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Capitulo II
Las Violaciones de los Derechos Humanos y Los Hechos de Violencia

Volumen 1
Estrategia y Mecanismos de las Partes

Volumen 2
Violaciones de los Derechos Humanos

Volumen 3
Violaciones de los Derechos Humanos

Volumen 4
Los Hechos de Violencia

Capitulo II: Volumen 3

 

LA VIOLENCIA SEXUAL CONTRA LA MUJER

1.

     Las mujeres fueron víctimas de todas las formas de violación de los derechos humanos cometidas durante el enfrentamiento armado, pero además sufrieron formas específicas de violencia de género. En el caso de las mujeres mayas se sumó a la violencia armada, la violencia de género y la discriminación étnica. Este apartado se refiere de modo especial a la violencia sexual contra las mujeres.

2.

     La violación sexual fue una práctica generalizada y sistemática realizada por agentes del Estado en el marco de la estrategia contrainsurgente, llegando a constituirse es una verdadera arma de terror, en grave vulneración de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario. Las víctimas directas fueron principalmente mujeres y niñas, pero también fueron ultrajados sexualmente niños y hombres. Las violaciones sexuales causaron sufrimientos y secuelas profundas tanto en las víctimas directas como en sus familiares, cónyuges y comunidad entera. Igualmente tuvieron graves efectos de carácter colectivo para el grupo étnico de las víctimas.

3.

     El hecho de la violación sexual estuvo acompañado por la vulneración de muchos derechos. Por lo general, los casos de violaciones sexuales individuales o selectivas, se dieron en el contexto de la detención de las víctimas y muchas veces fueron seguidas de su muerte o desaparición. Los casos de violaciones masivas o indiscriminadas y públicas, se registraron en áreas de gran concentración indígena, como una práctica común luego de la instalación de destacamentos militares y PAC, de modo previo a masacres o como parte de operaciones de tierra arrasada. También se dieron acompañadas de la muerte de mujeres embarazadas y la destrucción de los fetos.

4.

Por su modus operandi, las violaciones sexuales originaron el éxodo de mujeres y la dispersión de comunidades enteras, rompieron lazos conyugales y sociales, generaron aislamiento social y vergenza comunitaria, provocaron abortos y filicidios, impidieron matrimonios y nacimientos dentro del grupo, facilitando la destrucción de los grupos indígenas.

 

Marco Jurídico

5.

      El derecho internacional de los derechos humanos, tanto convencional como consuetudinario, así como el derecho humanitario, protegen el derecho a la vida, la integridad física y psicológica, la libertad, el honor, la dignidad de toda persona, y prohiben cualquier discriminación o restricción de derechos por razón de sexo. Igualmente prohiben toda forma de trato cruel, inhumano o degradante, la tortura, la violación sexual y cualquier hecho basado en el género que cause muerte, daño físico o psicológico y sufrimiento sexual.

6.

     La normativa internacional ha venido desarrollado disposiciones específicas para prevenir y sancionar la violación sexual que de modo especial se vincule a los conflictos armados, asumiendo que muchas veces las partes la utilizan como táctica de guerra y terrorismo. En ese contexto, las violaciones sexuales practicadas por agentes del Estado, adquieren un carácter masivo y sistemático y se realizan con total impunidad.

 

El Derecho Internacional de los Derechos Humanos

7.

      La violencia sexual afecta un conjunto de derechos, los cuales tienen protección internacional. Los derechos a la vida, la integridad física y psicológica, la seguridad, la libertad personal, la dignidad y el honor, forman parte de los principios esenciales de los derechos humanos o del llamado núcleo duro, que deben ser respetados por los Estados. Estos derechos son parte del derecho convencional de los derechos humanos y forman parte del derecho consuetudinario internacional.

8.

     Así, la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 establece en su artículo 3 que: "Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona", y en el artículo 5 señala que: "Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes". También sanciona que: "Toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión,..." (artículo 2,1) y prohibe toda forma de discriminación (artículo 7). Finalmente, en el artículo 12 garantiza que "Nadie será objeto de ... ataques a su honra o reputación".

9.

     El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966, ratificado por Guatemala en 1992, garantiza el derecho a la vida en el artículo 6,1 y protege el derecho a la integridad con el texto que sigue: "Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes" (artículo 7). Igualmente consagra el derecho a la libertad y seguridad personales (artículo 9,1) y a la honra (artículo 17). En el artículo 10 señala específicamente que "Toda persona privada de libertad será tratada humanamente y con el respeto debido a la dignidad inherente al ser humano". En los artículos 2,1 y 26 se garantiza el derecho a la no discriminación por motivos de raza, sexo, idioma, etc. El derecho de los derechos de los niños a recibir medidas de protección por parte del Estado también está consagrado en el Pacto, en el artículo 41, inciso 1.

10.

     El sometimiento sexual prolongado dentro de una unión conyugal forzosa o bajo condición servil, también está prohibido por el derecho internacional. Así, la Convención Suplementaria sobre la Abolición de la Esclavitud, la trata de Esclavos y las Instituciones y Prácticas Análogas a la Esclavitud de 1956, ratificada por Guatemala en 1983, prohibe que se ponga a una persona en condición servil, incluyendo la entrega en matrimonio de mujeres contra su voluntad (artículo 1,c,i, y artículo 7). Igualmente se prohiben los matrimonios forzosos o sin consentimiento en el artículo 1 de la Convención sobre el consentimiento para el matrimonio, la edad mínima para contraer matrimonio y el registro de los matrimonios de 1962, ratificado por Guatemala en 1983. 11.

     La Convención americana sobre derechos humanos o Pacto de San José de Costa Rica de 1969, ratificada por Guatemala en 1978, sanciona en su artículo 6, inciso 1 que "Nadie puede ser sometido a esclavitud o servidumbre, y tanto éstas como la trata de esclavos y la trata de mujeres están prohibidas en todas sus formas". En el mismo sentido, la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer adoptada por Naciones Unidas el 18 de diciembre de 1979, ordena en su artículo 6 que los Estados supriman todas las formas de trata de mujeres.

12.

     En el Sistema Interamericano de derechos humanos, la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer o Convención de Belem Do Pará del 9 de Junio de 1994,1  define la violencia contra la mujer en su artículo 1, como "cualquier acción o conducta basada en su género que cause muerte, daño o sufrimiento físico sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado". Al referirse a la violencia perpetrada en el ámbito público, la define en su artículo 2 como "violencia física sexual y psicológica que sea perpetrada o tolerada por el Estado y sus agentes donde quiera que ocurra".

13.

     La violencia sexual o toda forma de maltrato contra menores de edad está prohibida en la normativa internacional. La Convención sobre los derechos del Niño de 1989, ratificada por Guatemala en 1990, en su artículo 37, a) sanciona que "Ningún niño sea sometido a torturas ni a otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes...". Y tiene disposiciones específicas para la protección de niños en conflictos armados, que se les aplique el derecho internacional humanitario (artículo 38,1), que el Estado adopte todas las medidas necesarias para la protección y cuidado de niños afectados por un conflicto armado (artículo 38,4) o para su recuperación si es víctima del mismo (artículo 39).

 

Derecho Internacional Humanitario y Derechos de las Mujeres en situaciones de Conflicto Armado

14.

     En las guerras y los conflictos armados internos la violencia sexual contra la mujer ha sido ejercida de modo generalizado como arma de guerra.2  Desde la Primera Guerra Mundial,3  los Estados han reconocido reiteradamente la práctica de la violación sexual durante los conflictos armados calificándola como crimen de guerra. El derecho internacional humanitario, en su fin de humanizar los conflictos, ha desarrollado normas para prohibir expresamente toda forma de maltrato y, de modo particular, la violación sexual.

15.

     El carácter de masivo de las víctimas civiles durante la Segunda Guerra Mundial hizo que el Derecho Internacional Humanitario evolucionara acuñando el concepto de "crímenes contra la humanidad". El horror ante el holocausto conmovió a la humanidad dando razón de ser a los juicios de Nuremberg y de Tokyo que establecieron por primera vez Tribunales Internacionales para juzgar a los responsables de tales crímenes. En los estatutos del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg4  y de Tokyo se incluye la violación sexual como crimen contra la humanidad.5 

16.

Los Convenios de Ginebra de 1949, ratificados por Guatemala en 1952, contienen el artículo 3 común aplicable a los conflictos armados sin carácter internacional, el cual dispone de modo explícito que las personas que no participan directamente en las hostilidades y las que hayan quedado fuera de combate "...serán en toda circunstancia, tratadas con humanidad, sin distinción alguna desfavorable, basada en la raza, el color, ...el sexo..." y, por ende, prohibe los atentados a la vida y la integridad corporal, las mutilaciones, las torturas, los tratos crueles y los suplicios (literal a), así como los atentados a la dignidad personal, especialmente los tratos humillantes y degradantes (literal c).

17.

