos para las organizaciones empresariales (liderazgo interactivo, integración
del factor humano, flexibilidad, etc.).
Nuestro objetivo es analizar este proceso referido a la región de Murcia, en el contexto
nacional y europeo. Las fuentes utilizadas son secundarias y datos procedentes de un estudio
empírico de ámbito regional.

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X Jornadas de la Asociación de Economía de la Educación
1. INTRODUCCIÓN: EL CONCEPTO DE GÉNERO EN LA FORMACIÓN Y
EL EMPLEO
De forma paralela al vertiginoso cambio social en relación con la condición social de la
mujer, cobra fuerza un nuevo campo de docencia e investigación denominado Women´s
Studies. El tratamiento académico de este objeto de investigación (las mujeres) se ha
desarrollado y evolucionado enormemente en las últimas décadas, hasta llegar a la
institucionalización de la categoría “género” como base de los análisis de la situación y
problemas de las mujeres.
El concepto de género comprende lo masculino y lo femenino como construcciones
socio-culturales. En torno a una diferencia sexual, que significa para hombres y mujeres una
función biológica distinta en la reproducción, se ha construido socialmente una identidad de
género que determina la vida de los seres humanos por el hecho de pertenecer a uno u otro sexo,
institucionalizando patrones de comportamiento limitadores para los individuos.
La organización social construida sobre la base del sistema de géneros establece un
modelo desigual de poder para hombres y mujeres, cuyas relaciones reflejan lo que Weber
denominó relación de dominación y subordinación (1922: 406-416), en la cual las mujeres son
el grupo dominado y los hombres el colectivo dominante.
El patriarcado -definido como esa dominación ejercida por los hombres sobre las
mujeres en la familia- aparece como estructura básica en (casi) todas las sociedades conocidas a
lo largo de la historia (Castells, 1998). Esta autoridad patriarcal, que se impone en toda la
organización social (la producción, la cultura, la política...), establece la división sexual del
trabajo y excluye a las mujeres de la esfera pública, confinándolas al ámbito privado.
De modo que la fuerza de esta relación de dominación reside en la naturalización de las
relaciones sociales establecidas a partir de los géneros: al aparecer como eterna, desligada de un
contexto histórico-económico y social, la visión androcéntrica se impone como neutra, derivada
de la naturaleza humana, y no necesita justificación.
El campo de la Sociología del Género, de larga tradición en el mundo anglosajón, se ha
desarrollado ampliamente en nuestro país en los últimos años. Con un compromiso desde sus
orígenes con el feminismo, y a partir del género como categoría analítica, las investigaciones en
este ámbito muestran y explican la continuidad / discontinuidad de la discriminación de las
mujeres en todas las áreas, siendo el trabajo y la educación dos líneas básicas de investigación.

