Aunque el Banco juega un papel muy importante en el mejoramiento
de la vida de la mujer, se ha quedado a la saga de la vanguardia del pensamiento
mundial sobre asuntos de género. Es hasta mediados de los 80s que comienza a dar
importancia a esta problemática con la creación de la Unidad Mujeres en
Desarrollo (MED). Hasta 1994 el Banco publicó su primer documento de política de
género. La perspectiva MED enfatizaba el análisis de las necesidades de las
mujeres por separado de los hombres, e impulsaba programas muy específicos en
salud, educación, planificación familiar, etcétera, con un enfoque más hacia el
rol reproductivo de la mujer en la sociedad.
En años recientes y particularmente a partir de las Conferencias sobre la
Mujer de El Cairo (1994) y Beijing (1995), se cuestionó el modelo MED por no
considerar las raíces de la desigualdad entre hombres y mujeres. Esta
vinculación dio paso a que se comenzara a incluir una perspectiva de género como
eje de las discusiones "macro" en torno al desarrollo y de los asuntos "micro"
de las relaciones intrafamiliares y la distribución del ingreso. A partir de
1993, la unidad MED del Banco fue reemplazada por un equipo de Análisis de
Género y Pobreza (GAP por sus siglas en inglés) que incluye como políticas
específicas:
Desarrollo de estrategias regionales de género e incluso estrategias por
país. Formación de un Grupo Consultivo Externo sobre Género para promover el
diálogo entre las ONGs y el Banco. Integración del análisis de género en las evaluaciones participativas sobre
la pobreza y en las estrategias de asistencia para cada país. Promoción de grupos consultivos de ONGs que trabajen con las misiones
residentes en los países en la formulación de políticas a nivel nacional. México como el resto de América Latina, se encuentra muy atrás respecto a
otros países en la incorporación de la perspectiva de género en los proyectos y
programas públicos, incluyendo los financiados por el Banco Mundial. Aunque las
políticas resultan fundamentales para la reducción de la pobreza, existen pocos
lineamientos para incorporar asuntos de género en el diseño e implementación de
tales proyectos; y hasta el momento, las inversiones siguen su tendencia de
apoyar más el rol reproductivo de las mujeres como madres y cuidadoras primarias
de la familia que para fortalecer su rol como trabajadoras.
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