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POBREZA Y DESIGUALDAD DE GÉNERO
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POBREZA Y DESIGUALDAD DE GÉNERO
UNA PROPUESTA PARA EL DISEÑO DE INDICADORES
R
OSA
B
RAVO
CEPAL

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ÍNDICE
RESUMEN
I. LA POBREZA Y LAS MUJERES
II. LOS DETERMINANTES DE LA POBREZA RELATIVA DE
LAS MUJERES POR RAZONES DE GENERO
1. La dimensión estructural de la pobreza relativa de las mujeres
2. Los determinantes intermedios de la pobreza de género
3. Las dimensiones de resultados de la pobreza de género
III. LA POBREZA DE LAS MUJERES MAS POBRES
1. La pobreza de las niñas y las jóvenes
2. La pobreza de las mujeres mayores
3. La pobreza de las mujeres rurales
4. Las mujeres jefas de hogar
IV. CONCLUSIONES
BIBLIOGRAFIA
CUADROS
1. Ingresos según fuentes y sexo de los perceptores 1996
2. Niños y jóvenes que no asisten a establecimientos educacionales. 1996
3. Fuerza de trabajo y remuneraciones medias por ramas de actividad económica
y sexo 1996
4. Fuerza de trabajo y remuneraciones medias por ocupaciones y sexo 1996
5. Relación entre ingresos de mujeres y hombres según rama y años de estudio 1996
6. Relación entre ingresos de mujeres y hombres según ocupación y años de estudio 1996
7. Acceso de las cónyuges inactivas al sistema provisional de salud
8. Acceso de las cónyuges activas al sistema provisional de salud

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RESUMEN
Los estudios y mediciones comúnmente realizados sobre pobreza, sólo permiten dar cuenta de la
población total y por sexo, y por lo tanto de la población femenina que viven en hogares pobres. La
comprensión de la pobreza relativa de las mujeres por razones de género requiere incorporar categorías
de análisis que den cuenta de los factores estructurales o determinantes de la situación de la mujer. De
esta forma se considera que la división sexual del trabajo que caracteriza a las sociedades occidentales y
en particular a la chilena, está en la base de la desigualdad de oportunidades que tienen las personas de
distinto sexo para acceder a los recursos materiales y sociales –propiedad del capital productivo, trabajo
remunerado, educación, capacitación–, así como a participar en la toma de las principales decisiones
políticas, económicas y sociales que norman el funcionamiento de una sociedad.
Los indicadores propuestos para el nivel estructural corresponden a aquellos que permiten
visibilizar los aportes que las mujeres hacen en trabajo no remunerado a la producción nacional. Tienen
una connotación especialmente ideológica desde el momento que cuestionan las categorías económicas
convencionales en cuanto al concepto de trabajo, ampliando sus límites para incorporar al trabajo
doméstico como un trabajo socialmente necesario. Así, la fuerza de trabajo requerida para alcanzar una
determinada producción nacional corresponde a la suma del trabajo remunerado más el trabajo doméstico
no remunerado. Por otra parte, es posible realizar estimaciones sobre el valor de mercado del trabajo
doméstico, las que permiten dar cuenta de la magnitud relativa del aporte gratuito que las mujeres hacen
a la producción nacional.
Se distingue un segundo nivel explicativo de la pobreza de las mujeres por razones de género,
definido como determinante intermedio. Los indicadores que permiten caracterizar este nivel explicativo
se enmarcan dentro de las áreas: oportunidades para acceder a la propiedad de la tierra y del capital
productivo, oportunidades para desarrollar su capital humano, a través del acceso a la educación y a la
capacitación, oportunidades para acceder al trabajo remunerado y oportunidades para participar en la
toma de decisiones estratégicas en los ámbitos político, económico y social.
En un tercer nivel, se incluyen indicadores considerados como resultado de los factores
estructurales e intermedios. Estos se agrupan en diferentes áreas consideradas significativas para el
estudio de la pobreza relativa de las mujeres por razones de género. También se calculan los niveles de
los indicadores seleccionados para el año 1996, utilizando como fuente la Encuesta CASEN de ese año.
Entre ellas, la capacidad de independencia económica, medida por la proporción que del total de ingresos
generados por la economía reciben las mujeres, pudiendo señalarse que en 1996 las mujeres recibieron el
26.5% del total de los ingresos provenientes del trabajo y de la propiedad. Otras áreas seleccionadas se
relacionan con las oportunidades de educación en los niveles básico, medio y técnico profesional; las
oportunidades laborales y de acceso a los ingresos del trabajo; la vulnerabilidad a la violencia física; las
posibilidades de compartir la maternidad y las características de los hogares en que viven las mujeres.
Por último se identifican cuatro sectores de mujeres especialmente afectados, tanto por la pobreza
de género, como por la pobreza absoluta derivada de su inserción en hogares pobres. Entre ellos, las
niñas y jóvenes, las mujeres mayores, las mujeres rurales y las jefas de hogar. Para cada uno de ellos se
definen indicadores que podrían ser considerados en el diseño de políticas y programas orientados a
mejorar sus condiciones de vida desde una perspectiva social amplia que incluya sus necesidades
específicas de género.

