Mujeres rurales: Visibilizadas a medias


En esta sección analizamos los mensajes, acciones y políticas del Gobierno que afectan a las mujeres. Explicamos el alcance y las consecuencias de estas medidas para las mujeres, planteamos alternativas y visibilizamos acciones de incidencia política del movimiento de mujeres. Asimismo, monitoreamos el cumplimiento de compromisos que el Gobierno asume de cara a las mujeres.


De cada 10 mujeres nicaragüenses, 4 viven en el campo y trabajan de sol a sol. Sin embargo, durante muchos años, a los Gobiernos de turno ni les pasaba por la cabeza que las mujeres rurales también son productoras. Cuando se pensaba en reformas agrarias, planes de producción o políticas de gobierno, sólo se tomaban en cuenta los intereses de campesinos varones.

La situación empezó a cambiar a partir de la década de los 80, cuando unas 3 mil 800 mujeres se integraron a las cooperativas de producción, aunque de cada 10 cooperativistas, apenas una era mujer.

Unas 2 mil campesinas recibieron tierra de manera individual, pero eran muy pocas en comparación con el número de hombres que obtuvieron el mismo beneficio. Eso ocurría porque la gente estaba acostumbrada a creer que las mujeres no somos productoras y por eso, no necesitamos ser propietarias. El derecho de las campesinas a la tierra todavía no está plenamente reconocido, a pesar de que actualmente alrededor de la mitad de los ingresos de los hogares campesinos en América Central proviene del trabajo de las mujeres.

Es justo, necesario y urgente que esta labor sea valorada y apoyada por el Estado. Pero ¿realmente existe este reconocimiento y apoyo?

Estamos muy lejos de la equidad de género

De 1992 al 2000, sólo 3 mil 788 mujeres obtuvieron títulos de manera individual. Desde mediados de 1997 hasta el 2000, 3 mil 548 mujeres recibieron títulos mancomunados (para la mujer y su pareja: esposo o compañero en unión de hecho estable). 

En total, 20 mil 12 mujeres han sido beneficiadas con alguna clase de títulos agrarios (individuales, mancomunados, colectivos y de cooperativa).Patricia Hernández, de la Oficina de Titulación Rural (OTR), comparte con La Boletina sus reflexiones:

Desde el 93 la OTR empezó a entregar a mujeres títulos individuales por mandato presidencial de doña Violeta. Después la Ley de Estabilidad de la Propiedad (Ley 209), aprobada en el 95, estableció que “por el solo ministerio de la presente Ley, los Títulos de Reforma Agraria extendidos a nombre del jefe de familia se entenderán extendidos también a nombre del cónyuge o compañera en unión de hecho estable”. Esta misma disposición fue recogida en el artículo 49 de la Ley sobre la Propiedad Reformada Urbana y Agraria (Ley 278), aprobada en 1997. Todavía no está reglamentada pero todos los títulos se extienden a la pareja, incluso cuando el hombre dice que no está de acuerdo.

La Constitución en su artículo 73 reconoce la unión de hecho. Por lo tanto, en caso de separación, a la mujer le corresponde la mitad de las tierras, pero por miedo a la violencia de parte del ex compañero, muchas mujeres no reclaman su parte y se quedan sin nada. No conocen las leyes, y además, se les complica defender sus derechos por lo alejado de las zonas donde ellas viven.

Para las campesinas es muy difícil obtener el título individual. Únicamente las mujeres solas jefas de hogar tienen la oportunidad de conseguirlo. En titulación individual, el techo para la gran mayoría de las mujeres es de 5 a 10 manzanas, mientras que los hombres reciben de 20 a 30. Eso no está determinado por ninguna ley, se hace porque todavía se cree que las mujeres no son productoras. Muchas de las beneficiarias reciben tierra de la peor calidad.
Cuando al inicio de este año se estaba discutiendo el anteproyecto de Ley de Igualdad de Oportunidades, la Comisión Interinstitucional de Mujer y Desarrollo Rural propuso a la diputada Dora Zeledón que la nueva ley diga con toda claridad que es obligatorio otorgar a las mujeres títulos individuales. Lamentablemente, la propuesta no ha sido tomada en cuenta. Ninguna ley obliga a las instituciones del Estado a priorizar los intereses de las mujeres rurales.

Acceso a la asistencia técnica

Otro problema de las campesinas es la falta de acceso a la tecnología que les permita mejorar sus cosechas y elevar su nivel de vida. Antes, casi toda la capacitación tecnológica de las mujeres en el campo corría por cuenta de las organizaciones no gubernamentales. En los últimos 5 años el Gobierno está brindando más asistencia técnica a las campesinas, aunque todavía no logra cubrir la demanda.

Actualmente de cada 10 personas atendidas por el Instituto de Tecnología Agropecuaria (INTA), 3 son mujeres (en 1995, no llegaban siquiera a 1 de cada 10). El INTA ha venido identificando las necesidades de las productoras y dando respuesta a estas necesidades a través de la difusión de tecnologías que se aplican en la producción de patio: la introducción de aves y cerdos mejorados, siembra de hortalizas, frutales injertos, cocinas ahorradoras de leña y otras.

