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POBREZA Y RELACIONES DE GÉNERO EN DOS COMUNAS RURALES
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POBREZA Y RELACIONES DE GÉNERO
EN DOS COMUNAS RURALES
GRUPO DE INVESTIGACIONES AGRARIAS
PROCASUR
ROSARIO BELLO BARROS

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CAPÍTULO I
ENFOQUE CONCEPTUAL Y METODOLÓGICO
PRESENTACIÓN DEL ESTUDIO

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Este estudio busca la comprensión del problema de la pobreza rural, tanto para intentar
entender sus causas como para avanzar en la proposición de soluciones que sean coherentes y
pertinentes con la diversidad de situaciones de los hogares rurales pobres, a la vez que
sensibles a la especificidad de sus demandas. Para ello, se ha desarrollado una visión que
integra tres temas —complementarios entre sí— que son centrales para el análisis del
problema y para el diseño de propuestas que puedan enfrentarlo; estos son: la modalidad de
desarrollo, la exclusión social y las relaciones de género.
La hipótesis central de este estudio señala que los niveles de pobreza son afectados
negativamente, en primer lugar, por variables estructurales (estructura productiva
agropecuaria, activos físicos, entre otras) que inciden directamente en la capacidad de los
hogares para acceder al mercado laboral, al de productos y para producir en forma
competitiva. De una segunda importancia son las variables que sitúan el problema de la
pobreza al interior de los hogares y como un déficit de cada individuo (escolaridad, tamaño
de la familia, edad). Complementariamente, se indica que las estrategias de sobrevivencia
que los hogares privilegian son heterogéneas y covarían con el aporte monetario y de trabajo
que realizan sus integrantes en su condición de mano de obra no remunerada. Junto a ello se
postula que para algunos hogares un aumento en la productividad y eficiencia de las jornadas
de trabajo familiares incrementa su capacidad de respuesta. No obstante, en hogares
indigentes ello tiene como requisito una preinversión por parte del Estado en activos físicos
que permitan maximizar esa capacidad de respuesta.
Entre los factores estructurales asociados con el tema de la pobreza, en este estudio se
tratan factores de distribución de ingresos, de exclusión social como la falta de acceso a la
salud y a capital financiero, la ausencia de infraestructura física y servicios básicos y el
empleo en el sector informal. Y entre los factores individuales, la baja escolaridad, la
posición de género y etnia, la edad promedio, entre otros. Tanto estas como otras
asociaciones entre variables —establecidas en la literatura sobre pobreza— son analizadas en
términos conceptuales en el capítulo II y trabajadas como preguntas empíricas en el análisis
que se desarrolla en los capítulos III y IV y explicaciones sobre pobreza rural en el capítulo
V. La definición de pobreza que se utiliza en este estudio quiere dar cuenta de esta
multimensionalidad que la caracteriza.
Se entenderá por pobreza una situación de carencia arraigada en la base económica y
política de las sociedades, que experimenta transformaciones asociadas con los cambios
económicos, culturales, sociales, políticos e históricos. No es un atributo de individuos sino
un fenómeno estructural; no es elemento estático sino un fenómeno dinámico, y no es un
factor homogéneo sino altamente heterogéneo. La pobreza se caracteriza, por una parte,
como una situación en la que la población carece de los derechos necesarios para
proporcionarse un conjunto mínimo de bienes y, por la otra, como una condición de
privación que comporta desigualdad social, aislamiento, debilidad física, vulnerabilidad y

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desvalimiento, entre otras consecuencias.
1
La pobreza, por lo tanto, está íntimamente
asociada a los temas de la exclusión social y de una distribución poco equitativa del ingreso.
El enfoque de género constituye una herramienta complementaria de análisis por
medio de la cual se abordan, por un lado, las relaciones sociales que establecen los
integrantes de un hogar para asumir roles y decisiones vinculadas con los procesos de
reproducción de sus hogares y, por otro lado, el impacto de estas relaciones y formas de
división del trabajo sobre la gestión del hogar y/o el sistema productivo en virtud de las
exigencias que se les imponen para sobrevivir o reproducirse
2
En síntesis, la definición de género aquí utilizada sostiene que los integrantes de un
hogar establecen -vínculos entre ellos- para asumir labores en lo productivo (agrícola,
técnico, comercial, laboral, etc.), lo reproductivo (trabajo relacionado con las tareas
domésticas, alimentación, educación de los niños y con la gestión comunal) y la
acumulación (estrategias para generar ingresos). Por otra parte, estos vínculos y estas formas
en que se divide el trabajo tienen un impacto sobre la gestión de su sistema-hogar y sistema-
productivo (en el caso de campesinos). Es decir, la manera como una familia organiza el
trabajo y distribuye responsabilidades para asumir ciertas tareas tiene un efecto sobre la
gestión y, por tanto, sobre las respuestas que definen para satisfacer las exigencias de
reproducción que se les imponen.
El análisis diferencia, además, los niveles de vulnerabilidad a los procesos de
exclusión social y económica. Al respecto, numerosos estudios sobre pobreza señalan que en
un contexto de crecientes desigualdades, la respuesta más frecuente para mantener niveles de
ingreso-consumo, es aumentar el número de receptores de ingreso y la entrada de inactivos al
mercado del trabajo (niños, jóvenes, mujeres). Sin embargo, no todos los hogares están
igualmente equipados para desarrollar las estrategias mencionadas. Ello dependerá de la
composición por sexo y edad de sus integrantes, de la oferta laboral disponible en el sector,
del aislamiento geográfico en que se encuentren una localidad, entre otros factores.
La articulación de los temas enunciados permite una mejor comprensión del problema
de la pobreza. Esta articulación posibilita, a la vez, formular propuestas de soluciones con
estrategias diferenciadas para tres segmentos rurales: a) hogares que tienen una oportunidad
real de incrementar su productividad agrícola; b) hogares cuya estrategia se apoya en el
mercado laboral agrícola o no, y c) hogares con restricciones duras que dificultan una salida
autosostenible.
En esta línea, la creciente sofisticación en los diseños de investigación y mediciones
sobre niveles de pobreza dejan a la fecha varias preguntas sin responder: ¿Cómo se adaptan
los hogares a situaciones de pobreza y cuán efectivas son las estrategias de sobrevivencia que
adoptan? ¿Los cambios en la estructura de los hogares, en su composición demográfica
afectan los niveles de pobreza? ¿Qué factores en las comunas y en los hogares aumentan o
disminuyen las capacidades de éstos para responder a cambios en las condiciones
1
FIDA, 1995; Hommes, 1995; OIT 1996; Urmeneta, 1995.
2
Bello 1996, 1997.

