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PARTICIPACIÓN Y GÉNERO EN LA PLANIFICACIÓN DEL DESARROLLO AGRÍCOLA LECCIONES DE HONDURAS
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PARTICIPACIÓN Y GÉNERO EN LA PLANIFICACIÓN
DEL DESARROLLO AGRÍCOLA
LECCIONES DE HONDURAS
Servicio de la Mujer en el Desarrollo
Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación
Roma
Septiembre 1997

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ii
PARTICIPACIÓN Y GÉNERO EN LA PLANIFICACIÓN DEL
DESARROLLO AGRÍCOLA
LECCIONES DE HONDURAS
Este documento fue escrito por Mabel Saiz, consultora del Servicio de la Mujer en
el Desarrollo, bajo los auspicios del Gobierno de Noruega que financió el proyecto intra-
regional titulado "Mejoramiento de la información sobre la contribución de la mujer a la
producción agrícola para la planificación con enfoque de género" (GCP/INT/602/NOR)
llevado a cabo en Namibia, Tanzania y Nepal entre 1995-1997. La versión en lengua
original del documento fue editada por Martha Osorio.
Las opiniones expresadas en este estudio corresponden al autor y no necesariamente
reflejan la posición de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la
Alimentación.
La autora desea agradecer la colaboración del personal de la FAO en Honduras,
especialmente a Carlos Zelaya y Haydeé de Martinez- coordinadora de parte del proceso-
por sus comentarios.

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iii
PREFACIO
Este estudio de caso es parte de una serie de documentos que se están preparando para un “Taller
sobre Participación y Género en la Planificación del Desarrollo Agrícola - Cosechando las mejores
prácticas” que se realizará en Roma, en diciembre de 1997. El Taller brindará la oportunidad de
reunir a personas de varios países en los que la FAO brindó asistencia a instituciones y comunidades
con el fin de apoyar procesos de planificación que son participativos y que abordan las diferentes
necesidades y prioridades de los hombres y mujeres de la zona rural. Los objetivos de este taller son:
comparar y compartir las experiencias vividas en diferentes países y, de este modo, desarrollar las
capacidades de las instituciones y organizaciones que trabajan en el sector agrícola para utilizar
los enfoques participativos y acordes con el género en la planificación agrícola;
a partir de las experiencias compartidas, desarrollar potencialmente un marco o modelo para la
planificación participativa del desarrollo agrícola acorde con el género; y
compartir lo aprendido de estas experiencias de campo con las divisiones técnicas interesadas de
la FAO y explorar los vínculos que existen con los programas complementarios de la FAO, tales
como el Programa Especial para la Seguridad Alimentaria (SPSF) y el Programa Socioeconómico
y de Análisis de Género (SEAGA).
Se espera que este estudio de caso sea del interés de otras personas que trabajan en programas y
proyectos que buscan maneras efectivas de incluir a la mujeres de la zona rural, sus experiencias y
prioridades, en los procesos de planificación agrícola.

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iv
ABREVIATURAS Y ACRÓNIMOS
ALCONH
Alianza Campesina de Organizaciones de Honduras
ANAMUCH
Asociación Nacional de Mujeres Campesinas de Honduras
ASCH
Asociación Save the Children de Honduras
BANADESA
Banco Nacional de Desarrollo Agrícola
CNTC
Central Nacional de Trabajadores del Campo
CODIMCA
Comité de Desarrollo Integral de la Mujer Campesina
DRIP
Desarrollo Rural Intibucá - La Paz
EDENH I-II
Primera y Segunda Encuesta Demográfica Nacional de Honduras
FECADH
Federación Campesina Agropecuaria Diversificada de Honduras
FEHMUC
Federación Hondureña de Mujeres Campesinas
FHIA
Fundación Hondureña de Investigación Agrícola
INA
Instituto Nacional Agrario
OC
Organizaciones Campesinas
PLANDERO
Plan para el Desarrollo de Occidente
PRAF
Programa de Asistencia Familiar
PREN
Productoras Enlace
PROAGRO
Plan Agrícola para el Desarrollo del Campo
PROCORAC
Proyecto Consolidación de la Reforma Agraria en Comayagua
SRN
Secretaría de Recursos Naturales
UNC
Unión Nacional de Campesinos

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INDICE
I. INTRODUCCIÓN ...................................................................................................................................... 1
II. ANTECEDENTES SOBRE HONDURAS ............................................................................................... 2
III. FUNDAMENTO Y DISEÑO DEL PROCESO....................................................................................... 4
IV. PROCESO DE EJECUCIÓN .................................................................................................................. 7
. P
RIMERA ETAPA
1983-1986: C
RÉDITO Y ASISTENCIA TÉCNICA
.......................................................................... 7
. S
EGUNDA ETAPA
1986-1989: C
APACITACIÓN
................................................................................................. 7
. T
ERCERA ETAPA
1993-
PRESENTE
: I
NSTITUCIONALIZACIÓN
............................................................................ 10
V. LECCIONES APRENDIDAS ................................................................................................................. 12
. P
UNTO DE
P
ARTIDA
................................................................................................................................... 12
. M
ETODOLOGÍA
U
TILIZADA Y
H
ERRAMIENTAS DE
T
RABAJO
.......................................................................... 13
. F
ORTALECIMIENTO DE LAS CAPACIDADES
.................................................................................................... 14
. I
NFORMACIÓN
S
OBRE
G
ÉNERO
................................................................................................................... 15
. V
ÍNCULOS
G
ENERADOS
.............................................................................................................................. 16
. I
NSTITUCIONALIZACIÓN
............................................................................................................................. 19
VI. CONCLUSIONES.................................................................................................................................. 21
ANEXOS ...................................................................................................................................................... 24
. A
NEXO
1 ................................................................................................................................................... 24
Cuadro n.1 Perfil de la mujer hondureña (1980- 1989) ....................................................................... 24
Cuadro n. 2 Población Económicamente Activa ocupada por rama de actividad y ocupación............. 25
Cuadro n. 3 Tasas de analfabetismo en área rural .............................................................................. 25
Cuadro n. 4 Participación en actividades de capacitación ................................................................ 26
. A
NEXO
2 .................................................................................................................................................. 27
Proyecto HON/82/007 (1983-1986) ..................................................................................................... 27
Proyecto GCP/HON/013/NET (1986-1989) ......................................................................................... 28
Proyecto TCP/HON/0051 (1990)......................................................................................................... 29
Proyecto GCP/HON/015/NET (1990-1992) ......................................................................................... 30
Proyecto GCP/HON/017/NET (1993-presente).................................................................................... 31
. A
NEXO
3 ................................................................................................................................................... 32
Mapa regional de Honduras................................................................................................................ 32
NOTAS ......................................................................................................................................................... 33

