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2 Elementos explicativos de la desigualdad en Galicia: Género, Mercado de Trabajo y Vivienda , Monografía,
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Elementos explicativos de la desigualdad en Galicia: Género, Mercado de Trabajo y
Vivienda, Monografía, Instituto de Estudios Económicos de Galicia - Pedro
Barrié de la Maza, A Coruña, en prensa, 2003
Carlos Gradín, Marisol Otero y Raquel Arévalo (Universidade de Vigo)
INTRODUCCIÓN
1. Presentación
El estudio que se presenta trata de ahondar en algunos de los elementos que
ayudan a explicar las condiciones de vida de los hogares gallegos y, en particular, la
distribución de la renta o del gasto. Si bien existe una gran variedad de aspectos
económicos, laborales, demográficos, etc. que pueden incidir de una u otra forma sobre
dichas condiciones de vida, en este libro se ha optado por desarrollar de forma
independiente dos bloques que consideramos de especial interés y a los que no se les ha
prestado suficiente atención en Galicia.
En el primero de los bloques de este libro nos acercamos al estrecho vínculo
existente entre mujer, mercado de trabajo y distribución de la renta. El propósito del
mismo es poner de manifiesto las complejas interrelaciones entre género y mercado de
trabajo, y analizar algunas de las consecuencias que la actividad económica de las
mujeres tiene para la distribución de los recursos entre el conjunto de los hogares
gallegos. Diversos estudios han abordado de forma parcial alguno de los aspectos que
aquí se tratan tal y como se describirá a lo largo de los siguientes capítulos. Sin
embargo, creemos que se produce una laguna importante a la hora de dar un tratamiento
global al papel de la actividad económica de las mujeres, especialmente en lo que se

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refiere a su inserción en el mercado de trabajo, para evaluarlo desde el punto de vista de
la equidad y de sus repercusiones sobre el conjunto de la distribución.
En el segundo bloque hemos optado por centrarnos en el acceso a uno de los
bienes más importante en el análisis de las condiciones de vida de los hogares: la
vivienda. Para ello hemos abordado los cambios que ha experimentado en los últimos
años la calidad de las viviendas principales en las que habitan los hogares gallegos, y
hemos analizado de una forma novedosa los efectos distributivos sobre la desigualdad y
la pobreza derivados del disfrute de dichas viviendas.
El presente trabajo debe entenderse como una continuación de otro estudio ya
publicado en esta misma colección, Gradín y Del Río (2001), formando parte del mismo
proyecto de investigación “LA DISTRIBUCIÓN DE LA RENTA EN GALICIA”
financiado por el Instituto de Estudios Económicos de Galicia y la Fundación Barrié de la
Maza.
En Gradín y Del Río (2001) se presentó un panorama de cómo evolucionó la
distribución de la renta en Galicia en las últimas décadas desde diferentes perspectivas,
como eran la desigualdad, la pobreza o la polarización. Como en ese estudio se
indicaba, la renta de los hogares no es más que el resultado de la agregación de los
ingresos provenientes de las diferentes fuentes correspondientes a los perceptores de
rentas. De este modo, la explicación de las causas de los cambios en la desigualdad está
íntimamente vinculada a lo sucedido tanto con las fuentes como con los perceptores de
ingresos, y como ya se avanzaba en dicho estudio, existen diferentes vías por las que
éstos pueden incidir en la distribución final.
Por un lado, los adultos que constituyen un hogar toman decisiones sobre su
participación o no en el mercado de trabajo, así como su nivel de ahorro y su potencial
inversión en diferentes activos, obteniendo un conjunto de rentas: rentas del trabajo o

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salariales (monetarias o en especie), rentas del capital en forma de dividendos, intereses,
alquileres, etc., o bien rentas mixtas procedentes del trabajo por cuenta propia. Por otro
lado, la actuación del Estado se materializará mediante la realización de transferencias
monetarias en concepto de prestaciones sociales (pensiones, subsidios, etc.) a la vez que
se exige el pago de impuestos y cotizaciones sociales. Como resultado final de la
actuación de los mercados y del sector público, los individuos tienen una “renta
disponible” que será la que finalmente dedicarán al consumo o al ahorro.
La mayor desigualdad del ingreso disponible puede producirse por diferentes
causas como, por ejemplo, el crecimiento de la dispersión en alguna de las fuentes de
renta mencionadas, la acumulación de perceptores de renta en determinados hogares, o
una creciente correlación positiva entre las diferentes fuentes de renta en los hogares. En
los estudios empíricos se señala al mercado de trabajo como principal responsable del
aumento de la desigualdad en la mayoría de los casos debido a la creciente desigualdad
salarial, si bien las causas de la misma están menos claras. Entre los posibles elementos
explicativos de la desigualdad se apuntan:
- el proceso de “desindustrialización”, debido a la mayor dispersión salarial en el
sector servicios,
- los crecientes premios a la educación y a la experiencia,
- la mayor incorporación de la mujer en el mercado de trabajo,
- la incorporación masiva al mercado de los jóvenes provenientes de la
generación del baby-boom,
- los cambios institucionales como la caída en el grado de sindicalización o en el
salario mínimo, la mayor descentralización de la fijación de salarios,...
También fuera del mercado de trabajo existen elementos a los que se ha
apuntado como potenciales responsables:

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- las mayores tasas de retorno de las rentas de capital, junto con su creciente
correlación con las rentas de trabajo,
- los cambios en los programas de transferencias públicas y las reformas
regresivas en los sistemas fiscales,
- los cambios en los comportamientos sociales como el incremento en el número
de hogares monoparentales sustentados por una mujer y con varios dependientes.
En Gradín y Del Río (2001) se resaltan algunos de los elementos que
contribuyen a la explicación de los niveles de desigualdad y pobreza en Galicia y su
evolución temporal. Entre los mismos destaca la importancia crucial de los factores
socioeconómicos, en especial el nivel educativo del sustentador principal y el modo de
inserción de los hogares en el mercado de trabajo. Este último se refiere tanto al hecho
de que el sustentador principal esté ocupado o no, como a la existencia de otros
perceptores de rentas adicionales que complementen los ingresos del hogar. Ya en un
segundo plano existen aspectos demográficos, como el envejecimiento de la población,
que tienen gran relevancia, mientras que destaca el hecho de que los factores
geográficos parecen perder importancia con el tiempo.
Otra manera de abordar las condiciones de vida de los hogares es a través del
gasto que realizan éstos en lugar de centrar la discusión en sus ingresos. Esta vía ya fue
utilizada también en el estudio descrito, donde se destacó que muchos autores consideran
que el consumo (gasto) corriente es un indicador más preciso de la posición a largo plazo
del hogar que los ingresos corrientes en cuanto mitiga sus posibles fenómenos transitorios.
Así, parece haber cierto consenso, al menos en el ámbito teórico, en que las decisiones
anuales de consumo guardan una relación más estable con la renta permanente, de la que
existe entre ésta y los ingresos, ya que éstos se ven más influidos por el momento del ciclo
vital en el que nos encontramos y están más contaminados por los componentes

