RHO: Reproductive Health Outlook

Esta página se ve mejor en navegadores que soporten los standards de Web actuales, pero todo su contenido se puede ver con cualquier navegador.

Bibliografía Comentada

Esta es la página 1 de la bibliografía comentada de la sección sobre Género y Salud Sexual. Esta página contiene:

Si desea acceder a más entradas bibliográficas, visite la página 2 o la página 3, o bien regrese a la lista completa de temas que se abordan en la bibliografía comentada de la sección sobre Género y Salud Sexual. Asegúrese de consultar el Glosario si algún término de esta página le resulta desconocido.

Para abrir los archivos PDF necesita el programa Adobe Acrobat Reader. el cual puede ser descargado gratuitamente en www.adobe.com/products/acrobat/readstep.html.

Género y salud de la mujer

Arnold, F. Gender Preferences for Children. DHS Comparative Studies No. 23. Calverton, Maryland: Macro International Inc. (1997).
Este estudio comparativo basado en 57 Demographic and Health Surveys–DHS (Encuestas demográficas y de salud) realizadas en 44 países, analiza las actitudes de género preferidas por las mujeres y su impacto en la conducta demográfica y en el trato hacia las hijas. La preferencia por hijos varones se manifiesta mayormente en algunos países ubicados desde el Norte de África, pasando por el Medio Oriente, hasta el sur de Asia. En algunos países, la preferencia por los hijos varones está asociada con un menor uso de métodos anticonceptivos, un aumento de la fertilidad, y una desigual distribución de la cantidad de niños y niñas. En casi todos los países estudiados se pudo observar que las niñas tienen menos posibilidades de ir a la escuela que los niños. En países con gran preferencia por los hijos varones, la discriminación de las niñas en los procesos de vacunación y atención de salud puede tener como resultado una mortalidad infantil diferenciada. No se encontraron diferencias en las prácticas alimentarias ni en el estado nutricional.

Ashford, L.S. New population policies: advancing women’s health and rights. Population Bulletin 56(1):1-44 (March 2001). (Disponible en línea en la dirección www.prb.org/Content/NavigationMenu/PRB/AboutPRB/Population_Bulletin2/New_Population_Policies__Advancing_Womens_Health_and_Rights.htm#improving.)

Este documento revisa la evolución de las políticas nacionales de población, particularmente luego de la histórica conferencia de El Cairo en 1994. El autor describe el nuevo enfoque que se centra en mejorar la salud reproductiva y los derechos de la mujer, examina cómo los gobiernos han intentado  incorporar este nuevo enfoque a las políticas y programas locales, y propone nuevas posibles orientaciones para las políticas de población.

Avotri, J.Y. and Walters, V. "You just look at our work and see if you have any freedom on earth": Ghanaian women's accounts of their work and their health. Social Science & Medicine 48:1123-1133 (1999).
En entrevistas acerca de sus problemas de salud, 75 mujeres ghanesas no hicieron énfasis en temas relacionados con la salud reproductiva. En lugar de eso, se quejaron de problemas psicosociales, como pensar y preocuparse demasiado, y de dolores. Las mujeres atribuyeron su angustia mental – que puede provocar fatiga, insomnio, pérdida de peso y dolor de cabeza – a la carga que significa sostener a sus familias en circunstancias cada vez más difíciles: las mujeres en Ghana son económicamente responsables de sus hijos, y muchas de las que respondieron las entrevistas dijeron recibir poca o ninguna ayuda de parte de sus parejas.  Las mujeres atribuyen sus dolores físicos a la interminable y agotadora carga de trabajo. Las mujeres mencionan una larga serie de responsabilidades, entre las que se encuentran el cultivo de la tierra, realizar tareas para ganar dinero, cuidar a los niños, traer agua, preparar alimentos, hacer labores de aseo, y lavar la ropa, lo que no les deja tiempo para socializar con amistades. Los autores concluyen que la inseguridad financiera, los roles de género, y la carga de trabajo son las causas de los problemas de salud que experimentan las mujeres de los países menos desarrollados. Sostienen que el énfasis dado a la salud reproductiva ha definido a la mujer – de manera errónea – principalmente como madres y luego como trabajadoras.

Barnett, B. Gender norms affect adolescents. Network 17(3):10-13 (1997). (Disponible en línea en la dirección www.fhi.org/en/fp/fppubs/network/v17-3/nt1733.html.)
Este artículo discute el impacto de la diferencia de género entre niños y niñas. Entre los temas tratados se incluyen las diferencias en la alimentación; la deserción escolar de las niñas embarazadas; la actividad sexual por coerción o como método de subsistencia; la mutilación genital femenina; y el doble estándar de conducta sexual. Los programas de educación sexual han empezado instar a los adolescentes a redefinir los roles y los estereotipos de cada género; por otro lado, algunos programas de salud reproductiva están tratando de involucrar cada vez más a los hombres.

Beegle, K. et al. Bargaining power within couples and use of prenatal and delivery care in Indonesia. Studies in Family Planning 32(2):130-146 (2001).
Este artículo  analiza el poder económico y social de las mujeres de Indonesia en relación al de sus maridos. Los resultados indican que, de acuerdo a los recursos destinados al hogar y a otros antecedentes, la distribución de poder entre marido y mujer influye de manera independiente en la toma de decisiones. Cuando una mujer es dueña de algunos de los bienes de la casa, tiene más educación o proviene de un nivel social mayor que el marido, y cuando su padre tiene un nivel de educación mayor que el de su suegro, ésta tiene más influencia sobre las decisiones relativas a la salud reproductiva.

Defo, B. Effects of socioeconomic disadvantage and women's status on women's health in Cameroon. Social Science and Medicine 44(7):1023-1042 (1997).
Este estudio longitudinal de dos años en el que participaron 10.000 mujeres de Yaounde probó varias hipótesis relacionadas con el impacto de la pobreza y la condición social sobre la salud de la mujer. Se reunió información relacionada con los factores de riesgo demográficos, médicos, en el embarazo, en la conducta y en el hogar, así como datos acerca de enfermedades que haya padecido la mujer durante los dos años siguientes al nacimiento de un hijo. La condición social de la mujer se midió según su nivel de educación, trabajo, estado civil, y etnia. Usando un modelo estadístico se pudo observar que la carga de enfermedades se inclina en forma desproporcionada hacia las mujeres con menos recursos y hacia las que tenían una condición social más baja.

Dey, D.K. Factors influencing maternal mortality in Bangladesh from a gender perspective. Umea, Sweden: Umea University (1998). (Disponible en línea en la dirección www.qweb.kvinnoforum.se/papers/bangladesh.html.)
Datos obtenidos en Bangladesh sugieren que la mortalidad materna podría ser considerada una enfermedad crónica, causada por las desigualdades de género que se presentan a lo largo de la vida de una mujer, iniciándose con una alimentación deficiente y cuidados inadecuados en la infancia.  El documento relaciona diversos factores de género con cada una de las fases del modelo de maternidad sin riesgo llamado “Los Tres Retrasos”. (Three Delays)

Doyal, L. Gender equity in health: debates and dilemmas. Social Science & Medicine 51(6):931-939 (2000).
Este artículo analiza las diferencias en los factores de riesgo que deben enfrentar hombres y mujeres en los servicios de atención diponibles para ellos, y las bases biológicas y sociales de estas diferencias. Sin embargo, hombres y mujeres no son grupos homogéneos, y las diferencias socioeconómicas, culturales y de edad entre hombres y mujeres dificultan la relación entre género y salud. Después de estudiar las implicancias políticas de este análisis, el autor recomienda tres políticas para alcanzar la equidad de género en el área de la salud: garantizar acceso universal a la atención de salud reproductiva, eliminar las desigualdades de género para acceder a los recursos, y acabar con las restricciones que imponen los roles de género tan rígidamente definidos.

du Guerny, J. et al. Inter-relationship between gender relations and the HIV/AIDS epidemic: some possible considerations for policies and programmes. AIDS 7:1027-1034 (1993).
Este artículo describe cómo la baja condición social de la mujer y los roles de género tradicionales aceleran la proliferación del SIDA, debido a la imposibilidad de las mujeres de exigir la práctica del sexo seguro. También plantea que confiar la atención comunitaria de las víctimas del SIDA a las mujeres reforzará los roles tradicionales que la califican como ‘cuidadora’,  lo que acabará con los esfuerzos para elevar su condición social. Los autores sostienen que los programas de prevención del VIH/SIDA deben redefinir sus agendas basándose en el análisis - desde una perspectiva del género – de las causas y efectos socioeconómicos y culturales de la epidemia del SIDA. Las metas a corto plazo deben estar orientadas a elevar la condición social de la mujer y redistribuir la labor de ‘cuidador/a’; las metas a largo plazo deben incluir un cambio de actitud hacia los roles de género tradicionales y reducir la dependencia económica de la mujer, así como desarrollar nuevos métodos anticonceptivos y de barrera.

Finkler, K. A theory of life’s lesions: a contribution to solving the mystery of why women get sick more than men. Health Care for Women International 21:433-455 (2000).
Con el fin de explicar por qué las tasas de morbilidad son más altas en las mujeres que en los hombres, este artículo propone que las enfermedades se originan, en parte, a raíz del estrés y la angustia que provocan las relaciones sociales adversas, los dilemas morales, y las contradicciones no resueltas en la vida de una persona. Elementos que el autor denomina ‘lesiones de la vida’. Si bien las desigualdades de género en el hogar protegen a los hombres de las contradicciones no resueltas que deben enfrentar en el mundo exterior; las relaciones domésticas y conyugales contribuyen a las ‘lesiones de la vida’ de las mujeres. Para ilustrar esta teoría se usa el caso de una mujer mexicana.

Go, V.F. et al. Gender gaps, gender traps: sexual identity and vulnerability to sexually transmitted diseases among women in Vietnam. Social Science & Medicine 55:467-481 (2002).
A través de una serie de entrevistas en profundidad y discusiones de grupos focales se investigaron los roles de género, la actitud hacia las enfermedades de transmisión sexual (ETS) y las infecciones del tracto reproductivo (ITR), y su impacto sobre las estrategias que usan las mujeres vietnamitas para cuidar su salud. Para las mujeres vietnamitas, las ITR están asociadas con una falta de higiene y limpieza deficiente, mientras que las ETS están asociadas a la promiscuidad. Tanto hombres como mujeres reconocen que un hombre puede golpear o divorciarse de su mujer si ésta tiene una ETS, por otro lado, la mujer debe perdonar a su marido si éste padece alguna ETS. Debido al estigma, las mujeres se muestran renuentes a buscar tratamiento en una clínica de ETS y con frecuencia acuden a los centros de atención sólo después de que han experimentado síntomas graves, han descubierto que sus maridos tienen una ETS, y/o después de que han recurrido a otros tratamientos sin éxito. Los autores concluyen que los programas orientados a prevenir las ETS y las ITR deben disociar los síntomas de las normas tradicionales a fin de que las mujeres puedan reconocer los síntomas y buscar ayuda.