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macroeconómicas? ¿El peso de la pobreza se distribuye por igual entre todos los integrantes
de un hogar? ¿Cómo perciben los pobres su situación y qué salidas privilegian?
Este estudio aborda los interrogantes enunciados. Para aproximarse a ellos, se utiliza
una metodología comparativa en dos niveles: entre comunas y regiones de un país y entre
estratos de hogares al interior de estas comunas. Esta opción metodológica permite
profundizar en los temas planteados y entender la especificidad que caracteriza a los hogares
pobres, así como el vínculo que se establece entre pobreza, exclusión social y relaciones de
género. Este análisis se realiza en dos comunas pobres del sector rural: las comunas El
Carmen (situada en la precordillera de la VIII Región) y Nueva Imperial (en la zona de
secano de la IX Región). Estas fueron seleccionadas porque se sitúan dentro de las más
pobres del país, se caracterizan por tener una proporción mayoritaria de población rural y son
representativas de los dos segmentos agroclimáticos (pre-cordillera y secano costero) donde
se encuentran preferentemente los pequeños productores.
Aún cuando no se pretende generalizar los resultados de este estudio al resto de las
comunas rurales pobres del país, es posible precisar una propuesta de soluciones que distinga
por una parte qué variables juegan un papel central en las comunas estudiadas y cuáles son
las opciones o caminos para abordar el problema de la pobreza en ellas.
En este trabajo los niveles de pobreza —o las líneas que distinguen entre pobres, no
pobres e indigentes— constituyen el punto de partida para medir niveles de inequidad
3
. No
obstante, las limitaciones encontradas en las medidas centradas en la pobreza absoluta, o
línea de pobreza, fundamentan la importancia de identificar aquellos aspectos cualitativos
que dan cuenta de la naturaleza multifacética de la pobreza.
Figura 1: Variables e indicadores del estudio
VARIABLES
INDICADORES
POBREZA RELATIVA
Brecha entre ingreso anual x hogar e ingreso requerido para pasar línea de pobreza
Brecha entre ingreso anual x hogar e ingreso promedio hogares de la región/país
VULNERABILIDAD
Tasa de hacinamiento, tasa de dependencia y de carencia educacional en jefes de hogar
Base de recursos controlados
EXCLUSIÓN SOCIAL
Índice de acceso a agua, luz, eliminación de excretas e índice de vivienda
Tasa de acceso a sistema de salud , a subsidios públicos y cesantía
ESTRATEGIAS DE
SOBREVIVENCIA
Fuentes del ingreso y tipos de respuestas
Aporte de integrantes de hogar
SOCIODEMOGRÁFICA
S
Distribución etárea, migración, escolaridad promedio del hogar, analfabetismo
Número de personas por hogar / ciclo vital
GÉNERO
División sexual del trabajo
Control sobre recursos y d ecisiones
Sobrecarga de trabajo
3
Serageldin, 1989:23

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Por ello la metodología utilizada aquí incorpora, además, un conjunto de enfoques
analíticos para enriquecer la comprensión del tema. Entre estos se incluyen: 1) análisis sobre
pobreza relativa centrado en las necesidades básicas (Streeten, 1981); 2) análisis de
vulnerabilidad e intensidad de la pobreza (Infante, 1995, Moser, 1996); 3) análisis de factores
de exclusión social (OIT, 1995; CEPAL 1998); y 4) análisis de género (Anderson, 1998,
Bello, 1996).
Complementariamente, se realizará un análisis centrado en las estrategias de
sobrevivencia de los hogares encuestados. Este análisis utiliza una metodología de
estratificación diferente y apropiada para caracterizar las respuestas que establecen los
hogares frente a los cambios en el ámbito socioeconómico y a situaciones de vulnerabilidad y
exclusión social. Una metodología similar ha sido desarrollada por Goldin y Contre (1990),
en un estudio sobre política agraria y desarrollo de la agricultura en Brasil; Adelman y Taylor
(1990), en un estudio del comportamiento de los distintos actores del sector agrícola; y
Bahamondes et al (1994), en su estudio sobre sistemas agrícolas campesinos y medio
ambiente en la IV Región de Chile. Este tipo de análisis permite observar las condiciones en
que ocurren ciertas transformaciones y cómo surgen patrones de comportamiento asociados a
los cambios en las condiciones económico-sociales y productivas en las cuales los hogares se
desenvuelven.
La estratificación que se realiza está sustentada en la relación que se establece entre
las diversas fuentes que componen el ingreso anual de un hogar, produciendo un continuo
entre hogares que dependen mayoritariamente de la venta de fuerza de trabajo y aquellos
hogares donde las relaciones productivas silvoagropecuarias adquieren un mayor peso
económico. Como resultado se obtienen cuatro estratos, como puede verse en la figura 2.
Figura 2: Método de estratificación de componentes del ingreso
4
ESTRATO 1:
Hogares cuyo ingreso originado en fuentes intra-prediales representa entre un 0 y un 24,9%
del ingreso neto total anual.
ESTRATO 2:
Hogares cuyo ingreso originado en fuentes intra-prediales representa entre un 25 y un
49,9% del ingreso neto total anual.
ESTRATO 3:
Hogares cuyo ingreso originado en fuentes intra-prediales representa entre un 50 y un
74,9% del ingreso neto total anual.
ESTRATO 4:
Hogares cuyo ingreso originado en fuentes intra-prediales representa 75% o más del ingreso
neto total anual.
Se examina la composición de la pobreza a partir de las respuestas que los hogares
pobres desarrollan para reproducirse, analizando: a) la relación que se establece entre
4
El ingreso intra-predial, está compuesto por la sumatoria del ingreso generado por venta de productos,
subproductos y ganado mayor y menor; por autoconsumo valorado y por recolección. El Ingreso extra-predial
está compuesto por el ingreso generado por subsidios y pensiones, asalarización y remesas.