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transitorios. El gasto, sin embargo, también tiene sus desventajas ya que está condicionado
por los hábitos de consumo y por el ambiente en el que está inmerso el hogar, lo que hace
que no siempre podamos afirmar que un bajo nivel de consumo esté asociado
necesariamente a una escasez de medios, lo cual supone un problema añadido a tener en
cuenta. Este aspecto puede afectar de modo especial a las personas de mayor edad que
tradicionalmente se han caracterizado por pautas de consumo más austeras. Finalmente, es
habitual que una mejor calidad de los datos sobre gasto disponibles – menos infravalorados
que los ingresos - decante a muchos investigadores por el empleo de esta variable.
Del mismo modo que ocurre con los ingresos, los gastos se descomponen en
diferentes elementos, pudiendo cada uno de ellos jugar un papel diferente en la
distribución final. A continuación presentamos en más detalle los contenidos del
presente estudio.
2. Plan del libro
Los siguientes capítulos están dedicados a abordar de forma separada los
distintos aspectos que queremos destacar separados en dos bloques. El primero, referido
al estudio de la mujer, mercado de trabajo y distribución de la renta incluye tres
capítulos que abordan secuencialmente el análisis de la participación laboral femenina y
sus factores explicativos, la existencia de segregación ocupacional, las diferencias
salariales y discriminación, y los efectos de la contribución económica de las mujeres
sobre la distribución de la renta. Estos capítulos tienen una estructura interna muy
similar. Se inician con una motivación del asunto a tratar, así como de su
conceptualización cuando es preciso, se describe lo que se conoce sobre la evidencia
internacional o española y finalmente se aborda el problema en Galicia. El segundo
bloque se dedica al estudio de la calidad de la vivienda y sus efectos distributivos de

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forma separada en dos capítulos. Cada uno de ellos contiene apéndices con tablas que,
por facilitar la lectura, no han sido incluidas en el texto principal.
En cuanto a la metodología empleada en el análisis, cuando es preciso se
introducen en cada uno de los capítulos los elementos específicos que se consideran
necesarios. Para hacer la lectura del Capítulo 2 más ágil, los detalles técnicos se relegan
a un apéndice al final del mismo. Algo similar ocurre con el Capítulo 3 con un apéndice
referido a la obtención del índice de discriminación y al Capítulo 5, donde un apéndice
aborda los detalles de la Metodología del Análisis de Correspondencias Múltiples
(ACM) empleada para sintetizar en un índice las características básicas de las viviendas.
En la medida de lo posible se ha tratado de mantener la misma metodología
sobre aspectos de la distribución de la renta ya tratados en Gradín y Del Río (2001) para
aumentar la complementariedad de este estudio con aquél. Esto concierne a la variable
del ingreso monetario ajustado de los hogares o individuos en el primer bloque, así
como del gasto monetario en el segundo bloque. También lo es la construcción de las
variables socioeconómicas de los hogares, fuentes de información, etc. Las referencias
bibliográficas han sido incluidas todas en un apartado final tras un apéndice que recoge
los principales índices de desigualdad y pobreza, por ser éstos de utilidad para diversos
capítulos.
Se ha tratado en lo posible de preservar también las mismas fuentes de datos que
en Gradín y Del Río (2001). Por ello se emplearán como fuentes de información básicas
acerca de los ingresos de los hogares y de sus características la Enquisa sobre as
Condicións de Vida das Familias (ECVF) del Instituto Galego de Estatística (IGE)
correspondientes al año 1999 y las Encuestas de Presupuestos Familiares del Instituto
Nacional de Estadística (INE) correspondientes a los años 1973-74 (en este caso sólo
cuando resulta de utilidad), 1980-81 y 1990-91. Dada la naturaleza del presente trabajo

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ha sido preciso recurrir de forma complementaria a otras fuentes de información para
abordar el análisis del mercado laboral gallego. Así, la Encuesta de Población Activa
(EPA) del INE para diferentes años proporciona una valiosa información acerca de las
características de los individuos y su vinculación con la actividad laboral. Para discutir
la existencia de diferencias salariales por género recurriremos a la Encuesta de
Estructura Salarial de 1995 y a la Encuesta de salarios de la Industria y los Servicios
del 2000, ambas también publicadas por el INE.
A continuación, exponemos con más detalle los diferentes aspectos que serán
abordados en el estudio, y adelantamos algunos de los principales resultados del mismo
a modo de conclusiones. También exponemos algunas de las reflexiones que, a nuestro
entender, se derivan de dichos resultados para el diseño de políticas con intención de
abordar el problema de género en el mercado de trabajo en Galicia, así como la calidad
de la vivienda de los hogares.
3. Mujer, mercado de trabajo y distribución de la renta
En este primer bloque pretendemos profundizar en el modo de inserción de los
hogares en el mercado de trabajo y lo haremos desde una perspectiva de género por ser
un elemento que se ha manifestado como crucial para entender las transformaciones del
mercado laboral en las últimas décadas y como factor determinante de los niveles de
discriminación y segregación que persisten en el mismo. Trataremos por ello de arrojar
un poco de luz sobre algunos aspectos de crucial interés a los que consideramos que se
les ha prestado escasa atención en Galicia. Nuestra intención es realizar un primer
acercamiento a estos temas, sin descartar una mayor atención en el futuro.
Debe tenerse en cuenta que el hecho de que en este trabajo nos centremos en el
papel de la inserción laboral de la mujer no significa menoscabo alguno a la
contribución que las mujeres realizan al sostenimiento de los hogares a través del

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trabajo doméstico no remunerado. No pretendemos en ningún momento considerar que
la actividad remunerada tenga más valor que la que no lo es. Lo que hacemos es
constatar que en las sociedades desarrolladas a medida que se incrementan las
oportunidades para las mujeres, éstas optan por participar de forma masiva en el
mercado laboral, entrando en un abanico cada vez mayor de profesiones. Y que a la vez,
los hombres acaban asumiendo su parte de responsabilidad en el trabajo doméstico. Esto
nos lleva a pensar que la especialización de la mujer en el trabajo doméstico es fruto de
barreras económicas, sociales o culturales más que de una opción de carácter voluntario.
De ahí, el interés en analizar la inserción laboral de la mujer y sus consecuencias desde
la perspectiva de la equidad y la distribución de la renta.
La necesidad de acotar el estudio nos ha llevado a ignorar que la participación
más activa de la mujer en el mercado laboral debe tener su contrapartida en una
redistribución de tareas y de la utilización del tiempo en el ámbito doméstico. Este
aspecto, sin embargo, no será abordado en el presente estudio, aunque representa una
importante línea de investigación en la literatura económica actual, dado que afecta de
forma notoria a las condiciones de vida de las mujeres que trabajan fuera del hogar.
En una primera parte del bloque analizaremos el mercado laboral desde la
perspectiva del género, un aspecto que además de sus connotaciones acerca de la
equidad, incide de manera destacable sobre el número y la importancia económica de
los perceptores de renta en los hogares, hecho que como ya vimos sobresale por su
relevancia en la explicación de la distribución de la renta. Tradicionalmente, la mujer ha
tendido a especializarse en el trabajo doméstico, situándose tan sólo en un segundo
plano en el mercado de trabajo formal. En este contexto histórico, Galicia constituye un
caso atípico dentro de España por presentar una mayor participación femenina en el
mercado laboral pero, aún así, su tasa de actividad es baja en comparación con otros

