El tema de la violación sexual es un tema político, no es un tema cultural y además tiene su propia dinámica, afirmó aquí Zainab Salvi de la Organización Internacional Mujeres (OIM) para Mujeres.
Zainab, quien ha investigado ampliamente la situación de la mujer durante la guerra y sobre la mujer en desarrollo, fue todavía más contundente: “es raro que se reconozca que la violencia contra la mujer, tanto en zona de paz como en zona de guerra está vinculada, es una larga cadena de hechos y actitudes que tienen un efecto dominó en todas las mujeres del mundo”.
Se habla y la Unicef tiene claro que el 90 por ciento de las víctimas de las guerras modernas son civiles. La mayoría de este porcentaje son mujeres y niños. Más de 80 por ciento de los refugiados pertenecen también a este grupo.
Sin embargo, lo que no vemos es cómo la guerra afecta la vida cotidiana de las mujeres; cuando sus maridos, hermanos e hijos regresan del frente o de las tropas internacionales que se encargan del mantenimiento de la paz ya no son los mismos. Después de violar, no pueden ser los mismos.
Ella, ante la audiencia del Foro Mundial de Mujeres contra la Violencia, convocado por el Centro para el Estudio de la Violencia que preside la Reina Sofía de España, afirmó convencida: los Cascos Azules tienen en su haber denuncias de violación a mujeres. Ninguno se escapa.
La violencia en las zonas de conflicto armado tiene un efecto directo cuando las mujeres se convierten en el blanco inmediato, pero existen otros resultados indirectos: aumenta la violencia doméstica, el tráfico de mujeres, la pornografía, entre otras. Todas estas cuestiones afectan la vida diaria.
Parece no estar en el itinerario del análisis. Se habla de las "pobres" en conflicto armado. ¿Y las demás, y ellas mismas cuando llega la paz?.
La iraquí,
no mayor de 35 años, parecía convencida de llegar al fondo:
Para entender
la diferencia existente entre las mujeres en zonas de conflicto armado
y en zonas sin guerras, necesitamos, en primer lugar, comprender las razones
sociopolíticas que se esconden tras el uso de la violación
durante la guerra.
Ejemplos simples: la violación en la guerra se emplea para demostrar desigualdad en las relaciones de poder, entre oponentes; se inflige el asalto sexual no sólo como humillación física, sino para lesionar la identidad, el honor y el patrimonio.
Se utiliza
el cuerpo de la mujer como tierra de su nación, si la tierra es
derrotada, el vencedor actúa. Pero además al asociarse el
cuerpo de la mujer si es derrotado uno, la tierra también. Los soldados
igualmente violan con el objetivo de reafirmar su masculinidad y hombría
ante sus compañeros. La violación se usa para proveer de
servicios sexuales a los
soldados del ejercito.
Sirve para esclavizar y obligar a las mujeres a trabajar como sirvientas. Eso sucedió en la Segunda Guerra Mundial y en Serbia, recientemente, con la creación de "Centros de Violaciones en su guerra contra Bosnia”. Es un instrumento de venganza.
Pero es más que todo eso. La codificación de las mujeres durante la guerra es lo que perpetua el continuo uso de la violencia contra la mujer. No sólo en tiempos de posguerra, sino que se extiende a todas las mujeres de todo el mundo.
La actitud del violador es a menudo adoptada por los hombres de la sociedad derrotada, por las tropas internacionales e, incluso, por los líderes internacionales. Nadie lo ve como un grave problema, nadie lo considera como un crimen contra toda la humanidad.
Esa y no otra es la violación. La especialista con trabajo en Bosnia, Ruanda y Kosovo, afirmó que la mayoría de las supervivientes a la violación contaron sus historias asegurando que eran otras y no ellas, nunca ellas. Esta actitud demuestra que intentan protegerse de la presión emocional y el trauma que desata recordar que ellas fueron las verdaderas víctimas.
Por eso propuso al final que hay que trabajar en la conciencia de los militares, además de todas las otras cosas que hay qué hacer. Hay que hablar sin cesar en las áreas exentas de conflictos. Hay que mantenerse a flote, tener miles de testimonios, actuar coordinadamente, defender la identidad de las mujeres. Sobre cada uno de estos temas, habrá una resolución.
Atrocidades físicas sufren
las mujeres afganas
Algunos grupos les sacan los ojos
y cortan sus pechos
Por Mirta Rodríguez Calderón
Valencia, 23 de noviembre de 2000
Un auditorio sobrecogido y contrito formado por más de mil mujeres y no más de cinco decenas de hombres escuchó el miércoles el testimonio de Huma Saeed, mujer de menos de 40 años que preside la Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán. RAWA (http://www.rawa.org)
Sus palabras, vividas y dichas desde el fondo del alma, develaron algunos de los horrores a que son sometidas las mujeres afganas como resultado del gobierno de los talibanes, un nuevo fascismo apoyado en un machismo donde una niña de tres años puede ser obligada a ver cómo flagelan a su madre.
Las mujeres no tienen derecho al trabajo ni a visitar a un médico varón. Caminar taconeando, reír de modo que se escuche, o andar "sin humildad" puede ser motivo para recibir los más crueles castigos y sanciones.
La intervención
de Huma Saeed arrancó lágrimas y expresiones de horror a
tal grado que, de pie, el Foro Mundial de Mujeres contra la Violencia tributó
a la ponente con un rotundo y prolongado aplauso, un homenaje de reconocimiento
y solidaridad con sus congéneres afganas, y con ella misma cuyo
valor de expresarse nadie sabe cuánto podrá costarle en el
futuro próximo.
