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Somos capaces de evaluar nuestra cooperación
Una propuesta para persuadir a los actores de la cooperación 
para integrar los procesos de evaluación en las actividades de desarrollo.


 

En este artículo se analiza el tema de la evaluación en los proyectos de cooperación que puede surgir tanto a partir de una iniciativa pública, ya sea la misma administración, o bien partir como iniciativa de los agentes privados de la cooperación, como las ONGDs. Se facilitan las líneas básicas para llevar a cabo una óptima evaluación y se concreta el porque es necesario integrarla al conjunto del ciclo del proyecto como un elemento más , que permite aprender de los errores y a la vez, mejorar la calidad de la cooperación realizada. En segundo lugar, se realiza un comentario de los diferentes criterios más habitualmente utilizados cuando se evalúa. Se introduce, finalmente, la perspectiva de género en los criterios a utilizar; perspectiva extensamente considerada más explicativa y integradora de la realidad que rodea un proyecto de cooperación.

 1.- Síntesis de las jornadas sobre evaluación1: un primer esbozo del panorama español

 

En muy pocas ocasiones se tiene la oportunidad en nuestro país  de poder asistir  a unas jornadas dedicadas a los procesos evaluativos dentro del ámbito de la cooperación al desarrollo. Esta oportunidad  se dio el 15 y 16 de junio del 2001 en Barcelona.

La evidencia nos mostró, una vez más,  que todavía actualmente  existe muy poca cultura de la evaluación, y que congregar en un mismo recinto  a responsables de la administración pública central y descentralizada, a actores no gubernamentales y a miembros  de universidades e institutos de investigación supone una excelente oportunidad y nada despreciable para intercambiar experiencias y profundizar en aquello que supone evaluar las acciones llevadas a cabo a nivel de la cooperación al desarrollo. 

La impresión general de las jornadas no fue muy positiva, al respeto de la cooperación. A nivel español existe una falta evidente de interiorización del proceso de evaluación, y de hecho, en palabras de J.A.Alonso2, no existe ni un modelo de cooperación, y aún menos  un modelo propio de evaluación. Se da  una muy poca y muy reciente voluntad de empezar a tratar estos temas, actitud positiva, dado el panorama existente en la cooperación española. Sin embargo, aun estamos al principio del camino  y no podemos hablar de un proceso consolidado, y muy posiblemente hasta que no se involucren todos los agentes que tienen intereses no se podrá dar un impulso definitivo a la incorporación de los procesos evaluativos en las acciones de cooperación. 

Actualmente a nivel español, se dan pocas iniciativas en este sentido; en su mayor parte provienen de la administración pública, ya sea de la Secipi-Ope3 o bien, de alguna administración descentralizada que ocasionalmente introduce procesos de evaluación ex post o de seguimiento durante la ejecución del proyecto. En relación al ámbito de las ONGDs, encontramos que son pocas las iniciativas al respeto (incluso podríamos arriesgarnos a afirmar que nulas); sólo se exige determinada “accountability” en determinados estadios, sobre todo en aquellos relacionados con la adjudicación de subvenciones públicas (y no siempre se demanda esta exigencia, sobre todo una vez concedida la subvención muchas veces no interesa conocer cuales han estado finalmente los criterios de elegibilidad, y aun menos las mejoras posibles a realizar en la formulación del proyecto). 

Según R. Grasa4, este comportamiento, tanto  por parte de la administración pública, como por parte de las ONGDs, es debido a la existencia de un importante nivel de reticencia a embarcarse en ejercicios cuantitativos ya que acaban agudizando y poniendo de relieve la poca experiencia y falta de tradición en evaluar actividades y resultados así como los proyectos financiados a otros. También  sería pertinente añadir, dada la juventud  de los diferentes agentes españoles en el ámbito  de la cooperación5, el miedo a reconocer el cierto fracaso de la mayoría de proyectos financiados con dinero público. Pocos son los interesados en evaluar el impacto, la eficacia, la eficiencia, la sostenibilidad6, la calidad de la participación, los procesos de retroalimentación del proyecto. Una vez obtenido el financiamiento el proyecto está legitimado, y por tanto, nadie se pregunta  por los criterios una vez  se ha finalizado de ejecutar. La misma dinámica del ciclo del proyecto, muchas veces no lo permite: cuando se está implementando y ejecutando un proyecto, ya se está a la vez, identificando otro para la siguiente convocatoria pública, y la evaluación queda como algo lejano  y sin interés ni por parte de los ejecutores, ni por la entidad gestora del financiamiento ni para el donante, sea la administración pública o una entidad privada. Como puede ya deducirse, el futuro inmediato de la cooperación española en relación a la cooperación, no se entrevé muy esperanzador. 

En el caso concreto de Cataluña, la futura Ley Catalana de Cooperación al Desarrollo intenta empezar a introducir determinadas concreciones innovadoras al respeto. En este sentido, y muy escuetamente, se prevé que serán diversos los organismos que podrán ejercer su derecho a demandar un seguimiento de las actuaciones en materia de cooperación así como una evaluación de las acciones ya implementadas. Se prevé, por ejemplo, que el mismo Gobierno de la Generalitat de Cataluña le corresponda la formulación, la dirección y la evaluación de la misma política de cooperación al desarrollo de la Generalitat de Cataluña (Art. 18). La Dirección General de Relaciones Exteriores le corresponde la evaluación de las actuaciones a nivel sectorial y geográfico de los programas y proyectos  a fin de reforzar las capacidades de formulación y gestión (art. 21.g). La Comisión de Coordinación con los Entes Locales de Cataluña le corresponde promover acciones conjuntas  para la identificación, formulación, ejecución, el financiamiento y la evaluación de programas y proyectos de cooperación al desarrollo (Art. 23.4.b), así como conocer y deliberar sobre los informes de seguimiento y evaluación de los planes y programas anuales de las administraciones públicas de Cataluña (Art. 23.4.d). La segmentación de las actividades de evaluación y seguimiento, como puede comprobarse, en el caso catalán, queda remarcada.