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países desarrollados y dependen en gran medida de un sector primario en claro proceso
de reconversión y en retroceso en el conjunto de la economía gallega.
En esta parte estudiaremos los elementos que inciden sobre la participación
femenina en el mercado de trabajo o, desde otra perspectiva, las barreras que frenan
dicha participación. Se analizará el modo en que las mujeres se insertan en el mercado,
atendiendo a la existencia de segregación ocupacional, cuando tienden a concentrarse en
un conjunto restringido de actividades con el consiguiente deterioro de sus
oportunidades si esto se hace de forma involuntaria. También prestaremos atención a la
existencia de discriminación salarial que conduce a que la mujer obtenga del mercado
una peor retribución de sus características que la que obtiene el hombre, siendo un
elemento fundamental a la hora de explicar la brecha salarial que se observa por sexos.
Ambos elementos, tanto la segregación como la discriminación salarial actúan en
perjuicio de la posición económica y valoración social de la mujer, por lo que tiene
claras consecuencias distributivas. Esto deteriora las condiciones de vida de los hogares
que dependen de las mujeres en mayor medida, especialmente, en el caso de los
denominados hogares monoparentales, formados por una mujer con hijos a su cargo. Es
fácil entender que la incidencia de la pobreza y la exclusión social en estos hogares se
agrava de forma notable.
El origen de esta situación radica, en primer lugar, en las dificultades que tienen
las mujeres para acceder al mercado de trabajo. En segundo lugar, porque, en caso de
intentar incorporarse al mercado de trabajo, la mujer se enfrenta a tasas de desempleo
más elevadas que el hombre. En tercer lugar, porque aún en el caso de encontrar
empleo, la mujer también padece un grave problema de segregación que le obstaculiza
el acceso a determinados empleos. Y, en cuarto lugar, porque incluso dentro de empleos

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similares y con dotaciones parecidas de capital humano, como educación y experiencia,
está demostrado que el hombre y la mujer obtienen salarios diferentes.
Una vez analizada la inserción laboral de la mujer y los problemas de
discriminación a los que se enfrenta, abordaremos la evolución de los perceptores de
rentas en los hogares gallegos a lo largo de las últimas décadas. Con ello pretendemos
poner en evidencia las importantes transformaciones ocurridas en la generación de
ingresos en los hogares gallegos y sus repercusiones de carácter distributivo.
Trataremos de analizar algunas de las consecuencias distributivas derivadas de la
existencia de diferentes miembros aportando ingresos dentro de un hogar, en especial
prestaremos atención al hecho de si el sexo de los perceptores de rentas es o no
importante. Para ello, distinguiremos según la naturaleza del ingreso, en su mayor parte
procedente del mercado de trabajo, pero también de las rentas de prestaciones sociales.
A continuación, presentamos las principales conclusiones del estudio de los
aspectos mencionados.
3.1. Conclusiones generales: mujer y distribución del ingreso
En este bloque dedicado a la relación entre distribución de la renta y género se
pone de manifiesto que las mujeres gallegas se enfrentan a serias barreras en su
inserción en el mercado laboral. Estas barreras determinan que las mujeres gallegas
estén en peores condiciones que sus colegas de otros países europeos en diferentes
aspectos. Por un lado, las tasas de actividad, aunque sean similares a las españolas, son
bajas en relación a los niveles europeos, por ello analizamos en detalle cuáles son sus
principales determinantes. Una vez que las mujeres gallegas optan por participar en el
mercado laboral se enfrentan a una tasa de paro que duplica a la masculina, cifra que
contrasta nuevamente con lo que ocurre en otros países de nuestro entorno. También las
mujeres que logran una ocupación tendrán unos niveles elevados y persistentes de

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segregación ocupacional, si bien en este caso soportan mejor la comparación con lo que
ocurre en otras áreas geográficas. Asimismo suelen conseguir una remuneración salarial
notablemente inferior a la del hombre. El análisis de ecuaciones salariales nos permitirá
concluir que esta brecha salarial no viene explicada por su peor dotación de capital
humano, ni siquiera por la segmentación en ocupaciones diferenciadas por sexo. Al
contrario, la evidencia empírica que aquí se aporta nos permite hablar de elevados
niveles de discriminación salarial.
A pesar de las diferentes barreras con las que se encuentran las mujeres gallegas,
su contribución monetaria al sostenimiento de los hogares es creciente en importancia,
en especial la de las mujeres ocupadas. Los problemas de inserción laboral de las
mujeres, unidos a otros posibles condicionantes de género, hacen que en el análisis
sobre cuál es la contribución de las mujeres se concluya con que ésta no es inocua. Las
mujeres que trabajan tienden a incrementar las rentas de los hogares con mayores
ingresos masculinos, mientras que los ingresos de las mujeres perceptoras de
prestaciones sociales tienden a mejorar la situación de los hogares peor situados en lo
que respecta a las rentas masculinas, reduciendo de forma sustancial la tasa de pobreza
previa a la incorporación de las rentas femeninas. A pesar de ello, el hecho de que en un
hogar sólo se obtengan rentas femeninas influye decisivamente en su mayor riesgo de
pobreza, mientras que el hecho de combinar fuentes de renta masculinas y femeninas lo
reduce a niveles muy pequeños. Esto enlaza con las conclusiones de Gradín y Del Río
(2001) cuando señalaban la creciente distancia social entre los hogares con un único
perceptor de rentas y el resto. En el caso de que esa renta proceda de una mujer (sobre
todo si se deriva de prestaciones sociales) el hogar será pobre con una elevada
probabilidad.