Page 4
I.
LA POBREZA Y LAS MUJERES. ALGUNAS PRECISIONES CONCEPTUALES
Existen diferentes enfoques conceptuales para definir y medir la pobreza. El, enfoque
comúnmente utilizado corresponde al de la pobreza absoluta o método del ingreso
1
. De acuerdo con este
enfoque, son pobres todas las personas que viven en hogares cuyos ingresos en un momento del tiempo
no son suficientes para adquirir una canasta de bienes y servicios que permita satisfacer las necesidades
de subsistencia de todos sus miembros.
A pesar del gran aporte que las mediciones de la pobreza absoluta han significado para la mejor
identificación del fenómeno y para el diseño de políticas, este enfoque no da cuenta de aspectos de la
realidad social de las personas que resultan fundamentales para la comprensión de la pobreza de las
mujeres por razones de género.
Para acercarse a dicha comprensión es necesario incorporar los factores culturales que definen
diferentes papeles sociales a las personas dependiendo de su sexo. Es decir, se amplía la concepción de
pobreza que incorpora los aspectos materiales hacia otras dimensiones, las socioculturales y políticas, las
que a su vez se consideran estrechamente relacionadas entre si
2
. Es posible que el ingreso de una familia
sea suficiente para satisfacer las necesidades de subsistencia promedio de sus miembros, y que
simultáneamente el acceso de todos o de algunos de ellos a la educación, a la salud, al trabajo
remunerado, u otra área de necesidades se de en condiciones muy desiguales.
Incorporar la dimensión de género al análisis de la pobreza significa reconocer que existen
diferencias y desigualdades entre los miembros de la sociedad y por lo tanto de los integrantes de un
hogar, determinadas por su sexo y edad. Dichas desigualdades se manifiestan fundamentalmente en los
aportes en ingreso y en trabajo que ellos realizan y en el acceso al consumo de los bienes y servicios
disponibles en el hogar. En otros términos, se cuestiona la homogeneidad de los miembros del hogar
implícita en el enfoque de la pobreza absoluta.
Extendemos el concepto de hogar al de unidad doméstica, al considerar no sólo la función de
consumo que se realiza gracias al ingreso monetario sino también el trabajo doméstico que se realiza al
interior del hogar, considerado como un recurso indispensable para la reproducción cotidiana de sus
miembros. De esta forma, se considera que las principales fuentes de recursos de los hogares son los
ingresos provenientes del trabajo y del capital, los servicios sociales gratuitos suministrados por el estado
y los bienes y los servicios que se producen al interior de los hogares (alimentación, limpieza, cuidado de
niños y enfermos, etc.) que no tienen valor monetario porque no se transan en el mercado.
Otro aspecto del enfoque de la pobreza absoluta se vincula con la identificación de los pobres por
su situación en un momento del tiempo, en particular por el monto del ingreso familiar obtenido en el
período considerado. El enfoque de género incorpora el concepto de vulnerabilidad, entendida como la
inseguridad del bienestar de los individuos, los hogares o las comunidades ante cambios económicos,
políticos, sociales o ecológicos. La vulnerabilidad está estrechamente relacionada con la posesión de
activos, tanto materiales como intangibles: mano de obra, capital humano, activos productivos y
vivienda, relaciones familiares y capital social
3
.
1
Este es el método corrientemente utilizado por la CEPAL para el cálculo de la pobreza en distintos países de América Latina. Al respecto,
véase, por ejemplo, Panorama Social de América Latina, edición 1997 y, Evolución reciente de la pobreza en Chile, diciembre de 1997.
2
Carine Clert utiliza el concepto de exclusión social, planteando que en la determinación del bienestar de las personas influyen esas diferentes
dimensiones. En Clert Carine, Pobreza, Género y Exclusión Social en Chile, SERNAM, Documento de Trabajo N 29.
3
El concepto de vulnerabilidad es desarrollado por Caroline Moser en “Situaciones Críticas. Reacción de los hogares de cuatro comunidades
urbanas pobres ante la vulnerabilidad y la pobreza. Banco Mundial 1996.

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Teniendo en consideración las precisiones conceptuales anteriores, se desarrolla una metodología
para establecer las relaciones entre las mujeres como categoría social y la pobreza, y definir los
indicadores
4
que permitan dar cuenta de dichas relaciones. Para ello se definen dos niveles explicativos o
determinantes y un nivel de las consecuencias o de resultado.
Debido a que el objetivo de este trabajo es diseñar un conjunto de indicadores que permitan
mostrar las distintas dimensiones de la pobreza de las mujeres, los indicadores seleccionados se sitúan en
el campo del diagnóstico. Para algunos de ellos se incluyen mediciones, a modo de ilustración, para un
solo momento en el tiempo. Desde un punto de vista , la construcción de indicadores requiere de series
estadísticas temporales y homogéneas de las variables que se quiere relacionar, que permitan su
comparación en el tiempo.
Cuando se consideran los distintos niveles explicativos de la pobreza de género y se construyen los
indicadores pertinentes, resulta más clara la necesidad de definir políticas que apunten a esos niveles para
obtener resultados más efectivos. Así, cuando se aplican políticas sólo al nivel de la dimensión que
hemos denominado de resultado, las políticas de alivio o superación de la pobreza por ejemplo, es
altamente probable que sus resultados se diluyen al no tener presente los aspectos estructurales
determinantes de la pobreza de género.
II.
LOS DETERMINANTES DE LA POBREZA RELATIVA DE LAS MUJERES
POR RAZONES DE GENERO
Para incorporar los aspectos específicos de la situación de las mujeres como actores sociales en la
definición y medición de la pobreza, se incluyen diversas dimensiones explicativas.
1.
La dimensión estructural de la pobreza relativa de las mujeres
La división sexual del trabajo, que asigna a las mujeres el espacio reproductivo (privado) y a los
hombres el espacio productivo (público), es considerada determinante estructural de la situación de
pobreza de las mujeres en relación a los hombres.
5
Dicha división del trabajo por sexos está en la base de la desigualdad de oportunidades que tienen
las personas de distinto sexo para acceder a los recursos materiales y sociales (propiedad del capital
productivo, trabajo remunerado, educación y capacitación) así como a participar en la toma de las
principales decisiones políticas, económicas y sociales que norman el funcionamiento de una sociedad
nacional.
La división sexual del trabajo asignada socialmente a las personas de acuerdo con su sexo no tiene
sólo efecto materiales concretos en el tipo de trabajos en que se responsabiliza cada género, sino que
también tiene un importante efecto en la construcción de la identidad de género, entendida como lo que
socialmente se espera que sean las conductas, los valores, las expectativas de las personas de distinto
sexo, las que a su vez son asumidas como pautas propias y naturales. La consideración de esta dimensión
biosicosocial reviste gran importancia para el diseño de las políticas de género orientadas a igualar las
oportunidades de las personas.
4
Debe tenerse presente que el indicador es una medida que se construye para dar respuesta a una pregunta. Las preguntas tienen una
connotación conceptual vinculada con la posición teórica sustentada por el investigador. De allí la necesidad de especificar un marco
conceptual que guie la selección de indicadores.
5
Según Jeanine Anderson (Feminización de la Pobreza), la distinta incidencia de la pobreza en los dos géneros parecería ser un resultado de
los distintos roles y posiciones de mujeres y hombres en la sociedad. Plantea que debe considerarse el impacto no fortuito, con sesgo de
género, de las causas de la pobreza, sean cuales fueren los contextos específicos locales, regionales y nacionales.

