(1) El concepto de género: Conjunto de rasgos asignados a
hombres y mujeres en una sociedad, que son adquiridos en
el proceso de socialización. Son las responsabilidades,
pautas de comportamiento, valores, gustos, temores,
actividades y expectativas que la cultura asigna en forma
diferenciada a hombres y mujeres. En otras palabras, es el
modo de ser hombre o de ser mujer en una cultura
determinada. De ahí se derivan necesidades y
requerimientos diferentes de hombres y mujeres para su
desarrollo y realización personal. Se distingue del término
“sexo”, pues alude a diferencias socioculturales y no
biológicas. Al ser una construcción social, está sujeta a
modificaciones históricas, culturales y aquellas que derivan
de cambios en la organización social. Como categoría de
análisis, se basa fundamentalmente en las relaciones
sociales entre hombres y mujeres. Cuando se habla de
“equidad de género”, se alude, por tanto, a la idea de
justicia, al reconocimiento de la condición de género de
cada sexo, las diferencias entre ambos, sin que ello
implique razón alguna para la discriminación; y
(2) La creciente participación de las mujeres en las
actividades sociales y económicas en general (productivas,
comerciales, servicios, culturales, ambientales), en los
ámbitos rurales, en los cuales se aprecia la diversificación
de actividades, la tendencia a la desagrarización de la
sociedad rural, la creciente feminización de la agricultura y
los cambios en la organización social. Es decir, esta nueva
visión de la ruralidad plantea una disminución de la
importancia relativa de la producción agropecuaria en
relación con la dinámica que cobran el comercio, los
servicios, la agro-industria y otras actividades que favorecen
la continuidad espacial urbano-rural, como telón de fondo
de una mayor participación y visualización de las
contribuciones económicas y productivas de las mujeres.
Sin embargo, estas características sobre la “situación de
género” y la mayor “participación en actividades productivas”
de las mujeres, son elementos que permanecen todavía como
hipótesis aún no probadas o validadas para cada uno de los
países, en la medida en que las evidencias y situaciones
empíricas al respecto no han sido levantadas individualmente.
Es por ello que el Instituto Interamericano de Cooperación
para la Agricultura (IICA), desde su Centro Internacional para