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LA PAZ DESDE LA PERSPECTIVA DE LOS ESTUDIOS DE GÉNERO: UNA APORTACIÓN FUNDAMENTAL PARA
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LA PAZ DESDE LA PERSPECTIVA DE LOS ESTUDIOS DE
GÉNERO: UNA APORTACIÓN FUNDAMENTAL PARA
CONSTRUIR UN MUNDO MÁS IGUALITARIO, JUSTO
Y PACÍFICO
CÁNDIDA MARTÍNEZ LÓPEZ – Mª DOLORES MIRÓN PÉREZ
Instituto de Estudios de la Mujer
Universidad de Granada
Las mujeres y la paz están íntimamente relacionadas. Una primera
conexión es el hecho de que el estudio sobre ambas realidades es reciente,
y su historia, conceptualización y metodologías se están construyendo en
estos momentos. Se trata, en ambos casos, de investigaciones innovadoras
y revolucionarias en el pensamiento actual, puesto que sus objetos de
estudio han tenido históricamente escasa consideración, en un mundo
dominado por lo masculino y por la mayor visibilidad el uso de la violencia
para resolver los conflictos. Pero, además de por su novedad, los Estudios
de las Mujeres y del Género y los Estudios de la Paz tienen puntos de
contacto más profundos, puesto que los Estudios de la Mujeres contribuyen
de manera directa a la construcción de un mundo más justo e igualitario
y, por tanto, de la cultura de la paz.
El Instituto Universitario de Estudios de la Mujer es un centro de
investigación interdisciplinar, integrado por investigadoras pertenecientes
a diversas áreas de conocimiento de la Universidad de Granada, con el
objetivo de contribuir a generar y transmitir conocimientos sobre el campo
de los Estudios de las Mujeres y del Género, incorporando a la inves-
tigación y docencia universitarias nuevas perspectivas de conocimiento

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y nuevas prácticas académicas que contribuyan a la igualdad social de
las mujeres.
En este sentido, el Instituto viene desarrollando desde hace catorce
años (hasta 1995 como Seminario) una intensa actividad de docencia,
investigación y divulgación tanto en la propia Universidad de Granada,
como a través de su colaboración con otras instituciones y participación
en redes nacionales e internacionales. Durante este tiempo, el Instituto
ha ido creciendo hasta ocupar un espacio propio en la Universidad,
logrando progresivamente el reconocimiento, tanto institucional como
académico, de los Estudios de las Mujeres y del Género en el ámbito
universitario. Resultado de esta actividad ha sido la inclusión de éstos
en los planes de estudio de diversas disciplinas, mientras que, a través
de cursos, seminarios, encuentros, programa de doctorado, etc. y las
publicaciones del Instituto –tanto de la colección Feminae, editada por
la Universidad de Granada, como de las realizadas por sus componentes
en el ámbito nacional e internacional– ha dado a conocer sus investiga-
ciones y logros y ha abierto redes a otros círculos sociales fuera del espacio
de la Universidad de Granada.
El desarrollo de los Estudios de las Mujeres y del Género no habría
sido posible sin la aportación básica del pensamiento feminista, que,
mediante sus investigaciones y reflexiones teóricas, ha introducido fun-
damentales cambios metodológicos y conceptuales en todas las áreas de
conocimiento. En efecto, el feminismo ha contribuido a sacar a la luz las
aportaciones y vivencias de la mitad de la humanidad, las mujeres, hasta
no hace mucho relegadas a la esfera públicamente invisible de lo privado,
contribuyendo de este modo a ofrecer una nueva visión del mundo, más
justa y global, en la que todos los grupos que componen las sociedades
forman parte visible y activa de su construcción. Por otro lado, la incor-
poración del concepto de género como categoría de estudio permite, a
través del análisis de la relación entre ambos sexos en todos los ámbitos
–socioeconómico, cultural y político–, conocer el modo en que se desa-
rrolla y construye la sociedad.
Esta aportación del feminismo se ha plasmado también en una im-
portante revisión del concepto de paz.
La relación entre feminismo y pacifismo ha sido y es intensa. No sólo
porque las mujeres, debido al tradicional papel de género que les ha sido
asignado, se han visto excluidas casi universalmente del ejercicio de la
guerra, como también lo han estado de los ámbitos de decisión pública
que la gobernaban, contraponiéndose su condición de madres dadoras de
vida a la idea de ocasionar la muerte que la guerra lleva consigo. Sino,
sobre todo, porque el feminismo ha venido reivindicando desde sus inicios
la igualdad, la justicia social y los derechos humanos, principios sólo
posibles en un mundo en paz y sin los cuáles ésta tampoco existiría
realmente, y ha promovido redes internacionales de mujeres por encima
de las fronteras, las etnias y las ideologías.
