en calidad de socio pleno y en condiciones de igualdad con respecto a los hombres en la
etapa pos conflicto. La Reconstrucción, estrechamente vinculada con la consolidación
de la paz, comprende acciones para revitalizar las instituciones y estructuras políticas,
económicas, y sociales una vez terminados los conflictos con el objetivo de proteger los
derechos de todos los ciudadanos, desarrollar los recursos humanos necesarios, y
propiciar proceso a largo plazo de integración social.
Las mujeres individualmente y colectivamente contribuyen a la consolidación de la paz
de diversas maneras; sin embargo, a menudo esto se pasa por alto por el carácter atípico
de sus aportes, los cuales con frecuencia ocurren al margen del proceso formal de paz, y
son vistos como parte de sus roles existentes como mujer. Los conflictos y sus secuelas
afectan la vida de hombres y mujeres de formas distintas por lo que es vital abordar las
normas de género que subyacen tras las experiencias de las mujeres e inciden sobres sus
opciones para la acción. A pesar de que la experiencia de los conflictos matizada por la
condición de género pudiera sentar las bases para la actuación creadora de las mujeres en
favor de la paz, una paz sostenible requiere también la transformación de las normas
sociales referentes a la violencia, el género y el poder.
Aunque las mujeres constituyen un sector poblacional que sufre severa y particularmente
los efectos de los conflictos armados, la tendencia de presentar desproporcionadamente a
las mujeres como víctimas perpetúa opiniones erróneas en cuanto a los aportes que ellas
realizan tanto en la guerra como en la paz. Las mujeres no son únicamente víctimas
pasivas, sino que en ocasiones desempeñan roles decisivos. Señalar a las mujeres como
víctimas no solo niega las funciones importantes que han tenido en los conflictos
armados y en etapas posteriores, sino que también socava cualquier papel que pudieran
jugar en el futuro como participantes activas en los procesos de paz. Es por eso que la
integración de las consideraciones de género en las políticas internacionales de
consolidación de la paz tiene una gran importancia.
Las políticas y programas internacionales sobre la consolidación de la paz han
evolucionado en años recientes en cuanto a su atención a las consideraciones de género.
Desde mediados de la década de 1990 se ha adoptado un lenguaje que toma en cuenta las
consideraciones de género, a partir de que se identificara a la mujer y los conflictos
armados como un tema de especial atención durante la Cuarta Conferencia Mundial sobre
la Mujer celebrada en Beijing, en 1995. Con anterioridad a 2000, y en la medida en que
los conflictos armados afectan cada vez más a las poblaciones civiles, ya había una
conciencia creciente de que las experiencias y las respuestas a los conflictos armados
eran diferentes entre los géneros. La preocupación mundial y el activismo de las mujeres
se han acrecentado a partir de hechos particulares como la violación sexual de las mujeres
durante los conflictos armados. Durante este periodo se ha tomado importantes
decisiones en el terreno judicial mundial como la decisión sin precedente en 1998 de
considerar la violación y otros actos de abuso sexual como crímenes de lesa humanidad
cuando se cometen en situaciones de guerra. Además, importantes entidades
internacionales como la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo
(OECD), el Banco Mundial, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el Fondo
de Desarrollo de Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM), y el Alto Comisionado de la
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