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MUJER Y MEDIO AMBIETE ACUERDOS INTERNACIONALES HILDA SALAZAR RAMIREZ Principio 20, Declaración de Río, junio de 1992.
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Autora: Hilda Salazar Ramírez
Artículo publicado en Verónica Vázquez García (coord.) Género, Sustentabilidad y Cambio en el México Rural:
Colegio de Postgraduados, 1999. El material de este artículo puede ser reproducido siempre y cuando se
mencione como fuente a la autora y al Colegio de Postgraducados.
1
MUJER Y MEDIO AMBIETE
ACUERDOS INTERNACIONALES
HILDA SALAZAR RAMIREZ
Principio 20, Declaración de Río, junio de 1992.
Las mujeres desempeñan un papel fundamental en la ordenación del
medio ambiente y en el desarrollo. Por tanto, es imprescindible contar
con su plena participación para lograr el desarrollo sostenible.
En junio de este año se cumplieron cinco años de la realización de la Cumbre de la Tierra.
como se recordará, en 1992 se celebró en Río de Janeiro, Brasil, la Conferencia Mundial de
Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CNUMAD) durante la cual más de 170
gobiernos del mundo, se reunieron para buscar soluciones a la llamada crisis global ambiental.
A partir de entonces, el nuevo paradigma de la sustentabilidad fue legitimado e
incorporado al lenguaje oficial bajo el compromiso de los gobiernos del mundo de impulsar los
acuerdos emanados de la Cumbre de la Tierra, expresados en los cuarenta capítulos del
Programa 21, la Declaración de Río y los Convenios de Biodiversidad, Bosque y Cambio
Climático.
El desarrollo sustentable se convirtió en el concepto clave para alcanzar el equilibrio
entre la satisfacción de las necesidades humanas y la conservación de los recursos naturales. Se
reconoció que los patrones de producción y consumo hegemónicos no son sustentables, que las
disparidades y polarización social son crecientes y que la relación entre el desarrollo y el medio
ambiente es indisoluble
1
. Los gobiernos del mundo también estuvieron de acuerdo en que "el
mejor modo de tratar cuestiones ambientales es con la participación de todos los ciudadanos
interesados, en el nivel que corresponda."
La necesaria concurrencia de diferentes actores sociales para alcanzar el desarrollo
sustentable, se expresó en la estructura de la propia Agenda 21. En las bases para la acción, los
objetivos, actividades y medios de ejecución en los que se divide cada sección del Programa, se
incluye como protagonistas a los gobiernos, las comunidades, los grupos empresariales, la
comunidad científica y los organismos no gubernamentales y agencias internacionales. A su
vez, entre los grupos principales (Sección III) se añade a las mujeres, la infancia y la juventud,
las poblaciones indígenas, las autoridades locales, los trabajadores y sus sindicatos y los
agricultores.
A un quinquenio de signados los compromisos vale la pena hace un balance sobre los
alcances del desarrollo sustentable en términos de las realidades nacionales.
Es nuestro interés hacer una revisión del cumplimiento de los acuerdos relativos a la
participación de las mujeres en el desarrollo sustentable, tomando en cuenta que posteriormente
a la realización de la Cumbre de Río, se han llevado a cabo otras reuniones mundiales que han
1
"A fin de alcanzar el desarrollo sostenible, la protección del medio ambiente deberá constituir parte integral del
proceso de desarrollo y no podrá considerarse de forma aislada." Principio 4 de la Carta de la Tierra. En relación a
las disparidades sociales y el combate a la pobreza, la declaración de Río sostiene en el principio 5 que "todos los
estados y todas las personas deberán cooperar a la tarea esencial de erradicar la pobreza como requisito
indispensable del desarrollo sostenible; a fin de reducir las disparidades en los niveles de vida y responder mejor a
las necesidades de la mayoría de los pueblos del mundo."

