Quiero
dar testimonio de cómo en Colombia las comunidades
y en especial las mujeres están construyendo
otro país en medio de la barbarie de la guerra,
la violencia y la muerte cotidiana. Para ello hablaré de
algunas de las experiencias vividas
en un viaje reciente a Colombia, y haré una
presentación de la Ruta Pacifica por la
tramitación negociada del conflicto armado
en Colombia y de las
visiones o ideas que acompañan a este movimiento.
En Colombia
miles de mujeres, organizadas en grupos y proyectos
se movilizan contra la guerra, trabajan y resisten
cotidianamente construyendo nuevas propuestas de
vida. Contrario al discurso dominante y de los diversos
grupos armados que llaman a la guerra como la única
opción, que llama a la retaliación
y a acabar con el enemigo, muchas mujeres creen
que no hay guerras justas, que no existe el enemigo
y que Colombia puede ser un país que incluya
a todos los hombres y mujeres quienes lo habitan.
Para ello estas mujeres en medio del dolor y a pesar
del miedo, ejercen la desobediencia civil y
la resistencia no violenta.
1. Mi Regreso a Colombia
Entre
Noviembre y Diciembre del año 2002 tuve la
oportunidad de retornar a mi país después
de dos años de estar ausente. Regresar a Colombia
fue un regalo de la vida a través de la invitación
que me hicieron las mujeres de la Ruta Pacifica,
para ir a trabajar con ellas por unas semanas. Volví a
sentirme cotidianamente parte de esta comunidad,
volví a sentir su energía, su valentía,
y también sus miedos. Pero a pesar del miedo,
a ellas las acompaña cotidianamente la persistencia
y la perseverancia para seguir adelante. Porque ellas
a diario conjuran el miedo para mantenerse en pie.
Mi
primera experiencia de regreso fue asistir, como
parte de la Ruta Pacifica, a un encuentro de
5 días en el cual más de 300 mujeres,
pertenecientes a 22 organizaciones de mujeres del ámbito
nacional, construyeron una agenda básica
para la negociación del
conflicto armado.
Esta Constituyente incluyó en la Agenda, propuestas
recogidas previamente desde diversos sectores y regiones, en un proceso que duró más
de un año.
En la
Constituyente me encontré con muchas feministas
que hacia tiempo no veía, también
conocí mujeres de diferentes regiones del
país, todas llenas de saberes y ganas de trabajar
para salir adelante con sus proyectos, con la firmeza
de que las cosas tienen que cambiar en Colombia por
el bien de todas y todos, el de nuestros hijos
e hijas y sus descendientes.
Fue muy
doloroso para mi saber la situación de la
población campesina de las Zonas de Rehabilitación
y Consolidación,
lugares que han sido tomadas por las fuerzas armadas
del estado. El ejército está marcando
a la población con tinta indeleble –como
en los campos de concentración nazi- para
diferenciarlos de la guerrilla, les restringen los
movimientos, la compra de alimentos y toda su vida.
Todo esto es tan doloroso como saber que hay personas
de la Comuna 13 en Medellín que siguen desapareciendo
y que a pesar de la presencia militar del estado,
los grupos paramilitares controlan el área
y han asesinado allí a decenas de personas,
algunas de ellas decapitadas y otras han sido cercenadas
en partes y luego enterradas en fosas clandestinas. Crímenes
abominables, que sólo se explican por la degradación
y barbarie humana que se produce en medio de la guerra. Cuatro mujeres de la Comuna 13 pertenecientes
a una organización popular de mujeres y a
la Ruta Pacífica fueron detenidas, sus casas
también fueron allanadas por la policía.
Esta organización habia denunciado los crímenes
y violaciones de los derechos humanos que se están
cometiendo en su zona.
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Ante este hecho la Ruta Pacifica y Mujeres de Negro realizaron una gran movilización
en la Comuna 13, a la cual acudieron centenas
de mujeres de otras ciudades vestidas de negro, portando
flores y mariposas amarillas. También se movilizaron
afuera del lugar donde estaban detenidas, después
de varios días fueron liberadas, pero continuó el
hostigamiento contra ellas por lo cual se han tenido
que desplazar de su barrio.