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En este ensayo nos proponemos llevar a cabo un acercamiento desde la Sociología del
Género al fenómeno del trabajo autónomo, entendido ampliamente como el trabajo no
asalariado, es decir, que no se realiza por cuenta ajena.
2. ACTIVIDAD, OCUPACIÓN Y FORMACIÓN SEGÚN EL GÉNERO.
La afluencia masiva de la mujer al mercado laboral es una de las transformaciones de
mayor alcance en las sociedades contemporáneas. No obstante, en la actualidad todavía hay que
hablar de desigualdad-discriminación: en las retribuciones, en las condiciones de acceso al
empleo, en las posibilidades de desarrollo profesional...
Es claro que la educación juega un papel fundamental en el proceso de incorporación de
las mujeres al espacio público y, en particular, al trabajo remunerado, actuando de factor
dinamizador en mayor grado que para los varones (Frutos, 1997:142). La evolución de la
formación en los últimos años ha supuesto una progresión espectacular de la cualificación de las
mujeres activas. De hecho, actualmente el nivel educativo de la población activa femenina en
las cohortes más jóvenes es más elevado que el de los hombres. Sin embargo, este proceso no ha
ido acompañado de cambios similares en el mundo laboral. Mas bien al contrario, multitud de
investigaciones empíricas permiten observar la persistencia de una fuerte segregación que
concentra los empleos femeninos en determinadas ramas de actividad y profesiones (con
frecuencia mal remunerados) y en las categorías más bajas de las jerarquías profesionales
(Maruani, 1993).
Por otro lado, el crecimiento de la población activa en los últimos años se debe
principalmente a la incorporación de las mujeres a la actividad. En nuestro país, la evolución de
la tasa de actividad por género muestra cómo la distancia entre las tasas femenina y masculina
se ha reducido ampliamente. En el período 1970-1999, la tasa de actividad para los varones ha
descendido de 79,5 a 64%, mientras que la tasa de actividad de mujeres ha pasado del 23,3 al
39%. Sin embargo, en la ocupación esta tendencia a la reducción de la distancia en las tasas por
género es menos notable, debido a que el desempleo afecta en una proporción mucho mayor a
las mujeres activas, con independencia de la formación. En efecto, las tasas de paro son más
altas para las mujeres en todos los niveles educativos
1
.
Si observamos la ocupación femenina en el contexto europeo, España se sitúa en el
último lugar respecto a los países de la Unión Europea. Según datos de 1998, en nuestro país
1
Datos de la EPA, cuarto trimestre 1999. La única excepción aparece en el nivel Primarios del grupo de
edad 55 y + años, en el que la tasa de paro masculina está un punto por encima de la femenina.

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sólo el 35% de las mujeres en edad de trabajar están ocupadas, cifra muy por debajo de la media
comunitaria (en torno al 50%); en el otro extremo se sitúan países con valores por encima del 60
e incluso 70% (Dinamarca, Austria, Reino Unido). Podemos pronosticar, pues, que la actividad
femenina en nuestro país todavía ha de aumentar notablemente, a pesar del desempleo.
Vamos a detenernos a exponer qué elementos inciden sobre la actividad-ocupación
femenina en la actualidad.
2.1. Factores que inciden en el trabajo de las mujeres.
En primer lugar, aparecen como factores explícitos y externos los fuertes
condicionamientos familiares que tienen las mujeres en su participación laboral. En efecto, la
asignación de roles derivada de la construcción del género en la sociedad patriarcal impone a las
mujeres el trabajo de reproducción.
A pesar de la tensión entre los roles de trabajadora y cuidadora, las mujeres continúan
realizando una doble jornada, que se traduce en desventajas para su integración en el mercado
de trabajo.
Además, las dificultades para compatibilizar el trabajo de cuidado de los otros (niños,
ancianos, enfermos...) con el trabajo remunerado pueden desembocar en un abandono temporal
del trabajo, en períodos de “inactividad forzosa”, aunque este ciclo laboral discontinuo de las
mujeres, que dificulta las posibilidades de desarrollo profesional, tiende a reducirse en las
generaciones más jóvenes, de forma paralela al notorio descenso de la natalidad.
Junto a esta inferioridad en la vida doméstica aparecen factores internos, que se sitúan
fundamentalmente en el nivel cultural. En este sentido, la socialización por géneros que todavía
se realiza en nuestra sociedad se manifiesta en una diferente orientación en la elección de
carrera. Así, la presencia de mujeres es minoritaria en los estudios técnicos y mayoritaria en las
profesiones cuyas salidas profesionales e ingresos son menos favorables. Desde una perspectiva
distinta, este proceso ha sido interpretado a partir de la consideración de la cualificación como
una construcción social en la que la distinción masculino / femenino es un eje central (Maruani,
1993).
Por otra parte, la llamada “industrialización flexible” significa la necesidad de des-regular
y flexibilizar todos los elementos de los sistemas productivos. Esto trae consigo no sólo
precarización del empleo (temporal, a tiempo parcial ...), sino también elevadas tasas de
desempleo estructural. Es el proceso que Mingione (1994) ha definido como el paso del sistema