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actividades agrícolas y no agrícolas del conjunto de los integrantes de un hogar por estrato
definido; b) el aporte cuantificado por edad y sexo de los integrantes del hogar como fuerza
de trabajo interna (doméstica-reproductiva) y externa (asalariada-cuenta propia), y c) el nivel
de significancia del aporte por sexo y por estrato.
El capítulo II de este estudio se centra en los aspectos conceptuales y se ha dividido
en tres secciones donde revisan y discuten los actuales enfoques referidos al tema de pobreza,
a saber, la teoría del capital humano, las teorías estructuralistas y las teorías neomarxistas. A
pesar que los cuerpos teóricos presentados no son mutuamente excluyentes desde un punto de
vista conceptual, las prioridades en términos de políticas o soluciones para superar pobreza
lo son.
El capítulo III tiene por objeto contextualizar el estudio, realizando una discusión
sobre la situación silvoagropecuaria, la intervención del Estado y su efecto sobre el sector de
pobres rurales, particularmente en las regiones estudiadas. Este capítulo se ha dividido en tres
secciones: En la primera se analiza la situación silvoagropecuaria nacional; en la segunda se
desarrolla un análisis de pobreza rural y agricultura campesina, y la tercera se centra en
aspectos metodológicos, analizando y discutiendo problemas conceptuales específicos en las
definiciones y soluciones de pobreza propuestas.
El capítulo IV se proporcionan explicaciones respecto de las estrategias que los
hogares encuestados adoptan para enfrentar condiciones socioeconómicas precarias y los
problemas relacionados con factores de exclusión social y de género. Este análisis se
desarrolla en tres secciones. En la primera se realiza una descripción de la población y los
hogares; en la segunda se analiza la situación de los ingresos, estratificando la población en
pobres, no pobres e indigentes; y en la tercera parte se realiza una estratificación diferente,
basada en las fuentes de ingreso para estudiar y explicar el tipo de respuestas que los hogares
desarrollan;
El capítulo V profundiza en las explicaciones causales sobre pobreza, preguntándose
cuáles son las variables que explican la pobreza en los hogares estudiados y si existen
diferencias significativas en las variables que explican pobreza en los distintos estratos. Para
ello se desarrollaron modelos multivariados que intentan precisar causalidad.

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CAPÍTULO II
ENFOQUES Y OPCIONES POLÍTICAS

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Desde la década de los cincuenta se ha formulado una gran diversidad de planes y programas
de desarrollo que reflejan los cambios en las posiciones teóricas, en los enfoques sobre la
política social y en los indicadores macroeconómicos en lo referente al tema de la pobreza.
Durante las décadas de los cincuenta y los sesenta predominó una visión de desarrollo
neoclásica que enfatizaba la importancia de acumular capital físico, mediante la inversión y
el ahorro interno, como fuente de crecimiento de los países. La relevancia otorgada a este
tipo de acumulación radica en que se postulaba que ésta tendería a “derramarse” y extenderse
entre los pobres.
A comienzos de los setenta, pruebas concluyentes de que el crecimiento económico
del PIB podía combinarse con desempleo, subempleo y pobreza crecientes desafiaron los
cimientos de las políticas modernistas basadas en la acumulación de capital físico.
Numerosos estudios concluyeron que el aumento de la inversión y el ahorro internos no
resultó en un aprovechamiento de la latente mano de obra excedente, sino más bien en una
distribución cada vez más desigual del ingreso y un estrangulamiento del sector agrícola,
factores que condujeron a un patrón desigual de desarrollo.
5
De hecho, en 1972, el Banco
Mundial cambia oficialmente su preocupación por el crecimiento económico a un interés más
amplio por la erradicación de la pobreza absoluta y la promoción de la “redistribución con
crecimiento”.
En la década de los ochenta, el marcado deterioro de la economía mundial,
especialmente en América Latina y África, el programa de ajuste estructural y reasignación
de recursos para mantener los equilibrios macroeconómicos, desviaron la atención hacia el
arreglo de la deuda, la estabilización y la liberalización progresiva de los mercados. Este
viraje se vinculó con el ascenso de la ideología neoliberal y con un cambio que restó
capacidad de decisión al Banco Mundial, tradicionalmente inclinado por el desarrollo, para
dársela al Fondo Monetario Internacional (FMI), tradicionalmente en favor de la
estabilización.
En los años noventa, el discurso sobre modernidad y crecimiento trae nuevamente al
foro a la teoría neoclásica, generando a su vez cambios en las concepciones del Estado y el
rol de las políticas públicas.
6
Lo anterior significó un énfasis mayor en programas que
incrementan la productividad y la eficiencia, dos de los principales objetivos de las políticas
de ajuste estructural, y una priorización sobre aquellos sectores de la economía que
dinamizan el crecimiento agregado.
Los debates sobre mujer y desarrollo o género y desarrollo no han sido ajenos a este
devenir. Durante las décadas de los cincuenta y los setenta, las propuestas para el desarrollo
con mujeres son un correlato de las propuestas suscritas por las agencias extranjeras. Es a
5
(Bruna y Silva 1990; Gacitúa y Bello 1992; Gómez y Echenique 1988; Meillasoux 1987).
6
Bonnano 1991, 1994.