Conocí también
a una indígena de la zona del Mitú,
líder de 19 comunidades, quien ha sido amenazada
por las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias
de Colombia (Farc) porque ella se negó - como
líder de su comunidad que es- al reclutamiento
forzado de los jóvenes de su comunidad por
parte de la guerrilla, la cual domina en esa zona. Por
esta razón esta mujer ha sido víctima
de dos atentados contra su vida, incluso con la participación
de algunos jóvenes de su comunidad que anteriormente
fueron reclutados como milicianos de las Farc. Las
diversas comunidades en Colombia sufren cotidianamente
historias como éstas, asesinato, acoso,
intimidación y desplazamiento forzado
por parte de los diversos grupos de las nombradas
izquierda y derecha en nuestro país.
Todas
mis amigas en Medellín también fueron
convulsionadas por la colectiva violación,
tortura de una chica que era beneficiaria y participante
de un proyecto juvenil de una de las organizaciones
de la Ruta Pacifica. Los paramilitares no sólo
la violaron y torturaron sino que con un arma punzante
la marcaron con las iniciales de la organización
Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).
Estuve
con ellas mientras se vivía esta experiencia
la cual tuvo consecuencias en la vida de las organizaciones
y en la salud mental de todas. También participé de
los actos amorosos, de sanación y reparación
que las organizaciones han realizado con la chica,
su familia, pero también entre las mismas
mujeres y organizaciones que han estado apoyando
a la joven y denunciando este caso.
Alrededor
del tema de los crímenes de lesa humanidad
contra las mujeres, este año 2003 las mujeres
del Movimiento Nacional de Mujeres Contra la Guerra realizaran
una campaña para denunciar este tipo de crímenes
de lesa humanidad. El nombre de la campaña
es “ni objeto sexual, ni objetivo militar”.
Se ha recopilado información sobre diversos
crímenes de lesa humanidad cometidos por las
fuerzas armadas del estado, por los paramilitares
y por las guerrillas. La violación
y la tortura a mujeres se han convertido en una práctica
recurrente de los actores del conflicto armado, especialmente
en la ciudad. Las mujeres en este contexto han sido
convertidas en botín de guerra. Se les acusa
a ellas y a sus organizaciones de ser colaboradoras
de la guerrilla o de tener que ver con los paramilitares
o el ejército.
Luego de mi participación
en la constituyente viaje a Medellín y trabajé más
de 20 días con las compañeras de la
Ruta Pacifica. Apoye la elaboración de algunos
documentos y luego en la preparación de una
reunión de la coordinación nacional
de la Ruta en la cual se evaluó el plan desarrollado
en el año 2002 y se planeó las acciones
a desarrollar en el año 2003. A esa reunión
asistieron mujeres pertenecientes a 8 regiones del
país.
Fue emocionante
escuchar las vivencias y experiencias, asi como percibir
la valentía de las mujeres de las diversas
regiones contando sus propuestas para movilizarse
en cada zona y los proyectos que desarrollan junto a su trabajo
contra la guerra y por la construcción de
la paz. En especial quiero resaltar lo que
escuché de la mujer que había llegado
desde el Choco, zona habitada fundamentalmente por
negros afrodescendientes, región rica en expresiones
culturales y en recursos naturales, pero olvidada
del apoyo de los recursos del Estado. Esta
es una zona de disputa entre guerrillas y paramilitares. Las
comunidades sufrieron en su zona, el pasado año,
la masacre de Bojayá, la cual fue cometida
por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia(Farc).
Ellos se justificaron diciendo que “ fue un
error militar” producido por el enfrentamiento
de esta organización con un grupo paramilitar
que se había tomado el pueblo. A pesar de
las advertencias y súplicas de los pobladores,
la guerrilla terminó destruyendo todo el pueblo
y la iglesia donde se habian refugiado muchos habitantes
de este municipio. El resultado fueron 117 muertos
(de ellos un 40 por ciento menores de edad) y 90
heridos.
