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Gobernabilidad democr ica y g ero, una articulaci posible
Page 1
G
obernabilidad democrática
y género, una articulación posible
Virginia Guzmán
Unidad Mujer y Desarrollo
S E R
I E
mujer y desarrollo
48
Santiago de Chile, octubre de 2003

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El presente documento fue elaborado en el marco del Proyecto CEPAL/
DAW/Naciones Unidas, Cuenta para el Desarrollo, “Gobernabilidad
Democrática e Igualdad de Género en América Latina y el Caribe”, por
Virginia Guzmán, Consultora del Proyecto. La autora desea agradecer la
colaboración de Claudia Moreno y los comentarios de Sonia Montaño.
Las opiniones expresadas en este documento, que no ha sido sometido a revisión
editorial, son de la exclusiva responsabilidad de la autora y pueden no coincidir
con las de la Organización.
Publicación de las Naciones Unidas
ISSN impreso: 1564-4170
ISSN electrónico: 1680-8967
ISBN: 92-1-322231-9
LC/L.1962-P
N° de venta: S.03.II.G.119
Copyright © Naciones Unidas, octubre de 2003. Todos los derechos reservados
Impreso en Naciones Unidas, Santiago de Chile
La autorización para reproducir total o parcialmente esta obra debe solicitarse
al Secretario de la Junta de Publicaciones, Sede de las Naciones Unidas, Nueva York,
N.Y. 10017, Estados Unidos. Los Estados miembros y sus instituciones
gubernamentales pueden reproducir esta obra sin autorización previa. Sólo se les
solicita que mencionen la fuente e informen a las Naciones Unidas de tal reproducción.

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CEPAL - SERIE Mujer y desarrollo
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3
Índice
Resumen
........................................................................................ 5
I.
La emergencia del concepto de gobernabilidad
democrática en un contexto de grandes cambios ......... 7
1.
Emergencia
del concepto ....................................................... 7
2.
Sentidos y alcances del concepto de gobernabilidad ........... 11
3.
Orden de género y gobernabilidad democrática .................. 13
II. La
gobernabilidad
desde el género ................................... 17
1.
El movimiento feminista y de mujeres: un factor de
cambio social e institucional................................................ 17
2.
El papel de las instancias de género en el Estado, en el
proceso de modernización y en el cambio institucional ...... 25
3.
La reforma del Estado, los mecanismos de género y
las organizaciones de mujeres.............................................. 33
Bibliografía ............................................................................ 41
Anexos
...................................................................................... 47
Serie Mujer y desarrollo: números publicados ...................... 61

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Gobernabilidad democrática y género, una articulación posible
4
Índice de cuadros
Cuadro 1
Dimensiones de la gobernabilidad democrática .........................................................12
Cuadro 2
La participación de los movimientos de mujeres en la elaboración
de
las
nuevas constituciones .......................................................................................20
Cuadro 3
Políticas destinadas a elevar la participación de las mujeres en los
servicios públicos y cargos de representación ............................................................22
Cuadro 4
Porcentajes globales de representatividad ..................................................................23
Cuadro 5
Evolución de la participación de las mujeres en el poder legislativo
(países
seleccionados).................................................................................................24
Cuadro 6
Situación de los mecanismos de género al año 2002..................................................27
Cuadro 7
Trama institucional en el ejecutivo y participación ciudadana ..................................30
Cuadro 8
Otros poderes del Estado y organizaciones de género en la sociedad civil................31
Cuadro 9
Síntesis de las principales dimensiones de la reforma del Estado
llevada a cabo a partir de la década de los noventa ....................................................35
Cuadro 10
Participación de las mujeres en la reforma del Estado ...............................................37
Cuadro 11
Normas y procedimientos formales de inclusión de la equidad de género
en
las
políticas públicas ..............................................................................................38

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CEPAL - SERIE Mujer y desarrollo
N° 48
5
Resumen
El presente documento se realiza en el marco de las actividades
del proyecto CEPAL/DAW/Naciones Unidas, Cuenta para el
Desarrollo “Gobernabilidad Democrática e Igualdad de Género en
América Latina y el Caribe”. Su finalidad es presentar un panorama
de los procesos de cambios sociales e institucionales en la Región y
las relaciones que existen entre la gobernabilidad democrática y la
transformación del sistema social de género. Postula que las nuevas
formas de gobernabilidad democrática se expresan en cambios
institucionales, es decir, de las reglas y normas que organizan las
relaciones entre actores en distintos escenarios, en particular, entre el
Estado y la sociedad, y entre el Estado, el mercado y la familia. Estos
cambios también abren oportunidades para transformar el orden de
género. Complementariamente, este trabajo muestra cómo el cambio
en las relaciones entre hombres y mujeres amplía las bases de
sustentación democrática de la gobernabilidad, al integrar en los
grandes debates y en la construcción de nuevas reglas, la experiencia y
la superación de los problemas derivados de la inequidad de género.
El documento muestra, asimismo, que pese a la importancia
indiscutible que tiene la consideración de las desigualdades de género
en los procesos de gobernabilidad que aspiran a la consolidación
democrática, el movimiento feminista y de mujeres, no le ha dado
prioridad en sus agendas. Tampoco ha sido suficientemente analizada
y visible su influencia en los cambios de funcionamiento institucional.
Los logros del movimiento de mujeres en organización, en generación
de debates, en construcción de nuevas agendas, así como su influencia
sobre los comportamientos de otras fuerzas políticas y la experiencia

