comunicación e información de la mujer
sábado 25 de noviembre del 2000

  • Destacadas activistas dieron sus testimonios

  • En las guerras, las mujeres siempre son las perdedoras

    Valencia, España, NOV 25, 2000 (Mirta Rodríguez, corresponsal CIMAC).- Las voces de 12 prominentes mujeres del mundo que han vivido de cerca la muerte, que han pasado junto a ella, que la han llorado y conocen muy bien los horrores de la guerra, coincidieron que en todos los conflictos armados, gane quien gane, las mujeres siempre somos perdedoras.

    Desde la coreana Chin-Sung Chung, del Consejo de Mujeres Obligadas por Japón a la Esclavitud, quien reivindica hoy el crimen cometido con aquellas mujeres llevadas a campos de violación hace 60 años, hasta la vietnamita Phan Thi Kim Phuc, cuya foto de niña corriendo desnuda envuelta en los efectos del Napalm recorrió el mundo y hoy es capaz de testimoniar cómo superó la inmensidad de sus dolores físicos y morales.

    Condujo el panel, la abogada sudafricana Naqvanethem Pillay del Tribunal Penal Internacional para los Crímenes de Guerra en Ruanda, país de cuya guerra devastadora habló la ministra de Género y Mujeres en desarrollo Angeline Muganza.

    El genocidio --en ese conflicto interétnico en 1994-- de más de un millón de vidas inocentes, la desintegración del sistema y las estructuras sociales del país, devastaron y dejaron herida para siempre a esa nación africana, donde las mujeres jugaron siempre un rol pacificador.

    Sevdie Ahmeti, mujer kosovar, contó a sus congéneres lo ocurrido en aquella guerra que envolvió a la antigua Yugoslavia, de la cual también habló Lepa Mladjenovic de Serbia.

    Entre las ponentes destacó la iraquí Zainab Salbi, presidenta fundadora de la Organización Humanitaria Internacional Mujeres para Mujeres, quien relató cómo ellas han sido botín de la guerra, tanto para los enfrentados como para los que han venido a “pacificar”.

    Ella y el resto de las ponentes se preguntaron cómo desde el sistema de Naciones Unidas aceptan que sus elementos de paz también violen mujeres. Y Salbi denunció la minimización de estos hechos por los jefes de esas fuerzas que consideran que “sus muchachos” necesitan un rato de solaz.

    “Raramente reconocemos que la violencia contra la mujer, tanto en zona de guerra como de paz está vinculada. Es una larga cadena de hechos y actitudes que tienen un efecto dominó en toda la población femenina del mundo. De este modo, para discutir el rol de las mujeres en los conflictos bélicos, debemos también hablar de la situación de la mujer en las áreas exentas de conflicto”, aseguró.

    Voces hispanas ocuparon esa tribuna con testimonios igualmente dramáticos. La tragedia de salvadoreñas, nicaragüenses y camboyanas --que vivieron y padecieron la época de Pol Pot-- llegaron al foro, con declaraciones y documentales de la destacada periodista de la TV española Carmen Sarmiento.

    Sarmiento, quien durante 40 años de ejercicio profesional se ha movido de un sitio a otro del planeta reportando esas barbaries, fue otra de las que demostró elocuentemente que “las mujeres perdemos en todas las guerras”.

    Gloria Cuartas, la exalcaldesa colombiana de Apartadó, en Antioquía, contó lo ocurrido entre 1995 y 1997 en ese poblado y sus experiencias como una mujer elegida, a quien unos y otros pensaron fácil de manipular y se convirtió en lo que ella es: una combatiente que buscó la paz y que todavía la busca, confiada de que las mujeres colombianas tienen la capacidad para conseguirlo.

    Propuso que el foro sea espacio para la solidaridad y para generar un Observatorio Mundial para, desde las mujeres, articular redes de resistencia y solidaridad en función de la paz.

    Por otro lado, el conflicto de Chiapas, que comenzó como un movimiento guerrillero y se ha convertido en una guerra de “baja intensidad “ --así lo calificó en su ponencia la periodista mexicana Sara Lovera-- fue enfocado en sus variados aspectos y matices.

    La esencia --subrayó la también directora de Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC-- es económica: “la miseria es la verdadera puerta hacia la guerra en México” .

    Recordó las ejecuciones y magnicidios de 1994 y la tragedia de Acteal, Chiapas, donde hubo 21 mujeres asesinadas y la cantidad de personas conducidas a la viudez y a la orfandad.

    “¿Qué ha dejado la guerra?, se preguntó Sara Lovera: desplazamientos de miles de mujeres, una situación singular entre militares y población, además de un profundo agotamiento en la sociedad mexicana que ha identificado el engaño del Estado respecto de este conflicto y que ha usado a las mujeres políticamente.”

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