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0. Prim-p.gs. (Mujeres-Lima)
Page 1
Este libro forma parte de la Colección GPE-AL
conformada por un conjunto de trabajos realizados
durante el transcurso del Proyecto. Entre los temas
presentados se destacan:
a) diagnósticos y estudios nacionales sobre el
mercado de trabajo y la pobreza analizados
desde una perspectiva de género;
b) experiencias de programas y proyectos de
reducción de la pobreza y generación de empleo,
nacionales y/o locales, con enfoque de género;
c) estudios especiales desarrollados con dimensión
de género, a nivel regional sobre: políticas de
empleo, políticas de empleo para jóvenes, las
interrelaciones entre pobreza y empleo, la
dimensión étnico-racial, y pobreza y empleo en
el medio rural.
El Proyecto “Incorporación de la Dimensión de
Género en las Políticas de Erradicación de la
Pobreza y Generación del Empleo en América
Latina (GPE-AL) ejecutado por la Oficina Regional
de la OIT para América Latina y el Caribe y apoyado
por el Gobierno de los Países Bajos, presenta el
libro “Mujeres, Pobreza y Mercado de Trabajo.
Argentina y Paraguay” en el cual están publicados
los siguientes estudios: “Desigualdad de Género
y Pobreza en América Latina” realizado por María
Elena Valenzuela, “Mercado de Trabajo y Género.
El Caso Argentino 1994-2002
de Rosalía Cortés
y “Situación Laboral de la Mujer en Paraguay
de Lylian Mires.
Con esta publicación el Proyecto contribuye al
establecimiento de una base común de
conocimientos sobre las interrelaciones entre el
género, la pobreza y el empleo, una línea esencial de
su accionar que, conjuntamente con la promoción
de la incorporación de la dimensión de género en las
políticas públicas de erradicación de la pobreza y
generación de empleo y el fortalecimiento de las
capacidades institucionales de los Gobiernos, de
organizaciones de trabajadores y de empleadores,
facilitarán la integración del enfoque de género en
las estrategias de reducción de la pobreza y en las
políticas y programas de generación de empleo e
ingresos en seis países de la Región: Argentina, Bo-
livia, Honduras, Nicaragua, Paraguay y Perú.
El equipo del Proyecto está integrado por Laís
Abramo, Especialista Regional en Género, Silvia
Berger, Directora del Proyecto GPE-AL, María Elena
Valenzuela, Coordinadora de la Subregión Cono Sur,
Janina Fernández, Coordinadora de la Subregión
Centroamericana, Nava San Miguel, Experta en
Género, de la Oficina Subregional Andina, Takako
Mochizuki, Experta Asociada en Género, de la Oficina
Subregional Santiago y Eric Carlson, Punto Focal en
Género, de la Oficina de la OIT en Buenos Aires.

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3
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RTÍCULO
Mujeres, Pobreza y
Mercado de Trabajo
Argentina y Paraguay
Proyecto Género, Pobreza y Empleo en América Latina
María Elena Valenzuela
Editora
Oficina Regional de la OIT
para América Latina y el Caribe

