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Alguna vez hemos escuchado estas expresiones: ¡Papá yo quiero ir a la universidad como mi hermano. Para qué, si tú te vas a casar y te van a mantener hija! Afortunadamente para muchas mujeres estas frases y escenarios las impulsaron a romper las barreras culturales y familiares para tener acceso a la educación universitaria. De ahí que este trabajo parte de algunas interrogantes: ¿Por qué nuestra cultura y sociedad, durante mucho tiempo, ha dado prioridad a la educación doméstica y no a la escolar de las mujeres?, ¿por qué somos tan pocas las que tenemos el privilegio de tener acceso a la educación superior?, ¿por qué en los últimos años se ha incrementado el porcentaje de mujeres en la docencia universitaria? Son sin lugar a dudas, preguntas que los estudios sobre las mujeres y/o de género intentan responder. Por supuesto que las fuentes existentes en cada uno de los Archivos Universitarios y la historia oral nos llevarán a conocer nuestros antecedentes en cada una de las instituciones educativas de este país. |
Debo mencionar que las preguntas antes señaladas, me llevaron a elaborar el proyecto de investigación: Género, educación y universidad. El caso de las académicas en la BUAP.
Para la primera etapa de este trabajo, y del que ahora presento un avance, acudí a los estudios de la teoría feminista, referente a los estudios de la educación de las mujeres; así como también algunas investigaciones sobre las mujeres en la educación superior, para el cual he seleccionado sólo algunas autoras, que desde mi punto de vista son las que nos llevan al estudio concreto de la temática.

Una categoría de análisis empleada en las investigaciones es la teoría feminista y la perspectiva de género, que permite entender que la educación de las mujeres ha sido construida a partir de estereotipos sociales y culturales propios para los hombres y las mujeres, y que a lo largo de nuestra historia ha privilegiado y reconocido sólo la capacidad intelectual de los hombres sobre al de las mujeres; afortunadamente estos estudios se han empezado a reconstruir, gracias a los estudios hechos por la propias mujeres en las diversas disciplinas y, en particular, por la llegada del feminismo a la academia. Otra gran contribución de las académicas universitarias es la creación de la Red Nacional de Centros, Programas de Estudios de la Mujer y/o de Género que incluye aproximadamente a más de 30 universidades.
Uno de los debates llevados a la academia por las universitarias feministas es la importancia de los estudios feministas y/o de género en las universidades, discusión llevada a cabo en el Primer Coloquio Nacional de Centros y Estudios de Género de las universidades nacionales, celebrado en Chapala, Jalisco en 1999. El más reciente es el efectuado en la Antigua, Guatemala, en el 2001, en el marco del Primer Encuentro Mesoamericano de Estudios de Género, donde se planteó la pregunta: ¿Pueden los estudios de género entrar a la Universidad? La respuesta de la gran mayoría de las académicas fue: no sólo pueden, sino deben estar en las universidades.

Las investigaciones realizadas nos plantean diversas interpretaciones, de las cuales he seleccionado para este trabajo sólo aquellas fuentes que, desde mi juicio, pasarán a formar parte de la historiografía de las mujeres y la educación superior desde el feminismo y de los estudios de género.
Entre los trabajos dedicados a los estudios de género y educación encontramos el de Sandra Acker, Género y educación. Reflexiones sociológicas sobre las mujeres, la enseñanza y el feminismo, la autora analiza las diferentes corrientes feministas, entre las que destacan: la radical, la liberal y la socialista.
La mayoría de los informes sobre teóricas feministas identifican al menos dos o tres divisiones dentro del feminismo occidental contemporáneo. Eisentein (1984) ofrece un retrato encapsulado de las tres aproximaciones fundamentales:
“...los análisis recientes parecen concordar en la distinción entre feminismo radical, que sostiene que la opresión de género es la más antigua y profunda forma de explotación, que precede y subyace a todas las otras formas, incluyendo las de raza y clase social; el feminismo socialista, que mantiene que la opresión por la raza, la clase y el género interactúan de una forma compleja, que la opresión de clases se deriva del capitalismo, y que el capitalismo debe ser eliminado para que las mujeres puedan liberarse. Ambas se distinguen de una visión feminista liberal y burguesa, que mantiene que la liberación de la mujer puede conseguirse plenamente sin ningún tipo de alteración global en las estructuras económicas y políticas de las democracias capitalistas contemporáneas”. (p. 64)
Así pues, nos presenta las característica de cada una de estas posturas.