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A pesar de los notables avances logrados en la situación social de las mujeres, las pautas
tradicionales en cuanto a la asignación de tareas a los géneros no han variado significativamente. Es
posible verificar empíricamente que la gran masa de trabajo reproductivo (medida en número de personas
que realizan el trabajo de los quehaceres del hogar, cuidado infantil, de la salud, etc.) continua siendo
realizada por las mujeres y la gran masa de trabajo productivo (medido en cantidad de ocupados) es
realizado por los hombres, con un aporte creciente de las mujeres, pero en condiciones segregadas.
Los avances logrados en materia de igualdad entre los géneros llevan a reconocer que las mujeres
deben acceder a participar en el mundo público en condiciones de igualdad. Sin embargo, lo que no se
reconoce explícitamente es que esa igualdad de oportunidades pasa por superar las restricciones que le
impone a la mujer la división sexual del trabajo, por la cual continua siendo responsable del trabajo
doméstico, y de la cual se derivan otra serie de situaciones que la mantienen en una posición de
subordinación social.
Así, una primera dimensión estructural de la pobreza relativa de las mujeres es la realización de un
trabajo al cual dedican una gran cantidad de horas, que es indispensable para la reproducción de la
sociedad, y que no es remunerado. Trabajan muchas horas al día sin remuneración.
6
La alta participación de las mujeres en el trabajo doméstico no remunerado (no visible), las toma
invisibles como actores, como sujetos del desarrollo. Por ello, sólo cuando se reconoce el trabajo
doméstico como un trabajo socialmente necesario es posible rescatar a las mujeres como sujetos del
desarrollo y objeto de políticas.
La asignación del trabajo doméstico, del cuidado de los hijos y de los restantes trabajos sin
remuneración que realizan las mujeres al interior del hogar se asocia con los “contratos implícitos” que
se establecen en las relaciones sociales. Dichos contratos engloban las demandas que uno de los
miembros de la relación puede hacer del otro de acuerdo con los activos sociales de que dispone. Las
mujeres intervienen en contratos implícitos que cubren necesidades específicas de su género.
De allí que la dependencia económica de la mujer, derivada de la división sexual del trabajo, se
asocia con relaciones de poder, de intercambio asimétricas entre los miembros de la pareja. Dicha
asimetría se basa en que el intercambio incluye, por una parte aspectos económicos (el ingreso del
hombre como proveedor) y por lo tanto visibles y medibles y, por la otra, aspectos no económicos, el
aporte de la mujer en trabajo doméstico que no tiene valor económico por lo que no puede entrar en el
intercambio en condiciones de igualdad. A su vez, las pautas tradicionales de relación entre los géneros,
basadas en el papel económico que juega el hombre, incluyen otros aspectos como la obediencia que la
mujer debe observar al marido, el honor, los privilegios sexuales exclusivos, todos ello componentes no
cuantificables y que por lo tanto pueden no tener límites.
Otra dimensión estructural asociada a la situación de la mujer es su papel único y no
intercambiable en la reproducción biológica de la sociedad. Por tratarse de una función biológica
privativa de las mujeres, no se podría hablar estrictamente de relaciones de género. Pero, esa función
biológica sólo puede entenderse como una función social y por lo tanto su comprensión requiere
incorporar el análisis de las categorías de maternidad, paternidad y responsabilidad social. A pesar de
ello, a partir del papel biológico que juegan las mujeres en la procreación, la cultura tiende a
6
Además del trabajo no remunerado que realizan las mujeres en la esfera doméstica del hogar, es posible incluir otras formas de trabajo no
pagado que hacen las mujeres:
el “trabajo de parentesco” (Di Leonardo, 1984) se refiere a los roles de las mujeres en mantener fuertes vínculos de solidaridad entre
los miembros de la familia extendida, tanto con su propia familia como la de su pareja.
el “trabajo comunal” es otra área donde las mujeres hacen una fuerte inversión de tiempo y energía. Moser (1991) sugiere que se
incorpore la categoría de trabajo de desarrollo comunal a las categorías de trabajo productivo y reproductivo para describir cabalmente
la gama de trabajos que realizan las mujeres.