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ARAGUAY
Copyright © Organización Internacional del Trabajo 2003
Primera edición 2003
Las publicaciones de la Oficina Internacional del Trabajo gozan de la protección de
los derechos de propiedad intelectual en virtud del protocolo 2 anexo a la Convención
Universal sobre Derecho de Autor. No obstante, ciertos extractos breves de estas
publicaciones pueden reproducirse sin autorización, con la condición de que se
mencione la fuente. Para obtener los derechos de reproducción o de traducción deben
formularse las correspondientes solicitudes a la Oficina de Publicaciones (Derechos
de autor y licencias), Oficina Internacional del Trabajo, CH-1211 Ginebra 22, Suiza,
solicitudes que serán bien acogidas.
Las denominaciones empleadas, en concordancia con la práctica seguida en las Na-
ciones Unidas, y la forma en que aparecen presentados los datos en las publicacio-
nes de la OIT no implican juicio alguno por parte de la Oficina Internacional sobre
la condición jurídica de ninguno de los países, zonas o territorios citados o de sus
autoridades, ni respecto de la delimitación de sus fronteras.
La responsabilidad de las opiniones expresadas en los artículos, estudios y otras
colaboraciones firmados incumbe exclusivamente a sus autores, y su publicación no
significa que la OIT las sancione.
Las referencias a firmas, procesos o productos comerciales no implican aprobación
alguna por la Oficina Internacional del Trabajo, y el hecho de que no se mencionen
firmas, procesos o productos comerciales no implica desaprobación alguna.
Las publicaciones de la OIT pueden obtenerse en Las Flores 275, San Isidro, Lima
27-Perú o pidiéndolas al Apartado Postal 14-124, Lima-Perú.
Vea nuestro sitio en la red: http://www.oit.org.pe/gpe
Impreso en Chile
V
alenzuela, María Elena (Ed.)
Mujeres, Pobreza y Mercado de Trabajo. Argentina y Paraguay
Santiago, OIT, Proyecto “Incorporación de la Dimensión de Género
en las Políticas de Erradicación de la Pobreza y Generación de
Empleo en América Latina”, 2003, 160 págs.
(Colección GPE-AL)
Igualdad de oportunidades, planificación en función del género,
pobreza, mercado de trabajo, mujeres, Argentina, Paraguay, América Latina.
ISBN 92-2-314833-2
Datos de catalogación de la OIT

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El uso de un lenguaje que no discrimine ni marque diferencias
entre hombres y mujeres es una de las preocupaciones de nuestra
Organización. Sin embargo, no hay acuerdo entre los lingüistas sobre la
manera de cómo hacerlo en nuestro idioma.
En tal sentido y con el fin de evitar la sobrecarga gráfica que
supondría utilizar en español o/a para marcar la existencia de ambos
sexos, hemos optado por emplear el masculino genérico clásico, en el
entendido de que todas las menciones en tal género representan siempre
a hombres y mujeres.
A
DVERTENCIA

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NTRODUCCIÓN
13
CAPÍTULO I
D
ESIGUALDAD
DE
GÉNERO
Y
POBREZA
EN
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MÉRICA
L
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María Elena Valenzuela
15
A.
Introducción: Pobreza y desigualdad
15
B.
Factores de género y pobreza
20
C.
Políticas públicas para la reducción de la pobreza
47
D.
Reflexión final: Importancia de las estrategias de empleo
en el combate a la pobreza de las mujeres
59
Bibliografía
62
CAPÍTULO II
M
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DE
TRABAJO
Y
GÉNERO
. E
L
CASO
A
RGENTINO
, 1994-2002
Rosalía Cortés
67
A.
Introducción
67
B.
El contexto económico y laboral de los noventa
72

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ARAGUAY
C.
Evolución 1994-2002 de la PEA, el empleo, el desempleo
y el subempleo
79
D.
Cambios en las modalidades de inserción en el mercado
de trabajo según género
89
Bibliografía
102
CAPÍTULO III
S
ITUACIÓN
LABORAL
DE
LA
MUJER
EN
P
ARAGUAY
Lylian Mires
105
A.
Introducción
105
B.
Consideraciones de género: El trabajo y la pobreza
107
C.
Las características del mercado laboral femenino en Paraguay
111
D.
La participación de las mujeres en el mercado laboral
118
E.
El empleo femenino
125
F.
El desempleo
141
G.
Conclusiones y recomendaciones
146
Bibliografía
153
Anexo
155

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RESENTACIÓN
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RESENTACIÓN
Aproximadamente 225 millones de hombres y mujeres en Amé-
rica Latina son pobres. De estos, 95 millones de personas se encuentran
en una condición de extrema pobreza, lo que significa que no tienen los
ingresos suficientes para adquirir ni siquiera una canasta básica de ali-
mentos. El 11% de la población, entre los cuales hay muchos niños y
niñas menores de 5 años, presenta carencias nutricionales. Hay más
mujeres que hombres en situación de pobreza, en un porcentaje que va-
ría de 3% a 35% en los países latinoamericanos.
La pobreza está directamente relacionada con los niveles y patro-
nes de empleo y con las desigualdades existentes en la sociedad. Al lado
del acceso a la salud, educación e infraestructura básica, la falta de em-
pleo –o su mala calidad– es uno de los determinantes fundamentales de
la pobreza y de las posibilidades de su superación.
Un objetivo central de las Metas del Milenio es Erradicar la po-
breza extrema y el hambre. Se plantea para el 2015 reducir a la mitad la
proporción de personas cuyos ingresos son menores a un dólar diario.
Para ello es cada vez más sentida, por los gobiernos, los trabajadores y
empleadores, la necesidad de incentivar en el corto, mediano y largo
plazo políticas de generación de empleo en los países, que permitan a
todos trabajar. Pero no es cualquier trabajo lo que posibilita a las perso-
nas superar la pobreza, sino un Trabajo Decente, entendido como aque-
lla ocupación productiva adecuadamente remunerada y que es ejercida