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Artículo publicado en Verónica Vázquez García (coord.) Género, Sustentabilidad y Cambio en el México Rural:
Colegio de Postgraduados, 1999. El material de este artículo puede ser reproducido siempre y cuando se
mencione como fuente a la autora y al Colegio de Postgraducados.
2
abordado la relación entre las mujeres y el desarrollo sustentable, particularmente la
Conferencia de Población y la Cuarta Conferencia Mundial de las Mujeres
2
.
Tanto la Agenda 21 como la Plataforma de Acción, respectivamente contienen capítulos
específicos sobre las mujeres y el medio ambiente, por lo que son estos los documentos que
tomamos como referencia para analizar los avances que se han registrado en nuestro país al
respecto.
La relación mujer y medio ambiente
Uno de los enfoques para abordar la relación entre las mujeres y el medio ambiente, ha sido la
discusión sobre la incorporación de las mujeres al desarrollo (MED) que tuvo un fuerte impulso
durante la década de la mujer. El movimiento feminista y los estudios sobre la mujer han
debatido mucho sobre la pertinencia de este enfoque. Sin embargo, más allá de la postura que
se adopte, lo cierto es que la noción de desarrollo -cualquiera que sea su definición- implica el
uso y transformación de los recursos naturales. Desde esta óptica, podría considerarse que -en
el ámbito de las Cumbres Internacionales- la relación entre las mujeres y el medio ambiente
coincide con la realización de la Conferencia Internacional de la Mujer en 1975.
Para Laura Elena Ruiz (1997) quien desarrolla un recuento de esta relación, durante la
década del Agua Potable (1981-1990) se destaca el papel de las mujeres con el manejo de este
recurso. El Instituto Internacional de Investigaciones y Capacitación de las Naciones Unidas
para la Promoción de la Mujer (INSTRAW) se dio a la tarea de documentar el papel de las
mujeres en el suministro del agua y de sus responsabilidades en torno a garantizar la salud
humana. También se refiere a la relación entre crecimiento demográfico y el control de la
natalidad, como un importante nexo que dio lugar a las políticas poblacionales dirigidas a las
mujeres, los estudios sobre el consumo de ciertos recursos como el uso de la leña, el fenómeno
de la deforestación y el impulso de proyectos dirigidos a las mujeres (i.e. las estufas
ahorradoras o el papel de la mujer en la producción alimentaria), todos ellos podrían
considerarse antecedentes al planteamiento explícito de la relación de las mujeres, el medio
ambiente y el desarrollo.
Ya en 1985, la Conferencia de Naciones Unidas sobre Mujeres establece la primera
reunión global e independiente sobre "Mujeres y Crisis Medioambiental" y en 1987 se
establece un Grupo Asesor de Mujeres para el Desarrollo Sustentable, quienes impulsan la
realización de diversas reuniones regionales. Pero es sobre todo a partir de los preparativos
hacia la Cumbre de la Tierra que la temática de las mujeres y el medio ambiente adquiere cierta
importancia.
3
La inclusión del Capítulo 24 Medidas mundiales a favor de la mujer para lograr un
desarrollo sostenible y equitativo en la Agenda 21 de 1992, fue precedida de eventos mundiales
y regionales efectuados y promovidos básicamente por las organizaciones no gubernamentales.
Su redacción fue producto de la movilización y cabildeo de organizaciones de mujeres a nivel
regional y mundial, provenientes de movimientos feministas y ambientalistas agrupados en
redes de organismos no gubernamentales con cierto peso en el sistema de Naciones Unidas.
2
El gobierno mexicano firmó todos los acuerdos derivados de la CNUMAD, así como los resultantes de la IV
Conferencia Mundial de las Mujeres que se llevó a cabo en Pekín, China en 1995.
3
La importancia del tema es ciertamente relativa en términos de políticas reales. Ello puede ilustrarse en la
revisión que se está llevando del cumplimiento del Programa 21, llamado Río + 5, en donde el capítulo 24 que se
refiere a las mujeres no es prioritario.