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identificarlas como responsables únicas de dicho proceso. Una manifestación de ello son los esfuerzos
especiales que se hacen para involucrar a los padres, acusando conceptos como el de paternidad
responsable. Por otra parte, en las rupturas de pareja con hijos, la mayoría de los padres no consideran
como responsabilidad fundamental mantener a sus hijos, por lo cual las madres deben acudir a la justicia
(juicios de alimentos).
Dentro de esta dimensión es fundamental tratar el tema de los derechos reproductivos, el acceso a
la planificación familiar y los aspectos culturales que rigen la relación entre los géneros en materia de
sexualidad y procreación en distintos contextos sociales. Todos estos aspectos se conjugan para
determinar una fecundidad más elevada que la deseada por las mujeres, en especial en los sectores pobres
urbanos y rurales.
INDICADORES DE POBREZA DE NIVEL ESTRUCTURAL
Los indicadores de la pobreza de género a nivel estructural corresponden a aquellos que permiten
visibilizar los aportes que las mujeres hacen en trabajo no remunerado a la producción nacional. Tienen
una connotación especialmente ideológica desde el momento que cuestionan las categorías económicas
convencionales en cuanto al concepto de trabajo, ampliando sus límites para incorporar al trabajo
doméstico, el cual cumple con las características de un trabajo, pero se diferencia en que no se remunera.
Los indicadores propuestos y calculados a modo de ejemplo corresponden a un sólo año, 1996.
Debe tenerse en cuenta que para que los indicadores resulten útiles deben ser calculados para un período
de tiempo lo suficientemente largo que permita realizar análisis y extraer conclusiones sobre el
significado de sus tendencias.
a)
División sexual del trabajo
Distribución por sexo del trabajo total, según tipo de trabajo: mercantil + doméstico, medida por la
cantidad de personas que lo realizan.
Hombres Mujeres
Total
Trabajadores remunerados
3 676 114
1 935 781
5 611 895
(ocupados + desocupados)
Distribución porcentual
67
33
100
Trabajadores domésticos
0*
2 158 139
2 158 139
(quehaceres del hogar)
Distribución porcentual
0
100
100
Total trabajadores
3 676 114
4 093 920
7 770 034
Distribución porcentual
48
52
100
Fuente: CASEN 1996
* La encuesta utilizada no registra hombres. Según la encuesta de empleo del INE, en el trimestre
octubre-diciembre de 1996, 58 mil hombres declararon los quehaceres del hogar como su actividad
principal. De todos modos este monto es muy poco significativo en términos porcentuales.
Los datos utilizados muestran que:
Para lograr la producción total del país en 1996 se necesitó alrededor de 7.8 millones de
trabajadores, aportando los hombres con el 48% y las mujeres con el 52% del total de las
necesidades de trabajo.

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Los hombres realizaron el 67% de la producción mercantil y no dedicaron ningún esfuerzo,
según esta encuesta, al trabajo doméstico. Las mujeres realizaron el 100% de la producción
doméstica y el 33 % de la producción mercantil.
Debe hacerse notar que las trabajadoras remuneradas (y probablemente los hombres) también
dedicaron una cantidad de horas a la producción doméstica, por lo cual la medida de trabajo doméstico
está subvaluada. Por otra parte, es probable que otros inactivos, como las estudiantes de los estratos más
pobres, también realizaron trabajo doméstico. Esta consideración es particularmente importante cuando
estas medidas se calculan en el tiempo, ya que la participación creciente de las mujeres en el trabajo
remunerado podría llevar a concluir que disminuye la cantidad de trabajo doméstico, en circunstancias
que es posible una tendencia hacia el incremento de las horas dedicadas por las mujeres en ambos
trabajos. Además, el aumento del ingreso familiar por la incorporación de la mujer al trabajo
remunerado permita sustituir trabajo doméstico comprando más bienes y servicios en el mercado (comida
preparada, servicios de lavandería, etc.).
b) Aporte gratuito que hacen las mujeres a la producción nacional:
Para medir con precisión la cantidad y el valor del trabajo doméstico, es necesario medir el tiempo
dedicado al trabajo (doméstico y remunerado) por los distintos miembros del hogar. Existen
instrumentos especiales (encuestas) que se han aplicado con estos fines especialmente en países
desarrollados como Canadá. Se trata de las encuestas de uso del tiempo o calidad de vida que miden el
tiempo dedicado por las personas que integran la unidad doméstica al trabajo remunerado, al trabajo no
remunerado (trabajo doméstico) y al ocio y la recreación.
La información que puede suministrar una encuesta de tal naturaleza resulta de gran interés para el
estudio de una serie de dimensiones sociales y muy especialmente para los estudios de género. Entre
ellos, permite realizar estimaciones del valor del trabajo doméstico no remunerado que se realiza al
interior de los hogares y relacionarlo por ejemplo con el PIB, teniendo una medida del aporte gratuito
que realizan las mujeres a la producción nacional, dimensión fundamental de la pobreza de género.
7
Como no se dispone del instrumento metodológico que permite hacer una estimación confiable del
valor del trabajo doméstico, a modo de ejemplo ilustrativo, se hace una estimación muy simple, basada
en: el número de personas que declararon “quehaceres del hogar” como su actividad principal; una
estimación del trabajo doméstico realizado por las trabajadoras remuneradas; y el monto de las
remuneraciones medias anuales recibidas por los trabajadores en servicios personales.
Con los datos para 1996:
a. Remuneraciones medias anuales (trabajadores en servicios personales)
:
1 761 240
(Fuente: INE)
b. Número de trabajadores en el área doméstica (miembros del hogar)
:
2 158 139
(Fuente: CASEN 1996)
c. Trabajo doméstico de trabajadoras remuneradas
:
645 290
(equivalente a 1/3 de las trabajadoras remuneradas)
d. Total trabajadoras en el área doméstica
:
2 803 429
(b +c)
e. Valor del trabajo doméstico (millones de pesos de 1996)
:
4 937 548
(a * d)
f. PIB a precios de mercado (millones de pesos de 1996)
:
29 644 547
(Fuente: Banco Central)
g. % Valor trabajo doméstico / PIIB
:
16.7
(e/f * 100)
7
A pesar de los avances experimentados por los estudios de género en Chile, no se dispone de un instrumento de esta naturaleza.

