| Yassine Fall El papel de las mujeres en
Africa subsahariana se ha ampliado debido al
impacto de las reformas económicas, las guerras
y las crisis. Además de ser consumidoras, ellas
contribuyen al crecimiento del producto interno
bruto como integrantes de la fuerza de trabajo,
productoras y generadoras de ingresos para el
hogar. También son proveedoras de servicios
sociales al actuar como cuidadoras de niños y
ancianos, y como organizadoras de la comunidad.
Los diferentes efectos del ajuste económico
sobre hombres y mujeres fueron ampliamente
documentados por varios estudios (Elson y McGee,
1995).
Las relaciones de
género son parte esencial de la
reestructuración económica. Las políticas
macroeconómicas son diseñadas para generar
ingresos mediante la manipulación de mecanismos
de mercado y el impacto costo-beneficio sobre
diferentes agentes económicos, sean
instituciones o individuos, hombres o mujeres. No
obstante, se ha prestado escasa atención al
análisis de género en el diseño y la
aplicación de políticas macroeconómicas (Elson
and McGee, 1995; Fall, 1996). Muchos
investigadores del Norte y el Sur destacaron la
necesidad de vincular reformas económicas
sensibles al género con los derechos de la mujer
y el desarrollo humano sustentable, ya que tanto
hombres como mujeres deben gozar de sus derechos
humanos universales.
Las reformas
macroeconómicas en curso han sido criticadas por
promover el enfoque "exportar para
crecer", por el cual supuestamente la
riqueza se revierte de a poco a los pobres. Estas
reformas no consideran como objetivos
prioritarios la eliminación de la pobreza ni la
igualdad de género (Fall, 1996). Las fuerzas de
mercado tales como las tasas de interés, las
condiciones y la demanda de crédito, el tipo de
cambio, los ingresos por exportaciones, etc., son
manipuladas para que se ajusten a los
requerimientos de la economía global. Los
mecanismos instrumentados para facilitar la
actividad del sector privado (en particular de
los inversionistas privados) en general
perjudican a las pequeñas empresas de la
economía informal, tales como feriantes,
trabajadoras domésticas o pequeños
comerciantes. Estos "absorbentes de
choques" son agentes económicos clave en el
mantenimiento de la economía doméstica
(Stewards, 1992).
Dado que la
prioridad de las actuales reformas económicas es
el equilibrio de los presupuestos y la
liberalización de los mercados para promover el
crecimiento, quienes formulan las políticas no
se preocupan demasiado por eliminar los
desequilibrios de género en el acceso a los
recursos y el control sobre ellos. Resulta obvio
que existe un potencial conflicto entre los
objetivos del crecimiento orientado a la
exportación y los objetivos sociales y de
distribución. Los diseñadores de políticas
macroeconómicas no otorgan a la pobreza y los
problemas de género la consideración que se
merecen.
Senegal
La composición
del gasto público de Senegal no está de acuerdo
con las necesidades del país. La inversión
social no está ni cerca de la cantidad mínima
necesaria, mientras los sectores de la salud y la
educación, esenciales para la generación y el
mantenimiento de recursos humanos, se vieron
seriamente afectados.
La consigna
"educación para todos" no es una
realidad, especialmente para mujeres y niñas. El
60 por ciento de los niños están inscritos en
escuelas, y de ellos 64 por ciento son varones.
En cuanto a capacitación técnica, las
adolescentes representan 23,8 por ciento de la
población estudiantil y los varones 76,2 por
ciento. Las adolescentes no sólo están
subrepresentadas en las escuelas técnicas, sino
que no se las estimula para estudiar en áreas
científicas y tecnológicas. Su presencia en
esos institutos se limita a sectores
tradicionalmente considerados femeninos, como
economía doméstica, secretariado, etc. A nivel
universitario, en 1985 estudiaban uno por ciento
de las mujeres frente a cuatro por ciento de los
hombres.
La reforma
universitaria de fines de los 90 se reflejará en
una caída adicional del estudiantado femenino.
Además, la intención del gobierno de equiparar
la asistencia de niñas y niños a las escuelas y
reducir la tasa de deserción no está de acuerdo
con la asignación presupuestaria al sector de la
educación (Plan dAction de la Femme
Senegalaise: 1997-2001).
Por otra parte, la
proporción por habitante del presupuesto para la
salud y la educación continúa en disminución.