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de pleno empleo a un sistema de empleo flexible (o subempleo) y desempleo masivo. Las
mujeres representan uno de los colectivos más afectados por esta nueva situación, ya que no
sólo sufren el desempleo en mayor medida que los hombres, sino que representan el grueso de
los ocupados con empleos temporales y a tiempo parcial.
Tomando como punto de partida la escasez de empleo, que ha llevado a algunos autores a
hablar de crisis de la sociedad del trabajo asalariado (Gorz, 1995), y la desigual situación de las
mujeres en el mercado de trabajo, la opción de trabajar por cuenta propia cobra fuerza como
medio de incorporación al mundo laboral. En efecto, se trata de una modalidad de trabajo con
un importante potencial de creación de empleo, que además puede resultar especialmente
atractiva para las mujeres por distintos motivos.
2.2. La formación de los ocupados
En España, la evolución de los niveles de educación de las mujeres y los varones
incluidos en la población ocupada muestra el enorme cambio operado en tan sólo tres décadas.
Las cifras reflejan el notable aumento de la cualificación de la fuerza de trabajo en general, que
ha sido especialmente importante para las mujeres, cuyo punto de partida era muy inferior al de
los hombres.
En la última década, como podemos apreciar en el gráfico 1, el aumento del nivel
educativo de los ocupados ha sido importante, tanto en el ámbito nacional como en la Región de
Murcia.
La proporción de mujeres con estudios medios y superiores ya era mayor que la de
hombres en 1990, tanto en España como en Murcia; a finales de la década, se equipara el peso
de los ocupados con estudios medios, pero aumenta notablemente la distancia entre hombres y
mujeres con estudios universitarios (en torno a 10 puntos porcentuales).
En la Región de Murcia, el peso relativo sobre la población ocupada de quienes tienen estudios
superiores y medios es ligeramente inferior al del conjunto de España, y la proporción de
ocupados con estudios primarios es mayor, tanto para hombres como para mujeres. La
formación de las ocupadas es notablemente más alta: casi el 30 % tiene estudios superiores,
frente a menos del 20% de los hombres.

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Gráfico 1. Ocupados por nivel educativo y sexo, 1990 y 1998. España y Murcia.
52,3
41,9
5,8
43,1
50,4
6,6
33,5
44,5
22,1
25,9
43,1
31,0
57,4
35,7
6,9
50,1
38,5
11,4
38,7
42,6
18,8
29,9
40,5
29,6
0%
20%
40%
60%
80%
100%
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
1990
1998
1990
1998
ESPAÑA
MURCIA
Primarios
Medios
Superiores
Fuente: Elaboración propia a partir de la EPA, datos referidos a los cuartos trimestres.
En definitiva, se trata de una fuerza de trabajo altamente cualificada, especialmente en el
caso de las mujeres que, sin embargo, continúan siendo una minoría en las escalas más altas de
las organizaciones.
En efecto, en la dirección y gerencia tanto de las grandes empresas como en la
Administración, la presencia de mujeres continúa siendo muy minoritaria (por debajo del 20%).
La imagen del “techo de cristal” es la mejor ilustración de esa barrera invisible que impide a las
mujeres acceder a la cúspide de las jerarquías organizacionales. Así se pone de manifiesto en el
estudio empírico llevado a cabo por la profesora Frutos en la Región de Murcia (1997:319): “la
proporción de trabajadoras que supervisa a personas que, a su vez, tienen responsabilidades
sobre otras personas es de un 6%”.
3. SITUACIÓN PROFESIONAL DE LOS OCUPADOS: EL TRABAJO
AUTÓNOMO
La situación profesional hace referencia a la posición social de los trabajadores en su
participación productiva, y establece dos categorías básicas: trabajador por cuenta ajena o