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en condiciones de libertad, equidad y seguridad, así como que sea capaz
de garantizar una vida digna a las personas que trabajan y a sus familias.
La equidad está, por lo tanto, en el centro de la Agenda del Traba-
jo Decente de la OIT. Eso significa que Trabajo Decente es un trabajo
también libre de cualquier forma de discriminación.
El género condiciona la forma en que los individuos y los hogares
experimentan la situación de pobreza y logran o no superarla. Las muje-
res están sobrerrepresentadas entre los pobres, son más vulnerables a
ella y frecuentemente experimentan sus formas más severas. Paradójica-
mente, el aporte de las mujeres a la superación de la pobreza y el bienes-
tar de sus hogares es cada vez más importante y viene siendo
crecientemente reconocido. De hecho, uno de los factores que ha contri-
buido a controlar el aumento de la pobreza en la región es la incorpora-
ción masiva de las mujeres al trabajo remunerado.
El análisis de la relación entre el género, la pobreza y el empleo
está siendo desarrollado por la OIT desde hace varios años y es una de
sus principales contribuciones a la Cuarta Conferencia Mundial de la
Mujer en Beijing (1995) que subrayó, en su Plataforma de Acción, el
creciente peso de la pobreza femenina y las desigualdades de género
como los principales obstáculos para el avance de la mujer y su acceso a
actividades productivas y económicas. La Cumbre Social de Copenhague
(1995) y la Cumbre del Milenio también enfatizan la necesidad de “Pro-
mover la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer como el
camino efectivo para combatir la pobreza, el hambre y las enfermedades
y estimular un desarrollo realmente sustentable.” (Párrafo 20 de la De-
claración del Milenio).
La importancia de considerar esa relación, tanto en los análisis
sobre la pobreza como en las políticas diseñadas e implementadas con el
objetivo de superarla, ha sido reiterada una vez más en la Memoria del
Director General de la OIT (Superar la pobreza mediante el trabajo) y
en el Informe Global La hora de la igualdad en el trabajo, ambos pre-
sentados a la 91ª Conferencia Internacional del Trabajo (llevada a cabo
en junio de 2003). La Memoria del Director General señala que las di-
versas formas de discriminación –entre las cuales se destaca, por su am-
plitud, generalización y persistencia la discriminación de género– están
fuertemente asociadas a los fenómenos de exclusión social que originan
la pobreza y son responsables por la superposición de diversos tipos de