Gruskin, S., ed. Special Focus: Reproductive and Sexual Rights. Health and Human Rights 4(2):1-237 (2000).
Este número especial de la revista Health and Human Rights explora el estado actual de los derechos sexuales y reproductivos en el mundo basándose en el marco de trabajo desarrollado en la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo realizada en el Cairo, y en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer realizada en Beijing. En una serie de comentarios y artículos, diversos autores discuten el marco y el contenido de estos derechos, analizan cuáles han sido los obstáculos que han impedido su implementación completa,  y proponen maneras para promover su desarrollo.  Estos artículos presentan el estado de cada región del mundo en lo que respecta a este tema, incluidos los países en desarrollo y los desarrollados.

Institute of Medicine. Exploring the biological contributions to human health: does sex matter? Journal of Women’s Health & Gender-based Medicine 10(5):433-439 (2001).
Este artículo reproduce un resumen ejecutivo de un informe más extenso del Comité del Instituto de Medicina sobre ‘Cómo entender la biología del sexo y las diferencias de género’. Las principales conclusiones del comité son (1) el sexo sí importa, (2) el estudio de las diferencias de género está evolucionando hacia una ciencia más madura que pasará de ser descriptiva a experimental, y (3) las barreras al avance de los conocimientos acerca de las diferencias de género en la salud  y en la enfermedad existen, y deben ser eliminadas. Las recomendaciones para la investigación incluyen promover la investigación del sexo a nivel celular, estudiar las diferencias sexuales desde el vientre materno hasta la tumba, explotar la información que se tiene acerca de la cruza entre especies, investigar las variaciones naturales, expandir la investigación de las diferencias sexuales patentes en la organización y funciones mentales, y supervisar las diferencias y similitudes de los sexos en todas las enfermedades que afectan tanto a hombres como a mujeres. Entre las recomendaciones para enfrentar los obstáculos impuestos al progreso se incluyen aclarar el uso de los términos sexo y género, apoyar y realizar más investigación en el tema de las diferencias sexuales, hacer más accesible la información específica para cada sexo, determinar y revelar el sexo original del material biológico utilizado en las investigaciones, construir estudios longitudinales que puedan ser analizados por sexo, identificar el estado endocrino de los sujetos de estudio, promover la investigación interdisciplinaria sobre las diferencias de los sexos, y reducir la posible discriminación basándose en las diferencias sexuales identificadas.

Kabira, W. et al. The effect of women's role on health: the paradox. International Journal of Gynecology & Obstetrics 58:23-34 (1997).
Debido a que tradicionalmente las mujeres son las responsables de la salud en África y que su condición social es baja, el sector de la salud ha recibido relativamente menos atención e inversión por parte de los gobiernos africanos. La pobreza, la educación deficiente, y la mala nutrición afectan de manera negativa la salud de las mujeres. Igualmente perjudicial para al salud de las mujeres es la ideología patriarcal que promueve la violencia contra la mujer, la mutilación genital femenina, el matrimonio precoz, la poligamia y la “herencia de las viudas”, y traspasa la carga del VIH/SIDA a las mujeres. Para mejorar la salud de las mujeres, los autores recomiendan alentarlas a participar en todos los niveles del sector de atención de salud - incluidos los roles relacionados con la administración, el liderazgo y el desarrollo de políticas - promover la conciencia de la perspectiva de género en la educación; y, fomentar la independencia económica de la mujer.

McDonough, P. and Walters, V. Gender and health: reassessing patterns and explanations. Social Science & Medicine 52: 547-559 (2001).
Este artículo desafía la idea de que las mujeres experimentan más episodios de enfermedad/salud que los hombres como resultado de experiencias estresantes basadas en las diferencias de género. La información proviene de una muestra representativa de 13.896 canadienses mayores de 20 años. Las mujeres presentaban un 23 por ciento más de malestares que los hombres y tenían un 30 por ciento más de probabilidades de padecer enfermedades crónicas, no obstante, entre los hombres había cinco veces más probabilidades de encontrar problemas de alcoholismo. Entre los sexos hubo escasa o ninguna diferencia en la salud percibida o restricciones en las actividades. La diferenciación en la exposición al estrés crónico y a los acontecimientos de la vida fue la causa de algunos de los malestares diferentes para cada sexo; no ocurrió así con las enfermedades crónicas o el alcoholismo. El nivel de vulnerabilidad frente a los factores de estrés no explica las diferencias en el estado de salud.

Moss, N.E. Gender equity and socioeconomic inequality: a framework for the patterning of women’s health. Social Science & Medicine 54:649-61 (2002).
Se presenta un marco integral de factores que influyen en la salud de la mujer, el cual reúne la equidad de género y la desigualdad socioeconómica. Entre los factores que influyen en la salud de la mujer se encuentran el ambiente geopolítico (incluidas las políticas y estructuras económicas, sociales y legales), la cultura (incluida la discriminación basada en  las características socio-demográficas), y el rol de la mujer en el hogar y en el lugar de trabajo. Para las mujeres solas y aquellas dueñas de casa, el impacto de estos factores sobre la salud está estrechamente relacionado con redes sociales de apoyo (amigos y familia), factores psicosociales (estrés, estado de ánimo, saber sobrellevar los problemas, y mantener la espiritualidad), acceso a servicios de salud, violencia, y conductas que afectan directamente la salud (incluido el sexo, la dieta, la anticoncepción, y el alcoholismo).

Murphy, E. and Ringheim, K. (eds). Reproductive Health, Gender, and Human Rights: A Dialogue. Washington, D.C.: PATH (2001). (Disponible en línea en la dirección www.path.org/resources/rh-gender-rights.htm.)
Esta recopilación de artículos escritos por expertos del área de la salud pública y los derechos humanos fue presentada en una conferencia realizada en diciembre de 1999. Estos artículos examinan los intereses comunes y las diferencias significativas que estas dos perspectivas aportan a los temas de salud reproductiva. Se aborda una amplia variedad de temas como la sexualidad, la mortalidad materna, la planificación familiar, el aborto, el VIH/SIDA, y la violencia contra la mujer.

PATH. Gender inequities and women's health. Outlook 16(4):1-6 (1999). (Disponible en línea en la dirección www.path.org/outlook/html/16_4.htm#feat.)
Este artículo hace un análisis de las desigualdades económicas y sociales basadas en el género y de cómo éstas repercuten en la salud de la mujer. La incapacidad de las mujeres de tener el control de su propia sexualidad, tanto dentro como fuera del matrimonio, las hace vulnerables a los embarazos no deseados y a las enfermedades de transmisión sexual. Los roles de género también contribuyen a los altos niveles de violencia contra las mujeres - incluidas las golpizas por parte del marido y la violación en tiempos de guerra - y contra su salud. Las barreras económicas y sociales hacen que sea más difícil para las mujeres obtener atención de salud apropiada y de buena calidad. Los programas de atención en salud pueden mejorar los servicios que ofrecen a las mujeres, entendiendo cómo los problemas de género afectan la salud, capacitando a sus proveedores adecuadamente, y expandiendo sus servicios con el fin de ayudar a las víctimas de la violencia y de la explotación sexual, además de abordar las necesidades de salud mental.

Riley, N.E. Gender, power, and population change. Population Bulletin 52(1) (May 1997). (Disponible en línea en la dirección www.prb.org/Content/NavigationMenu/PRB/AboutPRB/Population_Bulletin2/Gender,_Power,_and_Population_Change.htm.)
Este informe explora las conexiones que hay entre el género y los niveles y tendencias actuales en fertilidad y mortalidad en los países menos industrializados. Luego de definir el género como construcción social y diferenciación de poder, el autor revisa las diferencias que se presentan entre hombres y mujeres en las áreas de educación, trabajo, roles en la familia, y representación política. Otro análisis describe las diversas maneras en que la educación y el trabajo femeninos afectan las tasas de fertilidad. La última sección aborda aspectos relativos a las políticas, incluida la interrogante de si los programas de planificación familiar deben adaptarse a las normas de género ya existentes, o si deben desafiar las desigualdades de género con el objetivo de mejorar la vida de las mujeres.

Santow, G. and women's health.Social roles and physical health: the case of female disadvantage in poor countries. Social Science and Medicine 40(2):147-161 (1995).
Este artículo examina cómo la baja condición social de la mujer afecta de manera negativa su salud y la de sus hijos. Discute sobre las repercusiones que tienen sobre la salud el infanticidio femenino, la diferenciación en la distribución de los alimentos, las presiones sociales que impulsan a las mujeres a tener hijos, la incapacidad de la mujer de negarse a tener un encuentro sexual, el doble estándar de la conducta sexual, y la mutilación genital femenina. El artículo también describe cómo la línea de atención de salud está jerarquizada según sexo, edad, y rol dentro de la familia, de tal manera que la mujer y los niños reciben tratamiento médico en último lugar. Después de revisar extensamente algunos esfuerzos fallidos  orientados a cambiar los modelos de conducta tradicionales, el autor recomienda centrar los esfuerzos de los programas en los hombres, ya que son ellos quienes poseen el poder en la relación conyugal.

Shen, C. and Williamson, J.B. Maternal mortality, women's status, and economic dependency in less developed countries: a cross national analysis. Social Science & Medicine 49:197-214 (1999).
Este estudio analiza datos provenientes de 79 países menos desarrollados con el fin de probar las teorías acerca del impacto de la modernización, la dependencia económica, y la estratificación de género sobre la mortalidad materna. La condición social de la mujer (medido según el nivel de educación, la edad a la que se casaron por primera vez, y la autonomía reproductiva) es un fuerte predictor de la mortalidad materna, independiente de las tasas de producto nacional bruto y crecimiento económico. El hecho de que un país dependa de la inversión extranjera tiene efectos negativos sobre la mortalidad materna, ya que esta dependencia tiende a disminuir el crecimiento económico, reduce la condición social de la mujer, y desalienta el uso de métodos anticonceptivos. Los autores concluyen que se deben iniciar acciones para cambiar la condición social y económica de la mujer y el acceso a servicios de salud con el fin de reducir las tasas de mortalidad materna.

Tinker, A. et al. Improving Women's Health: Issues & Interventions. Washington, D.C.: World Bank (2000). (Disponible en línea en la dirección www.worldbank.org/gender/beijing5/womenhealth.pdf.)
Este informe fue preparado para la conferencia Beijing+5 a fin de entregarles a los delegados información actualizada sobre los aspectos de la salud de la mujer. Después de revisar la compleja interacción de los determinantes biológicos y socioeconómicos de la salud de la mujer, los autores se centraron en los cinco problemas de salud más apremiantes para la mujer en los países en desarrollo: la maternidad sin riesgo, las infecciones de transmisión sexual, la desnutrición, la violencia contra las mujeres, y la mutilación genital femenina. Algunos programas financiados por el Banco Mundial son usados como ejemplo en la discusión sobre las políticas que son necesarias, y las intervenciones costo-efectivas. Los autores concluyen que los países deben  (1) aumentar la disponibilidad, la accesibilidad financiera, y la calidad de los servicios de salud; (2) usar la legislación, aplicar la ley, y la comunicación para refrenar las prácticas nocivas como la discriminación a causa del género y la violencia doméstica; y (3) realizar actividades orientadas tanto a los hombres como a las mujeres.