Ciertamente, los caminos del feminismo y el pacifismo no siempre han
sido coincidentes. En efecto, no todas las personas feministas son pacifistas
y, a la inversa, todas las pacifistas feministas. Pero no es menos cierto que
ambos movimientos han tendido más a converger que a divergir
1
. Orga-
nizaciones como la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad,
tan influyente en la primera mitad de este siglo con notables movilizaciones
en favor de la paz mundial, así como otros grupos de mujeres del pasado
y de la actualidad, aúnan los ideales de ambos movimientos para la con-
secución de un mundo más justo e igualitario y en paz.
Pero, sobre todo, el movimiento por la igualdad y los derechos de las
mujeres supone por sí mismo una importante contribución a la construcción
de la paz.
En este sentido, ha sido esencial la revisión y revalorización, llevada
a cabo por los Estudios de la Paz y los Conflictos, del concepto de paz.
Ésta no puede ser ya entendida simplemente con el viejo concepto de mera
«ausencia de guerra», es decir, como paz negativa. En los años sesenta
se introdujo el concepto de paz positiva, que implica la posibilidad de
un desarrollo integral de las personas, en un mundo donde están presentes
la igualdad, el bienestar, la justicia, la solidaridad, la concordia y el
equilibrio social
2
. Esta paz positiva, promovida tanto por el pacifismo
como por los movimientos en favor de los derechos humanos y la igualdad
social, es incompatible con la violencia estructural, que está detrás de las
desigualdades y la falta de libertad.
El feminismo ha contribuido de manera trascendental a la redefinición
del concepto de paz, introduciendo en el de paz positiva los derechos de
las mujeres y los objetivos del movimiento feminista, e incluyendo en
1 HORVART, Lili: «Féminisme et culture de paix», Nouvelles questions féministes,
11/12 (1985), 113-127; CARROL, Berenice A: «Feminism and Pacifism: Historical and
Theoretical Connections». En PIERSON, Ruth Roach: Women and Peace: Theoretical,
Historical and Practical Perspectives. Londres, 1987, pp. 2-28.
2 GALTUNG, Johan: Sobre la paz. Barcelona, 1985; RUBIO, Ana (ed.): Presupuestos
teóricos y éticos para la Paz. Granada, 1993.

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la violencia estructural la derivada de los conflictos de género: pervivencia
de estereotipos que justifican la inferioridad de las mujeres, misoginia,
violencia sexual y doméstica, privación de la palabra, limitaciones a la
libertad de movimientos, desigual reparto del trabajo doméstico, tradi-
ciones que agreden y mutilan el cuerpo femenino, control sobre la sexua-
lidad, feminización de la pobreza, etc.
3
De este modo, el feminismo ha
acuñado la frase:
«Ni guerra que nos destruya ni paz que nos oprima
No puede haber paz mientras todas las personas no puedan expresar
y llevar a cabo sus aspiraciones en un mundo libre e igualitario. No puede
haber paz mientras se oprima y se impida el desarrollo pleno de la mitad
de la humanidad, las mujeres.
Este mismo objetivo de consecución de una paz positiva que posibilite
la igualdad de las mujeres se halla implícito en las Conferencias Mundiales
de Mujeres, organizadas por Naciones Unidas, que, bajo el lema «igualdad,
desarrollo y paz» como tres principios inseparables e interdependientes,
se han venido celebrando desde 1975. Por tanto, la consecución de la
igualdad de las mujeres se halla ligada al desarrollo sostenido en un mundo
en paz, al tiempo que se considera que ésta no existirá realmente mientras
no se den las dos condiciones anteriores. De este modo, la consecución
de los objetivos del feminismo es esencial para lograr la paz en su sentido
más amplio. De ahí que el movimiento feminista sea implícitamente
movimiento por la paz. Como señala Hikka Pietilä:
«El movimiento feminista es movimiento por la paz, porque su pro-
pósito es construir un campo de valores y modos de vida en los que la
violencia, la opresión y las desigualdades desaparezcan.»
4
Desde el mundo académico, el Instituto de Estudios de la Mujer de
la Universidad de Granada, asumiendo como propios estos valores y
objetivos del feminismo, contribuye a la transformación profunda de la
sociedad que éste promueve y, por tanto, a la consecución de un mundo
más pacífico, en su sentido más amplio.
Esta aportación del Instituto de Estudios de la Mujer a la paz se lleva
a cabo a través de dos medios fundamentales: la investigación y la docencia.