El Protocolo II adicional a los Convenios de Ginebra relativo a la protección de las víctimas de los conflictos armados sin carácter internacional,6  establece la prohibición "en todo tiempo y lugar" de "Los atentados contra la dignidad personal, en especial los tratos humillantes y degradantes, la violación, la prostitución forzada y cualquier forma de atentado al pudor".

18.

     La Declaración sobre la protección de la mujer y el niño en estados de emergencia y conflicto armado proclamada por la Asamblea General de Naciones Unidas el 14 de diciembre de 1974,7  "Recordando las disposiciones pertinentes de los instrumentos de derecho internacional humanitario sobre la protección de la mujer y el niño en tiempos de paz y guerra", establece en su numeral 3 que es obligación de todos los Estados cumplir "los Convenios de Ginebra de 1949, así como otros instrumentos de derecho internacional relativos al respeto de los derechos humanos en los conflictos armados, que ofrecen garantías importantes para la protección de la mujer y el niño". En su numeral 5 dispone que "se considerarán actos criminales todas las formas de represión y los tratos crueles e inhumanos de las mujeres...".

19.

     La Declaración de Viena, contenida en el Informe de la Conferencia de Derechos Humanos de Viena,8  expresó la "consternación" de la Conferencia "ante las violaciones masivas de los derechos humanos, especialmente el genocidio, la "limpieza étnica" y la violación sistemática de mujeres en situaciones de guerra, lo que da lugar al éxodo en masa de refugiados y personas desplazadas. Condena firmemente esas prácticas odiosas y reitera su llamamiento para que se castigue a los autores de esos crímenes y se ponga fin inmediatamente a esas prácticas" (párrafo 28). E insiste: "Las violaciones a los Derechos Humanos de la Mujer en situaciones de Conflicto Armado constituyen violaciones a los principios fundamentales de los Derechos Humanos y del Derecho Internacional Humanitario... Las partes en los Conflictos a menudo violan a las mujeres con impunidad, utilizando a veces la violación sistemática como táctica de guerra y de terrorismo" (párrafo 38).

20.

     En seguimiento a dicha Conferencia se adoptó la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.9  La Declaración define la violencia contra las mujeres como "todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se produce en la vida pública como en la vida privada" (Artículo 1). La Declaración hace mención a las formas de violencia de responsabilidad del Estado: "Se entenderá que la violencia contra la mujer abarca los siguientes actos, aunque sin limitarse a ellos: La violencia física, sexual y psicológica perpetrada o tolerada por el Estado, donde quiera que ocurra" (Artículo 2, literal. c).

21.

      En la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer se estableció la llamada Plataforma de Acción de Beijing,10  la cual reitera que "las violaciones de los derechos humanos de la mujer en situaciones de conflicto armado son violaciones de los principios fundamentales de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario ... incluyendo la violación sistemática de mujeres en situaciones de guerra", condena dichos crímenes, señalando que "...las mujeres y las niñas se ven particularmente afectadas a causa de su condición en la sociedad y su sexo. Las partes en conflictos a menudo violan a las mujeres con impunidad utilizando a veces la violación sistemática como táctica de guerra y terrorismo" y propone: "Aplicar y reforzar las normas enunciadas en los Instrumentos Humanitarios y los Instrumentos Internacionales de Derechos Humanos para evitar todos los actos de violencia contra las mujeres en situaciones de conflicto armado y en conflictos de otra índole; realizar investigaciones completas de todos los actos de violencia cometidos contra las mujeres durante las guerras, incluidas las violaciones, en particular las violaciones sistemáticas, la prostitución forzada y otras formas de agresiones deshonestas, y la esclavitud sexual; enjuiciar a todos los criminales responsables de los crímenes de guerra contra las mujeres y proporcionar compensación plena a las mujeres víctimas".

22.

     La Asamblea General de Naciones Unidas reafirma que la violación en determinadas circunstancias constituye un crimen contra la humanidad y un acto de genocidio, instando a los Estados al enjuiciamiento de los responsables.11  De su parte, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA considera que "la utilización de las violaciones sexuales como arma de terror constituyen un crimen contra la humanidad bajo el derecho internacional consuetudinario".12 

23.

     La experiencia del establecimiento del "Tribunal Internacional para el enjuiciamiento de los presuntos responsables de violaciones graves del derecho internacional humanitario, cometidas en el territorio de la ex Yugoslavia a partir de 1991" sienta un valioso precedente al tipificar los crímenes cometidos contra las mujeres durante un conflicto armado interno o internacional como crímenes de lesa humanidad.13  Los crímenes de lesa humanidad se definen como "actos inhumanos de carácter gravísimo, tales como el asesinato, la tortura o la violación, cometidos como parte de un ataque generalizado o sistemático contra la población civil por razones naciones, políticas, étnicas, raciales o religiosas". El tribunal proscribió las "violaciones y otras formas de agresión sexual generalizadas y sistemáticas, incluida la prostitución forzada".14 

24.

     El Tribunal Internacional de Bosnia también ha considerado como crimen contra la humanidad casos de violación sexual.15 

25.

En síntesis, la violación sexual está proscrita por el derecho humanitario como crimen de guerra y de lesa humanidad.

La violencia de género

26.

     En este apartado se aborda específicamente la violencia sexual contra mujeres por constituir una violación de los derechos humanos. Sin embargo, debe contextuarse dicha violencia en el marco de otras formas de violación de derechos que sufrieron también las mujeres, las condiciones de vida que tuvieron que enfrentar junto a sus hijos, el dolor y la experiencia del conjunto de la violencia a la que sobrevivieron.

27.

     Según los testimonios recibidos por la CEH el porcentaje de mujeres víctimas equivale a un tercio del de hombres: (25% frente a un 75% del total de víctimas de violaciones de derechos con sexo conocido. Estos porcentajes se presentan relativamente constantes en ejecuciones arbitrarias (23% de mujeres frente a un 77% de hombres) y torturas (23% frente a un 77%). En el caso de privación de libertad (21% frente a un 79%) y otras violaciones (22% frente a un 78%) el porcentaje de hombres víctimas sube y el de las mujeres baja. En la desaparición forzada, el porcentaje de hombres sube aún más (12% frente a un 88%). Como se puede apreciar en la gráfica la violencia de género se refleja de modo específico en la violencia sexual, en la que el porcentaje de víctimas mujeres alcanza el 99% de los casos registrados. El caso de muertes por desplazamiento, las mujeres víctimas superan la mitad del total de víctimas (51% frente a un 49%).

28.

Aunque un 48% de los testimonios recibidos por la CEH pertenecen a mujeres que fueron víctimas directas de la represión, la mayoría enfoca sus testimonios, no como víctimas de violaciones de sus derechos, sino como testigos de lo que les pasó a otros, porque vivir en función de otras personas forma parte de su realidad.

29.

     Es significativo tener presente que, históricamente, la violación sexual se ha considerado un "mal menor inevitable" dentro de las guerras, hasta el extremo de equiparar esta grave violación con el saqueo de bienes, presentando ambos hechos exclusivamente bajo la interpretación de "botín de guerra". Por otra parte, las violaciones sexuales contra mujeres adquieren un carácter colectivo y son causa de humillación para los pueblos, por lo que tienden a ocultarse. Ha sido sobre todo a través de la lucha de los movimientos de mujeres que la violencia específica de género ha ido visualizándose y perfilándose como una violación de los derechos humanos de las mujeres.

El dolor en silencio

30.

     Documentar la violencia sexual que sufrieron las mujeres entraña dificultades de diversa índole, pues algunas de éstas muestran en sí mismas el impacto que este tipo de agresión tuvo en ellas, en sus familias y en sus comunidades. De igual modo, para entender esta violencia específica durante el enfrentamiento armado interno en Guatemala es necesario tener presente la adscripción étnica, ya que en un gran número fueron mujeres mayas quienes sufrieron esta violencia.

31.

     Una de las principales dificultades que hubo de afrontar la CEH fue el silencio que guardan las mujeres respecto a la violación de la que fueron víctimas. Este silencio, que en la mayoría de los casos se ha prolongado durante años también ha alcanzado a los familiares más cercanos de las víctimas:

     "Nunca antes había contado que los soldados violaron a las mujeres, mucho menos que a mí también me abusaron (...) yo me voy a morir con eso (...) nadie puede saber (...) mis hijos no saben, el señor no sabe, (...) nadie sabe".16

     "No es fácil para una mujer atreverse a decir que la violaron, más difícil es para una mujer indígena".17 

32.

     De acuerdo a los testimonios recibidos, pocas mujeres indígenas víctimas de violación sexual habían socializado su dolor con otras mujeres víctimas de la misma violencia, lo cual contribuyó a aumentar el aislamiento y el sentimiento de culpabilidad. Incluso, no se reconocía la agresión sufrida como tal. Ello se muestra en el uso de eufemismos cosificantes para referirse a la violación sexual. Las víctimas o testigos usan las palabras "pasar" o "usar" en vez de violar (los soldados pasaron con ellas, las usaron). Muy pocas identifican el hecho como "violación", es decir como agresión; lo cual, por otra parte, muestra la desvalorización de la condición de la mujer.