Se tendrá que ver cómo se coordinará la administración catalana en materia de evaluación, y si, en los diferentes niveles administrativos se intentará seguir un mismo modelo y por tanto coordinarse para ofrecer criterios comunes en las diferentes convocatorias, o bien cada agente utilizará los criterios según  sus políticas. 

En otro orden de materias, determinados organismos públicos catalanes ya están realizando  actividades de evaluación ex post de aquellos proyectos que han recibido su financiamiento, sin embargo, sería interesante analizar hasta qué punto  las recomendaciones  que los equipos técnicos o consultores externos aportan son vinculantes o como mínimo se tienen en consideración en futuras actuaciones de la administración y para la adjudicación de los fondos públicos. 

En referencia a las jornadas realizadas, las aportaciones de los diferentes ponentes, se ratificaron las impresiones que a priori ya se tenían en relación al uso de prácticas evaluativas en la cooperación española. J.A.Alonso7 señaló los déficits más acuciantes y remarcó el hecho que  era necesario entender la evaluación como una fase más del ciclo del proyecto y no como algo que se puede utilizar para completar el mismo ciclo. También remarcar la necesidad de entenderlo como instrumento que permite la retroalimentación, el aprendizaje a partir de aquellos errores cometidos y de las experiencias exitosas de los otros. F. Gudiño8 enumeró los propósitos de la evaluación: por un lado el aprendizaje (punto coincidente con Alonso) y de otra parte la rendición de cuentas (instrumento de accountability). La evaluación se concibe como una herramienta de gestión y no sólo como algo orientado a justificar las actuaciones realizadas. 

Rafael Grasa9 realizó una explicación basándose en el análisis que se utiliza de la políticas públicas. Sin embargo los actores que interactúan son, en este enfoque, las ONGDs, los agentes de la cooperación descentralizada (entendida en el sentido de la Unión Europea) y la cooperación local, municipalista y autonómica (cooperación descentralizada en el caso español). Grasa, finalmente, realiza una propuesta innovadora, con el fin de promover la integración de los procesos evaluativos en las dinámicas de las ONGDs y propone basar estos procesos en variables  y criterios más cualitativos y no tan cuantitativos , debido, según Grasa, al recelo existente a los análisis de tipo cuantitativo por parte de los diferentes agentes. 

 

2.- ¿Útil para quién? ¿Útil para qué?

2.1.- Algunas aproximaciones al concepto de evaluación

Como puede ya imaginarse, cada agencia de desarrollo, cada instituto de investigación, cada organismo oficial ofrece su definición de lo qué entiende por evaluación, adaptándola, a la filosofía  propia de la institución en cuestión; y el caso español, aun siendo joven la cooperación, no es una excepción. Por ejemplo la Ope-Secipi entiende evaluación como:

“(...) una fase del ciclo del proyecto y también como una actividad que influye sobre todas las demás. No se trata solamente de un examen que se realiza en momentos puntuales, sinó sobre todo  de un mecanismo que sirve para aprender de los fracasos y éxitos, de los errores y aciertos, y, en consecuencia, para mejorar la planificación y la gestión.”10

Podemos apreciar que la evaluación se entiende como una fase más del ciclo del proyecto, y no como algo ajeno a él. Esta definición se basa en aquella del CAD-OCDE (comúnmente utilizada por las agencias de cooperación) que entiende la evaluación como:

“(...) es una función que consiste en hacer una apreciación tan sistemática y objetiva como sea posible, sobre un proyecto  en curso o finalizado, un programa o un conjunto de líneas de acción, su concepción, su realización y sus resultados. Se trata de determinar la pertinencia de los objetivos y su grado de realización, la eficiencia en relación al desarrollo, la eficacia, el impacto y la viabilidad. Una evaluación ha de proporcionar unas informaciones creíbles y útiles, que permitan integrar los aprendizajes obtenidos en los mecanismos de elaboración de las decisiones, tanto en los países de acogida como delos donantes.”11

En este sentido se señalan  unos principios esenciales, tales como los de la UTILIDAD y los CRITERIOS  (basados en los del CAD, pero en el presente artículo vamos a realizar una propuesta de ampliación) utilizados  en el momento de llevar a cabo una evaluación. Estos dos aspectos serán analizados a continuación con un mayor detenimiento; la utilidad, en base a los informes de la SIDA12 y en el análisis de los criterios  intentaremos aportar una visión alternativa a la que convencionalmente se da, introduciendo enfoques no habituales en la praxis española. 

2.2.- Utilidad de la evaluación

Según la SIDA, se asume ampliamente que los procesos evaluativos tienen una importante función para el trabajo de las agencias de desarrollo. Si así fuese, actualmente tendríamos una calidad de la ayuda inmejorable. Sin embargo, como se puede suponer, los problemas surgen y provocan que los procesos se transformen  en complejas acciones a gestionar.

1.  Aprendizaje: la evaluación se supone que es un instrumento para mejorar la ayuda al desarrollo  a través de la aplicación de procesos de retroalimentación (aprendiendo de las experiencias propias y de los otros) de las actividades que están en curso o las que ya están finalizadas. Por tanto, se deduce que las evaluaciones son fuente de conocimiento (producen conocimiento) que puede ser utilizado para mejorar el efecto de las energías invertidas en las acciones de desarrollo,  en términos de efectividad y eficiencia (punto también recogido por la OPE).

2.  Desarrollo de conocimiento: se refiere a la contribución a una mayor comprensión de los procesos y acciones fundamentales. Las evaluaciones harán “incrementar nuestro conocimiento en relación a la asistencia al desarrollo y sus posibilidades y limitaciones como instrumento de cambio económico y social” (Sida´s Evaluation Policy,1995)

 

3.  Accountability (rendición de cuentas): la evaluación contribuye al control regular de los proyectos y programas de ayuda. 