A)
Feminismo liberal y educación
La meta fundamental del feminismo liberal es asegurar la igualdad de oportunidades
de los sexos. Su intento dentro de la educación es eliminar las barrera que
impiden que las chicas alcancen su total potencial, independientemente de
que estas barreras se encuentren localizadas en la escuela, el psiquismo,
o las prácticas laborales discriminatorias. ¿Cuál es la fundamentación conceptual
de las feministas liberales en la educación? Existen tres temas esenciales:
(1) igualdad de oportunidades; (2) socialización y estereotipos de sexo; (3)
discriminación sexual.
La retórica sobre la igualdad de oportunidades es casi un sine qua non para el reconocimiento de las perspectivas feministas liberales como tales. “igual significa lo mismo” afirma Hielen Byrne (1978), manteniendo que los recursos educativos separados de las chicas normalmente han significado inferiores facilidades y restricciones.

Bibliografía
ACKER, SANDRA, Género y educación. Reflexiones sociológicas sobre las mujeres, la enseñanza y el feminismo. Madrid, Narcea, 1994, pp. 63-76
BARTRA, ELI, Estudios de la mujer. ¿Un paso adelante, dos pasos atrás?. México, UAM-Xochimilco, 2000. pp.201-214.
LOPEZ VILLAREAL, BLANCA ELVIRA, Modelo de análisis de las trayectorias de formación de investigadoras en Hierro, Graciela (comp.). Filosofía de la educación y género. México, UNAM-Torres, 1997.
CARRERAS, MERCEDES, “El personal académico femenino en la UNAM”, ponencia presentada en el II Foro Universitario de la Mujer, Facultad de Psicología, UNAM, del 4 al 8 de marzo de 1985.
KLEIN, ETHEL, Gender Politics, Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts, 1984.
JENSEN, KATHERINE, Women’s Work and Academic culture: Adaptations and Confrontations, Higher Education, 1982.
UNESCO, Conferencia Mundial sobre educación Superior, debate temático: “Mujeres y educación superior: cuestiones y perspectivas”, UNESCO, París, 5-9 de octubre de 1998.
TIRADO VILLEGAS, GLORIA, Si de mujeres se trata....Las mujeres en la BUAP en, Ureta Calderón, Clara, Lucero, Rocío y Rivera Gómez Elva, I Foro; las Mujeres en el nuevo milenio, México, UAT, 2001.
LEON ZERMEÑO, MARIA DE JESÚS, La dimensión ideológica en las intelectuales y obreras en Revista Crítica, No. 13, s.f.e.
Fuentes para el estudio de las mujeres en la educación superior.
*Elva Rivera Gómez
Una segunda preocupación de las feministas liberales, dentro de la educación, se centra en la socialización, en el rol sexual y en los estereotipos sexuales. Se piensa que las chicas y los chicos son socializados (por la familia, la escuela, los medios de comunicación) en las actitudes y orientaciones tradicionales que limitan su futuro, innecesariamente, hacia ocupaciones y roles familiares sexualmente estereotipados. Al mismo tiempo, la socialización favorece los patrones de relación interpersonal entre sexos patrones que ponen en la desventaja a las mujeres, a las cuales se las sitúa en una posición de dependencia y respeto, y a los hombres se les empuja a suprimir sus potenciales emocionales.
Hay un tercer tema dentro del feminismo liberal, centrado en las posiciones de discriminación, derechos, justicia e igualdad. Quienes usan estos términos están más cerca de admitir un impacto de “estructuras” que aquellos que se confinan a una aproximación al “rol sexual” o a las “diferencias sexuales”.
b)
Feminismo socialista y educación
El feminismo socialista , a largo plazo, su propósito es eliminar la opresión
(en parte la abolición del capitalismo), pero la tarea inmediata es clarificar
los procesos implicados. La mayoría de las teorías feministas socialistas
se han centrado en la posición de la mujer dentro de la economía y la familia.
