ma más ambiciosa en Bolivia, con la creación de la Dirección
Nacional de Asuntos de Género, y en Guatemala, con el Plan de
Equidad hacia el 2000; y en forma más específica y limitada,
como en el caso de Brasil. En Uruguay, Venezuela y Perú no
prosperaron estas iniciativas, aunque se declaran, para el caso
de Perú, algunas iniciativas aisladas. En los mismos países que
evidencian voluntad política en el tema Brasil, Paraguay, Chile
y Bolivia, cabe destacar la existencia de un Plan de Igualdad de
Oportunidades en distintas fases de diseño e implementación.
También en estos países, sumado Venezuela, existen planes ten-
dientes a combatir la discriminación de género en la educación.
Finalmente, en todos los países se destaca la existencia de polí-
ticas e instituciones específicas orientadas a la eliminación de
la violencia contra la mujer.
En el área empleo, el panorama no es muy alentador para
las mujeres latinoamericanas. Sólo Brasil, Chile y Bolivia de-
clararon tener planes que atienden a una mejor y mayor incor-
poración de la mujer en el mercado de trabajo. La tasa de em-
pleo en los países supera el 40%, con excepción de Chile. El
empleo femenino ha disminuido en Brasil (1% entre 1995 y
1996) y Venezuela (1% entre 1995 y 1998), ha aumentado en
Paraguay (3% entre 1972 y 1992), Bolivia (2% entre 1995 y
1996) y Perú (12% entre 1994 y 1996) y se ha estancado en
Guatemala, Chile y Uruguay. Las tasas de desempleo femeni-
no son altísimas en Bolivia, Chile, Venezuela y Uruguay,
superando el 14%. En el resto de los países se ubican entre el
8% y el 10%. El desempleo femenino tiende a aumentar en
todos los países.
Los datos sobre subempleo son muy escasos: los tres países
para los que disponemos de información muestran datos alar-
mantes. El subempleo alcanza al 18.9% de las mujeres en Para-
guay, al 39% de las mujeres en Uruguay y al 49.9% de las muje-
res en Perú. Sólo Paraguay declara que existen iniciativas ten-
dientes a combatir el subempleo femenino. Tampoco se decla-
ra la existencia de planes de capacitación laboral para la reinser-
ción de la mujer en el mercado de trabajo.
Las mujeres latinoamericanas siguen ganando menos del
70% de lo que gana un hombre por el mismo trabajo. Los por-
centajes de discriminación salarial se muestran en el cuadro 3.
En cuanto a la participación política de las mujeres, sigue sien-
do muy baja. La participación en el Poder Ejecutivo de las brasile-
ñas, bolivianas, venezolanas, uruguayas, peruanas y guatemalte-
cas no llega al 10% y, peor aún, en el caso de Brasil y Perú, ha
disminuido entre 1995 y 1998. Lo mismo ocurre con la partici-
pación de las mujeres en el Poder Legislativo, aunque la evolu-
ción de la participación en cámaras evidencia un aumento en el
caso de Perú, Bolivia, Paraguay y Chile (en éste último, aumentó
a nivel de Diputados, pero tuvo un leve descenso al ya muy bajo