33.

     El sufrimiento de las mujeres víctimas de violación sexual, en la mayoría de los casos no es conocido ni siquiera por sus familiares -hijos, cónyuge, o padres- y en los casos en que es un hecho del que tiene conocimiento la comunidad a la cual pertenecen, es silenciados o negado, factor que pone de manifiesto el sentimiento de extrema vergenza presente en las víctimas sobrevivientes y en las comunidades. Además, el tiempo pasado desde que se produjeron los hechos, ocurridos sobre todo durante los ochenta, incide en que las víctimas que salvaron la vida no relaten las agresiones sexuales que sufrieron. Es conveniente recordar que se trata de hechos sucedidos, en la mayoría de los casos, hace más de quince años.

34.

     El hecho de que hayan sido agentes del Estado los autores de las violaciones -principalmente soldados del Ejército como se verá más adelante-, determina que las mujeres indígenas muestren desconfianza hacia las instituciones identificadas con el Estado, ajeno a su cultura y a su comunidad, elemento que contribuye a que las víctimas no denuncien los hechos. De otro lado, la absoluta impunidad que cubre a los responsables de las violaciones sexuales aumenta la sensación de inseguridad de las mujeres, más aún cuando quienes cometieron estos hechos, como ex miembros de PAC o ex comisionados militares, continúan en muchos casos viviendo en la misma comunidad.

35.

     El estigma que marca a las mujeres mayas víctimas de violación sexual provoca el horror al rechazo familiar o comunitario. Algunas de las sobrevivientes de agresiones sexuales se desplazaron incluso a otra comunidad precisamente para no vivir la vergenza de estar marcadas como "mujer violada". Estas mujeres han tenido que sobrevivir al miedo de "ser descubiertas", y al pánico de que otros las culpabilicen.

36.

     El máximo interés de las mujeres al relatar la violencia sexual que sufrieron lo expresan al explicar porqué cuentan su historia: "para que no les pase a otras", y para que se castigue a los responsables. Sin embargo, la falta de perspectivas de reparación, contribuye a que se mantenga el silencio.

37.

     Cabe destacar que en la mayoría de los testimonios recibidos por la CEH, las violaciones sexuales contra mujeres se mencionan como aspectos secundarios o "agregados" en los relatos de otras violaciones. Muchos de los declarantes de los casos de violación sexual son familiares directos de las víctimas o pertenecen a sus comunidades.

     "Además, los soldados tomaron a cuatro mujeres y las violaron, alrededor de unos veinticinco soldados por mujer. A ellas no las mataron pero quedaron muy enfermas".18 

38.

     No obstante las dificultades para la presentación de testimonios sobre las violaciones de derechos contra las mujeres, la CEH registra 9,411 mujeres víctimas con identificación de sexo. De estos casos, el 33% de violaciones de derechos se refiere a ejecuciones arbitrarias, ya sea individuales o en masacres, el 19% corresponde a torturas, el 18% a privación de libertad, el 14% a violación sexual, el 6% a desaparición forzada, el 04% a muertes por desplazamiento y otro 6% a otras violaciones. (Véase Gráfica 2).

Gráfica 2

Datos de los casos de violación sexual registrados por la CEH

39.

     Las cifras de violación sexual, por lo anteriormente señalado, muestran un subregistro en términos absolutos y también con relación a otras violaciones de derechos humanos. La CEH obtuvo un registro de 1,465 hechos de violación sexual. A continuación se presentan datos generales sobre las víctimas, la periodización y las regiones donde tuvieron lugar las violaciones sexuales, contra mujeres y niñas; datos que irán adquiriendo significado a través del análisis.

40.

     La violación sexual fue una práctica que coexistió con otras violaciones de derechos humanos. De acuerdo a los testimonios recibidos, la violencia sexual estuvo vinculada de modo sistemático con la privación de libertad de mujeres y con las masacres. Según los registros cuantitativos, en un 25% de casos de violación sexual la víctima sufrió ejecución arbitraria. En aproximadamente un tercio de casos de violación sexual aparece también la privación de libertad. De los testimonios se infiere que muchas mujeres que fueron detenidas y que estaban en condición de desaparecidas también sufrieron violación sexual.

     "Los soldados decían: -carne nueva nos vamos a echar-. Todas las mujeres son violadas día tras día. Lo cierto es que toda mujer capturada, de cualquier edad, era violada. A cualquier hora. Los soldados hacían fila para abusar de ellas. Después las ejecutaban y los responsables se reían de la forma en que fallecían".19 

41.

     En cuanto a la pertenencia étnica, el 88.7% de las víctimas de violación sexual identificadas que registra la CEH (con información de grupo étnico) son mayas, el 10.3% son ladinas y el 1% pertenece a otros grupos. Los grupos étnicos más afectados son: k'iche', q'anjob'al, mam, q'eqchi', ixil, chuj y kaqchikel. (Véase Gráfica 3).

Gráfica 3

Nota: Porcentaje calculado en base al total de mujeres víctimas individuales identificadas con pertenencia étnica.

42.

     En relación a la edad de las víctimas identificadas (con información de edad y sexo) registradas por la CEH, dos tercios (el 62 %) fueron mujeres adultas (entre 18 y 60 años), un tercio (el 35%) fueron niñas (entre 0 y 17 años) y el 3% ancianas. El porcentaje de menores de edad es bastante significativo y muestra cómo esta forma de violencia marcó la vida o trajo la muerte a muchas niñas. De los testimonios se desprende que muchas mujeres que sufrieron violación sexual y ejecución arbitraria estaban embarazadas. (Véase gráfica 4).

Gráfica 4

Nota: 49% de los datos no tienen certeza de edad, la gráfica incluye solo 51% de los datos.

43.

     La mayoría de violaciones sexuales se concentra durante los años 1980-1983. Se inician hacia en el segundo semestre de 1980 alcanzando el pico más alto durante el primer semestre de 1982, descendiendo significativamente, pero manteniéndose como práctica durante los años 1983-1984. Ello coincide con la política de tierra arrasada, y por lo tanto, corresponden a los departamentos de Quiché (55% de las violaciones registradas), Huehuetenango (25%), Alta Verapaz (7 %), Chimaltenango (3%) y Baja Verapaz (3%). (Véase gráfica 5).

44.

     De acuerdo a los datos recibidos por la CEH, los autores materiales de la violencia sexual fueron: miembros el Ejército, responsables de participar en el 89% del total de las violaciones sexuales registradas, miembros de las PAC, en el 15.5% de las violaciones reportadas, comisionados militares, en el 11.9%, otras fuerzas de seguridad en el 5.7%.20

Gráfica 5

Marco conceptual de la violencia contra las mujeres

45.

     Todo acto de fuerza que atente contra la vida, la integridad física o mental o la libertad constituye violencia. Cuando esos actos son dirigidos contra las mujeres porque son mujeres o porque las afectan mayoritariamente, se trata de "violencia de género"; de esta naturaleza son las agresiones sexuales que se cometen en las guerras. En el marco de la violencia específica de género, las violaciones sexuales se definen como actos de poder ejercidos en forma violenta contra personas consideradas inferiores por su género.

46.

     La violencia de género está inmersa en el contexto socioeconómico y político de las relaciones de poder. Esta violencia se fundamenta en todas las estructuras sociales donde predomina el poder masculino, incluido el Estado cuando ejerce un control jerárquico y patriarcal. Si bien esta violencia es estructural, la coyuntura de los enfrentamientos armados la profundiza en cuanto que estas circunstancias vuelven todavía más vulnerables a las mujeres. La vulnerabilidad no es intrínseca a la identidad de las mujeres, pero por tradición la sociedad les ha atribuido la debilidad y la fragilidad como "valores" propios; en realidad son las condiciones de vida las que exponen a las mujeres a las agresiones. La opresión, la explotación, la discriminación, la falta de equidad se convierten en la raíz de la vulnerabilidad de las mujeres. Además, las guerras exaltan los valores sobreentendidos en un paradigma masculino que lleva implícita la superioridad del hombre respecto a la mujer y la violencia como demostración de poder del "macho".

     "Dentro de toda la carrera militar hay una mentalidad impositiva, triunfalista, es como enseñarles que son los únicos, que no hay leyes, mucho menos dignidad y respeto. Como resultado del servicio militar los hombres se vuelven machistas, irrespetuosos, eso traía como consecuencia el violar todas las normas culturales de la familia y de la comunidad; siempre le dicen: "Aquí vas a ser hombre". Se ve la diferencia entre un joven en el servicio militar y cuando no ha ido al cuartel, en la actitud, en la conducción del trabajo".21

     "Algunas mujeres se salvaban de morir por su belleza. Si una patoja está bonita y un soldado la viola, luego le da pena matarla y si el oficial no mira la deja marchar, si el oficial está mirando igual hay que matarla".22 

47.

