GÉNERO Y COMERCIO: VÍNCULOS CONCEPTUALES Y POLÍTICOS

Editado por el Grupo Informal de Trabajo sobre Género y Comercio (IWGGT) [1] para la Segunda Reunión Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Ginebra, 18 a 20 de Mayo, 1998

Resumen
Las políticas comerciales y la liberalización comercial que el mundo está sufriendo no son neutrales con respecto a los temas de género. Más bien todo lo contrario. Estas políticas están incidiendo en la pobreza de la mujer, en la carga social que soportan y en el bienestar general que disfrutan. Los gobiernos y instituciones multilaterales de comercio deberían estudiar el impacto de sus políticas comerciales en las mujeres, garantizar la seguridad alimentaria de la población, incrementar las oportunidades de capacitación de las mujeres y garantizarles el acceso a la tierra y al crédito, para , de esta manera, contribuir al desarrollo real de la sociedad.

Descriptores
Política comercial / Perspectiva de género / Mujeres / Coyuntura social / Servicios sociales / Organización Mundial del Comercio /

Introducción

A primera vista, la reducción de las barreras comerciales y de capital, y la regulación de los derechos de propiedad intelectual, establecidas por los Acuerdos de la Ronda de Uruguay y otros bloques comerciales como la Unión Europea (UE), el Tratado de Libre Comercio Norteamericano - TLC (NAFTA)- y Mercosur, parece que son neutrales con respecto a los temas de género.

¿Puede tener efectos diferentes sobre hombres y mujeres la eliminación o reducción de barreras comerciales? ¿Afecta de diferente forma a hombres y mujeres la apertura de las economías nacionales a las inversiones extranjeras? ¿Son procesos neutrales, que afectan a todos y todas por igual? Seguramente, las mujeres no tienen un especial interés en estos temas.

Estos son algunos de los temas que deberían incluirse en la agenda de la política comercial a nivel de las negociaciones bilaterales y multilaterales, a nivel regional en las negociaciones de acuerdos comerciales y a nivel de las ONGs de desarrollo, de comercio y medio-ambientales. Sin embargo, estos asuntos no se discuten. Cuando las cuestiones de género aparecen en las negociaciones sobre acuerdos comerciales, la gente te mira con extrañeza (las consideraciones de género son irrelevantes y no tienen lugar en la mesa de negociaciones comerciales).

Sin embargo, tanto las políticas de inversiones y de competencia, como las políticas macroeconómicas fiscales y monetarias, no son neutrales. Normalmente las diseñan los hombres y tienen una fuerte perspectiva masculina y, así, tienen tremendas consecuencias para el empleo de las mujeres, la pobreza de las mujeres, la carga social que soportan las mujeres y el bienestar general de las mujeres.

Partiendo de la investigación en curso sobre las relaciones entre el género y el comercio, este documento introductorio hace hincapié en algunas de las implicaciones que las políticas comerciales pueden tener en las vidas de las mujeres y presenta algunas recomendaciones sobre cómo tratar sus efectos. El documento pretende ser un punto de partida para la discusión, el debate y, esperamos, para la articulación de acciones positivas. No es concluyente ni exhaustivo, ya que el trabajo sobre género y comercio está todavía en un momento inicial, pero se presenta para promover la discusión y el debate sobre la materia.

Realidades en torno a género y comercio

Realidad 1: Las políticas comerciales y la liberalización del comercio pueden afectar la capacidad de los gobiernos de financiar el gasto social y, por consiguiente, incrementar la carga de trabajo de las mujeres.

Cuando los gobiernos eliminan o reducen los aranceles, disminuyen sus ingresos. Esta reducción de ingresos se debe compensar bien a través del incremento de los impuestos nacionales o bien reduciendo el gasto gubernamental. Cuando el gasto social disminuye, los servicios son asumidos por las economías domésticas, por las familias, y recae, por tanto, sobre las mujeres (Sen, 1996).