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partir de la década de los ochenta cuando las corrientes feministas explicitan una propuesta
más autónoma que enriquece y critica la estrategia de desarrollo con sectores pobres del
Tercer Mundo. En forma paralela, y a nivel investigativo, surge a mediados de la década el
enfoque de género poniendo de relieve aspectos importantes referidos a la relación trabajo
productivo-reproductivo y a las diferencias de intereses, posiciones y necesidades por sexo.
En términos conceptuales, los cambios en las prioridades políticas que reflejan los
decenios analizados se sustentan en tres grandes paradigmas teóricos: la teoría del capital
humano, las teorías estructuralistas y las teorías neomarxistas.
Del mismo modo, las soluciones y prioridades que se establecen para enfrentar la
pobreza responden a estos tres cuerpos teóricos: la teoría del capital humano se centra en las
características individuales de los pobres; la teoría estructuralista lo hace en las
condicionantes estructurales: el sistema económico y el funcionamiento imperfecto de los
mercados que afectan: el tipo del empleo, disparidades salariales, desigualdades en la
distribución de la propiedad agrícola e infraestructura regional, entre otros, y la teoría
neomarxista enfatiza las variables sociopolíticas vinculadas con el sistema económico: el
libre mercado y las políticas públicas que inciden en la pobreza.
No se aprecia un total consenso sobre cuáles serían los determinantes de la pobreza ni
tampoco sobre el tipo de relación que se da entre éstas. Lo anterior, tanto desde la perspectiva
teórica de las diferentes escuelas, como desde la perspectiva de los resultados de
investigación, la coyuntura en que se analizan y el universo a que se refieren.
1. TEORÍA DEL CAPITAL HUMANO
La teoría del capital humano, y su análogo en la sociología, el funcionalismo, han
desarrollado una serie de explicaciones sobre pobreza, sustentando una asociación entre las
características de los sujetos y los ingresos que obtienen
7
e identificando el desempleo y la
pobreza como un hecho voluntario del individuo, más que un problema estructural y asociado
específicamente con la necesidad de tener tiempo libre, falta de inversión en sí mismo y/o
preferencias por consumo presente en desmedro del ahorro
8
Central en este cuerpo teórico es la idea de que la inversión que cada sujeto realiza en
educarse y capacitarse se traduce en stocks de capital acumulado que tienen un efecto directo
sobre el tipo de puesto de trabajo e ingresos que se obtienen. Por tanto, las diferencias de
ingresos se explican por el nivel de inversión en capital humano que cada individuo ha
realizado.
Diversos estudios internacionales corroboran la tesis sostenida por esta vertiente
teórica. En Latinoamérica, el estudio de siete países que realizaran Fiszbein y Psacharopoulos
(1993) sobre variables que determinan pobreza, valida la educación como la variable que
7
Becker 1971; Mincer 1970; Polacheck 1981
8
Becker, 1965, 1985; Sandell y Shapiro, 1978.

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muestra el mayor impacto sobre el ingreso y los niveles de pobreza. Es decir, a mayor
educación mayores ingresos y menor pobreza. Similarmente, en Chile un estudio de
Mideplan (1995) y otro de López (1995) recalcan la importancia de la educación sobre los
niveles de pobreza. El estudio de López utiliza diversos modelos estadísticos y controles,
encontrando que un año adicional de escolaridad reduce las probabilidades de ser pobre entre
tres y cuatro puntos porcentuales. Para el sector rural, López sostiene que la educación media
aumenta el ingreso de estos sectores en un 30% y la universitaria lo aumenta en un 140%.
Otras asociaciones establecidas por esta vertiente de pensamiento sugieren que “la
elevada tasa de natalidad o el mayor tamaño de la familia agrava la condición de pobreza”.
9
De manera similar, Moser (1998) y López (1995) establecen una asociación clara entre tasa
de dependencia y pobreza. Para López, a mayor número de población mayor de 15 años en
un hogar, menor es el nivel de pobreza. Por su parte, Moser explica que mayores tasas de
dependencia (relación entre tamaño de la familia y número de asalariados) sobre 3,0 se
corresponden con mayores niveles de pobreza.
Consiguientemente, las soluciones que establece la teoría del capital humano para
aliviar pobreza se vinculan con el aumento de la inversión en infraestructura y tecnología
educacional, la disminución progresiva del gasto social, particularmente programas y
subsidios para pobres, y con la desregulación del mercado de trabajo para eliminar
interferencias. Las políticas (laborales entre otras) que se proponen desde la teoría del capital
humano tienen un carácter eminentemente individualista en tanto depositan en cada persona
el deber y la responsabilidad de elevar sus stocks de capital a través de la educación y la
capacitación. Por lo mismo, justifican que el Estado invierta en establecimientos
educacionales (escuelas técnicas, colegios, etc.) y aumente la calidad de la educación, pero
no que focalice su inversión en otros programas sociales para el segmento más pobre de la
población.
Las críticas a las explicaciones sostenidas por capital humano son numerosas.
Tentativamente, se pueden agrupar en dos posiciones: a) aquellos que analizan variables
específicas y reinterpretan resultados (Behrman, 1990; Bowles, 1978; Figueiredo y Rogers,
1994; Strober y Arnold, 1987), y b) aquellos que desafían las recomendaciones que se
priorizan desde este enfoque (Huff-Stevenson, 1988; De Janvry, 1985a y b)
Entre los estudios revisados existe una importante crítica a la asociación que se
establece entre educación y pobreza. Behrman (1990) en sus tres estudios establece la
necesidad de incorporar al análisis otras variables de control (nivel de habilidad y la
motivación) que intermedien dicha relación con un efecto neto directo. De otro modo, según
el autor, la contribución de la educación en el alivio de la pobreza está sobrestimada.
Por su parte, Strober y Arnold (1987) demuestran en su estudio que en aquellos casos
donde las mujeres reciben salarios inferiores respecto de sus stocks de capital acumulado, las
variables que explican tal patrón están asociadas tanto a las prácticas discriminatorias por
parte de los empleadores como a la depreciación del nivel de calificación para el trabajo. Al
respecto, un factor interesante abordado en el estudio de Fiszbein y Psacharopoulos (1995) es
9
López, 1995:12-16 y Mideplan, 1995:18