Esto es causa de la degradación de la formación
de capital humano a expensas de las mujeres, las
niñas y los pobres. La proporción de recursos
nacionales destinados a la salud cayó en
términos reales durante los años 80 y 90 como
consecuencia de las medidas de estabilización.
El presupuesto de salud representó nueve por
ciento del presupuesto nacional en 1968-69, 7,5
por ciento en 1975, seis por ciento en 1982, 5,2
por ciento en 1991 y menos de cinco por ciento en
1994. Estas cifras son alarmantes para un país
con uno de los crecimientos de la población más
rápidos de Africa, que invierte 50 por ciento de
sus ingresos en el pago de los intereses de la
deuda externa. La Organización Mundial de la
Salud recomienda que se destine al menos nueve
por ciento del presupuesto nacional al sector de
la salud.
La frecuencia de
las visitas a centros de salud también ha
disminuido. Cuando las mujeres pobres se enteran
de que tienen que pagar para que las atienda un
médico y luego éste les receta un medicamento
que ellas no pueden comprar, ya no van más al
hospital. Esta situación representa un grave
riesgo sanitario, en particular a la luz del
rápido crecimiento de la población y la
igualmente rápida proliferación del virus del
sida en la población femenina.
También se
produjo en Senegal una intensificación del
trabajo infantil debido a la necesidad de
suplementar los ingresos familiares cuando los
padres pierden su empleo en aras del equilibrio
presupuestario. Más y más niñas son privadas
de su derecho fundamental a la educación y
enviadas a trabajar largas horas bajo pésimas
condiciones como empleadas domésticas. Esas
niñas son objeto de todo tipo de abusos, incluso
sexuales (Fall, Child Labour in Senegal, 1992).
Sierra Leona
El cuadro adjunto
ilustra la tendencia de asignación de recursos y
la prioridad otorgada a cada sector por el
gobierno de Sierra Leona. El gasto público en
educación, salud y agricultura representa
respectivamente 14,3, 5,5 y 3,8 por ciento del
presupuesto. Más de 50 por ciento de éste se
destina al pago de los intereses de la deuda
externa.
Este tipo de
asignación presupuestal es un ejemplo de la
escasa atención que se le brinda a los factores
sociales y de género. Los grupos más
desfavorecidos, como mujeres y niños, son los
más descuidados. La actual situación de pobreza
y privación social en Sierra Leona no sólo es
consecuencia de la guerra civil, sino también de
este enfoque despersonalizado de la política
macroeconómica.
El Informe sobre
Desarrollo Humano 1995 del Programa de las
Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), así
como estadísticas de Fondo de las Naciones
Unidas para la Infancia (UNICEF) y la
Organización Mundial de la Salud, confirmaron
una mortalidad materna e infantil
"inaceptablemente alta" en Sierra
Leona, la decadencia de la infraestructura para
la educación y el deterioro de la calidad de
ésta. El costo de la atención de los partos
contribuyó al incremento de la mortalidad
femenina debido a los nacimientos domésticos. En
esta situación de decreciente gasto público en
educación, traducida en un bajo gasto por
habitante, el nivel de asistencia a las escuelas
disminuyó y la tasa de deserción estudiantil
aumentó. En tales condiciones, el apoyo a la
educación de las niñas parece un sueño
distante.
La carga de la
deuda
La deuda total de
Africa subsahariana creció a un ritmo
increíblemente rápido. En septiembre de 1996,
el Banco Mundial y el Fondo Monetario
Internacional (FMI) lanzaron la iniciativa para
Países Pobres Altamente Endeudados (PPAE), con
el fin de resolver el problema de la deuda de un
grupo selecto de naciones en desarrollo. Esta
propuesta fue presentada como la solución para
los países pobres incapaces de reembolsar su
deuda externa y satisfacer a la vez los
requerimientos mínimos de bienestar social de
sus poblaciones. También constituyó una
respuesta tranquilizadora a los pedidos de
gobiernos deudores, organismos internacionales y
ONGs. La iniciativa es presentada como un nuevo
mecanismo para que los acreedores se hagan cargo
de la deuda en forma solidaria.
En Africa
subsahariana se encuentran la mayor parte de los
países involucrados en la iniciativa para los
PPAE: Angola, Benín, Birmania, Bolivia, Burkina
Faso, Burundi, Camerún, República
Centroafricana, Congo, Costa de Marfil, Chad,
Etiopía, Ghana, Guinea, Guinea-Bissau, Guinea
Ecuatorial, Guyana, Honduras, Kenia, Laos,
Liberia, Madagascar, Mali, Mauritania,
Mozambique, Nicaragua, Níger, Nigeria, Ruanda,
Santo Tomé y Príncipe, Senegal y Sierra Leona.