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asalariado y trabajador por cuenta propia o autónomo. En el primer grupo existe una relación de
subordinación y dependencia respecto al empleador, establecida contractualmente, y una
contraprestación económica. En el caso de los trabajadores autónomos, se trata de un trabajo
independiente, sin relación contractual ni remuneración de naturaleza salarial (Valdés Alonso,
1998).
Entendemos aquí el trabajo autónomo como un concepto amplio, en el que se incluyen
todas las situaciones profesionales diferentes del asalariado o trabajador por cuenta ajena:
empresarios con y sin asalariados (esto es, empleadores y trabajadores autónomos en sentido
estricto), trabajadores independientes, miembros de cooperativas y la muy específica situación
de ayuda familiar. Se trata, por tanto, de un colectivo bastante heterogéneo, formado por
categorías profesionales muy dispares.
Aunque las sociedades industrializadas se han configurado como sociedades del trabajado
asalariado, la contribución a la riqueza nacional de los trabajadores por cuenta propia es
importante en muchos países. En el conjunto de la Unión, el trabajo asalariado representa
actualmente alrededor del 85% del total, frente a un 15% de trabajo por cuenta propia. No
obstante, existen diferencias considerables entre países: en los Estados de la Europa
mediterránea esta proporción supera el 20%, mientras que en el otro extremo encontramos
países en los cuales el trabajo no asalariado apenas llega al 10%. Para los primeros, entre los
cuales se encuentra España, el trabajo autónomo, esto es, las cooperativas y la pequeña y
mediana empresa representan un fuerte pilar de la estructura productiva.
Las cifras sobre la ocupación según situación profesional en nuestro país muestran una
tendencia a la reducción del peso del trabajo por cuenta propia sobre el total. No obstante,
dentro de los trabajadores no asalariados se incluyen categorías muy heterogéneas cuyas
evoluciones recientes también son dispares. Así, en el período 1980-1999, el número de
empleadores (empresarios con asalariados) ha aumentado notablemente, frente a la drástica
reducción de los ocupados en la categoría de ayuda familiar. Los ocupados en la categoría de
Empresarios sin asalariados aumentan levemente, mientras que disminuyen ligeramente los
miembros de cooperativas. El trabajo asalariado es el que más crece en términos absolutos, pero
en términos relativos el mayor incremento se ha producido en los empleadores.
En las cifras desagregadas por género, observamos que el mayor incremento relativo de
mujeres ocupadas en los últimos veinte años ocurre en la situación profesional de empleadoras,
debido al escaso número de empresarias con asalariados hace tan solo dos décadas: en 1980 las
mujeres eran menos del 10% de los empleadores en España, y en Murcia tan sólo el 3%.

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Actualmente, las mujeres continúan siendo una minoría en este ámbito, pero se ha empezado a
recorrer el camino.
Tabla 1. Porcentaje de mujeres ocupadas por situación profesional (1980 y 1999).
1.980
1.999
España Murcia
España Murcia
Trabajadoras por cuenta propia 34,2 29,2
30,7
24,6
Empleadoras
9,2 3,3
20,5
14,6
Empresarias sin asalariados
23,3 15,6
29,0
22,6
Miembros de cooperativas
*
-
-
31,3
42,9
Ayuda familiar
69,1 73,7
61,9
52,4
Asalariadas
25,8 28,6
38,9 35,6
* En 1980, esta categoría aparece incluida en la de Autónomos (Empresarios sin asalariados).
Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la EPA, cuartos trimestres, INE.
En la actualidad, las mujeres representan casi la mitad de los asalariados del sector
público (48%), dado que el enorme volumen de empleo generado por la puesta en marcha del
Estado del bienestar ha sido en gran parte ocupado por mujeres. Frente a esa presencia en el
empleo público cercana al 50%, encontramos en la categoría de empleadores la menor
proporción de mujeres: en España, sólo 20 de cada 100 empresarios con asalariados son
mujeres, y representan menos del 30% de los empresarios sin asalariados, aunque esas
proporciones son notablemente inferiores en Murcia.
A pesar de su importante descenso, la categoría de “Ayuda familiar”, que constituye una
situación muy particular frecuente en el sector primario, una frontera entre el trabajo
remunerado y no remunerado, continúa siendo la categoría donde más alta es la proporción de
mujeres (casi 2/3 de los ocupados).
Estamos ahora en un momento en el que coinciden dos fenómenos: por un lado, el freno
en la creación de empleo público, y por otro, el elevado nivel educativo de la población activa
femenina. En este sentido, la creación de empresas por parte de mujeres puede ser una vía
excelente para aprovechar su cualificación incorporándolas a las áreas más competitivas del
ámbito empresarial. De hecho, un elevado número de trabajadoras autónomas son mujeres muy
cualificadas, profesionales que ejercen su actividad por cuenta propia, que son potenciales
empleadoras en la medida en que pueden llevar a cabo estrategias expansivas a corto-medio
plazo.