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Detallamos a continuación en mayor medida estas conclusiones.
3.2 ¿Por qué trabajan las mujeres?
La participación de la mujer en el mercado de trabajo en Galicia se corresponde
en buena medida con la situación de otros países del Sur de Europa, incluida la propia
España, presentando diferencias sustanciales con los mercados laborales del Norte del
continente o los anglosajones, donde la mujer se encuentra más integrada. Las
peculiaridades del sistema productivo gallego, con predominio agropecuario, hicieron
que históricamente la mujer tuviera una participación más activa que en el resto de
España. No obstante, el necesario e inevitable proceso de transformación de la
estructura productiva, junto con el envejecimiento de la población han llevado a un
estancamiento de la integración laboral de la mujer gallega. Esto fue posible porque en
los demás sectores tuvo siempre una presencia más modesta. En torno al 40 por ciento
de las mujeres mayores de 16 años son consideradas actualmente como
económicamente activas en Galicia, esto es, o realizan algún trabajo remunerado o están
en disposición de hacerlo, resultando una cifra similar a la española. En cuanto a las
mujeres ocupadas, esto es, que efectivamente están realizando trabajo remunerado,
representan en torno a un 32 por ciento tanto en España como en Galicia. Sin embargo,
las ocupadas en sectores no agrarios son un 25 por ciento en Galicia y un 30 por ciento
en España. Las mujeres gallegas están menos integradas en el mercado laboral con
respecto al resto de España en el ámbito no agrario sobre todo en el caso de mujeres
jóvenes, solteras y con estudios medios o superiores. Sin duda, una de las mayores
barreras a la entrada en el mercado de trabajo procede del hecho de que cuando la mujer
gallega participa enfrenta tasas de paro en torno al 20 por ciento que duplican a las
correspondientes masculinas, siendo especialmente importantes en las mujeres con
estudios medios.

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Ante la pregunta de cuáles son los motivos que explican porqué se incorporan al
mercado laboral las mujeres gallegas, constatamos que el factor más relevante es el
nivel educativo, al menos en el caso de las mujeres casadas, pero lo es en menor medida
de la mujer de más edad que, generalmente, tiene un nivel educativo bajo y está
empleada en el sector primario. De forma resumida, la mujer tiene mayores
probabilidades de participar si posee estudios superiores o al menos de EGB, convive en
hogares de poca renta y tiene entre 30 y 35 años. La probabilidad aumenta en el caso de
que la mujer no esté casada, sobre todo si tiene hijos menores; en el caso de que esté
casada, entonces su probabilidad mejora si su marido realiza actividades agrícolas, dado
que en ese caso se integra en la explotación familiar; y dicha probabilidad disminuye
con el número de hijos menores porque en ese caso la mujer se especializa en el trabajo
doméstico.
3.3 Trabajos masculinos y trabajos femeninos: Segregación en el mercado
de trabajo en Galicia
Como ya se ha dicho, la participación de la mujer en el mercado de trabajo en
Galicia sufre de un cierto estancamiento que tiene mucho que ver con el hecho de que
su inserción se produce mediante la especialización en determinadas ocupaciones,
justamente las que muestran un menor dinamismo en términos de empleo, quedando las
más dinámicas en buena medida reservadas a los hombres. Las mujeres representan en
torno al 40 por ciento de los ocupados.
Efectivamente, el análisis de la segregación en Galicia muestra niveles
importantes y persistentes en el tiempo. En 1998 sería necesario desplazar a casi el 55
por ciento de la fuerza laboral femenina (o masculina) para igualar las proporciones de
ambos sexos en las diferentes ocupaciones, teniendo en cuenta que la estructura
ocupacional final cambiaría, en contraste con el 51 por ciento en el caso de España. En

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el caso de querer mantener dicha estructura tal y como se observa en la realidad,
entonces deberíamos desplazar un 26 por ciento de la fuerza laboral total, incluyendo
tanto hombres como mujeres, frente al 23 por ciento en el caso español.
Los profundos cambios en la estructura ocupacional son responsables en buena
medida del estancamiento de la segregación en Galicia ya que en un primer momento
reforzaron las ocupaciones con menos segregación y posteriormente las de mayores
niveles. Estos cambios en el empleo son responsables en un 60 por ciento de una caída
de la segregación en los años ochenta sobre todo por la pérdida de peso de los
trabajadores agrarios y ganaderos, del mismo modo que el reforzamiento de
ocupaciones con elevada segregación explican en un 71 por ciento el repunte de la
misma desde finales de esa década. Los cambios en el mercado de trabajo en Galicia en
las dos últimas décadas no han contribuido a que la integración de la mujer fuese más
paritaria con la del hombre. Una parte importante de la responsabilidad también está en
que los cambios en la distribución por sexos dentro de las ocupaciones acentúan el
sesgo de género desde finales de los años ochenta.
3.4 A igual trabajo, salario diferente: Discriminación salarial en Galicia
En una siguiente fase analizamos la diferenciación salarial por género en
Galicia, tratando en especial de determinar su posible origen en la persistencia de un
elevado grado de discriminación salarial. Constatamos, en primer lugar, que en Galicia
las mujeres tienen una expectativa de ingresos salariales sustancialmente menor que la
de los hombres, al representar en el 2000 un 70 y casi un 75 por ciento de su salario
mensual y salario por hora respectivamente, porcentaje algo inferior a la media
española. Por lo que se refiere a la distribución de esas ganancias, las mujeres enfrentan
un nivel de desigualdad salarial menor (entre el 80 y el 90 por ciento) que el del

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hombre, siendo la antigüedad y la ocupación las características que mejor explican esa
desigualdad.
Sin embargo, la constatación más importante es que tan sólo una pequeña parte
de la diferencia salarial media con los hombres puede justificarse en su nivel de
cualificación, antigüedad, experiencia o características del contrato o de la empresa,
siendo, por tanto, el resto atribuible a la existencia de discriminación salarial por sexo,
esto significa en el mejor de los casos que a características similares las mujeres están
peor remuneradas que los hombres, y en el peor que a similar empleo obtienen un
salario inferior. A pesar de las numerosas cautelas que es necesario destacar en dicho
análisis, los resultados parecen ser bastante concluyentes, ya que en el mejor de los
casos las características de las mujeres y de los empleos que ocupan llegan a justificar
un cincuenta por ciento de la brecha salarial por sexo, y eso aún cuando eliminamos
buena parte del efecto discriminación salarial que proviene de la persistente segregación
ocupacional. Atendiendo a las características de ambos sexos, los hombres gozan de una
mayor experiencia y están más presentes en ocupaciones bien remuneradas como los
trabajadores cualificados de la industria y con convenios de ámbito nacional. La mujer
consigue recortar parte de la brecha por su mayor nivel educativo (sobre todo BUP y
COU), su inserción en mayor medida que el hombre en empresas con mercado de
ámbito nacional, y en ocupaciones de tipo administrativo o en servicios de restauración
o de comercio.
La discriminación contra la mujer tiene su origen fundamentalmente en el hecho
de que el mercado remunera de forma más generosa la experiencia laboral de los
hombres, sobre todo en los primeros años, factor acrecentado por la mayor dotación que
tienen ellos en esta característica, lo que sin duda puede estar vinculado con el tipo de
puestos de trabajo que desempeñan las mujeres limitadas por su intermitencia laboral