Mediante las investigaciones, estudia las causas y desarrollo de la
opresión de las mujeres, ofreciendo así las pautas acerca del modo en que
ésta puede ser superada, al tiempo que, haciendo visibles las experiencias
de las mujeres, saca a la luz las aportaciones de éstas a la construcción
de las sociedades. La igualdad en su consideración como válido objeto
de estudio contribuye a que sean también consideradas iguales en su
valoración como habitantes activos del planeta. De este modo, las inves-
tigaciones feministas analizan cuáles son las causas de la violencia es-
tructural contra las mujeres, lo que permite a su vez hallar los medios
de superarla, y señala, por tanto, cuáles son las características de una paz
positiva desde el punto de vista de las mujeres.
Si tenemos en cuenta que, por su tradicional papel de género, las
mujeres han estado excluidas del mundo de la guerra –lo cual no quiere
decir que no se hayan visto afectadas por ellas o no hayan participado
activamente de forma ocasional, o, sobre todo, no hayan contribuido a
reproducir los valores militaristas–, como también lo han estado de los
ámbitos de decisión públicos, hallamos que el entorno donde habitual-
mente han desarrollado sus vidas ha sido la paz –en su acepción de paz
negativa–. En efecto, tradicionalmente las mujeres han cumplido una
función esencial de dadoras de vida, que se contradecía con la de ocasionar
muerte en la guerra
5
. De hecho, desde los orígenes de la civilización
occidental, así como en otras culturas, la Paz ha sido representada como
una mujer, acompañada de atributos relacionados con su función de
género: fertilidad, abundancia, vida, capacidad de creación, etc.
6
Esta
reproducción de la comunidad, además, sólo podía ser desarrollada ple-
namente en tiempo de paz. Si éste ha sido predominante en la historia
de la humanidad, a pesar de su menor visibilidad, más lo ha sido para
las mujeres, sobre todo en épocas en que la población no guerrera no se
3 BROCK -UTNE, Birgit: Feminist Perspectives on Peace and Peace Education. Nueva
York, 1989.
4 PIETILÄ, Hikka: «La contribución de la mujer como prerrequisito para una paz
duradera». En 15 años de feminismo. Poder y libertad. Partido Feminista de España, 1990,
p. 19.
5 MAGALLÓN PORTOLÉS: «Hombres y mujeres: el sistema sexo género y sus
implicaciones para la paz». Mientras tanto, 54 (1993), 61-76.
6
MARTÍNEZ LÓPEZ, Cándida: «Eiréne y Pax. Conceptualizaciones y prácticas
pacíficas de las mujeres en las sociedades mediterráneas antiguas». Arenal, 5.2 (1998)
239-261.

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veía tan directamente implicada. Por tanto, al estudiar a esta mitad de la
sociedad, por su tradicional papel de género ajena al ejercicio de la guerra
y cuyo ambiente «natural» era la paz, hallamos que el estudio de las mujeres
suele implicar el estudio del ámbito de la paz, frente a los que habitualmente
han sido considerados objetos de estudio más interesantes: los varones
y la guerra. Al mismo tiempo, el estudio de las mujeres se asocia a otros
colectivos –de varones y mujeres– tradicionalmente también excluidos
de los ámbitos de decisión públicas y de la guerra, que ahora adquieren
protagonismo y cuyo ambiente habitual era el de la paz. Los Estudios
de las Mujeres y los Estudios de la Paz se dan la mano.
Por tanto, ya tengamos en cuenta, en relación con las mujeres, el
concepto de paz negativa, siendo éste el ámbito tradicional de las mujeres,
ya nos fijemos en la paz positiva, que conlleva la igualdad y el desarrollo
de todas las personas en un mundo sin violencia estructural, hallamos que
los estudios de las mujeres y los estudios de la paz convergen estrecha-
mente. En este sentido, los Estudios del Género son también Estudios de
la Paz.
Las investigadoras que componen el Instituto de Estudios de la Mujer
están llevando a cabo desde sus inicios una intensa actividad investigadora,
cuyos resultados han sido divulgados en diversos foros nacionales y
extranjeros, así como por la colección Feminae, y se han manifestado
también en la dirección y elaboración de tesis doctorales realizadas bajo
los presupuestos metodológicos de los Estudios de las Mujeres y del
Género. De este modo, se han realizado importantes contribuciones para
entender el origen y desarrollo de las desigualdades de género. Funda-
mentalmente en torno a temas como teoría y metodología de los Estudios
de Género, mujeres y patrimonio, familia, fuentes y documentación para
los estudios de las mujeres, el acceso a los ámbitos públicos de decisión,
los estudios de las mujeres en España, educación, rituales, espacio y
producción domésticas, salud, etc. Las investigaciones del Instituto de
Estudios de la Mujer contribuyen, por tanto, implícitamente a la com-
prensión de la paz positiva.
Más explícitamente, desde febrero de este año 2000, declarado por
Naciones Unidas Año Internacional de la Cultura de la Paz, se viene
desarrollando un Proyecto de Investigación titulado Las mujeres y la paz.