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vulnerabilidad, así como por la creación de poderosas barreras adiciona-
les para que personas y grupos discriminados puedan superar la pobreza.
Como forma de apoyar los esfuerzos que se realizan en varios
países en el sentido de implementar políticas de combate a la pobreza
que enfaticen la generación de Trabajo Decente como la mejor forma de
superarla y, al mismo tiempo, promuevan la igualdad de género, la OIT
viene desarrollando, desde 1995, un Programa de Fortalecimiento
Institucional para la Igualdad de Género, la Erradicación de la Pobreza
y la Generación de Empleo.
Con ese mismo objetivo, la Oficina Regional de la OIT para Amé-
rica Latina y el Caribe inició en julio de 2002 la ejecución del proyecto
“Incorporación de la dimensión de Género en las Políticas de Erradica-
ción de la Pobreza y Generación de Empleo en América Latina (GPE-
AL)”, con el apoyo del Gobierno de los Países Bajos, dirigido a contri-
buir a la incorporación de la dimensión de género en las políticas de
reducción de la pobreza y de generación de empleo en 6 países de la
región: Argentina, Bolivia, Honduras, Nicaragua, Paraguay y Perú.
Uno de los componentes básicos de este Proyecto es la realiza-
ción de estudios y diagnósticos nacionales sobre las interrelaciones en-
tre el género, la pobreza y el empleo, que contribuyan a aumentar la base
de conocimiento sobre estos fenómenos, pero, principalmente, que pue-
dan aportar al diseño y a la implementación de las políticas dirigidas a
erradicar la pobreza, promover el empleo y la igualdad de género.
El presente libro es parte de la Colección Género, Pobreza y Em-
pleo en América Latina en la que se publicarán los estudios y diagnósti-
cos realizados durante la ejecución del Proyecto. Con esta colección nos
proponemos poner a disposición de los constituyentes de la OIT –go-
biernos nacionales y locales, organizaciones de trabajadores y de em-
pleadores–, las organizaciones de la sociedad civil, el medio académico
y el público en general una base común de conocimientos que permita
profundizar la comprensión de los desafíos que supone la superación de
la pobreza, la generación de trabajo decente y la promoción de la igual-
dad de género en América Latina.
La Colección está conformada por un conjunto de libros en los
que se presentan tres tipos de estudios: a) diagnósticos y estudios nacio-
nales sobre el mercado de trabajo y la pobreza analizados desde una
perspectiva de género; b) experiencias de programas y proyectos de

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reducción de la pobreza y generación de empleo, nacionales y/o locales,
con enfoque de género, reconocidas y apoyadas por el Proyecto; c) estu-
dios especiales con dimensión de género desarrollados a nivel regional
sobre los siguientes temas: políticas de empleo, políticas de empleo para
jóvenes, y las interrelaciones entre la pobreza, el empleo, y la dimensión
étnico-racial, pobreza y empleo en el medio rural.
Nuestro reconocimiento y agradecimiento al Gobierno de los Paí-
ses Bajos por el apoyo para ejecutar el Proyecto, a los representantes de
las diferentes instancias tripartitas nacionales que participaron activa-
mente en el desarrollo de las acciones del Proyecto y que en muchas
situaciones actuaron como nuestras contrapartes nacionales. A todos los
funcionarios y funcionarias de la OIT involucrados en la ejecución del
proyecto.
Nuestro agradecimiento, igualmente, a todos los consultores y
colaboradoras del Proyecto GPE-AL que contribuyeron en la elabora-
ción de los documentos de investigación e hicieron posible lograr esta
colección.
A
GUSTÍN
M
UÑOZ
V
ERGARA
Director Regional para las Américas

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I
NTRODUCCIÓN
I
NTRODUCCIÓN
En este libro “Mujeres, Pobreza y Mercado de Trabajo. Argentina
y Paraguay” realizado bajo la dirección de María Elena Valenzuela, se
presentan tres estudios con los que esperamos contribuir, a través de nue-
vos conocimientos, a la generación de propuestas de política que permi-
tan avanzar hacia la erradicación de la pobreza y la equidad de género a
través del trabajo. El estudio elaborado por María Elena Valenzuela,
“Desigualdad de Género y Pobreza en América Latina”, entrega un mar-
co de análisis para comprender las formas en que la desigualdad de gé-
nero acentúa la pobreza y la centralidad de la eliminación de la discrimi-
nación de todas las formas de discriminación en el trabajo, como un
requisito para acabar con la pobreza. La contribución de Rosalía Cortés
sobre “Mercado de Trabajo y Género. Argentina 1994-2002”, analiza la
evolución del mercado de trabajo y los niveles de pobreza de hombres y
mujeres en ese período y se reflexiona sobre los efectos de las estrate-
gias económicas en los patrones de largo plazo de la vinculación entre
género, pobreza y empleo. El capítulo a cargo de Lylian Mires, sobre la
“Situación Laboral de la Mujer en Paraguay” caracteriza la situación de
empleo y vulnerabilidad frente a la pobreza de hombres y mujeres, po-
niendo especial atención a los aspectos de género, que inciden en la po-
sición desventajosa de las mujeres en el mercado de trabajo.