La historia parece
repetirse. Nos enfrentamos nuevamente a una
situación en la que los más pobres de los
países en desarrollo están atrapados en un
círculo vicioso por la carga de su deuda y
dispuestos a hacer lo necesario para obtener
préstamos de ajuste. Por la misma razón, esos
gobiernos hacen pasar a sus pueblos por cualquier
tipo de sacrificio.
Muchos analistas
creen que la iniciativa sólo sirve a los
intereses de los organismos multilaterales de
crédito. En realidad, la propuesta PPAE aumenta
el poder del Banco Mundial y el FMI, porque:
* Ganan más
control sobre las decisiones políticas de los
países pobres.
* Fijan
condiciones de variables económicas como
prioridad.
* Los países
industrializados utilizan el criterio de estas
instituciones para otorgar ayuda bilateral a
naciones pobres.
* El Banco y el
FMI pueden hacer a estos países competir entre
sí y reclamar el mejor cumplimiento de las
reformas.
* Colocan a las
naciones "beneficiadas" por la
iniciativa en una situación difícil de evadir.
* Tienen la
autoridad para juzgar lo que es un ajuste
satisfactorio.
* No se
comprometen a nada pero retienen la facultad de
rechazar la elegibilidad de un país aun luego de
que sus ciudadanos realizaron enormes
sacrificios.
El problema de la
deuda es un problema de justicia económica,
porque el gasto en el pago de intereses pone en
peligro el derecho de las mujeres al desarrollo
humano. Se destinan muchos más recursos al pago
de la deuda que a los servicios sociales, en un
momento en que el continente debe luchar contra
el sida, la pobreza y el analfabetismo.
Las mujeres
africanas deben obtener respuestas claras a estas
cuestiones e involucrarse activamente en la
evaluación del proceso de la iniciativa PPAE,
que implica una variedad de reformas y plantea
temas críticos de género y política social. El
desarrollo humano sustentable debería ser el
objetivo último del desarrollo y el derecho
inalienable de hombres y mujeres.
Perspectivas
La gran mayoría
de las mujeres africanas tienen ingresos muy
bajos y enfrentan graves problemas humanitarios.
La transferencia de recursos del gasto público
es esencial para su supervivencia, aunque esto no
resuelva todos sus problemas. La dependencia de
las economías africanas respecto de las
instituciones de Bretton Woods es crónica, y la
esencia de las condiciones de ajuste niega a las
mujeres el derecho a participar en la
formulación de políticas económicas y a
identificar los modelos económicos que más las
beneficien. Las instituciones financieras
multilaterales contribuyen activamente a
hipotecar el bienestar de las mujeres.
El desarrollo
sustentable no se hará realidad si el país no
desarrolla prioridades políticas que promuevan
la potenciación humana, la seguridad alimentaria
y una fuerte cultura ambiental que coloque los
programas de forestación y la lucha contra las
sequías sobre los objetivos de estabilización.
Es esencial que las mujeres ejerzan su derecho a
desempeñar un papel central en la evaluación de
costos y beneficios de las decisiones políticas
en todos los sectores de la economía. Sus
derechos deben promoverse mediante la corrección
de prejuicios de género y el desarrollo de la
capacidad de llevar una vida digna.
Es hora de lanzar
un movimiento femenino africano que vaya más
allá del control de los compromisos del Banco
Mundial con las mujeres y demande la protección
y promoción de sus derechos económicos. Al
hacerlo, debemos recordar que las instituciones
de Bretton Woods -el Banco Mundial, el FMI y el
GATT, actual OMC-, fundadas en 1944, son agencias
de las Naciones Unidas. Por esa razón, debemos
responsabilizarlas por los derechos económicos
de la mujer, aunque, a diferencia de la Asamblea
General, no funcionen sobre el principio de
"un país, un voto", sino el de
"un dólar, un voto".
Yassine Fall es secretaria
ejecutiva de la Asociación de Mujeres Africanas
para la Investigación y el Desarrollo.
Este artículo fue publicado por Network Women in
Development Europe en WIDE Bulletin (9 de febrero
de 1998), y se reproduce con el permiso de sus
editores.
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