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3
En Miami, en 1991, se llevó a cabo la Conferencia Mundial de las Mujeres por un
Planeta Sano durante la cual las ONGs definieron sus estrategias para incidir en el contenido de
la Agenda 21. Las organizaciones de mujeres encabezadas por Women Environment and
Development (WEDO), y la Red del Tercer Mundo, entre otras, definieron una doble
estrategia: incluir las demandas e intereses de las mujeres a lo largo de todas las secciones de la
Agenda 21 y la redacción de un capítulo específico al respecto.
Los acuerdos firmados
Las organizaciones no gubernamentales tuvieron éxito al incluir referencias explícitas hacia las
mujeres en muchos capítulos del Programa 21, particularmente en aquellos en donde los
vínculos se han hecho más evidentes: salud, alimentación, modalidades de consumo, adopción
de decisiones, agua, etc. Resumimos aquí los aspectos más importantes contenidos en el
capítulo 24, que recoge el sentido y orientación de las principales propuestas.
El objetivo general podría expresarse como sigue: promover la participación de las
mujeres en la ordenación de los ecosistemas y lucha contra la degradación ambiental,
aumentando el número de mujeres en la toma de decisiones, eliminando los obstáculos que
impiden su plena participación entre los que se cuentan el acceso a la educación, capacitación,
información, recursos (crédito, tierra, derechos de propiedad, insumos agrícolas), los servicios
y derechos a la salud reproductiva y la eliminación de la violencia hacia las mujeres.
Entre las actividades que tendrán que desarrollar los gobiernos para alcanzar estos
propósitos, destacan:
- Promover y aumentar la participación de las mujeres en los espacios de toma de decisiones,
incluyendo planes e instituciones no gubernamentales e internacionales relacionados con la
ordenación de los ecosistemas y la lucha contra la degradación ambiental.
- Acrecentar las posibilidades de las mujeres para eliminar el analfabetismo, acceder a la
educación, la capacitación, etc. para favorecer sus potencialidades y la equidad con los
varones.
- Facilitar el acceso a servicios (guarderías, clínicas) y la redistribución del trabajo doméstico
entre hombres y mujeres a fin de disminuir las cargas de trabajo de las mujeres.
- Garantizar el acceso de las mujeres al crédito, la tierra, los insumos, implementos agrícolas,
agua, servicios de saneamiento. También a las oportunidades de empleo y remuneración
equitativas.
- Garantizar la libertad de hombres y mujeres para decidir de manera libre y voluntaria el
número y espaciamiento de los hijos, acceso a información y servicios de salud
reproductiva para ejercer plenamente sus derechos reproductivos.
- Tomar medidas para lograr la igualdad entre hombres y mujeres (retomando acuerdos
internacionales anteriores -Nairobi-) y eliminar todas las formas de violencia y
discriminación hacia las mujeres.
- Propiciar la modificación de patrones de consumo depredadoras y que estereotipan la
imagen de la mujer.
- Integrar el valor del trabajo no remunerado, incluido el doméstico, en los mecanismos de
contabilización de los recursos, a fin de representar mejor la contribución de las mujeres a
la economía.

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Como se verá, el capítulo 24 y aún la Conferencia de Miami, en realidad aportaron pocos
elementos innovadores a las demandas del movimiento feminista y amplio de mujeres
reivindicadas en las diferentes Conferencias Mundiales de la Mujer. Su orientación central
sigue siendo la incorporación de las mujeres al desarrollo, ahora definido como sustentable.
Su importancia radica en el reconocimiento de que las mujeres constituyen "uno de los
grupos principales" de la sociedad para lograr el desarrollo sostenible, de la importancia de que
las mujeres accedan a los recursos naturales con equidad, particularmente la tierra y los
créditos, y el reconocimiento del aporte económico del trabajo doméstico.
Los temas de las mujeres y el desarrollo fueron nuevamente discutidos en dos Conferencias
de Naciones Unidas que se realizaron posteriormente a la Cumbre de la Tierra: La Conferencia
de Población y la Cuarta Conferencia Mundial de las Mujeres.