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derivada de la maternidad y del cuidado de los niños. El hombre disfruta de otras
ventajas frente a la mujer, como es el caso de obtener una mayor retribución en
empresas no orientadas mayoritariamente a la exportación y de beneficiarse en mayor
medida del tamaño de la misma. Las mujeres tienen ventaja sobre el hombre en las
empresas de 20 a 50 trabajadores, cuando el contrato es indefinido y la propiedad es
pública.
En definitiva, las políticas activas de empleo tienen aún un amplio margen de
actuación también en la lucha contra la discriminación salarial que se produce en gran
medida a través de los diferentes empleos que desempeñan hombres y mujeres. En ese
sentido, el objetivo de que hombres y mujeres puedan ocupar los mismos empleos de
forma indiferente permitiría reducir drásticamente la discriminación salarial. También el
reducir la intermitencia laboral de la mujer (mejorando su experiencia) o ajustar mejor
su formación a determinados tipos de empleos hasta hora vedados a los hombres podría
contribuir en dicha tarea.
3.5 No da igual de quién proceden las rentas: Efectos distributivos de la
contribución económica de las mujeres
A pesar de los escasos avances de la mujer gallega en el mercado de trabajo en
comparación con las mujeres de otras áreas geográficas, juegan un creciente papel en el
sostenimiento económico de los hogares en Galicia aportando un tercio de los ingresos
monetarios y constituyendo la fuente de ingresos más importante para un tercio de los
mismos. La creciente aportación monetaria de las mujeres a los hogares se sustenta
sobre todo en las mujeres que trabajan fuera del hogar, al haber perdido peso relativo la
contribución por prestaciones sociales, que aún así todavía constituyen la fuente de
renta más habitual entre las mujeres.

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Una excesiva dependencia de los hogares respecto de las rentas femeninas, por
razones que resultan obvias a partir de los análisis previos, constituye un elemento que
eleva de forma notable el riesgo de ser pobre. Los hogares encabezados por mujeres
enfrentan una tasa de pobreza que es un 50 por ciento mayor que la de los que tienen
como persona de referencia a un hombre. En el caso de que en el hogar sólo haya rentas
femeninas (en muchos casos de una única perceptora) un 42 por ciento de los individuos
que habitan en ellos será pobre, casi cinco veces más que la media. En el caso de que
coexistan rentas masculinas y femeninas se reduce de forma notable el riesgo de
pobreza, aún si las rentas proceden mayoritariamente de mujeres.
La aportación económica de las mujeres no sólo destaca por su creciente nivel
agregado sino por sus efectos sobre la distribución de la renta. La contribución de las
mujeres perceptoras de prestaciones sociales tiende a tener un efecto más progresivo,
reduciendo sustancialmente la incidencia global de la pobreza. En cambio, los ingresos
de las mujeres ocupadas producen el efecto contrario, aunque sea con menor intensidad.
Así, la contribución relativa de las mujeres es mayor en ambos extremos de la
distribución, en la cola baja debido a las prestaciones sociales, y en la cola alta por las
rentas del trabajo que se acumulan sobre los ingresos altos de los miembros masculinos.
3.6 El papel de las políticas de género
Una vez consideramos de forma conjunta los estudios de cada uno de los
aspectos mencionados, no podemos menos que concluir que las políticas de género en
Galicia tienen un enorme reto ante sí. Por motivos que tienen que ver con factores
culturales, demográficos, de estructura social o productiva, el país está perdiendo un
importante potencial de desarrollo que está en manos de las mujeres que enfrentan unas
dificultades de acceso al mercado de trabajo y diferentes formas de discriminación
laboral. Todo ello, sin duda, merma su contribución tanto al desarrollo colectivo como a

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la consecución de una distribución más igualitaria y a la reducción de la pobreza y la
exclusión social. A pesar de que este tema no es abordado directamente en este trabajo
ya que requeriría de un análisis más exhaustivo, sí conviene realizar algunas reflexiones
a la luz de las conclusiones de nuestro estudio.
El hecho de que la discriminación por género sea un fenómeno universal no
puede servirnos de excusa. Como en este estudio se muestra tan sólo de forma
tangencial, existen países que han experimentado avances en la dignificación de la
integración de la mujer mucho más importantes que los acaecidos en Galicia o en el
conjunto de España. Estos progresos en la mayoría de los casos no son fruto de
movimientos espontáneos en la sociedad o en el mercado laboral. Al contrario, los
países, caso de los nórdicos y centroeuropeos, en mayor o menor medida vienen
realizando desde hace muchos años políticas globales de integración que contemplan los
diferentes ámbitos en los que se puede producir dicha integración: la familia, la
educación, la participación social y política, el mercado de trabajo, etc.
Por un lado, es preciso modificar el sistema de valores en el seno de los hogares
para incorporar de forma creciente la corresponsabilidad de hombres y mujeres en las
tareas del hogar y del cuidado de los niños, por ser esas tareas las que en buena medida
lastran la integración de la mujer. Las políticas públicas también pueden influir de
forma decisiva incentivando la asunción de responsabilidades por parte del hombre,
como ejemplo resulta ilustrativo la existencia en diversos países de permisos por
nacimiento de hijos que sólo pueden ser disfrutados por el varón. Asimismo, la
provisión de determinados servicios públicos de forma gratuita o asequible pueden tener
una gran incidencia en la participación laboral femenina - como es el caso de
guarderías, atención domiciliaria y otros servicios sociales para el cuidado de
dependientes, comedores escolares para los niños, la adaptación de horarios escolares y

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laborales, la flexibilización de las jornadas laborales para hacer más fácil la conciliación
de la vida laboral y familiar. Más mujeres podrían participar y las condiciones de vida
de las que ya participan pueden mejorar sustancialmente.
Por otro lado, las mujeres gallegas, así como las del resto de España participan
en un mercado laboral con elevadas tasas de precarización, tanto por los elevados
índices de desempleo, especialmente juvenil, como de contratación temporal que
resultan desorbitados en comparación con los estándares de Europa y que afectan a las
mujeres en mayor medida que a los hombres. En este sentido las políticas activas de
empleo deben cuidar especialmente las repercusiones sobre las mujeres dado que por
diferentes motivos, y entre ellos destaca la maternidad, les afectan problemas
específicos que se pueden sumar a otros comunes con los hombres como puedan ser la
falta de coordinación entre formación recibida y la demandada en el mercado laboral,
falta de experiencia, etc. También los elevados niveles de segregación ocupacional, y la
clara sospecha de que no son resultado de elecciones completamente libres, hacen
indispensables las políticas activas de empleo y educativas que abran a las mujeres
profesiones hasta ahora vedadas, en especial las más dinámicas en términos de empleo
como puedan ser la relacionadas con las nuevas tecnologías y la sociedad de la
información, así como los puestos de más responsabilidad en las empresas privadas y en
los organismos públicos.
Pero no es suficiente con mejorar la cantidad y calidad de la presencia de la
mujer en el mercado laboral. Los países europeos en general tienden a tejer
cuidadosamente una tupida red de protección social para los hogares con niños. Así la
mayoría de los países de la Unión Europea dispone de prestaciones por hijo a cargo con
cuantías generosas y de extensión universal que permiten a los hogares con niños
disponer de recursos adicionales que mejoran de forma sustancial sus condiciones de