Desde hace
nueve años su país --dijo Huma-- se encuentra bajo el dominio
de las fuerzas más oscurantistas que --por demás-- justifican
sus excesos a nombre de la religión y de la cultura. “El mío
es un país donde las mujeres se han visto forzadas a prostituirse
o a mendigar; hay miles de huérfanos, los fundamentalistas han violado
incluso a niñas de seis años y ancianas de
más de 60, hay madres que sacrifican a sus hijas
para evitarles una vida tan horrible”.
Barbaridades de igual magnitud provienen también de los grupos de jehadi, igualmente fundamentalistas, quienes sacan los ojos, clavan clavos en la cabeza y cortan los pechos de las mujeres.
En el plano conceptual Huma Saeed subrayó que “los fascistas religiosos afganos no sólo abolieron legalmente los derechos humanos de las mujeres, sino que cometieron crímenes contra ellas que no tienen precedentes en los anales de la historia”, de este país.
Dijo que a pesar de las crueldades conocidas antes por argelinas, sauditas sudanesas, iraníes y egipcias, los talibanes rompieron los linderos del horror a extremo tal que en “Arabia Saudita e Irán se sienten avergonzados” y se han visto obligados a decirles a estos salvajes que sus acciones “denigran al Islam”.
El territorio afgano, por demás es hoy una base de terrorismo internacional y campo de cultivo y exportación de heroína y hachis para todo el mundo.
Desde el enfoque político internacional Huma Saeed increpó a Estados Unidos : “Aunque el presidente Clinton ha expresado muchas veces su preocupación por la mísera situación en la que viven las mujeres afganas desde que los talibanes accedieron al poder, el gobierno estadounidense no toma medidas eficaces para frenar agresiones misóginas”.
La intervención de la valerosa mujer afgana se produjo en la primera sesión de trabajo del Foro Mundial de Mujeres contra la Violencia organizado por el Centro Reina Sofía de Valencia.
El panel estuvo
también formado por otras muy destacadas luchadoras, expertas y
funcionarias quienes abordaron la problemática de la violencia doméstica
como problema de derechos humanos, esencialmente revisaron sus implicaciones,
orígenes y consecuencias e hicieron sugerencias para evitar las
agresiones en la población femenina.
60 millones de mujeres han muerto
por discriminación de género
En EEUU una mujer es maltratada
cada nueve segundos
Por Sara Lovera
Valencia, 23 de noviembre de 2000
Los hechos
y las cifras son asombrosos: aproximadamente 60 millones de mujeres que
deberían estar vivas han
"desaparecido" debido a la discriminación de género;
en Estados Unidos una mujer es maltratada por su pareja cada nueve segundos;
cada día seis mil niñas sufren mutilación genital;
en la India cinco mil mujeres mueren cada año en los "asesinatos
de dote".
Con esta patética introducción, Noeleen Heyzer, directora del Fondo para el Desarrollo de la Mujer de Naciones Unidas (Unifem) abrió la primera mesa redonda del Foro Mundial de Mujeres contra la Violencia al que asisten participantes de 110 países del mundo y que fue organizado por el Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia.
La directora de Unifem agregó que las mujeres del norte y del sur viven con el riesgo de sufrir daños físicos, un riesgo que no tiene equivalente directo para los hombres. En casi todas las naciones la violencia o la amenaza de ella, sobre todo en el hogar, limita y reduce las opciones para las mujeres y las niñas.
El fenómeno afecta a las mujeres durante toda su vida, desde antes del nacimiento, agregó ante un auditorio atónito, que durante toda la primera jornada habría de ir comprobando un hecho tras otro.
Durante 20 años se ha conseguido descorrer todas las cortinas que ocultaban un problema que ya ha llegado a todas las pantallas y a todos los medios, pero lo grave, dijo la funcionaria de Naciones Unidas, es que no se corrige, trasciende las fronteras, esta en la paz y en la guerra, en países ricos y pobres ¿que pasa? ¿dónde esta la raíz de esta situación?
Las cifras iban y venían de Londres a El Salvador, de la Argentina a Bangladesh. Rosa Logar, de Austria, cofundadora de la Asociación Violencia contra la mujer en Europa, es definitiva, de los 170 millones de mujeres y niñas de la Unión Europea, entre 42 y 56 millones sufren violencia por parte de hombres cercanos a su vida.
Sofía Azim, coordinadora de la organización Naripokkho explicó un estudio, breve, sencillo, pero revelador. Datos empíricos establecen que el 60 por ciento de las amas de casa han sufrido alguna vez alguna forma de violencia.
La inglesa Liz Kelly, quien trabaja en la lucha contra la violencia desde hace 30 años, que ha publicado más de 30 libros, informes de investigación y artículos en revistas científicas, afirmó que en la historia la violencia doméstica no fue descubierta en los años 70, de ella se quejaron en Londres en 1859 y, sin embargo, se puede afirmar algo grave: muy pocos estudios disponibles permiten calcular con exactitud el alcance de cualquier forma de violencia contra la mujer.
Las estadísticas siguieron. Liz presentó las suyas. Hasta 1999 la incidencia de violencia en casa va desde el tres por ciento en Canadá hasta el 54 por ciento en Cisjordania y Gaza. En Paraguay es de nueve por ciento y llega a 67 por ciento en Papua-Nueva Guinea.
La directora general de Unifem viendo que la violencia crece pese a los refugios para mujeres, las inversiones y las leyes, señaló que urgen varias cosas, todas al mismo tiempo, como último recurso:
Que los gobiernos
actúen; que las mujeres mantengan, refuercen y desarrollen acciones
conjuntas y de solidaridad; que se eduque y capacite a la policía
y que los gobiernos locales pongan en práctica
acciones transversales.