Mujeres rurales: alta productividad y mayor pobreza
 
Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo -PNUD-, en América Latina y el Caribe viven 60 millones de mujeres campesinas y/o trabajadoras rurales. Un 39 por ciento de hogares latinoamericanos vive en estado de pobreza; en las zonas rurales, esta cifra llega al 55 por ciento, y las mujeres son las más afectadas, sobre todo las jefas de hogar (CEPAL, 1994). Sin embargo, las mujeres rurales producen más de la mitad de los alimentos del mundo.

El concepto de desarrollo humano sostenible, que guía las acciones de las Naciones Unidas, considera como fundamental la erradicación de la pobreza y la equidad y la igualdad entre hombres y mujeres. "El desarrollo humano, si no se incorpora en él la condición de los sexos, está en peligro", afirma el Informe sobre Desarrollo Humano 1995, del PNUD.

Más pobres y con más responsabilidades

De acuerdo con la experta Jeanine Anderson, "las mujeres siempre han sido muchas entre los pobres. El descubrimiento empírico de que las mujeres están expuestas a la pobreza de modos en que los hombres no lo están, introduce algunos de los elementos esenciales del concepto de feminización de la pobreza" (Red Entre Mujeres. Diálogo Sur Norte, 1994).

En el mapa de pobreza, Centroamérica destaca como la subregión con más altos índices, incrementados por los conflictos armados en la década de los años 80. Estas condiciones fueron más dramáticas para las mujeres indígenas, obligadas a dejar sus tierras y buscar refugio en las ciudades; en Guatemala, por ejemplo, la guerra dejó aproximadamente 50 mil viudas, una gran proporción de ellas de origen indígena, y la mayoría, jóvenes con hijos (CEPAL, 1997).

En la última década, los efectos de las políticas de ajuste estructural dirigidas, entre otras cosas, a fomentar la importación de alimentos y a disminuir el aporte estatal en las áreas de educación y salud, afectó directamente la vida de miles de campesinas cuyas responsabilidades familiares aumentaron por la forzosa migración de los hombres hacia las ciudades en busca de empleo, y a la pauperización del campo. Según la FAO, un 26 por ciento de hogares rurales de la región tiene jefatura femenina. En América Central, la cifra va del 29 al 48 por ciento; en el área andina, del 29 al 55, y en el Caribe, del 40 al 50 por ciento.

Estos datos dan la pauta para entender el vínculo entre pobreza y discriminación de género como una forma de violencia: las campesinas están triplemente discriminadas, por mujeres, indígenas y campesinas, y sus derechos humanos son constantemente vulnerados.

La mujer nutre al mundo

En contraste, las mujeres rurales tienen un papel central en la agricultura y en la economía de sus comunidades. "La mujer nutre al mundo" ha dicho la FAO este año para celebrar el Día mundial de la alimentación. Es que aparte de producir más del 50 por ciento de los alimentos en el mundo, aportan al ingreso real de sus hogares; en los países andinos, el aporte es del 36 por ciento, frente al 51 por ciento de los hombres; además están las ganancias no monetarizadas provenientes de la producción de alimentos y la preparación de comidas para la familia. En el Perú, por ejemplo, el 70 por ciento del ingreso familiar es generado por las mujeres adultas y las niñas.

"Hoy es claro que sin la participación y el aporte de las mujeres es imposible salir del círculo de la pobreza y garantizar mejores condiciones alimentarias a las poblaciones más pobres y vulnerables de las distintas regiones del mundo", dice la FAO. Esto significa que los gobiernos deben implementar políticas para mejorar las condiciones de vida de las mujeres rurales, y principalmente para reducir las desigualdades en razón de sexo.

Sin embargo, se sigue viendo su participación económica como algo marginal, no cuantificable ni visible en las estadísticas. El BID (1990) destaca que en América Latina y el Caribe las campesinas participan de casi todas la actividades agropecuarias. Casi el 50 por ciento de los ingresos de los hogares campesinos proviene del trabajo de las mujeres que, así, ayudan a sus familias a salir de la pobreza.

