durante la agresión. Muchas de las mujeres y niñas secuestradas y violadas por las fuerzas rebeldes se han
quedado embarazadas y han dado a luz.
A menudo las víctimas de violación han sufrido otros tratos crueles, como la inserción de objetos por la
vagina. A una joven de 14 años le clavaron un cuchillo en la vagina por negarse a mantener relaciones sexuales
con el comandante rebelde que la había secuestrado. A otra mujer le introdujeron brasas por la vagina. Una
muchacha de 16 años resultó tan malherida tras sufrir reiteradas violaciones que precisó una histerectomía. Las
palizas han sido habituales y la mayoría de las víctimas a las que se dejaba en libertad presentaban hematomas.
La mayor parte de ellas han contraído enfermedades de transmisión sexual y, al parecer, un número importante
ha contraído el virus de inmunodeficiencia adquirida (VIH) y el SIDA. Se ha tenido conocimiento de víctimas
de violación muertas como resultado del SIDA. Por su parte, aquéllas que han pasado meses o años en el bosque
tras ser capturadas por las fuerzas rebeldes también padecen tuberculosis, desnutrición, malaria, infecciones
cutáneas e intestinales y enfermedades respiratorias.
En la situación de terror sembrado por las fuerzas rebeldes entre los civiles se ha llegado a obligar a los
varones a violar a mujeres y niñas de su propia familia bajo la amenaza de amputarles las manos o los brazos.
También se ha violado a mujeres y niñas delante de sus esposos y de otros familiares.
Tras el ataque llevado a cabo el 6 de enero de 1999 contra la capital, Freetown, por las fuerzas rebeldes,
en su mayoría pertenecientes al Consejo Revolucionario de las Fuerzas Armadas, aunque también había
miembros del Frente Revolucionario Unido, muchos residentes denunciaron la violación de grupos de mujeres
y niñas, incluso en lugares públicos como la calle Kroo Town en el centro de Freetown y Kissy en el este.
También se denunció un elevado número de violaciones en el campamento para desplazados internos ubicado
en la fábrica de cerámica, en Freetown. Un agente de policía de Kingtom presenció la violación de sus tres hijas
antes de ser secuestradas por las fuerzas rebeldes. Una niña de 11 años de edad secuestrada en enero de 1999
en Freetown figuraba entre los 40 civiles cautivos puestos en libertad en agosto de 1999 en la región de Occra
Hills, a 60 kilómetros al este de Freetown. La niña describió cómo la sacaron a rastras de su casa y cómo se
le fueron uniendo decenas de niñas más que las fuerzas rebeldes iban sacando casa por casa. Las niñas que no
seleccionaban para ser la «esposa» de un comandante rebelde, sufrían reiteradas violaciones de innumerables
combatientes rebeldes.
Se practicaron redadas de mujeres y niñas en diferentes zonas de la ciudad y se les ordenó que se
presentaran cada noche ante los comandantes rebeldes. El 8 de enero de 1999, en la zona de Cline Town, en
la zona oriental de Freetown, un comandante rebelde ordenó que todas las muchachas vírgenes se presentaran
para someterse a una prueba física llevada a cabo por una compañera. A las que se confirmó que eran vírgenes,
en su mayoría de edades comprendidas entre los 12 y los 15 años, les ordenaron que se presentaran todas las
noches al comandante rebelde y a otros combatientes que las violaron o las sometieron a otras agresiones
sexuales. A algunas de estas muchachas las secuestraron posteriormente cuando las fuerzas rebeldes se vieron
forzadas a retirarse de Freetown. Al igual que en el caso de la violación, someter a la fuerza a mujeres y niñas
a «pruebas de virginidad» constituye tortura o trato cruel, inhumano o degradante y está prohibido expresamente
por el derecho internacional humanitario.
Tras la incursión rebelde llevada a cabo en enero de 1999 en Freetown se informó de que había más de
4.000 niños en paradero desconocido. A pesar de que el artículo XXI del acuerdo de paz firmado el 7 de julio
de 1999 en Lomé, Togo, por el gobierno de Sierra Leona y el Frente Revolucionario Unido establecía la puesta
en libertad de todos los civiles capturados, aproximadamente 2.000 niños que se creía que habían sido
secuestrados permanecían en paradero desconocido a principios de año; el 60 por ciento eran niñas. Tanto a