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Gobernabilidad democrática y género, una articulación posible
6
que tiene ganada en la interlocución con los gobiernos y parlamento, no ha dado lugar a una
presencia significativa de mujeres en los procesos centrales de reformas que se llevan a cabo en la
región. Esta situación deriva tanto de la persistencia de mecanismos de discriminación como de
opciones políticas explícitas o implícitas del movimiento.
El documento está organizado en dos secciones: en la primera sección se analiza las
condiciones de emergencia del concepto de gobernabilidad, al interior de un contexto caracterizado
por grandes transformaciones que generan desequilibrios y presionan cambios institucionales que
aseguran niveles aceptables de gobernabilidad. Luego analiza los contenidos y sentidos atribuidos
al concepto de gobernabilidad y reflexiona sobre las relaciones que existen entre el orden de género
y el orden institucional.
En la segunda sección se estudia los temas de gobernabilidad desde la perspectiva de un
actor específico, el movimiento de mujeres, que actuando en estos contextos de cambios ha
contribuido de manera sustantiva a la democratización de las sociedades y a la generación de
nuevas institucionalidades responsables de la formulación de políticas públicas con equidad de
género. Posteriormente, se examina la participación del movimiento de mujeres y de la
institucionalidad de género en los procesos de reforma del Estado y programas de gobernabilidad
que han tenido lugar en la región.
Los contenidos de este documento se basan en una exhaustiva revisión bibliográfica, en una
encuesta enviada a los mecanismos de género de la Región y en el análisis de información
secundaria.

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I. La
emergencia
del concepto de
gobernabilidad democrática en
un contexto de grandes cambios
1. Emergencia del concepto
El concepto de gobernabilidad como la mayoría de los
conceptos no tiene un sentido único ni establecido en forma definitiva.
Tiene un carácter histórico y dinámico, por tanto, sus significados y
usos están sujetos a transformaciones de acuerdo con el contexto
social y político y según el marco teórico desde el que se estudia.
El concepto surgido en las ciencias sociales es retomado en
1975 en un informe elaborado por la Comisión Trilateral
1
sobre el
tema de la crisis de la democracia. En ese documento, la idea de
gobernabilidad se limita a designar el desbalance entre las demandas
ciudadanas y la capacidad de respuesta del Estado y propone, para
abordar el desequilibrio, disminuir la demanda y frenar la
movilización social. No plantea la ampliación de la capacidad de
respuesta del Estado, constituyendo en este sentido, una reacción
conservadora frente al crecimiento y diversificación de las demandas
ciudadanas.
1
La comisión fue creada en julio de 1973. Es un organismo privado en el que participan —según sus ideólogos— el mayor conjunto
de potencias financieras e intelectuales que el mundo haya conocido jamás. La comisión encarga en 1975 a Michel Crozier, Samuel
Huntington y Jo Ji Watanuk, tres connotados intelectuales de cada continente, un informe sobre los asuntos más relevantes del
mundo actual.

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Gobernabilidad democrática y género, una articulación posible
8
A partir de los años ochenta y sobre todo en la década de los noventa, el escenario
socioeconómico y políticocultural de la región se transforma significativamente con la
profundización de la globalización, los procesos de reestructuración económica y las transiciones
democráticas. Estas transformaciones se expresan en estilos de vida más plurales,
2
en formas
diversificadas de generar riqueza y de hacer política, en nuevos tipo de conflictividad social y en
cambios en la cultura cívica. El movimiento de mujeres, como se verá en la segunda parte, es un
factor de cambio importante en este escenario.
Los efectos múltiples, simultáneos y contradictorios de las transformaciones crean
situaciones de inestabilidad política, de incertidumbre institucional y de inseguridad, e imponen
enormes exigencias a los gobiernos para responder a las transformaciones en curso. La pérdida de
la capacidad de gobierno y de la legitimidad democrática, el deterioro de la política, el retroceso de
la acción colectiva y la huida hacia la acción privada, legal o ilegal son algunos de los riesgos que
enfrentan las sociedades de la región.
Pero al mismo tiempo, este escenario, abre oportunidades para la emergencia de procesos de
gobernabilidad democrática, al poner en evidencia la necesidad de cambiar las reglas de juego que
organizan las interacciones entre los distintos actores a nivel nacional e internacional.
Desde una perspectiva económica, el agotamiento del modelo de desarrollo de sustitución de
importaciones que había imperado por más de medio siglo y el aumento de la deuda externa de los
países y la crisis del pago de la misma hacían difícil pensar en mantener o profundizar los llamados
estados de “bienestar”.
En esta situación, algunos organismos internacionales de financiamiento promueven primero
la implementación de políticas de ajuste seguidas de políticas de reforma estructural. Las primeras,
orientadas a reducir el gasto público, equilibrar los presupuestos, bajar las tasas de inflación y
generar excedentes para contribuir al servicio de la deuda, tienen como efecto la contracción
económica y el retroceso en los índices sociales (Tomassini, 1998).
Las políticas de reforma estructural,
3
inspiradas en el Consenso de Washington,
4
logran
recuperar los equilibrios macroeconómicos, aumentar la apertura y competitividad internacional de
la economía así como también un moderado crecimiento con reestructuración productiva y por ello,
una recuperación de la confianza en el mecanismo de mercado. Al mismo tiempo, estimulan en los
países el desarrollo de capacidades que les permiten acceder a las oportunidades que brinda la
economía global.
No obstante, las reformas relativas a la disciplina fiscal, la política de privatizaciones, la
descentralización y los cambios en el régimen tributario afectan la infraestructura y las capacidades
políticas e institucionales del Estado, de la misma manera que las reformas orientadas a la
liberalización y desregulación disminuyen sus capacidades técnicas administrativas (Sojo, 2002).
Las transformaciones económicas aumentan la vulnerabilidad de las economías
latinoamericanas frente a las fluctuaciones de la economía global en parte debido a que los
principios que gobiernan la producción y el comercio global y los mecanismos de coerción
previstos para garantizar su cumplimiento, condicionan las regulaciones y decisiones económicas
de los gobiernos nacionales.
2
La existencia de estilos de vida más plurales no es contradictoria con la presión ejercida por los medios de comunicación y la
difusión de expectativas de consumo hacia la homogenización de comportamientos y costumbres.
3
Disciplina fiscal, control del gasto público, mejoramiento de los sistemas impositivos, liberalización de los sistemas financieros,
manejo de cambio libre, apertura a regímenes comerciales, estímulo a la inversión, privatización de empresas públicas,
desregulación de la actividad económica, reducción del tamaño del Estado.
4
En el Consenso de Washington (1989) participan el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Departamento del Tesoro
de los Estados Unidos.