     Durante el enfrentamiento armado interno de Guatemala las mujeres masivamente afectadas por abusos de índole sexual pertenecían al pueblo maya; pues la consideración de inferioridad se configura también en razón de la pertenencia étnica y posición social. Finalmente, la condición de población civil frente a militares establece un tercer motivo de percepción de la inferioridad. Retomando la noción de los "valores" exaltados por el poder militar, se identifican también aquellos que violentan la identidad étnica; los más evidentes son el conocimiento y uso de la lengua castellana, la conversión forzada a la religión evangélica, el uso de la vestimenta ladina. Las mujeres mayas quedan excluidas de estos supuestos "valores" pues por el contrario, ellas tienen un papel primordial en el mantenimiento y la transmisión de la cultura de su pueblo indígena. En consecuencia, no participan de la cultura del poder, y se las desvaloriza y agrede.23 

     "Cuando vuelven del cuartel, incluso cuando piden su comida, cuando hablan con su familia ya sólo en castilla hablan, ya no quieren hablar k'iche' o mam porque les da verguenza, porque vienen ladinizados, ya no quieren aceptar su cultura. Si ella usa ropa típica, entonces hasta les da verguenza acompañar a sus esposas. Ellos sienten que son más presentables [superiores]".24 

48.

     Además, las violaciones sexuales contra mujeres fueron una práctica incluida en el entrenamiento militar. Los testimonios identifican como prostitutas a las mujeres que utilizaban para habituar al soldado a esta práctica:

     "El Ejército le llevaba putas a sus soldados y primero pasaba el subteniente y después todos los soldados durante una semana, algunos pasaban hasta diez veces. Cada tres meses las cambiaban".25 

     "Frente al destacamento sacaron a una familia de su casa y ahí pusieron algunas mujeres y pasaban con ellas, la llamaban "la pensión".26 

     "Nos hacían bingo, nos cobraban un quetzal por un cartón de bingo y eso siempre lo hacían cada vez que la compañía iba a salir destacada (...) antes del bingo hacían show unas ocho putas que ellos contrataban de las barras (...) un soldado que se ganaba (...) una puta (...) era el premio".27 

49.

     Con base en la forma masiva y sistemática, con la que el Ejército perpetró las violaciones sexuales de las mujeres, la CEH llegó a la convicción de que no se trató de actos aislados y excesos esporádicos sino sobre todo de una planificación estratégica. La desvalorización de la cual fueron objeto las mujeres resultó absoluta y permitió que elementos del Ejército pudieran agredirlas con total impunidad porque se trataba de mujeres indígenas de la población civil.

 

Violaciones sexuales perpetradas o permitidas por el Estado

50.

La violencia sexual afectó por igual a las mujeres que fueron objeto de tortura en dependencias militares o policiales cualquiera que fuera su origen étnico.

     "Mientras uno tenía relaciones con ella, algunos otros se masturbaban, otros la sobaban, le ponían las manos en los pechos, le daban golpes en la cara, otros le ponían cigarros en el pecho; perdió varias veces el conocimiento y cada vez que lograba tener sentido, veía a otro hombre encima de ella, por lo menos unos 20 judiciales la violaron; estaba en un charco de orines, de semen, de sangre, fue realmente una cosa muy humillante, una mezcla de odio, de frustración y de impotencia absoluta".28 

     "Una de las noches de cautiverio, llegaron varios de sus captores y le dijeron que esa noche iba a ser especial. La sacaron del lugar donde permanecía y fue violada por cuatro hombres. Cuando estos se fueron, se quedó el "comandante", se la llevó a otro cuarto y después de golpearla la obligó a tener sexo oral".29 

51.

     A fin de precisar los significados de este tipo de violencia, distinguimos las diferentes situaciones en que las mujeres fueron víctimas de agresiones sexuales, distinguiendo los contextos de represión masiva y represión selectiva. El marco de represión selectiva tuvo lugar cuando las mujeres fueron previamente identificadas, mientras que la represión masiva afectó a mujeres no identificadas individualmente.

Las violaciones sexuales masivas contra mujeres mayas

  52.

Las violaciones sexuales masivas contra las mujeres mayas se sucedieron de diferentes formas durante el enfrentamiento armado interno,30  permitiendo establecer los siguientes patrones de violencia sexual masiva:

  •      Las mujeres indígenas fueron víctimas de violencia sexual en sus comunidades o en áreas de desplazamiento y refugio en el curso de masacres perpetradas por elementos del Ejército, como práctica habitual, durante los años 1981 y 1982. En este último año es notoria la participación de miembros de las PAC en este tipo de hechos.
  • En otros casos las mujeres indígenas refugiadas en las montañas fueron víctimas de violaciones sexuales consumadas por elementos del Ejército y miembros de las PAC en el momento de su captura.
  •      En otras oportunidades las mujeres indígenas fueron víctimas de violencia sexual realizada por elementos del Ejército y miembros de las PAC durante detenciones colectivas en edificios públicos y religiosos ocupados por los militares. Estos hechos se repitieron, en la mayoría de los casos, a partir del segundo semestre de 1982.
  • Las mujeres indígenas fueron también víctimas de violencia sexual ejecutada por elementos del Ejército en comunidades donde se instalaron los destacamentos militares.
  • La CEH también conoció casos donde las mujeres indígenas fueron víctimas de violencia sexual cuando elementos del Ejército realizaron cateos o allanamientos de sus casas.
  • Los comisionados militares y los jefes de las PAC también cometieron violaciones sexuales en sus comunidades contra mujeres indígenas mayas.
  • Finalmente existieron así mismo casos de mujeres indígenas víctimas de múltiples violaciones sexuales bajo unión forzada.

53.

     La CEH ha podido establecer, de acuerdo con el análisis de los testimonios, que durante los años de 1981 y 1982, miembros del Ejército realizaron masacres contra comunidades indígenas, ejerciendo violencia sexual contra las mujeres. Casi en la totalidad de los casos referidos a las masacres cometidas por elementos del Ejército, los declarantes manifestaron que los militares: "violaron a las mujeres".

54.

Entre los elementos que describen cómo se llevaron a cabo las violaciones sexuales contra mujeres en el contexto de las masacres se identifica como más relevantes: la planificación, el dejar evidencias de la violencia sexual ejercida, y la extrema crueldad y ensañamiento, incluso con los cadáveres.

55.

Testimonios suministrados por miembros del Ejército fortalecen la convicción de que la violación sexual constituyó una práctica habitual e incluso sistemática, en la medida en que en algunas ocasiones fue ordenada por los mandos superiores en forma previa al ingreso de las comunidades, con instrucciones precisas acerca de la forma de perpetrarlas:

     "El oficial tiene sus grupitos de asesinos y les dice cómo tienen que matar. Hoy van a degollar o a guindar con alambres, hoy violan a todas las mujeres. Muchas veces las órdenes las dan antes (...) Violaban a las mujeres, las ponían a cuatro patas, luego les disparaban metiendo el arma en el recto o en la vagina (...) También mandaban hacer "percha" con las mujeres (...), por una sola pasan 20 o 30 soldados. Si caía bien la mujer, la dejaban ir, a otras las mataba el último que pasaba con ella (...)".31 

     "La tropa no estaba pensando en excesos, ellos más bien pensaban en violar y en robar (...) más se importaban en el saqueo y las violaciones".32 

56.

Lo anterior es de especial relevancia ya que señala con claridad cómo las violaciones se equiparon al saqueo y se adoptaron como una práctica "normal", no considerándose como "exceso".

57.

Los testimonios de los sobrevivientes coinciden en imputar la responsabilidad de estos hechos a los respectivos mandos:

     "La violaron 20 soldados, no todos quisieron hacerlo y eran insultados por los jefes".33 

58.

     La separación por sexo de las víctimas, antes de la ejecución de las masacres, es un indicador de la premeditación con que se procedía, en tanto que muestra cómo, con anterioridad a los hechos, el destino de las víctimas estaba prefijado, escogiendo el tipo de abuso a cometer en razón al género. Tanto hombres como mujeres eran ejecutados extrajudicialmente; sin embargo, las mujeres fueron previamente víctimas de violencia sexual. Este modus operandi rigió en muchas de las masacres.

59.

En la masacre de Cuarto Pueblo, en Ixcán, Quiché, realizada por elementos del Ejército el 14 de marzo de 1982 las víctimas fueron principalmente de los grupos popti', chuj, mam y q'anjob'al, pertenecientes al pueblo maya, y ladinos.

     "Separaron a mujeres y a hombres. A doce de las mujeres las dividieron de dos en dos. Cada par tenía que quedarse con cinco soldados en cada una de las seis garitas en las entradas del centro de Cuarto Pueblo. Fueron obligadas a cocinar y traer agua para la tropa. Los soldados las estuvieron violando durante 15 días. El 15 de marzo terminaron de matar a las ancianas y a las mujeres embarazadas. Se quedaron solamente las jóvenes. "Quince días vamos a estar aquí, estos quince días vamos a usarlas. Y si ustedes tienen paciencia, no se van a cansar", decía el oficial. Había turnos para que cada mujer fuera violada por cinco soldados".34 

60.