Después
de esta masacre los enfrentamientos en la zona continúan,
los paramilitares controlan la zona, incluyendo el
tránsito por el Río Atrato, arteria
fluvial del área, que ahora es vedada para
la comunidad la cual se ve obligada a restringir
sus movimientos y a refugiarse en sus casas, sumida
en la impotencia y el miedo.
Fue en este contexto
cuando un gran grupo de mujeres decidieron un día
tomarse el río Atrato. Se subieron en
lanchas con sus familias, su música, sus atuendos,
sus juegos, sus tejidos, y sus alegres y mejores
atuendos. Permanecieron allí de un día
para otro. Ellas querían decirle de
esta manera a su comunidad que unidas sí se
podían hacer muchas cosas, que había
que vencer el miedo. Ellas estaban ejerciendo un
acto de resistencia pacifica, de desobediencia civil.
Con su cuerpo, con su presencia, y con sus acciones
estaban diciendo No. Los paramilitares
las miraban desconcertados desde la orilla
del río. La intrepidez de las mujeres los
ponía fuera de lugar, sin saber cómo
responder.
De acciones como
la anteriormente narrada, que no dañan físicamente
a nadie, que simplemente se mueven en otra lógica,
que desconciertan la lógica de los guerreros,
está llena la movilización y el accionar
de los grupos y organizaciones de mujeres en Colombia
y en especial de la Ruta Pacifica.
Estos
son algunos ejemplos de los testimonios que escuché,
y de las experiencias vividas en más de cinco
semanas que estuve en mi país. Sentir
y vivir esta cercanía con las mujeres, con
las comunidades y con mi familia, ha sido un buen
aliciente para continuar mi actual proceso; aprender
una nueva lengua y buscar un nuevo lugar en el mundo
que me ha tocado vivir.
2. La Ruta Pacifica
La
Ruta Pacifica de las Mujeres, tuvo sus orígenes en 1995, por la grave situación en la que se encontraban y encuentran
las mujeres colombianas en medio de la guerra, tanto en
las áreas rurales como urbanas. Las
mujeres sufren diversas violencias que han
sido invisibilizadas y subvaloradas ante
hechos tan graves como las masacres, el acostumbramiento
a la muerte cotidiana y la degradación producida
por una guerra que tiene sus orígenes hace
cerca de 50 años y que tiene a su haber
crímenes indecibles cometidos por
los paramilitares, las fuerzas de estado
y las guerrillas.
Colombia
se encuentra en una crisis humanitaria compleja,
en la cual la principal víctima es la población
civil, la cual ha sido tomada como objetivo por todos
los bandos en contienda. Esta crisis humanitaria se
refleja en la afectación de la población
civil y en los altos índices de desplazamiento
forzoso como producto de la guerra.
En los últimos 10 años existen en Colombia cerca
3,000,000 personas afectadas por un desplazamiento
forzado, de las cuales el 70% son mujeres con sus
hijos e hijas.
En este
contexto surgió la Ruta Pacifica, la cual
es una propuesta feminista, que busca la tramitación
negociada del conflicto armado en Colombia.
Las mujeres participantes en la Ruta nos declaramos
pacifistas, antimilitaristas y constructoras de una ética
de la No violencia. Contra las violencias, reivindicamos
la solidaridad y la ternura que nos ayuda a sostenernos
como seres humanos y como colectivos en medio de
las situaciones límites ante las cuales nos
coloca la guerra. Con nuestra movilización,
con nuestra presencia, con nuestro cuerpo decimos
No a la guerra, No a la representación que
de nosotras quieren hacer los diversos grupos, No
a la indiferencia y al olvido cómplice,
y Sí a la vida digna, a la justicia social,
a la memoria, la verdad, a la reparación
y a la esperanza.