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1
I.
INTRODUCCIÓN
En Honduras la promoción de la participación de la mujer en la actividad productiva comenzó en la
década de 1970, con el fin de fortalecer el "sector reformado" compuesto por grupos de campesinos
organizados beneficiarios de la reforma agraria. El Programa de Reforma Agraria había afectado
225.000 hectáreas de tierra beneficiando alrededor de 1.800 empresas campesinas, de las cuales tan
sólo el 70% había logrado la adjudicación de parcelas. Al interior de las empresas campesinas del
sector reformado, la mujer solía participar en las actividades agrícolas como "colaboradora" del
hombre, cultivando la parcela familiar o colectiva, y en ocasiones como asalariada pero en
condiciones desventajosas respecto al hombre.
Para continuar con la labor de promoción, el Gobierno de Honduras acordó con el PNUD y la FAO
la ejecución del proyecto "Incorporación de la mujer campesina al proceso productivo y
consolidación de grupos del sector reformado". Este constituyó el primer eslabón de un proceso que
aún está en curso (1983-presente) y que se ha desarrollado mediante cinco proyectos financiados por
el gobierno de Holanda y la FAO.
En el presente estudio se hará referencia a dicho proceso. Los aspectos relativos al contexto en el
cual éste tiene lugar así como algunos antecedentes sobre Honduras, se sintetizan en la primera
sección del documento. Se continúa con el marco conceptual y con ciertos elementos relativos al
diseño del proceso. El capítulo siguiente analiza las principales actividades de los cinco proyectos,
dividiendo el proceso global en tres etapas. Cada una corresponde a un énfasis particular con
relación a la metodología adoptada y a las finalidades perseguidas. Mientras que los objetivos
instrumentales varían de proyecto a proyecto según las necesidades reinantes y experiencias
derivadas del proyecto precedente, en el objetivo general no se presentan cambios significativos. A
continuación, se presentan las lecciones aprendidas en cuanto al punto de partida, a las metodologías
utilizadas y los diferentes instrumentos empleados, al fortalecimiento de las capacidades locales, a la
generación de información sobre género, a los vínculos generados, y finalmente a la
institucionalización. El último capítulo recoge las principales conclusiones.
Se espera que este estudio pueda aplicarse a casos similares que deseen trabajar tanto el tema de la
capacitación de las mujeres campesinas, como el de su participación en los grupos de base, en las
organizaciones campesinas- mixtas y de mujeres- y en las instituciones públicas y privadas, con vistas
a la apertura de espacios en el proceso productivo, en la coordinación del movimiento campesino y
en la formulación de políticas sectoriales.
Los proyectos se fueron ajustando sobre la marcha, abordando los problemas inmediatos sin adoptar
una estrategia de largo plazo. En consecuencia, para aplicarlo a otras realidades sería conveniente
enmarcarlo en una dimensión de largo plazo que facilite una planificación programada.

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2
II.
ANTECEDENTES SOBRE HONDURAS
Honduras es un país con una extensión de 112.492 kilómetros cuadrados y una población cercana a
los seis millones de habitantes. Cuenta con una abundante base de recursos naturales, posee 4.2
millones de has. de tierras aptas para la agricultura y tiene unas tierras forestales que comprenden 7.7
millones de has. En la región centroamericana, es el país que dispone de más recursos forestales, uno
de los que cuenta con mayor tierra arable per cápita y que disfruta de facilidades pesqueras en los
dos océanos.
En la economía hondureña el sector de mayor importancia es el agrícola. Durante el período 1989 -
1993 éste contribuyó en promedio con un 27,6% a la formación del PIB y generó el 77,3%
1
de las
divisas por exportaciones. Más de la mitad de la población del país vive en áreas rurales, el 56,7%
de la población económicamente activa (PEA) es rural y el 35,4% se dedica a actividades agrícolas.
2
Los principales productos de exportación son: banano, café, leche y carne, granos básicos, productos
ícticos y avícolas. Mientras que en el período 1989-1993 el banano y el café juntos representaron en
promedio el 38,7% del PIB del sector agropecuario a precios constantes, leche y carne, granos
básicos, productos ícticos y productos avícolas representaron el 13,2%, 12%, 5,1% y 4,6%
respectivamente
3
. En los últimos años, los cultivos se han diversificado rápidamente hacia productos
no tradicionales tales como piña, melón, plátanos, cítricos, hortalizas y camarón cultivado.
Un ingreso per cápita anual que oscila alrededor de U$ 600 coloca a Honduras como uno de los
países más pobres de América Latina. Los indicadores sociales muestran que la pobreza es
marcadamente mayor en las áreas rurales. El 71% de los hogares hondureños que se encuentran bajo
la línea de pobreza son rurales y el 80% del total de hogares indigentes se encuentra en áreas rurales.
Del 74,3% de los hogares rurales que están por debajo de la línea de pobreza el 66% vive en
condiciones de indigencia
4
.
En 1983 las mujeres representaban en el ámbito nacional un poco más de la mitad de la población
(51,2%), el 47,6% de ellas residía en el área rural y la mayoría eran menores de 25 años. La mayor
parte de la población económicamente activa femenina estaba vinculada a actividades de servicios y
comercio. El 20% eran artesanas, operarias y obreras y solamente el 4,9% pertenecía a la categoría
agricultor, ganadero o trabajador forestal. Tenían una esperanza de vida al nacer de 61.7 años y una
tasa de fecundidad general de 6.1 hijos por mujer (7.5 en el campo). Las mujeres rurales
representaban una tasa de analfabetismo de 52,6% .
En 1980 existían centrales campesinas fuertes, a las cuales se asociaron posteriormente algunos
movimientos de mujeres campesinas. La Federación Hondureña de Mujeres Campesinas
(FEHMUC), creada en 1978, se asoció con la Unión Nacional Campesina (UNC) y la Asociación
Nacional de Mujeres Campesinas (ANAMUC) organizada a principios de los años ochenta, con la
Asociación Nacional de Campesinos de Honduras (ANACH). Cabe destacar que las principales
motivaciones que estimularon e impulsaron a las mujeres a organizarse, fueron la necesidad de
acceder a nuevos recursos y servicios, y el interés por participar en proyectos generadores de
ingresos.
La declaración del Decenio de la Mujer (1975-1985) contribuyó a sensibilizar a la población y a los
miembros de las instituciones acerca de la importancia de una participación más activa y eficiente de
la mujer rural en las esferas productivas. Dos organismos estatales del sector introdujeron en sus
programas esta perspectiva: el Instituto Nacional Agrario (INA) y la Secretaría de Recursos