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9
La implementación del nuevo modelo económico tropieza con la estructura tradicional de las
instituciones estatales, las precarias modalidades de la gestión gubernamental, la inadecuación de
las políticas públicas y la obsolescencia de los ordenamientos jurídicos. En muchas ocasiones, los
gobiernos, para implementar las reformas económicas, hacen uso de sus poderes en forma
discrecional, lo que les permite modificar la legislación e influir en el poder judicial, generando
gran incertidumbre institucional. En este sentido, la institucionalización de nuevas reglas
económicas promovidas desde los espacios globales no siempre se corresponde con la
institucionalidad de la esfera política. Esto implica la coexistencia de dos tipos de legalidades, la
que ordena el juego económico (más reglas, menos incertidumbre) y la que impera en el juego
político caracterizado frecuentemente por la alta discrecionalidad de los poderes y el
patrimonialismo.
5
En breve, la globalización al permitir que las relaciones de poder se ejerzan y organicen a
escala de alcance espacial mucho mayor, conlleva una pérdida de poder de los Estados nacionales y
el desbordamiento de sus instituciones por la emergencia de nuevas prácticas sociales a nivel
nacional e internacional. La política económica dominante debilita el poder del Estado, al redefinir
su perfil y sus competencias económicas y sociales, fortalecer el sector privado y asegurar el
predominio del mercado (Medellín Torres, 2002).
Desde una perspectiva política, si bien la globalización promueve el modelo de democracia
liberal como forma dominante de organización del régimen político, altera los referentes
tradicionales de la actividad política y transforma la concepción de la Nación, del Estado, de los
partidos políticos, de las clases sociales (Tomassini, 1998). En general, los estudios y encuestas
evidencian bajos índices de confianza y legitimidad de las instituciones políticas estatales, de los
partidos políticos y sus dirigentes,
6
y de los altos cargos de la administración.
7
Así, aunque la
mayoría de las personas reconocen mantener su adhesión a asociaciones voluntarias de tipo
permanente, mantienen bajos niveles de participación efectiva (Latinobarómetro, 1996).
8
A nivel social se acentúa la conflictividad asociada a la marginalidad urbana, el desempleo,
la informalidad. La segmentación social incrementada con los cambios en la organización de la
producción y del trabajo diversifican aún más las condiciones de trabajo y de vida, y el acceso de la
población a la información y al conocimiento. Una parte importante de la población es excluida de
los beneficios de la modernidad. Esta heterogeneidad puede, además, constituirse en un factor
inhibidor para la constitución de organizaciones sociales y para el funcionamiento de los
mecanismos generadores de diálogo, de negociación y de resolución de conflictos. Asimismo, el
aumento de las demandas sociales y su dispersión ponen en tensión a un Estado diseñado para
manejar sociedades más estructuradas y simples.
Estudios sobre el Desarrollo Humano realizados por el Programa de las Naciones Unidas
para el Desarrollo (PNUD) en distintos países, en particular en Chile en los últimos años, muestran
una disminución de la confianza interpersonal y una menor disposición a hacer presión en favor de
5
Mientras las nuevas institucionalidades económicas se orientan a eliminar la imprevisibilidad en la definición de los derechos de la
propiedad, en la regulación de los precios, en la movilidad del capital, en la manipulación del tipo de cambio y en las tasas de
interés, y en el cumplimiento de los contratos, las decisiones políticas conservan un alto grado de imprevisibilidad, asociado al alto
margen de discrecionalidad de las autoridades políticas y la escasa transparencia de los procesos de decisión pública.
6
La ciudadanía rechaza, por ejemplo, los procedimientos de nominación de candidatos a cargos de elección popular, los sistemas
electorales que no reflejan adecuadamente las mayorías ni las minorías y la poca claridad en el financiamiento de las campañas
políticas.
7
La pérdida de legitimidad se expresa en el debilitamiento de los partidos políticos y en la alta volatilidad electoral y cambio de
preferencia del electorado de una elección a otra.
8
La participación es mayor en organizaciones de tipo local y tiende a disminuir en lo que se refiere a los partidos políticos.