La división sexual del trabajo en el ámbito doméstico y en la comunidad, sigue siendo la línea divisoria fundamental entre los hombres y las mujeres.

Según el Informe de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) de 1995, en 1993 la contribución de las mujeres a la economía mundial fue de más de 11 trillones de dólares en concepto de trabajo doméstico. A este dato hay que añadir su contribución en concepto de actividades en torno a la agricultura de subsistencia, en el sector informal y el trabajo remunerado.

En la mayoría de los países de la Organización par la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) la carga de trabajo de las mujeres varía entre el 7% y el 28% más que la carga de los hombres. En la mayoría de los países menos desarrollados, esta carga de trabajo supone el 20% más que la de los hombres (especialmente en las áreas rurales). Tanto en los países industrializados como en los países en vías de desarrollo, aproximadamente dos tercios del trabajo de las mujeres no está registrado, en comparación con el tercio del trabajo de los hombres (en los países menos desarrollados el trabajo no registrado de los hombres es de un cuarto). [2]

Las mujeres son las principales responsables del cuidado y la reproducción de la sociedad. Esta contribución no es tenida en cuenta como una actividad económica. Las políticas comerciales son diseñadas bajo la premisa de que las mujeres continuarán realizando estas tareas. Cuando los gobiernos redistribuyen los recursos económicos orientándolos al sector comercial, u ofrecen ventajas fiscales y reciben menos ingresos debido a la reducción de los aranceles, normalmente se sacrifican los servicios sociales. Sin embargo, la demanda de estos servicios se mantiene constante o incluso aumenta. Así, son las mujeres las que deben asumir la provisión de estos servicios.

Si el tiempo de las mujeres se invierte en la provisión de agua y alimentos para sus familias, en el cuidado de los y las enfermas porque los servicios sanitarios no son accesibles y en el cuidado de los y las niñas porque no existen centros de día, estas mujeres se verán privadas del acceso a la educación, al desarrollo y a llevar a cabo su propia carrera profesional. Esta situación no sólo produce una ineficiencia económica, sino que también tiene un coste humano muy alto: la salud física y psicológica de las mujeres se ve afectada debido a la gran carga de trabajo que soportan, aparece la malnutrición, el estrés y tensiones a causa de los inadecuados recursos de que disponen para llevar a cabo la gestión doméstica. [3]

Implicaciones para las políticas comerciales

Las políticas comerciales no deberían ignorar el trabajo no remunerado de las mujeres en las actividades reproductivas. Así, es muy importante que el análisis de impacto de género esté presente en el diseño, la implementación y la revisión de las políticas y programas comerciales. El desarrollo social debe ser el objetivo sobre el cual giren las políticas comerciales ya que los papeles y tareas tradicionales de las mujeres, no siempre les permite beneficiarse fácilmente de las oportunidades que puede ofrecer el comercio internacional.

Realidad 2: Las actuales desigualdades de género pueden afectar negativamente los resultados de las políticas comerciales en cuanto a la promoción del desarrollo.

Como ya se ha mencionado arriba, las relaciones desiguales de género son obstáculos para que las mujeres se conviertan en productoras eficientes. Asimismo, los prejuicios existentes que producen la poca o nula educación que reciben las niñas, impiden que las mujeres se inserten en el mercado de trabajo, en el comercio y en la agricultura con la capacitación suficiente, y que puedan aprovechar las nuevas oportunidades de la exportación.

Implicaciones para las políticas comerciales

Las políticas y acuerdos comerciales tienden a reproducir el statu quo o, en el peor de los casos, a introducir nuevas formas de desigualdades. Como ha apuntado Sen (1996), "la liberalización del comercio no produce bienestar; puede producir y reproducir las desigualdades, la disparidad social y la pobreza, al mismo tiempo que incrementa la riqueza".