Otro ejemplo es la masacre de ixiles en Chel, Chajul, Quiché, cometida por miembros del Ejército, el 3 de abril de 1982:

     "Enseguida los soldados empezaron a separar a la población por sexo, encerraron a los hombres en el juzgado auxiliar y a las mujeres en la escuela. Entre las mujeres, seleccionaron a catorce adolescentes, las trasladaron a la iglesia donde las violaron entre varios soldados durante más de una hora".35 

61.

El 13 de marzo de 1982, miembros del Ejército y miembros de las PAC de una comunidad vecina, realizaron una masacre de mujeres, niños y niñas achís en Río Negro, Rabinal, Baja Verapaz.

     "Reunieron a las mujeres. Les pusieron marimba y las obligaron a bailar (...) las acusaron de bailar en las noches con los guerrilleros. A las mujeres jóvenes las llevaron aparte y las violaron. Luego, las obligaron a caminar (...) montaña arriba (...); a las mujeres les pegaban mucho, les decían que eran vacas, las trataban como si fueran vacas de cambiar de potrero (...), la mayoría de mujeres estaban desnudas, violadas, había mujeres que les faltaba pocos días para dar a luz y esos niños nacieron a puros golpes".36 

62.

Este modo de operar, discriminando por sexo, no fue sólo instrumentado por el Ejército en las masacres contra las comunidades, sino también en las masacres contra familias.

     "Llegaron a la casa, separaron mujeres de hombres. Las siete mujeres allí presentes fueron violadas y baleadas (...) A los hombres los mataron por el camino".37 

63.

     Otro hecho significativo fue el dejar evidencias de la violencia sexual contra las mujeres, aun después de haber sido masacradas. Esto ilustra la importancia que se concedía a que esta forma de violencia se conociese para generar con eficacia el terror. El más usual fue la desnudez y la introducción de objetos en la vagina de las mujeres o estacas que clavaban en sus vientres.

     "El soldado (...) contaba que cuando estaban las señoras muertas les subía la falda y les metía un palo en la vagina (...), a una anciana la ahorcaron con un lazo en el cuello. Estaba desnuda con un banano en la vagina (...)38  Abrieron la panza de una mujer embarazada y sacaron el nene y al nene le pusieron un palo por atrás hasta que salió de su boca".39 

64.

En los planes de campaña, el Ejército reconoció la comisión de violaciones sexuales clasificándolas como "errores":

     "Buena cantidad de errores cometidos por las tropas tales como vandalismos, violaciones, robos y destrucción de cosechas (...)".40 

65.

     En su trabajo de campo la CEH pudo comprobar que otra característica de la violencia sexual utilizada en las masacres fue la crueldad con que se llevaron a cabo, reflejando en muchos casos que se perseguía despoblar áreas y sembrar el terror. En el municipio de San Martín Jilotepeque, en un primer momento sólo escapaban los hombres ya que a ellos era a quienes principalmente detenía o asesinaba el Ejército. Sin embargo, ya en los primeros meses de 1982, los soldados empezaron a violar y asesinar a las mujeres, y a matar niños y ancianos; fue entonces cuando comenzó el éxodo de comunidades enteras.

66.

Similares rasgos muestra la masacre perpetrada en contra de miembros del grupo mam en Sacuchum de San Pedro Sacatepéquez, San Marcos, que elementos del Ejército llevaron a cabo entre el 3 y 4 de enero de 1982:

     "Había diez verdugos (...), eran de Oriente. Hacían turnos para matar a la gente. Mientras cinco mataban, los otros cinco se venían a descansar. Como parte de su descanso tenían turnos para violar a dos señoritas (jóvenes de 15 y 17 años). Al darles muerte les dejaron sembrada una estaca en los genitales".41 

67.

Lo anterior también se observó en una masacre contra miembros del grupo k'iche' en San Antonio Sinaché, Zacualpa, Quiché, realizada por elementos del Ejército y miembros de las PAC el 16 de marzo de 1982 :

     "Yo vi con mis propios ojos que las mujeres y las señoritas fueron violadas porque estaba escondida detrás de una casa (...) Los soldados iban violando a las mujeres que encontraban casa por casa (...); después de esto, todas las mujeres huían por temor que nos fueran a matar".42 

68.

     Tanto en el contexto de las masacres como en otras circunstancias extremas, algunas mujeres entregaron su cuerpo para intentar salvarse ellas o a sus hijos. Aquí el cuerpo de la mujer se convierte nuevamente en una mercancía, lo único que poseían para "negociar" era su vida.

     "Algunas mujeres se ofrecían para que no las mataran, pero sólo se salvan algunas bonitas".43 

69.

Durante la masacre de Paquix, Sacapulas, Quiché, ejecutada por elementos del Ejército en febrero de 1982, cinco mujeres miembros del grupo indígena maya k'iche' lograron sobrevivir tras ser víctimas de violación colectiva y múltiple:

     "Iban sólo mujeres y niños en ese grupito, las agarraron unos soldados en un bordo, las desnudaron y las violaron (...); lo hicieron delante de los niños, los niños llegaron contando eso, los mayores en medio de tanta pena decían que ya no anduvieran contando eso, que ya no lo digan más, pero ellos decían que vieron lo que hicieron a las mujeres (...) Las dejaron vivas, las dejaron que se fueran con los niños".44 

70.

En mayo de 1982 soldados del Ejército violaron a una mujer mam de 20 años en el municipio de San Ildefonso Ixtahuacán, departamento de Huehuetenango:

     "Le dijeron a ella: -Quítate la ropa, pero apúrate; y ella empezó a llorar. Después de violarla, no la mataron, la dejaron libre".45 

71.

Quienes participaron en las acciones de represión contra las comunidades indígenas dan cuenta de cómo la violación sexual contra mujeres y niñas era una práctica usual, y muestran la responsabilidad de la cadena de mando por la planificación, dirección y ejecución de dichas agresiones:

     "Llegamos como a las seis de la mañana (...), había un poco de gente, pero todos se escaparon cuando no más vieron que iba entrando la columna de soldados, empezaron a sonar una campanita (...) y la gente que no le dio tiempo salir (...), nosotros agarramos dos (...) llegamos a una casita (...) encontramos a dos mujeres allí dentro, una como de 25 años, y una patojita como de unos diez o doce años (...), encontramos unos papeles de subversivos (...), el capitán ordenó que dos soldados agarraran a la patoja esa y él la violó, así, él se arrodilló, con calma se quitó su equipo, se bajó su pantalón, la agarran bien muchá, les dijo, él violó a la pequeña y después la dejó para que la siguieran violando los demás y la otra pues la violaron los demás (...), después (...) las mataron".46 

72.

La desvalorización y degradación de la mujer indígena en el lenguaje castrense utilizado durante la época del enfrentamiento armado llegó a tales niveles que la mujer era conceptualizada como "carne":

     "Encontramos a una señora: usted es guerrillera, le dijo el subteniente (...), llamé a un soldado de primera (...), le dije: hágase cargo de la señora, le dije, y es un regalo del subteniente, enterado mi cabo (...), llamó a los muchachos y dijo: hay carne muchá, entonces vinieron, agarraron a la muchacha, le quitaron al patojito y la violaron entre todos, en violación masiva, luego matan a la señora y al niño".47 

73.

     Las operaciones de tierra arrasada forzaron al desplazamiento permanente, numerosas comunidades indígenas huyeron hacia las montañas, siendo perseguidas, cercadas militarmente y sometidas a constantes ataques por parte del Ejército y miembros de las PAC. Las huidas fueron continuas, así como la destrucción de los alimentos y bienes de supervivencia. En cada una de las acometidas, los militares capturaban a personas, en su mayoría ancianos, mujeres y niños que eran los grupos que más dificultades tenían para la fuga. Los hombres y jóvenes eran interceptados con más frecuencia cuando arriesgaban sus vidas en busca de alimentos.48 

74.

     La mayor responsabilidad de las mujeres durante las huidas, fue cargar a sus hijos e hijas, al igual que los pocos utensilios de cocina de los que disponían, lo que las hacía más vulnerables a resultar violadas, heridas, muertas o capturadas. Las mujeres embarazadas o que acababan de parir estuvieron mucho más expuestas a ser víctimas:

     "Estaba embarazada, la violan, luego le cortan con cuchillo degollándola y finalmente le abren el vientre, ya tiene ocho meses de embarazo, y le arrancan el niño".49 

     "Había vigilancia pero sobre todo los ancianos y mujeres que cargaban giros50  no lograron salir. Ella estaba dando de mamar a su bebé de tres meses, la violaron, cortaron sus pechos, al bebé también lo mataron".51 

75.