Cabe preguntarse, llegado a este estadio, hasta qué nivel la cooperación española y en concreto la catalana, tienen en cuenta estos tres puntos esenciales; es decir, el aprendizaje, el desarrollo de conocimiento  y la evaluación como mecanismo útil para rendir cuentas. De hecho la cuestión se enlaza  más pertinentemente  con la pregunta de hasta qué punto estos tres ítems son realmente metas a cumplir para la cooperación o sólo son propuestas de buena voluntad, pero que en realidad no aspiran a ir más allá  y modificar  determinadas actitudes negativas ya adquiridas. Cabría desvelar  si realmente se adoptarán definitivamente estas prioridades y finalmente se optará por dar un nuevo impulso a la política de evaluación de la cooperación española. Un pre-requisito aparentemente obvio, para que las evaluaciones  sean capaces de transformar en más relevantes, efectivas y eficientes las inversiones en desarrollo es el que están al servicio de ser utilizadas de múltiples formas, dependiendo  de los grupos de interés involucrados o como de diferentes estos grupos perciban la utilidad de las mismas. Por tanto, se considerará aquello que sea pertinente para la administración central del estado  no tiene porque serlo a nivel de gobierno local. 

En términos de aprendizaje, es relevante señalar que tanto las organizaciones como los individuos en el país colaborador que están directamente involucrados en las actividades a evaluar también son grupos objetivo para el evaluador. Cuando un organismo público emprende un proceso de evaluación, no sólo se supone que se evalúa el proyecto  en sí (objetivos, resultados, actividades) , o la ONGD solicitante de la subvención y gestora de un determinado monto financiero, sino que también supone evaluar las acciones de los supuestos beneficiarios del proyecto o programa así como los grupos que indirectamente también se han beneficiado y que por tanto tienen o han tenido un determinado rol en el desarrollo del mismo. 

Es más, según la SIDA, la cooperación al desarrollo tendría que ser guiada por el principio de partenariado, y por tanto de colaboración. El trabajo de evaluación ha de ser transparente y ser guiado por un espíritu de trabajo en común. Esta idea implica preguntarse, explícitamente, como los diferentes grupos implicados en un proceso evaluativo, ya sean grupos de beneficiarios o grupos de interés, participan y como esta participación (también podemos hablar de implicación en el proceso de evaluación) puede afectar a que se utilice para unos determinados fines los resultados obtenidos. Resulta pertinente preguntarse hasta qué punto la administración está dispuesta a hacer efectivo este principio, es decir, llevar a cabo la evaluación conjuntamente con los otros actores involucrados en una determinada política, proyecto o programa de cooperación y por tanto, contribuir a mejorar el nivel de cooperación y el nivel de consenso y transparencia de las acciones.

Estos puntos son básicos, pero no los abordaremos en este artículo introductorio. En próximos análisis iremos desgranando el conjunto de las variables que condicionan un determinado tipo de evaluación y que por tanto, pueden ser útiles en el momento que los agentes de la cooperación se ocupen de las políticas de evaluación existentes.

3.- Criterios de evaluación: un enfoque no habitual para la cooperación española y catalana

3.1.- Una primera aproximación: la necesidad de un enfoque más integral

Ya hemos comentado que en el tema de la evaluación hay dos aspectos que son esenciales: UTILIDAD de la evaluación y los CRITERIOS que se utilizan para evaluar. Llegado a este punto, nos introducimos en el campo de los criterios. 

Durante las jornadas ya mencionadas sobre evaluación a la cooperación, se abordaron los temas más relevantes, según los  ponentes, que afectan al panorama de la cooperación a nivel internacional, pero más en concreto a nivel español, ya que la integración de los procesos de evaluación a la cooperación es aún sólo una inquietud que tiene que ser abordada y tratada como tal. Sin embargo, en ningún momento de las intervenciones se hizo hincapié en introducir algún elemento nuevo que fuera más integrador  y explicativo de las realidades existentes. Desde el Instituto queremos introducir el enfoque de género en los criterios utilizados en los procesos de evaluación de la cooperación española y catalana. 13

Es más, intentaremos ampliar los criterios de evaluación que tradicionalmente ha utilizado la cooperación oficial española (actualmente basados en aquellos que propone el CAD-OCDE) y añadir dos aportaciones más que los completen, aquellas que hacen referencia a la calidad de la participación y aquel criterio que se refiere a los efectos multiplicadores de un proyecto. Los dos criterios no son contemplados por el CAD pero empiezan a ser integrados por agencia diversas de desarrollo así como grandes ONGDs.

Aprovechando que a nivel español la integración de procesos de evaluación en la cooperación al desarrollo aun es muy incipiente (comparativamente a las agencias oficiales nórdicas y holandesas) sería un buen momento para configurar estos mismos de una forma más dinámica y holística. Es evidente que la introducción del enfoque de género en la cooperación española ha estado tardía y sólo se da en los últimos años, cuando empieza a concretarse tanto en los instrumentos jurídicos y legales como en las acciones propias de desarrollo.

En el caso catalán, donde aun está pendiente de aprobación la ley de cooperación, el trabajo a hacer incluso resulta menos complejo, a priori, y estimulante, ya que en el marco de la ley se ofrece el suficiente juego como para trazar una estrategia participativa, flexible y adaptada al contexto. Ofrecer este nuevo enfoque en materia  de evaluación supone elevar con diferencia el nivel de nuestra cooperación en relación a aquellas realizada hasta el presente tanto a nivel de la cooperación oficial centralizada como descentralizada. 

En general, sin embargo, realizar procesos evaluativos utilizando los tradicionales criterios del CAD, pero enriqueciéndolos con un nuevo enfoque, ha estado materia mucho más utilizada y analizada por aquellos  países con más tradición en el ámbito de la cooperación al desarrollo. Por este motivo sería interesante incorporar esta nueva visión a nivel catalán con el objetivo de que, ahora que todavía es posible, integrar todos aquellos elementos que hagan de la cooperación española, y catalana, en concreto, una cooperación innovadora y profesional.

Los problemas más habituales que aun deben que ser superados son la falta de una conciencia de género (a parte claro, de la falta de una tradición en materia de evaluación) en el diseño de los programas y proyectos. Nuestra administración pública, así como el resto de agentes de la cooperación, ya sean ONGDs, sindicatos, universidades y otros centros de investigación, no  acaban de responder  la cuestión más central:¿las mujeres han participado  y se han beneficiado de las intervenciones de desarrollo de la misma forma que los hombres? Sólo respondiendo a esta simple pregunta, podría empezarse a iniciar un cierto cambio en materia de evaluación. 

El problema a nivel de los proyectos que las entidades presentan para ser subvencionados y aquellos que las administraciones adjudican el financiamiento, en su mayor parte, es que un impacto relativo es casi imposible de medir  cuando estos programas o proyectos no tienen objetivos que sean sensibles al género, son diseñados en base a datos socio-económicos inadecuados, y finalmente, se evidencia una falta total de sensibilización respeto a la integración de los criterios de evaluación sensibles también al enfoque de género. Una de las  causas explicativas a esta situación es que se da una muy limitada experiencia por parte de la gran mayoría  de los agentes  de la cooperación en materia de evaluación y ya por supuesto, en materia de enfoque de género. Se considera que con la presentación de informes relativos a las actividades realizadas, una vez subvencionado y ejecutado el proyecto es suficiente, y también existe la creencia que en el momento que el proyecto recoge la inclusión de las mujeres en alguna de las fases del proyecto se puede considerar que  ya se está formulando con un enfoque de género.14

Últimamente, se han ido introduciendo un número nada despreciable de medidas y mecanismos, tales como políticas, guías, consultores especialistas y redes, con el fin de incrementar  la atención hacia las cuestiones de género en proyectos de cooperación al desarrollo. Resulta crucial que en este sentido, los gestores de los proyectos y los evaluadores comprendan  los puntos esenciales  y la racionalidad de utilizar  y promover tal enfoque. 

Se puede llegar a pensar  que un proyecto no tiene porque  tener enfoque de género sino es estrictamente necesario; pero lo que si resulta esencial recordar es que en el momento de llevar a término una evaluación, y desde el instante  que alguno de los grupos implicados, ya sea directa o indirectamente, sea compuesto totalmente o parcialmente por mujeres, se deberá que incorporar las concreciones necesarias con el objetivo la evaluación sea sensible a estas variables. 

La evaluación, en este sentido, acordamos que tiene como objetivo identificar y medir los efectos propios de la aplicación de un programa; apreciar las consecuencias que puedan  atribuirse a una intervención en un campo específico de la vida social. Mediante la evaluación se trata de explicar  el proceso, entender las razones por los que algunos objetivos propuestos se han obtenido y otros no. En el caso de la evaluación final, en definitiva, se trata de comprender lo que ha sucedido. 

3.2.- Concretando los criterios para una óptima evaluación.

Si bien, como ya se ha comentado, existen determinados estudios realizados al respeto en el estado español, la mayoría de la literatura existente es todavía de origen anglosajón. Una vez más, se evidencia  la falta de una cultura de la evaluación, o por lo menos, del seguimiento de aquellos proyectos financiados, en su mayoría, por dinero público. Cuando se intenta introducir un elemento  innovador, en este caso, evaluación con enfoque de género, el panorama español incluso resulta más desolador las razones que se han dado en el apartado anterior  tendrían que hacer reflexionar a los diferentes agentes, en el sentido de empezar a plantearse temas como los que analizamos.

Tal y como hemos ido comentando, la evaluación con perspectiva de género ha de identificar hasta qué punto, los grupos de menor influencia (por ejemplo, mujeres) participan en el desarrollo de sus comunidades como agentes, incorporando sus visiones y enriqueciéndolas de acuerdo a estas visiones. 

La experiencia ha demostrado que, de no considerarse con suficiente precisión las diferencias en todos los ámbitos y fases del proyecto, entre mujeres y hombres, los proyectos  de desarrollo tienden a mejorar la situación de los segundos en detrimento de las primeras . Las mujeres constituyen  uno de los colectivos en una más clara situación de vulnerabilidad y expresiones como la “feminización de la pobreza” tienden a reafirmar esta realidad.[15] En el momento de evaluar, por tanto, es necesario tener a modo de premisa que aquellos proyectos  que integren  de forma activa un enfoque de género correcto en la identificación, planificación, ejecución y finalmente, evaluación del proyecto tienden a ser proyectos con un mayor grado de viabilidad. 

Si se utilizan los indicadores previamente definidos y la información obtenida durante el proceso de planificación, es importante identificar, los siguientes ítems para empezar a integrar cierta perspectiva de género en la evaluación a realizar en los programas y proyectos:

 

  • Los beneficios obtenidos por mujeres y hombres

  • El proceso seguido para llegar a estos beneficios

  • La contribución de los diferentes agentes y factores, especialmente humanos (mujeres y hombres)

  • El ajuste o coherencia entre medios y fines.

  • El comportamiento de las personas (hombres y mujeres), instituciones responsables de la dirección. Organización y gestión de las acciones. 

  • El grado de organización del grupo beneficiario (mujeres y hombres) y su capacidad adquirida para buscar nuevas soluciones a sus necesidades y problemas.16

Estas son pues, las primeras líneas que se deberían evaluar; pero avanzando en el camino y con el fin de facilitar el proceso de adquisición de instrumentos para profundizar en los procesos evaluativos teniendo en cuenta la perspectiva de género, analizamos individualmente los diferentes criterios que el CAD utiliza para evaluar, aunque como ya hemos apuntado, adjuntamos  dos criterios más que consideramos relevantes y que completan aquellos que tradicionalmente se han utilizado. 

En este sentido hablamos de:

  • eficiencia

  • eficacia

  • impacto

  • pertinencia

  • viabilidad

  • efecto multiplicador

  • calidad de la participación

Una vez identificados los criterios, y tal y como Emakunde (1998) especifica, sólo podemos realizar una buena evaluación si el análisis de género se ha incorporado como parte integral de todas las fases de planificación. También remarcar que la planificación de género, así como el seguimiento y la evaluación, requieren de una participación activa de las mujeres (punto analizado en el criterio relativo a la calidad de la participación). Finalmente, y a nivel más concreto, cuando se lleva a cabo una evaluación, las agencias donantes, las ONGDs, y las y los consultores han de incorporar los llamados TÉRMINOS de REFERENCIA17 y reclutar personal que sea capaz de ejecutarlos. 

3.3.- Eficiencia

En general se miden los outputs (cualitativos y cuantitativos) en relación a los inputs. Resulta un concepto economicista lo que significa que la ayuda utiliza los recursos de menor coste con el fin de conseguir aquellos resultados planificados.18

Cuando se evalúa la eficiencia, se analiza, por tanto, la relación entre la calidad y la cantidad de los resultados conseguidos, así como los medios y los recursos utilizados para ese fin.

Al realizar un proceso evaluativo pero incorporando el enfoque de género , supone comparar los inputs y outputs de las mujeres (o otros grupos de menor influencia) en el contexto de la intervención. En este sentido, resulta pertinente preguntar si:

  •  La intervención está valorando de manera correcta las aportaciones de las mujeres.19

  • La intervención está valorando de manera correcta los resultados o outputs para las mujeres.

  • Se relacionan20 los outputs con los inputs de manera positiva.

 

En relación a la cuantificación de los inputs es importante concretizar las aportaciones de las mujeres, ya que en numerosas ocasiones se obvian debido a la falta de valoración social  de los trabajos  que realizan, ya que, por ejemplo, están ligados al ámbito reproductivo (trabajo doméstico) o por tratarse de un trabajo voluntario o no estar monetarizado ni explicitado (negocios familiares, economía de subsistencia o actividades en el sector informal).

En general no se mide adecuadamente la aportación de las mujeres al desarrollo, y cuando se mide, no siempre el proyecto aporta unas variables  lo suficientemente sensibles como para recoger los posibles cambios realizados en la condición y posición de las mujeres, es decir, la mejora de sus condiciones de vida, el empoderamiento experimentado y la mayor autonomía adquirida una vez implementado el proyecto. En la cooperación catalana, y por extensión también la española, en numerosas ocasiones se utiliza la mujer como un “medio” para conseguir  otros fines.21

Se evalúa la eficiencia en términos de beneficios para el proyecto, para la comunidad o familia, extensa o nuclear. Sin embargo, en pocas ocasiones se promueven procesos donde se respalden a estas mujeres para incrementar el control sobre sus vidas. 

3.4.- Eficacia

Mide hasta qué punto las actividades de un proyecto de desarrollo cumplen los objetivos y resultados. Por tanto, se evalúa en qué medida el proyecto ha alcanzado o es probable que alcance su objetivo, incluyendo un análisis de los procesos que lo han facilitado o obstaculizado.

En términos de género supone evaluar hasta qué punto los objetivos y resultados de una acción de desarrollo ha considerado las diferencias y desigualdades entre hombres y mujeres. Sin embargo, resulta complejo aplicar este criterio cuando en el mismo proyecto o programa no se han contemplado aspectos relativos a la igualdad, hecho que sucede más habitualmente de lo que sería deseable. Según Leguina (2000), en estos casos, las evaluaciones tienden a ser subjetivas, basadas en las propias apreciaciones y suposiciones implícitas sobre los roles y relaciones de género de la persona que evalúa.

También añadir que existe cierta reticencia a evaluar elementos que no se incluyen  en los objetivos  del proyecto, aunque estos formen  parte de la política interna de la organización.22 Si el proyecto contempla indicadores  e instrumentos para evaluar la medida en que los resultados han estado equilibrados en cuestiones de género, podemos deducir que es muy probable que en la intervención se haya tenido en cuenta las posibles diferencias existentes por razón de género. En este caso, será necesario utilizar los instrumentos facilitados por el propio proyecto, evaluar la adecuación de los indicadores y otros instrumentos para llevar a cabo la medida; es decir, la adecuación o no al ítem que se quiera medir.

3.5.- Impacto

Los cambios positivos y negativos producidos por una intervención, directa o indirectamente, deseados o no deseados. 

Desde la perspectiva de género, el análisis del impacto identifica los efectos de la acción de desarrollo sobre las relaciones de género en la comunidad. 

Tal y como Leguina (2000) recoge:

“ Las relaciones de género se refieren específicamente a aquella dimensión de las relaciones sociales que crean diferencias en la posición relativa de mujeres y hombres en un contexto determinado. (...) No existe ninguna duda que cualquier iniciativa de desarrollo está en última instancia  dirigida a modificar o mejorar ciertos aspectos de las vidas de les seres humanos, y que por tal circunstancia, podemos analizar el impacto a este nivel. Si tiene impacto en las personas, entonces también lo tiene sobre sus derechos, obligaciones, oportunidades y actividades diarias, que en gran medida están determinadas por su identidad masculina o femenina”. 

El análisis de género insiste en que toda acción de desarrollo (de cualquier naturaleza) tiene un impacto sobre las relaciones de género, y por tanto puede y es necesario que sea analizado desde esta perspectiva. 

Si la acción de desarrollo ignora el hecho que los cambios en los ámbitos de actuación y responsabilidad de un colectivo pueden producir cambios indirectos en los ámbitos  de otro, entonces, se estará obviando el riesgo a que se generen impactos negativos no previstos en la intervención. 

Como mínimo, para analizar correctamente la existencia de un posible impacto negativo, es necesario plantearse:

  • Verificar que la intervención no haya provocado efectos negativos en las relaciones de género.

  • Analizar si la posición de la mujer se ha deteriorado en comparación con la situación anterior  a la ejecución de la intervención.

  • Detectar situaciones que han podido o que potencialmente pueden generar efectos negativos en las relaciones de género (acceso diferenciado a los recursos y beneficios)

  • Grado de la integración de la dimensión de género en todas las políticas, procesos y actividades de la cooperación al desarrollo.

Por ejemplo, y para ilustrar las explicaciones, un impacto negativo en las relaciones de género puede producirse por la erosión al acceso y control a los recursos o beneficios de un conjunto de mujeres ( o de hombres). Imaginemos una región tradicionalmente agrícola, y donde el colectivo de mujeres son las que se ocupan de este tipo de actividades, (sobre todo si nos referimos  al África Sub-sahariana) se implementa un programa de desarrollo donde las acciones de cooperación facilitan el monopolio masculino sobre las nuevas tecnologías agrícolas que se importan así como la comercialización de cultivos (y por tanto de los rendimientos que puedan extraer). Se propicia, por un lado, la destrucción del tejido tradicional productivo (de base femenina) y por otra parte, las mujeres pierden posibles ingresos , estatus y poder en relación al colectivo de hombres.23

Los efectos positivos sobre las relaciones de género existen cuando se contempla en los objetivos de la acción, y sólo de forma excepcional, se hallará en aquellas iniciativas de desarrollo que no lo hayan previsto.

3.6.- Pertinencia

Analiza hasta qué punta las actividades de ayuda se adecuan a las prioridades y políticas del grupo objetivo, donante  y gestor del proyecto. Se realiza, por tanto, un análisis global de si continúan siendo válidos los objetivos del proyecto, incluyendo un análisis de la consistencia del diseño del mismo.

Implica analizar, introduciendo el enfoque de género, la medida en que los problemas y las necesidades de las mujeres han estado atendidas por la intervención. Es importante evaluar la medida en que la acción de desarrollo identifica y apoya, además de los intereses de las mujeres, el proceso y el espacio  a través del que ellas irán articulando  y madurando sus prioridades. 

Este criterio analiza no sólo la identificación de los problemas y necesidades de las mujeres en la acción de desarrollo, también QUIEN las determina y la FORMA en la que se determinan. La definición de intereses está, en este sentido, muy relacionada con las cuestiones de poder  en el seno de la red de relaciones sociales de una comunidad. 

Al llevar a cabo una evaluación , también es necesario considerar que ciertos grupos de menor poder en una comunidad pueden no tener sus intereses articulados, no ser observables, o incluso, es posible que estas personas ni tan solo sean conscientes de tener intereses propios. El análisis de género reconoce que los conflictos de intereses pueden estar suprimidos no solo de los procesos de toma de decisiones, sino también de la conciencia de las partes involucradas.24

En la medida que las posibilidades lo permitan, es necesario detectar si la metodología adoptada está ayudando a las mujeres a percibir sus limitaciones que ellas mismas pueden imponerse. También será necesario identificar las políticas que en concreto se están llevando a cabo para, promover la igualdad de oportunidades en el área de intervención del proyecto, así como los datos globales desagregadas por género que sean explicativas de la condición y posición de las mujeres en el país o región en cuestión. 

3.7.- Viabilidad

Mide los beneficios de una actividad en términos de la posible continuidad del proyecto después de la retirada del donante de fondos. Por tanto, grado en que los efectos positivos derivados  de una intervención continúan una vez retirada la ayuda externa. 

Desde una perspectiva de género, la viabilidad o durabilidad de una intervención depende del interés de las diferentes personas o colectivos involucrados  para continuar o mantener la acción en el futuro. Por tanto, en este sentido, es necesario concretar hasta qué nivel los diferentes grupos  pasan de ser beneficiarios a “apropiarse” de la intervención.

El análisis de las condiciones que fomentan (o obstaculizan) la apropiación de la acción de desarrollo por parte de todos los implicados y su sostenibilidad resulta de una importancia  capital en la evaluación  con sensibilidad de género. 

Tal y como Leguina (2000) concreta:

“En el contexto del análisis de género, se refieren a los aspectos que limitan el acceso y control de las mujeres y los hombres de los recursos y beneficios de la acción de desarrollo, y que están  estrechamente relacionados con los obstáculos socialmente construidos por mujeres y hombres en sus procesos de elección y decisión cotidianos, y las prácticas  a través de las que se manifiesta la existencia de los llamados obstáculos.”[25]

 Será necesario tener en consideración, según la perspectiva de género:

  • Las estructuras sociales (factores socio-culturales)

  • Los procesos y relaciones que provocan  una posición no ventajosa de determinados grupos.

- Políticas de apoyo y aspectos institucionales

- Condiciones financieras y económicas

Factores medioambientales y ecológicos

Factores tecnológicos

 3.8.- Efecto multiplicador

El DAC-OCDE no contempla este criterio para la evaluación, pero consideramos que es un criterio lo suficientemente importante como para empezar a introducirlo en este tipo de proceso.

Entendemos por efecto multiplicador como la capacidad de un proyecto para generar conocimientos capaces de ser utilizados provechosamente en otros proyectos, actuaciones o procesos autónomos de desarrollo.26

El Banco Mundial opina que:27

“(...) los proyectos más útiles serán a menudo innovativos. Si un país es competente construyendo escuelas y gestionándolas, los donantes han de simplemente proveer un apoyo presupuestario general. La única base lógica para un proyecto es que las cosas han de ser realizadas  de una forma diferente de la que se realizaban con anterioridad. Si las existentes escuelas son inefectivas, un proyecto útil puede rehabilitarlas y ayudar a cambiar disposiciones  institucionales: por ejemplo, incrementar la participación de la comunidad en la toma de decisiones. De esta forma un proyecto actuará en la medida en que sea ejecutado”

Desde una perspectiva de género, el efecto multiplicador  tiene que ser analizado basándose en la matriz de planificación del proyecto y los indicadores aportados. Aspectos útiles en el momento de evaluar este criterio son:

  • Nivel que el proyecto forma parte de una línea estratégica dentro de la que se pueden intercambiar experiencias y se consideran las de aquellos colectivos marginados (Ej. Mujeres)

  • Existencia  o no de procedimientos para favorecer la circulación de experiencias y aprendizajes provenientes de los colectivos más desfavorecidos.

  • Grado de flexibilidad del proyecto para evaluar  la posible replicación no mimética

  • En qué medida el proyecto es reproducible sin necesitar de apoyo  externo y con la participación del colectivo de mujeres.

  • Nivel que se consideran los flujos formales y informales (sobre todo de mujeres) que facilitan la difusión y facilitan la eventual replicabilidad.

  • Nivel en que se facilita los procesos de desarrollo paralelos. 

3.9.- Calidad de la participación

Último criterio que comentamos, y del mismo modo que el anterior, no contemplado por el CAD-OCDE.Tal y como hemos ido remarcando en todos los criterios anteriores, una evaluación con enfoque de género necesita de una reinterpretación de los criterios  para permitir un análisis menos centrado en la acción y más en las personas y sus procesos. La atención que la perspectiva de género pone en las limitaciones y desigualdades de algunos grupos (mujeres) respeto a otros (hombres) requiere que en toda la evaluación de una acción de desarrollo se analice la participación de estos grupos de menor influencia. A tal fin, es necesario analizar la calidad de la participación.

La simple presencia de las mujeres en alguno de los estadios de la intervención no garantiza que sus necesidades y opiniones sean consideradas e integradas en el seno del proyecto. Y mucho menos que la calidad de la participación acompañe un proceso de adquisición de mayor autonomía y poder en las relaciones sociales en general.28

Como recoge Leguina (2000, el examen de la calidad de la participación  pueden identificarse diferentes niveles en que las mujeres (o otros grupos de menor influencia) pueden encontrarse:

  • Receptores/as passivas de la asistencia, materiales o servicios, sin ningún tipo de participación en el sumministramiento  y control de los recursos.

  • Realización de actividades pre-escritas por otros.

  • Son consultados / as sobre problemas y necesidades aunque no necesariamente sobre el contexto, el análisis o las alternativas de solución.

  • Son estimulados / as para organizarse para gestionar sus propias necesidades, planificar soluciones y asumir responsabilidades en los procesos de desarrollo.

No se debe olvidar, también, que el análisis de la identidad masculina y de la participación de los hombres es también un aspecto fundamental de la perspectiva de género en el desarrollo.

4.- A modo de conclusión

Dos son los puntos que hemos analizado en relación a los procesos de evaluación: la utilidad  de la misma y los criterios que se utilizan  y su adecuación al proyecto.

Estos son los ítems que en cualquier tipo de evaluación  deberían considerarse.

En principio, a nivel de financiadores, ya sea la administración pública como otro tipo de organismo de carácter privado,  tendría que ser suficiente  querer llevar a cabo la evaluación de los proyectos o programas que financian  para controlar si los fondos invertidos ( y en el caso que sean públicos aún con mayor razón) están cumpliendo los resultados del proyecto escogido (que en un mayor o menor grado han podido influir en el momento de la adjudicación de subvenciones). Tal y como se ha apuntado al inicio del artículo, los resultados  deberían servir  para modificar en posteriores años la adjudicación de las subvenciones en función de la adecuación del proyecto a las expectativas esperadas y la calidad del mismo proyecto. La administración pública ha de ejercer  un cierto control del uso que se realiza de sus recursos.

Para las ONGDs, u otros agentes que reciben financiamiento público o de otra índole, les tendría que servir para mejorar las actuaciones en materia de cooperación. Tal y como se recoge, tendría que ser útil como instrumento de aprendizaje para modificar aquellas intervenciones que no han estado pertinentes e impulsar aquellas que han experimentado un impacto positivo. 

Es interesante analizar cuáles son los mecanismos que tiene la administración pública, y el resto de entidades, con el fin de integrar la evaluación al proceso habitual de un proyecto. 

En referencia a la integración de la dimensión de género, añadir que no se ha de considerar como un proceso añadido a ciertos aspectos correctores a la metodología de la evaluación ya existente para las acciones de desarrollo, sino que se ha de entender como una dinámica que necesariamente lleva a la transformación de la propia filosofía de evaluación. Se recomienda, por tanto, adaptar los clásicos criterios del DAC con otros más innovadores, además de aconsejar la participación plena de todos los grupos de agentes que directa o indirectamente están relacionados con el proyecto.

Así pues, y tal y como ya apuntábamos al inicio, aún y la presencia de  graves debilidades en el panorama español de la cooperación  y en concreto de la evaluación al desarrollo, puede mejorar la situación introduciendo paulatinas reformas.

En el caso catalán, ahora que es inminente la aprobación de la Ley Catalana de Cooperación, se tendría que apostar por un mayor grado de profesionalidad y incorporar los procesos evaluativos como parte integrante del ciclo del proyecto. Y aprovechando  la concreción de los mismos, integrar el enfoque más integral y completo que supone el adaptar el enfoque de género. De esta forma se opta por  un tipo de cooperación mucho más en consonancia con la de aquellos países que tradicionalmente han estado pioneros en la materia y marcan las pautas a nivel internacional. La misma recomendación puede ser hecha a nivel de ONGDs: apostar por incrementar la calidad de la cooperación que están llevando a cabo, incorporando enfoques básicos  para la intervención en desarrollo.

Sería un buen momento, pues,  para ir modificando conjuntamente (administración pública y actores de la cooperación al desarrollo)  aquellas actitudes que permitan dotar de una mayor transparencia  y calidad a la acción de la cooperación.

Equipo de Análisis del Instituto Internacional de Gobernabilidad de Catalunya.

Julio 2001.


1 Para más información en relación a  documentos, conclusiones de las jornadas contactar con Creu Roja Catalunya : http://www.creuroja.org/ 

2 Ver entrevista en el Catalunya Global Nº 7.  

3 Secipi: Secretaría de Estado para la Cooperación Internacional y para Ibero- América.

OPE: Oficina de Planificación y Evaluación.  

4 Grasa, R: “La evaluación como retroalimentación: lecciones aprendidas y lecciones por saber acerca de las ONGDs del Norte y del Sur y de la Cooperación Descentralizada”. Junio, 2001.(Mimeo)  

5 Recordar que España entró a formar parte de los países donantes de ayuda el año 1980 cuando se subscribe por parte del Gobierno el “Convenio de Ayuda Alimentaria” y participa, desde 1981, en la Reserva Alimentaria Internacional de Emergencia de la FAO. Todavía en 1979, España  era considerada por el Banco Mundial como un país en vías de desarrollo, potencial beneficiario de ayuda exterior (J.A.Alonso: “Estrategia para la Cooperación Española” 1999. MAE. 

6 La cooperación española adopta los criterios de pertinencia, eficacia, eficiencia, viabilidad e impacto utilizados por el CAD-OCDE. Para una mayor concreción ver: http://www.oecd.org/dac/evaluation/htm/evalcrit.htm 

7 Ver entrevista en este mismo número del Catalunya Global

8 Funcionario de la Unidad de Evaluación del Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). 

9 Profesor de Relaciones Internacionales de la UAB, Centro de Estudios Internacionales y Interculturales. 

10 “Metodología de Evaluación de la Cooperación Española” Ope/ UIDC-UCM. 

11 CAD (1995) “Principios del CAD para una ayuda eficaz” OCDE y Mundi- Prensa. Madrid. 

12 SIDA: Swedish International Development Agency.

13 La literatura española al respeto es muy escasa. Una vez más, son los países con más tradición en el ámbito de la cooperación que han trabajado con más profundidad el tema. Sin embargo, no queremos  dejar de citar dos documentos que creemos que son muy ilustrativos y explicativos de la realidad española. 
“Guía metodológica para integrar la perspectiva de género en proyectos y programas de desarrollo” Emakunde, Instituto Vasco de la Mujer y secretaría general de Acción Exterior. Dirección de Cooperación al Desarrollo Vitoria-Gasteiz 1998.
“Criterios para la evaluación con perspectiva de género”. Beatriz Sierra Leguina en Revista Española de Desarrollo y Cooperación. Nº 6 IUDC

14 En un próximo artículo se analizará la diferencia entre la inclusión de las mujeres como beneficiarias de un proyecto o la integración de las mismas como gestoras. Para más información sobre esta diferente concepción del desarrollo ver:

http://www.fuhem.es/CIP/EDUCA/mrs/articulos/enfoques.html 

15 Ver el manual de Cruz Roja Española. “Cooperación Internacional. Evaluación de proyectos. Formación especializada para el voluntariado de CRE”. CRE, 2001. 

16 Ver “Guía metodológica para integrar la perspectiva de género en proyectos y programas de desarrollo” Emakunde,1998. 

17 Conceptos clave en materia de género que se van  ir incorporando en cada  fase del ciclo del proyecto. Para más información ver: http://www.worldbank.org/gender/know/projc.htm 

18 Definición según el CAD http://www.oecd.org/dac/evaluation/htm/evalcrit.htm 

19 Tal y como Sierra Leguina (2000) puntualiza, el concepto de inputs tendría que estar relacionado con cuestiones como el trabajo –remunerado o no- tiempo, recursos materiales, esfuerzo, compromiso, etc. 

20 Para un mayor análisis  sobre los diferentes roles de las mujeres (reproductivo, productivo, comunitario) ver “Manual de capacitación en Género de Oxfam” Edición adaptada para América Latina y el Caribe. Vol 1. Oxfam 1995. 

21 Por ejemplo, reducción de la pobreza, control y disminución de la tasa de natalidad, aumento de las condiciones de higiene, salud o niveles nutricionales. Sólo se tiene que analizar los proyectos aprobados en las diferentes convocatorias de los organismos públicos a nivel catalán, para corroborar como se utiliza esta estrategia para integrar las mujeres en un proyecto y hacer constar que se trabaja con enfoque de género cuando en realidad no es el caso.  

22 El CAD considera legítimo evaluar la medida en la que los proyectos se ajustan a los objetivos políticos de las organizaciones, así como los problemas y metas alcanzadas, de manera que se pueda tener en cuenta en la identificación y formulación de futuros proyectos. Para más información ver:http://www.mae.es/igualdadcad/default.htm 

23 Ejemplo extraído y adaptado de Boserup, E: “La mujer y el desarrollo económico” Minerva. Madrid, 1993. 

24 Kabeer, 1994; 226. Citado en Leguina (2000)

25 También tener presente aquello que hombres y mujeres piensan de sus vidas, de las oportunidades que piensan que tiene y de los mecanismos que disponen para articular sus demandas.  

26 Según Cruz Roja Española (Ibíd.) 

27 World bank 1998, pp90,91.

28 Ver las diferencias existentes entre un proyecto con enfoque de GAD  y otro con enfoque WIN. http://www.fuhem.es/CIP/EDUCA/mrs/articulos/enfoques.html


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