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3
Naturales (SRN). Para el desarrollo de sus actividades, estos organismos fueron apoyados por el
Instituto de Formación Profesional (INFOP) en materia de capacitación, y por el Banco Nacional de
Desarrollo Agrícola (BANADESA) en lo relativo a la administración del crédito. Mientras que el
INA formuló sus acciones en consonancia con la política de reforma agraria, la SRN las planteó en el
contexto de los servicios de extensión y desarrollo agrícola.
En 1980 el gobierno hondureño aprobó la “Convención sobre la Eliminación de todas las formas de
Discriminación contra la Mujer” y en 1982 la “Declaración sobre la Participación de la Mujer en la
Promoción de la Paz y la Cooperación Internacional”. En 1975 y 1983 se crearon los respectivos
Departamentos de la Mujer y del Joven Rural en la Secretaría de Recursos Naturales y el Instituto
Nacional Agrario. Si bien en el INA dicho departamento perteneció a la División de Desarrollo
Campesino, en la actualidad forma parte de la División de Reconversión Empresarial Campesina de
la Reforma Agraria.
Hasta 1991 la Ley de Reforma Agraria contemplaba como beneficiarias directas solamente a las
mujeres solteras o viudas que tuviesen hijos a cargo, siempre y cuando trabajasen la tierra. En
relación con el acceso a la tierra, la derogación de 1991 de los artículos 79 y 84 de la Ley eliminó los
factores de discriminación de la mujer al respecto.
En 1992 se sancionó una Ley de Modernización Agrícola para el Desarrollo Rural conforme a las
tendencias de la economía y la política internacional, es decir mayor integración en los mercados
mundiales y privatización. Como resultado, se desalentó el cultivo de granos básicos
comprometiendo la producción de subsistencia de los pequeños agricultores -hombres y mujeres- y
la seguridad alimentaria familiar.

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4
III.
FUNDAMENTO Y DISEÑO DEL PROCESO
Para lograr un desarrollo económico sostenible, erradicar la pobreza y resolver los problemas de
seguridad alimentaria es fundamental lograr la participación de todos los agentes, es decir: las bases
sociales, las instituciones públicas y privadas, las ONG y los organismos internacionales. Sin
embargo, no siempre se presentan las condiciones adecuadas para que todos los actores participen
activamente en el proceso de desarrollo. Las mujeres por ejemplo, que en general se encuentran en
una posición de desventaja y discriminación respecto al hombre, no sólo no suelen participar en el
proceso de desarrollo, sino que con frecuencia se encuentran marginadas de él.
En Honduras la mujer desempeña un papel determinante en la agricultura, la subsistencia y la
seguridad alimentaria familiar. Contribuye a la producción de alimentos, a la generación de ingresos
y a la reproducción de la fuerza de trabajo. No obstante, y a pesar que desde mediados de la década
de los setenta se iniciaron acciones orientadas a promover la participación de la mujer rural en las
esferas productivas, el aporte de las campesinas en el proceso productivo es desconocido y
subvalorado.
Dentro de este contexto se decidió emprender algunas actividades para ayudar al gobierno de
Honduras a efectuar acciones orientadas a mitigar la pobreza y los problemas de seguridad
alimentaria, fortaleciendo el papel de la mujer campesina como productora. Se llevaron a cabo cinco
proyectos, de los cuales uno está todavía en curso, que formaron un conjunto coherente. Estos se
sucedieron unos a otros y los ajustes se hicieron sobre la marcha como resultado de la experiencia,
los logros obtenidos, las dificultades enfrentadas anteriormente y las necesidades del momento. Si
bien el diseño de los programas no fue el resultado de una planificación a largo plazo, existieron unos
elementos conceptuales análogos que los caracterizaron. En efecto, dos fueron los enfoques que, en
últimas, formaron el marco conceptual: Mujer y Desarrollo y Equidad de Género.
El proceso global se dividió en tres etapas. Las dos primeras se basaron en el enfoque de Mujer y
Desarrollo y tan sólo en la última se adoptó el de Género. Esto no fue un resultado casual sino que
obedeció a claras y específicas motivaciones. Al inicio se trabajó directamente con las mujeres y los
grupos de base mediante un proceso de abajo hacia arriba (Mujer y Desarrollo) para crear unas
condiciones que posteriormente permitieran la integración de la perspectiva de género en las
estruturas institucionales/organizacionales y en políticas/ programas estatales/privados (Equidad de
Género).
Mujer y Desarrollo.
Mientras que en la primera etapa el énfasis recayó sobre el acceso a los recursos de producción y la
realización de pequeños proyectos productivos, en la segunda se hizo hincapié en la capacitación. No
obstante estas divergencias, ambas tenían elementos comunes.
La población objetivo fueron las mujeres rurales. Ello significó que la mayor parte de las
intervenciones se encaminaron a beneficiar directamente a la mujer rural, teniendo en cuenta que
ellas forman parte de un contexto familiar, social, económico, político, cultural e institucional. Se
decidió trabajar con la mujer y no con la familia como se hacía en los enfoques tradicionales. En los
programas que se basaban en dichos metodologías, se solía seleccionar el hombre, en calidad de jefe
del hogar, para que fuera el beneficiario directo de las iniciativas. Se esperaba que el impacto
positivo del programa se irradiase a todos los miembros del hogar, entre ellos la mujer. Dado que en