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Por tanto, trabajar por cuenta propia no sólo constituye una opción de incorporación al
trabajo para quienes no cuentan con grandes atractivos a la hora de vender su fuerza de trabajo
en el mercado laboral, sino también una forma de obviar los obstáculos que encuentran las
mujeres en su desarrollo profesional.
4. NOTAS DE UN ESTUDIO EMPÍRICO
A partir de la encuesta realizada a empresarias de la Región de Murcia (Frutos, L., 2000),
con una muestra formada por un total de 380 mujeres encuestadas
2
, vamos a exponer a
continuación, en líneas generales, algunas características del empresariado femenino de la
Región de Murcia, en relación con una serie de variables básicas como la formación, la rama de
actividad...
En primer lugar, hay que señalar que casi el 90% de las encuestadas son autónomas,
esto es, empresarias sin asalariados.
Tabla 2. Porcentaje de empresarias por nivel educativo y grupos de edad.
Grupos de edad
Nivel educativo
*
16-29 30-44 45-64
Total
Primarios
20,5 37,1 81,8
57,6
Medios
66,7 44,3 10,2
20,5
Superiores
12,8 18,6 8,0
21,6
Total
10,7 38,5 48,4
100
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta a Mujeres Empresarias de la Región de Murcia, 2000.
La composición por edad de la muestra (Tabla 2) es desigual: el 70% de las empresarias
están en el intervalo de 30 a 55 años, mientras que sólo un 10% tienen menos de 30.
La escasa presencia de mujeres jóvenes en la muestra influye sobre el nivel de estudios:
más de la mitad de las empresarias encuestadas tienen estudios primarios. Sin embargo, si
analizamos el nivel educativo por grupos de edad, vemos que para las más jóvenes, casi el 80%
tienen estudios medios o superiores, y cerca del 20% del grupo de 30 a 44 años tiene estudios
superiores.
2
Muestreo aleatorio simple. Nivel de confianza 95,5%, error ±5,0. Fecha de realización: Abril 2000.
3*
Aquí se han agrupado en 3 las 9 categorías utilizadas en el estudio: Analfabetas, Sin estudios,
Primarios, EGB/Bachillerato Elemental (Primarios), BUP/Bachillerato Superior, FP 1, FP 2 (Medios),
Universitarios medios y Universitarios superiores (Superiores).