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vida y reducen el riesgo de exclusión social de este colectivo. Esto es crucial para las
mujeres, dado que los cambios sociodemográficos hacen que aumente de forma
considerable el fenómeno de los hogares monoparentales, que implica que un adulto,
generalmente en solitario, tiene uno o varios menores dependientes a su cargo. Sobra
decir que en la mayoría de las ocasiones es una mujer (soltera, separada o divorciada)
quien está al frente de los mismos. En esos casos cobra especial importancia la
existencia de un buen sistema de prestaciones sociales para evitar la caída en la pobreza,
dado los problemas que estas mujeres tienen para insertarse adecuadamente en el
mercado laboral y realizar sus responsabilidades domésticas.
En Galicia, como en general en España, el sistema de prestaciones sociales es
claramente deficiente. Las prestaciones por hijo a cargo están sujetas a criterios severos
de ingresos, en estos momentos sólo se benefician los hogares que dispongan de unos
ingresos conjuntos anuales de algo menos de 8000 Euros en el caso de tener un único
hijo, incrementándose un 15 por ciento por hijo adicional. La cuantía de la prestación
actual es muy baja, menos de 300 Euros al año con independencia del número de niños
(la cifra es superior si son discapacitados). Por otro lado, la utilización de la vía de
deducciones fiscales para promover la natalidad y la protección familiar ha dado lugar a
beneficios escasos y que tienden a perjudicar seriamente a las mujeres de menos
ingresos sin obligación de declarar. En otras prestaciones, como son las rentas mínimas
de inserción social (el RISGA en Galicia), las mujeres solas con hijos a cargo
constituyen el perfil típico de las mismas, pero es conocido lo limitado de la cuantía y
alcance de estas prestaciones, y actualmente su limitación en el tiempo que se puede ser
beneficiario.
Aunque en estos momentos están en marcha propuestas de reforma que podrían
mejorar esa situación, no parece que a corto plazo se introduzcan prestaciones sociales

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por niños similares a las del resto de Europa. De modo que es preciso una mayor
convergencia con los estándares de protección social en Europa para poder disponer de
una red que evite el riesgo de caer en la pobreza a los hogares más vulnerables, y no es
novedad decir que si dependen exclusivamente de mujeres tienen un mayor riesgo de
pobreza.
4. Vivienda, condiciones de vida y distribución del gasto
En este segundo bloque abordamos el papel decisivo de la vivienda como
elemento fundamental sin el cual no es posible comprender las condiciones de vida de
los hogares. Entendemos que la carencia de unas condiciones mínimas aceptables en la
vivienda de uso residencial constituye un elemento fundamental de exclusión social en
los países desarrollados. Es notoria la preocupación por esta cuestión que se observa en
nuestra sociedad, la elevada sensibilidad que producen los problemas de acceso a la
primera vivienda para determinados colectivos como los jóvenes, las minorías étnicas o
colectivos de hogares con baja renta. En consecuencia, los gobiernos han diseñado una
batería de medidas para facilitar el acceso a una vivienda en alquiler o en propiedad, si
bien es conocida la fuerte preferencia social en nuestro país por ésta última fórmula, en
contraste con lo que ocurre en otros países desarrollados. Estas medidas han consistido
en ocasiones en la promoción directa de viviendas, en otras en el establecimiento de un
marco regulador de control de alquileres o de precios de adquisición, subvenciones
directas, deducciones fiscales, etc. Como resultado de todo ello, los hogares han
accedido a sus viviendas en condiciones cada vez más satisfactorias, aunque se constata
que siguen persistiendo barreras importantes en el caso de determinados colectivos. Por
ello, en este bloque se tratará de analizar la situación de la vivienda en Galicia desde la
perspectiva de las condiciones de vida de los hogares y, por tanto, no se llevará a cabo

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un estudio pormenorizado de las diferente políticas seguidas o de la evolución del
mercado inmobiliario.
En una primera parte, analizaremos en detalle cuál ha sido la evolución de la
calidad de la vivienda principal de los hogares gallegos a lo largo de las últimas
décadas. Se trata de comprobar en qué medida se produce un progreso en esta materia,
si este progreso se ha concentrado en determinados hogares o ha favorecido al conjunto
de los mismos, cuáles son los principales escollos que persisten, así como cuál es la
posición relativa de Galicia con el resto de España. Para ello tras un análisis de los
principales componentes de calidad de la vivienda se resumirán algunos de ellos en un
indicador sintético que permita evaluar las mejoras a lo largo del tiempo, así como
realizar las comparaciones oportunas. entre distintos colectivos de hogares.
En una segunda parte, se dará un paso adicional evaluando cuál ha sido el
impacto de la vivienda sobre el gasto de los hogares y su distribución. Para ello, se
estimará un alquiler de mercado para cada hogar de la muestra utilizada considerando
únicamente las características objetivas de su vivienda principal con independencia de
cuál es su régimen de acceso a la vivienda. Este alquiler será incluido en los gastos de
los hogares añadido a los gastos monetarios (una vez excluido el gasto real en que se
incurre en el caso de arrendamiento), lo que permitirá evaluar el impacto de la vivienda
sobre la desigualdad y la pobreza en Galicia.
A continuación exponemos las principales conclusiones alcanzadas.
4.1 Conclusiones generales: vivienda y distribución del gasto
En este bloque se pone de manifiesto que la vivienda en Galicia ha
experimentado una importante mejora en cuanto a su calidad, si bien aún persisten
graves deficiencias que son motivo importante de exclusión social en multitud de
hogares gallegos. Asimismo, se observa que una vez que se da un valor de mercado a