UNDP/UNFPA/WHO/World Bank Special Programme of Research, Development and Research Training in Human Reproduction (HRP). Women, reproductive health and international human rights. Progress in Human Reproduction Research 50(1) (1999). (Disponible en línea en la dirección www.who.int/reproductive-health/hrp/progress/50/news50_1.en.html.)
Este artículo aplica una perspectiva más amplia de los derechos humanos al análisis de la salud y el género. Basándose en el lenguaje de los convencionalismos modernos de los derechos humanos, las desventajas de salud que deben enfrentar las mujeres pueden clasificarse como injusticias sociales y violaciones a la ley de derechos humanos. Por ejemplo, las altas tasas de mortalidad materna pueden reflejar violaciones al derecho que tiene la mujer de acceder a servicios de atención de salud disponibles de manera inmediata, a la educación, y a la distribución equitativa de la riqueza nacional para satisfacer las necesidades básicas de la población. Este artículo hace un llamado a los países para que cumplan con sus obligaciones legales y respeten los derechos de las mujeres, a través de acciones que ayuden a superar las desventajas que ellas enfrentan en el ámbito de la salud.

United Nations Population Fund (UNFPA). The State of World Population 2000. New York: UNFPA (2000). (Disponible en línea en la dirección www.unfpa.org/swp/2000/english/index.html.)
El reporte de este año se centra en las desigualdades de género, los derechos humanos, y las prioridades para el desarrollo. Las relaciones de poder más igualitarias entre hombres y mujeres y el mejor acceso a atención de salud reproductiva, podrían ser las claves para salvar vidas, evitar los embarazos no deseados y los abortos, y reducir el número de ITS en el mundo. El informe examina la relación entre género y salud reproductiva, insiste en que la violencia contra la mujer debe ser una prioridad en el tema de los derechos humanos y la salud de las personas, considera de qué manera las diferencias de género afectan tanto a los hombres como a las mujeres, y cuantifica los costos económicos, sociales, y psicológicos de las desigualdades de género. El FNUAP hace un llamado a los gobiernos y a los países donantes para que ayuden a terminar con las desigualdades de género a través de cambios en la legislación, la revisión de las políticas públicas, y el apoyo a iniciativas internacionales. El documento también se encuentra disponible en francés y en español.

Whelan, D. Gender and HIV/AIDS: Taking Stock of Research and Programmes. UNAIDS Best Practice Collection. Geneva: UNAIDS (March 1999). (Disponible en línea en la dirección www.unaids.org/publications/documents/human/gender/una99e16.pdf.)
Esta publicación examina la investigación realizada sobre cómo las normas de género y las presiones sociales aumentan la vulnerabilidad de la mujer – y en menor grado la del hombre – frente al VIH/SIDA. También revisa las respuestas programáticas para reducir los riesgos individuales y sociales, abordando los problemas de género. Los programas han buscado reducir la transmisión de la enfermedad, (1) mejorando el acceso por parte de las mujeres a la información, la educación, las habilidades, y a tecnologías que puedan ayudarles a prevenir el VIH/SIDA; (2) disminuyendo la vulnerabilidad de las trabajadoras sexuales; (3) mejorando la condición social y económica de las mujeres; y (4) promoviendo la participación de la mujer en la toma de decisiones en todos los niveles. El autor hace un llamado para aumentar la investigación en los siguientes temas: cómo el género influye en el conocimiento, las actitudes, y la conducta sexual del hombre; cómo influye en la sensibilización y los recursos destinados al apoyo y a la atención con perspectiva de género; y en el desarrollo de indicadores que permitan medir la reducción de las desigualdades de género que están relacionadas con la vulnerabilidad al VIH/SIDA.

Williamson, J. et al. Female life expectancy, gender stratification, health status, and level of economic development: a cross-national study of less developed countries. Social Science and Medicine 45(2):305-317 (1997).
Los autores usan la teoría de la estratificación de género para explicar las diferenciaciones en las expectativas de vida para la mujer en los países en desarrollo. Múltiples modelos de regresión revelan una relación positiva entre la condición social de la mujer y la expectativa de vida femenina al momento de nacer. Entre las variables importantes se encontraban el porcentaje de años de educación de las mujeres con respecto a los hombres, el grado de participación de las mujeres en el sector industrial, y el uso de métodos anticonceptivos. La relación entre expectativa de vida y actividad económica de la mujer fue compleja: la expectativa de vida es más alta cuando la mujer se desempeña en trabajos mejor remunerados.

Wong, G. et al. Seeking women's voices: setting the context for women's health interventions in two rural counties in Yunnan, China. Social Science and Medicine 41(8):1147-1157 (1995).
Este artículo presenta 28 discusiones sobre la salud en las que participaron grupos focales de mujeres que viven en aldeas en China. Las mujeres sienten que su mayor carga es básicamente el trabajo pesado: ellas son responsables de las labores domésticas y de criar a los niños, aparte de las labores agrícolas. Lo anterior implica que las mujeres no tienen tiempo libre – sólo una de las muchas desigualdades que ellas notaron entre la vida de hombres y mujeres. Las labores pesadas, el poco descanso, y una dieta que únicamente les permite subsistir agota a las mujeres y las lleva a sufrir problemas de salud como dolor de músculos, dolor de cabeza, y reumatismo. El costo, la distancia, y la falta de transporte limita el acceso de las mujeres a la atención de salud, y se quejan de que los proveedores locales no cuentan con los medicamentos necesarios para tratar sus problemas de salud más frecuentes. Cuando las mujeres van a los consultorios a recibir atención prenatal cuentan con la ayuda de una red informal de vecinos, parientes, y matronas que atienden partos en los hogares. Los autores recomiendan que los responsables de la planificación deben prestar más atención a las perspectivas de las mujeres al momento de diseñar sistemas de atención de salud.

World Health Organization (WHO). Gender and Health: A Technical Paper. WHO/FRH/WHD/98.16 (1998).(Disponible en línea en la dirección www.who.int/frh-whd/GandH/GHreport/gendertech.htm.)
El Grupo de Trabajo del Programa de Salud y Desarrollo para la Mujer de la OMS produjo esta revisión completa de la relación entre el sexo, los roles de género, el estado de salud, y la atención de salud. Una serie de estudios de casos ilustran cómo el sexo y el género tienen consecuencias sobre el riesgo de desarrollar un problema de salud y sobre el curso de éste; las enfermedades infecciosas tropicales, el VIH/SIDA y otras ITS, así como la violencia y las lesiones, son algunos de los temas tratados. El documento también analiza la evidencia que da cuenta del impacto que tienen los roles de género en la vida diaria de las mujeres, incluido su estado nutricional, la exposición a peligros del medio ambiente, y la recarga de trabajo. Una sección importante examina las desigualdades de género y la calidad de la atención de salud. El documento finaliza con una serie de recomendaciones para el diseño de políticas y programas. También incluye un glosario, una extensa bibliografía, y una lista de literatura de la OMS relacionada con el tema.

Zaidi, S. Gender perspectives and quality of care in underdeveloped countries: disease, gender and contextuality. Social Science and Medicine 43(5):721-730 (1996).
El autor sostiene que las desigualdades de género en el área de las salud en los países en desarrollo se deben a las estructuras económicas y sociales. El acceso a la atención de salud para los hombres, como para las mujeres, depende del lugar que tengan en la jerarquía socioeconómica. Las mujeres ricas de los países pobres tienen acceso a una buena atención de salud, como sucede con ambos sexos en lospaíses ricos. También se considera la ideología política al comparar el impacto de los sistemas socialistas y capitalistas sobre los estándares de salud y sobre el estado de salud de las mujeres. El autor sostiene que las reformas legales no pueden mejorar la condición social de las mujeres ya que eso depende de los derechos sociales, económicos, políticos y de propiedad.

Zurayk, H. et al. Women's health problems in the Arab world: a holistic policy perspective. International Journal of Gynecology & Obstetrics, 58:13-21 (1997).
Esta revisión holística de la salud reproductiva de las mujeres de los países árabes muestra el contexto social y económico de la vida de estas mujeres así como de sus problemas médicos. El documento describe las limitaciones impuestas a la educación y al trabajo de la mujer, la condición social inferior de la mujer en el núcleo familiar, y la importancia que se le otorga al matrimonio y a la maternidad. También analiza el uso de métodos anticonceptivos, la mortalidad materna, el embarazo y el parto, la morbilidad ginecológica, la extendida práctica de la mutilación genital femenina, y la menopausia. Los autores identifican tres prioridades para la investigación: la organización de los servicios de salud reproductiva en la atención primaria, las percepciones de los médicos respecto de la salud de las mujeres, y las percepciones de las mujeres respecto del manejo de salud y enfermedad.

Arriba

Violencia contra la mujer

A guide for screening and counseling women who are abused. In: Learning About Sexuality: A Practical Beginning, edited by S. Zeidenstein and K. Moore, New York: The Population Council, pp. 388-392 (1996).Esta guía práctica puede ayudar a los proveedores de atención de salud a pesquisar y aconsejar a aquellas mujeres que han sido víctima de violencia doméstica. La guía describe las características de las pacientes que podrían indicar antecedentes de abuso, también explica cómo se debe realizar una entrevista, presenta una lista de las preguntas clave, y discute cuales son los tipos de atención - o derivación - más apropiados para las mujeres maltratadas.

 

Anderson, A. et al. Beyond Victims and Villains: The Culture of Sexual Violence in South Johannesburg. Johannesburg: CIETafrica and Johannesburg Southern Metropolitan Local Council (SMLC) (June 2000).Durante un período de tres años, el proyecto ‘Preventing Sexual Violence’ llevó a cabo varios estudios de investigación acerca de la violencia basada en el género en Sudáfrica, incluidas dos encuestas domiciliarias realizadas a 7.812 mujeres, una encuesta callejera realizada a 2.060 hombres, tres encuestas realizadas en establecimientos educacionales a 27.364 estudiantes, y entrevistas a 197 policías, magistrados, fiscales, proveedores de atención de salud, y otros trabajadores. Los resultados revelan un nivel incipiente de violencia, con una estimación de un 16 por ciento de mujeres violadas cada año, altas tasas de abuso sexual entre niños y niñas, y la creencia ampliamente difundida (entre hombres y mujeres de todas las edades) de que las mujeres provocan la violencia sexual y prácticamente ‘piden’ ser violadas. Existe una gran probabilidad de que los hombres violentos hayan estado expuestos a violencia doméstica en su infancia y que además hayan tenido amigos sexualmente violentos; el trabajo y la educación no fueron factores determinantes. El estudio también reveló debilidades en la manera en que la policía enfrentaba los casos de violencia sexual, solo una pequeña cantidad de los incidentes reportados fueron efectivamente registrados como casos. El Southern Metropolitan Local Council (SMLC) está trabajando en conjunto con grupos comunitarios con el fin de prestar atención al problema de la violencia sexual, mejorar los servicios, y desarrollar estrategias de prevención.

Asher, J. et al. Detection and treatment of domestic violence. Contemporary Ob/Gyn 9:62-72 (2001). (Disponible en línea en la dirección http://obgyn.pdr.net/be_core/search/show_article_search.jsp?searchurl=/be_core/content/journals/g/data/2001/0901/gjasher.html&title=Detection%20and%20treatment%20of%20domestic%20%20violence&navtype=g&heading=g.)La violencia doméstica es la principal causa de lesiones a las mujeres en los Estados Unidos, sin embargo obstetras y ginecólogos están dejando pasar la oportunidad de detectar y atender a las víctimas. Este artículo ofrece consejos prácticos para los médicos que les enseñan cómo reconocer los signos y síntomas de abuso doméstico, cómo detectar a estas mujeres en la visita inicial y en las siguientes, y cómo actuar si se descubre que ha habido abuso.