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La
Ruta Pacífica articula mujeres con experiencias muy distintas : Las intelectuales,
las políticas - las que llamamos más
racionales-, mujeres sencillas de las comunidades, campesinas,
indígenas, teatreras, poetas, mujeres que
están pensándose y que se están
cuestionando las relaciones y el sistema de género;
las que tratan de articular la sabiduría oriental
y la occidental, todas con diversos saberes y experiencias
que confluyen en una propuesta que tiene el reto
de tejer esta diversidad.
La guerra atenta contra nuestra
dignidad y humanidad porque lleva a los seres humanos
a lo peor
Las mujeres
hemos expresado que la guerra atenta contra la dignidad
y degrada nuestras posibilidades de existencia, la
de nuestr@s hij@s, compañer@s, familiares
y amig@s, así como las de las generaciones
por venir. Las vías armadas y violentas que
se han impuesto en nuestro país han conducido
a incentivar el desenfreno de la guerra y la violación
de todos los límites humanitarios.
En la
lógica de la guerra todos somos amigos o enemigos, en
ella predomina la ley del más fuerte, la ley
de los armados. Por eso la Ruta Pacífica
representa el empeño, el empuje, la solidaridad,
la fuerza de muchas mujeres puesta en función
de colocarle limites a la locura de la guerra. Guerra
actual, pero a su vez, prolongación
de otras guerras que pesan en nuestra historia, y
que se reproduce como retaliación o venganza
cada vez más desquiciada. Las víctimas
de ayer pueden ser los victimarios de hoy. Esta guerra
empuja a la nación colombiana a lo peor, y
está cuestionando precisamente la viabilidad
futura de nuestro país.
Cada una
de las personas de las nuevas generaciones cuenta
en su haber con una historia de violencia, exclusión
y discriminación; con la repetición
de discursos públicos y privados que promueven
el irrespeto y la exclusión de l@s otr@s. Imágenes
y significantes que nos marcan y que obviamente seguimos
repitiendo. No se puede desconocer que Colombia
viene desde tiempo atrás, formando a
sus niñ@s en prácticas excluyentes
y violentas. Las mujeres de la Ruta han expresado
esta preocupación en uno de sus eslogan: No
queremos parir más hijos e hijas para la guerra
y la violencia.
Las
mujeres tejemos y seguiremos tejiendo la paz
Estamos
convencidas de que la seguridad y la paz no
provienen del poder de las armas sino de la capacidad
dialogante, de la justicia, del desarrollo social
y económico, de la responsabilidad social,
de la capacidad de negociación y de inclusión
que logremos promover y expresar.
Por eso en el corazón
de la Ruta Pacifica está la
persistencia, la sensatez, el recurrir a tejer lazos
amorosos que contengan y rechacen la guerra; el recurrir
a las fuerzas renovadoras de lo femenino para rescatar
lo mejor de nuestra humanidad. Este llamado
atrae el sentir y la acción de muchas mujeres
de diversos estratos y condiciones que desean hacer
algo para lograr la paz en Colombia.
Recogemos
la imagen simbólica del tejido: tejemos para
contrarrestar la guerra; tejemos solidaridades, tejemos
para reconstruir y reparar los lazos sociales y comunitarios,
tejemos lazos amorosos; tejemos esperanza, tejemos
la memoria en un país donde el olvido y la impunidad
deterioran cada vez más nuestra dignidad como
seres humanos y nuestra valoración y respeto
como sociedad. Por eso en nuestros proyectos organizativos,
productivos, agroecológicos, artesanales, lúdicos,
creativos y simbólicos, apoyamos la elaboración
de los duelos acumulados, actuales y pasados de tantas
violencias vividas en Colombia, duelos sin elaborar,
violencias que siempre amenazan con repetirse.
El ritual, el conjuro, el
discurso poético, la creación y la
movilización
Para
parar la insensatez de la guerra, para
tratar de frenar esta locura, para llevar a cabo
nuestras
propuestas desarrollamos una estrategia de deconstrucción
de los símbolos que refuerzan la guerra,
la exclusión y el exterminio.