El papel que las mujeres pueden jugar en la sociedad es un elemento crucial en la eficiencia y la productividad de la economía. Así, los obstáculos de género deberían ser un elemento fundamental en la formulación de las políticas comerciales.

Realidad 3: Las mujeres y los hombres actúan en mercados de trabajo segmentados y desfavorables para las mujeres. La liberalización del comercio puede incrementar la segmentación del mercado de trabajo, de acuerdo a cuestiones de género.

Dentro del mercado de trabajo, las consideraciones de género continúan perpetuando la existencia de un mercado segmentado, en el que las desigualdades en las condiciones de trabajo, en la promoción y en el salario están siempre presentes.

A menudo, la expansión del comercio se basa en el trabajo de las mujeres con salarios muy bajos. Históricamente, en los países menos desarrollados, la liberalización del comercio tiende ha incrementar el trabajo de las mujeres en las industrias con trabajo intensivo como puede ser el sector electrónico y el sector textil. En los países en vías de desarrollo las industrias de producción en masa están localizadas en las Zonas Francas de Exportación (Export Processing Zones - EPZ) [4] , en las que los estándares sanitarios y de seguridad en el trabajo son muy bajos, las horas de trabajo son muy largas y las trabajadoras no tienen el derecho de afiliarse a un sindicato. Las trabajadoras están sujetas a condiciones de salud y de seguridad muy precarias, como pueden ser la exposición a productos químicos tóxicos y otros productos dañinos, así como la falta de equipamiento apropiado (ejem: ropa protectora o casco)

Además, los derechos de las trabajadoras son constantemente violados a través del acoso sexual, sumisión forzada y métodos contraceptivos. Estas prácticas son comunes en las fábricas "maquilas" de México (como ha informado grupos de Derechos Humanos como el Comité de Amércia Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer –CLADEM-). Tampoco es extraño que una mujer embarazada pierda su trabajo. Las leyes sobre salarios mínimos y otras regulaciones laborales no tienen en cuenta estos aspectos.

Implicaciones para las políticas comerciales

La liberalización del comercio puede alterar la posición de las mujeres a la hora de negociar los salarios y beneficios sociales con los empleadores (Sen 1996 y Catagay 1996). Por ejemplo, la subcontratación se ha convertido en la típica estrategia de las corporaciones multinacionales y nacionales para mantener su competitividad, ya que con ella evitan tener responsabilidades con las y los trabajadores y así, el poder de negociación de éstos disminuye. También conlleva que los salarios estén por debajo del mínimo legal (en el caso de trabajo a domicilio o en localizaciones ilegales), que no se incorpore el seguro sanitario, y no tengan derecho a subsidio de desempleo ni pensión.

La subcontratación y otras formas de flexibilidad en el trabajo hace que para las mujeres sea muy difícil organizarse. En muchos países, la afiliación de las mujeres a los sindicatos es aún más baja que la de los hombres. Si los sindicatos, cuyo liderazgo sigue en manos de los hombres, no incorporan a las trabajadoras y ponen una especial atención a estos temas, la liberalización del comercio puede aumentar aún más las desigualdades en los salarios y las precarias condiciones de trabajo en la que se encuentran las mujeres.

Realidad 4: Las mujeres y los hombres tienen condiciones de acceso diferentes a los recursos económicos: propiedad, crédito, capacitación y programas de asistencia técnica para empresas y agricultura.

Las desigualdades de género y la discriminación institucional obstaculizan el acceso de las mujeres a la tierra y el crédito, y limitan su libertad de movimiento dentro de la economía. En algunos países, las mujeres están trabajando la tierra que no es suya, que legalmente no pueden vender, comprar o heredar. Además, la obtención de préstamos necesarios para incrementar la productividad de las tierras, está dificultada por prejuicios que les impiden tener acceso a los créditos de las entidades financieras. Esto produce ineficiencia a la hora de producir alimentos y otras necesidades básicas. También salen perjudicados los sistemas de producción para la exportación, ya que las tradiciones impiden que las mujeres participen en este mercado y que tengan acceso al crédito.