Génesis y evolución de conceptualizaciones, símbolos y prácticas, for-
mado por investigadoras del Instituto de Estudios de la Mujer y del Instituto
de la Paz y los Conflictos, y financiado por el Instituto de la Mujer, dentro
del Plan Nacional I+D, Programa Sectorial Estudios de Estudios de las
Mujeres y del Género. Por medio de este proyecto se pretende analizar
tanto la relación de las mujeres con el concepto de paz como las prácticas
pacíficas de mujeres, contribuyendo al conocimiento de esta antigua e
íntima conexión entre mujeres y paz desde los inicios de la civilización
occidental.
Por otro lado, mediante la docencia, así como mediante la divulgación,
el Instituto comparte con el resto de la sociedad estos resultados y objetivos,
modificando las perspectivas educativas. El Instituto de Estudios de la
Mujer ha venido organizando desde sus inicios numerosos coloquios,
cursos, seminarios, etc. sobre temáticas de Estudios de las Mujeres, que
han servido tanto como punto de encuentro entre investigadoras como
para divulgar estos resultados, al tiempo que ha ofrecido formación puntual
sobre temas determinados. Desde 1990, el programa de doctorado Estudios
de la Mujer ofrece una formación específica desde una perspectiva crítica
feminista en el más alto nivel académico, mientras que la progresiva
incorporación de la categoría de género a los programas de estudio de
las licenciaturas permitirá abrir nuevas perspectivas metodológicas y
conceptuales a todos los estudiantes. No hay que olvidar que la Universidad
es una gran formadora de formadoras/es y, por tanto, los cambios me-
todológicos y de contenido en los estudios universitarios se extienden a
todos los ámbitos y niveles educativos. De ahí que sea esencial la intro-
ducción del concepto de género y el estudio de las aportaciones de las
mujeres desde los mismos principios de la formación de una persona. La
educación tiene una importancia vital para la asunción por parte de la
sociedad de los objetivos que viene defendiendo el feminismo y, por tanto,
para la consecución de la paz estructural. La educación para la igualdad
de las mujeres es educación para la paz.
En última instancia, como resultado de esta docencia e investigación
ha de producirse la «feminización» de la Universidad. Feminización en
el sentido de que las mujeres alcancen la igualdad real, ya sea como objeto
de estudio, ya sea en su presencia real en este ámbito académico, como
alumnas, investigadoras y docentes; feminización en el sentido de que
la Universidad asuma como propios los objetivos y planteamientos del
feminismo. El Instituto contribuye a dicha feminización, en la que aún
queda mucho camino por recorrer, tanto a través de la inclusión de los
Estudios de las Mujeres y del Género en los contenidos académicos y
de la aportación de las investigaciones, como a través de la formación
específica de investigadoras/es y docentes universitarias/os que compartan
estos objetivos. Por un lado, la aportación del Instituto en docencia e

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investigación, «feminiza» tanto los estudios como el conocimiento, con
la implicación, ya señalada, que esto tiene para una extensión de la igualdad
de las mujeres y de la cultura de la paz. Por otro, el acceso de las mujeres
al ámbito institucional universitario, implica su acceso a los espacios de
toma de decisiones en la Universidad y, por extensión, de la sociedad
en su conjunto. La incorporación de mujeres y hombres con valores y
actitudes feministas puede contribuir al desarrollo de una nueva forma
de ejercer la docencia y el poder.
Por otro lado, la visibilización de las experiencias pacíficas de las
mujeres, tanto en sus prácticas cotidianas como en su actividad pública
en favor de la paz, contribuye a «descubrir» pautas de relaciones sociales
y de regulación y resolución pacífica de conflictos, como la paciencia,
la caridad, el cuidado, la compasión o la mediación, vinculados estrecha-
mente al tradicional papel de género de las mujeres. La igualdad de las
mujeres no ha de producirse «masculinizándolas», sino que debe incor-
porar a la sociedad en su conjunto estas experiencias femeninas positivas.
Los objetivos del feminismo incluyen implícita y explícitamente los de
la paz positiva. El acceso de las mujeres a la esfera pública debe conllevar
un cambio profundo en los valores de la sociedad, y éste es un objetivo
del feminismo. La igualdad en el ámbito universitario, en la que trabaja
el Instituto de Estudios de la mujer, contribuye, de este modo, a la igualdad
general de las mujeres y, por tanto, a cumplir una de las condiciones
esenciales de la paz positiva.
En suma, el Instituto de Estudios de la Mujer de la Universidad de
Granada contribuye de manera especial a la extensión de una cultura que
se marca como objetivos la igualdad y la justicia para todo el conjunto
de la sociedad y, por ende, a la extensión de la cultura de la paz en su
sentido más amplio.