Para los que se preocupan de la educación, la cuestión clave es ¿Cómo se relaciona
la educación con la reproducción de las divisiones de género dentro del capitalismo?
c)
Feminismo radical y educación
Como las feministas socialistas, las feminista radicales quieren ver un cambio
fundamental en la estructura social, que eliminará el dominio masculino y
las estructuras patriarcales. “La meta de la educación feminista”, escribe
Mary O’Brien (1983), “no es la igualdad en el conocimiento, el poder y la
riqueza, sino la abolición del género como realidad cultural opresiva”.
La producción escrita en esa línea se caracteriza por dos intereses fundamentales: (1) el monopolio de la cultura y del conocimiento por parte de los hombres; y (2) las normas establecidas para los sexos en la vida cotidiana de las escuelas. Spender mantiene que lo que “conocemos” es peligrosamente deficiente, ya que se trata del reflejo de las decisiones y las actividades de los hombres, presentadas en forma de conocimiento humano. Durante siglos, las contribuciones y conocimientos de las mujeres han sido ignorados o desestimados, a pesar de la resistencia de la mujer.
Otro trabajo, que me parece importante destacar es el de Gloria Bonder, titulado Estudios de la Mujer en América Latina. Esta obra colectiva hace un recorrido histórico por Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela; fue escrito por diversas protagonistas que analizan los procesos en que surgen los estudios de la mujer en estos países. A través de estos trabajos podemos conocer cuáles han sido las etapas, obstáculos y alcances del movimiento amplio de mujeres y de los estudios en cada uno de las regiones de América Latina, para dar paso a la apertura de los espacios académicos.
Esta movimiento, señala Bonder, dejó como saldo una masiva incorporación de las mujeres a la educación media y superior en la región latinoamericana durante la década de los 70´s. Este proceso de expansión cualitativa tuvo como efecto modificar las expectativas femeninas, quienes al elevar su nivel educativo desarrollaron aspiraciones de participación y autonomía.
Los años 80 se caracterizaron por el retorno a la democracia en los países de la región. El clima de debate y apertura propició que mujeres activistas e investigadoras iniciaran la crítica en las distintas disciplinas científicas, con el fin de demostrar sus sesgos sexistas y demandar la democratización de las relaciones entre hombres y mujeres en el ámbito del hogar y de las instituciones sociales y políticas.
Bajo estas coordenadas se inician los procesos de institucionalización de los Estudios de la Mujer en los países de la región. La necesidad de integración de los estudios de la mujer y/o de género en las universidades aparece en todos los trabajos como iniciativas individuales o de pequeños grupos, destaca la autora. Lo interesante de esta integración es que siempre se inicia en universidades públicas.
El escaso compromiso de la Educación Superior y en algunos casos del sector gubernamental con los Estudios de la Mujer, se expresa entre otras cosas en la preeminencia del financiamiento internacional. A pesar de esta problemática, una de las prioridades será lograr que las universidades integren institucionalmente los Estudios de la Mujer como política para la Educación Superior.
Así, el panorama latinoamericano refleja una problemática común de las mujeres. El caso de México no es la excepción. Como señalé anteriormente, la creación de seminarios, áreas, programas y centros de estudios de la mujer y/o de género, a iniciativas de las feministas mexicanas de los años setenta, ha rendido sus primeros frutos, pues desde estos espacios no sólo se han legitimado estos estudios en la academia y en las universidades, sino también se han impulsado las investigaciones sobre las diversas problemáticas que enfrentan las mujeres en la educación desde el propio feminismo.
Para conocer estos debates, el trabajo escrito por la feminista mexicana Eli Bartra, Estudios de la mujer. ¿Un paso adelante, dos pasos atrás?, plantea los vínculos y la distancia entre el feminismo y los estudios de la mujer. En este libro Eli Bartra presenta el desarrollo de estos estudios en la educación superior en México, y en particular su significado, sus contradicciones y las barreras que enfrentan. De los puntos medulares en el debate feminista al interior de la academia se ubican la distinción entre mujer y género, la burocratización de los programas, su institucionalización y evaluación, lo cual podría llegar a poner en riesgo su espontaneidad y creatividad.