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ALENZUELA1
A.
INTRODUCCIÓN: POBREZA Y DESIGUALDAD
Las mujeres enfrentan la pobreza con desventaja respecto de los
hombres, debido a su situación desmedrada en el orden de género,
2
a la
valoración diferenciada de la dimensión femenina y masculina y a las
normas para el control de la sexualidad y la procreación. La discrimina-
ción que viven las mujeres en los distintos ámbitos de la sociedad acen-
túa su pobreza. Esto ha contribuido a la transmisión intergeneracional de
la pobreza e influido en la generación de nuevas condiciones de priva-
ción a las que se ven sometidas las mujeres y sus familias.
En los últimos años se han desarrollado diferentes conceptua-
lizaciones e indicadores de la pobreza, sin que se haya logrado un con-
senso sobre cuáles son más determinantes. El debate se ha centrado en la
capacidad de los diversos conceptos e indicadores de dar cuenta de
modo preciso sobre la relación que existe entre el nivel de consumo y
1
Agradezco los comentarios de Laís Abramo, Janina Fernández, Silvia Berger, Sylvia
Venegas y Amalia Mauro a una versión preliminar de este texto, así como el apoyo
que brindó María Inés Opazo.
2
El orden de género es el sistema de relaciones económicas, sociales, políticas y cultu-
rales entre hombres y mujeres, que contiene dimensiones simbólicas, normativas y
subjetivas, las cuales configuran las prácticas sociales en los distintos espacios de la
sociedad.
CAPÍTULO I

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las formas de privación, determinadas por factores sociales y ambienta-
les, entre otros. En términos generales, la pobreza se refiere a la insatis-
facción de requerimientos universales y cuya medida es la integridad
física y psicológica de las personas. Se trata de necesidades que todos,
por compartir la condición de seres humanos, tienen el derecho a satisfa-
cer, lo que subraya la idea de que la dignidad humana está vinculada a
necesidades de carácter universal y también a la universalidad de los
derechos que la garantizan. La satisfacción de estas necesidades consti-
tuye por tanto un derecho y una meta ineludible.
Aunque se reconoce la complejidad –y relatividad– del significa-
do de pobreza y de los conceptos asociados a ella, existe acuerdo sobre
la existencia de un núcleo de privación casi absoluta, donde no es facti-
ble relativizar la situación ni someterla a comparaciones. Es la pobreza
extrema, una de cuyas manifestaciones más agudas es la insuficiencia
alimenticia. En América Latina, para muchas personas la pobreza signi-
fica tener hambre y estar desnutrido o mal alimentado. Estas no dispo-
nen de los medios necesarios para conseguir los alimentos que requieren
sus familias, sea porque carecen de ingresos o porque éstos son tan bajos
que no permiten satisfacer adecuadamente esta necesidad.
Las necesidades humanas se extienden más allá del sostenimien-
to de las condiciones indispensables para vivir –de tipo biológico–, y
están estructuradas a partir del elenco de valores que en cada cultura
determina qué constituye una necesidad. Es, por consiguiente, un con-
cepto definido socialmente, que varía en diferentes contextos geográfi-
cos e históricos y define el umbral de lo que cada sociedad considera una
vida digna (Salles, 1997). En otros términos, la pobreza es susceptible
de abordarse también como un fenómeno social.
Como el bienestar no está determinado únicamente por el consu-
mo e incluye también elementos no materiales, la pobreza es más amplia
que la mera falta de ingresos. De esta constatación deriva la necesidad
de enfocar el fenómeno más allá de su dimensión económica y de reco-
nocer su carácter multidimensional, donde se incorporan aspectos
atinentes a la participación social y realización de derechos, incluyendo
las nociones de seguridad, justicia y ciudadanía. Tales elementos están
presentes en los principales enfoques vigentes sobre la pobreza.
Desde la perspectiva del enfoque centrado en la vulnerabilidad,
se enfatiza el carácter dinámico de la pobreza y se intenta identificar la