Por su parte, en el Capítulo IV, Sección K de la Plataforma de Acción derivada de la
Conferencia de Pekín´95, está dedicado a Medio Ambiente y su contenido es más avanzado en
relación al capítulo 24 de Río, sobre todo en algunos aspectos. Los acuerdos más importantes
en este documento internacional -que se añaden a los de la CNUMAD- son:
- Asegurar las oportunidades de las mujeres -incluyendo las indígenas- en la adopción de
decisiones relativas al medio ambiente, su acceso a la información, educación, ciencia y
tecnología, etc.
- Adoptar medidas adecuadas para reducir los riesgos para las mujeres resultantes de peligros
ambientales identificados en el hogar, el trabajo y otros ambientes.
- Integrar una perspectiva de género en el diseño, gestión, ejecución y evaluación de
programas relativo al uso de recursos, técnicas de producción y desarrollo de
infraestructura, ecológicamente racionales y sostenibles.
- Adoptar medidas que reconozcan el papel social de las mujeres como productoras y
consumidoras. Facilitar el acceso de agricultoras, pescadoras y pastoras a los servicios de
comercialización y a tecnologías ecológicamente racionales (incluyendo la conservación de
la biodiversidad).
- Acrecentar la participación de las mujeres en la conservación de los recursos, en la
educación ambiental, etc.
- Propiciar la coordinación entre las instituciones de las mujeres y del medio ambiente; la
inclusión de la perspectiva de género en los programas ambientales y en los asentamientos
humanos sustentables.
- Reconocer los conocimientos indígenas, específicamente de las mujeres en el uso
sustentable de los recursos.
- Realizar estudios para evaluar los impactos ambientales, específicamente en la salud de las
mujeres.
Como se puede observar, los Acuerdos de la Plataforma de Acción son más concretos y
tienen un contenido ambiental más definido. También avanzan en reconocer la participación de
las mujeres no sólo en el ámbito del consumo y la familia, sino en tanto productoras. De
particular importancia resultan las recomendaciones para garantizar el acceso con equidad de
género a los recursos naturales, la evaluación de los impactos ambientales sobre las mujeres -
tradicionalmente ignorados- y el acceso a la tecnología productiva y a los recursos económicos.
Se habla ahora de perspectiva de género y en cierta medida se rompe la forma tradicional de
plantear la participación de las mujeres en el desarrollo, antes sólo circunscritas al ámbito

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doméstico. Se les reconoce como sujetas que participan en diferentes espacios de la vida social,
lo que resulta lógico pues las mujeres son el tema central de la conferencia; es necesario
también explicar que el tema ambiental tiene un bajo perfil en el evento, sin embargo, el
capítulo K no se limita a recoger acuerdos previos, sino que avanza en aspectos importantes
tanto desde la perspectiva de género como en su dimensión ambiental.
Cumplimiento de los acuerdos: del dicho al hecho...
Sin embargo, el problema con los acuerdos internacionales es su instrumentación práctica. A
nivel nacional, cada país debería contar con su propia Agenda 21. En el caso de México, en
1994 se elaboró un documento que se llamó "La Agenda 21 a la Mexicana" promovido por la
SEDESOL, entonces a cargo de los asuntos ambientales, pero esta iniciativa fue abandonada
por la administración salinista después de la muerte de Colosio.
Durante la actual administración se ha hablado de la necesidad de dar seguimiento a los
acuerdos de Río, la Subsecretaría de Planeación de la Secretaría de Medio Ambiente, Recursos
Naturales y Pesca (SEMARNAP) ha redactado un documento que se llama "La transición
mexicana hacia el desarrollo sustentable", como un primer paso para arribar a un documento
nacional, sin embargo, a cinco años de Río, el reporte oficial es que la Agenda 21 Mexicana
está "en proceso de elaboración".