Por su parte, Blanca Elvira Villarreal, en el trabajo Modelo de análisis de las trayectorias de formación de las investigadoras, señala que los cambios han modificado los espacios sociales de las mujeres contemporáneas y afirma que la perspectiva de género permite conocer esos cambios. Destaca que el espacio universitario es influido por las relaciones de género en aspectos relacionados con el status académico, el desempeño en el trabajo y la presencia en los órganos de gobierno:
a) Estatus académico. Las mujeres tienen un rango académico inferior, aun cuando las calificaciones de un doctorado y de productividad sean constantes. Los datos demuestran que los efectos acumulativos de discriminación contra las mujeres en su carrera es perpetuado y magnificado. El número, cada vez más grande, de mujeres en bajas posiciones ha provocado el reclamo de éstas por su condición de temporales (de tiempo parcial o medio tiempo) y de asistentes durante muchos años para que se considere seriamente su definitividad o promoción.

b) Desempeño en el trabajo académico. Para las mujeres que se encuentran en posiciones inferiores o de asistentes no es fácil la publicación de sus trabajos, a pesar de que tienen que demostrar mayor productividad que los hombres. La participación en conferencias o congresos permite compartir resultados de investigaciones, debatir intelectualmente y de esta manera facilitar la posterior publicación de trabajos, sin embargo, hay datos que señalan que las mujeres asistieron y organizaron menos conferencias que los hombres. Las mujeres con hijos buscan una productividad, tal vez para contrarrestar el estereotipo de ama de casa y de madre abnegada. También por la discriminación que hay en el ámbito laboral las mujeres reaccionan siendo más competitivas.
c) Participación en órganos de gobierno e instancias administrativas. Las mujeres tienen un déficit tangible en su vida laboral causado por la exclusión o colaboración con los hombres. No es de sorprender que las mujeres tienen menor poder e influencia en sus departamentos que los hombres. Algunos indicadores muestran que ellas tienen menor probabilidad de tomar el rol activo en las reuniones, también que tienen una menor proporción y representación en puestos de toma de decisiones. Alguna mujeres dicen no tener iniciativa para obtener puestos de influencia, sin embargo, otras reconocen que existen barreras para lograr puestos importantes y para lograrlo el esfuerzo tiene que ser mayor. De ahí que las redes de mujeres sirvan para muchas funciones, como para promoverse, dar asistencia profesional, incrementar la influencia política, dar apoyo emocional y social.
Según Villarreal, el estudio llevado a cabo por Catherine Jensen en 1982, al estudiar a 42 académicas de 5 universidades permite agruparlas en tres categorías:
1) Reorientación normativa. Se dirige hacia un modelo de carrera masculina. Estas mujeres vieron una clara distinción entre su vida profesional y personal, dando mayor atención a las cuestiones laborales sobre las personales. Ellas reclaman que no hay modelos de roles femeninos y no desean afiliarse a un grupo de mujeres.
2) Valores reafirmativos. Ellas hacen una combinación entre la tradición femenina y las expectaciones culturales académicas. Ellas asumen una orientación masculina a su trabajo, pero a éste le añaden la responsabilidad del hogar y la familia, además de que no esperan ninguna ayuda especial institucional.
3) Carrera reconstituída. La constituyeron mujeres que se llaman feministas, pertenecen a las redes femeninas y trabajan hacia una investigación de su vida profesional y personal.
d) Discriminación sexual en el trabajo. Es difícil hablar de discriminación, pues no la reconocen los hombres en su propia universidad, pero comparten creencias como “las mujeres son incapaces de ejercer la autoridad”, o que las experiencias de discriminación es un problema personal, en razón de cualidades y defectos propios. En estudios hechos se ha encontrado que las investigadoras casadas perciben más discriminación que las solteras en relación a: menos sueldo, plazas temporales, lentas promociones y más pesadas cargas de trabajo.