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10
cambios que beneficien a la sociedad en su conjunto,
9
lo que dificulta la acción colectiva y la
emergencia de liderazgo en los campos de acción social, político, económico y cultural.
Por otro lado, las dificultades para generar espacios públicos para la ciudadanía, debidas en
parte al escaso poder y atribuciones de los gobiernos locales,
10
así como a las brechas de ingreso, al
desempleo y diferencias en la calidad de vida, pueden fomentar la integración de los excluidos a
redes de comercio y de tráfico ilícito tanto doméstico como internacional. En efecto, estas redes
están presentando una alta capacidad para incluir y organizar elementos marginados.
No obstante estos riesgos y la tendencia a una mayor fragmentación social, la sociedad civil
se ha hecho más visible en estas últimas décadas. Los mayores niveles de información y la
pluralidad de intereses aumentan también la presión de comunidades, organizaciones y personas
por participar en las decisiones que les conciernen. Igualmente, los actores sociales nacionales,
como los movimientos de mujeres, indígenas, ecológicos, derechos humanos, tienden a trascender
los límites nacionales dando lugar a una suerte de sociedad civil global, lo que aumenta su
capacidad de presión para participar en las decisiones públicas tanto a nivel nacional como
internacional.
Desde una perspectiva cultural, la nueva tecnología altera profundamente la cotidianidad: los
conocimientos de la gente, la estructura de las profesiones, el mercado de trabajo, y la vida social y
cultural. Las formas de comunicación global en tiempo real constituyen una verdadera revolución
cultural que abre las puertas a la circulación de valores, preferencias, demandas, actitudes y
comportamientos públicos entre grupos y naciones que acceden a ella.
La revalorización de lo local y lo singular, la dificultad de integrar la variedad de ideales de
progreso en la forja de una sola identidad nacional, los flujos migratorios y las solidaridades
comunitarias a las que dan origen, están debilitando las bases de una nación cultural única. Los
Estados devienen multiculturales y plurinacionales, lo que obliga a pensar en la construcción de
nuevas formas de ciudadanía.
Finalmente, desde una perspectiva institucional, la emergencia de nuevas y heterogéneas
prácticas sociales ponen en cuestión las convenciones, las normas y reglas que organizan las
relaciones entre individuos y colectividades en los ámbitos de la familia, la economía, la política y
la cultura, en los espacios nacionales e internacionales.
En este contexto de profundas transformaciones económicas, sociales y culturales, emerge la
preocupación por la gobernabilidad democrática. Los efectos de la globalización, las reformas
económicas orientadas al mercado, la configuración de sociedades más diferenciadas y complejas,
la diversificación de intereses de la ciudadanía, conjuntamente con su tendencia a intervenir más en
asuntos públicos, multiplican las demandas dirigidas al Estado, el cual se ve incapacitado de
responder a ellas debido a la inadecuación de sus normas, reglas, instituciones y recursos limitados.
9
Joan Prats señala al respecto que, a diferencia del desarrollo de las ciudades europeas, los residentes acomodados en esta región, por
su capacidad de proteger y atender las necesidades propias y de la familia, no están afectados de manera inmediata por la situación
de vida malsana de los demás derivadas de la existencia de servicios urbanos inadecuados e insuficientes (salud, educación, agua,
transportes).
10
La tradición política centralista latinoamericana y la existencia de un poder presidencial altamente discrecional, ha llevado a un
reconocimiento tardío de la autonomía municipal y a la inexistencia de cuadros institucionales que establezcan las competencias y
recursos financieros de los poderes locales.

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11
Los países de la región enfrentan entonces riesgos de caer en situaciones de crisis de
gobernabilidad de distinta intensidad,
11
en el caso de no mediar reformas institucionales profundas
y la consolidación de una cultura democrática que amplíe la participación hacia nuevos actores
sociales y debilite los mecanismos que generan desigualdad.
2. Sentidos y alcances del concepto de gobernabilidad
Frente al escenario descrito, las agencias financieras como el Fondo Monetario Internacional
(FMI), el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ponen en debate el
tema de la gobernabilidad. El concepto es usado por algunos organismos internacionales para
referirse a las reformas políticas necesarias para crear un marco adecuado que permita la inserción
de la región en la economía global y el funcionamiento de los mercados modernos. Ellos relacionan
la gobernabilidad con la capacidad de adaptación de los países al nuevo modelo de desarrollo,
como con la capacidad de las sociedades de desarrollar equilibrios virtuosos (o por lo menos
razonablemente estables) entre los sistemas económicos, políticos y culturales.
12
Desde la perspectiva de las ciencias políticas, el concepto hace referencia a la capacidad de
gobernar en forma estable, a la viabilidad de un gobierno (Tomassini, 1998) y, por tanto, a la
calidad de las relaciones que éste establece con la sociedad. Desde esta perspectiva, la
gobernabilidad es la expresión institucional del problema de la legitimidad de un gobierno y está
relacionada con la capacidad de establecer normas que creen consentimiento y satisfacción a las
demandas sociales (Sojo, 2002).
En la aproximación de Joan Prats (2002a), la gobernabilidad adquiere contenidos más
amplios. Se refiere a la capacidad de un sistema social democrático para auto gobernarse
enfrentando positivamente los retos y las oportunidades. La gobernabilidad desde su perspectiva es
una cualidad de las sociedades y sistemas y no de los gobiernos.
Los distintos autores enfatizan algunas dimensiones sobre otras. La perspectiva liberal da
relevancia a la habilidad de los gobiernos para convertir las demandas individuales en acción
colectiva o en políticas públicas mediante la constitución de coaliciones, la negociación de
intereses ciudadanos o agrupaciones que forman parte del sistema político. La perspectiva
estructural da mayor importancia a la estructura de poder prevaleciente en la sociedad, la que va a
determinar el espectro de actores sociales premunidos de la capacidad de conducir las sociedades.
La perspectiva institucional pone de manifiesto la importancia de los valores, las pautas y
organizaciones, y las reglas en la acción del gobierno, las que son compartidas por la mayor parte
de los miembros de una sociedad gracias a procesos de comunicación, de socialización y de
articulación de intereses.
A pesar de los matices y diferencias en las definiciones, todos los autores coinciden en
señalar que el núcleo central de la gobernabilidad es la calidad de las relaciones entre el gobierno y
la sociedad. La tarea de gobernar consiste en construir hegemonía, hacer confluir los intereses
particulares hacia un interés colectivo que, al ser definido por quien gobierna, confiere ascendencia
y control político a los gobernados.
11
Crisis de legitimidad asociada a la pérdida de correlación de fuerzas políticas, bloqueo de la agenda gubernativa, activación de
tensiones y conflictos de mediana intensidad. Crisis de gobernabilidad como crisis de conducción política al perder los gobernantes
el control sobre los gobernados. Crisis de gobernabilidad como crisis de Estado debido a la no viabilidad política de las acciones y
decisiones gubernamentales y a la pérdida del control sobre las tensiones y conflictos de una sociedad.
12
El BID plantea, por ejemplo, la necesidad de fomentar enfoques más integrados del desarrollo que a la vez que consoliden las
reformas económicas y promuevan la integración socioeconómica interna, estimulen la modernización del Estado y el
fortalecimiento de las instituciones democráticas y de la sociedad civil (BID, 2000).

