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asalariado y trabajador por cuenta propia o autónomo. En el primer grupo existe una relación de
subordinación y dependencia respecto al empleador, establecida contractualmente, y una
contraprestación económica. En el caso de los trabajadores autónomos, se trata de un trabajo
independiente, sin relación contractual ni remuneración de naturaleza salarial (Valdés Alonso,
1998).
Entendemos aquí el trabajo autónomo como un concepto amplio, en el que se incluyen
todas las situaciones profesionales diferentes del asalariado o trabajador por cuenta ajena:
empresarios con y sin asalariados (esto es, empleadores y trabajadores autónomos en sentido
estricto), trabajadores independientes, miembros de cooperativas y la muy específica situación
de ayuda familiar. Se trata, por tanto, de un colectivo bastante heterogéneo, formado por
categorías profesionales muy dispares.
Aunque las sociedades industrializadas se han configurado como sociedades del trabajado
asalariado, la contribución a la riqueza nacional de los trabajadores por cuenta propia es
importante en muchos países. En el conjunto de la Unión, el trabajo asalariado representa
actualmente alrededor del 85% del total, frente a un 15% de trabajo por cuenta propia. No
obstante, existen diferencias considerables entre países: en los Estados de la Europa
mediterránea esta proporción supera el 20%, mientras que en el otro extremo encontramos
países en los cuales el trabajo no asalariado apenas llega al 10%. Para los primeros, entre los
cuales se encuentra España, el trabajo autónomo, esto es, las cooperativas y la pequeña y
mediana empresa representan un fuerte pilar de la estructura productiva.
Las cifras sobre la ocupación según situación profesional en nuestro país muestran una
tendencia a la reducción del peso del trabajo por cuenta propia sobre el total. No obstante,
dentro de los trabajadores no asalariados se incluyen categorías muy heterogéneas cuyas
evoluciones recientes también son dispares. Así, en el período 1980-1999, el número de
empleadores (empresarios con asalariados) ha aumentado notablemente, frente a la drástica
reducción de los ocupados en la categoría de ayuda familiar. Los ocupados en la categoría de
Empresarios sin asalariados aumentan levemente, mientras que disminuyen ligeramente los
miembros de cooperativas. El trabajo asalariado es el que más crece en términos absolutos, pero
en términos relativos el mayor incremento se ha producido en los empleadores.
En las cifras desagregadas por género, observamos que el mayor incremento relativo de
mujeres ocupadas en los últimos veinte años ocurre en la situación profesional de empleadoras,
debido al escaso número de empresarias con asalariados hace tan solo dos décadas: en 1980 las
mujeres eran menos del 10% de los empleadores en España, y en Murcia tan sólo el 3%.