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BANCO
MUNDIAL, GÉNERO Y POBREZA
Si
nos hablaran de dos informes titulados "Igualdad de género
avanzada: del concepto a la acción" y "Hacia la
igualdad de género: el papel de la política pública",
seguramente no supondríamos que son dos documentos presentados
por el Banco Mundial a la IV Conferencia de las Naciones Unidas
sobre la Mujer, celebrada en 1995 en Beijing.
El
BM se presenta a sí mismo como defensor de los derechos de
las mujeres. En su documento La igualdad de género como llave
del desarrollo sostiene: "Corresponde al Banco promover la
igualdad de género como materia de justicia social y reforzar
la participación de la mujer en el desarrollo económico".
Estas
palabras resultan escandalosas para todas aquellas personas que
conocen el significado real de las políticas del Banco Mundial
y sus devastadores efectos sobre las poblaciones y en particular
sobre las mujeres, pero no son más que otro ejemplo de la
capacidad del poder para apropiarse de cualquier discurso alternativo
y reformularlo.
La
introducción del concepto género en el discurso del
BM es relativamente reciente. Entre los años 1950 y 1970
este organismo sólo consideraba a las mujeres en función
de su capacidad reproductiva. Más tarde las inversiones también
empezaron a tener como fin el aumento de la productividad y de la
eficiencia de las mujeres pobres. Es ya en los noventa cuando aparece
el enfoque de género.
El
Banco Mundial, cómo no podía ser menos, habla de un
enfoque de género "orientado al mercado". La defensa
retórica de la igualdad de las mujeres no tiene otro fin
que hacerlas funcionales para el incremento de la eficiencia económica
y para el avance de sus planes de desarrollo. Invertir en las mujeres
tiene, para esta institución, algunos beneficios:
"La
inversión en la mujer es esencial para reducir la pobreza.
Acelera el desarrollo económico al aumentar la productividad
y fomentar el uso más eficiente de los recursos; produce
una rentabilidad social considerable, pues mejora la supervivencia
del niño, reduce la fecundidad y reporta importantes beneficios
intergeneracionales" (1995)
Del
mismo modo que en los programas contra la pobreza, la situación
de desigualdad de las mujeres se utiliza como argumento legitimador
del despliegue de las políticas neoliberales. Ya no sólo
se asegura que desaparecerá la pobreza si se desarrollan
las políticas de libre mercado en todo el mundo, sino que
también se producirá una situación beneficiosa
para las mujeres. La ampliación de los mercados ofrecerá
más posibilidades de empleo y nuevas oportunidades.
Pero,
para alcanzar este objetivo es necesario que se produzcan reformas
estructurales. Hay que acabar con dos factores que, según
el BM, están en el origen de la pobreza: la baja productividad
de las personas asalariadas y los impedimentos de los Estados para
el desarrollo de las instituciones de libre mercado. Una de las
reformas más relevantes es la del mercado laboral.
En
el Estado Español es habitual utilizar las dificultades que
encuentran jóvenes y mujeres para encontrar empleo, como
argumento para legitimar la flexibilización y precarización
del mercado laboral. Por eso, cualquiera que se oponga a la pérdida
de derechos laborales, aparece como una persona insolidaria que
no quiere ayudar a los colectivos más desfavorecidos, que
son el supuesto objetivo de estas políticas.
Si
en el mundo occidental se están desmantelando los derechos
laborales y sociales, en los países más pobres cualquier
demanda en este sentido no sólo aparece como irracional desde
el punto de vista económico, sino como algo injusto que perpetuará
la pobreza. Y la pobreza se ceba mayoritariamente en las mujeres.
Por
lo tanto, si queremos ser personas solidarias, si queremos la igualdad
de las mujeres, no tenemos que oponernos a la globalización,
ni a las políticas del BM o del FMI porque son la única
garantía de desarrollo que tienen nuestras sociedades. Hay
que aceptar este diagnóstico y, en todo caso, intentar limar
sus aristas más afiladas.
UNA
FLORECIENTE SOCIEDAD CIVIL
El
Presidente del BM decía en una alocución ante la OIT
en 1997: "Hace 15 años 1.000 millones de personas vivían
en una economía de mercado, hoy en día son 5.000 millones
de personas (...) Gracias al sistema de mercado y a los acontecimientos
que se han producido, nos encontramos, actualmente, ante una sociedad
civil floreciente". Esta manifestación se producía
instantes después de haber afirmado: "Hay 3.000 millones
de personas que viven con menos de dos dólares por día
y 1.300 millones que viven con menos de un dólar".
Lo
que puede parecernos una sorprendente paradoja no es tal. El Presidente
del BM nos pide un acto de fe. Aunque estemos viendo que la extensión
de la economía de mercado está produciendo efectos
catastróficos en todo el mundo, debemos confiar en que si
se lleva esa política hasta sus últimas consecuencias
el milagro sucederá.
Por
eso hay que insistir en los programas de ajuste estructural, a pesar
de sus terribles efectos: incremento del desempleo y la pobreza,
caída de los salarios, degradación del medio ambiente,
deterioro la asistencia médica y expansión de enfermedades,
aumento de la mortalidad y la morbilidad, migraciones masivas...
...
Estas
políticas tienen en las personas pobres sus primeras víctimas
y son mujeres el 70% de los 1.200 millones de personas pobres en
el mundo.
Las
mujeres somos más vulnerables en el trabajo asalariado. No
sólo estamos más limitadas por las responsabilidades
familiares, sino que ocupamos los puestos más precarios,
más inseguros y con menos salario.
La
falta de ingresos y la disminución de servicios sociales
por la caída del gasto público hace que haya que incrementar
el trabajo doméstico y de cuidados, que realizamos las mujeres
casi en exclusiva.
La
invisibilización de los miles de millones de horas de trabajo
doméstico y de cuidados realizado por las mujeres en todo
el mundo, oculta que el actual sistema económico flota sobre
un inmenso volumen de trabajo no remunerado, sin el cual no sería
posible su supervivencia.
Pero
el impacto del neoliberalismo en nuestras vidas no solamente nos
afecta en el terreno económico, sino también en muchos
otros ámbitos como nuestra autonomía, nuestra sexualidad,
nuestros derechos reproductivos, nuestros cuerpos e incluso nuestros
sentimientos.
MUJERES,
ONGs Y BANCO MUNDIAL
Algunas
ONGs de mujeres critican las políticas neoliberales, pero
consideran la globalización capitalista como una tendencia
irreversible y la inclusión del enfoque de género
en el Banco Mundial cómo un éxito, a pesar de que
la evaluación de los últimos cinco años indica
que esta institución sigue sin incrementar la inversión
dirigida específicamente a las mujeres, lo que ha contribuido
a profundizar la pobreza.
Desde
estos sectores se sigue demandando al BM un aumento significativo
de los recursos y las inversiones en proyectos dirigidos a combatir
la pobreza de las mujeres, cuando son, precisamente las políticas
del propio Banco y del FMI las que la originan. Se ocultan así
las causas estructurales de la pobreza y el papel que juegan las
reformas macroeconómicas.
De
este modo, por ejemplo, favorecer la incorporación al trabajo
temporal en la agricultura de exportación, a pesar de su
precariedad, aparece como una alternativa para aquellas mujeres
que fueron expulsadas del campo por la reestructuración agrícola,
que se vieron privadas de sus medios de subsistencia y "liberadas"
para el mercado. Por otro lado, la aplicación de proyectos
de crédito destinados a mujeres rurales, en el marco de los
programas de crédito micro del BM requiere la previa desreglamentación
de las instituciones financieras y la eliminación de las
cooperativas de crédito rural, lo que genera pobreza a gran
escala.
Sin
embargo, muchas otras mujeres consideramos que la lucha feminista
no puede ser ajena a la lucha anticapitalista, porque este sistema
está íntimamente relacionado con la subordinación
de las mujeres. Pensamos que la lucha feminista implica un cambio
radical de la sociedad y no la integración de un determinado
"enfoque de género" en la lógica económica
dominante, para conseguir algunos derechos políticos o civiles.
Por eso la lucha contra la globalización económica
y contra sus instituciones también es nuestra lucha.
Sira del Río. Miembro
de la Asamblea Feminista.
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