Implicaciones para las políticas comerciales.

Generalmente, la inversión que se destina al mercado de trabajo y las medidas para incentivar la exportación, como el incremento de los créditos, beneficios fiscales, subsidios, etc., se dirigen a los cultivos y a las industrias en las que los hombres dominan. En pocas ocasiones estas medidas se dirigen a la mejora de los sectores en los que las mujeres participan de forma mayoritaria con el fin de que se puedan beneficiar del crecimiento económico. Como resultado, existe muy poca mejora tecnológica en el sector tradicional de la economía en el que se encuentran las mujeres, especialmente en relación a la producción de alimentos.

Las mujeres salen perjudicadas cuando las barreras comerciales se reducen ya que los bienes que producen no pueden competir con las importaciones más baratas. En algunos países, como Filipinas y Senegal, la libre entrada de productos agrícolas está amenazando los "productos tradicionales del campesinado como las cebollas, ajos y patatas" (Oliverio 1997). Las mujeres senegalesas están encontrando una dura competencia con los tomates, ajos y cebollas que vienen de la Unión Europea, muy subvencionados por los gobiernos europeos (Women Activista, Ginebra 1998)

Las políticas comerciales, que liberalizan los mercados nacionales de crédito o cambian las normativas financieras, limitan el acceso de las mujeres al crédito.

Realidad 5: Las políticas comerciales están integradas en las políticas sociales, fiscales, monetarias y laborales. Esta configuración de políticas puede reforzar el statu quo o puede tener efectos positivos o negativos para el status económico y social de las mujeres.

Dada la preponderancia de los bloques comerciales, la expansión de la OMC en el sector servicios, la inversión relacionada con el comercio y los derechos de propiedad intelectual, cada vez hay una mayor integración y subordinación de las políticas económicas y sociales nacionales a las reglas del comercio establecidas internacionalmente. Como resultado, no podemos centrarnos en el status económico y social de hombres y mujeres sólo a nivel nacional, debemos también abordar las implicaciones de género de estas políticas a nivel internacional.

Implicaciones para las políticas comerciales

Las políticas comerciales no están aisladas de otras políticas a nivel macro (como la ayuda al desarrollo, programas de ajuste estructural, políticas de inversiones, etc.). El género debe jugar un papel importante en la formulación de todas estas políticas.

La liberalización del comercio y las reglas de la OMC tienden a caracterizar como "barreras comerciales" a la mayoría de las normativas sociales y medioambientales. Así, la liberalización del comercio y las reglas de la OMC pueden provocar cambios en las legislaciones laborales y programas sociales a nivel nacional, así como producir otras normativas. Está claro que la coordinación de estos procesos tendrá un impacto directo en las obligaciones de los estados hacia la ciudadanía. Estos cambios no se limitarán tan sólo al sector empresarial, sino que también tendrán impacto en las comunidades y las instituciones sociales a nivel medio y micro. No es muy probable que esta transformación sea totalmente beneficiosa para las mujeres.

Por ejemplo, en algunos países africanos el apoyo a la exportación hará que los recursos de las actividades productivas de las mujeres se deriven al sector de la exportación. Esto incluye cambios en la propiedad y patrones de uso de las tierras, las ayudas fiscales, etc. Además, los subsidios a la exportación por parte de los países industrializados afectan negativamente a los salarios de las mujeres y a su posición en el comercio y en el empleo de los países en vías de desarrollo (Vander Stichele, 1997).