Específicamente, en lo que se refiere a los acuerdos relativos a la participación de las
mujeres en el desarrollo sustentable, podemos afirmar que no se han emprendido acciones que
tiendan al cumplimiento ni del capítulo 24 de la Agenda 21, ni del capítulo K de la Plataforma
de Acción de Pekín. Es más, el Plan de Medio Ambiente 1995-2000 no contiene referencias a
la participación de las mujeres en los asuntos ambientales y no existen las estructuras
adecuadas para propiciar tal participación.
Como resultado de la Cuarta Conferencia Mundial de las Mujeres, se creó el Programa
Nacional de la Mujer en nuestro país, en su plan de trabajo se encuentran referencias muy
vagas a la relación de las mujeres con los asuntos ambientales, que no van más allá de
mencionar la participación de las mujeres en el "desarrollo sustentable".
El Programa Nacional de la Mujer carece de una estructura institucional y del
financiamiento necesario para cumplir con su cometido. Su contenido es muy general y su
estrategia consiste en promover que otras dependencias e instituciones incluyan los asuntos de
género en sus programas de trabajo. La directora del Programa ha declarado que deberán
crearse oficinas de la mujer en cada una de las dependencias del llamado gabinete social. En
algunos casos esto ya se ha instrumentado como en la Secretaría de Ganadería y Agricultura y
otras dependencias. No así en la Secretaría del Medio Ambiente la cual, a pesar de ser
encabezada por una mujer, no cuenta con una instancia adecuada al respecto. El pasado mes de
marzo la SEMARNAP organizó la semana de la "Mujer y Medio Ambiente" con la que
inauguró su intención explícita de abordar este tema y algunas otras acciones de poca
trascendencia.
En lo que se refiere al Programa Nacional de Población, éste reconoce que la calidad de
vida es inseparable del medio ambiente y que los problemas ambientales se relacionan con los
fenómenos demográficos. Sin embargo, estas relaciones son más un justificante para reforzar
las políticas de reducción del crecimiento poblacional mediante el control de la natalidad, que
una vía para problematizar las relaciones entre el desarrollo sustentable, los problemas
ambientales y demográficos desde una perspectiva de género.

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Los pocos programas que destinaban recursos a financiar los proyectos productivos y
comunitarios de las mujeres pobres en zonas rurales y urbanas, como "Mujeres en Solidaridad",
han desaparecido y son pocas las instituciones que dedican recursos a este fin.
En ninguno de los programas sectoriales que podrían "favorecer la participación de las
mujeres para alcanzar el desarrollo sostenible" existe un plan que permita coordinar acciones
institucionales para dar respuesta a las necesidades básicas de hombres y mujeres de las zonas
más pobres del país, para lograr un equilibrio entre el uso de los recursos y la satisfacción de
las necesidades humanas. La Secretaría de Salud, la de Desarrollo Social, de la Reforma
Agraria, de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca e instituciones relacionadas con las
zonas indígenas siguen impulsando sus programas sin una coordinación y, por supuesto, sin
plantearse un trabajo específico hacia las mujeres o con una perspectiva de género.
Esto es particularmente grave; se ubica en el contexto de profundización de la crisis -
sobre todo a partir de los "errores de diciembre"- , cuyas consecuencias han agudizado el
desempleo, la pérdida del poder adquisitivo del salario, la casi desaparición de las políticas
sociales de apoyo a las mujeres (servicios de salud, guarderías, despensas alimentarias, etc.), la
pérdida de la soberanía y la caída de la producción alimentaria, principalmente de granos
básicos.
Las reformas al artículo 27 constitucional y otras, referidas a la pesca, el sector forestal,
y el agua, han corrido un sentido inverso a lo estipulado en la Agenda 21 y la Plataforma de
Acción de Pekín. Como efecto de tales reformas las mujeres enfrentan ahora mayores
dificultades para acceder a la tierra, a los recursos forestales y al agua. Las tendencias
privatizadoras están propiciando que los recursos tiendan a concentrarse en los propietarios de
los capitales y el dinero o, en otro extremo, a que se abandonen las tierras, lagunas, ríos y zonas
costeras que no son "rentables" y que están sufriendo cada vez mayor degradación ya sea por
uso intensivo o por contaminación.