Nuestra
propuesta simbólica se apoya en la poesía,
en el conjuro, el ritual, en la construcción
de nuevos símbolos, lenguajes y prácticas
sociales que construyan caminos opuestos a la militarización,
el armamentismo, a las lógicas del dominio
y la exclusión, las cuales hacen culto
a la violencia y a las armas.
Nos apoyamos
también en la marcha, la movilización, la
comunicación masiva y alternativa, en las
alianzas con otros movimientos sociales, en la
palabra que nos compromete, que hace esfuerzos
por ligar
lo mejor de nosotr@s mismas y con los otr@s.
Lo
simbólico y recuperación de lo sagrado
Tomando distancia del discurso patriarcal,
tan fácil de reproducir, las mujeres ritualizamos
y simbolizamos creativamente nuestra oposición
política a las soluciones guerreras y violentas. Esta iniciativa que hemos construido nos ha permitido tejer lazos
entre lo masculino y lo femenino, entre lo interior
y lo exterior, entre el mundo de las mujeres y un
mundo que tradicionalmente ha sido de los hombres
Una de
las característica de la propuesta Ruta
pacífica es que
logra integrar en su propuesta política, por
un lado una racionalidad que podríamos llamar
una lógica de lo masculino, y por otro
lado la razón poética, lo simbólico
y el ritual que nos permite la revaloración
de lo sagrado articulado a la intuición
creativa y a la subjetividad.
La lógica
racional nos lleva a reconocer el marco y las lógicas
de la sociedad en que vivimos. Por eso se reclaman
los derechos humanos de las mujeres, la participación
política y un lugar en las mesas de negociación
del conflicto, esto se expresa públicamente
en espacios políticos y en los medios masivos
de comunicación. Como ciudadanas expresamos
nuestra consternación y rechazo por la degradación
del conflicto armado y denunciamos los efectos que
la guerra tiene en la vida de las mujeres. Asi mismo
se denuncia la violencia como un círculo vicioso
que nada bueno trae para las actuales y nuevas generaciones.
La segunda
lógica hace una valoración de la defensa
de la vida articulada a lo sagrado, al ritual y a
la importancia de la subjetividad. Esta lógica
articula lo poético a lo simbólico-estético
como dimensiones creativas desde lo femenino.
Esta propuesta
quiere además rescatar para la humanidad lo
simbólico y la razón poética,
las cuales permiten recuperar la dimensión
sagrada y el mito. Se crean asi otros lenguajes y
formas de articular el discurso político.
Discurso político que hasta el momento está ligado
a lo racional, que ha obviado lo no verbal, los signos,
las señales, y que se encuentra desgastado
en una lógica que sólo encuentra sentido
en el discurso de los políticos, seres especializados
que han expropiado y dejado que el conjunto de la
sociedad les delegue un oficio indelegable :
La responsabilidad individual que nos cabe a tod@s
como parte del colectivo humano.
Lo sagrado entonces se revive asi a través del ritual, del
simbolismo y de la poesía. El ritual revaloriza
lo social, hace trascendente la existencia humana.
Existencia que es irrespetada y olvidada a diario
en nuestro país. Por
eso las mujeres, desde la intuición que nos
devela lo femenino, con propuestas como las de La Ruta
Pacífica tratamos
de recuperar lo sagrado, esa dimensión
que ayuda a instituir o a refundar las bases de nuestra
convivencia, dimensión que puede ayudar a
reconstruir los límites, a respetar la dimensión
sagrada de la vida.
Conjurar el miedo
Para las
mujeres que participan en La Ruta Pacífica, lo
simbólico expresado en el ritual y en la dimensión
simbólica, tiene efectos sanadores y
reparadores. Además nuestra experiencia nos
ha demostrado que también desarma a los armados
y teje hilos invisibles entre los seres, porque es
un lenguaje al que todos podemos acceder incluso
sin discursos. Cientos de mujeres desde diversas
experiencias y estratos se vinculan a las movilizaciones,
y acciones propuestas articuladas por esa intuición,
algunos hombres también se sienten convocados.