Las políticas comerciales deben ser analizadas en el contexto de otras macro-políticas, teniendo en cuenta que el objetivo de las políticas comerciales debería ser la erradicación de la pobreza y la mejora de las condiciones de vida de la ciudadanía. Por ejemplo, las políticas comerciales para los países africanos deben desarrollarse en el marco del ya existente Programa Especial para África (Special Programme for Africa - SPA), que tiene como objetivo la erradicación de la pobreza. También se debe considerar la deuda externa como un factor que limita la capacidad de los países en vías de desarrollo de participar en el proceso de la liberalización del comercio. Su capacidad de competir en el comercio global depende de en qué medida pueden mejorar la formación y capacitación de su fuerza de trabajo, llevar a cabo mejoras tecnológicas y construir la infraestructura y las redes de información necesarias para la producción y la comercialización. El peso de la deuda externa es un gran obstáculo para que estos países puedan llevar a cabo estas transformaciones. Más aún, la sangría que producen los pagos del servicio de la deuda, pone en peligro la consecución del desarrollo humano.

Conclusiones y recomendaciones

En los últimos tiempos, se dice que el desarrollo real requiere el uso pleno de todas las capacidades de mujeres y hombres en la sociedad.

Las instituciones de comercio, como la OMC, deben empezar a desarrollar bases de datos específicas con el fin de que se pueda hacer un seguimiento a lo largo del tiempo del impacto de la liberalización del comercio en aspectos específicos que afectan a las mujeres (Sen 1996).

Los gobiernos y las instituciones multilaterales de comercio, como la OMC, la UNCTAC (United Nations Conference on Trade and Comerce), así como la Organización Internacional del Trabajo (OIT), deberían:

Los gobiernos y las instituciones multilaterales de comercio y financieras deben garantizar que la liberalización del comercio no perjudica la producción de alimentos, la seguridad alimentaria y el acceso de mujeres y hombres a alimentos seguros, nutritivos y a precios razonables.

Los gobiernos y las instituciones multilaterales de comercio deben iniciar acciones contra las normativas de inmigración restrictivas y punitivas, y contra aquellas políticas que fuerzan a los inmigrantes a trabajar en el sector informal de los países de acogida y por las que son abocados a la explotación y al abuso por parte de los empleadores que se benefician de esta legislación.

Los gobiernos y las instituciones multilaterales de comercio deben garantizar que la asistencia técnica sea sensible a las cuestiones de género y que promueva la mejora de la capacitación tecnológica para mujeres y hombres.

Los gobiernos y las instituciones multilaterales de comercio deben garantizar el incremento de las oportunidades de capacitación de las mujeres (Sen 1996).

Los gobiernos y las instituciones multilaterales de comercio deben garantizar el intercambio de información y la transferencia de tecnología entre el Norte y el Sur y entre hombres y mujeres, y deben garantizar que las mujeres tengan acceso a la tierra y al crédito.

BIBLIOGRAFÍA

BAKKER, ISA. 1994. The Strategic Silence: Gender and Economic Policy. Zed

CATAGAY, NILUFER, 1996. "Gender, Trade and the WTO ", no publicado

OLIVERSO, TERESITA, 1997. "Impact of the New World Trade Regime on Peasant Women in the Philippines". Third World Resurgence, no.96.

SEN, GITA. 1996. "Gender, Markets and State: A Selected Review and Research Agenda". World Development, volumen 24, no.5 pp. 821-829

VANDER STICHELE, MYRIAM. 1997. "Gender Mapping the European Union Trade Policy" WIDE.

WILLIAMS, M. 1997. "The Roots of Trade Policy" en Vander Stichele, "Gender Mapping the European Union Trade Policy" WIDE.

WILLIAMS, M. 1996. "Trade Liberalisation Society and the Environment" The Ecumenical Review vol. 48, no.3.


[1] Son miembros del IWGGT:

[2] Informe de Desarrollo Humano 1995, también citado en el Informe de 1996, página 52.

[3] Investigadores de Bombay han encontrado que las mujeres sufren enfermedades y depresión crónicas debido a estos factores.

[4] N.T: en castellano, esta expresión se conoce comunmente como "maquilas", en referencia a las industrias de México.


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