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el rol que juega la discriminación por etnia y género en la determinación de quién es pobre.
Los autores encuentran que manteniendo todas las variables constantes (educación, edad,
sector económico) las trabajadoras mujeres tienen un 34% de probabilidades de pertenecer al
20% más pobre, vis a vis un 14% de los hombres en similares condiciones. Ellos citan otro
estudio en Bolivia y Guatemala donde la población indígena tiene más de un 80% de
probabilidades de pertenecer al quintil inferior al igual que los mulatos y negros en Brasil.
En esta línea ya Huff-Stevenson (1988:89) había llamado la atención sobre la
complejidad de estos argumentos de la teoría del capital humano. En su estudio se constata
que aún cuando exista una asociación estadística ente salarios inferiores de las mujeres y
participación esporádica en el mercado del trabajo, es extremadamente difícil separar la
causa del efecto. La autora denomina “simultaneidad” a este problema, lo que en términos
estadísticos significa causalidad recíproca.
Críticas importantes a las soluciones propuestas por esta vertiente, plantean que el
mercado por sí mismo no logra provocar el equilibrio o balance esperado ya que no es capaz
de regular los procesos de oferta y demanda. Para Huff-Stevenson (1990) uno de los
problemas de este marco interpretativo es que presume el funcionamiento eficiente de un
mercado no segmentado, con plena información, sin regulaciones donde cada trabajador se le
paga lo que “vale su productividad” (Huff-Stevenson 1988:91). El desequilibrio se produce
por el efecto de variables tales como relaciones de poder, posición de clase, etnia y
desinformación laboral —entre otras— sobre el tipo de trabajo al que se accede y el monto
de salario que se gana. Este hecho es confirmado en los estudios de Figueiredo y Rogers
(1994) al analizar la conformación del mercado de trabajo, donde establecen una asociación
causal y central entre pobreza y empleos irregulares, inseguros y mal pagados.
Respecto de la reducción del gasto social, la crítica a este modelo plantea que
transforma un problema estructural en uno individual y deja en manos del pobre la solución a
su pobreza, no considerando las restricciones de acceso a recursos, activos y las dinámicas de
exclusión social que los caracterizan.
10
Por ejemplo con respecto a la educación varios
estudios consideran que aunque el segmento más pobre quiera capacitarse, no tiene recursos
para acceder a los niveles de calificación deseados y, en segundo término, que la educación
no entrega un seguro suficiente para mantener a las personas fuera de la pobreza.
11
2. TEORÍAS ESTRUCTURALISTAS
A pesar de las distintas vertientes contenidas en este marco teórico, los estructuralistas
concuerdan en que su análisis debe centrarse en aquellas variables estructurales o del sistema
que son las que explican diferencias entre hogares, entre tipos de pobreza, entre formas de
empleo y disparidades salariales. En oposición a la tesis de la teoría del capital humano, los
10
Urmeneta, 1995.
11
Beauliee, 1988; Lyson, 1985, 1989; Wimberley y Bello, 1993)

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estructuralistas concluyen que las diferencias entre hogares pobres, entre trabajadores, no son
atribuibles a sus características individuales (etnia, género, educación) porque son un efecto
del contexto en que se insertan y, en este sentido, son creadas. Esta vertiente enfatiza un
análisis sobre la estructura económica y la organización social que constriñe y afecta
directamente el tipo de opciones de trabajo, productivas, etcétera.
12
Variables importantes de este enfoque, que predicen desigualdades en salarios y
puestos de trabajo, son aquellas asociadas a factores estructurales que operan por el lado de la
demanda y vinculados con: a) la economía informal (Hodson, 1978; Hodson y Kaufman,
1982; Horan, 1978); b) el tamaño de las empresas o industrias y el nivel de burocracia
(Bielby y Baron, 1986; Hodson y England, 1986), y c) la organización interna del lugar de
trabajo (división del trabajo por sexo y tipo de trabajo) (Coverman, 1988; Glenn y Feldberg,
1977; Kanter, 1977).
Desde este enfoque, son los empleadores quienes determinan cómo se organiza el
trabajo, cómo operan la división del trabajo y los mecanismos de control a través de los
cuales los trabajadores son evaluados, dirigidos, recompensados y promovidos. Las
diferencias, por tanto, radican en los arreglos estructurales que operan por el lado de la
demanda (empleos irregulares, inseguros, mal pagados) y no pueden ser comprendidas
cabalmente en referencia a las características individuales de los sujetos trabajadores.
13
Dos
conclusiones importantes se pueden extraer al respecto: a) Las diferencias por sexo se
explican básicamente por el sistema de estratificación predominante y que se expresa en
oportunidades de empleo.
14
b) La demanda por trabajos específicos (por ejemplo, empleo
netamente femenino o infantil) y el grado con que oportunidades similares se abren a
hombres y mujeres son el resultado de las características y formas de organización de la
economía y de las preferencias por ciertos grupos de trabajadores.
15
En esta línea, varios estudios sobre políticas para enfrentar la pobreza y el desempleo
señalan que como resultado del desarrollo desigual de la producción y los cambios en el
proceso productivo, se ha incrementado la demanda por trabajo en ciertos estratos de la
población. La desregulación del mercado del trabajo, y las consecuentes flexibilización,
informalización y subcontratación, ha hecho que los niños, por ejemplo, sean “más
atractivos” para los empleadores. Ellos representan una mano de obra más barata y menos
conflictiva que la de mano de obra adulta
16
. Los salarios bajos en grupos particulares por
sexo, edad o etnia son un ejemplo de las desigualdades que genera el modelo económico. En
Chile, estudios sobre el impacto del empleo en los niveles de pobreza, señalan que un
aumento en el número de familiares ocupados hace más probable que los hogares pobres e
indigentes salgan de la pobreza, y en tal sentido sugieren la necesidad de priorizar políticas
de crecimiento del empleo
17
. Similarmente, para el caso rural, Mideplan (1995:22) indica que
12
Abrahamson y Sigelman, 1987; Bowles, 1978; Rogers y Goudy, 1981, Tomaskovic-Devey, 1987)
13
Hodge y Laslett, 1980:129
14
Kanter, 1977; Coverman 1988
15
Bielby y Baron, 1986; Bello, 1993; England, 1986.
16
Wagenmans, 1996; White, 1994 y 1996
17
Castro, 1994:110