Asimismo, las mujeres han recibido asistencia técnica y capacitación en las labores en las que ellas tienen mayor participación como productoras. Por ejemplo, mujeres de la zona de San Ramón, Matagalpa, han sido capacitadas en el recuento de plagas y enfermedades del café, manejo de viveros y manejo agronómico del maíz.

Sin embargo, las funcionarias del INTA consideran que en su institución todavía se asignan pocos recursos para promover el enfoque de género en el trabajo de los técnicos que atienden a la gente en el campo.

Políticas ya existen, falta aplicarlas

En 1993, como resultado del esfuerzo de mujeres de varios organismos no gubernamentales, instituciones del Gobierno y proyectos de desarrollo que trabajaban con mujeres rurales, se creó la Comisión Interinstitucional de Mujer y Desarrollo Rural (CMYDR). El 14 de octubre de 1997 el Gobierno reconoció esta comisión a través del Decreto Presidencial No. 57-97, inscrito en La Gaceta No. 198. La CMYDR es una instancia de coordinación, intercambio de experiencias y ejecución de acciones, cuyo objetivo es “incidir de mejor forma en la transformación de las condiciones de vida de la población rural, especialmente de las mujeres rurales”. Es coordinada por el INIM.

A excepción del Ministerio Agropecuario y Forestal (MAGFOR), todas las instituciones del sector público agropecuario y ambiental ya cuentan con sus respectivas políticas de equidad de género, cuya finalidad es garantizar que las mujeres tengan las mismas oportunidades que los varones.

Integrantes de la Comisión Interinstitucional de Mujer
y Desarrollo Rural (CMYDR)

Instituto Nicaragüense de la Mujer (INIM)

Ministerio Agropecuario y Forestal (MAGFOR)

Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria (INTA)

Oficina de Titulación Rural (OTR)

Instituto de Desarrollo Rural (IDR)

Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARENA)

Centro para la Promoción, la Investigación y el Desarrollo Rural y Social (CIPRES)

Federación de Mujeres Productoras del Campo de Nicaragua (FEMUPROCAN)

El Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARENA) elaboró su política en 1999 y las demás instituciones presentaron sus políticas este año.La Comisión Interinstitucional de Mujer y Desarrollo Rural ha participado muy activamente en la elaboración de estas políticas de equidad de género.

Irma Ortega Sequeira, del Centro para la Promoción, la Investigación y el Desarrollo Rural y Social (CIPRES), nos dijo al respecto: “Se supone que las políticas tienen fuerza de ley, aunque de eso a la aplicación de las mismas hay un trecho enorme; pero, por lo menos, ya están formuladas y podemos apoyarnos en ellas cuando hacemos propuestas para beneficiar a las mujeres rurales”.

Avances y retos

El Instituto Nicaragüense de la Mujer (INIM) también está trabajando con las campesinas. Ha creado el Programa Mujer y Desarrollo Rural, publicó el libro titulado “Igualdad de oportunidades para las mujeres rurales” y coordina la Comisión Interinstitucional Mujer y Desarrollo Rural. El movimiento de mujeres considera que esta comisión “trabaja con muchas ganas”, pero cree que para que la CMYDR tenga más fuerza, es prioritario que la sociedad civil tenga mayor representatividad en esta comisión y que se asigne financiamiento gubernamental para su labor.

Además, las mujeres opinan que para sacar adelante los programas que atienden a las mujeres rurales, falta voluntad política del Gobierno Central, dinero y poder de decisión de las Unidades de Género de las instituciones del sector público que trabajan con el agro.

A menudo las mujeres no tienen confianza en que el Gobierno realmente tome en consideración sus criterios. Por ejemplo, cuando a fines de 1999 el INIM y el Instituto Nicaragüense de Estadísticas y Censos (INEC) convocaron al movimiento de mujeres para incorporar el enfoque de género en la boleta para el Tercer Censo Nacional Agropecuario (CENAGRO), varias mujeres preguntaron si sus aportes realmente iban a ser tomados en cuenta o sólo se estaba llenando un requisito.

En el 2000 INEC e INIM volvieron a convocar a las organizaciones que trabajan con mujeres rurales, pero asistieron muy pocas personas. Irma Ortega, de CIPRES, que tomó parte en las dos convocatorias, opina al respecto: “Hay espacios de participación que a veces no aprovechamos pero en parte es porque existe desconfianza en que el Gobierno tome en cuenta nuestros aportes”.

Algunas propuestas de las mujeres para la boleta del CENAGRO fueron aceptadas por el INEC. Por ejemplo, incluyeron en la boleta aspectos de la agricultura ecológica, visibilizaron a las productoras y no sólo a los productores, indicando en cada ocasión si se trata de una mujer o de un varón. Los expertos del INEC dijeron que reconocían la importancia del trabajo de las mujeres en los cultivos de patio, pero no incorporaron este elemento a la boleta del censo, alegando que eso dificultaría el procesamiento de los datos. Entonces, las campesinas quedaron visibilizadas a medias, porque es precisamente en los patios donde ellas hacen una buena parte de su trabajo y porque estos cultivos de patio hacen un importante aporte a la economía familiar y también a la nacional, ya que muchos alimentos que consumimos provienen de los patios.