Por su parte, la norteamericana Ethel Klein (1984), señala Villarreal, propone una serie de tendencias relacionadas con las nuevas condiciones en la vida social, donde las transformaciones en el campo laboral tienen que ser analizadas en los cambios que han ocurrido en el ámbito familiar, matrimonial y de la comunidad entre los que destacan los siguientes:
Aunque formalmente en las universidades no existe la discriminación debido a la igualdad jurídica (derechos y obligaciones), en los hechos, en la vida personal de las mujeres investigadoras salta la doble jornada femenina, ya que con muchas dificultades logra conciliar la vida familiar y la vida profesional según Mercedes Carreras, quien realizó en 1985, el estudio sobre El personal femenino en la UNAM; este trabajo, puede considerarse como uno de los pioneros dedicados a las mujeres universitarias.
En él señala que los factores que podrían interpretarse como discriminatorios en el designio académico laborales de las mujeres de la UNAM, se encuentran en esferas que se interrelacionan: Familiar. Espacio de socialización en cuanto a incentivos culturales y educativos; Cotidiana: la organización de su vida diaria en función del nivel de compromisos familiares y sociales; Generacional: el momento que define la conceptualización del rol de la mujer y de las áreas propias para ella, así como las características propias del mercado laboral en que se insertan.
Para la autora, la carrera académica de una mujer estará condicionada por los antecedentes socioeconómicos familiares, medidos por la escolaridad del padre y de la madre y el prestigio ocupacional del padre y/o madre. La esfera cotidiana, se explica sobre el argumento de la tensión entre la producción y la reproducción que forma parte también de una situación de la mujer cuando asume la profesión académica.
Estudios particulares sobre el caso de las académicas de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, hasta este momento la realiza Gloria Tirado, “Si de mujeres se trata ...Las universitarias de la BUAP”, destaca los procesos de evaluación académica, estudiantil y de investigación y la relación con las universitarias, competimos para tener acceso a las becas de toda índole, desempeño académico, para obtener recursos a los fondos de FOMES, para ser reconocidas y pertenecer al padrón de docentes con perfil PROMEP, etc.
Todo esto que señala la autora, nos ha llevado a una competencia con nosotras mismas y entre nosotras mismas, sobre todo a las casadas y madres solteras, ya que tenemos que combinar el espacio doméstico con el quehacer académico y además ser docentes de calidad y competir con nuestros colegas varones en desigualdad de condiciones.
Por su parte María de Jesús León Zermeño, realizó el estudio sobre La dimensión ideológica del trabajo en las intelectuales y las obreras en 1982 y recientemente sobre trabajo doméstico. Trabajo que sin lugar a dudas nos lleva a conocer el trabajo intelectual, trabajo doméstico y la vida en pareja, claro está abordado desde la Psicología.
Por último, quisiera hacer referencia a los temas analizados en la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior, convocado por la UNESCO, celebrado en Paris, en octubre de 1998. Uno de los debates temáticos de la Conferencia estuvo dedicado a las Mujeres y educación superior: Cuestiones y perspectivas. Este tuvo como objetivo examinar el estado actual de las principales cuestiones relacionadas con la situación de las mujeres en la educación superior.

De manera particular se destacan los instrumentos internacionales que hacen referencia al acceso de las mujeres a la educación; en especial, la Declaración de Beijing de 1995. Según el Informe sobre Desarrollo Humano que publica anualmente el Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo:
El 66% de los analfabetos del mundo son mujeres.
En los países en desarrollo, por cada 100 hombres presentes en el mercado de trabajo sólo hay 50 mujeres.
Los PIB nacionales registrarían un aumento importante si el trabajo no pagado de las mujeres fuese un factor de la producción reconocido oficialmente. Las mujeres siguen padeciendo de la disparidad con respecto a los salarios de los hombres en múltiples sectores de la vida profesional (su salario es un 25% inferior , en promedio).
En este documento destacan tres aspectos con respecto a la Educación Superior y las mujeres.
En primer lugar, se debe considerar que las mujeres graduadas forman parte de la base de recursos humanos esenciales de sus respectivos países. Por eso, tienen derecho a las mismas oportunidades que sus colegas masculinos en lo referente al acceso a la enseñanza superior y a las carreras profesionales.
En segundo lugar, habida cuenta de que la reforma de la educación superior es una prioridad, debería contraerse un firme compromiso de dotar a las mujeres con todas las competencias de gestión necesarias para contribuir a la renovación general de este sector de la educación.
En tercer lugar, la feminización de las funciones de dirección requiere ser analizada y definida con mayor claridad.
