El Salvador se ha adentrado en la globa-
lización con una débil acumulación en
materia de desarrollo humano y altos nive-
les de pobreza y desigualdad. Países como
Chile y Costa Rica presentaban ya hace
veinticinco años un nivel de desarrollo
humano similar, y niveles de pobreza y
desigualdad inferiores a los alcanzados
por El Salvador en la actualidad. El conflic-
to bélico de los años 80 se convirtió en un
importante obstáculo para avanzar con
más rapidez. De hecho, el estallido del
conflicto tuvo sus raíces, en buena medida,
en el bajo nivel de desarrollo humano y
l o s e l e v a d o s n i v e l e s d e p o b r e z a y
desigualdad que el país ya mostraba a
finales de los 1970. Ese estado de cosas
respondía a la lógica fundamental con la
que funcionaba el modelo económico im-
perante. Para una economía basada en la
agroexportación de productos tradiciona-
les, invertir en la gente no era un requisito
de eficiencia y competitividad.
Desde entonces a la fecha, el país ha expe-
rimentado avances apreciables en una
variedad de indicadores económicos y
sociales. Pero la magnitud de los rezagos
sociales acumulados históricamente ha
sido tal que esos avances no han sido
suficientes para cerrar las brechas que
separan a El Salvador de sus principales
competidores en la economía global. Esos
avances tampoco han sido suficientes co-
mo para cerrar las diferencias abismales
que, al interior del país, han aislado a
vastos sectores de la población de los
beneficios del desarrollo, generando
posibilidades de acceso a las oportunidades
de la globalización dramáticamente dis-
pares para unos y otros grupos sociales.
Como se detalla más adelante, el estado
del desarrollo humano y pobreza en El
Salvador está atravesado por profundas
asimetrías. El cálculo de los indicadores de
desarrollo humano del PNUD, así como
los diversos indicadores sobre pobreza de
ingresos y desigualdad, permiten revelar
parcialmente la magnitud de algunas de
esas asimetrías, particularmente en lo re-
lativo a las diferencias entre hombres y
mujeres en oportunidades económicas y
acceso al desarrollo; y a las disparidades
en ingresos, acceso a servicios sociales
básicos y desarrollo humano en general
entre la población urbana y la rural, entre
departamentos, y entre municipios. Mien-
tras algunos municipios como Antiguo
Cuscatlán presentan niveles de ingreso per
cápita y logros educativos que los colo-
carían por encima al nivel de países de
desarrollo humano alto como Costa Rica
y Chile, otros municipios como Nahui-
zalco (Sonsonate) y San Francisco Menén-
dez (Ahuachapán) muestran un desarrollo
humano por debajo al de Guatemala y
Nicaragua.
Otras estimaciones también realizadas en
este Capítulo, utilizando parámetros ofi-
ciales, indican que la pobreza de ingresos
en El Salvador ha disminuido sustancial-
mente durante los últimos 10 años, aunque
tal vez no en las dimensiones que reportan
los cálculos estadísticos, debido a que se
continúan utilizando ciertos supuestos
metodológicos que han perdido alguna
vigencia. Las reducciones en la pobreza,
por su parte, se explican por el efecto
combinado de una diversidad de factores
tales como: los elevados niveles de cre-
cimiento económico registrados especial-
mente durante el primer quinquenio de los
años 1990, el esfuerzo deliberado del go-
bierno por aumentar la proporción del
presupuesto país y del PIB destinada a
gasto social, la introducción de ciertos
fondos y programas sociales innovadores
a favor de los sectores más pobres, y las
estrategias que la misma población pobre
impulsa para salir de su situación. Dentro
de estas últimas, merecen una atención
especial las migraciones internacionales y
las remesas, cuyo impacto social parece
haber superado al del conjunto de políticas
públicas.