La violencia sexual y las ejecuciones, en el contexto de la huida, también tuvieron lugar en muchas comunidades que se desplazaban ante las advertencias sobre la posible llegada del Ejército:

     "La vigilancia dio aviso de que llegaba el Ejército. El marido salió corriendo, ella se queda con dos chiquitos, es alcanzada por una bala que hace impacto en una de sus piernas y cae, los soldados la sujetan, la levantan y la desnudan completamente. Entre todos hacen una rueda y uno por uno la violan, después de que todos "pasan por ella", uno de los soldados saca su cuchillo y la degolla".52 

     "Tenemos que ir a las montañas porque el Ejército estaba por llegar a la comunidad. Dormimos la primera noche bajo un árbol, al día siguiente seguimos caminando. Tenemos hambre y vemos una casa y paramos a descansar. Los soldados rodearon la casa, sólo estamos mi mamá y mis hermanos menores que yo. Me agarraron a mí, tenía nueve años, y a mi madre, nos violaron entre todos los soldados. Después nos encerraron en la casa, colocaron basura en la puerta, rociaron gasolina en el techo y prendieron fuego. Logramos salir y nos fuimos a las montañas seis días sin beber agua ni comer nada. Regresamos a la comunidad, nos habían robado todo".53 

76.

     Las violaciones sexuales revistieron modalidades crueles en extremo. El objetivo de los militares era el castigo ejemplar, sembrar el terror. El Ejército identificó a la guerrilla con la población maya refugiada en las montañas y en nombre de la guerra contrainsurgente cometió graves violaciones. Muestra de ello fue encontrar los cadáveres de las mujeres desnudos, mutilados y con hemorragias vaginales.

     "Fue violada a saber por cuántos soldados, le puyaron su lengua, le sacaron sus oídos y sus ojos, le quitaron los pechos y los dejaron encima de una piedra, le sacaron la planta de los pies (...) Llevaba puyones por todo el cuerpo, la dejaron colgada de un palo, desnudo lo que quedaba de su cuerpo".54 

     "La encontramos desnuda, sangrando, y con un palo largo metido en la vagina".55 

77.

     En los lugares de desplazamiento el Ejército realizó una brutal cacería por ríos y barrancos, reiterando la violencia sexual contra las mujeres. Como muestra de ello tenemos los siguientes testimonios recibidos por la CEH:

Masacre de miembros del grupo k'iche' en San Antonio Sinaché, Zacualpa, Quiché, el 18 de mayo de 1982, ejecutada por elementos del Ejército y miembros de las PAC:

     "Cuando encontraron un lugarcito en el río se escondieron las mujeres y los niños y ahí llegaron los militares y los balearon, hay veces que hicieron un palo con punta y lo metieron en el culo de las mujeres, lo metieron en la panza (...), ella estaba embarazada, iba con sus tres niños (...), los soldados la alcanzaron, la agarraron, la sentaron y la violaron enfrente de sus tres niños, después de violarla le dispararon (...), después mataron a los niños con cuchillo".56 

78.

En la masacre ejecutada contra integrantes del grupo kaqchikel, en el río Pixcayá, Estancia de la Virgen, San Martín Jilotepeque, departamento de Chimaltenango, el 18 de marzo de 1982, elementos del Ejército cometieron violaciones como las que se describen a continuación:

     "Muchas mujeres fueron violadas (...), el Ejército agarró a unas madres embarazadas, las degolló, les partieron el estómago y sacaron el bebé (...), a las mujeres las violaron y les ensartaron estacas".57 

79.

     De los testimonios recibidos por la CEH durante los años 1981 y 1982, se desprende que las mujeres ejecutadas arbitrariamente eran violadas sexualmente con antelación. Estas violaciones fueron cometidas, en su mayoría, por elementos del Ejército.

80.

La CEH recibió testimonios que aseguran que desde finales de 1982 y comienzos de 1983, las mujeres fueron objeto de agresiones sexuales en el momento de ser capturadas o trasladadas a los destacamentos militares, por soldados o por miembros de las PAC.

     "La violaron los patrulleros en la montaña -delante de sus hijos- (...) se burlaban de ella (...) sos mujer de guerrillero (...)".58 

     "Unos patrulleros la apartaron y fueron pasando con ella (...) oímos cómo chilla, cómo llora".59 

81.

La violencia sexual contra mujeres dentro de los destacamentos militares, edificios públicos y religiosos ocupados por el Ejército durante los años ochenta, constituyó una práctica sistemática que alcanzó un carácter masivo y tuvo las siguientes características:

  • La mayoría de las capturadas fueron indígenas que se encontraban en lugares de desplazamiento.
  • También fueron víctimas de esta práctica las mujeres y niñas que pertenecían a familias que se acogieron a las amnistías.
  • Otras víctimas fueron las mujeres y niñas indígenas, detenidas durante los rastreos realizados por miembros del Ejército o de las PAC en las comunidades cuando los hombres no estaban presentes.
  • Las víctimas permanecieron concentradas en los destacamentos durante de días y hasta meses.

82.

     Los casos de capturas en áreas de refugio, entregas posteriores a las amnistías, y las privaciones de libertad, se produjeron sobre todo en las cabeceras municipales del departamento de Quiché, desde finales de 1982 hasta 1990, aumentando de manera importante en el año de 1983. Aunque el departamento de Quiché fue el más afectado, la CEH también recibió testimonios que permiten afirmar la existencia de este fenómeno en otras áreas del país.

83.

Las condiciones que debieron soportar las familias desplazadas en los centros de detención facilitaron la ocurrencia de hechos violatorios de los derechos humanos, especialmente agresiones y ultrajes físicos contra las mujeres:

84.

     En el salón municipal de San Miguel Uspantán, Quiché, en diciembre de 1982: "(...) 2,500 refugiados en un espacio como de 200 o 300 metros, la gente ahí hacía su necesidad, ahí comía, ahí dormía, no había agua para lavar, a tres cuadras se sentía el olor (...), eran unas condiciones infrahumanas".60 

     "Nos trataron como animales. Nos daban de comer solamente tres tortillas por tiempo. Llevaban garrotes largos y nos daban a todos parejo como a puros chuchos, también entraban a patearnos para interrogar. En las noches entraban soldados a violar a las señoritas, a las más jóvenes (...). A las que no querían las pateaban duro".61 

85.

     Las violaciones sexuales contra mujeres y niñas capturadas en lugares de desplazamiento o cuyas familias se acogieron a las amnistías, fueron perpetradas por soldados; se cometían ante familiares directos y miembros de la misma comunidad o con el conocimiento de éstos. Esta violencia fue organizada y perseguía aniquilar la voluntad del conjunto de personas capturadas mediante la explotación de los sentimientos de culpabilidad, debilidad, impotencia y derrotismo que provocan este tipo de situaciones. También se buscaba la captación ideológica o "reeducación" de amnistiados a través del miedo, y la aceptación de la supuesta culpabilidad. Con estas conductas se facilitaba la destrucción del grupo étnico.

     "Una mujer fue violada sistemáticamente por los soldados, a veces en presencia de su marido. El hombre "no aguantó el dolor y la cólera por lo que le estaban haciendo a su mujer y él viendo y sin poder hacer nada".62 

86.

La CEH conoció también casos semejantes con los destacamentos de Lancetillo y San Miguel Uspantán y en centros de recepción de amnistiados.

     "Insultaban, llamaban guerrilleros, pateaban y daban con palos como si fuéramos ganados (...) parejo a mujeres y niños también (...) en la noche las sacaron -a dos mujeres k'iche'- puros soldados que las usaron (...), las escuchamos gritar y a los soldados reírse a la par mismo de la escuela donde había hombres (...), el dolor era muy grande porque allá estaban los hombres sabiendo que estaban ultrajando a las mujeres y nada se pudo hacer (...), a saber cuántos pasaron con ellas".63 

     "Un grupo se vino a entregar. Separaron hombres de mujeres y en la noche pasaron con las mujeres (...), eran militares de Salamá (...) No sabemos si se entregaron o los capturaron en las Guacamayas, la verdad es que los trajeron aquí, en Macalajau, esto sí lo sabemos, las violaron en la noche, luego las llevaron a Uspantán".64 

     "En las noches entraban para violar, más a las que sólo tienen uno o dos hijos, a las jóvenes. Pero una noche pusieron marimba y violaron a todas. Yo tengo mucha pena porque ya tengo muchos hijos, ya mataron a algunos, yo soy casi anciana, ya tengo como 40 años cuando me violaron (...) Yo cargo mi nena, jalan mi nena, me sacan a la capilla con otra señora y uno pasa conmigo (...) sólo pasó uno conmigo porque ya estoy vieja y quieren más a las jóvenes (...), yo no puedo olvidar eso, los soldados nos van a matar si nosotras no queremos y yo tengo que defender la vida de mi hija que está chiquita, pero yo no quiero y el soldado me abusa".65 

     "Por las noches, los soldados sacaban a las jovencitas y se las llevaban a sus cuartos, así estuvieron usándolas por meses".66 

     "Las amenazaban con cuchillo, las desnudaron -saber si las violaron, nunca dijeron-, las acusaban de guerrilleras y decían que entregaran las armas, no les daban comida, no las dejaban dormir, a cada rato las sacaban en la noche para interrogar, a cada rato las pateaban, siempre desnudas".67 

87.