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ubicación relativa de las personas en la sociedad, según su grado de ac-
ceso y control sobre los activos económicos y sociales (tales como el
trabajo, tierra, capital humano y social, recursos productivos y relacio-
nes al interior del hogar) y su capacidad de utilización de estos recursos
para cambiar su situación (Moser, 1996).
Con la óptica del enfoque de la exclusión social, en cambio, se
analizan los aspectos materiales y no materiales de la pobreza, resaltan-
do los diferentes procesos por los cuales las personas caen en la pobreza
o pueden superarla. Aquí se examinan tanto los aspectos distributivos
(variaciones en el ingreso, la riqueza y el consumo) como de relaciones
(patrones de empleo, participación social, derechos) de las desventajas
sociales.
Bajo el prisma del enfoque de los derechos se proporciona un
marco más amplio para entender la pobreza como una situación de pri-
vación relativa, que va más allá de los ingresos, y se expresa en la falta
de capacidades, derechos y autonomía de las personas para participar
plenamente en la sociedad.
Un factor común a estos tres enfoques es la importancia que otor-
gan a la desigualdad tanto en la distribución de los bienes sociales como
en el acceso y control de los recursos monetarios y no monetarios –segu-
ridad, oportunidades, ejercicio de derechos y ciudadanía.
La desigualdad social se construye a través de un proceso com-
plejo, que ocurre en los niveles discursivo, normativo, social y subjetivo
de la realidad. Las prácticas discriminatorias son una de las formas como
se manifiesta la desigualdad. Tienen su origen en una visión particular
del mundo y de una determinada organización social, que excluye a otras
personas por su pertenencia a ciertos grupos sociales, sin que necesaria-
mente se trate de actos conscientes de exclusión. El género, raza, etnia y
clase social constituyen la piedra angular de sistemas de dominación que
están interconectados y conducen a formas de opresión que operan en
forma simultánea y se potencian entre sí.
Las desigualdades de género se manifiestan en una pauta generali-
zada de desigualdad entre las mujeres y los hombres, en todas las socieda-
des contemporáneas, en materias sociales, económicas, políticas y cultu-
rales. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desa-
rrollo (PNUD, 2002), no existe en la actualidad ninguna sociedad donde
las mujeres dispongan de las mismas oportunidades que los hombres.

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El análisis de la pobreza desde una dimensión de género debe
partir de la premisa de que ésta opera en distintos niveles, en los que se
producen y reproducen relaciones sociales y se generan mecanismos de
transmisión generacional del estatus de pobre. Al nivel social, la posi-
ción de las mujeres está influida por los patrones de discriminación en su
contra en el mercado de trabajo y en los espacios políticos. En el peldaño
de la comunidad, las normas de género determinan los roles y responsa-
bilidades que asumen las personas. Con el creciente traspaso de las fun-
ciones del Estado a la sociedad, las mujeres han debido aumentar las
tareas ligadas al cuidado de la familia. En el estadio del hogar, las rela-
ciones desiguales de poder entre los géneros tienden a reforzar la pobre-
za relativa de las mujeres (Bradshaw, 2002). Incorporar la dimensión de
género al análisis de la pobreza implica asumir que la posición social de
la mujer es desigual y la experiencia femenina de la pobreza puede ser
diferente y más aguda que la de los hombres debido a las formas de
exclusión y discriminación por sexo.
Las desigualdades de género, socialmente construidas, se expre-
san tanto en la asignación de identidades y actividades, como en la sepa-
ración de los ámbitos de acción a los que corresponde una designación
diferente de valor simbólico, donde lo masculino cobra preeminencia
sobre lo femenino. De esta valoración superior de la dimensión masculi-
na se deriva un acceso desigual al poder y a los recursos, que determina
jerarquías en las relaciones sociales entre hombres y mujeres.
Cuando se ignoran los determinantes de las relaciones de género,
las políticas de combate a la pobreza tienden a reproducir las desigual-
dades vigentes. Por tanto, para que las mujeres logren superar la pobreza
no basta con aumentar su grado de escolaridad y mejorar su inserción
laboral (Barquet, 1997). De la misma forma, y a pesar de la importancia
que reviste promover en todos los ámbitos la igualdad de derechos entre
hombres y mujeres (y los cambios legislativos necesarios para asegurar-
los), también es insuficiente para abatir la pobreza femenina. Además,
es necesario reinterpretar, socialmente, los elementos simbólicos que
atribuyen un significado inferior a las tareas femeninas y al trabajo rea-
lizado por las mujeres, buscando superar la segregación de género en los
mercados laborales, así como la dicotomía y jerarquización con que se
estructura la división sexual del trabajo en la sociedad y su relación
con el control de la sexualidad y la reproducción. De lo anterior se