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Las estimaciones anteriores permiten mostrar que:
Por cada 100 pesos de producto (mercantil), las mujeres aportan gratuitamente 17 pesos de
producción doméstica.
c) La reproducción biológica como responsabilidad individual de las mujeres
Con la liberalización de las pautas de sexualidad entre los jóvenes se ha puesto en mayor evidencia
los valores asociados con la procreación que mantienen a la mujer como la mayor responsable dentro de
la pareja reproductora.
Un indicador de este hecho es la cantidad de niños que nacen bajo la condición de ilegitimidad.
En 1993, según el INE, (Mujeres y Hombres en Chile, Cifras y Realidades 1995), el 53% de los
nacimientos con número de orden 1 fueron ilegítimos.
Otro indicador corresponde a los juicios de alimentos que deben iniciar las madres contra los
padres de sus hijos comunes cuando se producen rupturas de pareja.
d) La subordinación de la mujer en el plano de la sexualidad y la procreación
Un indicador de esta dimensión es la actitud de los hombres hacia que sus cónyuges usen
anticonceptivos y la utilización que las mujeres hacen efectivamente de ellos. (La utilización de
anticonceptivos masculinos es poco habitual).
Otra medida en esta área es el número de hijos que las mujeres deseaban tener versus el número de
hijos tenidos. Los resultados de las encuestas de fecundidad realizadas en distintos países de América
Latina muestran en todos los casos que el número de hijos deseados por las mujeres, especialmente las de
estratos pobres, es muy inferior a los hijos nacidos vivos tenidos. A pesar de la utilidad de estas
encuestas que permiten analizar los temas de sexualidad y procreación, en Chile no se realizan.
2.
Los determinantes intermedios de la pobreza de género
La división del trabajo por sexos que asigna a las mujeres el espacio doméstico, determina la
desigualdad en las oportunidades que ellas tienen para acceder a los recursos materiales y sociales
(propiedad del capital productivo, trabajo remunerado, educación y capacitación) así como a participar
en la toma de las principales decisiones políticas, económicas y sociales que norman el funcionamiento
de la sociedad tanto en el plano nacional como internacional, decisiones que por lo tanto afectan sus
condiciones de vida.
La falta de oportunidades para acceder a dichos recursos determina que los activos materiales,
sociales y culturales de las mujeres sean relativamente más escasos, lo que las coloca en situación de
mayor riesgo de pobreza.
8
Utilizando estas categorías en nuestro análisis se puede plantear que por razones de género las
mujeres poseen diferentes carteras de activos económicos, sociales y culturales que los hombres, lo que
las coloca en situación de riego de pobreza.
8
Los activos sociales se refieren a todos los ingresos, bienes y servicios a los que tiene acceso un individuo a través de sus vínculos sociales.
Estos pueden ser vínculos con miembros de la unidad doméstica, parientes, vecinos, amigos, compañeros de labores, patrones, clientes. Los
activos culturales son la educación formal y el conocimiento cultural que permiten a un individuo desenvolverse satisfactoriamente en un
entorno humano.

Page 10
Los indicadores que permiten caracterizar la pobreza en este nivel explicativo intermedio, se
relacionan con:
a) Oportunidades para acceder a la propiedad de la tierra y del capital productivo
Indicadores:
Distribución de la propiedad agrícola por sexo y tamaño de las explotaciones.
Distribución por sexo de la propiedad y el control de las empresas.
b) Oportunidades para desarrollar su capital humano, a través del acceso a la
educación y a la capacitación
Los contenidos de la educación formal en los niveles prebásico, básico y medio reproducen las
pautas tradicionales sobre la relación entre los sexos. Así las niñas terminan su educación media
empapadas de esas pautas que las llevan a elegir con mayor frecuencia oficios y profesiones “femeninas”,
menos valoradas socialmente y por lo tanto peor remuneradas.
Indicadores:
Capacitación por sexo en oficios y especialidades con mayor dinamismo y más rentables,
aquellas que acompañan la modernización productiva.
Profesionales y técnicos por sexo y tipos de profesión
c) Oportunidades para acceder al trabajo remunerado
Este es limitado tanto por razones de oferta y demanda, como por las pautas culturales
tradicionales que imponen muchas veces los cónyuges a las mujeres de no permitirles trabajar, en
especial en los estratos menos educados.
Indicadores:
Tasa de participación en la actividad económica. Este indicador permite mostrar que la
participación de las mujeres en la actividad económica es menor que las de los hombres,
independiente de su nivel educativo y estado civil.
d) Oportunidades para participar en la toma de decisiones estratégicas en los
ámbitos políticos, económicos y sociales
Indicadores:
Número relativo de parlamentarias
Número relativo de gobernadoras
Número relativo de alcaldesas
Número relativo de juezas de la corte suprema
Número relativo de ministros por áreas (económica, social)
Número relativo de directivas en el Banco Central
Número relativo de directivas en bancos privados y seguros
Número relativo de directivas en grandes sociedades o grupos económicos.
A modo de ilustración de este último indicador se revisaron al azar los directorios de seis grandes
empresas, con los siguientes resultados:

Page 11
IANSA:
7 directores, todos hombres
ENTEL:
8 directores, todos hombres
SOQUIMICH:
7 directores, todos hombres
Embotelladora ANDINA:
6 directores, todos hombres
COPEC:
8 directores, todos hombres
CCU:
8 directores, 7 hombres y 1 mujer
Fuente: Superintendencia de Sociedades Anónimas
3.
Las dimensiones de resultado de la pobreza de género
Los factores estructurales e intermedios que definen la posición social de la mujer determinan una
serie de consecuencias concretas en la forma como ellas viven la pobreza de género en las esferas
económicas y sociales.
En esta sección se presentan distintas dimensiones en las que se expresa la pobreza relativa de las
mujeres por razones de género. Para cada una de ellas se definen indicadores y se calculan los valores
para aquellos que la CASEN 1996 lo permite. También se sugieren posibles fuentes de información para
aquellos que no son posibles de calcular utilizando ese instrumento.
CAPACIDAD DE INDEPENDENCIA ECONOMICA
Las mujeres por no acceder de manera igualitaria a las principales fuentes de ingreso (sueldos y
salarios, rentas de la propiedad) se constituyen como un grupo mayoritariamente dependiente, económica
y socialmente y por lo tanto vulnerable.
En la medida que su posesión de activos (económicos y sociales) es limitado, están más expuestas
al riesgo de perder los niveles de bienestar alcanzados cuando se producen rupturas de pareja u otros
acontecimientos que perjudican la situación de sus “proveedores”. A su vez la escasa posesión de activos
les limita la “capacidad de adaptación”, es decir los medios de resistencia para hacer frente a las
privaciones.
9
Indicadores:
a) Distribución de los ingresos por sexo, según fuentes y número de perceptores:
Según datos de la Encuesta CASEN 1996:
Las mujeres recibieron el 26.5% del total de ingresos generados en la economía provenientes
del trabajo y de la propiedad y eran el 33.7 % del total de perceptores.
Las mujeres perceptoras de ingresos eran el 59% del total de mujeres mayores de 15 años no
estudiantes ni jubiladas. Todos los hombres con esas características recibieron ingreso de alguna
fuente.
(Los datos para calcular estos indicadores se encuentran en el Cuadro 1 del Anexo)
9
Sen (1990) y Okin (1989) utilizan el concepto “posición de ruptura” para explicar las desigualdades en la situación de lo géneros. Se refiere
a que una ruptura de la unidad doméstica deja a las mujeres con menores capacidades, experiencia y conexión con el mercado laboral, por lo
tanto con menos posibilidades de ganar dinero.

Page 12
b) Relación de dependencia económica por sexo, medida como el número de personas
que por su edad se definen como dependientes (menores de 15 y mayores de 64) dividida por el total de
la población económicamente activa (PEA), desagregada por sexo:
Población < 15 y > 65 años: PEA =
Mujeres < 15 y > 65 años: PEA =
Hombres < 15 y > 65 años: PEA =
OPORTUNIDADES DE EDUCACION
Indicadores:
a) Acceso a la educación básica y media:
Niños en edades entre 5 y 11 años: Las oportunidades de educación de estos niños, medida como
la proporción del total de niños en esas edades que asisten a un establecimiento de enseñanza.
Los resultados muestran que las oportunidades son similares para los niños de ambos sexos, 92.8%
para los niños y 93% para las niñas. Las desigualdades para niños y niñas están marcadas por los niveles
ingresos de las familias a las cuales pertenecen.
ASISTENCIA ESCOLAR DE NIÑOS ENTRE 5 Y 11 AÑOS SEGÚN SEXO
(%)
Total Niños
Niñas
Total
92.9
92.8
93.0
Quintil 1
89.2
88.3
90.1
Quintil 2
93.4
93.9
92.8
Quintil 3
94.3
94.0
94.5
Quintil 4
94.8
95.9
93.7
Quintil 5
98.3
98.8
98.5
Fuente: CASEN 1996
La cobertura educacional para los niños entre 5 y 11 años para ambos sexos es relativamente
completa en todos los quintiles, sin embargo en la medida que estos niños sigan viviendo en hogares
relativamente pobres seguirán con alta probabilidad el comportamiento registrado en las edades 12 a 19
años, que se analiza a continuación.
Niños en edades entre 12 y 19 años
Las oportunidades de educación de estos niños, medida por la condición de actividad, es decir la
principal actividad que declaran realizar, entre las cuales estudiar es una de ellas. Utilizar esta variable
permite conocer la actividad de los que no están estudiando, que pueden ser consideradas como
obstáculos para estudiar.