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12
En el proceso de constitución de la hegemonía adquiere especial relevancia la negociación
entre actores estratégicos,
13
es decir, aquellos que tienen los recursos para incidir en la capacidad
de agregar demandas e intereses o, en caso contrario, para obstaculizar este proceso. Por esta razón,
en la medida que los actores tienen distintos intereses y grados de poder, el conflicto es una
dimensión inherente a la gobernabilidad.
Asimismo, los autores coinciden en la necesidad de transformar las reglas de juego para
recuperar o construir la legitimidad en las relaciones entre el Estado y sociedad y de articular las
dimensiones políticas y económicas para asegurar el crecimiento y la estabilidad económica y
política de los países. El concepto de gobernabilidad se refiere así no sólo a cambios de régimen
político dentro de un mismo modelo de desarrollo, sino a reformas del régimen político para
impulsar cambios en el modelo de desarrollo que aseguren el crecimiento y la estabilidad
económica de los países. En este sentido, la política debe abrirle camino a la economía en las
nuevas condiciones impuestas por la globalización y el cambio tecnológico, y la estabilidad
económica debe constituirse en una base de legitimidad de los gobiernos.
Desde esta perspectiva, la gobernabilidad depende de la capacidad de los gobiernos para
conducir los procesos y a los actores sociales hacia el desarrollo socioeconómico, la integración
social y la consolidación de las instituciones democráticas, ajustándose a los procedimientos
democráticos y resolviendo de acuerdo con ellos los conflictos y valores que surjan en torno a esas
metas (Urzúa, 1998). Se trata entonces de una construcción sistémica y simultánea de democracia,
mercado y equidad. La capacidad de los gobiernos en un mundo global no depende sólo de las
dinámicas económicas, sociales y políticas internas sino también de la construcción de nuevas
reglas de juego a nivel global, lo que plantea como desafío, el desencadenar procesos que aseguren
la gobernabilidad a nivel global.
Para el logro de la gobernabilidad democrática es necesario avanzar por lo menos en tres
direcciones (véase cuadro 1): profundización del régimen democrático, la institucionalización y las
mayores capacidades de rendimiento social (Diamond citado por Carlos Sojo, 2002).
Cuadro 1
DIMENSIONES DE LA GOBERNABILIDAD DEMOCRÁTICA
Profundización Institucionalización Rendimiento social
Ampliación del apego a la ley y la
rendición de cuentas entre poderes
y hacia la ciudadanía
Consistencia de las prácticas
políticas
Reducción de barreras
institucionales que limitan la
participación política y la
movilización de los sectores
sociales marginados
Predictibilidad de las normas
Resultados económicos y sociales del
intercambio político y sus efectos en
la estabilidad del régimen institucional
Descentralización del poder
Aceptación de la incertidumbre de
los resultados del juego
democrático
Estabilidad macroeconómica y
eliminación de la pobreza
Establecimiento de medios que
garanticen más espacio, energía y
autonomía para la sociedad civil
Estructuras políticas que permiten
ejercer adecuadamente la
mediación de intereses y la
resolución de conflictos
Protección efectiva de los
derechos políticos y civiles
de los ciudadanos
Grado de desarrollo de los partidos
políticos
Fuente: C. Sojo (2002).
13
La noción de actor estratégico pone en tensión las nociones de democracia y de gobernabilidad. De esta manera, a mayor
desigualdad en la distribución de recursos mayor tensión entre democracia y gobernabilidad.

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13
En breve, la gobernabilidad hace referencia a la estabilidad de las instituciones democráticas
a pesar de la incertidumbre de los resultados del juego político, es decir, de las negociaciones y los
acuerdos entre los actores políticos; y a las capacidades de las instituciones políticas y sociales
para agregar y articular intereses, así como para regular y resolver los conflictos que se susciten
entre ellos.
Desde una perspectiva institucional, un sistema social es gobernable cuando está
estructurado socio-políticamente de modo tal que todos los actores estratégicos se interrelacionan
para tomar decisiones colectivas y resolver los conflictos conforme a un sistema de reglas
y procedimientos formales o informales
14
que pueden registrar diversos niveles de
institucionalización.
Un sistema de gobernabilidad democrática debería permitir que las reglas y normas sean
producto de la participación, la deliberación, la confrontación de intereses y de modelos mentales
entre actores que tienen en cuenta no sólo sus derechos e intereses sino también la estabilidad y
avances en el orden global.
3. Orden de género y gobernabilidad democrática
El concepto de gobernabilidad democrática hace referencia, como hemos visto, al cambio de
las instituciones. Las instituciones —reglas del juego que gobiernan las relaciones entre los
individuos y los grupos— delimitan, por un lado, las oportunidades, y por otro, las restricciones
que los individuos y grupos enfrentan en su relación con los demás en distintos ámbitos
institucionales. Las instituciones, que pueden ser formales —leyes y organizaciones— e informales
—producto de la repetición y las costumbres—, no sólo condicionan la interacción entre las
personas sino también, y esto es muy relevante para la reproducción de los sistemas de desigualdad,
dan forma a las expectativas que pueden mantener las personas en sus relaciones con los demás
(Guell, 2002).
Ahora bien, el sistema social de relaciones de género es básicamente un orden institucional,
es decir, se trata de un conjunto de normas y convenciones que cristalizan determinadas
concepciones y mentalidades e inciden en las percepciones que hombres y mujeres tienen de sí
mismos así como en sus aspiraciones. Estas normas y convenciones condicionan su acceso a
oportunidades al mismo tiempo que limitan el campo posible de sus elecciones. Este sistema está
imbricado con otros ordenes institucionales, de manera tal que la modificación de cualquiera de
ellos, la familia, la economía, la política o la cultura, afecta el orden de género, así como también
los cambios en el sistema de relaciones de género afectan las otras instituciones.
El sistema de género tiene raíces estructurales (división sexual del trabajo) e institucionales
(normas y reglas) que guían la distribución de recursos y oportunidades en la sociedad y entre
hombres y mujeres en particular. Se construye también a nivel simbólico, se nutre, se sustenta y
reproduce en las concepciones, mentalidades e imaginarios colectivos. Este sistema ha hecho
posible que los hombres movilicen una gama mayor de recursos —símbolos, autoridad,
reconocimiento, objetos y servicios— en distintos terrenos institucionales.
Los comportamientos sociales de hombres y mujeres, las normas y reglas que rigen sus
intercambios, las representaciones sobre lo femenino y lo masculino son productos históricos,
resultado de pactos y negociaciones sociales explícitas o implícitas entre distintos actores, grupos y
colectividades. Las mujeres han entrado tradicionalmente en posiciones subordinadas en estas
14
Las instituciones —normas y reglas que organizan el intercambio entre actores— no son producto de decisiones burocráticas sino, al
contrario, resultado de procesos históricos largos y conflictivos no totalmente intencionales ni conscientes en los que participan
distintos actores con una diversidad de intereses, modelos mentales, coaliciones y liderazgos.