Instancias de coordinación que trabajan
con mujeres rurales

Comité de Enlace de la Mujer Rural

Es una instancia de coordinación con una fuerte participación gremial —FEMUPROCAN, ATC, UNAG—, en la que también participan dos organismos no gubernamentales: CESADE y CIPRES. Tiene como objetivo facilitar y fortalecer las capacidades de las organizaciones de mujeres rurales para emprender procesos de incidencia organizada que contribuyan a potenciar el derecho de las mujeres a la propiedad de la tierra. Este comité es coordinado por FEMUPROCAN. Actualmente el Comité de Enlace, con el apoyo de la Fundación Arias, está ejecutando el Proyecto de Acceso de Mujeres a la Tierra, que se denomina Sembrando Cambios en Centroamérica: Mujeres, Propiedad de la Tierra e Incidencia Organizada.

Grupo Interinstitucional de Género y Agricultura (GIIGA)

Conformado desde 1998, agrupa una diversidad de ONGs nacionales y regionales, programas internacionales y universidades; de parte del Estado participan el INIM y el MAGFOR. El objetivo de este grupo es contribuir al fortalecimiento de las capacidades individuales, grupales e institucionales de sus integrantes para que puedan desarrollar su trabajo dirigido a la agricultura con enfoque de género. Actualmente GIIGA está haciendo una investigación conjunta sobre la participación de las mujeres en la producción de alimentos para sus familias y para consumo local.

Plan Nacional de las Mujeres Rurales

El Comité de Enlace de la Mujer Rural presentó a diferentes organizaciones que trabajan con mujeres en el sector rural, una propuesta de Plan Nacional de las Mujeres Rurales (PLANAMUR). Su principal objetivo es incidir en las iniciativas de leyes que faciliten el acceso de las mujeres rurales a la tierra y favorezcan relaciones más equitativas entre mujeres y hombres. La idea es que PLANAMUR sea enriquecido y asumido por las mujeres del campo y apoyado por el movimiento amplio de mujeres.

María Teresa Fernández, de FEMUPROCAN, Coordinadora Ejecutiva del Comité de Enlace de la Mujer Rural, relata a La Boletina:

Hemos identificado, entre otros, los siguientes problemas con los que se enfrentan las mujeres rurales:

  • Gran desorden en la tenencia de la tierra, en los registros de las personas y de la propiedad.
  • Indefensión de las personas que han sido beneficiadas por la Reforma Agraria.

  • Ausencia de mujeres en el Consejo nacional de Reforma Agraria, que está compuesto en su mayoría por altos funcionarios del Gobierno y defiende los intereses de las mujeres rurales.
  • Las mujeres estamos invisibilizadas en las leyes de la propiedad.

Trabajamos por lograr políticas públicas que tomen en cuenta a las mujeres rurales. Hemos invitado a nuestras actividades a diputadas y diputados nacionales, con el fin de plantearles nuestras propuestas e inquietudes, y constatamos que las mujeres rurales no están incluidas en la agenda parlamentaria. Estamos luchando por llenar vacíos legales, por hacer cumplir leyes ya existentes y por proponer nuevas leyes que reconozcan a mujeres como productoras y propietarias de la tierra.

Como parte de las actividades de incidencia, junto con otras compañeras que trabajamos con mujeres del sector rural, propusimos incorporar la perspectiva de género al Proyecto de Administración de Tierra impulsado por el Ministerio de Hacienda y Crédito Público. Para eso presentamos nuestra propuesta en el Taller de Políticas de Tierras, organizado por el MAGFOR en marzo de este año e introdujimos el enfoque de género en la matriz definida para el proyecto.
A finales de marzo realizamos  un Taller de Incidencia Política con el fin de dotarnos de herramientas para una búsqueda más eficaz de alternativas para la consecución de nuestros objetivos en pro de las mujeres rurales. Hemos identificado espacios donde las mujeres del campo pueden hacer incidencia para lograr beneficios, y algunas técnicas para negociar propuestas con diferentes organismos del Gobierno.
Algunas de las propuestas de PLANAMUR son:
  • Aprobar lo más pronto posible la Ley sobre la Propiedad Reformada Urbana y Agraria (Ley 278).
  • Promover la iniciativa de revisión del Código Civil y Penal desde la perspectiva de género, especialmente en los artículos que hablan de los derechos de la herencia y del reclamo de propiedades.
  • Sensibilizar a ala sociedad acerca del derecho de las mujeres rurales a ser propietarias de la tierra.
  • Fomentar la creación de una cartera de compra de tierras en condiciones que permitan a las mujeres acceder a préstamos para adquirir la tierra.

Podés encontrar mucha información valiosa sobre el aporte de las mujeres rurales a la economía en el libro de Sonia Agurto y Alejandra Guido: "Mujeres: Pilares fundamentales de la economía nicaragüense".

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