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Por ramas de actividad, el 85% se concentra en Comercio, Servicios personales y
Hostelería. La presencia masiva de las mujeres en el sector comercio se explica básicamente por
una característica de esta actividad: el reducido tamaño, que favorece la creación de empresas
con un bajo nivel de inversión. Aquí reside una cuestión clave, pues la mayoría de los estudios
realizados coinciden en señalar que uno de los principales problemas en la génesis de empresas
de mujeres son las dificultades que éstas encuentran en las instituciones financieras,
especialmente si no cuentan con el respaldo de un hombre (esposo, padre...).
En torno al 75% de las encuestadas son mujeres casadas y con hijos. Se trata, por tanto,
de un empresariado que conjuga las tareas domésticas con el trabajo. Además, más de la mitad
de ellas manifiesta no haber dejado nunca de trabajar, lo que apoya la tesis de que se trata de
una opción que hace compatible el trabajo productivo y el de reproducción. Respecto a las que
han interrumpido en alguna ocasión su actividad laboral, los motivos principales son los
relacionados con la familia (la maternidad, haber contraído matrimonio...), excepto para las más
jóvenes, que sitúan en primer lugar motivos como la finalización de un contrato o el despido.
Tabla 3. Abandono del trabajo por grupos de edad.
¿Ha dejado de trabajar alguna vez?
Grupos de edad
Motivo familia
Otros motivos
Nunca
16-29
5,1
23,1
71,8
30-44
29,3
8,6
62,1
45-64
29,0
6,3
64,8
Total
25,8
8,8
65,4
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta a Mujeres Empresarias de la Región de Murcia, 2000.
El motivo principal de la génesis de los comportamientos de mujeres emprendedoras ha
sido el de realización personal, entendida como autonomía, conquista de independencia y de
libertad, pero también la búsqueda de un medio de subsistencia representa un móvil importante
de la iniciativa empresarial, especialmente para las autónomas.
En el estudio, tras la aplicación del modelo econométrico al nivel de facturación del
negocio, es reseñable que entre las variables asociadas a una mayor probabilidad de facturación
aparecen: la experiencia, antigüedad de la empresa, destino de la producción al mercado
nacional, integración en alguna asociación empresarial y el factor formativo reflejado en la
posesión de estudios universitarios (Frutos, L., 2000: 112).
Por último, los datos muestran que la empresa femenina es de menor volumen de empleo
y facturación que la masculina. En este sentido, es importante que la empresa femenina inicie un

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proceso de mejora para eliminar la posición de auxiliaridad e inferioridad: empresas más
competitivas, localizadas en sectores menos tradicionales, más innovadoras, etc.
5. A MODO DE CONCLUSIÓN
La segmentación por género del mercado de trabajo significa, frente al acceso
generalizado de las mujeres a la educación, la continuación de las inercias discriminatorias en el
sistema ocupacional. Además, se advierte una tendencia a la bipolarización en la población
activa femenina, que se concentra por un lado en empleos muy cualificados (profesiones
intelectuales, científicas, etc.) y por otra parte en empleos poco cualificados (fundamentalmente
en el sector servicios), caracterizados por la eventualidad y la precariedad.
En este sentido, la opción del trabajo autónomo representa un importante potencial de
creación de empleo femenino, y puede contribuir de manera decisiva al desarrollo económico, y
especialmente al desarrollo en las áreas rurales, donde las posibilidades de empleo asalariado
para un gran número de mujeres son escasas.
Además, si hasta ahora parece que las empresas de mujeres quedan relegadas a un
segundo plano del mundo empresarial, en la actualidad la elevada cualificación de la población
activa femenina en España hace esperar una actividad empresarial femenina más ambiciosa,
orientada a actividades centrales en el entorno productivo.
Por otro lado, la proporción de mujeres empleadoras es cada vez mayor, y esta creciente
incorporación de las mujeres a un espacio tradicionalmente masculino comienza a transformar
algunos elementos de la cultura organizacional. Así, el ámbito empresarial que identificaba
como factores de éxito principios que no se asociaban con los roles femeninos históricamente
establecidos, busca ahora adaptarse a un entorno que es flexible y participativo, y comienza a
demandar valores aportados por las mujeres. De este modo, se perfila una nueva cultura de
empresa que incorpora elementos de la subcultura femenina muy atractivos para las
organizaciones empresariales (liderazgo interactivo, integración del factor humano, flexibilidad,
etc.).
El trabajo autónomo representa, por un lado una respuesta a una necesidad de
autoempleo, una alternativa al desempleo; pero también es una opción de salvar los obstáculos y
dificultades que las mujeres encuentran en el desarrollo de carrera por su condición femenina.
Finalmente, y dado que los grandes cambios producidos en la educación y el trabajo no se hacen
extensivos a la esfera privada, y sobre las mujeres continúa recayendo la responsabilidad del

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cuidado y la atención a la familia, el trabajo autónomo es también una estrategia de adaptación
de las mujeres, en la medida en que la autonomía que suelen conllevar estas formas de trabajo
permiten compatibilizar los roles asignados a las mujeres en la esfera privada con su papel
productivo en el ámbito de la economía monetaria.
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