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CONDICIÓN DE ACTIVIDAD DE LOS NIÑOS ENTRE 12 Y 19 AÑOS, SEGÚN QUINTILES
DE INGRESO FAMILIAR
Estudian
Trabajan
Trabajo
Enfermos,
Otros
con rem.
Doméstico
inválidos
H
M
H
M
H
M
H
M
H
M
Quintil 1
75.8 75.3
14.2
7.0
0.0
11.1
1.0
0.8
9.9
5.9
Quintil 2
76.3 78.2
16.6
6.5
0.0
8.9
0.5
0.9
6.6
5.4
Quintil 3
75.7 81.4
18.8
9.3
0.0
5.0
0.6
0.1
4.8
4.2
Quintil 4
81.4 80.4
14.2
11.7
0.0
3.4
0.2
0.3
4.5
4.2
Quintil 5
90.9 89.9
4.9
6.3
0.0
1.1
0.3
0.5
3.8
2.2
Fuente: CASEN 1996
Las oportunidades para estudiar de los niños de ambos sexos en estas edades, empiezan a estar
claramente asociadas con los ingresos de sus familias. En el quintil más pobre estudian 76 de cada 100
niños, en el más rico lo hacen 90 de cada 100.
El conjunto de niños entre 12 y 19 años de los dos quintiles más pobres que no tenían acceso a la
educación, eran 252 300, (12.5% del total de niños en esas edades), los que constituirán con alta
probabilidad los hogares más pobres en los próximos años.
Las diferencias de género se observan en las actividades de los que no están estudiando:
25 de cada 100 niñas del quintil más pobre no asiste a un establecimiento educacional. De
ellas 11 realizan trabajo doméstico como su principal actividad.
Las oportunidades de educación de los niños entre 12 y 19 años medida por la variable “razones
para no asistir a un establecimiento educacional”. Otro indicador de los obstáculos que enfrentan los
niños para asistir a un establecimiento educacional puede obtenerse de la pregunta que se realiza en la
CASEN en relación a este tema. Las opciones de esa pregunta se reclasificaron en 4 grupos “dificultades
de acceso”, “trabaja o busca trabajo”, “quehaceres del hogar y maternidad o embarazo” y “otras razones”.
Los resultados para 1996 muestran que:
Del total de niñas entre 12 y 19 años que no asisten a establecimientos educacionales, el 35%
declaró como obstáculo el trabajo doméstico y la maternidad (obstáculos de género). Para los niños
el principal obstáculo es el trabajo remunerado.
Estos indicadores se calcularon con base en la información del Cuadro 2 del Anexo.
b) Acceso a la educación técnica y profesional
Las oportunidades de los jóvenes para acceder a estudios técnicos y profesionales están claramente
marcadas por su inserción en hogares de distintos niveles de ingresos. Las diferencias entre los géneros
quedan de manifiesto cuando se analizan las razones por las cuales los jóvenes de diferente sexo no
asisten a los establecimientos educacionales. Los obstáculos para las jóvenes son en una proporción
significativa y creciente para los estratos más pobres, los trabajos domésticos, para los hombres es el
trabajo remunerado.

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Del total de mujeres jóvenes entre 20 y 24 años, un 41% declaró el trabajo doméstico como
principal obstáculo para estudiar. Esta proporción alcanza un 58% en el quintil de ingreso
familiar más bajo.
Estos indicadores se calcularon con base en la información del Cuadro 2 del Anexo.
OPORTUNIDADES LABORALES
Las oportunidades de trabajo remunerado de las mujeres deben entenderse dentro del marco del
total de
Trabajo no remunerado
El trabajo no remunerado (doméstico) es un recurso fundamental para que se realice la producción
nacional. La distribución de este trabajo entre los géneros es muy desigual.
Indicadores:
a) Tasa de participación en el trabajo doméstico, medida como la proporción de personas
que declaran realizar exclusivamente este trabajo, del total de personas en edad de trabajar.
TASAS DE PARTICIPACIÓN EN EL TRABAJO DOMÉSTICO POR SEXO Y
QUINTILES DE INGRESO FAMILIAR
Total
Hombres
Mujeres
Total
19.8
0
38.4
Quintil 1
27.7
0
53.1
Quintil 2
23.6
0
45.3
Quintil 3
19.3
0
37.9
Quintil 4
15.8
0
30.6
Quintil 5
11.0
0
21.9
Fuente: CASEN 1996
El nivel del PIB alcanzado en 1996 necesitó de una producción doméstica realizada al interior de
los hogares que determinó que 38 de cada 100 mujeres en edad de trabajar, se dedicaran exclusivamente
al trabajo doméstico. Diversas razones explican, especialmente los niveles educativos, que esta relación
sea creciente con la pobreza, mostrando un recorrido que va de 22 para el quintil más rico a 53 para el
más pobre.
Trabajo remunerado
El trabajo remunerado constituye la principal fuente de ingresos de la población en edades activas.
Por esta razón, las personas que no trabajan, ya sea porque no encuentran un trabajo (desocupados) o
porque sufren otro tipo de impedimentos, son pobres como individuos. Ello no significa necesariamente
que vivan en la pobreza, es decir, que no puedan satisfacer sus necesidades básicas de subsistencia. El
grado de satisfacción de sus necesidades materiales dependerá de los ingresos de la familia a la cual
pertenecen y en particular del ingreso de los cónyuges en el caso de las mujeres que no trabajan con
remuneración.
Acceso al trabajo remunerado. Las oportunidades de acceder al trabajo remunerado son
desiguales por género y estratos socioeconómicos

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Indicadores:
a) Tasa de participación en la actividad económica. Calculado por la proporción de
personas que trabajan o que buscan trabajo, del total de personas en edad de trabajar.
TASAS DE PARTICIPACIÓN EN EL TRABAJO REMUNERADO,
SEGÚN SEXO Y QUINTILES DE INGRESO
Total
Hombres
Mujeres
Total
50.7
69.3
33.2
Quintil 1
40.5
65.0
18.3
Quintil 2
47.0
69.6
26.4
Quintil 3
51.8
70.3
34.1
Quintil 4
55.3
70.0
41.5
Quintil 5
60.5
71.8
49.5
Fuente: Encuesta CASEN 1996.
b) Relación entre el número de mujeres que trabajan con remuneración por cada
100 hombres que trabajan según quintiles de ingreso familiar
Por cada 100 hombres que trabajan
Mujeres que trabajan:
Total
49
Quintil 1
25
Quintil 2
39
Quintil 3
48
Quintil 4
61
Quintil 5
68
Fuente: CASEN 1996.
Acceso a los trabajos. Además de la desigualdad en las oportunidades de acceder al trabajo
remunerado, la desigualdad también se expresa en las oportunidades de acceder a todos los trabajos. El
mercado de trabajo es segregado por sexo con manifestaciones que agudizan la desigualdad de las
oportunidades laborales de las mujeres. Las mujeres acceden a una gama relativamente menor de
trabajos que los hombres, a los que se asocian menores productividades y menores remuneraciones.
Indicadores:
a) Indice de segregación, construido comparando un índice de diversificación de las
ocupaciones de los hombres (IDH) con un índice de diversificación de las ocupaciones de las mujeres
(IDM).
Si Xi es la proporción del total de ocupados en la ocupación o rama i,
Hi es la proporción del total de hombres ocupados en la ocupación o rama i,
Mi es la proporción del total de mujeres ocupadas en la ocupación o rama I