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5
muchas ocasiones los resultados obtenidos no fueron satisfactorios, Mujer y Desarrollo decidió
individuar a la mujer y no a la familia como meta de las acciones. Adelantar las actividades del
proyecto con las campesinas ayudó a identificar con mayor claridad sus verdaderas necesidades,
intereses y preocupaciones, y consintió abrir un espacio para que ellas participaran en la estrategia de
desarrollo.
El proceso que se desencadenó fue de abajo hacia arriba. Los proyectos centraron sus intervenciones
en las comunidades locales orientando las acciones inicialmente a las campesinas y a los grupos de
base. Al comienzo de los años ochenta, es decir cuando empezaron los proyectos, la mujer
desempeñaba un papel tradicional o bien su rendimiento en la producción era muy bajo a causa de
una alta tasa de analfabetismo, ausencia de autoestima, carencia de motivaciones, poco tiempo
disponible y acceso limitado a los recursos, entre otras. La situación de la mujer hondureña era tal,
que se debían realizar grandes esfuerzos en materia de capacitación y educación tanto para impulsar
su participación en los proyectos como para acrecentar las posibilidades de usufructuar las
oportunidades y aprovechar los espacios que las políticas, los programas y las leyes les pudieran
ofrecer.
Se estimó que era fundamental reforzar las organizaciones de base. La participación de la mujer en
dichas organizaciones le abriría nuevas opciones de comunicación, le proporcionaría mayores
posibilidades de acción y la involucraría en un mecanismo alternativo para la toma de decisiones. Así
mismo se potenciaría el papel y poder de las organizaciones locales facilitando la creación de
vínculos con las instituciones y las OC nacionales.
En el curso de las dos primeras etapas, el enfoque Mujer y Desarrollo se reflejó en la valorización del
papel productivo y organizativo de la mujer, en la ejecución de proyectos productivos específicos, y
en el acceso a mecanismos financieros y recursos de producción.
Equidad de Género
Después de diez años de actividades se realizó un profundo análisis sobre las acciones desarrolladas
hasta el momento , llegando a la conclusión que para consolidar los logros obtenidos era necesario
introducir los conceptos y metodologías de género en las instituciones públicas y privadas, ONG y
OC. Se pasó a una nueva fase en la que la atención se centró en potenciar y hacer sostenibles los
resultados obtenidos.
Se consideró que era crucial adoptar una estrategia mirada a:
fortalecer las organizaciones campesinas para que pudieran ‘participar’ en la formulación de
políticas que afectan a las mujeres rurales;
sensibilizar al personal de las entidades y a los miembros de las organizaciones acerca del
importante papel que juega la mujer en las esferas productivas, y por lo tanto en la seguridad
alimentaria y la reducción de la pobreza;
vincular los grupos de base con la dirección organizacional e institucional, y hacer permear la
concepción de género en las políticas, los programas, los lineamentos y las estructuras de las
instancias públicas y privadas.

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6
Mientras que el objetivo de desarrollo durante todo el proceso, fue el de contribuir al mejoramiento
de los ingresos y de las condiciones de vida de la mujer rural en particular y de la familia campesina
en general, apoyando y reforzando el papel de la mujer como agente productivo, los objetivos
instrumentales variaron de proyecto a proyecto según las necesidades reinantes.
Al inicio del proceso se prestó mayor atención al fortalecimiento empresarial de la mujer campesina
de menores recursos mediante la ejecución de pequeños proyectos productivos. Las mujeres se
beneficiaron de la capacitación y la asistencia técnico-financiera. Los proyectos tuvieron un impacto
positivo ya que aumentó el grado de satisfacción de las necesidades básicas relativas a la seguridad
alimentaria, se alivió la carga de trabajo doméstico mediante proyectos de servicio, y mejoró el
acceso a los recursos de producción.
Todo ello facilitó la valorización del papel productivo de la mujer, por parte de la sociedad y de ellas
mismas, y las incentivó a organizarse en pequeños grupos para desempeñar determinadas labores.
Así, mediante la participación de la mujer en la conformación de grupos de base, surgió y
paulatinamente fue adquiriendo valor y fortaleciéndose el papel comunitario de las mujeres. La
valorización de ambos roles -productivo y comunitario- acrecentó la autoestima, tanto individual
como grupal, que progresivamente se fue transformando en mayor seguridad en la toma de
decisiones respecto a qué, cómo y con qué medios producir.
Como se mencionó anteriormente, el proceso de “Incorporación de la Mujer” no fue el resultado de
una planificación o programación de largo plazo. Si bien es cierto que esto puede convertirse en una
limitante para un programa de desarrollo, también presenta elementos positivos. En efecto, una
metodología de trabajo de este tipo permite que los proyectos se adapten con gran flexibilidad a las
necesidades reales de la población. En últimas, es un proceso de prueba y error en el que las
experiencias positivas se valorizan y los problemas y errores sirven como aprendizaje.