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la falta de oportunidades ocupacionales no agrícolas permanente afecta significativamente el
ingreso.
Sin embargo, estos y otros estudios permiten concluir, como lo hacen Kalleberg y
Sorensen (1979), que la discusión más importante para analizar la economía se da entre
salarios y trabajos buenos y malos, más que entre trabajos calificados o no. Se indica que la
alta rotación en el empleo es resultado de las restricciones institucionales y de las escasas
opciones ocupacionales. Por lo tanto, cualquier política que pretenda resolver el problema del
empleo en sectores de pobreza debe centrarse en la creación de empleos buenos con salarios
equitativos, más que en la capacitación laboral
18
.
Por su parte, en el sector rural, señalan que la falta de acceso al crédito, junto con la
existencia de mercados de tierra imperfectos y la falta de tierra que afecta a los pequeños
productores campesinos, constituyen factores determinantes para sus posibilidades de
prosperar
19
. Se argumenta que la carencia de títulos de dominio impacta negativamente su
acceso al crédito y desalienta la inversión y el crecimiento productivo del predio.
20
Por
ejemplo, López (1995) señala que los agricultores sin título de dominio tienen un 15% menos
de ingreso comparados con los que sí lo tienen, porque estos últimos pueden acceder a
servicios como el crédito, posibilitando, a su vez, una mayor productividad de los factores de
producción. Complementariamente, los enfoques sobre condicionantes estructurales sugieren
que la pobreza rural está asociada con un desarrollo inadecuado de la infraestructura regional,
incluyendo la falta de caminos, sistemas de mercadeo inadecuados y la falta de
diversificación económica.
21
Las políticas señaladas prescriben la entrega de mayores recursos para expandir los
servicios de asistencia tecnológica y de extensión,
22
a la vez que se recomienda la
intervención del Estado en el mercado del crédito para aumentar la posibilidad de acceso a
éste por parte de los sectores rurales pobres, así como el desarrollo de programas de título de
dominio y, en general, asegurar la propiedad de la tierra. En cuanto a la infraestructura, se
insiste en la necesidad de elevar los gastos del Estado en infraestructura rural para áreas
pobres e impulsar programas de desarrollo orientados a las regiones pobres con incentivos
públicos que atraigan industrias y promuevan la diversificación económica.
No obstante los estructuralistas logran plantear una crítica seria a los cimientos de la
teoría del capital humano, sobre enfatizan la importancia de las características del entorno
para explicar inequidad y pobreza. De alguna manera, se subestima la influencia de aspectos
internos (tales como la motivación y percepción de los pobres respecto de su situación de
pobreza) y aspectos más ideológicos (tales como la influencia de ciertas formaciones sociales
en la definición de prioridades políticas y modos de acumulación).
18
Friedland, 1980, 1984; Portes et al., 1989
19
Brass 1986; De Janvry et al., 1995b
20
Feder, 1987; Chalamwong y Feder, 1988
21
Mosher, 1981; Wortman y Cummings, 1978
22
Biggs y Farriangton, 1991; Binswanger y Ruttan, 1978; Hayami y Ruttan, 1971

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3. TEORÍAS NEOMARXISTAS
Al abordar el tema de la pobreza, las teorías neomarxistas analizan la relación entre variables
sociopolíticas y la distribución del empleo. Investigadores de esta vertiente centran sus
estudios en la segmentación del mercado del trabajo, respondiendo fundamentalmente cómo
y por qué la actividad productiva está organizada así. Estudios de Braverman (1974),
Edwards (1979), Gordon et al (1982) y Phillips y Taylor (1980) reformulan explicaciones
sobre el desarrollo del modelo económico capitalista, los procesos de modernización y las
dinámicas de la globabilización de la economía. La hipótesis central de tales estudios es que
la división o segmentación de los mercados de trabajo persiste porque facilita la dinámica
operativa y el proceso de acumulación de las empresas e instituciones.
Investigadores de este enfoque contradicen aquellas explicaciones que plantean un
mercado regulado por la libre competencia y el juego de la oferta y la demanda. Por lo
mismo, una variable central de sus análisis es la “estructura social de acumulación”, concepto
que se refiere básicamente a aquellos arreglos sociales, políticos y de mercado necesarios
para sostener el proceso de acumulación.
23
De acuerdo con esta corriente, la creciente
desigualdad en el ingreso y la marcada polarización entre segmentos pobres y ricos son
resultado directo de las políticas de liberalismo económico, cuyos efectos sobre el empleo
son: a) desregulación del mercado de trabajo
24
; b) desprotección del mercado laboral; c)
creciente feminización de la mano de obra para bajar costos,
25
y d) uso intensivo de las
relaciones familiares y comunitarias. Con respecto a esto último, se señala que las mujeres se
asalarizan no para expandir consumo ni acumular recursos, sino para mantener el nivel de
subsistencia básica, transformando el salario de todos los integrantes del grupo familiar en
algo suplementario. En este contexto, las presiones sobre las redes familiares son mayores en
tanto necesitan mancomunar los recursos.
26
Desde este cuerpo teórico, el Estado es definido como un actor central que afecta y
regula, por un lado, la organización del trabajo, actuando a través de mecanismos tales como
el código laboral, leyes de compensación laboral, política de contrataciones, etc.
27
y, por otro,
la organización de la producción, a través de las políticas de precios (bandas, medidas de
protección, tasas preferenciales, acuerdos de intercambio, etcétera).
28
Desde la perspectiva neomarxista se critican también aquellos planteamientos que
reducen el análisis sobre el mercado de trabajo a las prácticas discriminatorias por parte de
los empleadores. Por ejemplo, Bonacich (1976), en su estudio sobre trabajadores migrantes a
Estados Unidos, concluye que las diferencias obedecen a una estrategia para rebajar costos de
23
Gordon et al, 1982:9-10, 22-26
24
Roberts, 1990:304
25
Standing, 1985
26
Roberts, 1990
27
Block, 1980; Poulantzas, 1978
28
Goldfrank y Gómez, 1991.

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producción, la que consiste en el reemplazo de fuerza de trabajo cara por barata. De manera
similar, los estudios de Reich (1981) y de Thomas (1985) coinciden en postular que los
empleadores utilizan las diferencias étnicas como mecanismos para dividir y controlar
negociaciones en el ámbito laboral. Un planteamiento similar se expone en cuanto a la
discriminación de género. Deckard y Sherman (1974:481) plantean en su estudio que las
diferencias de sexo son usadas para dividir políticamente al hombre trabajador de la mujer
trabajadora, lo que hace más fácil el control sobre ambos.
No obstante lo anterior, se requiere que el análisis del impacto de los factores
sociopolíticos sobre las diferencias en el empleo, salario y pobreza sea complementado con
un análisis de la oferta y la demanda. De otro modo se puede caer en el error de usar
argumentos tales como el de la reserva industrial de fuerza de trabajo o el de la población
relativamente sobrante para explicar tanto la distribución desigual del ingreso y la pobreza
como procesos de cambio tecnológico y atraso. Por ejemplo, el hecho de que se use a las
mujeres como una población de reserva no explica de ninguna forma el status desventajoso
de éstas.
29
El empleo de las mujeres no puede ser explicado sin considerar el efecto de las
relaciones de género; y el modelo de acumulación no puede ser entendido cabalmente sin un
análisis de la contribución no remunerada del trabajo doméstico a la reproducción de la
fuerza de trabajo.
Tampoco se puede sostener livianamente que “la elevada tasa de natalidad o el mayor
tamaño de la familia agrava la condición de pobreza”, como lo sugieren los estudios de
López (1995:12-16) y Mideplan (1995:18). El problema básico es la distribución y acceso a
los recursos. De hecho, como ha ocurrido en Chile, el número promedio de hijos por hogares
pobres ha disminuido en los últimos diez años, y la producción de alimentos ha aumentado
tanto como ha bajado el nivel de desempleo, y, sin embargo, la gran mayoría de los pobres
sigue sin tener poder adquisitivo para pagar por su consumo o los medios necesarios para
cubrir la brecha salario-consumo. En este sentido, las políticas que se desprenden de estas
afirmaciones han sido extensamente discutidas y refutadas.
30
Crecientemente los modelos económicos vigentes no regulan ni garantizan el derecho
social básico de acceso a bienes y servicios sociales
31
. De acuerdo con Infante (1995), el
grueso de los ingresos de los pobres (70%) proviene del mercado de trabajo, mientras que el
resto está aportado por los recursos del gasto social. En esencia, la condición de pobreza e
indigencia de los hogares está estrechamente relacionada tanto a la posición vulnerable de
grupos marginales en el mercado del trabajo como a la falta de acceso de los integrantes del
hogar a los recursos del gasto social. De allí que estos grupos de pobres han tenido que
desarrollar iniciativas propias en términos de estrategias de sobrevivencia familiar y de
organización comunitaria para evitar un deterioro más profundo de su situación económica.
Por su parte, Raczynski y Romaguera (1995) señalan que los cortes en educación y salud
29
Gilligan, 1987; Harding, 1987; Joekes, 1987a, b; Smith, 1987.
30
Véase Cornia, 1990; George, 1980; Morley, 1995; Rebolledo, 1993; Wimberley y Bello, 1992
31
Hommes, 1995

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representan una reducción de la inversión y, sobre todo, una caída en los ingresos de estos
sectores.
En este sentido, diversos estudios plantean que el efecto del gasto social (expresado
en servicios e infraestructura básica) sobre la distribución del ingreso es significativo. En el
largo plazo, una mayor asignación de recursos hacia los sectores de salud, educación y
vivienda posibilita una mejor distribución del capital humano que, a su vez, incide
directamente sobre algunos factores estructurales de la distribución del ingreso.
32
Una
adecuada satisfacción de necesidades básicas y acceso a servicios públicos son condiciones
críticas para la productividad económica de los pobres en tanto permite incrementar la
eficiencia y la flexibilidad de sus estrategias así como disminuir los niveles de inseguridad y
pobreza.
33
32
BID, 1997; Rodrik, 1997; CEPAL, 1998.
33
Wimberley y Bello, 1992.