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desprende que las soluciones integrales a la pobreza requieren la adop-
ción de una perspectiva de género y, en particular, del empoderamiento
de las mujeres.
Los procesos que ocurren en el mercado de trabajo están íntima-
mente vinculados a la pobreza y contribuyen a explicar la intensidad y
las características que ésta adopta, así como las razones por las cuales
tiende a concentrarse en determinados grupos. El empleo debe constituir
un eje de toda política que busca abatir la pobreza, ya que su ausencia es
un factor determinante para caer y permanecer en esta condición, y su
presencia un elemento decisivo para lograr salir de ésta. El fenómeno de
la pobreza se encuentra directamente vinculado con la subutilización de
la mano de obra ocasionada por el desempleo y subempleo, la existencia
de empleos con bajos salarios, el acceso desigual a los puestos de trabajo
y la “inactividad”
3
en que permanecen amplios grupos, especialmente
de mujeres.
4
Tal como señalan el Director General de la OIT en su Memoria
presentada a la 91 Conferencia Internacional del Trabajo, Superar la
pobreza mediante el trabajo (OIT, 2003a), y otro informe conocido en
esta misma reunión, La hora de la igualdad en el trabajo (OIT, 2003b),
existe una estrecha relación entre los fenómenos de la pobreza, discrimi-
nación y falta de empleos suficientes y de buena calidad. El programa de
trabajo decente que promueve la OIT proporciona un marco para enfren-
tar exitosamente el desafío de lograr crecimiento económico y, al mismo
tiempo, generar empleos productivos en condiciones de equidad, seguri-
dad y dignidad. Para esto, sostiene que es indispensable enfrentar la dis-
criminación en el trabajo por motivos tales como el sexo, el origen so-
cial, raza o etnia en las estrategias de lucha contra la pobreza. El aumen-
to de los puestos de trabajo, productividad y salarios de los pobres son
3
Desde una perspectiva de género, se propone una nueva definición del concepto de
trabajo, que integre y reconozca las estrechas interrelaciones entre el trabajo mercan-
til (donde se ubica la población económicamente activa) y el trabajo doméstico (don-
de se encuentra la población “inactiva”), que permanece altamente invisible y cuyo
aporte económico no es calculado.
4
Para un análisis exhaustivo de la situación de empleo y pobreza de las mujeres en los
países del Cono Sur véase Marinakis (1999), y sobre los países andinos, Chacaltana y
García (1999).

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condiciones necesarias para combatir la pobreza, que requieren del cre-
cimiento económico, pero que no son garantizadas por éste (OIT, 2003b).
Este artículo se propone contribuir al debate sobre cómo las
desigualdades de género inciden en la pobreza de las mujeres, y los fac-
tores que las políticas de empleo y combate contra la pobreza deben
incorporar para evitar reproducir las inequidades entre hombres y muje-
res. Está dividido en cuatro secciones, incluyendo esta introducción, y
un anexo estadístico. A continuación se examinan la magnitud y evolu-
ción de la pobreza, así como los factores de género que inciden en este
fenómeno y el aporte de las mujeres a su superación, así como las difi-
cultades que enfrentan en el mercado de trabajo. Posteriormente, en la
tercera sección se examinan los desafíos y contenidos de las políticas
públicas desde una perspectiva de género. El texto culmina en su cuarta
sección con una reflexión sobre la importancia del empleo en una estra-
tegia de combate a la pobreza femenina.
B.
FACTORES DE GÉNERO Y POBREZA
1.
Características y evolución de la pobreza
en América Latina
Por su envergadura, severidad y las características que presenta,
la pobreza es uno de los problemas más graves que enfrenta la región. A
fines de la década de los noventa, se estimaba que la pobreza, medida a
través del ingreso per cápita de los hogares,
5
afectaba a unos 211 millo-
nes de personas en América Latina, equivalentes al 44% de la población
total.
5
El “método del ingreso” está basado en el cálculo de las líneas de pobreza que repre-
sentan el monto de ingreso que permite a cada hogar satisfacer las necesidades esen-
ciales de sus miembros. La línea de pobreza constituye la estimación de los recursos
requeridos para cubrir las necesidades alimentarias y no alimentarias de los hogares.
La línea de indigencia se estima a partir del costo de una canasta básica de alimentos
que permite cubrir las necesidades nutricionales de la población. La línea de pobreza
se calcula aplicando el coeficiente de Engel al costo de la canasta básica de alimentos
(con los cambios en los precios relativos) y sumando este valor al valor de la línea de
indigencia.