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Se han
realizado marchas a lugares donde se vive cotidianamente
el conflicto armado, se ha acompañado a poblaciones
afectadas por el desplazamiento forzado y por disputas
territoriales entre los diversos grupos armados,
donde ronda la muerte cotidiana. Es obvio que
estas experiencias generan tensión y miedo
en las mujeres participantes en este tipo de marcha,
pero el miedo se controla al sentirse en compañía
y enlazadas con tantas mujeres; cuando se recurre
al ritual, a terapias alternativas y de sanación
para derrotarlo, porque como dicen las mujeres de
la Organización Femenina Popular “Es
mejor ser con miedo, que dejar de ser por miedo”.
Otra característica
de esta clase de movilización es la no violencia,
porque cuando la Ruta actúa, no lo hace
desafiante ni incitando la agresividad. Se ejerce
resistencia y desobediencia civil, se actúa
con una presencia poética, simbólica
y persistente. También se ha observado que
muchos soldados observan estas movilizaciones a veces
con asombro, o con desconcierto y se quedan
a la expectativa porque sienten curiosidad por lo
que ven. En algunos casos han habido reacciones
agresivas por parte de las fuerzas armadas del estado,
las cuales han sido respondidas por las mujeres de
manera pacifista. Al no responderse desde el mismo
lugar de los agresores, éstos no logran su
cometido intimidatorio.
Conciencia planetaria
La Ruta
Pacifica ha rescatado asi mismo el discurso y
las propuestas pacifistas que propenden por la convivencia
pacífica entre human@s y con todos seres de
la naturaleza. Se ha asimilado que no hay futuro
posible y viable para las nuevas generaciones, si
las presentes no acumulamos herramientas y habilidades
de todo tipo en la tramitación pacífica
de los conflictos ya sean familiares, sociales
o políticos; y si no aprendemos a respetar
la naturaleza, superando la relación
de dominio que depreda la naturaleza y pone en
duda la continuidad de la vida en el planeta.
También
se es consciente de que mientras los seres humanos
no encontremos otras formas de tramitar los conflictos
diferentes a la violencia; habrá guerra
y seguirá imperando el armamentismo.
Por eso los dueños de la industria armamentista
estimulan las guerras y generan nuevos focos de conflicto
en el mundo. La guerra es un negocio lucrativo para
los mercaderes de la guerra, a ellos no les conviene
que se construyan espacios de vida pacífica, ni
que se construya la paz.
Contra
la guerra, el militarismo y el armamentismo La Ruta
Pacífica junto con otras organizaciones en
Colombia (como la Organización Femenina Popular
de Barrancabermeja –OFP) construyeron desde
el año 2000 una alianza para expresarse y
movilizarse regularmente como Mujeres de Negro.
Vestidas de luto por todos los crímenes cometidos; por
las diversas violencias que se viven en Colombia; para
expresar un profundo rechazo a la guerra. En esta
propuesta se recoge el legado de otras mujeres pacifistas
como las Israelitas, palestinas, norteamericanas,
yugoslavas, italianas, españolas y de
otras partes del mundo que de negro, en silencio
y públicamente, se oponen a las guerras y
el armamentismo en sus respectivos países.
Además
la Ruta Pacifica tiene una conciencia solidaria porque
se siente interconectada con miles de organizaciones,
propuestas y personas en el mundo que están
luchando contra la guerra, contra el neoliberalismo
y por un mundo con justicia social. Por eso
se busca en el ámbito internacional tejer la
conformación de una red internacional de Mujeres, y
Organizaciones que apoyen las iniciativas de las
diversas organizaciones de mujeres y de otros sectores
de la sociedad civil por la paz, en contra de la
guerra y en pro de la negociación política
del conflicto armado en Colombia. Además
por la creación de lazos de solidaridad con
mujeres y hombres de otros países para
contrarrestar la carrera armamentista , el
militarismo y la guerra en el mundo.