Informe presentado a Marta Altoalaguirre de la Comisión interamericana de Derechos Humanos por la Ruta pacifica de Mujeres colombianas
Las mujeres no queremos parir
mas hijos e hijas para la guerra
Medellín ciudad sitiada por los actores del conflicto armado colombiano:
El conflicto urbano que desde hace más de 2 décadas vive la ciudad de Medellín y su área metropolitana ha venido durante los dos últimos años, experimentando cambios que lo hacen imposible de análisis si no se relaciona directamente con la evolución del conflicto armado colombiano.
La ciudad se ha convertido en territorio en disputa por paramilitares y guerrilla, quienes han dirigido su estrategia militar hacia la ciudad y han desatado una guerra a muerte por el control económico, social y político de los sectores marginados de la ciudad y que tienen una ubicación estratégica para dominar los corredores de acceso y salidas de Medellín a otros lugares del departamento y del país.
En Medellín desde la década de los 80s comenzaron a formarse bandas de delincuentes comunes con el respaldo financiero del “cartel de Medellín” bandas que al mando de Pablo Escobar realizaban ocasionalmente asesinatos selectivos de dirigentes comunales, sindicales, etc. y que su principal “trabajo” era el negocio del narcotráfico; con la desarticulación del cartel, quedaron estas bandas controlando los territorios y sin mayor control.
Existía por el mismo tiempo una presencia muy baja de milicias urbanas, algunas conectadas directamente con los grupos insurgentes, otras de carácter independiente, estas milicias urbanas fundamentalmente realizaban labores de apoyo logístico para la guerrilla en el campo.
Durante los años 1994 y 1995 se lograron en Medellín algunos “pactos de no agresión” entre bandas delincuenciales y algunos procesos de “desmovilización” con sectores de milicias urbanas; que de alguna manera establecieron una relativa calma en la ciudad.
Sin embargo desde el año de 1998, se han venido rompiendo esos pactos y se ha agudizado el conflicto con la puesta en marcha del proyecto paramilitar de “coptar” las bandas delincuenciales y hacerlas trabajar para las ACCU.
Según datos de la Fiscalía General de la Nación, en Medellín “existían para el año 1999 228 bandas, de las cuales 116 actuaban en los sectores nororiental, centro-oriental de la ciudad”.
Tanto los paramilitares como las milicias de las FARC, del ELN, e incluso la policía realizan “alianzas” ó “negocios” con las bandas delincuenciales para ejercer el control territorial, económico y de la comunidad que habita estos sectores.
Se urbaniza el conflicto armado:
En esta nueva estrategia de los actores del conflicto, casi todas las bandas que existían en Medellín, se han plegado a la estructura militar del bloque metro de las autodefensas, y allí donde aún quedan bandas que bien no se plegaron o que habiendo trabajado para los paramilitares, como “la terraza”, luego entran en enfrentamiento con ellos por el control económico y social del territorio, o en los sectores donde aún queda expresión de milicias urbanas ligadas fundamentalmente a las FARC y al ELN, la guerra es sin cuartel.
Y en esta guerra sin cuartel la más afectada es la población civil y particularmente las mujeres, niñas y niños.
Sectores más críticos de la ciudad, en cuanto a la urbanización del conflicto armado:
La zona noroccidental de Medellín, donde los paramilitares han encontrado resistencia armada de la “Banda de Frank” que se niega a trabajar para ellos y a entregarles el negocio de las “vacunas” a los transportadores; esta parte de la ciudad es estratégica en tanto que limita con el municipio de San Felix, por donde se llega hacia el municipio de San Pedro de los Milagros y se enruta hacia la zona de Urabá, es de anotar que esta zona tiene dominio fundamentalmente de los grupos paramilitares.
La parte alta de la zona centroccidental de Medellín, hay presencia de milicias de las FARC, del ELN, de los comandos armados populares –CAP- y de los paramilitares; la importancia de esta zona es clave para todos los actores armados del conflicto ya que se conecta con la Vía al Mar, la zona portuaria de Urabá y los corredores estratégicos del Nudo del Paramillo, la cordillera Occidental y el departamento del Chocó; allí se está desarrollando el megaproyecto del Túnel de occidente y es un área en la que existen numerosos barrios marginados y llamados subnormales o de invasión.
Parte alta de la zona nororiental de Medellín la guerra es de los paramilitares con milicias tanto de las FARC, como del ELN que se han instalado en estos sectores de tiempo atrás y entre algunos reductos de bandas delincuenciales que no han sido “coptadas” plenamente por los paramilitares.
El anterior contexto, nos sirve para entender cómo la violencia contra las mujeres en la ciudad de Medellín y su área metropolitana, proviene de los distintos actores del conflicto armado, ellas sufren los efectos directos e indirectos de la confrontación.