De suma importancia para las mujeres, es el documento que hace referencia a Las mujeres en la Administración de la Enseñanza Superior, elaborado por la UNESCO en 1993, en el que se indican los principales obstáculos que impiden la participación de las mujeres en la esfera de adopción de decisiones:
En el apartado VI de la Conferencia, se refiere a las mujeres en la dirección de la educación superior; así como también, se presentan en el apartado VII, las estrategias para la actividad futura, en el que se señala que “En las universidades e instituciones de educación superior, deben crearse Oficinas para la Igualdad de Oportunidades en materia de Empleo, a fin de supervisar los progresos de las mujeres que ocupan puestos académicos y administrativos”.
Así el documento propone a los Estados miembros de la ONU, para el 2010, los siguientes objetivos:
Los puestos de catedráticos, profesores y jefes de departamento, deben ser desempeñados por hombres y mujeres sobre un pie de igualdad (50% de los puestos).
Lo ideal sería que el 50% de todos los puestos de rectores y vicerrectores fuesen ocupados por mujeres.
El 50% de los miembros de los órganos rectores de la educación superior deberían ser mujeres.
Conclusiones
Como podemos ver en esta breve exposición, las investigaciones sobre las mujeres y la educación superior en nuestro país tienen aproximadamente unos treinta años de haberse iniciado. Sus raíces están relacionados con el movimiento popular de mujeres y la llegada del feminismo.
Las autoras aquí analizadas coinciden que los factores de índole social, familiar y cultural han sido los principales indicadores de discriminación hacia las mujeres en las universidades. Corresponderá a las mujeres y los hombres eliminar esas barreras para incursionar a un mundo laboral, académico, de investigación, etc. en condiciones distintas a las que ahora tenemos ahora.
Ésta no es una tarea fácil, de ahí que tenemos que emprender de manera conjunta, autoridades, personal académico, estudiantes, Estado y la sociedad en su conjunto las reformas necesarias para cambiar los escenarios.
Si bien es cierto que el progreso de una nación se mide por los indicadores educativos, el caso de nuestro país, según los informes internacionales, es reprobatorio.
Acaso nuestros funcionarios y quienes diseñan las políticas educativas de este país se han preguntado, que uno de esos indicadores, se debe a que las mujeres no se les da la oportunidad de ingresar, permanecer y concluir los estudios básicos, y mucho menos tienen la oportunidad de ingresar a los estudios superiores y las que tienen ese privilegio, lo hacen en desigualdad de condiciones. O que las mujeres que desempeñamos el ejercicio docente en las universidades tenemos que combinar doble o triple trabajo, para demostrar nuestra eficiencia y capacidad académica para tener acceso a una categoría mayor, a becas, a puesto de dirección, cuando las condiciones laborales, económicas, sociales y culturales son discriminatorias para la gran mayoría de las mujeres.
Ante esta situación, considero que, los estudios sobre la educación, en especial, los relacionados con el superior, deben considerar la visibilización del quehacer académico de las mujeres en la docencia, la investigación y en la toma de decisiones. ¿Cómo?, en primer lugar, que sus estadísticas no sólo estén desglosadas por sexo, sino también que se consideren otros indicadores; en segundo lugar, que se diseñen políticas educativas internas que lleven a potenciar el papel de las mujeres; en cuarto lugar, que se impulse los estudios sobre las mujeres en sus propias instituciones: por facultades, departamentos, áreas, etc., así como también, que las universidades y autoridades permitan la inserción de cursos sobre estas temáticas en los planes curriculares.
Todos estos elementos contribuirán sin lugar a dudas, a construir instituciones educativas en donde estén presentes relaciones sociales entre los géneros más equitativas y de esta manera, el Estado pueda cumplir con las expectativas trazadas por la UNESCO para el 2010, creo nos queda poco tiempo.
* Investigadora del Centro de Estudios de Género de la Facultad de Filosofía y Letras de la UAP
Si
los estudios sobre la mujer no son un intento centrado
de unir la teoría y el trabajo intelectual,
con la práctica política dirigida a mejorar
el estatus de la mujer, entonces me temo
que no son absolutamente nada.
Rosi Braidotti
