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número de cargas infantiles por hogar e índices de dependencia demográfica más elevados (Miró,
1998).
En las áreas urbanas de la región, la estructura familiar se caracteriza por el progresivo
aumento de importancia de los hogares de jefatura femenina, situación que ha sido impulsada por
una serie de factores sociales y demográficos: aumento de divorcios, separaciones de hecho, y
maternidad adolescente, como también por los eventos de viudez que acompañan el aumento de la
esperanza de vida, más marcado en las mujeres (Population Council, 1998).
Los hogares de jefatura femenina corresponden principalmente al caso de hogares
incompletos, con ausencia del cónyuge o pareja. Aún cuando varios análisis han postulado el
incremento de estos hogares como señal de un proceso de “feminización de la pobreza”, la
evidencia exige realizar especificaciones. Por un lado, los hogares de jefatura femenina incluyen
desde casos extremadamente pobres, hasta otros acomodados, y por otro, la relación de género con
pobreza no es privativa de la figura de las jefas de hogar, sino que deben incorporar centralmente
otras formas de parentesco que cumple la mujer y su desventaja frente a las inequidades del
mercado laboral.
Diversos estudios que han controlado la prevalencia de la pobreza o NBI según sexo del jefe
de hogar (tanto internacionales como nacionales) muestran que no siempre existe asociación
significativa con la pobreza (Attanasio y Szekely, 1999; Miró, 1998, Population Council, 1998,
Rodríguez, 2000).
La jefatura de hogar femenina, más que estar sobrerepresentada en la pobreza se asocia a
mayor vulnerabilidad económica y social, como consecuencia del menor número de ocupados por
hogar, lo que significa una mayor exposición a caer bajo la línea de pobreza en momentos de crisis.
La pobreza afecta, en particular, ciertas subcategorías de la jefatura femenina, específicamente a
hogares con niños. Datos de censos de los años noventa (Rodríguez, 2000) comprueban para
distintos países que la probabilidad de residencia en viviendas con NBI aumenta sustancialmente en
las jefaturas femeninas con presencia de niños, tendencia que también ha sido corroborada con
datos de pobreza para el caso de Brasil (Population Council, 1998).
Las mujeres que asumen la maternidad tempranamente conforman hogares que tienen más
probabilidad de reproducir la pobreza, conformando un tipo de pobreza expresada en la forma de
“madres pobres sin pareja” (Population Council, 1998). Estudios realizados en Estados Unidos
muestran que dichas situaciones se vinculan con la vulnerabilidad social, aún en contextos
nacionales de ingresos elevados. Halpern (1999).
Además de las jefaturas de hogar, existen importantes nexos de pobreza y género alrededor
de la inserción laboral de la mujer en general. Debe mencionarse la existencia de condiciones más
desfavorables para su desempeño productivo y obtención de ingresos (visible en la calidad del
empleo de la PEA desagregada según sexo), como también el hecho que la incorporación de la
mujer al mercado laboral no siempre constituye una señal de modernización, sino que muchas veces
es una estrategia de sobrevivencia explicada por la pobreza de su hogar.
En todos los países de la región, independientemente de su grado de desarrollo relativo, las
mujeres se han sumado al empleo a través del sector servicios, especialmente en el sector no-
estructurado, manifestándose un proceso efectivo de “feminización del sector informal”. A 1998, la
tasa de informalidad del empleo de la mujer llegó al 52% en 1998 (siete puntos porcentuales más
alto que la masculina) (OIT, 1999).
Además de insertarse principalmente en el sector informal, el incremento del empleo de la
mujer durante los años noventa, ha sido menor al aumento de su participación, desembocando en
casi la duplicación de la desocupación femenina. (OIT, 1999).