Blaney, C. Abused women have special needs. Network 18(4):15-18 (1998). (Disponible en línea en la dirección www.fhi.org/en/fp/fppubs/network/v18-4/nt1844.html.)Este artículo, disponible en inglés, francés y español, revisa la evidencia acerca de la prevalencia de la violencia doméstica contra la mujer y cómo afecta su salud reproductiva. También informa los resultados de un estudio llevado a cabo en Bolivia como parte del Proyecto de Estudios de la Mujer (Women’s Study Project) de Family Health International. El autor concluye que las mujeres que han sido víctimas de abuso tienen necesidades especiales en anticoncepción y requieren que la atención de salud se acomode a sus circunstancias, incluido el acceso a anticoncepción de emergencia y a métodos anticonceptivos que puedan ser usados sin conocimiento de su pareja, a pruebas de ITS/VIH, a dejar constancia de la violencia y a recibir consejería especializada, y a recursos comunitarios como los servicios legales y los centros de acogida. El artículo también presenta los esfuerzos que realizan los afiliados de IPPF para abordar el problema de la violencia doméstica.

 

Burney, S. Crime or Custom? Violence Against Women in Pakistan. Human Rights Watch (1999). (Disponible en línea en la dirección www.hrw.org/reports/1999/pakistan.)
Human Rights Watch investigó la reacción del gobierno paquistaní frente al omnipresente problema de la violencia contra las mujeres en las dos ciudades más grandes del país: Karachi y Lahore. Debido a que los casos de violencia doméstica prácticamente nunca son investigados por la policía en Paquistán, el informe se centra en la violencia sexual fuera del hogar. El informe describe una serie de obstáculos que deben enfrentar las mujeres cuando quieren denunciar una violación u otro tipo de violencia sexual, desde oficiales de policía parciales hasta un trato discriminatorio en el sistema legal. Las exigencias legales para la evidencia médica en casos de abuso sexual también son un obstáculo. Los médicos contribuyen a las fallas del sistema, ya que el objetivo de los exámenes que realizan es saber si el himen ha sido roto, y si fue así, cuándo, en lugar de recolectar evidencia que demuestre la magnitud de las lesiones de la mujer y permita identificar a los agresores. Los médicos frecuentemente hostigan a las mujeres que examinan  y no les creen, especialmente si no son casadas.

 

Campbell, J. Health consequences of intimate partner violence. The Lancet 359(9314):1331-36 (April 13, 2002). (Disponible en línea en la dirección www.thelancet.com.)
La investigación realizada con mujeres abusadas de varias comunidades ha revelado una gran cantidad de consecuencias de la violencia doméstica. Las víctimas se presentan en las salas de emergencia con traumatismos evidentes, pero no hay que olvidar que los golpes también pueden provocar problemas gastrointestinales y a nivel del sistema nerviosos central. Los problemas ginecológicos asociados con las relaciones sexuales forzadas son las consecuencias más comunes y duraderas de la violencia contra la mujer. El abuso durante el embarazo puede provocar problemas de salud tanto al feto como a la mujer. Entre los efectos psicológicos más comunes se encuentran la depresión y el trastorno por estrés post-traumático. Como consecuencia de todos estos problemas de salud, las mujeres abusadas requieren más atención médica que otras personas.

 

Campbell, J. et al. Intimate partner violence and physical health consequences. Archives of Internal Medicine 162:1157-1163 (2002). (Disponible en línea en la dirección http://archinte.ama-assn.org/issues/v162n10/ffull/ioi10257.html.)
Este estudio de caso-control comparó 201 mujeres que habían sido abusadas física o psicológicamente inscritas en una organización de control de la salud de los EEUU con 240 mujeres que jamás habían sufrido abuso. Las mujeres que habían sido abusadas presentaban considerablemente más episodios de dolor de cabeza, dolor de espalda, más enfermedades de transmisión sexual, sangrado vaginal, infecciones vaginales, dolor pélvico, dolor al tener relaciones sexuales, infecciones del tracto urinario, pérdida del apetito, dolor abdominal, y trastornos digestivos. Sobre todo, las mujeres abusadas dieron cuenta de un 50 a un 70 por ciento más de problemas ginecológicos, problemas crónicos relacionados con el estrés, problemas a nivel del sistema nervioso central, y problemas de salud en general que las mujeres control. Los autores recomiendan realizar siempre la detección de rutina y evaluar en profundidad a las mujeres que se presentan frecuentemente por problemas ginecológicos, problemas crónicos relacionados con el estrés y por problemas a nivel del sistema nervioso central.

 

Coker, A.L. et al. Physical and mental health effects of intimate partner violence for men and women. American Journal of Preventive Medicine 23(4):260-268 (2002).
Este estudio analizó datos de un estudio realizado en los EEUU basado en la población en el que participaron 6.790 mujeres y 7.122 hombres. Aproximadamente el 29 por ciento de las mujeres y el 23 por ciento de los hombres había experimentado en alguna oportunidad violencia por parte de su pareja íntima, ya sea física, sexual o psicológica. Entre las mujeres había mayor probabilidad de encontrar casos de violencia física, sexual, y abuso de poder y control. Entre los hombres era más probable encontrar casos de violencia verbal solamente. Tanto para los hombres como para las mujeres, la violencia por parte de la pareja íntima fue asociada con una salud deficiente, depresión, consumo de drogas, enfermedades crónicas, enfermedades mentales crónicas, y lesiones. Si se consideran el abuso físico y psicológico de manera conjunta, los casos de abuso psicológico están más estrechamente relacionados con problemas de salud que los casos de abuso físico.

 

Coker, AL et al. Assessment of clinical partner violence screening tools. Journal of the American Medical Women's Association 56:19-23 (2001).
Esta encuesta transversal realizada en los EEUU comparó los resultados de dos herramientas para medir el nivel de violencia en la pareja; fue aplicada a un grupo de 1.152 mujeres que asistían a una clínica de atención familiar. Debido a que el Índice de Abusos Conyugales Físicos (Index of Spouse Abuse, Physical Scale – ISA-P) se limita a estimar el grado de violencia física y a las lesiones, deja de lado al 50 por ciento de las mujeres que sufren violencia por parte de su pareja íntima. La herramienta denominada Women’s Experience with Battering Scale (WEB) no solo identificó más víctimas de violencia (17 por ciento de la muestra, frente a 10 por ciento del ISA-P), sino que también reveló una mayor asociación de la violencia con la salud mental auto-percibida, la ansiedad, la depresión, el consumo de drogas, y el poco apoyo social. Estos descubrimientos sugieren la importancia de usar herramientas de detección que tomen en cuenta el maltrato físico y el temor a nivel psicológico asociado a éste.

 

Coker, A.L. et al. Intimate partner violence and cervical neoplasia. Journal of Women’s Health & Gender-based Medicine 9(9):1015-1023 (2000).
Esta encuesta transversal se realizó con 1.152 mujeres reclutadas de clínicas de atención familiar en los EEUU cuyas edades fluctuaban entre los 18 y los 65 años. Aquellas mujeres que alguna vez experimentaron violencia por parte de su pareja íntima presentaron un mayor riesgo de desarrollar cáncer cervical invasor (RR=4,28) y neoplasia cervical preinvasora (RR=1,47). Esta asociación dependía del número de episodios de violencia física, no fue así en el caso de la violencia psicológica. Los autores especulan que la violencia por parte de la pareja íntima puede aumentar el riesgo de neoplasia cervical, ya sea a causa del estrés psicosocial crónico o por la transmisión del virus del papiloma humano durante los episodios de agresión sexual.

 

Coker, A.L. et al. Physical health consequences of physical and psychological intimate partner violence. Archives of Family Medicine 9:451-457 (2000).
Este estudio se realizó con 1.152 mujeres que buscaban atención médica en clínicas familiares de los EEUU debido a que habían sido víctimas de violencia física, sexual, y psicológica por parte de su pareja íntima. De estas mujeres, el 40 por ciento había experimentado violencia física y/o sexual, mientras que el 13,6 por ciento había experimentado violencia psicológica sin violencia física. Aquellas mujeres que habían sufrido violencia psicológica presentaron un riesgo notoriamente más alto de manifestar problemas de salud, incluida la artritis (1,67), dolor crónico (1,91), migrañas (1,54), infecciones de transmisión sexual (1,82), dolor pélvico crónico (1,62), úlceras estomacales (1,72), y cólon irritable (3,62). Los autores concluyen que los médicos deben buscar indicios, tanto psicológicos como físicos, de violencia por parte de la pareja íntima.

 

Coker, A. et al. Violence against women in Sierra Leone: frequency and correlates of intimate partner violence and forced sexual intercourse. African Journal of Reproductive Health 2(1):61-72 (1998).
Los descubrimientos realizados gracias a un cuestionario sobre VIH/SIDA confirman los altos niveles de violencia contra la mujer en Sierra Leona. De las 144 mujeres encuestadas, el 67 por ciento informó que era golpeada por su novio o su marido y el 74 por ciento por otro miembro de la familia. Aproximadamente el 51 por ciento de las mujeres informó que habían sido forzadas a tener relaciones sexuales en contra de su voluntad, la mayoría de las veces por su novio o su marido; para casi 2/3 de estas mujeres, su primera relación sexual fue forzada. De las mujeres que informan violencia por parte de la pareja íntima y relaciones sexuales forzadas hay muchas que son desempleadas (OR=2,2), menores de 29 años (OR=2,3), musulmanas (OR=4.4), o están circuncidadas (OR=8.0); entre ellas había una tendencia a pensar que enfrentaban un alto riesgo de SIDA (OR=2,4) y a mantener un actitud tradicionalista frente al sexo. Los autores discuten las consecuencias que estos patrones tienen sobre la salud y exploran las relaciones que podrían existir a nivel social entre las diversas formas de violencia contra la mujer, la circuncisión femenina, y las actitudes tradicionalistas frente al sexo.

 

Collymore, Y. et al. Conveying Concerns: Women Write on Gender-based Violence. MEASURE Communication Reports. Washington, D.C.: Population Reference Bureau (2000). (Disponible en línea en la dirección www.prb.org/MeasureTemplate.cfm?Section=Documents&template=/ContentManagement/ContentDisplay.cfm&ContentID=1414.) Este folleto examina la violencia basada en el género desde la perspectiva de una periodista. Contiene artículos extraídos de periódicos y transcripciones de programas radiales de siete países en un esfuerzo por cambiar la actitud frente a la violencia basada en el género. Entre los temas abordados se encuentran la violencia doméstica, el incesto, la violación, y la mutilación genital femenina. El folleto también examina el papel de los medios de comunicación.