Para nosotras no cabe duda que el constructo patriarcal de la guerra, exacerba y agudiza la violencia contra las mujeres, con un agravante y es el silencio de la mayoría de la sociedad frente a estos crímenes, asunto que se facilita por la existencia de una cultura que discrimina y subordina a las mujeres; y por obstáculos de todo orden, políticos, económicos, sociales, culturales y sobre todo jurídicos que contribuyen a la impunidad.
Infortunadamente, aún no contamos con cifras, datos y estadísticas que nos den cuenta de esta situación en la ciudad de Medellín, pues los que existen están dispersos en diversas instituciones públicas y privadas, y en la mayoría no existe un análisis desde la perspectiva de género que nos permita comprender mejor el fenómeno. Sin embargo la falta de datos y de denuncias legales, no significa que la violencia contra las mujeres se haya superado, muy por el contrario se ha incrementado.
Poder acercarnos a la verdad de lo que está sucediendo es difícil en medio del conflicto porque además del miedo por posibles retaliaciones si se denuncia, existe en las mujeres una desconfianza creciente en los organismos estatales para denunciar, las mujeres de los barrios saben de la complicidad por acción u omisión, en algunos casos, de la policía con paramilitares y/o con las bandas que han sido coptadas por ellos.
Las mujeres y las niñas, son víctimas de violaciones a sus derechos humanos, entre otras muchas razones, por vivir en los territorios en disputa, por tener, o ser acusadas de tener, relaciones afectivas o familiares con alguno de los actores armados, por ser líderes comunitarias, pero fundamentalmente por su condición de mujeres.
Violación al derecho a la vida:
A diciembre 7 han sido asesinadas 3689 personas en el Área Metropolitana que comprende 10 municipios, de éstas 2768 han sido asesinadas en la ciudad de Medellín, de éstas 196 fueron mujeres y según el rango de edad: 30 eran niñas y jovencitas menores de 17 años, 89 estaban entre los 18 y los 30 años, 49 entre los 31 a 45 años, 23 entre los 46 y los 60 años de edad y 5 de más de 61 años2.
No fue posible determinar dónde y cómo fueron asesinadas las mujeres pero se estableció que eran civiles, es decir, sus muertes se produjeron en la calle, en su casa, en el colegio, en su trabajo, etc.
Violación al derecho a la integridad personal:
A la misma fecha las cifras por lesiones personales en el Área Metropolitana asciende a 1623 casos, de los cuales 1119 sucedieron en Medellín, de estos casos según la misma fuente, en 233 las víctimas fueron mujeres, según rango de edad: 45 niñas y jovencitas menores de 17 años, 118 mujeres entre los 18 y 30 años, 61 entre 31 y 45 años, 12 entre 45 y 60 años y 1 de más de 60 años.
Estos datos de lesiones personales, no incluyen violencia intrafamiliar pese a que desde el año 1996 mediante la ley 294 se tipificó la violencia intrafamiliar, la policia que además es el organismo a quien la misma ley le asigna las primeras diligencias para atender la violencia intrafamiliar, no pudo suministrarnos estas cifras.
Violación a la libertad sexual y la dignidad humana:
En total en el Área Metropolitana, se reportaron 53 casos de acceso carnal, de los cuales 34 fueron en la ciudad de Medellín, en 32 de los casos las víctimas fueron mujeres, 25 menores de 17 años y 7 entre los 18 a 30 años.
Como se puede observar, es muy poca la información que nos proporcionan estas cifras, en tanto se desconocen, las circunstancias de tiempo modo y lugar que rodearon los diversos casos, los presuntos autores, etc., a ello se suma que dichas cifras sólo dan cuenta de los casos denunciados o que por alguna otra razón conoció la policía, y además deja por fuera otra serie de delitos sexuales diferentes al acceso carnal.
Otras fuentes:
Según datos del Instituto de Medicina Legal de Medellín, por lo menos 4 mujeres son asesinadas diariamente en la ciudad, dos de las cuales son además violadas; ocurren 16 violaciones sexuales diarias, sólo 4 son denunciadas y sólo una llega a ser judicializada3.
La violación sexual es utilizada como arma y los cuerpos de las mujeres como botín de guerra por todos los actores armados para humillar al contrario.
Hemos podido constatar que tratándose de las mujeres desplazadas, existe mayor vulnerabilidad de ser victimas de agresiones y violaciones sexuales, así como de ser inducidas y/o forzadas a la prostitución, debido a la particular desprotección social psicológica y económica.
Se presenta además, seducción a niñas menores y estudiantes por parte de los actores armados para involucrarlas en sus acciones.