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7
IV.
PROCESO DE EJECUCIÓN
En el presente capítulo se analizan las principales actividades de los cinco proyectos que
contribuyeron a apoyar y fortalecer el papel de la mujer como agente productivo. Durante todo el
proceso, las estrategias seguidas y los instrumentos utilizados variaron de acuerdo a las condiciones
y necesidades específicas del momento, adecuándose a las experiencias y a los aprendizajes derivados
del desenlace de los proyectos mismos.
Primera etapa 1983-1986: Crédito y asistencia técnica
La primera etapa se llevó a cabo mediante un proyecto
5
iniciado en 1983. Este se orientó a fortalecer
a la organización grupal y a apoyar la realización de pequeños proyectos productivos, con el fin de
fomentar la participación de la mujer en la producción.
Como zonas de trabajo se seleccionaron las regiones de Olancho, Comayagua, Choluteca y
Francisco Morazán. Los principales instrumentos adoptados para el logro de los objetivos
específicos fueron: a) apoyo técnico para la organización de la mujer, b) asistencia técnica y
financiera para la identificación, formulación y ejecución de pequeños proyectos que contribuyeran a
mejorar los ingresos de la familia y a estimular la participación de la mujer y c) capacitación de los
beneficiarios en aspectos técnico-productivos y de manejo empresarial.
Se concedieron créditos a 74 pequeños proyectos productivos y de servicios beneficiando 55 grupos
y más de 1.000 mujeres campesinas. Se capacitaron 370 funcionarios del INA mediante 21 eventos.
No obstante, el analfabetismo y la escasa capacitación, a los cuales no se les prestó la debida
atención, limitaron el éxito de las acciones. En efecto, la falsa creencia que las mujeres únicamente
necesitaban crédito hizo que el presupuesto para capacitación representara solamente cerca del 5%
del total de los recursos disponibles. Además, como parte de la misma concepción errónea, se
consideró que las metodologías utilizadas para capacitar a los hombres podían aplicarse sin necesidad
de ser modificadas, y que las tecnologías promovidas, en general sofisticadas y demandantes de
insumos adquiridos, podían ser fácilmente asimiladas por mujeres analfabetas. En otras palabras, no
se había indagado acerca de la generación y/o transferencia de tecnologías adecuadas para las
mujeres.
A su vez, el temor de las campesinas por asumir responsabilidades crediticias, el analfabetismo y la
intensidad del trabajo doméstico fueron condicionantes tanto del fracaso relativo de algunos
proyectos productivos, como de la escasa movilización del Fondo Rotatorio.
Una lección derivada de la ejecución de dicho proyecto consistió en que la participación de las
mujeres en las actividades productivas, demanda, además del crédito y la asistencia técnica, una
acción sustantiva en materia de alfabetización y capacitación.
Segunda etapa 1986-1989: Capacitación
La segunda etapa, cuyo énfasis se centró esencialmente en la capacitación, se desarrolló mediante la
ejecución de tres distintos proyectos. Con el fin de dar continuidad al proceso emprendido en la
primera etapa y sobre la base de las dificultades enfrentadas y las enseñanzas derivadas, se formuló
un nuevo proyecto
6
que extendía su cobertura a dos nuevas regiones, Copán y Paraiso.
Los objetivos principales del proyecto fueron:

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8
reforzar la organización de las mujeres rurales;
sensibilizar a la población, desde la base hasta los cuadros coordinadores del proyecto, acerca de
la importancia de la participación de la mujer;
perfeccionar las técnicas de capacitación agrícola;
generar tecnologías con enfoque de género, de manera que las mujeres pudieran potenciar su
papel en la economía familiar;
entrenar a las campesinas para que actuaran como intermediarias entre el sistema de extensión y
los grupos de mujeres locales.
Como resultado de las acciones llevadas a cabo se alfabetizaron 840 mujeres y se capacitaron 141
facilitadoras de alfabetización. La capacitación se impartió a 1.700 participantes. La mayoría
formaba parte del personal de campo - promotoras campesinas y grupos de base- y de los cuadros
asesores y coordinadores del proyecto (mujeres y hombres). Los cuadros eran técnicamente
calificados y fueron seleccionados ante la necesidad de apoyar a grupos de mujeres en proyectos
empresariales a través de talleres y eventos. (Anexo 1, Cuadro 4). Los contenidos de la capacitación
incluían la organización de promotoras, capacitación técnico-productiva a grupos de base y el
fortalecimiento de la organización campesina.
Sin embargo, el aspecto más significativo de este proyecto fue la adopción de una nueva
metodología: la capacitación PREN. Esta estrategia de formación permite a las mujeres desempeñar
funciones paratécnicas de extensionistas locales, que complementan el trabajo profesional de los
extensionistas institucionales. A través de ella, las campesinas adquieren una serie de conocimientos
que les permiten:
promover cambios de actitud hacia la participación de la mujer;
ejecutar proyectos productivos y de servicio;
gestionar recursos de apoyo en beneficio de los grupos femeninos que ellas representaban, y;
promover, constituir y administrar cajas rurales de ahorro y crédito, bajo criterios de rentabilidad
económica y social.
Las PREN desempeñan un trabajo voluntario, utilizando los conocimientos y las experiencias
adquiridas en el programa de capacitación. Entre las funciones que realizan se destacan las
siguientes:
concientizar a las socias del grupo y a la comunidad sobre la importancia de la participación de la
mujer en el desarrollo rural;
emprender acciones para mejorar el liderazgo y los niveles organizativos del grupo;
promover e impartir conocimientos prácticos demostrativos sobre tecnologías para el manejo
de huertos familiares, cría de aves criollas y otros renglones relacionados con la disponibilidad de
alimentos;
promover y asesorar al grupo para la constitución de cajas rurales de ahorro y crédito
coordinando las acciones pertinentes a la capacitación en materia de capital semilla y seguimiento
posterior;