Algunos estudios indican que ellas trabajan un 29 por ciento más de tiempo que los hombres. Las diferencias son grandes en muchos países, como en Nicaragua, donde en la época de cosecha hacen alrededor del 57 por ciento de todo el trabajo (Agencia de Noticias Pulsar, 1998). En cuanto a los salarios, son hasta el 50 por ciento menos que los de los hombres en Centroamérica; carecen de contratos y, por lo general, son empleadas unos meses al año.

Derechos vulnerados

La privación de dos derechos humanos básicos, educación y salud, es una de las expresiones de la discriminación en la que viven las campesinas e indígenas.

Aunque en muchos países de la región se ha logrado la paridad de género en la educación, las niñas indígenas se encuentran en desigualdad de condiciones frente a los niños indígenas, y también frente a las niñas campesinas no indígenas. Ellas tienen la tasa de alfabetización más baja de América Latina (Office of Women in Development, Agency for International Development, 1997). En Guatemala, las niñas indígenas completan menos de un año de educación escolar en promedio, comparado con 1,8 para los varones. En el Perú, el 65 por ciento de la población indígena femenina es analfabeta, comparada con el 26 por ciento de la población femenina urbana. En Bolivia, el 68,5 por ciento de las mujeres del campo es analfabeta. En México, del porcentaje de población rural analfabeta mayor de 15 años, el 60 por ciento es femenina, en comparación con el 20 por ciento del total de hombres (Agencia de Noticias Cimac, 1998).

La situación de extrema pobreza en la cual viven las mujeres del campo, especialmente las indígenas, se refleja, por ejemplo, en las altas tasas de mortalidad infantil y materna, fecundidad y malnutrición. En México, las campesinas, que representan el 49,8 por ciento de la población rural, tienen una esperanza de vida de 69,5 años, tres menos que la estimada para las mujeres de las zonas urbanas. El 46 por ciento de los/as hijos/as de madres bolivianas del campo, sufre de malnutrición crónica. Una de cada tres de las indígenas que viven en los sectores rurales de Ecuador, prefiere no buscar asistencia profesional a sus dolencias debido al maltrato que reciben en los servicios de salud públicos.

Otra dimensión no menos dramática es la que tiene relación con cierto tipo de trabajos que requieren del uso de productos químicos ampliamente tóxicos. En Chile se han presentado casos de intoxicación entre mujeres que trabajan como temporeras en la recolección y empaque de frutas y productos agrícolas para la exportación. Otros estudios indican que estar en contacto con estos tóxicos ocasionan malformaciones congénitas en los hijo e hijas de las afectadas, y abortos espontáneos (CEPAL, 1997).

La tierra les es ajena

Además, las mujeres del campo no son beneficiarias de la tierra que cultivan. Una investigación realizada por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Holanda, advierte que Centroamérica podría crecer más si existieran facilidades para que las mujeres sean dueñas de la tierra y puedan recibir préstamos. Aunque las leyes agrarias de Nicaragua, Colombia y Brasil acogen a las campesinas como beneficiarias, en la práctica ellas acceden a través de su pareja. En Brasil, la Constitución establece el reconocimiento tanto para el hombre como para la mujer, independientemente de su estado civil, pero esta disposición no se ha reglamentado.

Con ocasión del Día de la mujer rural, la FAO recuerda los compromisos adquiridos por los gobiernos durante la Cumbre Mundial sobre la Alimentación (Roma, 1996) para mejorar las condiciones de las mujeres rurales. En Perú, la Red Mujer Rural del Centro Flora Tristán ha lanzado la campaña Por la Titulación de Tierras con Equidad de Género, con el propósito de que las campesinas tengan mayor acceso en el proceso de titulación y saneamiento de la propiedad rural.

Precisamente, el Plan de Acción de la FAO para la Mujer en el Desarrollo (1996-2001) recoge entre sus objetivos el "dar a la mujer acceso igual a la tierra y otros recursos productivos, así como el control de los mismos, incrementar su participación en la adopción de decisiones y políticas, reducir su carga de trabajo e incrementar sus oportunidades para obtener empleo remunerado e ingresos".


Fuente: Centro de Información y Documentación de Isis Internacional.
Correo electrónico: isis@reuna.cl

 Ediciones Anteriores
Año 1
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14
Año 2

1

2

3

4

5

6

7

8

9