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las viviendas en función de los principales elementos que determinan su calidad resulta
evidente que la vivienda produce un importante efecto sobre la distribución del gasto,
haciéndolo más igualitario y reduciendo de forma importante la incidencia y la
intensidad de la pobreza de los hogares gallegos, aunque de forma desigual según las
características de los mismos. Los resultados indican la especial relevancia en el análisis
de la pobreza y la desigualdad de una adecuada inclusión del gasto en vivienda.
4.2 La calidad de la vivienda
En este capítulo se estudia con detalle la calidad de la vivienda ocupada con fines
residenciales en Galicia. La vivienda gallega experimentó en promedio una mejora
sustancial entre los años de estudio: 1980-81, 1990-91 y 1999. Dicha mejora se refleja en
el hecho de que ciertos equipamientos que constituían un privilegio para determinados
grupos pasasen a ser considerados como básicos en cualquier vivienda. Así, casi
desaparecieron los hogares que carecen de baño o ducha dentro de la vivienda (de más de
una cuarta parte en 1980 a menos del 2 por ciento en la actualidad), agua caliente (del 40
por ciento al 4 por ciento), y destaca la reducción significativa de los hogares que carecen
de calefacción fija (de casi el 90 al 60 por ciento), teléfono (del 70 al 10 por ciento) o
garaje (del 85 por ciento a casi la mitad). El otro lado de la moneda lo aportan los
reducidos porcentajes de los que aún carecen de esos bienes, que continúan habitando
viviendas sin un nivel mínimo de servicios, por lo que sufren un importante grado de
exclusión, precisamente por tratarse de servicios de uso generalizado entre el conjunto de
la población. También se detecta que aún hoy los hogares manifiestan tener numerosos
problemas internos en sus viviendas, entre los que destacan sin lugar a dudas la existencia
de humedades (40 por ciento), deficiente aislamiento térmico o acústico (29 por ciento) o
falta de espacio (21 por ciento). Entre los problemas externos, los ruidos complican la vida

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a más de un quinto de los hogares y la deficiente iluminación pública, la delincuencia o la
contaminación a una cantidad algo inferior.
Los servicios que son accesibles desde las viviendas también muestran importantes
carencias que en buena medida pueden ser consecuencia de los deficientes servicios
públicos al alcance de una población que se caracteriza por su elevada dispersión,
especialmente en las provincias de Lugo y Ourense. Destaca la ausencia de recogida
selectiva de residuos (que afecta a más del 60 por ciento de las viviendas en Galicia o al 75
por ciento en Ourense, y un 20 por ciento en Lugo tampoco accede a la recogida de ningún
tipo de basura); y la deficiente canalización pública de aguas residuales (que deja fuera a
un 28 por ciento de los hogares gallegos, pero casi al 45 por ciento en Lugo). Así mismo,
más de la mitad de los hogares manifiestan no disponer a menos de 15 minutos a pie de un
instituto de bachillerato o de instalaciones deportivas, y casi la mitad tampoco dispone
dentro de esa área de un centro de salud.
Empleando información referida a 1980-81 y 1990-91, la única comparable con el
conjunto de España, constatamos que la vivienda media Gallega presenta una situación en
términos de calidad (definida sobre un reducido grupo de elementos básicos) muy
desfavorable en comparación con el resto de España, ya que solo la comunidad de
Extremadura tiene una vivienda de peor calidad en 1980-81. Una década después, se
experimenta una mejora que llega a situar a la vivienda media de Galicia por encima de la
localizada en Ceuta-Melilla, Canarias y, nuevamente, Extremadura, produciéndose una
cierta convergencia respecto de los elementos básicos de las viviendas en España. A su
vez, se han podido constatar diferencias significativas en el nivel de acondicionamiento por
áreas geográficas en Galicia, destacando Pontevedra y A Coruña como las provincias con
un nivel de servicios de la vivienda superior a la media gallega, frente a Lugo y Ourense,
que ocuparían la posición contraria.

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En resumen, estos resultados ponen de manifiesto que a pesar de la sustancial
mejora experimentada a lo largo de las últimas décadas, todavía existe hoy en Galicia un
importante margen de mejora de las condiciones de la misma. Estas mejoras deben
reflejarse, en primer lugar, en el ámbito interno, permitiendo la eliminación rápida de la
infravivienda aún existente hoy en día, corrigiendo defectos estructurales de las más
antiguas (favoreciendo públicamente la rehabilitación y las mejoras en la habitabilidad de
la vivienda). Pero cada vez cobrará una mayor relevancia el conseguir que las viviendas,
especialmente en el ámbito rural pero también en el urbano, tengan un buen acceso a
servicios y equipamientos básicos de los que aún hoy carecen en el ámbito de saneamiento,
posibilidades de ocio, cultura, educación, recogida selectiva de residuos, etc.
4.3 La vivienda como factor de desigualdad y pobreza
En este capítulo se estima un alquiler imputable a los hogares gallegos, para lo
cual se especifica un modelo econométrico donde se estima el efecto de tres factores
que vendrían a explicar la diferencia en los alquileres observados en el mercado libre:
las características de los servicios que proporciona la vivienda; la localización tanto por
el tamaño del municipio como por la provincia a la que pertenece; y el descuento en la
renta que el propietario concede a los inquilinos en la medida en que se mantiene un
proceso de renovación del contrato de arrendamiento. A partir de la estimación de estos
efectos se obtiene el alquiler de mercado que todo hogar debería de pagar en el mercado
libre en función de la localización y los atributos que definen la calidad de la vivienda
en que residen. No se incluye el efecto descuento para equiparar de forma homogénea a
todas las viviendas. Este alquiler se le imputa a cada hogar en la muestra gallega de las
EPFs correspondientes a 1980 y 1990, de forma adicional a sus gastos monetarios (una
vez se ha deducido el alquiler real en los arrendamientos para no computar dos veces el

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mismo concepto). Dicha imputación supone un aumento del gasto medio por hogar en
torno al 14-15 por ciento en ambos años.
Analizado el efecto que dicho alquiler supone sobre la distribución, surgen
resultados clarificadores. El gasto en vivienda tiene un claro efecto de reducción de la
desigualdad y de la pobreza en los hogares gallegos, tanto en 1980-81 como en 1990-
91, período donde esta evidencia se produce en mayor medida. Esta conclusión es
resultado de la existencia de dominancia de acuerdo con el criterio de Lorenz y es
confirmado con una batería de índices de desigualdad y de pobreza en distinta
magnitud, mostrando en general un mayor efecto cuanto más sensible es el índice a la
situación económica de los hogares de menor nivel de gasto. La proporción de
individuos pobres, situados por debajo del 50 por ciento del gasto ajustado medio, se
reduce entre un 10 y un 13 por ciento en 1980 cuando incorporamos la vivienda y entre
un 14 y un 21 por ciento en 1990 dependiendo de cómo se ajusten los gastos en función
de la composición del hogar. En el caso tomado como referencia se observa que la tasa
de pobreza se reduce en Galicia del 24 al 21 por ciento en 1980, y de un 18 a un 14 en
1990.
El aumento del gasto que supone la inclusión del alquiler imputado presenta un
panorama muy distinto según el tipo de hogar del que se trate, tendiendo a beneficiar en
mayor medida en 1990 a los hogares que habitan en alguna de las grandes ciudades
gallegas, que están constituidos por a lo sumo dos adultos (sobre todo sin menores), con un
único preceptor de ingresos, cuyo sustentador tiene más de 65 años (aunque también es
destacable entre los de menos de 30) y con educación secundaria y sexo femenino. Este
aumento diferenciado según el tipo de hogar tiene como consecuencia que si bien la
desigualdad global se reduce con la inclusión de la vivienda, la desigualdad entre grupos
aumenta en las variables más relevantes al incrementarse las diferencias entre áreas