 

Davidson, L.L. et al. Training programs for healthcare professional in domestic violence. Journal of Women’s Health & Gender-Based Medicine 10(10):953-969 (2001).
Se han probado docenas de programas educacionales destinados a mejorar la habilidad de los proveedores de atención de salud para identificar y tratar a las mujeres víctimas de abuso. Una revisión de la literatura publicada indica que la mayoría de estos programas ha consistido en una corta sesión, carente de reforzamiento, seguimiento, o evaluación de la misma. Los estudios también sugieren que si bien la implementación de protocolos de detección puede tener éxito a corto plazo, lo difícil es mantenerlos en funcionamiento. Deficiencias metodológicas impiden llegar a una conclusión definitiva acerca del efecto de la capacitación en violencia doméstica sobre el desempeño de los proveedores, y en la atención que éstos prestan a las mujeres que han sido víctimas de abuso. No obstante, está claro que las intervenciones deben fomentar un compromiso por parte del personal para que cumpla su trabajo de manera eficaz, y que la capacitación y el reforzamiento que se les entrega debe ser institucionalizado.

 

D’Avolio, D. et al. Screening for abuse: barriers and opportunities. Health Care for Women International 22:349-362 (2001).
Este artículo revisa la literatura que existe acerca de la detección de la violencia doméstica, y presenta las experiencias personales de los autores respecto de la implementación de sistemas de detección en centros de atención prenatal como parte de un proyecto de mayor envergadura. Los proveedores de salud, en general, son inconstantes al momento de realizar la detección de pacientes que sufren violencia doméstica, en parte debido a que carecen de los conocimientos necesarios, no conocen los protocolos para llevar a cabo la detección, y no tienen tiempo. Incluso si han tenido capacitación especial, los proveedores de atención de salud no realizan la detección de manera sistemática. Muchas veces es su actitud personal frente al problema de la violencia doméstica lo que hace la diferencia. Algunas claves para implemetar un programa de detección son integrarlo a la atención de rutina, asignar una sola enfermera para que realice todos los ingresos, usar una herramienta de detección compatible, garantizar el compromiso de los actores clave, y convencer a los médicos de que hay ayuda disponible y que ellos podrán responder de la manera apropiada si detectan signos de abuso.

 

Ellsberg, M. and Heise, L. Bearing witness: ethics in domestic violence research. The Lancet 359(9317):1599-1604 (May 4, 2002). (Disponible en línea en la dirección www.thelancet.com.)
Una investigación de diseño deficiente sobre la violencia doméstica puede poner en riesgo a las mujeres que llevan una relación violenta y ocasionarles trastornos mentales. Las prioridades de cualquier programa de investigación deben ser garantizar la seguridad de las mujeres y proteger su privacidad y confidencialidad. Además, la ética obliga a los investigadores a proporcionar a las mujeres información acerca de los servicios que necesitan y derivarlas inmediatamente. Para garantizar resultados confiables es esencial diseñar preguntas y capacitar a los entrevistadores para que éstos puedan revelar tasas de violencia y al mismo tiempo hagan de la entrevista una intervención positiva. Tanto el consentimiento informado como las leyes de presentación de informes imponen desafíos a los investigadores.

 

Ellsberg, M. et al. Researching domestic violence against women: methodological and ethical considerations. Studies in Family Planning 32(1):1-16 (March 2001).
Este artículo compara tres estudios basados en la población acerca de la violencia contra la mujer en Nicaragua. Una Encuesta Demográfica y de Salud (Demographic and Health Survey - DHS) realizada a una muestra nacional representativa de mujeres reveló niveles de prevalencia de violencia física por parte de la pareja mucho más altos que en dos estudios regionales centrados específicamente en violencia (28 por ciento frente a 52 por ciento y 69 por ciento, respectivamente). El posterior análisis de los datos, junto con las discusiones en grupos focales con trabajadores y personal de tres estudios, indica que en la encuesta DHS se pueden haber obtenido cifras menores que las reales, lo que podría ser la causa de esta discrepancia. A diferencia de otros estudios, la encuesta DHS no entregó a los entrevistadores la capacitación ni el apoyo necesarios para garantizar la seguridad de la mujer y aumentar la notificación de abuso.

 

Ellsberg, M.C. et al. Women’s strategic responses to violence in Nicaragua. Journal of Epidemiology and Community Health 55:547-555 (August 2001).
Esta encuesta transversal basada en la población  realizada en León, Nicaragua, se centra en cómo 188 mujeres entre 15 y 49 años respondieron al abuso físico por parte de su pareja. Dos tercios de las mujeres efectivamente se defendieron del abuso, ya fuera verbal o físicamente; 41 por ciento abandonó el hogar temporalmente; 20 por ciento buscó ayuda fuera del hogar; y 70 por ciento puso fin a la relación en que era víctima de abuso. La falta de apoyo por parte de la familia y de la sociedad impulsó a las mujeres a soportar el abuso en lugar de ponerle fin. Reforzar las redes de apoyo comunitario y mejorar la respuesta de parte de las instituciones legales y de salud son elementos clave para animar a las mujeres a buscar ayuda.

 

Ellsberg, M. et al. Candies in hell: women’s experiences of violence in Nicaragua. Social Science & Medicine 51:1595-1610 (2000).
Una encuesta basada en la población en la que participaron 488 mujeres entre 15 y 49 años en León, Nicaragua, reveló que el 52 por ciento de las mujeres que alguna vez habían estado casadas habían sido víctimas de abuso físico por parte de la pareja durante una media de cinco años. Muchas habían experimentado también violencia sexual y emocional. El 31 por ciento de las mujeres abusadas sufrió violencia física durante el embarazo. Las relaciones abusivas estaban marcadas por el control y los celos en extremo. Los sentimientos de vergüenza y desamparo que experimentan las mujeres, sumados a la falta de apoyo por parte de la familia y la comunidad, hacen aún más difícil la tarea de poner fin a una relación violenta.

 

Epstein, H. The intimate enemy: gender violence and reproductive health. PANOS Briefing No. 27. London: Panos Institute (March 1998). (Disponible en línea en la dirección www.panos.org.uk/briefing/genviol.htm.)
Este extenso artículo fue escrito para informar a los medios acerca de la relación que existe entre la violencia de género y la salud reproductiva y para estimular el debate. Cataloga, de manera detallada y valiéndose de muchos ejemplos personales, los tipos de violencia que la mujer experimenta a lo largo de su vida y las consecuencias de ésta sobre su salud. También hace una revisión de los esfuerzos que se realizan a nivel mundial, orientados a disminuir la violencia y abordar el tema del impacto sobre la salud, a través de declaraciones internacionales de derechos humanos, la expansión de los servicios de atención de salud, esfuerzos de prevención en la comunidad, y sensibilización. Las iniciativas comunitarias de Uganda, Nicaragua, Perú y Chile son presentadas como ejemplos de lo que se puede lograr; además incluye una lista de contactos en organizaciones de todo el mundo.

 

Fikree, F.F and Bhatti, L.I. Domestic violence and health of Pakistani women. International Journal of Gynecology and Obstetrics 65:195-201 (1999).
De 150 mujeres actualmente casadas en Karachi, el 34 por ciento informó haber experimentado abuso físico, el 15 por ciento estando embarazada. Aproximadamente tres cuartos de las mujeres que habían sufrido abuso físico se mostraban angustiadas y deprimidas. El abuso físico fue el predictor más importante de angustia y depresión independiente de otros factores clave, como el ingreso económico y el nivel de educación. Los autores concluyen que las consecuencias de la violencia doméstica sobre la salud física y mental constituyen un motivo de preocupación en el área de la salud reproductiva en Paquistán.

 

Fischbach, R. et al. Domestic violence and mental health: correlates and conundrums within and across cultures. Social Science and Medicine 45(8):1161-1176 (1997).
Tres patrones de violencia doméstica – la violación dentro del matrimonio, las muertes relacionadas con la dote, y la exposición al VIH/SIDA – se usan para ilustrar la manera en que las normas culturales justifican y perpetúan la amenaza contra las mujeres en el mundo. El artículo detalla las consecuencias que tiene la violencia doméstica sobre la salud mental, las cuales van más allá del daño físico infligido. Entre las consecuencias se encuentran la depresión, el consumo y dependencia del alcohol y sustancias tóxicas, ansiedad, estrés post-traumático, y suicidio. Los autores concluyen que un considerable porcentaje de los trastornos mentales observados en las mujeres está directamente relacionado con lo que éstas han experimentado como víctimas de violencia doméstica. Se sugiere dar prioridad a la investigación en este tema, así como también introducir cambios en las acciones a nivel social, legal y médico que se toman respecto de la violencia doméstica.

 

Garcia-Moreno, C. Dilemmas and opportunities for an appropriate health-service response to violence against women. The Lancet 359(9316):1509-1514 (April 27, 2002). (Disponible en línea en la dirección www.thelancet.com.)
Los estudios randomizados controlados son necesarios para determinar cuáles son las intervenciones de salud más eficaces contra la violencia doméstica. Evidencia proveniente de los países desarrollados sugiere que la introducción de protocolos o herramientas de detección de violencia doméstica a los servicios de salud puede aumentar el número de víctimas identificadas a corto plazo, pero que es difícil mantener estos buenos resultados. A menudo, las intervenciones apropiadas no tienen éxito debido a que la capacitación es inadecuada. Los programas de capacitación eficaces abordan los propios valores del proveedor, sus actitudes, prejuicios, y experiencias personales de violencia, así como los aspectos técnicos. Si bien la atención de salud primaria y los servicios de salud reproductiva de los países en desarrollo tienen el potencial para identificar a las mujeres abusadas, los profesionales que trabajan en estos centros están muy sobreexigidos y no cuentan con la capacitación necesaria como para cumplir con una tarea adicional. Asimismo, el trabajo entregado por el personal de atención de salud debe ir acompañado de cambios legales, sociales y del cumplimiento de la ley.

 

Gerbert, B. et al. How health care providers help battered women: the survivors' perspective. Women & Health 29(3):115-135 (1999).
Este análisis cualitativo de entrevistas realizadas a 25 mujeres maltratadas en los EEUU explora cómo los proveedores de atención de salud pueden ayudar a las mujeres que han sido golpeadas. Revelar los casos de violencia e identificarlos fue un proceso complicado, ya que algunas veces las mujeres contaban sólo una parte de su situación, omitían información, minimizaban la violencia, o simplemente mentían. No hubo sólo una estrategia ideal por parte de los proveedores, sino varias: preguntas directas, explorar el tema, y mantener una comunicación directa fueron estrategias eficaces en ciertas ocasiones. La mejor ayuda que pudieron prestar los proveedores fue la validación, lo que significa catalogar el comportamiento de quien golpea como incorrecto y decir a la mujer que ella merece ser tratada de mejor manera. La validación tuvo como resultado un alivio inmediato y el inicio de un proceso a largo plazo en el cual las mujeres reconocieron la seriedad de su situación y que debían hacer algo por cambiarla.  Los autores recomiendan que los proveedores expresen la validación de manera tácita incluso si no están seguros de que haya habido abuso, mostrando preocupación, documentando los casos de abuso, y reforzando la idea de que nadie merece ser víctima de abuso bajo ninguma circunstancia.

 

Gordon, P. and Crehan K. Dying of Sadness: Gender, Sexual Violence and the HIV Epidemic. SEPED Conference Paper Series #1. UNDP (2000). (Disponible en línea en la dirección www.undp.org/seped/publications/dyingofsadness.pdf.)
Esta revisión de la literatura existente examina la relación entre la epidemia del VIH y la violencia sexual, incluida la violencia en situaciones de conflicto y la violencia contra las trabajadoras sexuales. Los autores concluyen que la violencia sexual es un fenómeno complejo con múltiples causas, consecuencias, y manifestaciones. Las acciones eficaces encaminadas a solucionar el problema deben operar simultáneamente a nivel local, nacional e internacional. Las estrategias a corto plazo deben considerar el contexto local y proveer servicios de apoyo a las víctimas, así como también castigo a los abusadores. Las estrategias a largo plazo deben considerar la naturaleza de la violencia respecto del género y la sexualidad, y abordarla a nivel de la comunidad y la cultura en lugar de hacerlo a nivel individual.

 

Guedes, A. et al. Integrating systematic screening for gender-based violence into sexual and reproductive health services: results of a baseline study by the International Planned Parenthood Federation, Western Hemisphere Region. International Journal of Gynecology and Obstetrics 78(Suppl. 1):S57-S63 (2002).
Miembros de IPPF en República Dominicana, Perú y Venezuela han iniciado un esfuerzo coordinado para integrar la detección, la derivación y la provisión de servicios para víctimas de violencia basada en el género a sus servicios de salud reproductiva. Con el fin de reunir la información inicial y ayudar a desarrollar un plan de acción se utilizaron tres instrumentos estándar (una encuesta a los proveedores acerca de sus conocimientos, actitudes, y prácticas; una entrevista clínica y una guía de observación; y  un cuestionario de evaluación institucional). Se pudo observar que los proveedores apoyaban la detección de las víctimas de violencia, no obstante, muchos culpaban a las víctimas (mujeres) de la violencia y tenían conocimientos limitados en el tema. La mayoría de las clínicas no contaba con los recursos necesarios para abordar el problema, como por ejemplo, directorios de servicios comunitarios. Un estudio en terreno, realizado con un cuestionario que contenía cuatro preguntas sobre violencia doméstica, tuvo mucho éxito en Venezuela. Después de haber introducido el cuestionario, el porcentaje de nuevos clientes de salud reproductiva identificados como sobrevivientes de violencia basada en el género se elevó del 7 a más de un 30 por ciento.

 

Hamberger, L. et al. Physician interaction with battered women: the women's perspective. Archives of Family Medicine 7:575-582 (1998). (Disponible en línea en la dirección www.ama-assn.org/special/womh/library/readroom/arch98/foc6082.htm.)
Esta encuesta realizada a 115 mujeres estadounidenses que habían sido golpeadas por su pareja (de sexo masculino) se llevó a cabo con el propósito de conocer qué esperan ellas del médico que las atiende y describir sus experiencias reales en los servicios de salud. Las mujeres dieron al tratamiento médico eficaz un valor tan alto como a las intervenciones psicosociales, y valoraron particularmente las preguntas relacionadas con la seguridad de sus hijos.  Si bien los médicos generalmente entregan una atención cuidadosa y humanitaria, son débiles al momento de satisfacer las necesidades particulares de las mujeres maltratadas, como por ejemplo, descubrir cómo realmente ocurrió una lesión, garantizar a la mujer que no será culpada, y ofrecer apoyo práctico para garantizar la seguridad de la mujer y la de sus hijos.

 

Heise, L. et al. Ending violence against women. Population Reports, Series L, No. 11. Baltimore, Maryland: Johns Hopkins University School of Public Health, Population Information Program (1999). (Disponible en línea en inglés, francés y español en www.jhuccp.org/pr/fulltext.stm.)
Esta completa revisión de la literatura se centra en dos maneras predominantes de violencia contra la mujer: el abuso dentro del matrimonio y la coerción sexual. Documenta la magnitud del problema a nivel mundial, describe los patrones típicos de conducta  de los abusadores y de sus víctimas, y describe los factores psicosociales y sociales que contribuyen a que exista la violencia contra la mujer. Un detallado análisis del impacto de la violencia sobre la salud de la mujer cubre los temas de embarazo no deseado, conducta sexual de riesgo, ITS y VIH/SIDA, embarazos de alto riesgo, problemas ginecológicos, lesiones físicas y enfermedades, y trastornos de la salud mental. El informe, junto con una guía desprendible para los proveedores de servicios, presenta recomendaciones prácticas para los trabajadores de atención de salud sobre cómo identificar y apoyar a las mujeres que han sido víctimas de abuso. El informe también hace una revisión de otros esfuerzos dedicados a detectar la violencia a través de iniciativas de salud, sociales y de aplicación de la ley.

 

Heise, L. Health workers: potential allies in the battle against women abuse in developing countries. Journal of the American Medical Women's Association 51(3):120-122 (1996).
El sistema de atención de salud juega un importante papel para combatir la violencia contra la mujer ya que es una de las pocas instituciones en los países en desarrollo que tiene regularmente contacto con las mujeres. Las mujeres que han sido abusadas y que no pueden, o no quieren, buscar ayuda por parte de la policía o las autoridades de gobierno a menudo admiten haber sido víctimas de abuso en consultas que los trabajadores de salud les hacen en privado. Además, el sistema legal en muchos países exige el informe de un médico antes de que la mujer haga una denuncia por violación o violencia doméstica. El autor recomiendan capacitar a los trabajadores de la salud para que aprendan a detectar el abuso, reaccionar de una manera comprensiva, y derivar a las pacientes cuando sea necesario. El artículo describe los proyectos piloto llevados acabo en América Latina, los cuales se encuentran desarrollando sistemas para identificar y prestar ayuda a las víctimas de la violencia doméstica en los centros de atención de salud.

 

Heise, L. et al. Violence against women: a neglected public health issue in less developed countries. Social Science and Medicine 39(9):1165-1179 (1994).
Este artículo revisa los estudios clave acerca de la prevalencia de la violencia doméstica y sexual en los países menos desarrollados y sus secuelas, incluidas las lesiones físicas, los embarazos no deseados, las ITS, el trauma psicológico, el suicidio, y el homicidio. Concluye que la violencia basada en el género es una carga para los sistemas de atención de salud. Factores culturales, económicos, legales y políticos contribuyen a perpetuar la violencia contra la mujer. Si bien las organizaciones de mujeres de base comunitaria a nivel mundial han ubicado el tema de la violencia en la agenda política y han promovido exitosamente la creación de reformas legales y políticas, los autores sostienen que ya es tiempo de que los investigadores y los trabajadores de la salud se comprometa - reconociendo la existencia del problema, identificando y derivando a las víctimas, y promoviendo la reforma de las políticas.

 

Hesperian Foundation. Special issue on violence. Women's Health Exchange: A Resource for Education and Training Number 2 (1998).
Women's Health Exchange provee herramientas prácticas e información para trabajadores de la salud que se desempeñan en comunidades pobres en diversas regiones a nivel mundial. Este número, disponible en francés, inglés y español, revisa la realidad de la violencia y el abuso domésticos, por qué las mujeres permanecen en esta situación de violencia, y cómo los programas de salud pueden abordar el tema de la violencia doméstica. Incluye una guía práctica de capacitación para los trabajadores de la salud acerca de cómo dirigir discusiones comunitarias sobre la violencia doméstica, la que incluye juegos de roles y otras actividades de aprendizaje.

 

Hindin, M.J. and Adair, L.S. Who’s at risk? Factors associated with intimate partner violence in the Philippines. Social Science & Medicine 55:1385-1399 (2002).
Este artículo analiza los datos obtenidos de 2.050 mujeres casadas que participaron en la encuesta Cebu Longitudinal Health and Nutrition Survey llevada a cabo en 1994 en Filipinas, así como entrevistas en profundidad realizadas al azar a un subgrupo de 56 mujeres. El 13 por ciento de las mujeres había experimentado violencia física por parte de sus maridos. De acuerdo a un análisis multifactorial, los mayores predictores de violencia fueron los patrones relacionados con la toma de decisiones en el hogar y residir en una zona urbana. Cuando las parejas tomaron decisiones conjuntas respecto de problemas domésticos, la posibilidad de que la mujer fuera víctima de violencia disminuyó cuatro veces. Otros aspectos relacionados con la violencia por parte de la pareja  íntima fueron: el presupuesto familiar, el hecho de que el marido asistiera a servicios religiosos, y el uso de métodos modernos de planificación familiar. A diferencia de otros estudios, el consumo de alcohol estuvo levemente relacionado con la violencia.

 

Hyman, A. Domestic violence: legal issues for health care practitioners and institutions. Journal of the American Medical Women's Association 51(3):101-105 (1996).
Por ser la primera y, a veces, la única persona que tiene contacto externo con las mujeres maltratadas, los proveedores de atención de salud tienen la responsabilidad de aconsejar a estas mujeres acerca de su seguridad y las opciones que pueden considerar en el ámbito legal. A pesar de que este artículo usa el sistema legal de los EE.UU. como ejemplo, también discute aspectos que son relevantes para todos los países. El primer paso que deben seguir los proveedores es familiarizarse con las leyes locales y el sistema de justicia criminal de tal manera que puedan: explicar qué sucederá en caso que la mujer llame a la policía, ayudar a las mujeres a desenvolverse en el sistema de justicia criminal, y minimizar el riesgo de represalias por parte de la pareja. Las organizaciones de atención de salud deben mantener una lista actualizada de las organizaciones comunitarias que ofrecen servicios legales a bajo costo para las mujeres maltratadas, dónde éstas puedan ser derivadas. Los proveedores de salud también deben comprender de qué manera el solo hecho de documentar el abuso puede contribuir al resultado de las acciones legales que se tomen. El autor recomienda que los programas de atención de salud deben sacar provecho de la experiencia de los programas de violencia doméstica en beneficio de la comunidad.

 

Gender-Based Violence and Reproductive Health & HIV/AIDS: Summary of a Technical Update. Washington, DC: Population Reference Bureau (October 2002). (Disponible en línea en la dirección www.prb.org/Content/NavigationMenu/Measure_Communication/Gender3/Gender-Based_Violence_and_Reproductive_Health_and_HIV_AIDS.htm.)
Este documento resume las presentaciones y discusiones que se llevaron a cabo en la reunión de actualización técnica sobre violencia basada en el género, salud reproductiva, y VIH/SIDA que reunió en un día a más de 130 administradores de programas, diseñadores de políticas, proveedores de servicios, y capacitadores. Representantes de diversas organizaciones hablaron acerca de sus programas de violencia basada en el género implementados en países en desarrollo. Los participantes expresaron su preocupación por tres problemas en particular: llegar a las personas que no van por sí mismas a los centros de atención de salud, solucionar el problema de los proveedores con sobrecarga de trabajo, y desafiar las normas sociales. También reconocieron la dificultad para evaluar la violencia basada en el género y, por consiguiente, el impacto del programa. Los participantes manifestaron su convencimiento de que la violencia basada en el género está estrechamente relacionada con la salud de la mujer y que es necesario abordar el tema para alcanzar las metas en salud reproductiva.

 

IPPF International Medical Advisory Panel. IMAP statement on gender-based violence. IPPF Medical Bulletin 34(2):1-2 (April 2000). (Disponible en línea en la dirección www.ippf.org/medical/bulletin/pdf/e0004.pdf.)
Las mujeres a menudo están dispuestas a discutir con los proveedores de atención de salud reproductiva temas delicados y problemas personales, como la violencia basada en el género, siempre y cuando se les dé la oportunidad y se las anime a hacerlo. Afiches, panfletos, y diverso material acerca de la violencia basada en el género debe estar disponible en las salas de espera de las clínicas de planificación familiar. El personal debe estar capacitado para comprender y preocuparse por el problema de la violencia, para hacer preguntas de manera empática y sin prejuicios, y, de ser necesario, continuar las indagaciones durante las próximas visitas en caso de que haya sospecha de abuso. Una vez que las víctimas han sido identificadas, el personal de la clínica debe estar preparado para documentar los antecedentes de éstas, ofrecerles servicios de salud y consejería, derivar a las pacientes a clínicas especializadas, organizar grupos de apoyo, y desarrollar estrategias orientadas a cambiar la conducta violenta de los abusadores. Las clínicas de planificación familiar también pueden ayudar a prevenir la violencia integrando mensajes acerca de la violencia basada en el género en las actividades educativas de la comunidad que ya están en curso, fomentando la participación de los hombres, y promoviendo la acción del gobierno y de otros grupos con el objetivo de lograr el cambio.

 

Jacobs, T. and Jewkes, R. Vezimfilho: a model for health sector response to gender violence in South Africa. International Journal of Gynecology and Obstetrics 78(Suppl. 1):S51-S56 (2002).
La Iniciativa Vezimfilho en Sudáfrica está orientada a capacitar a los trabajadores de atención primaria  para que puedan indentificar, manejar, y derivar a las sobrevivientes de la violencia basada en el género. Las consultas realizadas durante el desarrollo del proyecto garantizaron la participación y el apoyo de los interesados directos de diversos sectores a nivel provincial, regional y distrital. Su participación fue esencial para crear un ambiente de apoyo que permitió a los trabajadores de la salud poner en práctica los conocimientos adquiridos durante la capacitación. La evaluación de la primera experiencia de capacitación en dos distritos reveló que ésta entregó información, empoderamiento, y que además, ayudó a superar las barreras que impedían a los trabajadores de la salud identificar las señales de abuso. No obstante, los participantes se sentían inquietos respecto de su habilidad para aplicar en el trabajo las nuevas técnicas aprendidas, debido a los recursos limitados y las actitudes sociales. Los autores concluyen que capacitar a los trabajadores de la salud resulta esencial para que el sector pueda responder a las necesidades relacionadas con la violencia basada en el género, pero que también es necesario un cambio a nivel macro dentro del sistema.

 

Jacobs, T. and Suleman, F. Breaking the Silence: A Profile of Domestic Violence in Women Attending a Community Health Centre. Durban, South Africa: Health Systems Trust (November 1999). (Disponible en línea en la dirección www.hst.org.za/research/violence.)
Como parte de un estudio acerca de la violencia doméstica realizado en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, los investigadores entrevistaron a 412 mujeres que asistían a un centro comunitario de atención de salud por un período de cuatro meses. Casi la mitad de las mujeres (48,5 por ciento) informó haber sufrido abuso en el pasado o en la actualidad; no obstante, la mayoría de los casos no había sido documentada en los registros del centro médico. Una cantidad abrumadora de mujeres, independiente de que hubieran sido abusadas o no, apoyaron la idea de que los proveedores de salud realizaran detección de abuso. Más de tres cuartos de las mujeres en algún momento habían buscado apoyo en la familia, los amigos, médicos, parientes, la policía, o en líderes religiosos, pero con frecuencia no recibieron la ayuda que necesitaban. Las mujeres dieron muchas sugerencias para mejorar los servicios para las víctimas de abuso. Los autores recomiendan dar prioridad al problema de la violencia de género; desarrollar protocolos de salud para identificar, manejar, y derivar a las sobrevivientes de la violencia; capacitar a los trabajadores de la salud en habilidades para manejar y enfrentar con sensibilidad el problema de género; proveer servicios integrales para las mujeres que han sido víctimas de abuso, incluidos los servicios legales y de salud; coordinar servicios entre las ONG y el gobierno de cada país; fortalecer las redes provinciales y regionales que trabajan el tema de la violencia de género; y crear conciencia pública.

 

Jejeebhoy, S. Associations between wife-beating and fetal and infant death: impressions from a survey in rural India. Studies in Family Planning 29(3):300-308 (1998).
Este artículo analiza los datos de una encuesta basada en la comunidad realizada entre 1993 y 1994 en Uttar Pradesh y Tamil Nadu; la encuesta incluyó algunas preguntas sobre violencia doméstica. De las 894 mujeres que habían estado casadas por diez años o menos y habían estado embarazadas al menos una vez, el 38 por ciento dijo que su marido la había golpeado, no obstante, es probable que se informen menos casos de los que realmente ocurren. La mayoría de las mujeres creía que la golpiza se justificaba cuando una esposa era desobediente. Menos del 10 por ciento pensaba que una mujer estaba en libertad de abandonar a su marido si éste la golpeaba regularmente. Las mujeres que habían sido golpeadas tenían una mayor probabilidad de presentar casos de aborto espontáneo o muerte infantil, independiente del nivel educacional, la edad, el número de hijos, el tipo de trabajo, la religión, el nivel económico, la región en que vive y el grado de autonomía. El autor especula que la relación causal directa entre la violencia durante el embarazo y el aborto espontáneo es menos importante que la relación indirecta entre la violencia doméstica y la extrema falta de poder por parte de la mujer, su incapacidad para buscar atención de salud, y la alimentación deficiente.

 

Jewkes, R. Intimate partner violence: causes and prevention. The Lancet 359(9315):1423-1429 (April 20, 2002). (Disponible en línea en la dirección www.thelancet.com.)
Dos ideologías subyacen al problema de la violencia por parte de la pareja íntima: la superioridad masculina y la cultura de la violencia. Juntas, estas ideologías legitimizan el uso de la fuerza por parte del hombre con el fin de disciplinar a la mujer, a menudo debido a transgresiones en el rol de género de la mujer. Algunos elementos que contribuyen a que se presente la violencia por parte de la pareja íntima son: el bajo nivel educacional de la mujer, la falta de puestos públicos que puedan ser ocupados por mujeres, la falta de apoyo social, legal y familiar a la mujer, la falta de poder económico por parte de la mujer, la falta de oportunidades económicas para los hombres y el trato desigual para la mujer, el alto consumo de alcohol, haber presenciado abuso en contra de la madre, y haber sido víctima de golpizas en la infancia. Entre las estrategias de prevención se encuentran: empoderar a las mujeres y mejorar su condición social, reducir las normas de violencia, y bajar los niveles de pobreza y consumo de alcohol.

 

Jewkes, R. Violence against women: an emerging health problem. International Clinical Psychopharmacology 15(suppl 3):S37-S45 (2000).
Se usan datos de Sudáfrica para ilustrar una discusión general acerca de la epidemiología y el impacto sobre la salud de la violencia contra la mujer. La prevalencia del abuso es del 20 al 30 por ciento, y aproximadamente el 1 por ciento de las mujeres son violadas cada año. El abuso contribuye a las tasas de homicidio y suicidio y se asocia a lesiones, ITS, complicaciones en el embarazo, y trastornos de la salud mental. La detección y el manejo del abuso son tareas que deben ser introducidas a las prácticas clínicas en todas las áreas de la medicina.

 

Jewkes, R. et al. Risk factors for domestic violence: findings from a South African cross-sectional study. Social Science &Medicine 55:1603-1617 (2002).
Una encuesta realizada en 1998 a una muestra representativa de 1.306 mujeres en tres provincias de Sudáfrica reveló que el 24,6 por ciento de las mujeres había experimentado alguna vez violencia física por parte de su actual marido, su ex-marido o su novio; el 9,5 por ciento notificó el episodio de violencia el año pasado. Un análisis de los factores de riesgo de la violencia doméstica reveló que ésta estaba considerablemente relacionada con las siguientes características de la mujer: una infancia marcada por la violencia, bajo nivel educacional, ideas liberales respecto del rol de la mujer, consumo de alcohol, más de una pareja sexual, y tener un/a confidente. La violencia doméstica también fue asociada a la preferencia del padre por un hijo varón, los problemas provocados por su consumo de alcohol, y otros conflictos recurrentes. Entre los factores de protección se encontraban recibir ayuda de una tercero y vivir en la región sudafricana de Northern Province. Basándose en este estudio y otras investigaciones los autores proponen un modelo causal de la violencia por parte de la pareja íntima en cuyo centro se encuentran ideas sobre la masculinidad, la posición de la mujer en la sociedad, e ideas acerca del uso de la violencia.

 

Kim, J. and Motsei, M. "Women enjoy punishment": attitudes and experiences of gender-based violence among PHC nurses in rural South Africa. Social Science & Medicine 54:1243-1254 (2002).
En un área rural de Sudáfrica se realizó una investigación en una clase compuesta por 38 enfermeras reclutadas en un programa de 12 meses de capacitación en atención. Las discusiones en grupos focales exploraron las actitudes y experiencias relacionadas con la violencia basada en el género, después de las cuales las enfermeras tuvieron una semana de capacitación intensiva en el tema de la violencia de género. La investigación reveló que las enfermeras habían internalizado las creencias culturales predominantes que sostenían que el abuso físico es una forma de disciplina o una expresión de amor, que las mujeres son quienes provocan los ataques sexuales, y que los problemas de abuso deben mantenerse dentro de la familia a menos que las lesiones sean graves. Además, el 69 por ciento de las enfermeras dijo haber experimentado abuso por parte de una pareja íntima, mientras que el 75 por ciento de los enfermeros admitió haber sido culpable de abuso. En primer lugar la intervención de capacitación debía abordar estas creencias y experiencias antes de abordar el rol de enfermeros y enfermeras desde el punto de vista profesional.

 

Kimberg, L. Addressing intimate partner violence in primary care practice. Medscape Women’s Health 6(1) (2001). (Disponible en línea en la dirección www.medscape.com/viewarticle/408937. Para acceder a Medline de forma gratuita necesita registrarse en línea.)
Debido a su alta prevalencia (casi el 23 por ciento en los centros de atención primaria) y a las graves consecuencias sobre la salud, los proveedores de atención primaria deben examinar regularmente a los pacientes en busca de signos de violencia por parte de la pareja íntima. Este documento ofrece consejos prácticos acerca de cómo interrogar a las pacientes e intervenir en caso de que exista violencia por parte de la pareja íntima. También enseña cómo superar los obstáculos personales e institucionales que limitan la respuesta clínica frente a este tipo de violencia.

 

Klevens, J. Violencia física contra la mujer en Santa Fe de Bogotá: prevalencia y factores asociados. Revista Panamericana de Salud Publica 9(2):78-83 (2001).
Se realizaron entrevistas a 3.157 mujeres que tenían un hijo de 6 meses o menos, que al momento de la entrevista llevaban una relación estable, y hacían uso de los servicios de salud pública en el parto y la atención pediátrica en Bogotá, Colombia. Los resultados indicaron que el 26,5 por ciento de las mujeres habían sido abofeteadas o empujadas por sus parejas, 13,3 por ciento habían sido golpeadas, pateadas, maltratadas o amenazadas con un arma de fuego o un cuchillo; y sobre el 26,2 pesaba algún tipo de prohibición relacionada con la vida social o el trabajo. En los centros de atención pública se deben implementar programas de detección e intervención precoz con el fin de identificar y atender a las víctimas de violencia doméstica.