Violación del derecho a la participación política y social
Los actores armados realizan requisas, interrogatorios, hacen presencia intimidatoria y simulada en las diferentes reuniones de los grupos de trabajo comunitario, de organizaciones de mujeres y se burlan de las mujeres cuando realizan diversas actividades y las amenazan cuando sienten que se hacen incomodas para sus propósitos.
Hay amenazas e intimidación constantes por parte de los diferentes actores armados a mujeres que desarrollan trabajos comunitarios, a mujeres dirigentes sindicales, según datos de la Escuela Nacional Sindical de todas las violaciones a los derechos humanos contra personas sindicalizadas, las mujeres como victimas representan un 20%.
Las violaciones a los derechos humanos de las mujeres en Medellín en medio del conflicto armado urbano son alarmantes y adquieren mùltiples formas:.
Las mujeres ya no sólo son victimas indirectas de la guerra, a través del asesinato de sus esposos, hijos y parientes, además de quedar con la responsabilidad económica de sus familias; también son asesinadas, desplazadas o amenazadas, acusadas de ser informantes, amantes, novias, hermanas, hijas, auxiliares, compañeras, etc. del “enemigo”.
Los actores armados, asesinan a los “enemigos” e impiden que sus madres, hermanas, hijas, esposas se acerquen a los cuerpos, y esto se facilita porque hay sectores de la ciudad donde las autoridades se tardan largas horas para ir a realizar los levantamientos de cadáveres; impiden que se realice el ritual de la velación, a los velorios llegan disparando, aumentando con esto el sufrimiento de las mujeres por sus seres queridos.
Los actores armados se toman las casas de la comunidad para esconderse, guardar armas, entrar a matar o rematar a quienes se refugian en dichas viviendas haciendo uso de la intimidación de las armas; fundamentalmente a las casas de las mujeres cabezas de familia.
Los actores armados imponen a través del terror, límites territoriales demarcados con sangre para impedir la libre movilización de las personas y particularmente de las mujeres, quienes son amenazadas e intimidades con ser violadas y asesinadas si rompen las “normas” impuestas por ellos.
Los actores armados imponen códigos de comportamiento y “morales” como la prohibición a las mujeres de usar piercing, minifaldas, descaderados, ombligueras, o cierto tipo de vestimenta y argumentan que esta es la “razón” de la violación sexual que no se “pueden contener”, que “quien las manda a vestirse así”.
En muchos sectores de la ciudad, controlados por uno u otro actor, éstos imponen “toques de queda”, amenazando que si es un hombre el que vulnera la medida lo matan y que si es una mujer quien está en la calle luego de la hora señalada, la violan. Medidas estas que han ocasionado que algunas mujeres jóvenes y adultas que estudian en establecimientos nocturnos se tengan que retirar de estudiar porque no pueden movilizarse después de determinadas horas de la noche.
Podemos ver como la guerra como expresión de la cultura patriarcal se ensaña contra las mujeres, los guerreros ultrajan sus vidas y sus cuerpos, refuerzan los “valores” tradicionales y conservadores de discriminación, los actores armados utilizan la violencia contra las mujeres de todas las edades, no solo para imponer el poder de las armas y el terror sino también para perpetuar la dominación de los varones sobre las mujeres.
Se presenta para la mujeres como consecuencia de la guerra, un gran desarraigo social, pérdida de identidad como individuo, como ciudadana y como sujeta de derechos, se afecta su salud mental al multiplicarse los miedos, las angustias, las perdidas de sus seres queridos y de su autonomía, la incertidumbre y las preocupaciones; presentándose dándose una ruptura del tejido social, familiar y comunitario.
En palabras de la abogada feminista de Costa Rica, Alda Facio: “Si la violencia contra las mujeres alcanza proporciones epidémicas en tiempos de aparente paz, no es de extrañar que en tiempos de guerra ésta no sólo aumente en cantidad sino también en perversidad, especialmente cuando esta violencia tiene connotaciones sexuales”.
Por todo ello nos planteamos la urgencia de parar la guerra y levantar nuestra voz para decir LAS MUJERES NO PARIREMOS MAS HIJOS E HIJAS PARA LA GUERRA.
Medellín, 9 de diciembre de 2001
1 Informe elaborado por: Diana M. Gutiérrez Londoño, Abogada de la Corporación para la Vida Mujeres que Crean, integrante de la Ruta Pacìfica de las Mujeres por la Resolución Negociada del Conflicto Armado. E-mail: cmqc@epm.net.co. Teléfono ++ 594 2844079. Dirección: Carrera 48 nùmero 63 A 60 Medellìn, Colombia.
2Cifras del Centro de Investigaciones Criminológicas de la Policía Metropolitana del Valle de Aburrá.
3 Noticias difundidas en el periódico El Colombiano en noviembre de 2000