Hechos análogos sucedieron también en destacamentos y zonas militares donde se concentraba a los indígenas que se "entregaban" al Ejército con las amnistías o que eran capturados en lugares de desplazamiento, como lo demuestra el siguiente testimonio que relata las violaciones sexuales cometidas contra mujeres miembros del grupo Ixil en el destacamento de Sumal Grande, Nebaj, departamento de Quiché, en diciembre de 1982:

     "Estaban en las montañas y se entregaron, a otros los capturaron. Las mujeres de la población en el destacamento debían preparar la comida para los soldados. A una de las mujeres le tocó el turno en la cocina: "Un patrullero y dos soldados me llamaron, me acerqué a ellos. Me vendaron los ojos, me metieron un trapo en la boca para que no pudiera hacer ruido y entre los tres me violaron (...) Me fui a la champa y conté a mi esposo lo que me había pasado. Se enojó porque fue idea mía que nos entregáramos al Ejército. Violaron a más mujeres de la misma manera".68 

88.

En el salón municipal de San Bartolomé Jocotenango, departamento de Quiché, en febrero de 1982:

     "Alrededor de 50 mujeres con sus hijas e hijos fueron detenidas en sus comunidades -Sinchaj, Xetemabaj, Paquix, La Hacienda, entre otras- por patrulleros y concentradas en el salón municipal porque decían que los hombres estaban en la montaña (...), también viudas aunque sus maridos ya los habían matado ellos igual decían que estaban en la montaña (...) las jalaban todo y cargando a sus nenes". 69 

     "Estas mujeres estuvieron concentradas durante meses, sufriendo todo tipo de violencia sexual junto con sus hijas. Los patrulleros cometían las violaciones en el mismo salón, las violaciones fueron colectivas y múltiples. Los soldados llevaban a las jóvenes a los cuartos que ellos ocupaban y allá las violaban. Muchas niñas fueron violadas por patrulleros y militares, de ocho o diez años para arriba ya las abusaba".70 

     [Los patrulleros] "se aprovechaban más de las que no tenían hijos, les gustaban las niñas (...) unos le abrían las piernas y otros iban pasando con ellas (...) las violaban (...) Entraban al salón los soldados y decían a los patrulleros que ya estaban aburridos (...), los patrulleros les daban buenas comidas y escogían a las muchachitas que más les parecían y las ponían una en cada cuarto para que los soldados fueran pasando con ellas".71 

89.

     Las detenciones de indígenas pertenecientes a las comunidades de las cabeceras municipales en los días de mercado durante la década de los ochenta, constituyeron una práctica sistemática. Esta situación se vio reflejada el 2 de julio de 1982, cuando cerca de treinta mujeres de las comunidades de Chiché, departamento de Quiché dispusieron ir a la plaza.72  Fueron detenidas por patrulleros de Chiché y Chinique, quienes las tuvieron presas durante una noche en la cárcel municipal y custodiadas por agentes de la policía; luego las trasladaron al salón municipal donde permanecieron durante tres días más. En la primera noche tres de ellas fueron violadas por dos agentes de la Policía Nacional:

     "Los policías la sacaron la primera noche, la volvieron a traer como a las cinco de la mañana. Ella ya está muy golpeada, sangra y no quiere hablar, sólo llora (...), saber cuántos pasaron por ella".73 

90.

Luego, estando en el salón, al menos ocho mujeres fueron violadas por patrulleros; una de ellas estaba embarazada de ocho meses:

     "Cada noche sacan a cinco o seis mujeres. Cuando entran los hombres, nosotros nos tapamos la cara con el rebozo, temblando estamos con el miedo. Ellos nos quitan la sábana y con el foco van a mirar si somos jóvenes. Todo el tiempo tiemblo del miedo para que no me saquen, no me sacaron porque ya estoy algo vieja (...) Traen trago y obligan a tomar".74 

91.

Durante el cautiverio, fueron sometidas a interrogatorios en lengua castellana que no entendían, por ser maya-hablantes.

 

     "En las mañanas nos despertaban a patadas, no entendemos qué nos preguntan porque nosotras no podemos hablar castilla, sólo sabemos que preguntan dónde está la guerrilla y nosotras no sabemos".75 

     "A cada rato entran con pistola, con cuchillo y dicen que tenemos que sufrir porque somos mala gente, de la guerrilla. Llegan a cada rato, nos golpean, caemos en el piso, dicen que me levante y vuelven a golpear (...) Se ríen mucho, nos preguntan si estamos contentas o tristes".76 

92.

Estos hechos también tuvieron lugar en otros departamentos como Izabal, donde en la zona militar de Puerto Barrios en el año de 1985, se cometió la siguiente violación:

     "Más de treinta personas se encontraban presas y fueron torturadas. Unos padres tuvieron que aceptar que el oficial se quedara con una hija suya para que no cumpliera la amenaza de matarles a los tres. Oían cuando el oficial tenía relaciones con ella" .77 

93.

     La CEH conoció casos en que las fincas fueron utilizadas como lugares de concentración de comunidades indígenas que luego de haber sufrido masacres en sus lugares de origen, sus sobrevivientes fueron llevadas y mantenidas por determinado tiempo en estos lugares. Muestra de este hecho lo tenemos en el siguiente relato que narra lo sucedido en las fincas La Gloria y la Taña en Uspantán, departamento de Quiché, donde además se presentaron hechos de violencia sexual contra las mujeres:

     "Violaban a muchas, los patrulleros y también los soldados cuando pasaban. Pasaban con ellas cuando querían y cómo van a decir que no, las matan y ya. Algunas se las quedaron sólo para uno, con otras pasaban muchos".78 

94.

Los hechos de violencia sexual impuestos a mujeres indígenas durante la época del enfrentamiento armado interno de Guatemala, llegaron a ser de conocimiento público en las comunidades y gozaron de la permisividad de los mandos de la institución castrense.

95.

     Durante su trabajo de campo la CEH recibió testimonios que muestran el rol pasivo que debió asumir la mujer durante la época del enfrentamiento armado interno, para evitar agresiones directas contra su integridad física, por lo que permanecían en sus casas. Muchas llegaron incluso a ser convencidas por los patrulleros y miembros del Ejército de su culpabilidad en las violaciones cuando eran ellas quienes salían de sus hogares. En muchas oportunidades esta actitud institucional fue asumida también por sus respectivos esposos o compañeros al aceptar éstos abusos como normales y culpar a sus mujeres por exponerse. Desafortunadamente esta situación fue reiterativa durante del enfrentamiento armado y negó a las mujeres la oportunidad de entender las diferentes formas de violencia sexual como una contraversión de sus derechos humanos.

96.

     Las violaciones sexuales se cometieron en general con el conocimiento de la comunidad, "se sabía que violaban a las mujeres", lo cual pone de manifiesto el dominio con el que se ejecutaban. Así la violación sexual contra mujeres se convirtió en una arma de guerra que pretendía subyugar y debilitar a las comunidades. Las PAC fueron parte también de esta estrategia. Violaron mujeres a pesar de ser de su misma comunidad, tanto por orden de los militares como por el poder impune que el Ejército les otorgó. Esta situación se mantuvo hasta poco antes de la firma de los Acuerdos de Paz.

97.

     La forma de ejercer violencia sexual contra las mujeres por parte del Ejército en los destacamentos, durante la época del enfrentamiento armado, fue variada. Sin embargo, es posible encontrar patrones de actuación que aparecen en forma reiterada, como los siguientes :

  • Organización de "fiestas" en los destacamentos donde las mujeres de la comunidad eran obligadas a participar o mejor expresado, a las que se obligaba a los hombres a asistir llevando a sus mujeres, pues se consideraba que éstas no tenían ningún derecho a decidir.
  • Violencia sexual contra mujeres sometidas a trabajo forzado en condición de servidumbre de los militares (cocinar, limpiar, lavar).
  • Violencia sexual contra mujeres en sus casas, previa orden militar a los hombres de la comunidad para que "rastrearan".

98.

La permisividad y conocimiento de las violaciones sexuales quedó evidenciada con lo sucedido a un grupo de mujeres de la etnia q'eqchí en La Parroquia Lancetillo, Uspantán, Quiché, entre 1982 y 1983:

99.