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9
servir de enlace entre grupos de base y extensionistas de las instituciones involucradas (INA y
SRN).
El desempeño de las nuevas funciones confiere a las PREN: a) un estatus diferente en la
comunidad; b) un reconocimiento institucional que en algunos casos les proporciona trabajo
asalariado; c) el manejo de instrumentos contables y financieros que contribuyen a mejorar la
productividad en sus actividades; d) una apertura al mercado laboral. De hecho, se dieron
ejemplos de contratación de mujeres PREN en los proyectos “Trifinio”, “Apoyo a la Actividad
Agrícola de los Grupos Campesinos de Choluteca (PROAPACH)” y “Desarrollo Integral del Valle
de Otoro”.
La "capacitación modular" propicia un espacio de encuentro entre mujeres para compartir problemas
y experiencias y crear un ambiente adecuado para descubrir las potencialidades y obstáculos, no sólo
en calidad de PREN, sino también como mujeres. El desarrollo de la capacitación en un centro
cerrado ( tipo internado) favorece esta posibilidad.
La experiencia adquirida durante el trabajo de capacitación hasta 1989 y la necesidad de consolidar
los resultados obtenidos con los grupos beneficiarios hizo que la FAO brindara su sostén mediante
un proyecto puente de seis meses, “Apoyo a la capacitación campesina para la participación de las
mujeres en el proceso de desarrollo”
7
. El objetivo consistía en dar continuidad y reforzar los
conocimientos de las campesinas capacitadas hasta el momento, así como apoyar su papel de agentes
de promoción socioeconómica en las zonas rurales.
Ulteriores propósitos relevantes del proyecto fueron: la definición de una estrategia para difundir las
actividades de capacitación a otras regiones y el diseño y puesta en marcha de una metodología
PREN en el área de la alimentación y nutrición.
En concreto, se logró mejorar la labor de más de la mitad de las productoras enlace capacitadas
anteriormente mediante talleres de seguimiento.
La segunda etapa del proceso concluyó con un proyecto
8
cuyos propósitos fueron los de fortalecer
los grupos de campesinas, capacitar a extensionistas y a nuevos agentes de enlace (PREN) e
intensificar la capacitación práctica a las campesinas. Sin embargo, el eje central fue la capacitación
de las PREN. De hecho, se puede afirmar que uno de los principales resultados logrados en el curso
de este proyecto fue la validación de la eficacia de la metodología PREN. Se demostró que las
capacidades productivas y empresariales de las mujeres campesinas pueden ser potenciadas para
incrementar la produción y, en consecuencia, los niveles de ingresos. Concretamente se capacitaron
114 nuevas PREN y se impartió una formación complementaria a 48 PREN capacitadas durante los
proyectos precedentes. Por otro lado, se elaboró una guía de metodología PREN que describe el
proceso de selección de los participantes, los contenidos y mecanismos de capacitación modular, las
fases de seguimiento/evaluación y un conjunto de materiales didácticos de apoyo.
Al final de la segunda etapa se habían generado las condiciones que hacían factible transferir la
metodología de capacitación PREN a otras instituciones interesadas en adoptarla como una
estrategia de trabajo. Sin embargo, la ausencia de apoyo sostenido de los extensionistas del INA y
SRN a las Productoras Enlace, debido a la rotación frecuente y a los recortes de personal, limitaron
los resultados y redujeron las posibilidades de institucionalización del proceso. Así mismo, cambios
en las competencias de las instituciones involucradas en el proceso establecieron nuevas prioridades
y lineamientos de trabajo que condicionaron ulteriormente los efectos esperados.
Metodologia de capacitación PREN

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Capacitación de 4250 mujeres campesinas
Módulos
Organizadoras de grupos de mujeres
Facilitadoras de alfabetización
Mejoradoras de ambiente y vivienda
Productoras Enlace
Capacitación a 280 extensionistas en promoción
y organización y a 110 dirigentes campesinos
Productoras
Enlace
en 3 etapas
Selección (3 meses)
Modular (6 módulos en 7 meses)
Seguimiento/evaluación
Tercera etapa 1993-presente: Institucionalización
Al finalizar la segunda etapa se realizó una profunda reflexión acerca del alcance de los proyectos
efectuados. Se llegó a la conclusión que después de diez años de actividades centradas
fundamentalmente en la mujer y las organizaciones de base, habían madurado las condiciones para
orientar las acciones y los esfuerzos hacia las instituciones. Es así como en la tercera etapa se
produjo no solamente un cambio de énfasis, sino que también se adoptó un nuevo enfoque
conceptual. En efecto, se pasa del enfoque mujer y desarrollo prevaleciente en las dos primeras
etapas al de género.
Un nuevo proyecto
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, todavia en curso, fue concebido ante la necesidad de: a) institucionalizar la
metodología de capacitación de las Productoras Enlace (PREN) con el fin de garantizar la expansión,
consolidación y sostenibilidad de los resultados obtenidos en los años anteriores; b) fortalecer los
grupos organizados de mujeres campesinas a través del seguimiento técnico de sus actividades por
parte de las ONG y organizaciones campesinas; c) propiciar una mayor y más efectiva paticipación
de la mujer en el proceso de reforma agraria mediante la revisión y aplicación efectiva de la política
de la mujer; d) definir del papel de las organizaciones (las ONG y OC).
Para reforzar e institucionalizar la metodología de capacitación PREN se individuaron algunas ONG
que estaban ya desempeñado actividades en las zonas de ejecución. En realidad tan sólo se pudo
trabajar con "Save the Children" ya que fue la única que tuvo la capacidad de adoptar los
conocimientos y las metodologías de capacitación a sus programas. La lección aprendida fue que no
hay que sobrestimar la capacidad de adopción de un modelo de capacitación de este tipo por parte de
las ONG sin experiencia específica, ya que las modalidades y los plazos de ejecución son difíciles de
ajustar a sus propios programas.