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CAPÍTULO III
POLÍTICA DE DESARROLLO AGRÍCOLA Y
DESARROLLO RURAL

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Los gobiernos latinoamericanos, y específicamente el chileno, sostienen que la meta de su
gestión es alcanzar un desarrollo equilibrado, equitativo y sostenible, con beneficios
compartidos por todos. Sin embargo, el objetivo de desarrollo se ha impulsado a través de un
crecimiento económico sustentado en una distribución desigual de las oportunidades entre
segmentos de la población, y especialmente entre grupos humanos del sector rural,
comparativamente con el sector urbano.
34
A lo anterior se suma una disparidad evidente entre
los sexos cuyo efecto sobre las mujeres pobres de sectores rurales es particularmente
deplorable.
35
Si bien los esfuerzos hechos en inversión social y económica en Chile han tenido un
impacto positivo sobre los niveles de pobreza absoluta, mostrando entre 1987 y 1996 una
baja considerable —desde un 45% a un 23%—, los avances registrados no se han traducido
en beneficios proporcionales para los hogares rurales más pobres y, dentro de estos hogares,
los encabezados por mujeres.
La evidencia indica que el proceso de ajuste y crecimiento ha coincidido con una
pérdida significativa de ingreso en el sector de pobres rurales.
36
De hecho, para el sector
rural, se ha estimado que en 1996 más de un 30% de la población vivía bajo la línea de la
pobreza. Aun cuando la pobreza se concentra en las zonas urbanas, el porcentaje de
población pobre en el sector rural era mayor en 8,8 puntos porcentuales.
37
Los niños, los jóvenes y las mujeres de sectores rurales son los segmentos más
frágiles y continúan enfrentando múltiples obstáculos para mejorar su posición, contribuir al
desarrollo y obtener ventajas de éste. Por ejemplo, el porcentaje de niños en situación de
pobreza supera con creces el promedio nacional. Las cifras indican que el 56,8% de los
menores de 15 años se concentran en los dos quintiles más pobres.
38
Del total de hogares
pobres e indigentes, según antecedentes de la CEPAL (1995:157), el 42% tenían niños que
generaban ingresos. Por otro lado, una de cada cinco jefas de hogar viven en condiciones de
pobreza, siendo el porcentaje de población femenina pobre sobre un 23% del total.
39
En Latinoamérica, y particularmente en Chile, los efectos de la globalización y el
consecuente ajuste, plasmado en las políticas de modernización, han implicado un cambio
sustancial en los objetivos de desarrollo. Para el sector rural, el modelo de desarrollo se ha
impulsado a través de un proceso de modernización centrado en aquellas regiones con
ventajas comparativas y con inversiones altísimas para aquellos productores vinculados al
34
Banco Mundial, 1995a; Valdés y Wiens, 1996.
35
Fao-Odepa-Conan, 1996; Bello,1996; Van de Walle y Nead, 1995.
36
Valdés y Wiens, 1996.
37
Mideplan, 1997a:5.
38
Mideplan, 1997b.
39
Mideplan, 1997c.

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sector agroexportador. Conjuntamente, se ha propiciado una progresiva reconversión
productiva del sector agropecuario tradicional que ha impactado diferencialmente los
distintos tipos de unidades productivas y subsectores de la agricultura.
Como resultado de lo anterior, se ha generado una profunda transformación de las
estructuras agrarias que ha agudizado la diferenciación social y productiva
40
entre tipos de
productores y regiones del país.
41
La reorganización de la producción ha agudizado las desiguales relaciones entre
capital, fuerza de trabajo y procesos de producción. Esta diferenciación, en el caso del sector
rural, desarticula los modelos tradicionales de organización de los factores de producción,
estrategias de reproducción e inserción en los mercados laboral y de productos.
42
Un efecto
visible de este proceso es la exclusión progresiva y persistente de los segmentos más pobres
del acceso a bienes y servicios, del desarrollo económico y del mercado laboral.
43
La
exclusión también se materializa con la inversión comparativamente baja en educación y
salud, y empeora con las limitaciones legales que se imponen a estos segmentos (acceso a
crédito, por ejemplo).
44
Todo esto ha determinado, a su vez, cambios en las relaciones de género y en las
estrategias de sobrevivencia de estos sectores, lo que se observa en los modos de
organización, distribución de tareas y toma de decisiones en los ámbitos de producción,
reproducción y acumulación de los hogares.
45
Un claro ejemplo de este proceso es el hecho
de que las mujeres, los jóvenes y los niños de sectores rurales han asumido una participación
cada vez mayor en el mantenimiento de la economía familiar mediante su asalarización y/o
su incorporación a procesos de producción intensiva y de gestión. La actividad laboral de
estos sectores se considera esencial para asegurar un nivel básico de sobrevivencia de sus
familias, ya sea que trabajen por salario, ayudando a empresas familiares o realizando tareas
domésticas que liberan tiempo de otros familiares adultos que pueden emplearse en forma
remunerada.
46
De lo anterior es posible concluir, como lo señala Chonchol (1990:39), que el
crecimiento económico (supuesto básico de las políticas de desarrollo y modernización) aun
cuando es una condición necesaria, no es suficiente para resolver los problemas de pobreza.
A menudo, el crecimiento económico no beneficia a los pobres; por el contrario, en
40
La diferenciación productiva alude a procesos de especialización en la producción de ciertos bienes
para exportación (por ejemplo, frutas, hortalizas, etc.). La diferenciación social alude a la división que se
produce entre productores agrícolas basada en el acceso, control y uso desigual de los recursos que manejan.
41
Adelman y Taylor, 1990; Bonnano, 1993; Chonchol, 1990; De Janvry et al., 1995a; Gacitúa y Bello,
1993.
42
Gacitúa y Bello 1993
43
Mac-Clure y Urmeneta, 1996.
44
Valdés y Wiens, 1996; White, 1996.
45
Bello 1995, 1997
46
Cepal, 1995b; Mac-Clure y Urmeneta, 1996; Moser, 1991; White, 1996.

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ocasiones agrava su situación cuando se sustenta en un mod