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IDM =
i
i
i
X
X
M
IDM =
i
i
i
X
X
H
Cuando el índice de diversificación tiende a cero, significa que la distribución es más parecida a la
distribución promedio total, es decir, al tipo de diversificación del trabajo remunerado que requiere la
producción nacional.
El índice de segregación se obtiene de la relación entre el IDM y el IDH
Para 1996, los índices de diversificación y el nivel de segregación por ramas y por ocupaciones
fueron:
IDM
IDH
Segregación
Rama
0.60
0.31
0.60/0.31 = 2
Ocupación
0.63
0.32
0.63/0.32 = 2
Fuente: Encuesta CASEN 1996.
Cuando el valor del índice de segregación tiende a 1 significa que la segregación tiende a
desaparecer, ya que los ocupados hombres y mujeres se van distribuyendo en las ramas u ocupaciones de
manera similar a la distribución del total de ocupados correspondiente a la estructura del empleo
requerida para realizar la producción nacional. En el otro extremo, la segregación es máxima en una
situación hipotética en que todas las mujeres ocupadas se concentraran en una sola ocupación o rama,
caso en que el valor tomar un valor máximo dependiendo del grado de diversificación del total de las
ocupaciones o ramas.
b) Grado de concentración de la ocupación femenina en ramas y ocupaciones:
Con base en la información de la Encuesta CASEN 1996, se puede constatar que:
el 61 % del total de las ocupadas se concentra en 3 ramas (desagregadas a 2 dígitos de la
CIUU): servicios personales y de los hogares, servicios sociales y comunales y comercio al por
menor. Estas ramas son a su vez altamente feminizadas, 65%, 66% y 45% respectivamente y
en las cuales existe las mayores brechas de remuneraciones con los hombres que trabajan en
esas mismas ramas.
el 56% se concentra en 4 ocupaciones (desagregadas a 2 dígitos de la CIUO): trabajadoras no
calificadas en ventas y servicios; modelos, vendedoras y demostradoras; oficinistas; y
trabajadoras de los servicios. En todas estas ocupaciones las mujeres son más del 50%.
el 17% de las mujeres que trabajan con remuneración lo hacen como trabajadoras de casa
particular.
Los indicadores presentados fueron calculados utilizando la información contenida en los cuadros
3 y 4 del Anexo, basada en la encuesta CASEN 1996,
OPORTUNIDADES DE ESTABILIDAD LABORAL
Contrato de trabajo. Las relaciones contractuales que se establecen entre los trabajadores y sus
empleadores pueden considerarse como indicador del grado de vulnerabilidad que afecta a los
trabajadores asalariados.

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En 1996, 22 de cada 100 asalariados no tenían contrato de trabajo, situación que afecta en
mayor medida a las mujeres. Para ellas esta relación es 25 y para los hombres 21.
Distribución de los asalariados por sexo y tipo de contrato:
Total
Hombres Mujeres
Con contrato
76.1
77.5
73.7
- plazo indefinido
62.9
63.2
62.4
- plazo no indefinido
11.4
12.3
9.8
- no sabe 1.8 2.1 1.4
Sin contrato
22.1
20.7
24.6
Ignora
1.8
1.8
1.7
Total
100.0
100.0
100.0
Fuente: CASEN 1996
OPORTUNIDADES DE ACCEDER A LOS INGRESOS DEL TRABAJO
El desigual acceso a las oportunidades laborales que sufren las mujeres, tanto en cantidad como en
calidad, también se refleja en el acceso a los ingresos.
Indicadores:
a) Distribución de los trabajadores asalariados y de los trabajadores ndependientes
por tramos de ingresos mínimos.
Asalariados. La desigualdad o pobreza relativa que afecta a los trabajadores asalariados es aún
más aguda para las mujeres asalariadas. Con datos de la CASEN 1996:
Desigualdad global:
el 62 % del total de los asalariados gana menos de 2 sueldos mínimos y recibe el 30% del total
de los salarios.
el 7 % del total de los asalariados gana más de 6 sueldos mínimos y recibe el 30% del total de
los salarios.
Desigualdad de género:
el 59 % de los asalariados y el 67% de las asalariadas gana menos de 2 sueldos mínimos.
el 8% de los asalariadas y el 5% de las asalariadas ganan más de 6 sueldos mínimos.
Trabajadores independientes. La desigualdad en la distribución de los ingresos percibidos por
los trabajadores independientes es más moderada que para los asalariados, pero también se manifiesta
con mayor intensidad para las mujeres.
el 35.5% de los trabajadores independientes recibe menos de 2 sueldos mínimos y el 26.3 %
obtiene más de 6 sueldos mínimos.
el 31.4% de los trabajadores y el 46% de las trabajadoras reciben menos de dos sueldos
mínimos.
el 28.3% de los trabajadores y el 21% de las trabajadoras reciben más de 6 sueldos mínimos.

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b)
Remuneraciones medias según años de estudio
La pobreza relativa de las mujeres se manifiesta en que aunque éstas hayan alcanzado los mismos
niveles de escolaridad que los hombres, ganan menos. La desigualdad es creciente con la educación.
En los Cuadros 5 y 6 del Anexo se incluye información desagregada de la relación de ingresos por
sexo y años de estudio, por rama de actividad económica y ocupaciones.
RELACIÓN REMUNERACIONES