ubicación relativa de las personas en la sociedad, según su grado de ac-
ceso y control sobre los activos económicos y sociales (tales como el
trabajo, tierra, capital humano y social, recursos productivos y relacio-
nes al interior del hogar) y su capacidad de utilización de estos recursos
para cambiar su situación (Moser, 1996).
Con la óptica del enfoque de la exclusión social, en cambio, se
analizan los aspectos materiales y no materiales de la pobreza, resaltan-
do los diferentes procesos por los cuales las personas caen en la pobreza
o pueden superarla. Aquí se examinan tanto los aspectos distributivos
(variaciones en el ingreso, la riqueza y el consumo) como de relaciones
(patrones de empleo, participación social, derechos) de las desventajas
sociales.
Bajo el prisma del enfoque de los derechos se proporciona un
marco más amplio para entender la pobreza como una situación de pri-
vación relativa, que va más allá de los ingresos, y se expresa en la falta
de capacidades, derechos y autonomía de las personas para participar
plenamente en la sociedad.
Un factor común a estos tres enfoques es la importancia que otor-
gan a la desigualdad tanto en la distribución de los bienes sociales como
en el acceso y control de los recursos monetarios y no monetarios –segu-
ridad, oportunidades, ejercicio de derechos y ciudadanía.
La desigualdad social se construye a través de un proceso com-
plejo, que ocurre en los niveles discursivo, normativo, social y subjetivo
de la realidad. Las prácticas discriminatorias son una de las formas como
se manifiesta la desigualdad. Tienen su origen en una visión particular
del mundo y de una determinada organización social, que excluye a otras
personas por su pertenencia a ciertos grupos sociales, sin que necesaria-
mente se trate de actos conscientes de exclusión. El género, raza, etnia y
clase social constituyen la piedra angular de sistemas de dominación que
están interconectados y conducen a formas de opresión que operan en
forma simultánea y se potencian entre sí.
Las desigualdades de género se manifiestan en una pauta generali-
zada de desigualdad entre las mujeres y los hombres, en todas las socieda-
des contemporáneas, en materias sociales, económicas, políticas y cultu-
rales. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desa-
rrollo (PNUD, 2002), no existe en la actualidad ninguna sociedad donde
las mujeres dispongan de las mismas oportunidades que los hombres.