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21
D
ESIGUALDAD
DE
GÉNERO
Y
POBREZA
EN
A
MÉRICA
L
ATINA
Durante los años noventa el porcentaje global de población en
condición de pobreza en la región disminuyó. Sin perjuicio de lo ante-
rior, el número absoluto de pobres creció en 11 millones.
6
Uno de los
factores que ha permitido frenar el aumento de la pobreza en América
Latina es el fuerte incremento en la participación laboral de las mujeres,
especialmente de aquellas provenientes de hogares pobres, las cuales
encabezaron la tasa de expansión de la fuerza de trabajo femenina. Sus
aportes permitieron a un número significativo de hogares mejorar su ni-
vel de vida (Abramo y Valenzuela, 2001). Pero el alto nivel de concen-
tración de la riqueza se ha mantenido relativamente rígido y los frutos
del crecimiento económico no han sido distribuidos de forma equitati-
va.
7
La región continúa siendo una de las más inequitativas del mundo, a
pesar de la relativa recuperación del crecimiento económico y el aumen-
to del gasto social registrado en el decenio pasado. Este patrón no pre-
senta signos que permitan suponer variaciones positivas en el corto y
mediano plazo.
El grado de pobreza en términos de ingresos absolutos es deter-
minado tanto por el nivel de ingreso per cápita como por la distribución
de dichos ingresos. Entre más amplia sea la desigualdad, existe mayor
probabilidad de que los deciles inferiores de ingresos, los más pobres,
reciban remuneraciones insuficientes para la reproducción de los indivi-
duos o de los hogares que integran, cuando el ingreso promedio del país
es bajo. El nivel de pobreza es indirectamente proporcional al nivel me-
dio de ingreso por persona y directamente proporcional al grado de des-
igualdad en la distribución del ingreso. Así, por ejemplo, dos países con
rangos de ingresos per cápita similares pueden tener niveles diferentes
de pobreza, siendo ésta menor en aquel cuya distribución del ingreso es
más equitativa.
6
El porcentaje de hogares pobres disminuyó en América Latina entre 1990 y 1999 des-
de el 41.0% al 35.3%. La proporción de población pobre se redujo desde el 48.3% al
43.8% en el mismo período. A su vez, la tasa de indigencia cayó desde el 22.5% en
1990 al 18.5% de la población en 1999, con lo que se redujo el número de pobres
extremos en 4 millones.
7
De acuerdo con la CEPAL (2002), de 14 países de la región en los que se analizó la
distribución del ingreso entre 1990 y 1999, ésta mejoró en 2 (Honduras y Uruguay), se
estancó en otros 2 (Guatemala y Panamá) y empeoró en el resto.

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M
UJERES
, P
OBREZA
Y
M
ERCADO
DE
T
RABAJO
. A
RGENTINA
Y
P
ARAGUAY
A pesar que no existe una relación lineal entre el nivel de pobreza
y la distribución del ingreso medida a través del coeficiente de Gini,
8
se
observa una clara tendencia según la cual los países con elevada pobreza
presentan una distribución del ingreso muy inequitativa, mientras aque-
llos con baja pobreza son menos desiguales. De esta manera, la mayoría
de los países que según el cuadro 1 integran el grupo de mayor pobreza
tienen también altos niveles de desigualdad (Bolivia, Colombia, Guate-
mala, Honduras, Nicaragua y Paraguay). Por el contrario, entre los paí-
ses con baja pobreza se encuentran aquellos con los menores niveles de
desigualdad en la distribución del ingreso (Uruguay y Costa Rica). Las
principales excepciones se observan en Brasil, que tiene un nivel de po-
breza intermedio y una distribución del ingreso muy regresiva; en Chile,
con poca extensión de la pobreza y alta desigualdad, y en Venezuela, con
una pobreza bastante pronunciada y relativamente baja desigualdad (véase
gráfico 1).
Gráfico 1
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