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urbanas y no urbanas, o en hogares con estudios superiores a primaria frente al resto, lo
que produce un aumento generalizado del poder explicativo de la desigualdad de las
variables más relevantes como tamaño del municipio, nivel educativo o situación
profesional. Las variables que reducen su poder explicativo son en 1990 el número de
perceptores del hogar, la composición de los mismos y la edad del sustentador principal. El
factor que en mayor medida contribuye a la reducción global de la desigualdad ante la
inclusión de la vivienda es la desigualdad al interior de los grupos que se reduce en todos
los casos sin excepción. Del mismo modo, se reduce la pobreza en casi todos los colectivos
pero en especial lo hace entre los hogares que habitan las áreas urbanas, hogares con hasta
dos adultos (con o sin menores), un único perceptor de rentas y en mayor medida cuanto
más joven y mejor formado esté el sustentador.
Los resultados indican la especial relevancia en el análisis de la pobreza y la
desigualdad de una adecuada inclusión del gasto en vivienda. Y en lo que respecta a las
consecuencias en términos del diseño de políticas, se pone de manifiesto el enorme
potencial que estos resultados otorgan a las medidas tendentes a facilitar el acceso a la
vivienda en condiciones dignas dada su capacidad de elevación de los niveles de
equidad y de contribución a la lucha contra la pobreza y la exclusión social. El gasto
directo que España dedica a este objetivo es más bien escaso según las estimaciones de
Eurostat: tan sólo un 0,2 por ciento de nuestro PIB en 1999, que representa un tercio del
esfuerzo medio de la Unión Europea (0,6) y a gran distancia de los países más
avanzados en la materia (Suecia, 0,8; Francia, 0,9; el Reino Unido, 1,6). Si bien cabe
señalar que el gasto directo representa tan sólo una pequeña parte del esfuerzo de las
autoridades públicas en materia de vivienda en España, también lo es que la vía
empleada de masivas deducciones fiscales a la adquisición de vivienda en propiedad ha
sido acusada en numerosas ocasiones de tener efectos regresivos, al hacer uso en mayor

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medida de ellas los hogares de mayores ingresos. Esto ha podido tender a empeorar los
resultados aquí mostrados y que se refieren a 1980 y 1990, ignorando lo ocurrido tras
booms posteriores como el que tuvo lugar desde finales de los años noventa hasta fechas
recientes. Destaca la gran carencia en Galicia, y por extensión en toda España, de un
parque público de viviendas en alquiler, como se estila en la mayoría de países
europeos, que permita una acceso más flexible y eficaz a una vivienda digna a los
hogares de baja renta que las fórmulas que ponen el acento en el acceso a la propiedad.

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Índice
INTRODUCCIÓN
1. Presentación
2. Plan del libro
3. Mujer, mercado de trabajo y distribución de la renta
3.1. Conclusiones generales: mujer y distribución del ingreso
3.2 ¿Por qué trabajan las mujeres?
3.3 Trabajos masculinos y trabajos femeninos: Segregación en el mercado de
trabajo en Galicia
3.4 A igual trabajo, salario diferente: Discriminación salarial en Galicia
3.5 No da igual de quién proceden las rentas: Efectos distributivos de la
contribución económica de las mujeres
3.6 El papel de las políticas de género
4. Vivienda, condiciones de vida y distribución del gasto
4.1 Conclusiones generales: vivienda y distribución del gasto
4.2 La calidad de la vivienda
4.3 La vivienda como factor de desigualdad y pobreza
MUJER, MERCADO DE TRABAJO Y DISTRIBUCIÓN DE LA
RENTA
1. NIVELES DE PARTICIPACIÓN Y FACTORES EXPLICATIVOS
1. Mercado de trabajo en Galicia
2. Mujer y mercado de trabajo en Galicia
3. Determinantes de la participación femenina: regresión de participación
4. Conclusiones
2. SEGREGACIÓN EN EL MERCADO DE TRABAJO EN GALICIA
1. Introducción
2. Datos y metodología
3. Tendencias internacionales en la segregación ocupacional
4. La evolución de la segregación en Galicia
5. Ocupaciones y género en Galicia
6. Conclusiones
ANEXO CAPÍTULO 2

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3. DISCRIMINACIÓN SALARIAL EN EL MERCADO DE TRABAJO EN
GALICIA
1. Introducción
2. Las diferencias salariales por género
2.1 Brecha salarial media
2.2 Distribución salarial y género
2.3 Desigualdad salarial por características
2.4 Brecha salarial por sexo según características
3. Discriminación salarial
3.1 Regresión de discriminación
3.1.1 Los determinantes de los salarios
3.1.2 La discriminación salarial
4. Conclusiones
APÉNDICE: ÍNDICE DE DISCRIMINACIÓN
4. EFECTOS DISTRIBUTIVOS DE LA CONTRIBUCIÓN ECONÓMICA DE LA
MUJER A LOS INGRESOS DEL HOGAR
1. Introducción
2. La distribución de la renta y las mujeres
3. El impacto de los ingresos de las mujeres sobre las rentas de los hogares
4. Evaluación del impacto de las fuentes de ingreso femeninas sobre la distribución de
la renta
5. Conclusiones
VIVIENDA, CONDICIONES DE VIDA Y DISTRIBUCIÓN DEL
GASTO
5. LA CALIDAD DE LA VIVIENDA EN GALICIA
1. Introducción
2. Fuentes de información y ámbito temporal
3. Caracterización temporal de la vivienda residencial gallega
3.1 Análisis de las características disponibles sobre la vivienda.
3.2 Evidencia empírica sobre la calidad de la vivienda en 1980 y 1990
3.2.1 Datos y variables
3.2.2 Análisis del cambio de calidad de la vivienda

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4. Conclusiones
APÉNDICE 1: TABLAS A1-A5
APÉNDICE 2: EL MÉTODO ACM
6. LA VIVIENDA COMO FACTOR DE DESIGUALDAD Y POBREZA
1. Introducción
2. Construcción del Alquiler Imputado según la valoración de mercado
2.1 Especificación del modelo de alquiler libre
2.2 Datos y variables
2.3 Resultados de la estimación
3. Análisis de desigualdad y pobreza
3.1 Estimación de la curva de Lorenz
3.2 Índices completos de desigualdad
3.3 Desigualdad en la distribución: análisis por subgrupos
3.4 Pobreza
4. Conclusiones
APÉNDICE: TABLAS
APÉNDICE Y REFERENCIAS
APÉNDICE: LA MEDICIÓN DE LA DESIGUALDAD Y LA POBREZA
1. Desigualdad
2. Pobreza
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS