En años recientes, la comunidad internacional ha trabajado para desarrollar asociaciones
firmes para encontrar soluciones a los problemas de los refugiados alrededor del mundo. A
principios del año 2001, el ACNUR respondió al llamado de las mujeres refugiadas para
ampliar esta asociación e incluir sus voces. Una parte importante de esa respuesta fueron las
consultas realizadas con 500 mujeres refugiadas y desplazadas, las ONG y los gobiernos
asociados alrededor del mundo. Las mujeres hablaron de las tragedias que han sufrido, las
dificultades para sobrevivir en el exilio, las esperanzas que aún conservan y el coraje y
talentos que les ha servido de contensión. Estos conocimientos le dieron vida a las
discusiones durante el Diálogo llevado a cabo en Ginebra en junio de 2001.
La energía del grupo se puso en evidencia desde el primer momento de la reunión, cuando
Jima Nesredin, una joven refugiada etíope, habló en el discurso de apertura. Ella estaba
serena y segura frente al podio, mirando a la audiencia, donde se encontraba el Alto
Comisionado, señor Ruud Lubbers, y otros altos funcionarios de la organización. “Estoy muy
feliz de estar aquí con todos ustedes. Estamos ansiosas por iniciar nuestra reunión, la cual
esperamos no sea pura plática. Necesitamos acciones”.
Durante los días siguientes, escuchamos de las mujeres: detalles de sus vidas y su trabajo, y
sus sugerencias sobre cómo el ACNUR y sus asociados pueden mejorar la protección de las
mujeres y las niñas refugiadas. Las mujeres trajeron consigo una gama de experiencias e
historias que enriquecieron las discusiones. Por ejemplo, el grupo incluyó una abogada de
Azerbaijan, quien atendió a las refugiadas que fueron forzadas a abandonar sus hogares.
También participó una especialista en computación de Afganistán, quien tenía sus propia
agencia de asistencia, la cual ofrecía educación a las niñas en los campamentos en Pakistán.
Otra participante contó su historia: fue raptada de su casa en Sierra Leona a la edad de 14
años y los rebeldes la mantuvieron cautiva. Estas y otras mujeres llegaron a la reunión para
demandar mayor protección para las mujeres y las niñas refugiadas y los recursos para la
curación y rehabilitación.
Todas las mujeres tuvieron la oportunidad de hablar directamente con el personal y la
administración del ACNUR, representado por el Alto Comisionado y el Asistente del Alto
Comisionado. Los directores de las oficinas y departamentos también participaron de manera
muy entusiasta, durante la reunión e invitaron a las mujeres a sus hogares para tener más
discusiones informales. Las mujeres tuvieron la ocasión de cuestionar, fomentar y
recomendar acciones para avanzar.
Las mujeres sacaron energía y aliento de esta reunión. Después de aprender a reconstruir de
casi nada, los compromisos del ACNUR con ellas validaron sus experiencias y les dio la
esperanza de que algunas de sus recomendaciones serán implementadas. A su retorno de la
reunión, Jima escribió: “Aún no lo puedo creer, estoy en la universidad ... Honestamente, no
hay nada que valore más que mi educación! Usted sabe por qué, porque entonces el futuro
está en mis manos. Tengo mucha confianza de que con mi educación seré alguien, por lo
tanto podré extender mi mano a la gente que me necesita, de la manera que ellos me
extendieron la suya cuando más los necesité”.
Nosotros estamos muy honrados de ser socios en este valioso proceso. Nuestra cálida y
efectiva colaboración es una reflexión y una contribución para el fortalecimiento de la
cooperación del ACNUR con las ONG y la sociedad civil. Confiamos que los compromisos