La profundización de las tendencias migratorias de los campesinos hacia otras regiones
del país (el norte) o hacia los Estados Unidos, han dejado en manos de las mujeres de los
estados más pobres de México, la producción alimentaria sin que ellas puedan acceder al
crédito, la capacitación, los insumos, etc. Las mujeres no son sujetas de crédito, carecen de
estructuras legalmente reconocidas y tampoco cuentan con un piso social y organizativo para
superar estas deficiencias.
En muchos casos, la estrategia para sortear la crisis ha sido la incorporación de las
mujeres a las actividades económicas en algún eslabón de la cadena productiva. Por ejemplo,
en el sector de la pesca ribereña, es ahora común que las mujeres salgan a pescar con sus
maridos para compensar la caída de las capturas o que se dediquen a la comercialización al
menudeo de pescados y mariscos, junto con niños y niñas. En el sector forestal, ha proliferado
la producción femenina de artesanías con subproductos del bosque y el bordado de ropas.
Todas estas acciones están repercutiendo en diferentes formas tanto en la calidad de
vida de la población como en el uso y conservación de los recursos naturales. La SEMARNAP
y las instituciones afines en los gobiernos estatales y municipales no están considerando estos
aspectos en su planeación y el destino de su gasto social. En cambio, sí hay preocupación por
promover e incentivar la inversión extranjera en mega-proyectos que también están
repercutiendo en la vida de hombres y mujeres, no siempre favorablemente.
Por sólo mencionar un caso, diremos que las grandes plantaciones forestales de
eucalipto que se están desarrollando en el sureste del país, no sólo involucran aspectos
ambientales -actualmente en debate-, sino sobre todo sociales que poco se han visualizado. En

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Tabasco, por ejemplo, se contratan exclusivamente mujeres para los viveros en las plantaciones
con condiciones laborales poco adecuadas. La contratación de mano de obra femenina tiene su
razón de ser, -ya que es peor pagada, tiene poca experiencia laboral y por lo tanto poco
conocimiento de sus derechos, etc.
En síntesis, el gobierno mexicano, no sólo no ha tomado las medidas adecuadas para
cumplir con sus compromisos internacionales, sino que omite estudios y acciones que están
actuando en sentido contrario a lo pactado.
Esta situación continuará mientras no existan los mecanismos institucionales y los
recursos financieros necesarios para impulsar medidas concretas a diversos niveles y, en forma
multisectorial, que tiendan a incluir una auténtica perspectiva de género y de favorecimiento de
la mujer hacia el desarrollo sustentable.
La pregunta que cabría hacerse es si se trata de omisiones y deficiencias o si, en
realidad, las políticas de desarrollo vigentes en nuestro país están orientadas en una perspectiva
distinta (que enfatiza la eficiencia, la productividad, la competitividad, la globalización, etc.)
que actúa en sentido opuesto a las aspiraciones de sustentabilidad social y ambiental.
Este es un asunto central del debate nacional sobre el desarrollo sustentable, que no es
posible obviar, pero que rebasa los propósitos evaluatorios de este documento.
Los organismos no gubernamentales,
las mujeres y el medio ambiente
Al igual que en otras partes del mundo, en México, la CNUMAD propició que núcleos de
ONGs y de mujeres de organizaciones sociales se dieran a la tarea de incluir los intereses y
demandas de las mujeres en los programas relacionados con el cuidado del medio ambiente y el
desarrollo sustentable.
En 1992, se realizó en la ciudad de México el Primer Encuentro de Mujer y Medio
Ambiente, en el que se dieron las propuestas que después fueron presentadas en el Foro Global
en la Cumbre de la Tierra, en 1992. La agenda incluyó el análisis de la situación nacional, las
demandas de las mujeres de acuerdo con su sector de participación (colonas, campesinas,
sindicalistas) y la discusión de las propuestas internacionales del Congreso de Miami. Durante
el proceso hacia la Cumbre de Río, el tema de las mujeres se ventiló a través de lo que se llamó
Mesa de Mujer y Medio Ambiente.