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A pesar de las dificultades y limitaciones enfrentadas en la etapa precedente, la transición
institucional se logró con la inclusión, en las actividades en curso, de tres proyectos de desarrollo
rural financiados internacionalmente, y con la colaboración de la Fundación Hondureña para la
Investigación Agropecuaria y seis organizaciones campesinas (Anexo 2). A su vez, las
organizaciones campesinas se comprometieron a dar seguimiento a los grupos, mediante su personal
capacitado a través del proyecto.
El proyecto generó y/o fortaleció la capacidad de autogestión de las organizaciones campesinas
nacionales y de base, con el fin de eliminar las principales barreras que limitaban el acceso efectivo de
la mujer a los recursos de producción. En ese marco, dichas organizaciones participaron, a través de
sus líderes -hombres y mujeres-, como sujetos de consulta permanente, como actores en la
conducción del proyecto y como beneficiarios de la capacitación y ejecución del crédito, monitoreo y
evaluación. Los dirigentes de las organizaciones campesinas a nivel nacional, proporcionaron valiosa
información acerca de las experiencias, necesidades y expectativas relativas a la participación de la
mujer.
Fue así como los grupos directivos de las organizaciones reconocieron la necesidad de impulsar una
acción sistemática con miras a la apertura de nuevos espacios de participación de la mujer. Sobre esa
base se estructuró un primer programa de capacitación de Promotoras Campesinas (PROM) que
involucró 90 mujeres afiliadas a 11 centrales campesinas. Las promotoras se insertaron en los
cuadros directivos nacionales de organizaciones mixtas y femeninas para velar por los intereses de
las mujeres campesinas del país.
Es pertinente mencionar que también se adoptó un esquema de financiamiento alternativo para
facilitar el acceso de la mujer a los recursos financieros. Se adelantaron iniciativas destinadas a
promover la participación de las mujeres campesinas en proyectos de inversión a través de la
conformación de Cajas Rurales de Ahorro y Crédito -CRAH-. Las cajas son entidades comunales
que ofrecen servicios de ahorro y crédito a sus socias y a personas de la comunidad. 69 grupos de
base con más de 800 participantes en las zonas de operación de Choluteca, Valle, Comayagua,
Intibucá y Copán han tenido acceso a formas de crédito alternativas a las tradicionales . Más de la
mitad de los recursos otorgados derivaban de los ahorros de las asociadas y de las utilidades
provenientes de las actividades de intermediación.
Las socias de las cajas rurales recibieron capacitación en aspectos administrativos y contables pero,
debido a los bajos niveles de escolaridad prevalecientes en el área rural y a la falta de experiencia, se
hizo indispensable continuar las tareas de seguimiento de las CRAH con cuadros capacitados de seis
OC: FEHMUC, CODIMCA,UNC,CNTC,ANAMUC y ALCONH.
Con el fin de mejorar las condiciones de la mujer rural hondureña, que enfrenta tanto
discriminaciones relativas al acceso a los recursos, como un tratamiento desigual que limita su
desempeño eficiente como productora agropecuaria, se realizó, en concertación con el INA, un
diagnóstico nacional sobre las oportunidades y limitaciones que tiene la mujer campesina para
acceder a la tierra y a otros medios de producción.
Como resultado de una acción conjunta de representantes de las ONG, instituciones públicas,
organizaciones campesinas y grupos de mujeres, se inició una revisión de las políticas sectoriales
agrícolas para que integraran las nociones de género y equidad de género.
Ante el reconocimiento de la importancia y eficacia de la metodología PREN como instrumento para
fomentar un desarrollo agrícola y rural con enfoque de género, el gobierno hondureño está

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realizando esfuerzos por replicar dicha metodología en seis regiones del país mediante un proyecto
específico que financiaría el gobierno de Japón.
La conclusión del proyecto en curso está prevista para principios de 1998. La FAO y las autoridades
nacionales manifestaron su interés por dar continuidad al proceso mediante un nuevo proyecto que
apuntaría a replicar la metodología PREN y a fortalecer las capacidades técnicas para integrar el
análisis y enfoque de género al desarrollo rural en Honduras. En la actualidad, se tiene una versión
preliminar del futuro proyecto
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, que debería iniciar en julio de 1998 y tener una duración de cinco
años. El objetivo de desarrollo general consistirá en contribuir a superar los niveles de pobreza rural
a través de prácticas y políticas basadas en un enfoque de equidad y género. Ello se conseguirá
mediante dos objetivos intermedios: el primero apoyará la integración del enfoque de género en
programas, estrategias, proyectos y políticas del sector público agropecuario, y el segundo
potenciará y valorizará la capacidad productiva y de gestión de la mujer campesina dado el papel
fundamental que desempeña en la seguridad alimentaria y por ende, en las condiciones de vida del
hogar.
Así mismo, en septiembre de 1997 se concluyó la elaboración de la versión preliminar de la
propuesta “Los Lineamientos Estratégicos del Plan de Acción sobre Equidad de Género en el Agro
Hondureño 1996-2000.
11
que será presentada al Consejo de Desarrollo Agrícola (CODA), máxima
autoridad conformada por todas las instituciones del sector agropecuario, para su revisión y
aprobación. El plan se propone identificar y adoptar medidas orientadas a crear/ampliar el acceso de
las mujeres rurales a las oportunidades sociales, económicas y políticas, en igualdad de condiciones.
En resumen, los principales resultados obtenidos durante las tres etapas del proceso son:
un modelo metodológico de formación de paratécnicas campesinas (Productoras Enlace-PREN)
validado, documentado y replicado por varias instituciones y un conjunto de materiales educativos
a disposición de las instituciones públicas, las ONG y los proyectos de desarrollo;
equipos técnicos institucionales capacitados en el manejo del modelo metodológico;
paratécnicas campesinas capacitadas en los aspectos teórico-prácticos relacionados con la
ejecución de proyectos productivos, produciendo un efecto multiplicador en beneficio de
alrededor 5.000 mujeres rurales;
un modelo de financiamiento rural de autogestión a través de las Cajas Rurales de Ahorro y
Crédito (CRAH);
mejoramiento de los mecanismos de titulación de tierras en el INA;
un proceso de revisión de las políticas sectoriales agrícolas, bajo la perspectiva de género, con
representantes de las ONG, instituciones públicas, organizaciones campesinas y grupos de
mujeres.
V.
LECCIONES APRENDIDAS
Punto de Partida
Cuando en 1983 se adoptaron las iniciativas que apuntaban a reforzar la participación de las
campesinas en la producción agrícola hondureña, la situación de la mujer rural se caracterizaba por:

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alta tasa de analfabetismo;
falta de motivación para asumir nuevos papeles;
escasos conocimientos de alternativas de producción;
falta de tiempo para participar en grupos debido a las exigencias de las tareas domésticas.
A los aspectos mencionados se adicionaba la carencia de mecanismos institucionales para trabajar
con la mujer campesina como agente productivo.
Ante esta realidad, las acciones iniciales del proyecto se dirigieron a mujeres en diferentes
comunidades esperando que se agruparan paulatinamente. Se pensó que el impulso a la organización
grupal y la concesión de créditos fortalecerían las labores agrícolas y empresariales de las
campesinas
12
.
La falta de una oportuna y adecuada asistencia técnica llevó a la paralización de algunas actividades
productivas, haciendo manifiesta la necesidad de adelantar tareas de capacitación en las instituciones
y organizaciones campesinas, y de profundizar los conocimientos de las mujeres rurales.
Paralelamente se fue ganando espacio a nivel institucional, ya que con base en la experiencia y en las
acciones del proyecto, el INA, organismo ejecutor de la reforma agraria y del proyecto, creó el
Departamento de la Mujer y del Joven Rural, como instancia técnica de coordinación y dinamización
de las políticas institucionales de participación de la mujer.
El espacio institucional se amplió gradualmente con la inclusión de la Secretaría de Recursos
Naturales como entidad co-ejecutora del proyecto
13
. Su atención se dirigió a la alfabetización y
capacitación destinada no sólo a las campesinas, sino también a los extensionistas gubernamentales
y dirigentes campesinos, dado que era evidente que el crédito por sí sólo no era suficiente para
reforzar el rol productivo de las mujeres.
Era necesario un cambio de mentalidad - institucional, comunitaria y familiar- para que la mujer
pudiera asumir nuevos papeles y fuese aceptada socialmente. Para lograrlo se debían vencer las
limitaciones culturales del medio social (machismo, analfabetismo, insuficiente capacitación para
realizar pequeños proyectos productivos, escasez de ideas para formular proyectos en función de la
realidad de la mujer) las barreras institucionales (falta de servicios complementarios, concepción
errónea sobre las necesidades de las campesinas y uso de técnicas productivas inadecuadas para las
mujeres) y las restricciones legales (que por ejemplo obstaculizaban el acceso de la mujer a la tierra
art. 79 de la Ley de Reforma Agraria).
Metodología Utilizada y Herramientas de Trabajo
La metodología se centró en la capacitación a todos los niveles, empezando con las campesinas y
grupos de base y continuando con las ONG, organizaciones campesinas, instituciones públicas, a fin
de permear la concepción de género en todas las instancias públicas y privadas y relacionar los
grupos de base con la dirección organizacional e institucional.
La capacitación en áreas tradicionales de escaso rendimiento y consideración (huertos familiares y
colectivos para mejorar la alimentación y la nutrición) valorizó y reforzó el papel productivo de la
mujer. A medida que se fueron desempeñando estas tareas agrícolas, la demanda de crédito y

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asistencia técnica por parte de las campesinas se incrementó. La participación progresiva de la mujer
en las esferas productivas conllevó a un aumento de la producción, que en muchos casos, generó
excedentes para la venta y por lo tanto, ingresos adicionales para la unidad familiar.
Vale mencionar específicamente la metodología de capacitación de las Productoras Enlace (PREN),
dado que dio excelentes resultados y fue el eje central de todo el proceso, proceso orientado a
promover la posición y condición de la mujer campesina, mejorando su liderazgo, conocimientos y
acceso a la tecnología y a los recursos de producción. La estrategia consiste en la formación de
Productoras Enlace (PREN), un prototipo de "Campesinas Extensionistas" que representan a un
grupo de base y son capacitadas para multiplicar sus conocimientos y experiencias en favor de otras
mujeres.
La formación de las PREN se realizó mediante acciones sistemáticas de investigación, promoción,
capacitación, asistencia técnica y manejo de recursos durante cinco años aproximadamente. Se
obtuvieron resultados concretos relacionados con cambio de actitudes, comportamientos y
espacios de participación con equidad de género en la familia y la comunidad, manejo de
mecanismos de financiamiento y ejecución de proyectos específicos productivos sostenibles.
Todos estos resultados conllevaron al mejoramiento de la calidad de vida de las participantes y de
sus familias.
Entre los instrumentos utilizados figuran las Cajas Rurales de Ahorro y Préstamo. Fueron creadas
por el Proyecto para fomentar el ahorro y el acceso al crédito de socias y mujeres de la comunidad y
fuera de ella, con el fin de elevar su nivel de vida personal y familiar mediante el desempeño de
actividades productivas individuales y colectivas. Aún si dichas cajas fueron establecidas en un marco
legal existente, la ausencia de reglamentaciones específicas limitan de hecho su operatividad.
Funcionan de acuerdo a Estatutos y Reglamentos de Créditos y Ahorros y por disposiciones
emanadas de las asambleas. El Reglamento establece que las cajas deben ser organizaciones
participativas y democráticas con gestión eficaz, eficiente y autosostenible y que el número de
miembros asociados no puede ser superior a 50 ni inferior a 10.
Las Cajas financian principalmente y mayoritariamente actividades agropecuarias con capital semilla,
permitiendo concretar actividades de interés para las mujeres como proyectos agrícolas, siembra de
hortalizas y de frutales de altura, etc.
Otros instrumentos fueron los diagnósticos regionales sobre los factores que condicionan el acceso
de las mujeres a la tierra y a los servicios. Se elaboraron con un enfoque simultáneo de género y etnia
y fueron divulgados mediante talleres de retroalimentación para funcionarios de las instituciones de
contraparte, dirigentes regionales de la SRN y todos los directores de proyectos rurales en el país.
Dichos diagnósticos regionales generaron un Diagnóstico Nacional.
Fortalecimiento de las capacidades
A través de la formación y la participación se estimularon y fortalecieron capacidades a nivel
individual, grupal e institucional.
A nivel individual. Gracias a la capacitación en aspectos productivos, organizativos y de autoestima
se logró fortalecer a la mujer campesina, elevar su nivel de conocimientos, facilitar y hacer más
eficiente su papel tradicional, mejorando la calidad de vida y aliviando su carga de trabajo. Se
consiguió también que ejerciera liderazgo en su ámbito de acción, que se evidenciara su papel

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productivo y comunitario en estructuras tradicionalmente de hombres, y que manejara elementos
contables y accediera al crédito a través de las CRAH.
A nivel grupal. El efecto multiplicador de las promotoras campesinas permitió promover, organizar
y consolidar los grupos de base. Sin embargo, la acción de mayor trascendencia fue la apertura de
nuevos espacios de participación en las decisiones de las organizaciones campesinas, las ONG y las
instituciones gubernamentales.
En las organizaciones campesinas las mujeres lograron el derecho al voto en todos los eventos
electorales. El liderazgo femenino en las OC, tradicionalmente dominadas por hombres, fue
incrementándose al participar como delegación en las instancias de concertación del sector público
agrícola y al ejercer presión para la búsqueda de cambios legales y mayores oportunidades para la
mujer en los programas y proyectos. Asumieron con éxito responsabilidades relativas al seguimiento
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