 

Koenig, M.A. et al. Domestic violence in rural Uganda: evidence from a community-based study. Bulletin of the World Health Organization 81(1):53-60 (2003). (Disponible en línea www.who.int/bulletin/pdf/2003/bul-1-E-2003/81(1)53-60.pdf.)
Esta encuesta basada en la comunidad se realizó en Uganda a 5.109 mujeres de 15 a 49 años y 3.881 hombres  entre 15 y 59 años. Los resultados revelaron que el 40 por ciento de las mujeres había experimentado abuso verbal y el 30 por ciento, amenazas físicas o violencia por parte de su pareja. El riesgo de las mujeres de ser víctimas de violencia doméstica fue 4,6 veces mayor si su pareja consumía alcohol frecuentemente antes de tener relaciones sexuales; 3,7 veces mayor si la mujer creía que su pareja tenía posibilidades de estar contagiado con VIH; y 1,9 veces mayor si ella tenía 15 años o menos al momento de su primera relación sexual. Los factores que reducían el riesgo para la mujer de ser víctima de violencia fueron: tener más de seis hijos vivos, haber asistido por más de 8 años a la escuela, y llevar una relación por más de 10 años junto a su pareja actual. Cerca del 70 por ciento de los hombres y el 90 por ciento de las mujeres justificaban el hecho de que el hombre golpeara a su pareja o esposa en algunas circunstancias, y las actitudes de aprobación frente a la violencia doméstica fueron más comunes entre hombres y mujeres jóvenes.

 

Krug, E.G. et al., eds. World Report on Violence and Health. Geneva: World Health Organization (2002). (Disponible en línea en la dirección www5.who.int/violence_injury_prevention/main.cfm?p=0000000682.)
La violencia es la causa principal de muerte a nivel mundial en las personas entre 15 y 44 años, además es causa importante de morbilidad. El sector de la salud se encuentra en una posición privilegiada para comprender la violencia y sus consecuencias y le corresponde la responsabilidad social de combatirla. El enfoque de la salud pública - interdisciplinario, colectivo y basado en la ciencia – también tiene un gran potencial para prevenir la violencia. En capítulos individuales se revisan las tasas de prevalencia, los factores de riesgo, las consecuencias, y estrategias para abordar la violencia por parte de la pareja íntima, la violencia sexual, la violencia entre los jóvenes, el abuso y abandono de menores, el abuso de los ancianos, la violencia autoinfligida, y la violencia colectiva.

 

Kulwicki, A.D. The practice of honor crimes: a glimpse of domestic violence in the Arab world. Issue in Mental Health Nursing 23:77-87 (2002).
Este estudio expedientes de 38 homicidios que involucraban a mujeres que habían sido asesinadas en Jordania en 1995. De estos homicidios, el 61 por ciento correspondió a muertes por honor y un familiar de la víctima, de sexo masculino, (generalmente un hermano) cometió el crimen. Las normas culturales y las prácticas legales distinguen las muertes por honor de otros tipos de asesinatos y apoyan la práctica de matar a las mujeres debido a una mala conducta sexual. Los abusadores reciben un castigo menor.

 

Maman, S. et al. The intersections of HIV and violence: directions for future research and interventions. Social Science & Medicine 50:459-478 (2000).
Este artículo revisa 28 estudios llevados a cabo en los EE.UU. y en África Subsahariana acerca de la relación entre el VIH y la violencia basada en el género. Estos estudios incluyen 13 estudios que buscaban determinar si las relaciones sexuales forzadas o por coerción son un factor de riesgo de VIH; cuatro estudios destinados a determinar si la violencia limita la habilidad de la mujer para negociar el uso del condón; ocho estudios para determinar si el abuso sexual durante la infancia desencadena un patrón de conductas de riesgo frente a la infección con VIH en la adultez; y seis estudios para determinar si las mujeres portadoras de VIH se enfrentana un mayor riesgo de ser víctimas de violencia. Los autores concluyen que es necesario realizar más investigaciones a fin de superar las limitaciones metodológicas de los estudios existentes y tomar decisiones respecto de estos temas. Hacen un llamado para que los científicos desarrollen estudios prospectivos, definiciones y herramientas de medición estandarizadas, propicien la inclusión de la perspectiva masculina, la investigación cualitativa, los estudios interculturales.  No obstante, los autores concluyen que los servicios de salud deben tomar ventaja de los elementos que tienen en común el VIH y la violencia, por ejemplo, contar con programas de consejería y pruebas de VIH permite identificar y ayudar a las mujeres que están en riesgo de sufrir violencia; o bien, tener programas de prevención de la violencia donde también se entregue consejería para ITS y VIH.

 

Martin, S.L. et al. Domestic violence across generations: findings from northern India. International Journal of Epidemiology 31:560-572 (2002).
Este estudio está orientado a averiguar si los hombres que crecieron en un hogar donde existe violencia tienen mayor probabilidad de abusar de sus esposas en el futuro. Un tercio de los 6.902 hombres casados que participaron en la encuesta habían presenciado violencia entre sus padres. En comparación con otros, estos hombres eran considerablemente más propensos a creer que los maridos tienen el derecho de controlar a sus esposas y ejercer violencia física o sexual sobre las mismas.  Mediante otro análisis se pudo concluir que el 35 por ciento de los casos de abuso cometidos contra las esposas podría haberse evitado si los hombres hubieran crecido en hogares sin violencia. Los autores concluyen que además de las normas sociales y culturales, los factores individuales constituyen un parte importante en la etiología de la violencia doméstica.

 

Martin, S.L. et al. Sexual behaviors and reproductive health outcomes: associations with wife abuse in India. Journal of the American Medical Association 282(20):1967-1972 (1999).
En entrevistas personales estructuradas realizadas en Uttar Pradesh, el 46 por ciento de 6.632 hombres casados informó haber abusado física y/o sexualmente de su esposa. Después de tomar en cuenta los factores sociodemográficos, un análisis multifactorial reveló una estrecha asociación entre la violencia en contra de la esposa y las relaciones sexuales extramatrimoniales, presentar o haber presentado síntomas de ITS, y embarazo no deseado. En cada instancia, dicha asociación fue: mayor en el caso de aquellos hombres que forzaban físicamente a sus esposas a tener relaciones sexuales, intermedia en aquellos hombres que obligaban a sus esposas a tener relaciones sexuales sin recurrir a la fuerza, y menor en aquellos hombres que abusaban físicamente de sus esposas, pero no las forzaban a tener relaciones sexuales. Los autores sostienen la hipótesis de que los hombres que abusan de sus esposas - lo que no está culturalmente sancionado – también son más propensos a violar las normas sociales y llevar una vida sexual extramatrimonial; lo que al mismo tiempo aumenta el riesgo de ITS. Las mujeres casadas con hombres abusivos se enfrentan al riesgo de un embarazo no deseado y a contraer alguna ITS.

 

McCaw, B. et al. Beyond screening for domestic violence: a systems model approach in a managed care setting. American Journal of Preventive Medicine 21(3):170-176 (2001).
Este artículo describe una intervención multifacética que dobló y casi triplicó el número de derivaciones realizadas por médicos y derivaciones realizadas por los mismos pacientes a causa de violencia doméstica en un centro de atención en California. El  primer componente de la intervención creó un entorno que ofrezca apoyo en la clínica: gran variedad de material impreso informaba a los miembros del plan de salud acerca de la importancia de la violencia doméstica, al mismo tiempo que fomentaba la discusión con los médicos. El segundo componente se valió de la capacitación del personal, indicios provenientes del medio, información obtenida en el proceso de derivación, y elementos de ayuda para animar a los médicos a realizar pruebas de detección y derivar pacientes. El tercer componente estableció una amplia gama de servicios en terreno relacionados con la violencia doméstica realizados por un profesional de trabajo social especialmente capacitado.

 

Moore, M. Reproductive health and intimate partner violence. Family Planning Perspectives 31(6):302-306 (1999).
Este artículo presenta las ideas expuestas en una conferencia realizada en 1999 y patrocinada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés), acerca de la salud reproductiva y la violencia por parte de la pareja íntima. La violencia contribuye a la infección con VIH y otras ITS, a problemas de nacimiento, y embarazos no planificados. Los proveedores de atención de salud reproductiva se encuentran en una posición privilegiada para detectar la violencia por parte de la pareja íntima, no obstante, no hay consenso respecto de si se debe indagar acerca del abuso en cada visita. Debido a que la violencia es un problema relativamente común durante el embarazo, los obstetras deben examinar a las embarazadas sistemáticamente en busca de señales de abuso. Los proveedores deben saber que los adolescentes tienen necesidades diferentes a las de los adultos y que además puede ser necesario considerar requisitos legales especiales para ellos. Entre los posibles métodos para prevenir la violencia se encuentran: mejorar el control durante el embarazo, llevar a cabo un proceso de búsqueda sistemática a gran escala en las clínicas de planificación familiar y atención prenatal, mejorar la capacitación de los médicos, promover la educación anti-violencia orientada a los hombres, y evaluaciones de la eficacia de ciertas intervenciones.

Olavarrieta, C. et al. Domestic violence in Mexico. Journal of the American Medical Association 275(4):1937-1941 (1996).
Este artículo presenta información sobre la extendida práctica de la violencia doméstica en las zonas rurales de México y discute las raíces culturales, incluida la tradición de cometer actos de violencia contra las personas más vulnerables, los estereotipos de machismo, y la actitud frente al matrimonio. También se describen los obstáculos judiciales que deben enfrentar las mujeres maltratadas que quieren notificar el abuso. Se están realizando esfuerzos en México para hacer reformas a la ley y ofrecer ayuda social a las víctimas de la violencia doméstica; los autores sugieren que los médicos deben jugar un papel clave en el desarrollo de estos esfuerzos.

Omorodion, F.I., et al. The social context of reported rape in Benin City, Nigeria. African Journal of Reproductive Health 2(2):37-43 (1998).
Este artículo examina 396 casos confirmados de violación sacados de los archivos de la Police Doctor's Clinic en Benin City, Nigeria. La mayoría de las víctimas (83 por ciento) tenía entre 13 y 19 años, y el 57 por ciento nunca había estado casada. Lo anterior podría reflejar más bien la renuencia por parte de las mujeres mayores a notificar los incidentes de violación en lugar de las diferencias en la prevalencia real de los casos de violaciones. En el 46 por ciento de los casos la violación fue perpetrada por un grupo; en el 32 por ciento, por un ex - novio o un conocido;  y en el 18 por ciento, por un desconocido. Los archivos de cada caso documentan traumas psicológicos de consideración entre las víctimas de violación, tanto a causa de la violación como de la falta de apoyo social y legal para las mismas.

Pan American Health Organization (PAHO). Health workers: are we part of the problem? Fact Sheet No. 7, Program on Women, Health and Development (February 1999).
Este gráfico de dos páginas presenta de manera resumida las maneras en que los trabajadores de la salud pueden contribuir con la violencia basada en el género, por ejemplo, aceptando el trato discrimina