Al concluir el evento de Río se disolvió el organismo coordinador de ONGs, Foro
Mexicano de la Sociedad Civil hacia Río 95, en el cual se insertó la Mesa de Mujer y Medio
Ambiente. Sin embargo, el esfuerzo pionero por vincular el tema de las mujeres y el medio
ambiente mantuvo algunos núcleos de discusión y propuestas de trabajo comunitario para
vincular ambos temas.
La perspectiva de fortalecer el tema del medio ambiente en la Cuarta Conferencia de las
Mujeres en 1995, reactivó la coordinación de estos esfuerzos. A partir de esta coyuntura se creó
una Red de Mujer y Medio Ambiente que agrupa a cerca de una veintena de mujeres de ONGs.
Se organizaron una serie de eventos (talleres, reuniones y cursos de capacitación), se
movilizaron más de 300 mujeres de zonas rurales de 18 estados del país, de organizaciones
sociales y de base, las que, junto con las asesoras y promotoras de los organismos no
gubernamentales, discutieron y consensaron "La Agenda Verde de las Mujeres". Se redactó,
además, una declaración de mujeres mexicanas que se presentó en el foro paralelo en China.

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La Agenda Verde de las mujeres se resume en seis folletos recientemente publicados,
que dan cuenta de la gran cantidad de acciones que las mujeres de comunidades rurales están
llevando a cabo a lo largo y ancho de todo el país: restauración de ríos y arroyos; acopio,
disposición y reciclaje de basura; producción de insumos alternativos; huertos familiares;
programas de saneamiento ambiental comunitario; programas de salud familiar y salud
comunitaria; producción de medicina popular y alternativa; recuperación de técnicas
tradicionales de cultivo para uso sustentable de los recursos; denuncias, movilizaciones y
marchas públicas para detener la contaminación del aire, suelo y agua; educación ambiental a
comunidades y niños y niñas, entre muchas otras. El esfuerzo realizado también arrojó un
somero diagnóstico de los múltiples y agudos problemas ambientales (y su relación con otros
aspectos tales como salud, alimentación, vivienda, etc.) que se padecen en muchos lugares de
México.
Las organizaciones no gubernamentales han avanzado en los nexos. Los documentos del
encuentro de 1992 plantean, en forma paralela, las demandas de las mujeres, los problemas
ambientales y los asuntos del desarrollo. La "perspectiva de género" se limita ahí al hecho de
que sean las mujeres las sujetas de la acción y la conexión entre los asuntos ambientales y
económicos se ubican únicamente en una crítica muy general al modelo de desarrollo.
En cambio, la Agenda Verde de las Mujeres es un intento por encontrar conceptos
comprehensivos como "calidad de vida" y marcos conceptuales comunes para un análisis no
fragmentado de la realidad. También desarrolla una metodología de diagnóstico que permite
identificar algunas áreas puente entre la dimensión ambiental y la perspectiva de género en un
contexto socio-económico rural y depauperado.
También desde las instituciones académicas se están fortaleciendo estos temas, por
ejemplo la UNAM, a través de su Programa de Estudios de Género, y el Centro Regional de
Investigaciones Multidisciplinarias llevan a cabo un diploma sobre Los problemas desde una
perspectiva de género y se han establecido relaciones con grupos de investigadoras en América
Latina y el Caribe a través de la Red Género y Ambiente en Latino América (GALA).
Asimismo, las Fundaciones Ford y MacArthur han apoyado una iniciativa para establecer un
diálogo entre expertos e investigadores de los campos de la Salud Reproductiva y el Desarrollo
Sustentable, para establecer nexos y colaboración entre estos dos temas.