     Desde que se instaló el destacamento en 1982 y durante 1983, los militares organizaban fiestas con marimba cada dos o tres meses dentro del convento por ellos ocupado "Obligaban a los hombres a ir con sus mujeres (...) si uno no quería lo castigaban ese día. Sacaban a las mujeres que querían y se las llevaban al monte para violarlas".79  De modo que las violaciones se cometían con el conocimiento de los maridos y de toda la comunidad. Este caso identifica a cuatro mujeres q'eqchí que lograron sobrevivir a esta violencia; dos de ellas estaban casadas en el momento de los hechos y sus maridos las repudiaron, lo cual pone de manifiesto el rechazo, el estigma y la culpa que sufren las mujeres víctimas de violencia sexual: "Se separaron porque los soldados violan a las mujeres y luego los hombres ya no las quieren".80  Culpar a las mujeres era más fácil que culpar a los militares, abandonarlas fue un gesto de desprecio y ejercicio de superioridad de los hombres, para no admitir su propia vergenza.

100.

De igual forma se realizaron violaciones sexuales contra mujeres pertenecientes a la etnia k'iche' en Macalajau, Uspantán, departamento de Quiché, durante 1983 y 1985:

     "Organizaron a los hombres de comisión para pasar con las mujeres. Las mujeres no dicen nada porque tienen miedo, pero sabemos que pasaron (...), los soldados las usan cuando mandan a los hombres de comisión, entran a las casas de las mujeres que no están sus hombres y las violan (...) A mi esposa no la violaron porque yo la defendí. Un día llegué a mi casa y un soldado estaba dentro y mi esposa parada, moliendo en la piedra, muy asustada, y el soldado la miraba, yo la defendí y eché al soldado de mi casa". (...) Los soldados tenían sus cocineras, sus sirvientas. Usaron también a las sirvientas. Una se la llevó a Zacapa un soldado (...) Eran jóvenes todas".81 

101.

     Como consecuencia de las violaciones sexuales se presentaron embarazos no deseados que llegaron a marcar a los hijos fruto de estas uniones: "Al muchacho le decimos el Sargento".82 

102.

     Las manifestaciones de violencia contra la mujer fueron reiterativas aunque no plantearan hechos de violación sexual. Dentro de estas manifestaciones tenemos los bailes y trabajos forzados de las mujeres de la comunidad en los destacamentos. Como conoció la CEH al recibir el testimonio de miembros de la comunidad de Tucuná en el municipio de Aguacatán, departamento de Huehuetenango:

     "Los oficiales del destacamento también causaron temor y sufrimiento a las mujeres obligándolas a atender cualquier fiesta que hicieron en el destacamento. Fueron obligadas a bailar, si el padre o esposo no quería que fuera, recibía amenazas del Ejército. También las obligaron a trabajar en el destacamento, cocinar y limpiar".83 

     "Se conmemoraba un año de las PAC pero llegaban ahí los altos militares, el jefe de las patrullas y obligaban a las comunidades a que llegaran a la fiesta (...), siempre utilizaron a la mujer, buscaban a una de las patojas para que ella sea la madrina de los patrulleros (...), las obligaban a bailar con todos los soldados, con todos los patrulleros, todas las patojas, y eso sí fue un gran dolor para los ancianos, para los papás, para las mismas muchachas que tenían novio pero eran obligadas a bailar con los soldados uniformados, con sus armas".84 

103.

La violencia ejercida contra la mujer durante el enfrentamiento armado llegó a extremos que las afectadas consideraron como de esclavitud, por lo que se evidencia en el siguiente párrafo de una entrevista comunitaria realizada por la CEH:

     "Durante diez años después de las desapariciones forzadas, las viudas (...) fueron esclavas (...) de los comisionados militares y del Comité de Desarrollo quienes trabajaban con el Ejército. Las viudas tenían que trabajar en los cultivos y organizar actividades como fiestas por órdenes del destacamento de Playa Grande".85 

104.

La presencia de contingentes militares durante la época del enfrentamiento armado se convirtió en una constante amenaza para las mujeres indígenas mayas, quienes fueron víctimas de actos violentos cometidos por miembros del Ejército dentro de un marco de absoluta impunidad:

     "Llegaron dos soldados a la venta de la niña y le dijeron que los acompañara, se la llevaron para la casa donde vivía. Encerraron a sus padres en una de las habitaciones y a la niña -nueve años- se la llevaron a la habitación contigua, allí la violaron (...) La niña quedó tirada en la habitación a punto de morir y con abundante hemorragia".86 

105.

Los cateos y allanamientos realizados por miembros del Ejército o patrulleros y comisionados militares, durante el enfrentamiento armado en distintas comunidades, fueron aprovechados para cometer violencia en contra las mujeres, al margen de buscar información sobre la guerrilla, localizar armas o abastecerse de alimentos empleando la fuerza.

106.

     En las casas encontraban principalmente a las mujeres, a sus hijos e hijas. Al no estar en la casa los hombres, eran acusados sistemáticamente de colaborar o pertenecer a la guerrilla y los militares se ensañaban con sus familiares. Este modelo no puede considerarse selectivo porque se dio masiva e independientemente de que los hombres estuvieran o no en las "listas negras" elaboradas por el servicio de Inteligencia del Ejército. La intención era lograr el sometimiento absoluto mediante la generación del terror. Incluso hubo casos en que las viudas (porque elementos del Ejército habían matado a sus maridos) fueron igualmente acusadas por supuestos hechos de sus maridos ya muertos. "¨Dónde está tu marido?, ¨dónde están las armas?, ¨dónde están los buzones?, torteando estás para los guerrilleros" , fueron las interrogantes absurdas a que tuvieron que enfrentarse las mujeres. Muy a menudo las mujeres mayas no entendían los interrogatorios que se hacían en un idioma que no era el suyo. Esta situación se mantuvo durante toda la década de los ochenta:

     "Diez soldados llegaron a su casa, cinco se quedaron dentro y cinco fuera. Dos de ellos jalaron del brazo a la mujer, embarazada de dos meses, la arrodillaron, "vos les das de comer" -dijeron. Pusieron en su cuello una soga para sacarle información sobre quien colaboraban con la guerrilla, tratándole de asfixiar, la tendieron en el suelo quitándole la ropa, dos soldados abusaron sexualmente de ella (...) perdió a su criatura".87 

     "Los soldados vinieron a la casa y preguntaron por la guerrillla. Pidieron comida a la madre. Después de comer lo que ofreció la señora, se llevaron a su hija y la violaron".88 

     "Luego de desnudarlas, los soldados formaron una rueda, colocándolas en medio del círculo. Después, se dividieron en dos grupos, cada grupo "tomó" a una de ellas y uno por uno, los soldados las fueron violando. Después, les amarraron las manos con las fajas que les servían para sujetarse el corte y las colgaron en un árbol, las interrogaron sobre quiénes eran los guerrilleros en esa comunidad. Al no responder nada, les dispararon, a una de ellas en la boca desfigurándole el rostro, a la segunda en el cuello".89 

     "Sus maridos se habían ido a trabajar (...) Llegaron los soldados a la casa preguntando por él (...) la obligan a que diga que su esposo es guerrillero (...), ella lo niega (... ), la llevan a la fuerza hacia unos matorrales y abusan de ella. Después, los soldados regresan a la casa y se comen el almuerzo que ella había preparado. A la joven (15 años) le preguntaron por su padre, les informa que se fue a la Costa (...), se la llevan entre los montes y abusan sexualmente de ella".90 

107.

El hecho de que las mujeres se quedaran en sus casas, en lugar de ser una garantía para evitar las violaciones sexuales como ellas creían, resultó todo lo contrario, como se evidencia en el siguiente testimonio que relata lo sucedido en la comunidad de Villa Hortencia en San Juan Cotzal durante 1981:

     "Advertidos de la llegada del Ejército por la vigilancia, los hombres se fueron de la comunidad para esconderse en el monte; las mujeres se quedaron porque la población pensó que a quienes venían a buscar era a los hombres, que a ellos los querían matar. Los soldados se distribuyeron las casas, entraron en todas, exigieron alimentación y violaron a las mujeres, a todas las jóvenes que estaban en la comunidad (...); las mujeres se quedaban en casa protegiendo la vida de los niños mientras los hombres iban a refugiarse, fueron ellas las que en muchas ocasiones tuvieron que enfrentarse a la llegada del Ejército y resistir sus agresiones".91 

108.

     Las instrucciones impartidas por el Ejército a los comisionados militares y a los miembros de las patrullas de autodefensa civil, fueron más allá del plano militar, pues convirtió a éstos en agresores de las mujeres de sus propias comunidades. Nuevamente la justificación utilizada para cometer estas arbitrariedades fue la de culpar a las mujeres como "mujer de guerrillero".

     "Era un violador, amenazaba de muerte a las viudas y entonces ellas tenían que aceptar. Llegaba a sus casas y decía: - Ustedes torteando están para los guerrilleros porque por eso es que no tienen esposos; y allá mismo las violaba, en sus casas".92 

     "Tenía la costumbre de violar a las mujeres (...), le dijo a una de las víctimas que tenía que acostarse con él porque su esposo era de la guerrilla. El comandante iba con otros diez