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14
negociaciones debido a su posición en la división sexual del trabajo y a los diversos mecanismos
institucionales que las conforman como un grupo subordinado en la división de recursos,
responsabilidades, atributos, capacidades, poder y privilegio. Bajo una aparente neutralidad, las
normas y reglas se generalizan y estabilizan concepciones y prácticas sociales que excluyen a las
mujeres de las oportunidades y de la posibilidad de adquirir capacidades.
En este sentido, parte del poder que se ejerce sobre las mujeres reside en la capacidad de
construir reglas de juego de manera de disfrazar las operaciones de poder y construir la ilusión de
consenso y complementariedad (Kabeer, 1998).
Un ejemplo de estas prácticas que contribuyen a la subordinación de las mujeres se
encuentra en la preferencia de las instituciones económicas por cierto tipo de destrezas y
habilidades, generalmente asociadas a lo masculino, así como por agentes económicos que estén
libres de trabas impuestas por los cuerpos, las familias o identidades sexuales.
Las normas que regulan la división del trabajo dentro de la familia restan tiempo a las
mujeres para acceder al espacio público, mientras que liberan a los hombres para la producción del
mercado gracias al trabajo doméstico realizado por ellas. La existencia de restricciones legales y
administrativas limitan el campo de ocupaciones a las que pueden ingresar y los salarios que
pueden percibir las trabajadoras. Las relaciones de dependencia de las mujeres con respecto a los
hombres “justifican” que los recursos producidos o destinados a ellas sean usados por los varones o
que las mujeres posterguen sus intereses beneficiando a otros miembros del hogar.
El dominio físico e histórico de los hombres en la esfera pública ha significado que sus
necesidades e intereses hayan impregnado las instituciones públicas y que los patrones de trabajo
cotidianos y las formas de comunicación hayan sido estructuradas alrededor de sus capacidades y
necesidades. El escaso control y poder de las mujeres para incorporarse en estos espacios públicos
y decidir sobre los recursos e ideas para tomar decisiones las excluye, y con ello, su experiencia,
demandas y alternativas son dejadas de lado.
En efecto, las mujeres siguen enfrentando problemas para acceder a posiciones de liderazgo
institucional, político y de autoridad pública. Existen pocas mujeres en los altos niveles de decisión
y muchas no están dispuestas a desafiar la práctica dominante. Esto explica por qué el acceso de
mujeres a posiciones de autoridad, cuando están en condición de minoría, no se traduce
necesariamente en una mayor articulación de los intereses del conjunto de mujeres y que estén
expuestas a la cooptación de sus intereses a los intereses derivados de su pertenencia a una clase, a
una etnia, a una cultura.
Finalmente, las reformas constitucionales de los códigos, de la normatividad del Estado no
eliminan directamente los mecanismos de discriminación presentes en la práctica jurídica y en las
mentalidades de los operadores de la justicia y funcionarios que deben aplicar las nuevas
normativas.
Desde otra perspectiva, las reglas y normas en una sociedad tienen un papel definitorio en las
relaciones que se establecen en el Estado, el mercado, y la familia, relaciones en las que se sustenta
en gran medida el orden de género. Las mujeres han funcionado, por ejemplo, como un factor
oculto de equilibrio para absorber los shocks de los programas de ajuste de la economía. Para
compensar la disminución de los servicios sociales por la caída del gasto, han debido intensificar su
trabajo doméstico y dada su posición en la familia y en el mercado de trabajo han sido parte de la
estrategia desreguladora del mercado de trabajo (Guzmán y Todaro, 2001).
Asimismo, cuando las políticas consideran a la familia como un todo homogéneo y delegan
en ella la responsabilidad de la atención de problemas sociales asumidos antes por el Estado, no
sólo se corre el riesgo de profundizar la tradicional división sexual del trabajo, sino también de

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frenar los procesos de individuación de las mujeres que les permiten constituirse como sujeto social
y colectivo.
Como ya hemos visto, un período como el actual abre espacios para la generación de nuevas
reglas y normas que regulen la interacción entre actores de manera más equitativa. Sin embargo, si
en el proceso de constitución de las nuevas normas, las mujeres no tienen la misma relevancia que
otros actores, pueden permanecer excluidas en los procesos de construcción de nuevas
institucionalidades. De esta manera, ni la gravedad de los problemas que enfrentan ni sus aportes a
la reproducción de la sociedad, al fortalecimiento de la sociedad civil y a las luchas democráticas,
serán considerados en la construcción de las nuevas institucionalidades.
En este sentido, la igualdad de género va mucho más allá de la igualdad de oportunidades y
exige la participación de las mujeres en los procesos de transformación de las reglas básicas,
jerarquías y prácticas de las instituciones públicas. Si las mujeres no están en los espacios donde se
debate y se construyen las bases de una nueva gobernabilidad, no es seguro que las instituciones
públicas den cabida a sus diferentes necesidades y valores, las incluyan en procesos de capacitación
de destrezas y habilidades, y les reconozcan el mismo grado de agencia que a los demás actores en
el terreno público.
En suma, es posible articular la gobernabilidad democrática y la equidad de género siempre y
cuando las mujeres ganen fuerza y legitimidad en los espacios públicos e ingresen en los debates
articulando sus intereses de género con los intereses más generales de la democracia y la
gobernabilidad democrática. Esto permitirá que, en los procesos de creación de nuevas
instituciones, se incluya un análisis de género que contribuya a debilitar los mecanismos que
operan a nivel de las mentalidades, de las normas institucionales, de los patrones de
comportamiento y de subjetividades, que constituyen a las mujeres como un grupo subordinado en
las relaciones que el Estado establece con la sociedad o en las relaciones que se establecen entre
Estado, mercado y familia.

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II. La gobernabilidad desde
el género
1. El movimiento feminista y de mujeres: un
factor de cambio social e institucional
En los países de la región sometidos a las presiones de cambio
analizadas en la primera parte de este documento, en los períodos de
transición de gobiernos dictatoriales a democráticos (Argentina,
Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay), el paso de gobiernos
conservadores a liberales más modernizadores (Colombia, 1990), o los
momentos de crisis de gobernabilidad importante (Argentina, 2002), el
abanico de actores que intervienen en la discusión de nuevas reglas de
juego y en la determinación de los problemas públicos urgentes de
abordar tiende a ampliarse. La mayor diversidad alcanzada por la
sociedad civil y afirmación de distintos actores a su interior junto a la
complejidad de estos problemas lleva también a los gobiernos a buscar
nuevas formas de intermediación política entre el Estado y la sociedad.
Los nuevos espacios de concertación social pueden surgir a
partir del interés espontáneo de asociación y creación de consensos de
sectores de la sociedad civil,
15
a partir de la convocatoria de los
propios gobiernos
16
o al interior de Acuerdos de Paz después de largos
15
Foros Ciudadanos o Interforos en Honduras; la Asamblea de la Sociedad Civil impulsada por diferentes ONG en Belice.
16
En Costa Rica, consulta con el propósito de la Reforma Institucional en 1998; en Honduras, Comisión de Modernización del Estado
en 1993, Foro Nacional de Convergencia en 1994, Comisión para la Participación de la Sociedad Civil para la Reconstrucción y
Transformación Nacional en 2000.

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conflictos armados.
17
En la apertura de estos diálogos, sobre todo en los países de una institución
más débil, la comunidad internacional ha tenido una gran influencia.
Estos espacios expresan no sólo la creciente complejidad de los problemas sino también la
insuficiencia y los límites de los intercambios de índole corporativa y de los medios tradicionales
de representación política. Ellos ofrecen una nueva posibilidad de agregar demandas sociales
diversas a partir de asociaciones de intereses estructuralmente heterogéneos que expresan la
pluralidad de movimientos y demandas sociales que coexisten en la sociedad.
Estas experiencias de concertación con participación de la sociedad civil en la que también
participan los partidos y otros actores estratégicos suelen suscitar resistencias de los aparatos
legislativos y de los partidos políticos lo que encierra riesgos de incrementar la inestabilidad social
y política.
Los resultados de la encuesta enviada a los mecanismos de la mujer en los países de la
Región constatan la existencia de espacios de concertación y participación política y ciudadana,
entre los que se destacan las Mesas de Diálogo (Argentina,
18
Brasil, Colombia,
19
Ecuador, El
Salvador, México, Panamá,
20
Paraguay, Perú
21
) y el reconocimiento de nuevos actores como
interlocutores en los procesos deliberativos. Entre ellos, se destacan las organizaciones no
gubernamentales (ONG), las organizaciones de mujeres, las asociaciones indígenas, las defensorías
ciudadana, la Iglesia y las universidades (ver anexo 1).
En estos contextos las organizaciones de mujeres han constituido un importante factor de
cambio social e institucional. Sus concepciones, demandas y quehacer han influido los
comportamientos de otros actores sociales, han permitido la inclusión de nuevos temas en las
agendas y enriquecido las modalidades de hacer política. Han estimulado también la creación de
nuevas instituciones en el Estado.
La llamada segunda oleada del movimiento feminista y de mujeres se sustentó y creció a
partir de la década de los ochenta, en la interacción de mujeres provenientes de distintas
experiencias organizativas: partidos políticos, ilegalizados bajo las dictaduras en varios países de la
región, medios intelectuales y sectores de mujeres de origen popular, organizadas en torno a la
sobrevivencia material y la defensa de los derechos humanos (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile,
Paraguay y Uruguay). Sus vínculos construyeron (y construyen) campos políticos desde los cuales
se elaboran nuevos discursos que hacen notoria las diversas modalidades de discriminación contra
la mujer y el reconocimiento de sus derechos. Junto con otros movimientos sociales, el movimiento
feminista y de mujeres aporta decisivamente a la recuperación de la democracia y al
fortalecimiento de la sociedad civil, a la diferenciación de actores y demandas sociales y al
cuestionamiento de las normas y reglas que regulan las relaciones entre el Estado y la sociedad.
17
Guatemala: Acuerdos de Paz de Esquípulas, 1987, Asamblea de la Sociedad Civil, 1993 y en El Salvador el Foro de la Concertación
Económico Social.
18
En Argentina se constituye con ocasión de la última y severa crisis económica y social (2002) la Mesa de Diálogo Argentino en
miras de proceder a una reforma política, económica y social profunda. En ella participaron: el Ministerio de Trabajo, de la
Producción, de Desarrollo Social, del Interior, de Justicia y Jefatura de Gabinete de Ministros en encuentros bilaterales con
organismos no gubernamentales (ONG), empresarios, pequeñas, medianas y microempresas, sindicatos, bancos, profesionales y
universitarios, cultos religiosos, gobiernos provinciales y municipales, sector cultural, partidos políticos y sector agropecuario. La
coordinación estuvo a cargo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
19
Para buscar soluciones al Conflicto Armado con diferentes grupos establecidos al margen de la ley, como las FARC, Fuerzas
Armadas Revolucionarias de Colombia.
20
Mesa de Diálogo, abiertas a partir de 2001 para el proceso de reformas: Diálogo Nacional por la Reactivación Económica 2001,
Diálogo Nacional por la Salvación del Seguro Social, Diálogo Nacional por la Educación y Diálogo Económico Nacional.
21
Mesa de Diálogo Acuerdo Nacional.

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Es especialmente llamativa la participación del movimiento en elaboración de nuevas
constituciones y de nuevos programas de gobierno en contextos democráticos; períodos en los que
se intensifican las relaciones entre las distintas organizaciones de mujeres (Argentina, Brasil, Chile,
Colombia, Ecuador, Paraguay, Uruguay). La existencia de mecanismos de género en esos
momentos, como fue el caso de Brasil y Ecuador, tuvo un papel central en la articulación de las
organizaciones de mujeres con los distintos poderes del Estado (véase cuadro 2). Los logros
alcanzados por el movimiento en la elaboración de las Constituciones se refieren no sólo a la
incorporación de sus propuestas, inclusión de la Convención para la eliminación de todas las
formas de discriminación contra las mujeres (CEDAW), de la Convención de Derechos Humanos,
la no discriminación y leyes de afirmación positiva, sino también a la inclusión en los debates
públicos de temas considerados hasta entonces de índole privada, que debilitan las fronteras que
separan los espacios privados y públicos.
El análisis de las organizaciones y redes de mujeres de la región que cuentan con su propia
página Web muestra el grado de articulación nacional, regional y global alcanzado por el
movimiento en estos últimos treinta años y su aporte decisivo en la construcción de un discurso de
derechos. Han cumplido un papel fundamental para la centralización y difusión de información y
elaboración de nuevos discursos interpretativos sobre la situación de la mujer, la inclusión de los
derechos de la mujer en los Derechos Humanos y en el reconocimiento de nuevos derechos, entre
los que destacan los sexuales y reproductivos y los económicos, sociales y culturales.
En forma creciente, las organizaciones de mujeres participan también de acciones de lobby y
de vigilancia al parlamento y los gobiernos y en la elaboración de propuestas de políticas dirigidas
a distintos sectores del Estado que se orienten tanto a la redistribución de recursos y oportunidades
como al reconocimiento de las mujeres como interlocutoras legítimas en esos espacios de decisión.
Asimismo, ellas dan seguimiento al cumplimiento de los acuerdos asumidos en las Conferencias y
Convenciones Internacionales en favor de la igualdad de género, en particular a lo referido a la
Conferencia de Población y Desarrollo en el Cairo (1994) y la IV Conferencia Mundial sobre la
Mujer, Beijing (1995).
El campo político que las mujeres generaron en torno a la discriminación de género, se
diversificó con la recuperación de la democracia y con la incorporación de nuevos actores,
especialmente de otras mujeres, procedentes de otras colectividades, de los partidos políticos y del
Estado. Las mujeres han sido especialmente activas en avanzar propuestas legislativas que eliminen
las normas discriminatorias que persisten en los textos legales y que aprueben acciones de carácter
positivo como las leyes de cuotas, para favorecer su participación social y política.
La encuesta muestra cómo en distintos países, bajo la demanda del movimiento de mujeres y
la institucionalidad de género, se han llevado a cabo reformas electorales y administrativas para
aumentar la participación política de las mujeres y lograr una mayor equidad de género entre los
funcionarios públicos (véase cuadro 3).

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Cuadro 2
LA PARTICIPACIÓN DE LOS MOVIMIENTOS DE MUJERES EN LA ELABORACIÓN
DE LAS NUEVAS CONSTITUCIONES
País
Proceso
Participación de las mujeres en
el proceso
Resultados
Argentina Convención
Nacional
Constituyente de 1994
(bajo primer gobierno de
Carlos Menem,
1990-1995)
Importante movilización de
organizaciones de mujeres para
realizar lobby a favor de los
temas de igualdad de género.
Gran debate sobre el tema del
aborto. Surge el Movimiento de
Mujeres Autoconvocadas por el
Derecho a Elegir en Libertad, que
reúne a 109 ONG e incluye a
mujeres de todos los sectores
partidarios, para hacer lobby con
los constituyentes.
El Instituto Social y Político de la
Mujer, entre otras ONG, juega un
importante papel en la
recolección de firmas para la
incorporación de los derechos de
las mujeres en la Constitución.
Las mujeres tienen una
representación de un 26,2% en la
Constituyente.
Se incorporan a la Constitución
los Tratados de Derechos
Humanos, firmados y ratificados
por el país, entre ellos, la
CEDAW.
Se garantiza el pleno ejercicio de
los derechos políticos y la
voluntad de emprender acciones
positivas para su realización
plena. También se garantiza la
promoción de acciones positivas
para la igualdad de trato y
oportunidades entre hombres y
mujeres.
No se incluye ninguna cláusula
referida a la despenalización del
aborto.
Brasil Asamblea
Nacional
Constituyente de 1988
(bajo gobierno de
transición de José Sarney,
1985-1990)
Amplio debate en el que participa
un abanico diverso de
organizaciones y sujetos.
El Consejo Nacional para los
Derechos de las Mujeres (CNDM)
coordina la articulación entre el
movimiento de mujeres y el
parlamento. A este proceso se le
ha llamado el Lobby de Batom,
en el cual se elaboró la “Carta de
las Mujeres Brasileras a los
Constituyentes”, presentando las
reivindicaciones del movimiento a
la Asamblea.
En la Asamblea Constituyente
participan 25 diputadas federales,
de un total de 462 y 10
senadoras de un total de 72.
Se incorporan a la Constitución la
casi totalidad de las demandas
señaladas en la “Carta de las
Mujeres Brasileras a los
Constituyentes”, incluidos el
reconocimiento de los derechos
sexuales y reproductivos, con
excepción de aquellas referidas a
la despenalización del aborto.
Colombia Asamblea