Sin embargo, todos estos esfuerzos no han logrado permear las políticas públicas y las
instituciones gubernamentales. A cinco años de Río, la tarea principal es engarzar esfuerzos
para exigir al gobierno cumplir los acuerdos a los que se han comprometido.
Algunas propuestas
Durante los cinco años de vigencia del Programa 21 se ha escrito y debatido mucho sobre el
desarrollo sustentable. La persistencia de los graves problemas sociales y ambientales y aún su
agravamiento han puesto en tela de juicio la validez misma del concepto. Muchos se han
preguntado si éste no ha servido para refuncionalizar viejas formas de opresión social y de
degradación de los recursos naturales con un nuevo reparto de cargas y responsabilidades a
cuenta, como siempre, de los países más pobres y, dentro de ellos, de los sectores más
desprotegidos.
Estos cuestionamientos no son sólo ejercicios teóricos o académicos y en gran medida
están sirviendo para dotar de contenido a un concepto demasiado abarcativo que puede dar
lugar a manipulaciones y demagogias.

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Es posible que muchas acciones de la Agenda 21 sean motivo de debate, sin embargo,
también es cierto que es una referencia oficial y mundialmente aceptada acerca de temas,
aspectos, acciones y políticas claves para detener la crisis social y ambiental que padece la
mayoría de nuestros países. Como instrumento de lucha, los acuerdos internacionales permiten
empujar a los gobiernos para que pasen del papel a la práctica. La mejor forma de hacerlo es a
través de propuestas que apunten a sujetos de carne y hueso, ubicados en espacios geográficos
precisos, con montos de recursos claramente delimitados y con formas de seguimiento y
evaluación permanentes.
Es claro que las mujeres no son un "sujeto social" apartado de su contexto social,
cultural e histórico. Que ellas pertenecen a comunidades, organizaciones, etnias, localidades
específicas y que se relacionan con otras mujeres y hombres en múltiples formas. Sin embargo,
el rezago y la subordinación que han padecido, históricamente, las ha colocado en una
desventaja social que obliga a mirarlas y a proponer acciones específicas. Desde tal óptica es
válido insistir en que las políticas públicas incluyan una perspectiva de género y se propongan
políticas hacia las mujeres.
Algunas propuestas que apuntan acercar a nuestro país al objetivo de promover la plena
participación de las mujeres en el desarrollo sustentable, bajo el marco de los acuerdos
internacionales sería que:
- La Secretaría del Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca abra una Oficina de la
Mujer a nivel federal y en cada una de las delegaciones estatales, con un nivel alto de
influencia y decisión.
- Se instale una instancia de interlocución con organizaciones no gubernamentales,
académicas y de empresarias que trabajan iniciativas ambientales desde una perspectiva de
género.
- Se incluyan en el Programa de Medio Ambiente, los principios, actividades y medios de
ejecución del Capítulo 24 de la Agenda 21 y del Capítulo K de la Plataforma de Acción,
destinando los recursos financieros, humanos e institucionales necesarios para su
instrumentación.
- Los programas sectoriales (forestal, pesquero, etc.), los instrumentos de gestión ambiental
(ordenamiento ecológico, evaluación de impacto ambiental, planes de manejo de ANP, etc.)
y los Proders incluyan explícitamente la participación de las mujeres de las comunidades y
regiones.
- Que se destinen partidas presupuestales específicas para la instrumentación de estas
medidas.
- Se divulgue el contenido de los capítulos 24 de la Agenda 21 y el Capítulo K de la
Plataforma de Acción mediante publicaciones.

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Bibliografía
DEBASE, A.C (1992): Grupo de Estudios Ambientales. Foro Mexicano de la Sociedad Civil.
Síntesis Documental, No 3, Fundación F. Ebert.
NACIONES UNIDAS. CUARTA CONFERENCIA MUNDIAL SOBRE LA MUJER.
PLATAFORMA DE ACCIÓN. (s/f): Informe Comisión Principal., Sección K, Capítulo
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